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En Lima, Perú, en junio y julio de 1973 tuvo sus primeras reuniones una comisión especial de la OEA para estudiar el sistema interamericano y proponer medidas para su reestructuración (CEESI). No obstante que la Carta de la OEA había sido reformada en febrero de 1967 y  la nueva carta había entrado en vigencia en 1970, existía cierto descontento con el organismo panamericano, en gran parte porque no había ayudado a los países latinoamericanos a obtener mejores términos de comercio y asistencia por parte de Estados Unidos. Asimismo, existía una cierta percepción de que el TIAR no tenía relevancia alguna para América latina. En este contexto, algunos países, entre ellos Perú y Chile, solicitaron en la reunión de la CEESI la readmisión de Cuba en la OEA, con el argumento de que ello significaba poner en práctica el principio del “pluralismo ideológico”. La Argentina respaldó la posición de Perú y Chile y solicitó cambios radicales en el sistema interamericano. (1) El delegado argentino, subsecretario de Relaciones Exteriores Jorge Vázquez, pronunció un discurso cuyo tono era acorde con el utilizado por el presidente Cámpora en sus críticas al funcionamiento del organismo panamericano. (2)
   
En la reunión de Lima, Vázquez denunció la falsedad del supuesto de la armonía de intereses entre Estados Unidos y los gobiernos de América latina. Hizo también referencia a la crisis de la OEA, colocando como principal responsable de esa situación de estancamiento a la política norteamericana, que “en la mayoría de los casos resultó un obstáculo en relación con los aislados esfuerzos del continente para superar la balcanización de América, producto decantado de la diplomacia imperialista”. Sin omitir la crítica a la acción de las empresas multinacionales, Vázquez también puso en el banquillo de los acusados a la burocracia de los gobiernos latinoamericanos, a la que calificó de “amodorrada” y “complaciente”. También dirigió sus críticas a la misma OEA como un “instrumento de la política norteamericana (...) que hasta ahora sólo nos ha producido amarguras y frustraciones”. Basándose en este diagnóstico de crisis, Vázquez reclamó la inmediata revisión del TIAR, que consagraba un “sistema anacrónico y obsoleto” para adaptarlo a la nueva realidad de un mundo multipolar. (3) 
    Las palabras de Vázquez, exigiendo la reincorporación de Cuba y la virtual exclusión de Estados Unidos de la OEA, recibieron la aceptación de varios representantes latinoamericanos. En particular, el delegado panameño no esperaba de parte de su colega argentino una defensa tan activa de los derechos de Panamá sobre el canal del mismo nombre en poder del gobierno norteamericano. Por el contrario, el representante norteamericano Joseph John Jova, se mostró muy molesto con las palabras pronunciadas por Vázquez, pero prefirió no responder a la posición argentina, dado que en la reunión de Lima la delegación norteamericana no contaba con apoyo mayoritario. La respuesta de Washington llegaría días más tarde a través del subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, John Kubisch, quien negó las acusaciones del delegado argentino acerca de las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos sobre América latina, aunque reconoció que se habían cometido errores en el pasado. (4)  
    Por cierto, la representación argentina amenazó con automarginarse de la OEA en caso de disconformidad con sus resoluciones. (5) Finalmente, la CEESI no avanzó en la forma esperada, paralizada en gran medida por las posiciones divergentes en su seno. (6)  
    La ideologizada posición de Vázquez en la reunión de la OEA recibió internamente el público respaldo del llamado Movimiento Nacional y Latinoamericano, que sostuvo el reemplazo de la OEA por una organización de estados latinoamericanos, y del TIAR por un tratado latinoamericano de seguridad colectiva. En otras palabras, esta agrupación pidió la exclusión de Estados Unidos de los mecanismos multilaterales de cooperación regional.” (7)  
    También las palabras de Vázquez tuvieron eco favorable en el Parlamento argentino. El 27 de junio de 1973, varios senadores radicales, entre ellos Carlos H. Perette, Luis Agustín León, Hipólito Solari Yrigoyen, Eduardo César Angeloz, Fernando de la Rúa y Juan Carlos Pugliese, solicitaron al Ejecutivo la revisión del TIAR. En la opinión de estos legisladores, la permanencia de este tratado no se correspondía con la decisión del gobierno argentino de llevar a cabo una política exterior independiente y crítica del sistema interamericano vigente durante los años de la Guerra Fría. En términos muy similares, un amplio número de diputados, entre los cuales figuraron Héctor Portero de la Alianza Popular Revolucionaria (APR), y Jesús Mira y Juan Carlos Comínguez (APR-Partido Comunista) sostuvo en la sesión correspondiente al 12 de julio de 1973, que la permanencia del TIAR, mecanismo que respondía a los intereses nacionales, regionales y mundiales de Estados Unidos, atentaba contra el objetivo de liberación nacional perseguido por el gobierno de Cámpora. (8) 
   
Sin embargo, más allá de las molestias que pudo llegar a causar entre las autoridades de Washington la posición adoptada en la conferencia de Lima por la delegación argentina, el obstáculo más importante en las relaciones con Estados Unidos fue de índole estrictamente interna. Por cierto, la incapacidad del gobierno de Cámpora para frenar la ola en aumento de secuestros y extorsiones digitados por los sectores guerrilleros generaron un clima de fuerte inestabilidad que se tradujo en inseguridad para las inversiones. Así, los medios de prensa locales y norteamericanos subrayaron hechos tales como las extorsiones del ERP a la filial argentina de la empresa norteamericana Ford, la cual acordó entregar la suma de 1.000.000 de dólares a hospitales y pobres a cambio de la seguridad de sus ejecutivos; o el secuestro del empresario norteamericano John R. Thompson por parte de la guerrilla, quien fue puesto en libertad tras el pago de una altísima suma -3.000.000 de dólares- por parte de la Firestone Tyre & Rubber Co. Estos hechos provocaron el retiro de muchos empresarios norteamericanos del territorio argentino, quienes o bien retornaron a su país de origen, o bien se asentaron en países limítrofes -casos de Brasil o de Uruguay- esperando un cambio favorable en las reglas de juego. Los medios de prensa norteamericanos criticaron en particular la falta de autoridad de Cámpora, considerado por el Time o el Business Week como un “sirviente obsecuente” de Perón. El Buenos Aires Herald, periódico destinado a la comunidad anglosajona en la Argentina, señalaba que la falta de definición política del gobierno de Cámpora en la lucha contra el terrorismo provocaba la acción directa de los grupos de derecha, quienes tomaron como propias atribuciones del gobierno, al atacar a grupos guerrilleros de izquierda como el ERP. Precisamente el acontecimiento político interno más resonante del gobierno de Cámpora, la matanza de Ezeiza del 20 de junio de 1973, confirmó las apreciaciones negativas de los medios de prensa norteamericanos. Este acontecimiento fue reflejado con suma preocupación por los editoriales de los principales diarios estadounidenses, que subrayaron la falta de capacidad del gobierno de Cámpora para enfrentar el problema del terrorismo. (9) 
    Durante el gobierno de Lastiri, en la agenda de las relaciones argentino-norteamericanas se destacaron cuatro temas. El primero fue en realidad más relevante por los efectos internos que produjo que por sus derivaciones en Washington, y consistió en la intervención del encargado de negocios norteamericano, Max J. Krebs, criticando tres proyectos de ley argentinos a consideración del Parlamento que afectaban las inversiones norteamericanas. Otro capítulo de la agenda fue el anuncio, efectuado por el ministro de Economía Gelbard, del otorgamiento de un crédito de 200 millones de dólares a Cuba, el cual rompía por primera vez desde 1962 el bloqueo panamericano impuesto al régimen de Fidel Castro por impulso de Washington. Un tercer tópico de la agenda fue la decisión del comandante en jefe del ejército argentino, general Jorge Raúl Carcagno, de retirar la misión militar norteamericana que ocupaba dependencias del Comando en Jefe del Ejército. Por último, el tema más relevante de la agenda, y el de mayor preocupación para los medios de prensa y las esferas empresariales norteamericanas, fue la expansión de las actividades guerrilleras.  
    El primer tema citado consistió en un conflicto diplomático con Estados Unidos, que tuvo por protagonistas al ministro de Economía José Ber Gelbard, al canciller Alberto Vignes y al encargado de negocios de la embajada norteamericana, Max J. Krebs. El último envió a fines de julio de 1973 una nota al ministro de Economía Gelbard acompañada por tres memorandos, en los cuales se fijaba la posición contraria del gobierno norteamericano respecto de tres proyectos de ley impulsados por el Ejecutivo durante la gestión anterior de Cámpora -el de inversiones extranjeras, el de renacionalización de los bancos y el de defensa del trabajo y la producción nacional- que estaban a consideración del Parlamento. (10) El envío de los tres memos fue producto de la reacción de la embajada norteamericana ante el fallo pronunciado el día 31 por la Corte Suprema argentina, que no autorizaba a la empresa norteamericana Laboratorios Parke Davis a pagar menos impuestos por la merma de sus regalías, derivadas del uso de drogas de patente norteamericana en el mercado argentino. (11) 
   
