Los asuntos hemisféricos
La Tercera Conferencia Extraordinaria Interamericana (febrero de 1967)
Por
cierto, la irrupción de un régimen militar en la Argentina en junio de 1966
dividió las opiniones de los miembros del sistema interamericano. Mientras
algunos países, como Uruguay y Chile, aplicaron la Doctrina Estrada y asumieron
una actitud expectante que terminó siendo de reconocimiento al régimen de
Onganía, Costa Rica y Venezuela adoptaron una posición de enérgico rechazo al
nuevo gobierno surgido del derrocamiento de Illia. Debido a esta dificultad, el
canciller mexicano Rafael de la Colina presentó ante el Consejo de la
Organización de Estados Americanos (OEA) la iniciativa de aplazar la Tercera
Conferencia Extraordinaria Interamericana de Cancilleres que debía concretarse
en Buenos Aires el 29 de agosto, para sancionar las proyectadas reformas a la
Carta de la OEA. El ministro de la Colina justificó su iniciativa como un
intento por evitar una ruptura en el sistema interamericano, ante la posibilidad
de que algunos países decidieran boicotear la asamblea. La iniciativa mexicana
prosperó luego de que los delegados de Venezuela, Costa Rica, Estados Unidos y
Guatemala trataron inútilmente de convencer al delegado argentino, Enrique B.
Vieyra, de que propusiera el traslado a Washington de la conferencia de
cancilleres. Vieyra se opuso, pues tenía instrucciones de respetar lo pactado
en la resolución Nº 1 del Acta de Río de Janeiro de 1965, que contiene una cláusula
contraria a los traslados de sede. El 5 de agosto, el Consejo de la OEA decidió
entonces, por 16 votos a favor y ninguno en contra, aplazar la reunión de
cancilleres. Los representantes de Venezuela, Colombia y Costa Rica se
abstuvieron, debido a que no reconocían al régimen militar argentino. Lo
propio hizo el delegado de la Argentina. (1)
Finalmente,
la Tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria de Cancilleres se celebró
en Buenos Aires, en febrero de 1967. En ella se llevó a cabo la reforma de la
Carta de la OEA, incorporando los principios de la Alianza para el Progreso y
varios cambios institucionales, pero no se aceptó otorgar mayor fuerza al
sistema de seguridad del hemisferio. La nueva Carta entró en vigencia en
febrero de 1970. (2)
El
estado mayor del ejército argentino, con el visto bueno de Onganía, aprovechó
esta conferencia para impulsar el proyecto de otorgamiento de un carácter
permanente al Comité Consultivo de Defensa de la OEA, argumentando que dicha
idea había tenido una acogida favorable en la Conferencia de Comandantes
Americanos a fines del año anterior. El proyecto era similar en su contenido al
que Itamaraty hiciera circular en el organismo panamericano y luego retirara
ante la negativa reacción que despertó en los países de la región.
La
oposición de que había sido objeto el proyecto brasileño impulsó a los
funcionarios de la Cancillería argentina a objetar el proyecto de los militares
argentinos. Costa Méndez consideró que sus colaboradores tenían razón y habló
con el presidente Onganía, logrando que éste decidiera no presentar el
proyecto en la Conferencia de la OEA. Finalmente, el 17 de febrero, Costa Méndez,
que esperó vanamente el respaldo de su colega brasileño al proyecto propuesto
por los militares argentinos, cedió a la presión de éstos y presentó una
propuesta para reformar los artículos 44 a 47 de la Carta de la OEA, a fin de
otorgar carácter permanente al Comité Consultivo de Defensa. Dicho proyecto,
que llevó la sigla “Documento 43, Con. (OEA), implicaba la anulación de la
Junta Interamericana de Defensa (JID) y la transferencia de sus funciones a un
Comité Consultivo de Defensa en el seno de la OEA, de carácter permanente.
