Las relaciones con los países latinoamericanos
Las relaciones con Brasil
La
literatura que trata el tema de los vínculos argentino-brasileños durante la
gestión de Onganía pone énfasis en las coincidencias ideológicas
-anticomunismo y pro-occidentalismo- de ambos gobiernos. Se plantea así que el
régimen de la Argentina siguió al de Brasil en su criterio de las “fronteras
ideológicas”, alejándose de Cuba y de los países del Pacífico. Sin
embargo, este argumento es excesivamente simplista, por tres causas:
a)
Las coincidencias ideológicas de Onganía y Humberto Castelo Branco no se
tradujeron necesariamente en posturas coincidentes en política exterior. Si
bien ambos presidentes apelaron en sus discursos a las “fronteras ideológicas”
en las relaciones con los países vecinos y con el resto del mundo, esto no
impidió que sus gobiernos tuvieran divergencias respecto de la ALALC o de la
creación de una Fuerza Interamericana de Paz (FIP), derivadas de intereses
nacionales concretos.
b)
El alejamiento argentino respecto de Cuba, Venezuela y los países del Pacífico,
provocado por consideraciones ideológicas, no es una idea correcta en términos
generales. Sí lo fue en el caso puntual de Cuba, principal promotor de la
guerrilla en el continente. También lo fue en el caso de Venezuela, pero no por
voluntad del gobierno argentino, sino por la del venezolano, el cual, aplicando
la llamada Doctrina Betancourt, no reconoció a regímenes de facto como el de
Onganía. Asimismo, el argumento no es correcto en el caso de Chile, donde pesó
más el tema del conflicto limítrofe que las consideraciones ideológicas, las
que, por otra parte, no impidieron que ambas partes buscaran el diálogo a fin
de hallar una solución al litigio fronterizo. Tampoco los vínculos con Perú
estuvieron condicionados por “fronteras ideológicas”: el reconocimiento
argentino al régimen izquierdista peruano de Juan Velasco Alvarado en agosto de
1968 así lo demuestra.
c)
Finalmente, el argumento que enfatiza las coincidencias ideológicas ignora las
diferencias de política exterior entre las gestiones brasileñas de Humberto
Castelo Branco y Arthur Costa e Silva, que gobernaron en los años en que Onganía
estaba en la Casa Rosada. Mientras Castelo Branco y su canciller Juracy
Magalhaes mantuvieron un perfil cercano a lo que podemos caracterizar como
“fronteras ideológicas”, (1) el gobierno de Costa e Silva y su canciller
José de Magalhaes Pinto proclamaron un perfil más acorde con la détente.
(2)
Así,
las autoridades del Palacio San Martín e Itamaraty chocaron en muchos temas
“sensibles” de la agenda bilateral: el límite de proyección marítima de
la soberanía continental, la actitud a adoptar frente al proyecto
norteamericano de creación de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), el
aprovechamiento de los ríos de la Cuenca del Plata, la cuestión de la pesca
brasileña en aguas marítimas argentinas y el reconocimiento de regímenes
izquierdistas como los de Chile y Perú.
Al
comienzo del régimen de Onganía, sin embargo, pareció que la afinidad ideológica
con el régimen militar de Brasil podría permitir alcanzar algunos frutos. Se
consideró que aquél podía llegar a ser un aliado esencial para la construcción
de una alianza militar entre la Argentina, Brasil y Sudáfrica. Dicha alianza
cumpliría simultáneamente con tres objetivos. El primero -coincidente con los
intereses de la facción “azul” y nacionalista del ejército- era el de
combatir el comunismo, lo cual tendría un impacto favorable en las relaciones
con Estados Unidos y los países de Occidente. El segundo objetivo, coincidente
con los intereses de muchos sectores nacionalistas, adheridos a una visión
geopolítica, era el de “contener” a Brasil en su “avance” en la subregión
a través de los emprendimientos hidroeléctricos. (3) Esta política permitía
a la diplomacia de Itamaraty ganar influencia en Paraguay, “robar” a los
proyectos argentinos el agua necesaria para sus turbinas e incluso inmiscuirse
en Uruguay, país que era considerado por estos sectores nacionalistas como
parte de la esfera de influencia argentina. Entonces, para “contener” a
Brasil, la receta propuesta por Onganía era la de acercarse a Washington y
granjearse la confianza norteamericana, volcada a favor de Brasil. Y el tercer
objetivo de esta alianza argentino-brasileña era contar con Brasil como socio
en la estrategia de reforzar la posición negociadora argentina en Malvinas. (4)
Por
otra parte, tanto liberales como nacionalistas esgrimían, a través de los