Gelbard reaccionó inmediatamente ante lo que percibió como un anticipo del disgusto norteamericano por la apertura argentina hacia el Este, y le envió a Vignes un memorándum solicitando una protesta formal de la Cancillería. A pesar de su rivalidad con Gelbard, el canciller hizo causa común con el ministro de Economía y consideró improcedentes los comentarios del diplomático norteamericano. El repudio a Krebs se generalizó, extendiéndose a casi todos los medios de prensa, que juzgaron la actitud del encargado de negocios como una inaceptable intromisión en los asuntos internos argentinos. (12) Sólo el  Buenos Aires Herald, medio representante de la comunidad anglosajona en la Argentina, lamentó tanto la actitud de los medios periodísticos locales, que presentaban erróneamente los memorandos como un caso de interferencia, como la torpeza de Krebs, al repetir la actitud de Braden de 1945. (13) Los ecos de la actitud de Krebs llegaron al Parlamento, donde fue declarado “persona no grata”. Los dirigentes sindicales también hicieron llegar su repudio. (14)  
    Curiosamente, esta acción del diplomático norteamericano permitió que por única vez en todo el período 1973-1976 las enfrentadas facciones del peronismo, e incluso el oficialismo y la oposición,  adoptaran una actitud común. Lamentablemente, el logro de este consenso fue pasajero, y no se dio en otros temas de política interna y exterior. Por sus repercusiones internas, el caso Krebs hizo recordar al entredicho Perón-Braden de la década del ’40, dado que, en ambos casos, las torpes actitudes de intromisión directa por parte de diplomáticos norteamericanos exacerbaron las posturas más “anti-norteamericanas” dentro de la sociedad.
   
Dada la explosiva repercusión interna que provocó su intervención, Krebs decidió bajar el perfil y se excusó ante los medios de prensa argentinos, sosteniendo que los memorandos habían sido mal traducidos y, por ende, malinterpretados por el gobierno local. Por su parte, los funcionarios del Departamento de Estado pidieron disculpas, expresando que en ningún momento se pretendió ofender a las autoridades argentinas. Alegaron que el envío de comentarios a través de memorandos era una práctica diplomática corriente. (15)
   
Ante las oportunas disculpas presentadas por Krebs y por el Departamento de Estado, Lastiri trató de echar paños fríos sobre el incidente diplomático, alargando el plazo de presentación del encargado de negocios norteamericano por consultas ante las autoridades argentinas hasta que asumiera el nuevo embajador en la Argentina. A diferencia del gobierno de Cámpora, el de Lastiri, representando a grupos de derecha dentro del movimiento justicialista, procuró no echar más leña al fuego, mostrando ante este caso firmeza pero no intolerancia para no irritar a la Casa Blanca. (16) 
   
El 4 de agosto de 1973, el ministro Gelbard anunció el otorgamiento de un crédito de 200 millones de dólares a Cuba. Este paso fue presentado por el gobierno peronista -y por muchos medios de prensa- como un ejemplo de Tercera Posición, de perfil antiimperialista o de política exterior independiente, en tanto implicaba una ruptura del bloqueo al régimen cubano, vigente desde 1962. A los cubanos les interesaban mucho los autos fabricados por las empresas norteamericanas Chrysler, Ford y General Motors, pero no podían adquirirlos debido al bloqueo, que pesaba tanto sobre las casas matrices como sobre las filiales de dichas empresas en otros países. A su vez, el ministro Gelbard, representante de los intereses empresarios locales, procuraba la expansión de las exportaciones de autos en mercados como el cubano o los de Europa del Este, y el lanzamiento de este crédito podía ser un buen principio en dirección a ese objetivo. La estrategia de Gelbard chocó inicialmente con la resistencia de Krebs, quien anunció que el gobierno norteamericano prohibiría a las filiales argentinas de Ford, General Motors y Chrysler vender autos al mercado cubano. Ante esta actitud del encargado de negocios, Gelbard amenazó con expropiar la producción de coches. (17)  
    El tercer asunto relevante durante la corta administración de Lastiri estuvo relacionado con la posición asumida por el comandante en jefe del ejército argentino, Jorge Raúl Carcagno, respecto de la política de seguridad continental. En la Décima Conferencia de Ejércitos Americanos en Caracas en septiembre de 1973, Carcagno, apoyó la tesis peruana del comandante general, ministro de Guerra y primer ministro del Perú, general Edgardo Mercado Jarrín. De acuerdo con el criterio “desarrollista” de Carcagno y Mercado Jarrín, las fuerzas armadas ya no deberían tener el papel de “guardianes pretorianos de un orden político, económico y social injusto”, privilegiando la represión de la guerrilla izquierdista en lugar de las reformas económico-sociales necesarias en los países latinoamericanos. Los militares de la región debían jugar un rol activo en estas reformas. Así, los representantes de la Argentina y Perú plantearon la reforma del TIAR, instrumento útil para los intereses norteamericanos en la Guerra Fría, por considerarlo caduco para la realidad de los años ’70. Incluso propusieron incluir en las futuras reuniones panamericanas a una delegación del ejército cubano. Pero, si bien la tesis peruana fue apoyada por Argentina, Bolivia, Ecuador, Panamá  y Venezuela, no pudo progresar por la oposición de la mayoría de los participantes: Brasil, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Uruguay. Por cierto, en el Acta Final de la reunión de Caracas quedó consignada la tesis sustentada por el comandante en jefe del Brasil, Breno Borges Fortes, quien sostuvo que el comunismo internacional era la principal amenaza regional. (18) 
    La posición de Carcagno fue profusamente publicitada como un ejemplo de política exterior independiente por el órgano oficial Las Bases. Los legisladores de ambas Cámaras también la aplaudieron como “fiel interpretación de la vocación de liberación expresada por el pueblo el 11 de marzo de 1973”. (19) Asimismo, la mayoría de los medios de prensa y revistas de la época identificaron la posición argentina en la Décima Conferencia de Ejércitos Americanos como una ruptura respecto de la actitud que en materia de seguridad continental tuvieron los gobiernos militares de Onganía, Levingston y Lanusse. (20) Según esta perspectiva, la política de Onganía estuvo estrechamente vinculada a un concepto de seguridad dependiente o alineado con las doctrinas del Pentágono -es decir, vinculó la subversión a la exportación del modelo castrista-cubano en la región-. Por su parte, los gobiernos de Levingston y Lanusse plantearon un “pluralismo ideológico”, que no constituyó en la práctica una ruptura con el concepto de seguridad norteamericano. A diferencia de sus colegas, el general Carcagno, tomando el concepto de los desarrollistas, vinculó la subversión a la falta de desarrollo económico.
   
