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Las relaciones con Bolivia

Los vínculos con Bolivia durante los años del onganiato revelaron la coexistencia de consideraciones geopolíticas -lograr que el país del Altiplano estuviese dentro de la órbita de influencia argentina y no brasileña- e ideológicas -evitar la infiltración izquierdista en un país vecino-.
   
El presidente boliviano, general René Barrientos, realizó una visita a Buenos Aires, entre el 15 y el 20 de diciembre de 1966, con el objetivo de vender gas y petróleo a la Argentina. Como saldo de esta visita, se destacó la decisión de constituir una comisión mixta para el aprovechamiento del yacimiento boliviano de El Mutún, (1) y la promesa argentina de otorgar una salida a los productos bolivianos, a cuyo fin se creaba una comisión mixta encargada de analizar la posibilidad de utilizar los puertos de Rosario y Santa Fe. Además, Yacimientos petrolíferos Fiscales de la Argentina (YPF) y Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB) suscribieron una carta de intención para establecer operaciones conjuntas. Por último, los cancilleres argentino y boliviano, Nicanor Costa Méndez y Alberto Crespo Gutiérrez, firmaron una serie de convenios sobre cooperación educativa, sanitaria, agraria y de comunicación. (2)  
    Este viaje de Barrientos a Buenos Aires fue el primer paso de una serie de acuerdos entre los gobiernos argentino y boliviano y la compañía norteamericana Gulf Oil. El negocio con la Argentina fue pactado entre los funcionarios de ambos gobiernos, la Gulf y Gas del Estado. Con este acuerdo, el gobierno argentino pasaba a ser el principal comprador del gas boliviano exportado por la Gulf e YPFB. El general Barrientos concertó con su colega Onganía la creación de comisiones especializadas para la complementación bilateral en las áreas de petroquímica y siderurgia. (3) 
   
Pero, cuando los detalles de la misión Barrientos fueron conocidos en el Congreso boliviano, se levantaron voces de protesta, que se extendieron a la opinión pública y a los sectores nacionalistas dentro del ejército, entre los cuales se destacó el general Alfredo Ovando, quien se opuso a la negociación para la venta del gas a la Argentina.  Tras la dudosa muerte de Barrientos en un accidente de aviación, el general Ovando asumió el gobierno, adoptando un giro nacionalista en su política económica interna y en su política exterior, que tuvo un notable impacto en sus vínculos con el gobierno de Onganía. Por medio del capitán de fragata Francisco Manrique, el gobierno argentino inauguró una serie de presiones económicas, políticas, militares y diplomáticas que procuraron ahogar la revolución boliviana, la cual, al establecer relaciones diplomáticas con Rumania, mostraba un temible tinte izquierdista. Manrique prometió al gobierno del general Ovando el “apoyo argentino a cambio de no hacer locuras” con la compañía norteamericana Gulf Oil. (4) No obstante las presiones argentinas, el 17 de octubre de 1969 el régimen boliviano dispuso la nacionalización de los bienes de la Gulf Oil.  
    Este tema del petróleo en las relaciones con Bolivia reveló, como en el caso de otros temas de la agenda de política exterior argentina, las disputas existentes en el seno de la administración Onganía entre liberales y nacionalistas. Haciendo una evaluación de la cuestión, García Lupo afirma que el ministro de Obras Públicas, ingeniero Luis M. Gotelli; el director nacional de Hidrocarburos, general Reyes, y el director de Inversiones Extranjeras, Guillermo Klein, intentaron levantar un “cerco” para mantener apartados al presidente Onganía y a los oficiales del ejército de los detalles de esta “conspiración” urdida entre los tecnócratas liberales de las agencias económicas argentinas, sus colegas bolivianos, y la Gulf Oil. 
   