enunciados propuestos por el CONADE y el CONASE, la “Realización (de la
Argentina) con y a través de América del Sur”. (5) Desde el ámbito académico,
Mariano Grondona sostenía que la “misión” de la Argentina era la de
reinsertarse en el mundo a través de América Latina”. (6) Sin embargo, esta
perspectiva integracionista, en lo que respecta a los vínculos con Brasil, fue
condicionada en la práctica por consideraciones que los sectores ligados al
nacionalismo geopolítico hacían acerca del equilibrio de poder, de las
“fronteras vivas”, (7) y del énfasis en el aprovechamiento de los recursos
naturales por parte de Itamaraty. De allí que en la agenda entre Buenos Aires y
Brasilia, la disputa se centrara en torno de la central hidroeléctrica que
terminaría construyéndose en Itaipú. La pugna se dio en el ámbito jurídico
y consistió en que la Argentina consideraba la necesidad de recurrir a la
“consulta previa” entre los países que compartían un río de curso
sucesivo, con el fin de evitar perjuicios a los que se ubicaban aguas abajo,
mientras Brasil sostenía que la posición argentina era un pretexto para evitar
los emprendimientos hidroeléctricos que consideraba vitales para su desarrollo
económico. Por cierto, la apuesta de Brasil a la “relación especial” con
Washington para obtener ventajas y concesiones económicas norteamericanas, el
“milagro económico” brasileño de fines de los ’60 y el juego de la
diplomacia de Itamaraty en Bolivia, Paraguay y Uruguay eran hechos difíciles de
asumir para los nacionalistas argentinos, que, imbuidos de las tesis geopolíticas,
denunciaban el desequilibrio de poder subregional en favor de Brasil.
Las
relaciones con Brasil tuvieron ocasión de discutirse durante la visita del
canciller brasileño, Juracy Magalhaes, a la Argentina, realizada entre los días
15 y 19 de octubre de 1966. Esta visita tuvo especial trascendencia, dada la
preocupación de la Cancillería argentina por las consecuencias de la
Conferencia y la Declaración de Bogotá de agosto de 1966. En ella, el bloque
de países del Pacífico, integrado por Chile, Venezuela y Colombia, había
acordado como objetivo el desarrollo de la industria pesada y había criticado
la formación de “ejes políticos” -en alusión al presunto eje
Argentina-Brasil en el marco de la ALALC-. Desde la óptica argentina, el
desarrollo de “integración acelerada” propuesto por el Grupo Andino, que
contaba con el aval de Washington, planteaba un proyecto de desarrollo
industrial para esos países, en el cual la Argentina y Brasil debían resignar
el desarrollo de sus sectores de siderurgia y petroquímica, para poder absorber
las exportaciones industriales de los países del bloque del Pacífico. Costa Méndez
contó con la preocupación brasileña respecto de ese tema como elemento a
favor para llegar a un acuerdo con Brasilia.
Pero
el viaje del canciller Magalhaes a Buenos Aires tuvo dos objetivos que en
realidad estaban bastante alejados de los intereses del titular del Palacio San
Martín. El primero era el de apresurar el funcionamiento de la ALALC con el fin
de intercambiar productos brasileños de química pesada y siderurgia por
materias primas argentinas, un objetivo clave en el programa “desarrollista”
en el que estaba embarcado el régimen brasileño. Frente a la ofensiva de
Itamaraty, y consciente de la negativa de los sectores nacionalistas a una
propuesta de este tipo, el canciller Costa Méndez no adoptó ningún compromiso
que excediera el plano formal y llamó a convocar a los países de la Cuenca del
Plata. En este sentido, en la declaración conjunta ambos cancilleres
proclamaron retóricamente su apoyo a la ALALC y a la reforma de la Carta de la
OEA y su rechazo a la formación de bloques en el hemisferio -mensaje dirigido
contra los firmantes del Pacto de Bogotá-. Dicha declaración no ataba al
gobierno argentino a ningún compromiso concreto en materia de integración
regional. (8)
El
otro tema que Magalhaes tocó en su visita a la Argentina era el de la creación
de una Fuerza Interamericana de Paz (FIP). Para Itamaraty, la FIP era un
mecanismo importante en su proyecto de liderazgo regional y una llave que abriría
un tentador mercado para la venta de armas. También aquí Costa Méndez reflejó
los intereses de los sectores nacionalistas e hizo vagas declaraciones de una
política antisubversiva, sin comprometerse a ningún acuerdo de alcance
supranacional. (9) Por cierto, las coincidencias ideológicas entre los
gobiernos argentino y brasileño no bastaron para que las autoridades de Buenos
Aires y Brasilia sellaran un pacto concreto.