Esta idea de ruptura que apareció en los medios de la época es compartida por muchos autores, entre otros por Anguita y Caparrós, Scenna, Puig y Lanús. (21) No obstante, cabe señalar que el “giro” en el concepto de seguridad de Carcagno no habría sido tan radical respecto del de Onganía. Como se ha visto, el alineamiento del onganiato con el Pentágono tuvo sus límites, y algunos colegas de Onganía tuvieron las mismas ideas “nacionalistas desarrollistas” de Carcagno mucho antes de 1973. El mismo Carcagno las intentó llevar a la práctica luego del Cordobazo de mayo de 1969, durante su gestión como interventor federal de la provincia de Córdoba. En realidad, al comparar la propuesta de Carcagno con las anteriores, lo que se advierte es más bien un ajuste de la política seguida hasta el momento. Es cierto que la propuesta de Carcagno de incluir al ejército cubano como observador en las reuniones panamericanas de ejércitos fue impensable en las celebradas durante la gestión de Onganía, debido al fuerte sesgo anticomunista de dicho gobierno. Pero anticomunismo no era necesariamente sinónimo de alineamiento con Estados Unidos. La posición de Onganía y sus colegas partió de coincidencias con los militares norteamericanos respecto de la exportación de la amenaza castrista, pero estas coincidencias nunca implicaron una total identificación con la posición e intereses del Pentágono.  
    Consecuente con su posición, a principios de octubre de 1973 el comandante general del ejército Carcagno planteó al ministro de Defensa que su arma consideraba que ya no tenían razón de ser la presencia en territorio argentino de las misiones militares norteamericanas que ocupaban dependencias del Comando en Jefe del Ejército. Esta medida de Carcagno fue aplaudida por los sectores de izquierda. (22) 
    Por último, debe mencionarse la continuación de las manifestaciones de violencia guerrillera durante la gestión de Lastiri, en especial las amenazas extorsivas de secuestros a empresarios norteamericanos que motivaron la preocupación de diferentes medios de prensa, especialmente del Buenos Aires Herald. (23) 
   
Llegado a la presidencia, Perón procuró mantener respecto de Estados Unidos una actitud equidistante que permitiera aumentar el margen de maniobra externo de la Argentina, pero sin llegar al extremo de la confrontación como había ocurrido durante el gobierno de Cámpora. La gestión peronista no dejó de plantear sus diferencias con Washington, pero lo hizo a través del previo consenso con otros países latinoamericanos “críticos” respecto de la política norteamericana en temas tales como la reincorporación de Cuba o las cuestiones comerciales pendientes entre Estados Unidos y los países de la región. (24)
 
    La polémica por la venta de autos a Cuba se reinició en marzo de 1974 con las declaraciones del secretario del Tesoro norteamericano, George Shultz, quien dijo que el gobierno estaba estudiando la autorización para que las subsidiarias argentinas de Ford, Chrysler y General Motors vendieran los autos a Cuba. A ello siguió la réplica de los ministros de Economía y Relaciones Exteriores, José Ber Gelbard y Alberto Vignes, quienes advirtieron a Shultz que las firmas que actuaban en territorio argentino debían sujetarse a las leyes del país en el que estaban radicadas, sin esperar autorización de la Casa Blanca. (25) 
   
Pero el ministro Gelbard no se limitó a las declaraciones. Presionó indirectamente a las autoridades de Washington al cerrar contratos de venta de autos a Cuba con las empresas europeas Fiat y Citroen. (26) Esta movida del ministro de Economía procuró explotar a su favor el temor de las empresas automotrices norteamericanas -y de sus filiales en la Argentina- de quedar excluidas del mercado cubano, en un contexto de recesión del sector en el mercado interno norteamericano, provocado por el impacto de la crisis petrolera. Finalmente, el 18 de abril de 1974 el gobierno de Richard Nixon decidió autorizar a las filiales de sus empresas en la Argentina a comerciar con La Habana. El Departamento de Estado norteamericano permitió la venta de autos a la isla por parte de las filiales argentinas en concepto de “autorización excepcional”, aunque el gobierno de Nixon reafirmó su oposición a la participación de Cuba en reuniones interamericanas, ya que la normalización de relaciones con la isla podía implicarle la pérdida del apoyo de los grupos derechistas del espectro político norteamericano y del influyente lobby cubano anti-castrista radicado en Florida. Esta decisión norteamericana llevó al gobierno y a la mayoría de los medios de prensa argentinos a presentar en forma grandilocuente la misión Gelbard a Cuba y la autorización norteamericana como ejemplos de una política exterior argentina independiente de los designios de Washington. (27) Pero paradójicamente fueron los intereses empresarios y sindicales norteamericanos, y no precisamente la firme voluntad del gobierno argentino, los que permitieron el exitoso desenlace de la misión Gelbard a Cuba. (28)
   
Consciente de que el proyecto de ley de inversiones extranjeras enviado por Cámpora al Congreso había generado resquemor en Washington, Perón buscó, como en su segunda presidencia de la década de los ’50, una ley más flexible, que limara las asperezas con el gobierno y los inversores norteamericanos. Por cierto, la actitud de Perón resultaba más tolerante en este tema que la mostrada por la izquierda de su movimiento e incluso que la de los líderes de la oposición ideológicamente moderados, como el radical Ricardo Balbín. Por otra parte, el amistoso intercambio de mensajes entre los presidentes Perón y Nixon pareció augurar el comienzo de una etapa de mayor pragmatismo en las relaciones bilaterales. Así, el embajador norteamericano en la Argentina, Robert Hill, que había tenido contacto con Perón y López Rega durante el exilio madrileño del líder justicialista, planificó un encuentro cumbre Perón-Nixon para diciembre de 1974 que la muerte del primero no permitió concretar. (29) 
   
Un paso importante en los vínculos bilaterales fue la firma de un convenio de lucha contra el narcotráfico, firmado en mayo de 1974 por el ministro de Bienestar Social López Rega y el embajador norteamericano Hill. López Rega y Hill coincidieron en afirmar la estrecha vinculación entre terrorismo y narcotráfico. Por cierto, esta idea estuvo de acuerdo con la estrategia de “guerra contra las drogas” iniciada por la administración de Richard Nixon en los ’70 y continuada por la de Ronald Reagan a principios de los ’80. (30)  
    Consciente del impacto negativo de las actividades guerrilleras en las inversiones extranjeras, Perón no dudó en entrevistarse con los directivos de Ford Motors Argentina en diciembre de 1973, prometiendo la adopción de medidas de seguridad que evitaran atentados como el perpetrado contra uno de los ejecutivos de la filial Transax, John A. Swint, ametrallado en Córdoba en noviembre de dicho año. No obstante su eco favorable, estas promesas no sobrevivieron a la muerte de Perón. Las revistas de negocios norteamericanas como Megraw Hill y Business International rescataron la estabilidad lograda y las medidas antiterroristas adoptadas durante la gestión de Perón, pero al mismo tiempo evidenciaron una seria preocupación de los hombres de negocios respecto de su sucesión. (31) 
    Por otra parte, en octubre de 1973 tuvo lugar una entrevista entre el secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger y el canciller Vignes, en la cual el primero expresó que Washington estaba dispuesto a un “Nuevo Diálogo” con los países de la región, y que la Argentina tenía un peso importante en la misma para contribuir al éxito de la propuesta. A partir de este encuentro con Kissinger, Vignes creyó que la Argentina podría jugar el rol de “vocero” de América Latina con la venia de Washington. El interrogante era hasta qué punto el “Nuevo Diálogo” incluiría alguna disposición norteamericana a responder a las necesidades esencialmente económicas de los países de la región.  
    Pero el “Nuevo Diálogo” anunciado en forma extraoficial e informal por Kissinger a Vignes arrancó desde el inicio con muchas dificultades. La primera fue la ausencia de Kissinger en la reunión de cancilleres programada para el mes de noviembre de 1973 en Bogotá, donde el secretario de Estado debía anunciar formalmente la disposición norteamericana a un “Nuevo Diálogo” con la región. Ante el inconveniente, se produjo una diferencia de criterios entre los cancilleres argentino y colombiano respecto de la continuación o levantamiento de una conferencia de cancilleres en la que Kissinger no podía estar presente. Mientras Vignes consideraba que no tenía sentido convocar a una reunión de cancilleres sin la representación norteamericana, y prefería postergarla y trasladarla a Buenos Aires, su colega Alfredo Vázquez Carrizosa quería celebrarla sin Kissinger. Como la última postura fue la que triunfó, la reunión de Bogotá tuvo lugar entre el 14 y 16 de noviembre de 1973, si bien devaluada por las ausencias de Vignes y Kissinger. (32)
   
