Los asuntos hemisféricos
Las Reuniones de Comandantes de Ejércitos Americanos (CEA)
La
Séptima Reunión de Comandantes en Jefe de Ejércitos Americanos se inauguró
en Buenos Aires el 29 de octubre de 1966. En su discurso de bienvenida, el
teniente general Pascual Pistarini dejó claramente expresado el rechazo al
proyecto de la FIP. Pistarini señaló:
(...)
Se ha sostenido con singular énfasis, en los últimos tiempos -producto de la
artificiosa propaganda marxista, tendiente a desvirtuar las razones de nuestra
general preocupación-, que el único objetivo que parecería guiar a los
hombres de armas del continente es el logro, a toda costa, de la organización
de una fuerza multinacional, dependiente de otros órganos. Si la inconsistencia
de tal desatino no estuviera avalada por el interés sectario de entorpecer
tales reuniones, no valdría la pena referirse a algo que casualmente choca
abiertamente con los ideales americanos, que siempre tendieron al mutuo respeto
de la soberanía y a la propia autodeterminación. (1)
La
misma posición asumió el jefe de estado mayor general del ejército, general
Juan Iavícoli, quien sostuvo una posición concordante con la norteamericana en
cuanto a la necesidad de vincular seguridad con desarrollo y a la definición de
la subversión como amenaza a la seguridad interna, pero reacia al enfoque
norteamericano de promover mecanismos de seguridad continental de carácter
supranacional como la FIP. (2)
En
síntesis, tanto los representantes del ejército argentino como los del brasileño
estaban preocupados por la amenaza de la infiltración comunista en la región,
y bregaron por revitalizar el Comité Consultivo de Defensa y otorgar
legitimidad a la Junta Interamericana de Defensa (JID) dentro de la OEA. Pero
esta tesis argentino-brasileña disgustó a los militares norteamericanos,
porque la revitalización propuesta de estos dos organismos, dependientes de la
OEA, diluiría la preeminencia de Estados Unidos en materia de políticas estratégicas
de alcance continental. (3)
En
la Octava Reunión de Comandantes de Ejércitos Americanos, celebrada en Río de
Janeiro entre los días 23 y 27 de septiembre de 1968, el comandante en jefe del
ejército argentino, teniente general Alejandro Lanusse, (4) pronunció un enérgico
discurso, claramente entroncado en el anticomunismo que caracterizó a la gestión
de Onganía, señalando que los países americanos eran conscientes de la
existencia de un enemigo común en el continente: el comunismo internacional.
Ante esa situación postulaba que era imprescindible que las naciones americanas
participaran en la elaboración de la estrategia continental. Asimismo, Lanusse
criticó el deficiente funcionamiento del sistema interamericano de defensa
continental ante la agresión comunista y defendió enérgicamente el frustrado
proyecto argentino de creación de un Comité Consultivo de Defensa con carácter
permanente presentado ante la Conferencia de la OEA en febrero de 1967. No
obstante, Lanusse sostuvo que ni el frustrado proyecto argentino del Comité
Consultivo de Defensa de carácter permanente en la OEA, ni la postura que él
presentaba ante la Conferencia implicaban un intento por hacer realidad el
proyecto de creación de la FIP. También adhirió Lanusse a la idea de la
importancia de estimular el desarrollo como garantía frente a la subversión,
siguiendo el concepto de “desarrollo integral” que planteaban los generales
Guglialmelli y Villegas desde la Escuela de Guerra. (5)
En
la Novena Reunión de Comandantes de Ejércitos Americanos celebrada en Fort
Bragg, Estados Unidos, en septiembre-octubre de 1969, el general de división
Miguel A. Viviani Rossi reiteró la posición de Lanusse favorable al
fortalecimiento del sistema militar interamericano. Viviani Rossi expresó que,
con la Conferencia Tricontinental de 1966 y la reunión de la Organización
Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) de 1967, ambas reunidas en la capital
cubana, (6) se había establecido una organización para la agresión comunista
a los países del continente, cuya finalidad era provocar el caos. En
consecuencia, el representante argentino propuso el incremento de la capacidad
profesional, apuntando a coordinar una acción común dentro del sistema militar
interamericano, a fin de poder “enfrentar adecuadamente la agresión total”.
(7) No obstante, al igual que Lanusse, Viviani Rossi señaló que no propiciaba
una Fuerza Interamericana de Paz. (8)
Cabe
señalar que la crítica que los sectores nacionalistas hicieron a la política
económica “liberal” de Krieger Vasena se tradujo en un rechazo al perfil occidentalista
de la política exterior,
percibido desde estos sectores como un alineamiento con los dictados
estratégicos de la Casa Blanca -aunque esta percepción no se ajustara
totalmente a la realidad, como lo demuestra fehacientemente la política
adoptada por el gobierno argentino en torno a temas “críticos” a la
seguridad norteamericana, tales como proliferación nuclear y transferencia de
armamentos-. Los nacionalistas apegados a argumentos desarrollistas, que tenían
precisamente como uno de sus referentes externos al general francés Charles De
Gaulle, no entendían cómo Onganía podía utilizar un término tan poco
adecuado a la détente como el de “fronteras ideológicas”.