El gobierno de Onganía siguió aplicando literalmente la tesis de “fronteras ideológicas” y continuó ejerciendo presión sobre el régimen nacionalista de Ovando, utilizando como medio la continuación o no del gasoducto entre Santa Cruz y el territorio argentino. En marzo de 1970, tuvo lugar un viaje del comandante en jefe del ejército argentino, teniente general Alejandro Agustín Lanusse, junto con un asesor de la Cancillería, Luis María de Pablo Pardo, quienes mantuvieron contacto con el nuevo comandante en jefe del ejército boliviano, el general derechista Rogelio Miranda, quien había reemplazado a Juan José Torres, desplazado del cargo por su perfil nacionalista de izquierda. Las condecoraciones mutuas indicaban que el general Miranda era el “hombre de la Argentina” en Bolivia, y que el alto mando boliviano -en complicidad con el argentino- proyectaba el reemplazo del gabinete por otro, representado por integrantes de la derecha, más acordes a la visión “occidentalista” del general Onganía. Pero, para mal de Onganía, el enfrentamiento entre los generales Juan José Torres y Rogelio Miranda terminó con la victoria del primero. La estrategia militar-diplomática argentina de instalar en Bolivia un régimen adicto al onganiato había fracasado. (5)
   
No obstante, el 19 de marzo de 1970, se firmó un acuerdo de cooperación argentino-boliviano en el campo de los usos pacíficos de la energía nuclear, cuyo canje de ratificación se realizó el 19 de enero de 1971, ya durante el gobierno de Levingston. La cooperación bilateral prevista por el tratado se extendía a los siguientes ámbitos: investigación fundamental y aplicada, estudios sobre materias primas nucleares, producción y aplicaciones de radioisótopos en los campos biológico, médico, agrícola e industrial, y la coordinación de la política de las respectivas comisiones nacionales frente a la responsabilidad de los dos países como miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA). (6)  
    Por su parte, llevado por consideraciones geopolíticas más que ideológicas, el gobierno de Levingston intentó estrechar sus vínculos con el gobierno nacionalista de izquierda del general Juan José Torres. Este acercamiento a Bolivia procuraba evitar el aislamiento en un contexto subregional marcado por la falta de estabilidad del gobierno pro-argentino en Uruguay, el avance energético del Brasil en la Cuenca del Plata, la lentitud en los acuerdos con Chile y la creciente influencia brasileña en Uruguay. (7) No obstante, la Cancillería argentina dudó entre el apoyo y la condena a un régimen izquierda como el de Torres, abiertamente condenado por las autoridades de Brasilia. Incluso se registraron conversaciones entre el general brasileño Hugo Betheln y el embajador argentino, general Osiris Villegas, en torno de la posibilidad de una ocupación y protectorado conjuntos sobre Bolivia. Finalmente, la radicalización del gobierno de Torres decidió al gobierno de Levingston a retirar el apoyo otorgado a las autoridades del Altiplano. (8) 
    Durante el gobierno de Lanusse, el canciller boliviano, Huáscar Taborga Torrijo, visitó la Argentina, entre los días 7 y 13 de julio de 1971. Se firmaron en dicha ocasión una serie de documentos, entre los que se destacó una declaración conjunta, donde se ratificaban los principios referentes a integración y desarrollo continental, el respaldo boliviano a la reivindicación argentina de las islas Malvinas, la voluntad de ambas partes para acelerar los estudios de aprovechamiento de los recursos hídricos de la cuenca del Pilcomayo, y la ratificación del acuerdo argentino-boliviano sobre obras ferroviarias, entrega de gas por parte de Bolivia a la Argentina y venta de petróleo boliviano, además de la compra argentina del hierro del rico yacimiento boliviano de El Mutún. Asimismo, se firmaron el Acta de Jujuy, sobre cooperación para los problemas sanitarios de ambos países, y el Acta de Buenos Aires sobre cuencas hidrológicas, que tenía como antecedente la llamada “Declaración de Asunción sobre aprovechamiento de los ríos internacionales”. (9)  
    No obstante estos avances, la aplicación de la tesis del “pluralismo ideológico” tuvo enormes dificultades en el caso de Bolivia, pues en agosto de 1971 el régimen nacionalista de izquierda del general Juan José Torres fue derrocado por el coronel derechista Hugo Banzer. Si bien los golpistas se movieron con facilidad desde la Argentina, este golpe entorpecía los planes de Lanusse de revertir su pasada imagen derechista reuniéndose con jefes de gobiernos izquierdistas como Allende, Torres y Velazco Alvarado, a fin de obtener respaldo popular para su gestión. El golpe colocó a Lanusse en un verdadero dilema. Si se encontraba con Banzer, sellaría una solidaridad con Brasil y con Bolivia no buscadas, pues los amigos del nuevo general boliviano estaban en Brasilia y no en Buenos Aires. Si difería por demasiado tiempo su encuentro cumbre con Banzer, permitiría que el nuevo régimen militar del Altiplano justificase su vuelco hacia la órbita brasileña. Finalmente, Lanusse optó por no visitar La Paz. (10) 