Finalmente, el anuncio formal de un “Nuevo Diálogo” entre Estados Unidos y América latina por parte de Kissinger a los cancilleres de la región se concretó en la Conferencia de Tlatelolco (México), en febrero de 1974. En esta oportunidad, el secretario de Estado norteamericano hizo una serie de promesas, entre ellas, la solución de viejos problemas como el del canal de Panamá, y la revisión de una serie de medidas de política comercial y monetaria de Estados Unidos perjudiciales para los intereses económicos de los países de la región. En la Declaración Final, llamada de Tlatelolco, Kissinger incluyó por primera vez en la historia de las relaciones interamericanas el concepto de “seguridad económica colectiva”, un viejo reclamo de los países latinoamericanos. Estas promesas de Kissinger fueron percibidas con un excesivo optimismo por algunos medios oficialistas argentinos. (33) 
   
Pero lo cierto fue que el “Nuevo Diálogo” de Kissinger jamás pretendió superar el nivel de la retórica. La administración Nixon se enfrentaba con otras prioridades: el problema de salir de la guerra de Vietnam a través de una “paz con honor”, la mediación norteamericana en el conflicto árabe-israelí, la crisis petrolera, la redefinición de las relaciones con Europa Occidental en el marco de la détente, etc. Tendría también el grave conflicto interno por el escándalo Watergate, que terminaría por derrocar al presidente. Y si bien América latina constituía para Nixon otra fuente de problemas: las políticas nacionalistas de los países de la región que afectaban la inversión norteamericana, la cuestión del canal de Panamá, el problema del tráfico de droga en la frontera mexicano-norteamericana, etc., el área no era una región prioritaria para los intereses estratégicos del gobierno de Washington y por lo tanto el “Nuevo Diálogo” no procuró otra cosa que otorgar tiempo político a una administración muy presionada por otras cuestiones tanto internacionales como internas. (34)
   
Movido por la ambición o la ingenuidad, el canciller Vignes se creyó el rol de “vocero regional” que el propio Kissinger contribuyó hábilmente a estimular. (35) Así, en las reuniones de Washington y Atlanta (abril de 1974) Vignes exigió a Estados Unidos el cumplimiento de las promesas efectuadas en Tlatelolco en febrero, sin lograr ningún eco en su interlocutor Kissinger. (36) A partir de la renuncia de Nixon y la asunción de Gerald Ford a la Casa Blanca en agosto de 1974, quedó claro que el “Nuevo Diálogo” era una promesa retórica, vacía de contenido. Ford justificó las actividades de la CIA en el derrocamiento del izquierdista Salvador Allende en Chile e hirió de muerte el “Nuevo Diálogo” cuando aprobó la ley de Comercio Exterior (Trade Bill), que contenía una serie de medidas proteccionistas que discriminaban varios productos exportables latinoamericanos. (37) 
    La ley de Comercio Exterior norteamericana fue objeto de duras críticas en una reunión del Consejo Permanente de la OEA que tuvo lugar a fines de enero de 1975. Un proyecto de resolución que condenaba la ley norteamericana fue promulgado por el Consejo por unanimidad, con la ausencia de los representantes de Estados Unidos, Bolivia y Haití. Era la primera vez que la OEA votaba una resolución unánime contra Estados Unidos. Se resolvió además trasladar a la Asamblea General las protestas de los países latinoamericanos. Por cierto, el rol de “portavoz” o mediador regional que la Argentina pretendió jugar se vio frustrado, por un lado, por la ya apuntada dureza de los países de la región respecto de la Trade Bill, y por otro, en virtud de la oposición de Chile y Uruguay a invitar a Cuba a la conferencia de cancilleres a realizarse en Buenos Aires. Ante la evidente falta de solidaridad continental en el espinoso caso cubano, la delegación argentina decidió suspender la conferencia. (38) 
   
Durante el Quinto Período de Sesiones de la Asamblea General de la OEA, en mayo de 1975, las delegaciones fijaron sus posiciones frente a la Trade Bill o ley del Comercio Exterior norteamericana sancionada en 1974. La posición del gobierno argentino se ubicó entre la línea dura protagonizada por las representaciones de Venezuela, Perú y Panamá, que atacaron la ley duramente, y la de prescindencia que adoptaron los países caribeños y centroamericanos. La actitud moderada argentina estuvo ligada a dos expectativas. Una, la de un probable apoyo norteamericano en las negociaciones sobre comercio de productos agropecuarios. La otra, a la percepción de que la Trade Bill no afectaría las exportaciones argentinas o al menos que sus efectos no serían tan perjudiciales para el país. (39)
   
En la cuestión cubana, la diplomacia argentina mantuvo en la Decimoquinta Reunión de Consulta de la OEA, que tuvo lugar en Quito (Ecuador) en noviembre de 1974, con el objeto de considerar el cese del bloqueo decretado contra el régimen cubano desde 1962, su postura favorable al cese de las sanciones decretadas contra el régimen de Castro, si bien en los hechos ésta pretendió ser una posición conciliadora entre los partidarios de mantener las sanciones por interpretar que continuaba la amenaza de exportación del modelo castrista a los países de la región (Estados Unidos) y los que impulsaban no sólo el levantamiento de las sanciones sino también un replanteo total de las relaciones hemisféricas (Perú, México). La Argentina votó junto a otros once países -Colombia, Costa Rica, El Salvador, Ecuador, Honduras, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago, y Venezuela- por el levantamiento del bloqueo a la isla, pero el proyecto fracasó por no conseguir los dos tercios -Chile, Paraguay y Uruguay votaron en contra, y hubo seis abstenciones, las de Bolivia, Brasil, Estados Unidos, Guatemala, Haití y Nicaragua-. Asimismo, la delegación argentina firmó junto a los once países anteriormente mencionados una declaración que criticó a los países que habían votado negativamente, impidiendo el triunfo de la voluntad mayoritaria. (40) 
   
En San José de Costa Rica se celebró, entre el 16 y el 26 de julio de 1975, una Conferencia de Plenipotenciarios americanos con el objetivo de reformar el TIAR. Diez países -Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Haití, México, Panamá, Perú, Trinidad y Tobago y Venezuela- se manifestaron decididos a reformar especialmente aquellos aspectos relativos al sistema de toma de decisiones, tales como la disposición que exigía la mayoría de dos tercios. Mediante esta modificación, estos países procuraban allanar el camino para el levantamiento de las sanciones vigentes contra el gobierno cubano. La delegación argentina no asumió la vanguardia entre los que buscaron cambios en el Tratado, liderada por Venezuela y Perú, pero reiteró su adhesión a los principios de pluralismo ideológico y no intervención en los asuntos internos de otros estados. Finalmente, se acordaron algunas reformas y, aunque se reiteró la mayoría de dos tercios para las decisiones del órgano de consulta, se especificó una excepción: las medidas adoptadas de acuerdo con el artículo 8 podrían ser dejadas sin efecto con sólo la mayoría absoluta de los votos. (41)  
    La aprobación del nuevo texto del TIAR fue incentivo suficiente para que se convocara, a continuación de la Conferencia de Plenipotenciarios, la Decimosexta Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores en la misma ciudad de San José, a partir del 29 de julio. En ella, los delegados de la Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Haití, México, Panamá, Perú, Trinidad y Tobago, y Venezuela presentaron un proyecto que resolvía dejar en libertad de normalizar sus relaciones con Cuba a los estados miembros del TIAR. Reiteraba además el principio de no intervención y llamaba a los estados a velar por su estricto cumplimiento. El proyecto resultó aprobado por dieciséis votos a favor, frente a dos abstenciones (Brasil y Nicaragua) y la negativa de Uruguay, Chile y Paraguay. (42)  
    En mayo de 1975, la posición crítica del gobierno argentino ante el rol de la OEA dio indicios de revertirse. (43) Esta actitud estuvo vinculada a la expectativa del canciller Vignes de poder asumir un papel de intermediario entre Estados Unidos y los países de la región partidarios de las reformas del sistema panamericano, y a la posibilidad de que el hasta entonces embajador argentino en Washington, Alejandro Orfila, fuera elegido secretario general de la OEA. El gobierno y los medios de prensa que respondían al partido gobernante festejaron la elección de Orfila en mayo de 1975, en la errónea creencia de que la presencia de una figura argentina con buena imagen en la Casa Blanca sería condición suficiente para atraer respaldo político e inversiones de Washington. (44) 
   
Frente a esta visión excesivamente optimista del gobierno y de algunos medios, la realidad evidenció que la elección de Orfila fue más importante para Washington que para Buenos Aires, en el marco de una política regional norteamericana que buscaba interlocutores moderados para evitar nuevos conflictos en las relaciones hemisféricas. Así lo percibió el dirigente del MID, Oscar Camilión, quien señaló que el nombramiento de Orfila no era un objetivo de la política exterior argentina, sino de la norteamericana. (45)

  1. Gordon Connell-Smith, Los Estados Unidos y la América Latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1977, pp. 294-295.