Este asesoraría al órgano de consulta en todos los problemas de “colaboración
militar que puedan suscitarse con motivo de la aplicación de los tratados
especiales existentes en materia de seguridad colectiva”, y actuaría
“como órgano de preparación para la legítima defensa contra la
agresión”. (3)
En
realidad, la propuesta argentina presentada en la Tercera Conferencia
Extraordinaria de Cancilleres de la OEA, elaborada por Costa Méndez en consulta
con los representantes del ejército era similar pero no idéntica a la que la
Cancillería brasileña presentara en ocasiones anteriores. El proyecto
argentino estuvo a mitad de camino entre el esquema de ejército supranacional
latinoamericano impulsado por Brasil y Estados Unidos -la Fuerza Interamericana
de Paz (FIP), idea que los militares argentinos rechazaban por temor a perder el
control sobre su propio ejército- y la alternativa, impulsada por Chile, de
rechazo a cualquier
mecanismo de coordinación para hacer frente a la guerra subversiva por
respeto al principio de no intervención. (4) El delegado argentino ante la OEA,
Eduardo Alejandro Roca, defendió el proyecto argentino frente a las críticas
de algunas delegaciones que lo percibían como una FIP disfrazada, señalando
que de ninguna de sus disposiciones podía desprenderse que el proyecto
promoviera la creación de una fuerza colectiva, y
menos aún una cuyo comando funcionara de forma independiente de sus
respectivos gobiernos o que pudiera obrar sin directivas de éstos. (5)
No
obstante los esfuerzos de Roca, el proyecto de incorporar un órgano militar a
la OEA fue derrotado. Paraguay respaldó la propuesta, aclarando que no debía
confundírsela con la FIP, a la que el gobierno de Asunción se oponía; Brasil
también apoyó, pero consideró inoportuno el momento de presentación. Otros
apoyos a la propuesta argentina fueron los de las delegaciones de Nicaragua,
Honduras y El Salvador, pero las de Bolivia y Panamá se abstuvieron, y las de
Uruguay, Chile, Perú, Colombia, Venezuela, y México, que percibieron en este
proyecto argentino una nueva versión del intento brasileño por crear un órgano
supranacional que violaba el entonces sagrado principio de no intervención,
rechazaron la propuesta argentina. Sobre un total de 20 votantes, el proyecto de
otorgar funciones permanentes al Comité Consultivo de Defensa de la OEA fue
derrotado por 11 sufragios en contra y 3 abstenciones. (6)
Además
de la derrota diplomática en la OEA, el proyecto impulsado por el canciller
Costa Méndez y el delegado Roca sufrió las críticas internas. A pesar de las
numerosas declaraciones de Costa Méndez sosteniendo que el apoyo del gobierno
argentino a la creación del Comité Consultivo de Defensa con carácter
permanente no era lo mismo que la vieja propuesta brasileño-norteamericana de
creación de la FIP, (7) los medios que en la Argentina eran portavoces de los
sectores nacionalistas-desarrollistas y católicos, como Clarín
y la revista Criterio, atacaron el proyecto presentado ante la
OEA. (8)
Una
de las críticas de Clarín al proyecto era que marcaba una contradicción
entre la prioridad de objetivos nacionales en materia de integración económica
-planteada por el ministro de Economía Krieger Vasena en la Quinta Reunión del
CIES (Consejo Interamericano Económico y Social)- y la propuesta de
“continentalizar” la seguridad -planteada a través de este proyecto de
establecimiento de un Comité Consultivo de Defensa en la Tercera Conferencia
Extraordinaria Interamericana-. (9) El canciller argentino se defendió del
ataque de Clarín sosteniendo que la actitud del Palacio San Martín era
coherente tanto en materia de defensa como de integración económica. En vez de
respaldar la integración y el mercado común latinoamericano de acuerdo a
pautas supranacionales auspiciadas por el gobierno de Estados Unidos, la
propuesta argentina consistía en promover los desarrollos regionales de países
afines; en lugar de la tesis norteamericana de la FIP con decisión automática
y tropas alistadas, la delegación argentina sostenía la creación de un Comité
Consultivo de Defensa que no afectaba las soberanías nacionales de los países
miembros de la OEA. (10) Por el contrario, los diarios más cercanos a la visión
“liberal” y “nacionalista ortodoxa” como La Nación y La
Prensa respectivamente, defendieron el proyecto argentino ante la
Conferencia de la OEA, sosteniendo que no pretendía crear una fuerza
multinacional o un organismo nuevo -como aducía Clarín- sino dar
formalidad a uno ya existente. El valor de la derrota argentina -concluía La
Prensa- era que desenmascaraba el mito de la solidaridad continental frente
al comunismo. (11)
NOTAS
“El país. Gobierno: Una semana ocupada”, Primera Plana, Año IV, Nº 189, 9 al 15 de agosto de 1966, p. 12; “OEA. Una victoria argentina”, Confirmado, Año II, Nº 60, agosto 11 de 1966; “Decidió la OEA diferir la reunión en Buenos Aires”, La Nación, 6 de agosto de 1966, p. 2.
Gordon Connell-Smith, Los Estados Unidos y la América Latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1974, p. 279.