Además
de los ya señalados, cabe mencionar algunos otros temas de fricción que se
presentaron en la relación bilateral. Uno de éstos fue la emisión por parte
de la Cancillería argentina el 23 de enero de 1967 de un ultimátum que advertía
a las embarcaciones extranjeras de pesca que debían ceñirse a la ley 17094,
que ampliaba la soberanía marítima argentina a las 200 millas de distancia de
la costa. Esta medida fue en parte una respuesta a las actividades de los
pesqueros brasileños, que estaban adheridos al sistema de las 12 millas y
efectuaban incursiones en el Mar Argentino. (10)
El
gobierno brasileño envió inmediatamente a través de su embajador Decio de
Moura una propuesta para lograr exceptuar a los buques brasileños de los
alcances de la ley 17094. Finalmente, a fines de 1967, se firmó un convenio que
permitía a ambas partes pescar sin cargo a un límite de seis millas
“contadas a partir de las líneas de base que sirven para calcular la anchura
del respectivo mar territorial”. Por otro convenio se reglamentaba la protección
de los recursos ictícolas, señalando la necesidad de evitar las “formas de
explotación antieconómica” y las “actividades nocivas de pesca
depredatoria” que amenazaban la riqueza pesquera en el mar. (11)
La
posibilidad de acercamiento respecto de la FIP también se vio frustrada en la
Tercera Conferencia Extraordinaria de Cancilleres de la OEA realizada en febrero
de 1967. En esta ocasión, fue el representante brasileño quien no respaldó el
proyecto argentino que impulsaba la creación de un Comité Consultivo de
Defensa con carácter permanente dentro del organismo panamericano. No obstante,
durante el viaje del canciller argentino Costa Méndez a Brasil en enero de
1968, éste y su colega brasileño, José de Magalhaes Pinto, rubricaron un
comunicado conjunto donde ambas partes coincidieron en el rechazo a la
constitución de una fuerza militar interamericana. (12)
También
fue manifiesta la disidencia entre ambos gobiernos en febrero de 1967, en ocasión
de la reunión de cancilleres sudamericanos, donde la Argentina propuso el
principio de consulta previa entre los gobiernos para la construcción de
cualquier proyecto hidroeléctrico, incluso para aquellos situados dentro de las
fronteras de un país. Brasil rechazó esta propuesta y apenas se aprobó el
“intercambio de informaciones” entre los gobiernos. (13)
Finalmente,
otro tema de divergencia fue la actitud a adoptar respecto de regímenes de
centro-izquierda o de izquierda en la región. Cuando el canciller Costa Méndez
sostuvo enfáticamente la invasión armada a Cuba en la Duodécima Reunión de
Consulta de la OEA en septiembre de 1967, convocada por Venezuela, la delegación
brasileña, aun a contrapelo de su adhesión al “criterio de barreras ideológicas”,
se opuso a la delegación argentina y respaldó la posición no intervencionista
de Chile.