  2. En el mensaje que brindara a la Asamblea Legislativa el día de su asunción al mando, 25 de mayo de 1973, el presidente Cámpora había expresado al respecto: 

    (...) No en vano es un hecho reconocido que la Organización de los Estados Americanos sufre una profunda crisis. Lo que ocurre, en el fondo, es que no ha servido a los fines de la Liberación de nuestros Pueblos, sino que por el contrario ha contribuido a mantenerlos en la dependencia y en el subdesarrollo. Surgida en los momentos álgidos de la guerra fría, ni siquiera se justifica ahora dentro de ese contexto, que debe considerarse totalmente superado por la nueva perspectiva internacional de la coexistencia pacífica y el multipolarismo creciente. Todo indica, como acabamos de señalar, que los problemas latinoamericanos deben ser solucionados en nuestra propia sede, y que de esa forma se sirve mucho mejor a los fines de un auténtico panamericanismo fundamentado en bases reales de entendimiento y respeto recíprocos (...).

    Texto del mensaje del presidente Cámpora ante la Asamblea Legislativa, citado en La Opinión, 26 de mayo de 1973, p. 4.

  3. Discurso del subsecretario de Relaciones Exteriores de la Argentina Jorge Vázquez en sesión plenaria. Tercera Asamblea General de la OEA, Lima, 21 de junio de 1973, cit. en J.A. Lanús, op. cit., vol. I,  pp. 163-164, y en Estrategia, Nº 25-26, noviembre-diciembre de 1973 / enero-febrero de 1974, segunda parte, pp. 101-110. Ver también los siguientes editoriales: “Without U.S. Argentina may demand new kind of OAS”, Buenos Aires Herald, June 15, 1973, p. 7; “Argentina may demand big changes in OAS”, Buenos Aires Herald, June 20, 1973, p. 7; “OEA. Severa crítica argentina a Estados Unidos” y “El discurso del delegado Vázquez”, Clarín, 22 de junio de 1973, p. 3; “Ecos del discurso argentino en la reunión de Lima. Vázquez reafirmó la Tercera Posición y refutó el concepto de “asociación madura”, por Adolfo Alemán, La Opinión, 23 de junio de 1973, p. 3; “Jorge Vázquez: “No hay política común al opresor y al oprimido”, La Opinión, 24 de junio de 1973, p. 2. Cabe consignar que, a pesar de que Las Bases expresaba un punto de vista que era precisamente el opuesto al de las figuras izquierdistas del gabinete de Cámpora (uno de sus columnistas era precisamente el ministro de Bienestar Social José López Rega), respaldó la posición adoptada por Vázquez en la OEA, sosteniendo que la reunión de Lima demostraba la crisis de la OEA y la necesidad de reemplazar un sistema interamericano de carácter dependiente por otro que estimulara la incorporación de Latinoamérica al Tercer Mundo. Ver al respecto “La crisis de la OEA. América Latina y su papel en el “Tercer Mundo””, Las Bases, Año 2, Nº 50, 12 de julio de 1973, p. 38. Consultar también E. Anguita y M. Caparrós, op. cit., tomo II, p. 86. 

  4. Declaraciones de John Kubish en réplica a las declaraciones de Vázquez en la OEA, citadas en “Respuesta de EE.UU. a la Argentina”, Clarín, 26 de junio de 1973, p. 4.

  5. “OEA. disidencia de la Argentina”, La Nación, 23 de junio de 1973, p. 1; “Argentina se margina de la comisión de estudio. La OEA parece destinada al reformismo”, La Opinión, 23 de junio de 1973, p. 3; “La reunión de Lima en un debate decisivo. Argentina indujo a la revisión de los principios del sistema interamericano”, La Opinión, 24 de junio de 1973, p. 3. 

  6. J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 164. Ver también “OEA: Posiciones dispares en la Comisión de Reforma”, Clarín, 23 de junio de 1973, p. 3, y “OEA: La Comisión Especial reanuda sus deliberaciones. Posición argentina”, Clarín, 25 de junio de 1973, p. 2. 

  7. Declaración del Movimiento Nacional y Latinoamericano, citada en La Nación, 28 de junio de 1973, p. 4. 

  8. Ver al respecto proyecto de declaración de los senadores Carlos H. Perette, Luis Agustín León, Hipólito Solari Yrigoyen, Eduardo César Angeloz, Rubén Osvaldo Cáceres, Fernando de la Rúa, Jorge Luis Lorenzo, Mario Losada, Julio César Martínez, Antonio Oscar Nápoli, Juan Carlos Pugliese y Raúl Jorge Zarriello, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Senadores año 1973, tomo 1, op. cit., Reunión 8º, Junio 27 de 1973, pp. 288-289. Proyecto de declaración de los diputados Rafael Francisco Marino, Horacio Jorge Sueldo, Luis Armando Lucena, Juan Carlos Comínguez, Tomás Pedro Arana, Mariano Rufino Lorences, Héctor Portero, Jesús Mira, Eduardo Elías Traboulsi y Vicente Miguel Musacchio, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados año 1973, Reunión 12º, julio 12 de 1973, Tomo II: Sesiones de asamblea y extraordinarias (del 5/6 de julio al 2/3 de agosto de 1973), Buenos Aires, Imprenta del Congreso de la Nación, 1974, pp. 837-838.

  9. La gran cantidad de editoriales dedicados a la cuestión de secuestros extorsivos, ocupaciones de fábricas, estaciones y hospitales y acciones terroristas por el Buenos Aires Herald y las revistas y diarios norteamericanos son un importante indicio de la influencia negativa de la violencia terrorista en las relaciones argentino-norteamericanas. Entre los muchos ejemplos cabe destacar los siguientes editoriales durante la gestión de Cámpora: “Ford begins paying out ‘social welfare’ ”, Buenos Aires Herald, May 29, 1973, p. 9; “Hopefully, the precedent won’t be followed”, Buenos Aires Herald, May 31, 1973, p. 8; “Ford: Shultz ‘displeased’ over ransom payment”, Buenos Aires Herald, May 30, 1973, p. 9; “Peronists: 10 of them to fall for each of us who is felled”, Buenos Aires Herald, June 1, 1973, p. 9; “The other political prisoners”, Buenos Aires Herald, June 1, 1973, p. 8; “As I see it... Nearer the maelstrom” by Cleve Petersen, Buenos Aires Herald, June 1, 1973, p. 8; “ERP threat. Otis would close down before paying protection money”, Buenos Aires Herald, June 2, 1973, p. 7; “Peronist Jouth. Epidemic of takeovers raging on”, Buenos Aires Herald, June 14, 1973, p. 7; “The problem of violence”, Buenos Aires Herald, June 14, 1973, p. 8; “ERP tries to extort $ 2 million”, Buenos Aires Herald, June 17, 1973, p. 1; “Gunmen kidnap presidents of tyre company, hosiery”, Buenos Aires Herald, June 20, 1973, p. 9; “ERP’s Ford victim dies. Gilera to ask threatened chief to resign”, Buenos Aires Herald, June 26, 1973, p. 7; “Kidnapping country”, Buenos Aires Herald, July 4, 1973, p. 8;  Time, July 2 and 16, 1973; Newsweek, números correspondientes a junio y julio de 1973.