  1. El primer contrato entre una empresa argentina (SOMISA) y una boliviana (Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) se formalizó el 6 de febrero de 1973, ya durante el gobierno de Lanusse. Este convenio, que pactaba una primera entrega de 50.000 toneladas de hierro provenientes de El Mutún a la empresa siderúrgica argentina, fue firmado en Buenos Aires por el presidente de SOMISA, general Oscar M. Chescotta, y el gerente general de COMIBOL, general Rogelio Miranda. “Primer contrato por mineral del Mutún”, La Nación, 7 de febrero de 1973, p. 4, y “Sobre el envío de hierro del Mutún”, La Nación, 8 de febrero de 1973, p. 7.

  2. Ver texto de la declaración conjunta de los presidentes argentino y boliviano en “Declaración conjunta de la Argentina y Bolivia”, La Nación, 20 de diciembre de 1966, pp. 1 y 20. Ver también “Visiones de América. Después de la visita”, La Nación, 24 de diciembre de 1966, segunda sección, p. 21. 

  3. “Junto a los nacionalistas bolivianos”, publicado en Propósitos, Buenos Aires, 23 de octubre de 1969, fuente citada en Rogelio García Lupo, Argentina en la selva mundial, Buenos Aires, Corregidor, 1973, pp. 190-191. Ver también G. Bra, op. cit., p. 30. 

  4. García Lupo sostiene la idea de una “conspiración” del gobierno argentino contra el régimen boliviano, estrategia que contó con la activa participación del capitán de fragata y periodista Francisco Manrique; el millonario Mario Hirsch, cabeza del grupo Bunge y Born -amigo personal de Onganía-, y el economista alemán Rodolfo Katz, quien desde el semanario Economic Survey dirigía ataques contra el presidente boliviano, general Alfredo Ovando. Ver al respecto R. García Lupo, op. cit., pp. 191, 204-205, y 218, cuyas fuentes son: “Junto a los nacionalistas bolivianos...”, op. cit.; “La conspiración contra Bolivia tiene nombre y apellido”, Declaraciones a Mario Vargas publicadas en Hoy, La Paz, 25 de noviembre de 1969; y “La derrota argentina en Bolivia”, Marcha, Montevideo, 9 de octubre de 1970. 

  5. “La derrota argentina en Bolivia”, op. cit., cit. en R. García Lupo, op. cit., pp. 219-221.

  6. Clarín, 19 de enero de 1971, p. 15, y 20 de enero de 1971, p. 12.

  7. “Bolivia, el aliado que la Argentina no puede perder”, Inter Press Service, 2 de junio de 1971, cit. en R. García Lupo, op. cit., p. 227. 

  8. M.A. Scenna, Argentina-Brasil..., op. cit., pp. 397-398.

  9. “Varios acuerdos se firmaron con Bolivia”, La Nación, 13 de julio de 1971, pp. 1 y 22; y “Tras firmar acuerdos partió ayer el canciller boliviano”, La Prensa, 13 de julio de 1971, pp. 1 y 22. 

  10. “La victoria de los militares pro-brasileños en Bolivia”, Inter Press Service, 25 de agosto de 1971, cit. en R. García Lupo, op. cit., pp. 245-247. 

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