Pero, a pesar de las diferencias en los temas mencionados,
los intereses argentinos y brasileños convergieron en el impulso a la Asociación
Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). A mediados de diciembre de 1966, el
canciller Costa Méndez y su colega brasileño, general Juracy Magalhaes,
coincidieron en que la ALALC debía ser “un programa de las naciones”, un
esquema de integración “flexible”, no estipulado desde un punto de vista
supranacional. Esta posición conjunta se puso de manifiesto en la Conferencia
de los cancilleres de los países miembros de la ALALC, celebrada en diciembre
de 1966 en la ciudad de Montevideo. En este foro, la Argentina y Brasil se
unieron para derrotar el esquema integracionista “supranacional” impulsado
por el canciller de Chile, Gabriel Valdés. (14)
En
marzo de 1967, tuvo lugar, durante un lapso de cuatro días, la visita a la
Argentina del nuevo presidente de Brasil, mariscal Arthur da Costa e Silva. En
el transcurso la misma, hubo contactos entre el canciller Costa Méndez y su
colega José Magalhaes Pinto, quienes concordaron en la no aceptación del
esquema impulsado por Estados Unidos y los países firmantes de la Declaración
de Bogotá de una integración sujeta a organismos supranacionales. Sin embargo,
hubo dos puntos claves en que el acuerdo no fue posible: el tema energético en
la Cuenca del Plata y la negativa brasileña a aceptar el límite de 200 millas
marítimas impuesto por el gobierno de Onganía, que afectaba actividades
pesqueras brasileñas. (15)
La
inquietud de los sectores nacionalistas argentinos por el crecimiento económico
de Brasil, y sobre todo por la concreción por el gobierno brasileño de gran
parte de sus proyectos energéticos -frente a la inacción argentina en la
materia- fue generalizada. (16) Dicha inquietud pareció confirmarse con las
poco tranquilizadoras palabras del presidente norteamericano Richard Nixon
quien, en el contexto de la visita del mandatario Emilio Garrastazú Médici a
Washington en diciembre de 1971, decretó el liderazgo brasileño sobre el
continente sudamericano. (17) Este temor al “subimperialismo brasileño” y
al aislamiento argentino en la Cuenca del Plata fueron factores que impulsaron
el acercamiento del gobierno argentino con el de Santiago.
En
marzo de 1972, el presidente Lanusse visitó Brasil, pero esta entrevista no
logró cambiar el tenso clima existente entre los dos países. El día 15, los
presidentes Lanusse y Garastazú Médici firmaron en Brasilia la declaración
conjunta, cuyos puntos más salientes fueron: a) el rechazo de la división del
mundo en esferas de influencia; b) el compromiso mutuo de sujeción a una serie
de principios, tales como el ejercicio efectivo de la democracia representativa,
la condena a las modalidades de violencia, la adhesión a las declaraciones de
Montevideo y de Lima sobre derecho del mar; c) el compromiso de cooperación en
el aprovechamiento de los recursos naturales; d) el propósito común de llevar
adelante el programa multilateral de la Cuenca del Plata; y e) la intensificación
de la cooperación en todos los campos. (18)
El
punto más ríspido de la declaración conjunta fue el de la cooperación
argentino-brasileña en el aprovechamiento de los ríos. Mientras los
presidentes y cancilleres de ambos países buscaban dialogar para limar
asperezas, los medios de prensa y los sectores nacionalistas más duros de ambos
países ejercieron su capacidad de presión. La prensa brasileña brasileña dio
a entender que la Argentina quería incluir el tema de la cooperación en el
aprovechamiento de los ríos como un instrumento destinado a coartar los
proyectos energéticos sobre el río Paraná impulsados por Itamaraty. Por su
parte, los sectores nacionalistas -entre ellos el ex embajador argentino en el
Brasil, Mario Amadeo- sostenían que el gobierno de Brasil buscaba diferir el
tema del aprovechamiento bilateral de los ríos hasta que las obras energéticas
se concluyeran. Lo cierto fue que la firma de la declaración conjunta estuvo a
punto de fracasar por la insistencia argentina en incluir una referencia sobre
la necesidad de evitar perjuicios sensibles en el aprovechamiento de los
recursos naturales. En este sentido, la delegación argentina reflejó los
recelos de los sectores nacionalistas, que sostenían que la construcción de
represas hidroeléctricas sobre el curso superior del Paraná por parte del
Brasil afectaba el curso inferior del río ubicado en territorio argentino. La rígida
posición argentina obligó a las autoridades brasileñas a incluir esta cláusula
en la declaración conjunta.