  10. El proyecto de ley de Inversiones Extranjeras enviado por el gobierno de Cámpora al Congreso incluía directivas acerca de las condiciones de la radicación de capital extranjero. Incluía una clasificación de las empresas de acuerdo con la relación entre capital nacional y extranjero. De este modo, consideraba como empresas nacionales a aquéllas que poseían más del 80% de capital nacional y como empresas mixtas a aquéllas que tenían entre el 51 y el 80%. Cabe acotar en la legislación anterior, se consideraba como empresa nacional a aquélla que tuviera sólo un 51% de capital nacional. Por otra parte, el nuevo proyecto sobre inversiones extranjeras establecía los sectores donde dichas inversiones no se podían admitir: defensa, seguridad, servicios públicos. Además, este proyecto fue complementado con otros que procuraban nacionalizar los bancos que habían sido privatizados durante los gobiernos militares anteriores. Ver detalles del proyecto de ley de Inversiones Extranjeras en Clarín, 18 de junio de 1973, p. 11 y 19 de junio de 1973, pp. 11-12. Textos de los memorandos enviados por Krebs al gobierno argentino, citados en “Rechazó el Gobierno críticas de EE.UU.”, La Nación, 1º de agosto de 1973, pp. 1 y 4. 

  11. Acerca de este fallo ver M. Seoane, op. cit., p. 272.

  12. Ver como ejemplo de la actitud general de repudio de los medios de prensa los siguientes editoriales “Se confirmó la injerencia de Estados Unidos en asuntos internos de la Argentina”, La Opinión, 1º de agosto de 1973”, pp. 1 y 24; “Ante la intromisión del Encargado de Negocios de EE.UU. Una actitud diplomática que favorece el proceso de concientización popular”, por Marcelo Diamand, La Opinión, 2 de agosto de 1973, p. 8; “Una intromisión inaceptable”, editorial de Clarín, 2 de agosto de 1973, p. 10; “EE.UU. sigue desconociendo la realidad latinoamericana. La acción de Max Krebs resucita la disyuntiva de 1946: Braden o Perón”, por Mariano Grondona, La Opinión, 3 de agosto de 1973, p. 1; ”Injerencia inadmisible”, editorial de  La Nación, 3 de agosto de 1973, p. 8; ”Mister Braden ha vuelto. Un tipo irrespetuoso...”, Las Bases, Año 2, Nº 54, 8 de agosto de 1973, p. 10. 

  13. “Argentina in brief. Umbrage taken over U.S. comments”, Buenos Aires Herald, August 1, 1973, p. 9; “Braden’s ghost?”, Buenos Aires Herald, August 2, 1973, p. 8.

  14. Ver al respecto proyecto de declaración de la Cámara de Diputados, firmado por los diputados Ferdinando Pedrini, Antonio A. Tróccoli y otros, de repudio a los memorandos enviados al gobierno argentino por el encargado de negocios norteamericano Max V. Krebs, apoyo a la política “de liberación económica” del gobierno de Lastiri y de repudio a Krebs como persona “no grata”, en Congreso Nacional, Reunión 17º, agosto 1º de 1973, Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados año 1973, Tomo II, op. cit., pp. 1288-1291. También proyectos de resolución de los diputados Jorge Omar Viale, Juan Carlos Cárdenas y otros, y proyectos de declaración de José Luis Vesco, Adolfo Gass y otros, en ibid., pp. 1293-1295. Consultar también los siguientes editoriales: “La Cámara de Diputados pidió que se declare persona no grata al encargado de negocios norteamericano. Unánime decisión de todos los sectores en defensa de la soberanía”, La Opinión, 2 de agosto de 1973, p. 1; “UDELPA y MID se pronuncian por el incidente” y “Unánime desagrado en el Parlamento. Coincidencia en Diputados para la defensa de la soberanía nacional”, La Opinión, 2 de agosto de 1973, p. 8; “Honda expectativa en todos los sectores. El gobierno analiza las relaciones bilaterales con los Estados Unidos” y “Alende reclama la expulsión del diplomático Krebs”, La Opinión, 2 de agosto de 1973, p. 9; “El Senado aprobó la sanción contra el Encargado de Negocios de los Estados Unidos. La CGT condena la intromisión extranjera en asuntos del país. Una virtual amenaza en Estados Unidos”, La Razón, 3 de agosto de 1973, p. 1; “The story behind the Krebs memorandum”, Buenos Aires Herald, August 4, 1973, p. 8; “También el Senado reclama que se declare persona no grata a Krebs”, Clarín, 4 de agosto de 1973, p. 18; “El Senado censuró a un diplomático”, La Nación, 4 de agosto de 1973, pp. 1 y 6; “El problema con el Encargado de Negocios de los Estados Unidos”, La Razón, 4 de agosto de 1973, p. 6; y “Repudio de la CGE y CGT Mar del Plata”, en Las Bases, Año 2, Nº 54, 8 de agosto de 1973, p. 10. Ver también R. Baschetti (comp.), De Cámpora... Documentos 1973-1976, op. cit., vol. I, p. 17. 

  15. “La protesta argentina en Estados Unidos. Reconocen en Washington que cada país tiene derecho sobre su propia legislación y dicen que sólo se trató de meras conversaciones”, La Razón, 2 de agosto de 1973, p. 1; “La protesta a los Estados Unidos”, La Nación, 2 de agosto de 1973, pp. 1 y 6, y “Aclaración del gobierno de los Estados Unidos”, La Nación, 3 de agosto de 1973, pp. 1 y 7; “State Department ‘regrets’ Krebs affair”, Buenos Aires Herald, August 3, 1973, p. 9; “Permanecerá por ahora John Davis Lodge. Lamenta el Departamento de Estado el incidente con Argentina”, La Opinión, 3 de agosto de 1973, p. 10; y “EE.UU. lamenta el caso Krebs”, Clarín, 3 de agosto de 1973, p. 18. También M. Seoane, op. cit., p. 273. 

  16. “No se prevén acciones especiales contra Washington”, La Opinión, 3 de agosto de 1973, p. 10.

  17. Ver respecto del anuncio de un crédito para venta de autos a Cuba los editoriales “Primeros pasos hacia la concreción de una política exterior independiente. Argentina otorgó a Cuba un crédito de 200 millones de dólares y está en vías de integrarse al Grupo Andino”, La Opinión, 7 de agosto de 1973, p. 1; “A raíz de la vasta operación concretada con la Argentina. Concluye el aislamiento comercial de Cuba respecto de América Latina”, por Alejandro Horowicz, La Opinión, 8 de agosto de 1973, p. 11; y “Peronismo: concretamente antiimperialista”, El Descamisado, Año 1, Nº 15, 28 de agosto de 1973, p. 25. También M. Seoane, op. cit., pp. 273 y 275.

  18. Discursos de los comandantes en jefe de la Argentina y de Perú, generales Carcagno y Mercado Jarrín, en la Décima Conferencia de Ejércitos Americanos en Caracas, en Estrategia, Nº 24, septiembre-octubre de 1973, pp. 20-29 y 29-41, respectivamente. Ver también J.A. Lanús, op. cit., vol. I, pp. 164-165. La postura de Brasil figura en Estrategia, Nº 24, op. cit., pp. 41-48. Según Eduardo Anguita y Martín Caparrós, Bolivia estaba en el bando de los opositores a la moción argentino-peruana, y Colombia (omitida por Lanús) en el de los defensores de la tesis de Mercado Jarrín y Carcagno. E. Anguita y M. Caparrós, op. cit., tomo. II, p. 158. 

  19. Ver al respecto “Actualidad nacional. Argentina se pone de pie cuando sus enemigos acechan”, Las Bases, Año 2, Nº 59, 12 de septiembre de 1973, pp. 4-5. También “Fuerzas Armadas y Liberación. Una voz en Caracas señaló el camino”, Las Bases, Año 2, Nº 60, 19 de septiembre de 1973, pp. 12-14. Proyecto de declaración de los diputados Rodolfo Oscar Vittar, Julio T. Mera Figueroa y otros; y adhesión a los principios sustentados en Caracas por el comandante en jefe del ejército argentino, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados año 1973, Tomo III, op. cit., Reunión 31º, septiembre 11 de 1973, pp. 2461-2469. Ver también proyecto de declaración de los senadores Rafael Zenón Jáuregui y Guillermo Ramón Brizuela, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Senadores año 1973, Tomo II, Sesiones ordinarias (del 23 de agosto de 1973 al 8 de noviembre de 1973), Buenos Aires, Publicación del Cuerpo de Taquígrafos del Honorable Senado de la Nación, Reunión 32º, Octubre 3 de 1973, p. 1483; y en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Senadores año 1973, Tomo III, Sesiones de prórroga y extraordinarias (del 9 de noviembre de 1973 al 21 de diciembre de 1973), Buenos Aires, Publicación del Cuerpo de Taquígrafos del Honorable Senado de la Nación, Reunión 40º, Noviembre 9 de 1973, pp. 1989-1993.

