Las relaciones con otros países europeos
Las
relaciones con Francia
En
la agenda con Francia, cabe destacar que el 1º de febrero de 1968 el gobierno
argentino adjudicó a la empresa francesa SOFMA la licitación para construir
tanques AXM-30 en la Argentina. Este paso fue el fruto de una misión del ejército
argentino, enviada a Europa a principios de 1967, con el objetivo de alcanzar
una solución para la renovación de los viejos tanques Sherman que estaban casi
fuera de uso. La adquisición de los tanques AXM-30, que habían sido utilizados
en la guerra árabe-israelí de 1967, formó parte de un proyecto de modernización
y reequipamiento armamentístico que estaba inserto en el pensamiento
nacionalista “desarrollista”. Este proyecto, llamado el “Plan Europa”,
tuvo por mentor a un amigo personal de Onganía, el general Eduardo J.. Uriburu,
jefe de Logística del Comando en Jefe del Ejército. Onganía y Uriburu coincidían
en su rechazo a aceptar los recortes que Washington imponía a la venta de
armamento a las fuerzas armadas argentinas y en la necesidad de buscar mercados
alternativos apuntando a la fabricación propia. Así, el montaje de tanques
franceses en la Argentina sería un paso previo a la construcción de AXM-30
locales. Por cierto, este contrato con SOFMA -filial de la poderosa empresa de
armamentos francesa Schneider- era un claro gesto de occidentalismo
heterodoxo que tuvo repercusión en Washington. (1) La misión del general
Robert Porter, comandante de las fuerzas armadas de Estados Unidos para la zona
sur, quien llegó a la Argentina el 12 de febrero, tuvo por objetivo abortar la
licitación concedida a Francia. El autoabastecimiento que perseguían los
militares argentinos haría peligrar el monopolio norteamericano en la venta de
armamentos a Buenos Aires. (2)
En
abril de 1969, se realizó la visita del canciller Costa Méndez a Francia,
efectuada en el contexto de su gira europea. El discurso de Costa Méndez ante
las autoridades francesas tuvo un contenido particularmente agradable tanto a
los nacionalistas del gaullismo como a sus contrapartes argentinos. (3) Por
cierto, este “guiño” de Costa Méndez a los sectores nacionalistas no se
agotó en el plano discursivo, sino que fue acompañado por medidas concretas.
Durante su visita a París, Costa Méndez inauguró con su colega francés
Michel Debré la primera reunión de la Comisión Mixta Franco-Argentina, con el
fin de fomentar la cooperación bilateral en los ámbitos político, económico,
cultural, científico y tecnológico. (4)
Posteriormente,
entre los días 23 y 26 de marzo de 1972, ya durante el gobierno de Lanusse,
se realizó la visita del canciller francés, Maurice Shumann, a la
Argentina. El comunicado conjunto emitido por la Cancillería destacó las
coincidencias bilaterales en el terreno del pluralismo ideológico y del respeto
por la soberanía de las naciones, así como sobre la necesidad de establecer
acuerdos de desarme “bajo un control internacional eficaz”. Asimismo, los
representantes de los gobiernos argentino y francés coincidieron en que “la
cuestión del desarme no es privativa de ninguna potencia” y que los acuerdos
y medidas adoptados en este terreno no deben ser discriminatorios, sino que
deben establecer un “equilibrio aceptable de responsabilidades y obligaciones
entre todos los Estados”. (5)
Por su
parte, en septiembre de 1972, el comandante en jefe de la fuerza aérea
argentina, brigadier general Carlos Alberto Rey, viajó a Francia con el
objetivo de comprar material aeronáutico. Rey trató con sus colegas franceses
la concreción de programas relacionados con la cooperación espacial entre el
Centro Nacional Francés de Estudios Espaciales (CNES) y el Centro Nacional
Argentino de Investigaciones Espaciales (CNIE) que funcionaba bajo la supervisión
de la fuerza aérea argentina. (6) Por cierto, este viaje del brigadier Rey a
Francia fue una nueva evidencia de la influencia del pensamiento
“desarrollista” en los círculos militares, y revelaba una notoria
continuidad en el objetivo de los sectores castrenses de procurar mercados
proveedores de tecnología para el desarrollo científico-técnico argentino,
objetivo ya planteado durante el gobierno de Onganía en iniciativas como el
“Plan Europa”.