Otro
tema que trajo roces fue el proyecto brasileño de definir el contenido de la
declaración conjunta como una política de amplias coincidencias, apuntando a
la construcción de una alianza entre la Argentina y Brasil. El gobierno
argentino no quiso que el contenido de la declaración reflejara la idea de una
asimetría entre la Argentina y Brasil por un lado, y el resto de los países
latinoamericanos por otro, ya que chocaba con la tesis de igualdad entre los
Estados. (19)
Asimismo,
el mandatario argentino aprovechó su estadía en Brasil para emitir gestos y
declaraciones que tenían como destinatario no sólo a las autoridades de
Itamaraty sino también a los sectores nacionalistas internos. Por ejemplo, en
su discurso hacia las autoridades brasileñas, y con el fin de no ser acusado de
satelismo, Lanusse se dirigió más hacia América latina que hacia Brasil. Las
referencias al país vecino fueron escasas. (20) Finalmente, ante un
cuestionario efectuado por periodistas brasileños, Lanusse refutó las palabras
del presidente norteamericano Nixon de que “para donde se inclinará el Brasil
irá toda la América Latina”, aclarando que “el gobierno argentino sólo se
inclina hacia donde lo hace la voluntad soberana del pueblo”. (21)
Por cierto,
existió en esta época una fuerte competencia geopolítica entre la Argentina y
Brasil estimulada por la mayoría de los medios de prensa nacionalistas de ambos
países. Del lado argentino, sin embargo existió una diferencia entre los
medios que respondieron a los nacionalistas ortodoxos y los que reflejaron las
ideas de los desarrollistas. Los primeros, como Azul y Blanco y La
Prensa, denunciaban el expansionismo brasileño en la Cuenca del Plata y la
alianza establecida entre Washington y Brasilia como amenazas a los intereses
argentinos en la Cuenca del Plata. Por ejemplo, Sánchez Sorondo propuso una política
latinoamericanista en donde, a través del estrechamiento de vínculos con los
países del Pacífico, la Argentina frenara el expansionismo brasileño y luego
desplazara a Brasil del liderazgo continental. (22)
Por
su parte, los medios que respondían a los “desarrollistas” argentinos como
el diario Clarín y la revista Estrategia, alertaron sobre el
desequilibrio de poder favorable a Brasil, provocado por el éxito de la
“diplomacia del kilowat” o la diplomacia de “hacer obras” por parte de
Itamaraty, contrastándola con el inmovilismo del Palacio San Martín, que
apostaba al triunfo del principio de “consulta previa” en los foros
internacionales como medio jurídico para frenar la expansión brasileña. Los
“desarrollistas” descartaban el último instrumento y proponían dos
alternativas: a) la puesta en marcha de medidas de desarrollo integral (económico,
social, y cultural) del Nordeste argentino y otras zonas fronterizas con Brasil,
como Misiones, Chaco y Formosa; y b) la ejecución de las obras hidroeléctricas
pendientes (Yaciretá-Apipé, Salto Grande) como únicos medios efectivos para
“frenar” el plan expansionista alentado por el canciller brasileño Mario
Gibson Barboza. Pero, a diferencia de los ortodoxos, los desarrollistas no
deseaban reemplazar la hegemonía brasileña por la argentina, sino
“quebrar” el eje Washington-Brasilia y gestar en su reemplazo una alianza
conjunta con Brasil para liderar el Cono Sur y romper con la “dependencia”
común respecto de Washington. No obstante, este objetivo se lograría sólo
cuando la Argentina lograra “revertir” la desventaja existente respecto de
Brasil en emprendimientos hidroeléctricos en la Cuenca del Plata. A partir de
ese momento, quedaría abierto el camino para un entendimiento argentino-brasileño.
(23)
También
del lado brasileño los medios de opinión se dividieron entre aquellos que
apostaron a las hipótesis de conflicto con la Argentina y los que optaron por
el entendimiento bilateral. Como ejemplo de la primera tendencia, vale citar los
editoriales de O Globo, periódico representativo del sector nacionalista
brasileño más reaccionario. Así, en el número correspondiente al 31 de
agosto de 1972, se publicó un telegrama de Buenos Aires con declaraciones del
almirante Isaac Rojas y del ingeniero Justiniano Allende Posse respecto de los
efectos perjudiciales de las obras hidroeléctricas emprendidas por Brasil. En
el editorial del día 29 de marzo de 1973, O Globo alentaba los recelos
de los nacionalistas brasileños publicando un telegrama bajo el título
“Argentina se equipa con cohetes”, advirtiendo sobre la compra de cohetes
AS-11 y AS-12, de fabricación francesa. (24)
Frente
a esta actitud de O Globo, diarios como O Estado de Sao Paulo y Jornal
do Brasil tuvieron
una actitud más moderada, alentando en términos generales el acercamiento
entre la Argentina y Brasil. O Estado de Sao Paulo, atacó a su colega O
Globo en su editorial del
11 de mayo de 1973, sosteniendo que: “una prensa perniciosa, ávida de
aumentar sus ventas a costa de la explotación de bajos sentimientos
nacionalistas, se encargó de divulgar ampliamente todos los rumores y
falsedades que sólo perjudican las buenas relaciones de los dos países”.