Ver texto del proyecto argentino de establecimiento del Comité Consultivo de Defensa en Clarín, 19 de febrero de 1967, p. 18, y La Prensa, 19 de febrero de 1967, p. 1. También G. Selser, op. cit., p. 314, y J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 159. Consultar asimismo editorial de Clarín, “Un proyecto muy discutido”, 19 de febrero de 1967, p. 19.
“Defensa. Ni satelismo ni aislamiento”, Confirmado, Año II, Nº 70, Buenos Aires, octubre 20 de 1966, pp. 22 y 23.
Ibid. El discurso del delegado argentino doctor Eduardo A. Roca figura en “Fundamento de la posición argentina”, La Prensa, 23 de febrero de 1967, pp. 1 y 4, y en Doc. 60-Rev. OEA, 163-67, cit. en J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 160.
Ver referencias a la votación y resultado de la conferencia interamericana de febrero de 1967 en La Prensa, 23 de febrero de 1967, p. 4; “América Latina. Anatomía de una frustración”, Confirmado, Año III, Nº 89, Buenos Aires, marzo 2 de 1967, pp. 25-26; “Ejércitos: La contumacia argentina”, Primera Plana, Año VI, Nº 301, Buenos Aires, 1º al 7 de octubre de 1968, p. 13; “Ante las Reuniones Interamericanas”, editorial de Clarín, 14 de febrero de 1967, p. 8; Acta de la Sesión del 22-2-67 (Doc. OEA 61. Rev. SER E/XIV), cit. en J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 174, nota 71. Consultar también G. Selser, op. cit., pp. 315-316.
El
canciller Costa Méndez sostuvo ante los medios de prensa: “Estamos
decididamente a favor de la institucionalización de la JID”, pero aclaró
que “esto no significa apoyar ni promover la Fuerza Interamericana de Paz,
ni fuerzas militares contingentes”. Ver al respecto Clarín, 11 de
febrero de 1967, p. 9, y “Argentina: Oposición a la FIP”, Clarín,
18 de febrero de 1967, p. 7. Entrevistado por la periodista Sonia Pascual Sánchez,
el canciller Costa Méndez diferenció su proyecto del de la FIP en los
siguientes términos:
(...)
Auspiciamos ejércitos fuertes, vigorosos y debidamente constituidos. No
queremos una fuerza militar supranacional. No queremos la Fuerza
Interamericana de Paz. Sí queremos un organismo que coordine los planes y
proyectos militares de las diversas naciones en orden a la seguridad. A eso
apuntaba nuestro proyecto. (...)
Las
diferencias son sustanciales. La FIP supone la creación de una entidad
militar supranacional. El proyecto argentino significa la institucionalización
de un instrumento para coordinar los esfuerzos nacionales en favor de la
seguridad. (...) la fuerza interamericana supondría un ejército
supranacional que interviniera sin control de las naciones en Santo Domingo,
Cuba o el país que fuere. El proyecto nuestro significaría que los ejércitos
de los países que están dispuestos a intervenir en el supuesto caso,
intervengan y coordinen sus esfuerzos a través de un organismo
centralizador de armonización y coordinación de la actividad que los ejércitos
nacionales realicen en la emergencia.
Declaraciones de Costa Méndez, citadas en “Cancillería. Las razones de Costa Méndez”, Confirmado, Año III, Nº 90, Buenos Aires, marzo 9 de 1967, pp. 17-18.
Ver los editoriales de Clarín “Proyecto innecesario; derrota inevitable”, del 23 de febrero de 1967, p. 12 y “Un pronunciamiento americano”, del 25 de febrero de 1967, p. 8; y el editorial de Criterio del 12 de octubre de 1967 titulado “Aislamiento de la Argentina”, cit. en N. Botana, R. Braun y C. Floria, op. cit., pp. 481-484.
Ver al respecto el editorial de Clarín titulado “Reacción contra la presentación del proyecto de la JID. Amenaza a la unidad”, 18 de febrero de 1967, p. 8.
“América latina. La bomba argentina”, Confirmado, Año III, Nº 88, Buenos Aires, febrero 23 de 1967, pp. 28 y 30.
Ver al respecto editoriales “Las reformas a la Carta de la OEA”, La Prensa, 19 de febrero de 1967, p. 7 y “En honrosa minoría”, La Prensa, 24 de febrero de 1967, p. 6 y “Diplomacia. Con OEA o sin OEA ¿quién ganó la pelea?”, Primera Plana, Nº 218, Buenos Aires, 28 de febrero al 6 de marzo de 1967, pp. 15-17.
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