NOTAS
Ver al respecto R. Roth, op. cit., pp. 207-208; general Eduardo J. Uriburu, “El plan Europa, el ejército y su contribución a la estrategia del desarrollo”, Estrategia, Buenos Aires, julio-agosto de 1969, pp. 15-22, fuente citada en A. Rouquié, Poder militar y sociedad política en la Argentina, op. cit., p. 279; y el artículo de Malcom Browne de The New York Times, 23 de febrero de 1968, citado en “Una operación que suscita comentarios en EE.UU.” por Santiago Ferrari, La Nación, 24 de febrero de 1968, p. 1.
“El tanque AM-30 (sic) será construido en nuestro país”, La Nación, (una selección de la semana), 5 de febrero de 1968, p. 5 y “USA y los AMX-30”, Confirmado, Año IV, Nº 170, semana del 19 al 25 de setiembre de 1970, p. 13.
El
canciller Costa Méndez expresó:
(...)
Luego de asegurar la estabilidad monetaria, la Argentina inicia un proceso
de intenso desarrollo económico y social que, basado en el restablecimiento
del principio de autoridad política, desembocará en instituciones
democráticas estables, auténticas y eficientes (...).
El
Estado argentino persigue en este sentido, una política exterior libre,
nacional. Formula sus propios criterios de acción en el ámbito
internacional, procura aumentar su capacidad de decisión, no se siente
incluido dentro de ningún sistema de dominación y busca naturalmente el
entendimiento con estados empeñados en la misma causa.
La
intensificación del diálogo político que ahora procuramos tiene, por otra
parte, tres direcciones fundamentales: América Latina, a la que
pertenecemos; Estados Unidos, que es también parte de nuestra América y
que tan destacada posición ocupa en el mundo de posguerra, y Europa, de la
que venimos y a la que nos dirigimos en busca de nuevas empresas conjuntas.
¿Cómo
pensar en Europa, empero, sin fijar la vista en Francia? Para nosotros,
señores, la presencia internacional de Francia tiene no sólo el sentido
íntimo de una realidad presente, sino también el sentido íntimo de la
amplísima gama de afinidades y coincidencias que nos ligan a la nación
francesa.
Francia,
por lo tanto, está en la vanguardia de la latinidad a la que pertenecemos.
Francia
es, además, arquetipo del estado-nación que somos (...)
Nuestro
país tiene un interés especial en la cooperación franco-argentina no
sólo por su alto valor intrínseco, sino también para asegurar la
autonomía científica-tecnológica (...)
Las
coincidencias entre la Francia y la Argentina se extienden al ámbito
internacional. El Estado argentino favorece un proceso de integración
regional que deje a salvo, más aún, que fortalezca el rol de las naciones
que participan en él.
Cree,
además, en las ventajas de una estructura internacional políticamente
multipolar como alternativa al rígido enfrentamiento entre los bloques.
Está
resuelto a colaborar activamente en el proceso de distensión, de
“detente” entre las naciones dispuestas a convivir en paz y no acepta un
desarme unilateral y limitado que dejaría a las naciones medias y pequeñas
sujetas al arbitrio de un restringido directorio mundial y frenadas en su
desarrollo nuclear. En el orden interno, por fin, se extienden por la
sociedad política argentina temas vitales como la participación y el
desarrollo urbano y regional que obligan a estudiar la evolución reciente
de Francia como un punto valioso de referencia (...)
Discurso del canciller Nicanor Costa Méndez durante su visita a París, Clarín, 1º de abril de 1969, pp. 18 y 34.
Esta Comisión Mixta era un importante símbolo para los sectores nacionalistas argentinos y franceses, ya que había sido establecida por el presidente francés, general Charles De Gaulle, durante su visita a la Argentina en octubre de 1964. Clarín, 1º de abril de 1969, p. 17.
Texto del Comunicado Conjunto argentino-francés emitido por la Cancillería argentina el 26 de marzo de 1972 citado en La Nación, 27 de marzo de 1972, pp. 1 y 7, y La Nación (una selección de la semana), p. 8.
“Observó Rey nuevos prototipos de aviones”, La Opinión, 16 de septiembre de 1972, p. 8.
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