(25) Asimismo, O Estado de Sao Paulo difundió el 31 de agosto de 1972
una entrevista al general Almyr Borges Fortes, director administrativo de la
Eletrobrás, quien criticaba la actitud intransigente de Itamaraty en el tema
del aprovechamiento de los ríos de la Cuenca del Plata. (26) Por su parte, el Jornal
do Brasil hizo esfuerzos por difundir la posición de otro conciliador: el
presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Brasileña, Arturo Dogliotti.
Dogliotti, de visita a la Asociación Comercial de Río de Janeiro, pronunció a
fines de marzo de 1973 un discurso que apostaba a la superación del conflicto
entre Buenos Aires y Brasilia. (27)
A
su vez, algunos sectores políticos trataron de ejercer presión sobre Itamaraty
desde el Parlamento brasileño. Por ejemplo, en marzo de 1973, el representante
por San Pablo del oficialista ARENA, el diputado Mauricio Toledo, sostuvo que
“el veto formal argentino a Itaipú y ahora a Ilha Solteira ya no deja dudas
en cuanto a la mala voluntad argentina en el encaminamiento de soluciones para
el crónico problema del continente que es la falta de energía eléctrica”.
El diputado brasileño reclamó de las autoridades de Itamaraty una toma de
posición en contra de la actitud del gobierno de Lanusse y del futuro gobierno
peronista triunfante en las elecciones del 11 de marzo, que “están (...)
entrometiéndose en nuestras cuestiones.” (28)
Por
otra parte, una nota argentina entregada a fines de abril de 1973 al Comité
Intergubernamental Coordinador de la Cuenca del Plata (CIC), en referencia al
proyecto energético de Ilha Solteira irritó a las autoridades de Itamaraty,
pues dicha nota acusaba a Brasil de mala fe en la interpretación de sus
acuerdos sobre explotación de recursos hídricos. En particular, la nota
argentina colocó en una situación muy incómoda al canciller brasileño, quien
la interpretó como una maniobra del Palacio San Martín destinada a
“importunar” a las autoridades brasileñas justo en el momento en que
el presidente paraguayo, Alfredo Stroessner, visitaba Brasilia. (29)
Además
de la competencia argentino-brasileña por el liderazgo en la Cuenca del Plata,
un segundo ámbito de conflicto fue la región antártica. Como ocurriese con el
caso de la subregión platense, las opiniones respecto de la política a seguir
en el continente antártico estaban divididas. En el caso brasileño, los
sectores privados impulsaron una presencia efectiva en el área austral,
presionando con reiterados anuncios respecto de recorrer la zona, los que por
cierto estimularon los recelos y prevenciones de los sectores nacionalistas
argentinos. Dichos anuncios contaron con el respaldo de los funcionarios de
Itamaraty, quienes percibían que los mismos eran un engranaje más en el plan
de expansión de la Cancillería brasileña. A diferencia de estos sectores, el
director de Ciencia y Tecnología del Brasil, Pedro Coelho, se opuso a la adopción
de criterios de expansión y confrontación con la Argentina, sosteniendo que no
eran los más adecuados para la defensa de los intereses brasileños en la Antártida.
Tomando en cuenta ambas posiciones, el gobierno brasileño decidió una
alternativa salomónica: no renunciar a las expediciones en el continente
blanco, pero que éstas no sobrepasaran los límites donde la Argentina tenía
instaladas las bases científicas y militares, a fin de evitar roces con las
autoridades de Buenos Aires. (30)
NOTAS
En su visita a Bolivia, el 12 de octubre de 1966, el canciller Juracy Magalhaes hizo una declaración que encaja perfectamente con el concepto de fronteras ideológicas: “De un lado (...) están los comunistas, unidos en una línea a través de todos los países americanos; del otro, debemos unirnos todos los que nos oponemos a ese procedimiento político”. “Fronteras ideológicas”, La Nación, 13 de octubre de 1966, p. 3.
De este modo, ante una audiencia en la que participaron funcionarios gubernamentales, diplomáticos y periodistas, el presidente brasileño Arthur Costa e Silva prometió cooperar con los Estados Unidos, pero a la vez hizo hincapié en la necesidad de ampliar el intercambio comercial con los países comunistas: “Estaremos atentos a las nuevas perspectivas de cooperación y comercio emanadas de la atenuación de las tensiones de la guerra fría”. “Brasil respalda el plan de integración”, La Nación, 6 de abril de 1967, p. 2.
Respecto de esta percepción de “avance” brasileño y de “parálisis” argentina en materia de política energética, ver editorial “Mientras los argentinos permanecemos de brazos cruzados...los brasileños construyen”, Clarín, 20 de febrero de 1967, pp. 12 y 13.