  20. “Replanteo argentino en la reunión de Caracas”, Clarín, 23 de agosto de 1973, p. 18; “Desarrollo, Seguridad y Defensa”, editorial de Clarín, 26 de agosto de 1973, p. 10; “Posiciones disímiles en la Conferencia de Comandantes de Ejércitos en Caracas. Carcagno y Mercado Jarrín enjuiciarán una política de defensa continental que hoy se considera obsoleta”, La Opinión, 29 de agosto de 1973, p. 7; “Reunión militar en Caracas. Perú exigirá un replanteo total de los acuerdos sobre seguridad hemisférica”, Clarín, 1º de septiembre de 1973, p. 15; “Conferencia de Ejércitos Americanos. La tesis argentino-peruana con posibilidades de éxito”, Clarín, 2 de septiembre de 1973, p. 4; “Se reunirán hoy los Ejércitos Americanos”, Clarín, 3 de septiembre de 1973, p. 16; “La Argentina en Caracas. Revisión de un convenio perimido”, La Nación, 4 de septiembre de 1973, p. 2; “La Argentina en Caracas (II). El objetivo, concluir con la dependencia”, La Nación, 5 de septiembre de 1973, p. 2; “Habló en Caracas el general Carcagno. En la reunión de jefes militares apoyó la modificación del sistema interamericano”, La Nación, 6 de septiembre de 1973, pp. 1-2; “Caracas talks. Carcagno keep up offensive in tough speech”, by Jorge Sethson, Buenos Aires Herald, September 6, 1973, p. 7; “Unidos o Dominados. Reunión de Ejércitos en Caracas. Hambre, violencia, imperialismo y Pentágono”, El Descamisado, Año 1, Nº 16, 4 de setiembre de 1973, p. 15; “Décima Conferencia de Ejércitos Americanos. Se acabó la época en que los yanquis nos metían dos hembras en la cama”, El Descamisado, Año 1, Nº 17, 11 de septiembre de 1973, pp. 28-29; “Nacionalismo y tercer mundo”, Ya! es tiempo de pueblo, Año 1, Nº 11, Buenos Aires, 6 de septiembre de 1973, p. 5; “La Conferencia Militar interamericana”, Criterio, Año XLVI, Nº 1676, 27 de septiembre de 1973, p. 504; “¿Qué hacer con nuestra política exterior?”, Criterio, Año XLVI, Nº 1678, 25 de octubre de 1973, pp. 563-565.

  21. Según Anguita y Caparrós, el discurso de Carcagno no se parecía en nada al de los que lo antecedieron en las reuniones de comandantes de Ejércitos Americanos. Scenna sostiene que, en la Octava Reunión de Comandantes de Ejércitos Americanos de 1968 en Río de Janeiro, el entonces comandante en jefe del ejército, Alejandro Agustín Lanusse, sostuvo una línea de intervencionismo pro-norteamericano acorde con la del en ese momento presidente general Juan Carlos Onganía. Según Puig, en contraposición con las políticas exteriores de los gobiernos peronistas de Cámpora, Lastiri y Perón, el perfil de Onganía era abiertamente dependentista, y los intentos autonomistas en las políticas exteriores de Levingston y Lanusse eran “injertos” dentro de un cuadro dependentista. Para Lanús, hasta 1973 no hubo una revisión del concepto de seguridad interamericano entre los militares argentinos. E. Anguita y M. Caparrós, op. cit., p. 158; M.A. Scenna, Los militares..., op. cit., pp. 332-333; Puig, “La política exterior argentina...”, op. cit., p. 149; y J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 163.

  22. “Se van milicos yanquis y franceses”, El Descamisado, Año 1, Nº 21, Buenos Aires, 9 de octubre de 1973, p. 15; M.A. Scenna, op. cit., p. 333.

  23. A principios de agosto de 1973 el ERP amenazó con secuestrar a ejecutivos de Coca-Cola de Argentina si no pagaban a cambio de su tranquilidad el equivalente a 1.000.000 de dólares en bienes. El 11 del mismo mes, el representante legal de Clarín fue secuestrado por gente del ERP-comando 22 de agosto- y bajo coacción, dicho matutino se vio obligado a publicar tres solicitadas del ERP para asegurar la liberación de su empleado. Además, el mismo periódico sufrió el 11 de agosto ataques en su casa central de Buenos Aires y el 14 en sus instalaciones de Rosario. La inquietud por el fenómeno guerrillero aparece claramente en los artículos del diario británico de Buenos Aires. Véase “An image of violence”, Buenos Aires Herald, July 19, 1973, p. 8; “Fogbound”, Buenos Aires Herald, July 28, 1973, p. 8; “The real problem behind the political crisis”, Buenos Aires Herald, July 29, 1973, p. 8; “Crack-down on guerrillas”, Buenos Aires Herald, July 31, 1973, p. 1; “Speaking like a government”, Buenos Aires Herald, July 31, 1973, p. 8; “Threats. ERP ‘demands million dollars from US firm’ ”, Buenos Aires Herald, August 12, 1973, p. 9; “Kidnapping is easy: It must be made difficult”, Buenos Aires Herald, August 16, 1973, p. 8; “Against all violence”, Buenos Aires Herald, September 7, 1973, p. 8; “Violence strikes at the press”, Buenos Aires Herald, September 15, 1973, p. 8; “Violence behind a smokescreen”, Buenos Aires Herald, September 27, 1973, p. 6; “The consensus must be to outlaw violence” y “As I see it....The long war continues”, by Clive Petersen, Buenos Aires Herald, September 28, 1973, p. 8.

  24. Sobre las diferencias entre el “confrontacionismo unilateral” de la diplomacia camporista y la búsqueda del previo respaldo latinoamericano en las críticas de la Argentina a Estados Unidos durante las gestiones de Lastiri y Perón ver la tesis de maestría de José María Vásquez, “Una década de política exterior argentina (1973-1983): De las tentativas autonómicas a la dependencia consentida”, Tesis de maestría en Relaciones Internacionales, Buenos Aires, FLACSO, 1988. 

  25. “Severa respuesta a un funcionario de EE.UU. Gelbard ratificó la soberanía comercial argentina en la venta de autos a Cuba”, La Opinión, 29 de marzo de 1974, p. 14. Pero, como ocurriera con el caso de Krebs durante la gestión de Lastiri, las declaraciones de Shultz también motivaron el repudio unánime de los medios de prensa. Resulta notorio que dos medios tan ideológicamente distanciados como La Opinión -representante de los intereses del llamado “grupo Gelbard”- y Las Bases -representante de los del grupo sindical de las 62 Organizaciones, que resistía la política económica y el origen extrapartidario de Gelbard- coincidieran en su enfático repudio a las declaraciones del secretario de Tesoro norteamericano George Shultz. Ver editoriales “Pese a la madurez del mundo actual, las naciones desarrolladas siguen ejerciendo su paternalismo”, por Mariano Grondona, La Opinión, 30 de marzo de 1974, p. 24, y “La soberanía no se negocia”, Las Bases, Nº 88, 2 de abril de 1974, p. 44. Sobre este tema ver también M. Seoane, op. cit., p. 323. El 29 de marzo, los senadores radicales Raúl Zarriello, Luis León y Mario Losada elevaron un proyecto de resolución para que la Cámara Alta expresara su protesta por las expresiones del secretario de Tesoro norteamericano del día 26. Ante una nueva declaración de Shultz del día 29, respecto de que las autoridades norteamericanas continuaban examinando el otorgamiento o no de la autorización para que las filiales automotrices norteamericanas en la Argentina vendieran autos a Cuba, al día siguiente Vignes respondió categóricamente que las empresas norteamericanas radicadas en la Argentina debían someterse a las leyes locales. C.J. Moneta, “La política exterior del peronismo...”, op. cit., pp. 75-77; M. Seoane, op. cit., p. 324, y Joseph Tulchin, La Argentina y los Estados Unidos. Historia de una desconfianza, Buenos Aires, Planeta, 1990, pp. 256-257. 