De
acuerdo con esta percepción crítica, el nacionalista Marcelo Sánchez Sorondo,
quien más tarde formaría parte de las filas del justicialismo, se declaró
despreocupado por las “hipotéticas especulaciones” del gobierno en torno de
la amenaza de subversión izquierdista, sosteniendo que era “ridículo y
deprimente” que Onganía pretendiese convertirse en un “campeón de un
anticomunismo ‘profesional’ para ganar puntos con los Estados Unidos”. (9)
Según los columnistas de la revista Azul y Blanco, los movimientos
guerrilleros en América Latina, no eran, como sostenían los doctrinarios de la
seguridad nacional como Osiris Villegas, una “ofensiva a escala mundial”,
sino que eran una invención de la propaganda norteamericana para “forzar a
los gobiernos sudamericanos a permitir un mayor control e intervención del Pentágono
en los planes y dispositivos militares”. La lucha antisubversiva, de acuerdo
con la óptica de Azul y Blanco, “se utiliza como excusa para reprimir
a las fuerzas nacionales no marxistas”. (10)
Asimismo,
el general Eduardo Juan Uriburu, jefe de logística del ejército, tomando
argumentos propios de la “teoría de la dependencia” y del
“desarrollismo” sostuvo una posición crítica, afirmando que era más cómodo
“pensar en Oriente y Occidente y que lo que necesitamos nos será provisto por
algún amo providencial”, lo cual juzgaba una actitud “antinacional”. El
general Uriburu impulsó el llamado “Plan Europa”, que buscaba la fabricación
local de armas medianas, especialmente tanques livianos. (11)
Preocupada
como el ejército por su excesiva dependencia de Estados Unidos, la marina inició
en los años de Onganía negociaciones con Inglaterra y Alemania Federal con el
fin de obtener fragatas, destructores y submarinos que luego pudiesen ser
fabricados en el país. Acorde con esta postura crítica, en mayo de 1968, el
titular de la marina, almirante Benigno Varela, se sumó al coro de los
disidentes al hacer referencia a la “intolerable dependencia de los Estados
Unidos”. (12)
NOTAS
“Diplomacia. Un epílogo, no un epitafio”, Primera Plana, Año IV, Nº 201, Buenos Aires, 1º al 7 de noviembre de 1966, p. 16.
“El Ejército y el país”, Confirmado, Año IV, Nº 154, Buenos Aires, mayo 30 de 1968, p. 11.
Referencias a la VII Conferencia de Ejércitos Americanos de octubre-noviembre de 1966 en ”Ejércitos: La contumacia argentina”, Primera Plana, Año VI, Nº 301, Buenos Aires, 1º al 7 de octubre de 1968, p. 13.
El teniente general Alejandro Agustín Lanusse fue designado comandante en jefe del ejército en reemplazo de Julio Rodolfo Alsogaray, quien renunció a su cargo a fines de agosto de 1968. Lanusse fue el último oficial del sector “azul” en el ejército. Ver al respecto “El país. Gobierno: en la ardiente oscuridad”, Primera Plana, Año VII, Nº 342, Buenos Aires, 15 al 21 de julio de 1969, p. 11.
Texto del mensaje del comandante en jefe del ejército argentino, teniente general Alejandro Agustín Lanusse, ante la VIII Conferencia de Ejércitos Americanos en Río de Janeiro, citado en Clarín, 25 de septiembre de 1968, pp. 16 y 18; comentarios del discurso de Lanusse en la VIII Conferencia de Río de Janeiro efectuados por Mariano Grondona, en su editorial “El sistema militar interamericano”, Primera Plana, Año VI, Nº 301, Buenos Aires, 1º al 7 de octubre de 1968, p. 11; editorial “Ejércitos: la contumacia argentina, ibid, p. 14; editorial “Acción coordinada en el marco continental”, por Abraham Scheps (1), La Nación, 9 de octubre de 1968, p. 6.
La
Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad
(OLAS) tuvo lugar en La Habana el 22 de agosto de 1967, y estableció, entre
otros puntos salientes:
-Que
constituye un derecho y un deber de los pueblos de América Latina hacer la
revolución(...)
-Que
el contenido esencial de la revolución en América Latina está dado por el
enfrentamiento al imperialismo y a las oligarquías de burgueses y
terratenientes (...)
-Que
los principios del marxismo-leninismo orientan al movimiento revolucionario
en América Latina.
-Que
la lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental de la
revolución en América Latina (...)
Entre los participantes a esta Primera Conferencia de la OLAS se contó Juan García Elorrio, ex seminarista, seguidor y discípulo de Camilo Torres, el sacerdote guerrillero asesinado en la selva de Colombia. García Elorrio fundó el periódico radicalizado Cristianismo y revolución. Elorrio fue un nexo entre Montoneros y el Movimiento de los sacerdotes del Tercer Mundo. Texto de la declaración de la Primera Conferencia de la OLAS, La Habana, agosto de 1967, citado en E. Anguita y M. Caparrós, op. cit., p. 124.
Clarín, 3 de octubre de 1969, pp. 26 y 55; J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 153.
Clarín, 3 de octubre de 1969, pp. 26 y 55; “Ejércitos Americanos. Análisis del sistema”, Confirmado, Año V, Nº 223, semana del 24 al 30 de septiembre de 1969, p. 31.
Azul y Blanco, 19 de junio y 19 de julio de 1967, cit. en D. Rock, La Argentina autoritaria..., op. cit., p. 215.
Azul y Blanco, 1º y 22 de octubre de 1968, cit. en ibid., pp. 216-217.
Ver al respecto Eduardo Juan Uriburu, “El Plan Europa: el ejército y su contribución a la estrategia del desarrollo”, en Estrategia, Nº 2, Buenos Aires, julio-agosto de 1969, y Eduardo Juan Uriburu, “El equipamiento de las Fuerzas Armadas y su relación directa con el desarrollo nacional”, en Estrategia, Nº 13-14, Buenos Aires, noviembre-diciembre de 1971, enero-febrero de 1972, fuentes citadas en M.A. Scenna, op. cit., pp. 309-312.
M.A. Scenna, Los militares..., op. cit., p. 337; Primera Plana Nº 282 (21-5-1968), cit. en María Matilde Oliver, Orden, poder y violencia/2 (1968-1973), Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1989, p. 182.
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