J.A. Tulchin, op. cit., pp. 250-251.
J. Paradiso, op. cit., pp. 162-163.
Mariano Grondona, La Argentina en el tiempo y en el mundo, op. cit., p. 223.
El
concepto brasileño de “fronteras vivas” fue la formalización de la
tendencia expansionista de los portugueses, de los “bandeirantes” más
tarde y de los campesinos pobres, presionados hacia el otro lado de la
frontera por la “frontera móvil de la civilización”. La idea de
“fronteras vivas” remite al carácter dinámico de las zonas
fronterizas, cuyo potencial de presión y penetración demográfico,
cultural, económico e ideológico se ejerce sobre los vecinos débiles.
Pero el concepto no se limita estrictamente a la “zona fronteriza”. Como
lo demuestra el libro del geopolítico brasileño Golbery da Couto e Silva, Geopolítica
do Brasil, Río de Janeiro, José Olimpo, 1967, pp. 53-54, la
“frontera viva” también puede ser un área considerada como vital que
no pertenece al propio país y que debe ser incorporada. En este sentido,
Golbery incluye como área vital el Atlántico Sur. Al respecto sostenía
Golbery:
(...)
Si consideramos la realidad de los hechos y la posición singular del
territorio brasileño en el gran conflicto de la hora presente en que se
enfrentan EE.UU. y Rusia, es necesario reconocer que la seguridad y la
defensa del Nordeste, del estuario amazónico y del Atlántico Sur recaen en
nosotros (...) No hay alternativa para nosotros sino aceptarlo
concientemente (...) Si la geografía atribuyó al litoral brasileño y a su
promontorio nordestino el casi monopolio de dominio del Atlántico Sur, ese
monopolio es brasileño, debe ser ejercido por nosotros exclusivamente (...)
Nosotros podemos también invocar un ‘destino manifiesto’, tanto más
que él no choca en el Caribe con el de nuestros hermanos mayores del norte
(...).
Ver este concepto en Juan E. Guglialmelli, “Argentina-Brasil: enfrentamiento o alianza para la liberación”, Estrategia Nº 36, Buenos Aires, septiembre-octubre de 1975, pp. 15-16.
Texto de la declaración conjunta argentino-brasileña en La Nación, 20 de octubre de 1966, pp. 1 y 20.
“Cancillería. No siempre con sutileza”, Confirmado, Año II, Nº 71, octubre 27 de 1966, pp. 20-21.
No obstante, los pesqueros brasileños tampoco respetaban este límite de las 12 millas. Ejemplos de estas incursiones infractoras fueron la del pesquero Salvatierra, que pescaba a 9 millas de la costa bonaerense; y el pesquero Akaroa, que incursionaba a tan sólo 3 millas de la costa. Ambos fueron detenidos por la nave de la armada argentina Comodoro Laserre el 2 de diciembre de 1966. Ver al respecto “Contra barcos de pesca brasileños actuó la Marina”, La Nación, 4 de diciembre de 1966, p. 1. Ver también “Diplomacia. Las aguas bajan limpias”, Primera Plana, Nº 214, Buenos Aires, 31 de enero al 6 de febrero de 1967, pp. 13-14.
Ver respecto de este tema “Propuesta de Brasil sobre el mar territorial”, La Prensa, 25 de enero de 1967, pp. 1 y 3; “Visiones de América. Acuerdo”, La Nación, 7 de enero de 1968, segunda sección, p. 17; y “Dos acuerdos con el Brasil”, La Nación, 10 de enero de 1968, p. 6 y La Nación (una selección de la semana), 15 de enero de 1968, p. 2.
Acerca del comunicado conjunto de los cancilleres argentino y brasileño, ver “Visiones de América. Las relaciones argentino-brasileñas”, La Nación, 28 de enero de 1968, segunda sección, p. 19, y “El documento suscripto”, La Nación (una selección de la semana), 29 de enero de 1968, p. 1.
Osny Duarte Pereira, La seudo-rivalidad argentino-brasileña. Pro y contra de Itaipú, Buenos Aires, Corregidor, 1975, p. 77.
Ver al respecto “Costa Méndez hizo declaraciones a su regreso al país”, La Nación, 13 de diciembre de 1966, p. 2, y editorial “La actual posición argentina sobre “integracionismo”, La Prensa, 9 de enero de 1967, p. 6.
G. Bra, op. cit., p. 29. Ver también “América Latina. Un puente sobre el abismo”, Confirmado, Año III, Nº 90, Buenos Aires, marzo 9 de 1967, p. 26.
Declaraciones del teniente coronel (RE) Mario H. Orsollini, integrante del CONASE, citadas en “Vuelo de pájaro sobre el país que se aproxima”, Panorama, Año IX, Nº 221, Buenos Aires, 20 al 26 de julio de 1971, p. 28; declaraciones del teniente coronel (RE) Luis César Perlinger, citadas en ibid.; Oscar Camilión, “Relaciones argentino-brasileñas”, Clarín, 22 de marzo de 1973, artículo transcripto en Estrategia, Nº 21, Buenos Aires, marzo-abril de 1973, pp. 45-46.
M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., p. 400.
Texto de la declaración conjunta suscripto por los presidentes argentino y brasileño, teniente general Alejandro Agustín Lanusse y general Emilio Garrastazú Médici, citado en La Nación, 16 de marzo de 1972, pp. 1 y 24.
Editorial “Coincidencias en la mayoría de los temas” por Jorge Emilio Gallardo, La Nación, 16 de marzo de 1972, p. 24.
“Lanusse habló para América Latina”, por Teófilo Domínguez, La Nación, 14 de marzo de 1972, p. 6.
“Contestó Lanusse un amplio cuestionario”, La Nación, 15 de marzo de 1972, p. 1.
Texto de la conferencia pronunciada por el Dr. Marcelo Sánchez Sorondo el 16 de enero de 1973, cit. en Estrategia, Nº 19-20, Buenos Aires, noviembre-diciembre 1972/enero-febrero 1973, pp. 129-136. Ver también análisis de la postura “antibrasileña” de Sánchez Sorondo y sus diferencias con los asesores de política exterior del FREJULI en el editorial “En círculos oficiales no se califica al peronismo de antibrasileño. Esperan en Brasil que el nuevo gobierno de la Argentina permita reformular las relaciones”, por Darcy Ruano, La Opinión, 4 de mayo de 1973, p. 20.
“El Acta de Asunción”, editorial de Clarín, 6 de junio de 1971, p. 16, alertando que Brasil tenía 17 emprendimientos hidroeléctricos en la Cuenca del Plata, mientras que la Argentina no tenía ninguno. Véase también O. Duarte Pereira, op. cit., p. 96; E. Vera Villalobos, “Realidad y ficción en la política exterior...”, op. cit., pp. 5-12; comentarios de este mismo artículo de Vera Villalobos citados en “La gira de Lanusse. Política y petróleo”, Primera Plana, Año X, Nº 470, Buenos Aires, febrero 1º, 1972, p. 12; Oscar Camilión, “Relaciones argentino-brasileñas”, Clarín, 22 de marzo de 1973, artículo citado en Estrategia, Nº 21, Buenos Aires, marzo-abril de 1973, pp. 43-48, y Juan E. Guglialmelli, “Argentina-Brasil: enfrentamiento o alianza para la liberación”, op. cit., pp. 1-29.
O Globo, 31 de agosto de 1972, reproducción de un artículo firmado por el almirante Isaac Rojas y el ingeniero Justiniano Allende Posse, cit. en O. Duarte Pereira, op. cit., p. 112.
“Argentina se equipa con cohetes”, editorial de O Globo, 29 de marzo de 1973, y comentarios de Luis Arrobas Martins del O Estado de Sao Paulo, 11 de mayo de 1973, cit. en O. Duarte Pereira, op. cit., pp. 157-158.
Entrevista del periódico O Estado de Sao Paulo, 31 de agosto de 1972, cit. en O. Duarte Pereira, op. cit., p. 110.
Discurso pronunciado por el presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Brasileña Arturo Dogliotti, de Buenos Aires, en visita a la Asociación Comercial de Río de Janeiro, reproducido en Jornal do Brasil, 29 de marzo de 1973, y cit. en O. Duarte Pereira, op. cit., pp. 156-157.
“Barboza se muestra conciliatorio y el Parlamento agresivo. Los cancilleres se entrevistarán por Ilha Solteira”, La Opinión, 4 de marzo de 1973, p. 13.
Véase ibid., y “Declaración sobre Ilha Solteira. Irritó a Brasil la nota del Palacio San Martín”, La Opinión, 26 de abril de 1973, p. 24.
“Brasil no quiere disputas por la zona antártica”, La Opinión, 2 de marzo de 1973, p. 11.
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