  26. Sobre el rol jugado por las empresas europeas Fiat y Citroen en la flexibilización de la actitud norteamericana, ver Ministerio de Relaciones Exteriores. Memorándum redactado por el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, Buenos Aires, 27 de marzo de 1974, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Carpeta Cuba 3.4. También M. Seoane, op. cit., p. 324. 

  27. La misión Gelbard a Cuba fue publicitada en la mayoría de los medios de prensa y revistas en forma optimista, como una cabal demostración de una “política exterior independiente”. Una excepción a esta tendencia El Descamisado que, si bien valoraba la misión como ruptura del bloqueo a Cuba y como una importante ayuda económica al pueblo cubano, sostenía que en realidad el bloqueo se venía desmoronando y que aún no existía embajada argentina en Cuba ni había vuelos regulares argentinos hacia La Habana. El editorial percibía en este operativo de Gelbard más un rédito político para el ministro de Economía que un éxito económico. “Editorial”, El Descamisado, Año 1, Nº 42, 5 de marzo de 1974, p. 3.Ver evidencias de la percepción optimista de los medios argentinos respecto de las consecuencias de la misión Gelbard a Cuba en las siguientes editoriales: “Cuba, fin de una prisión económica”, Extra, Año IX, Nº 105, marzo de 1974, p. 5;  “Hechos y no palabras”, Las Bases, Nº 85, 12 de marzo de 1974, pp. 22-23, en donde se presentaba el Operativo Libia comandado por López Rega y la misión comercial a Cuba liderada por Gelbard como dos pasos que mostraban el ejercicio de la soberanía política por parte de una “Argentina Potencia” que no aceptaba tutores; “Cuba: autos. El hecho físico que ha roto un bloqueo que duró 12 años”, Las Bases, Nº 92, 30 de abril de 1974, p. 20. Como el de las ventas de autos a Cuba fue un proyecto de neto cuño gelbardista, La Opinión, dirigida por Jacobo Timmerman, integrante del llamado “grupo Gelbard”, también se sumó a esta campaña de tono optimista sobre las oportunidades del comercio argentino con la isla. Véanse los editoriales “Mientras se diluye el bloqueo decretado sobre la isla. El diferendo por la entrega de autos a Cuba está construyendo un cerco alrededor de EE.UU.”, La Opinión, 14 de abril de 1974, p. 14, y “La iniciativa argentina abrió las puertas de Cuba a la familia interamericana”, por Heriberto Kahn, La Opinión, 19 de abril de 1974, p. 1.

  28. La política de apertura comercial argentina hacia La Habana contó con el respaldo de los siguientes actores estatales y privados norteamericanos: los funcionarios oficiales opositores a la política de bloqueo a Cuba; los empresarios y sindicalistas del sector automotriz norteamericano, interesados en reanudar las relaciones comerciales con Cuba y paliar los efectos de la depresión del sector en el mercado interno, causada por la crisis petrolera de 1973-1974; y los editorialistas de periódicos como The New York Times, Washington Post o Wall Street Journal, que reflejaban los intereses de los hombres de negocios norteamericanos en invertir en Cuba. Ver intereses y presiones del sector empresario y gremial de la industria automotriz sobre el gobierno norteamericano en M. Seoane, op. cit., p. 324, y en los siguientes editoriales: “Interesa a Detroit que la Argentina le venda a La Habana”, La Opinión, 24 de febrero de 1974, p. 1; “Un gremialista norteamericano convalida la ruptura argentina del bloqueo a La Habana”, por Heriberto Kahn, La Opinión, 19 de abril de 1974, p. 24; “Ford, General Motors y Chrysler iniciarán en mayo las ventas de automotores en Cuba”, La Opinión, 20 de abril de 1974, p. 24; “Lo declaró el canciller Carrizosa en la OEA. Las empresas norteamericanas habrían precipitado el fin del bloqueo a Cuba”, La Opinión, 25 de abril de 1974, p. 2; “Después de la reunión de Atlanta. El retorno a Cuba a la OEA es aún el problema esencial”, por Adolfo G. Aleman, La Opinión, 8 de mayo de 1974, p. 3.

  29. Ver respecto de este tema el editorial del diario La Opinión, 19 de octubre de 1973, titulado “Ha quedado abierto un capítulo distinto, basado en el realismo, entre Washington y Buenos Aires”, por Mariano Grondona, p. 8. Asimismo el editorial de La Opinión, 1º de noviembre de 1973, p. 1, titulado “Perón iría a EE.UU. para hablar en las Naciones Unidas y entrevistar a Nixon”. También consultar trabajos de Martín Granovsky, Misión cumplida. La presión norteamericana sobre la Argentina, de Braden a Todman, Buenos Aires, Planeta, 1992, pp. 85-86. También La Opinión, 1º de noviembre de 1973, p. 1, fuente citada en J. Page, op. cit., p. 278.

  30. M. Seoane, op. cit., p. 340. Ver también “La droga guerrillera”, Las Bases, Nº 97, 4 de junio de 1974, p. 45.

  31. “Se tomarán medidas de protección. A directivos de Ford dio seguridades el Presidente”, La Opinión, 5 de diciembre de 1973, p. 1 y “Gendarmería vigila la Ford y volverían los ejecutivos”, La Opinión, 6 de diciembre de 1973, p.1. “Las revistas de negocios de EE.UU. encomian la estabilidad argentina”, La Opinión, 2 de febrero de 1974, p. 12.

  32. “El canciller colombiano ratificó la conferencia de cancilleres. El rechazo del pedido de postergación de Vignes motivará su ausencia de Bogotá”, La Opinión, 6 de noviembre de 1973, p. 10.

  33. Ejemplo de este excesivo optimismo en medios oficialistas fue el siguiente editorial: “Argentina en la Conferencia de Cancilleres. Jaque mate. Paso firme para evitar que el año 2000 encuentre a América Latina sojuzgada”, Las Bases, Nº 84, 5 de marzo de 1974, pp. 16-19. Incluso el editorial “No mucho pero se avanzó en México”, La Nación, 1º de marzo de 1974, p. 6, muestra que aun un diario tradicionalmente liberal y opositor al gobierno de Perón creía que la reunión de Tlatelolco podía ser el punto de partida para una nueva relación entre Estados Unidos y los países de la región. Por su parte, La Opinión hizo un balance más realista de Tlatelolco en sus editoriales: “La ausencia de intereses comunes esterilizó los resultados finales”, por Enrique Alonso; “No hubo cambios en la posición de EE.UU. con Cuba” y “Repercusiones de la conferencia de Tlatelolco en los diarios europeos. Creen que América latina no logrará nada de EE.UU.”, La Opinión, 24 de febrero de 1974, pp. 1 y 3.

  34. Respecto de la conferencia de Tlatelolco ver E. Anguita y M. Caparrós, op. cit., tomo II, pp. 278-279, y J.A. Lanús, op. cit., vol. I, pp. 215-217. Respecto del “Nuevo Diálogo” y sus alcances ver Alberto Van Clavaren, “The United States and the Interamerican political system”, en Robert Wesson & Heraldo Muñoz, (editors), Latin American Wiews of U.S. Policy, Praeger, New York, 1986, pp. 28-32; Enrique Vera Villalobos, “Estados Unidos-América Latina: ¿Nuevo Diálogo o viejo monólogo?”, Estrategia, Nº 33, marzo-abril de 1975, Buenos Aires, pp. 17 a 25.

  35. En enero de 1974, un mes antes de la celebración de la reunión de Tlatelolco, el secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger había dicho en Washington que “(...) no puede haber progreso hacia el desarrollo de una nueva relación hemisférica sin la directa contribución de Argentina, y que si bien ha tenido sus altibajos, se le considera como un punto central de la política exterior latinoamericana”. La Nación, 5 de enero de 1974, fuente citada en C.J. Moneta, “La política exterior del peronismo...”, op. cit., p. 84. No obstante, pronto quedó en evidencia que Kissinger sólo quiso alimentar el ego del diplomático argentino que lo escuchaba. Así, frente a las ambiciones propuestas del canciller Vignes, Kissinger llegó a preguntarle irónicamente: “-¿No quiere también mi camisa?-”. J.A. Lanús, op. cit., vol. I,  p. 215.

  36. Ver al respecto los siguientes discursos e intervenciones del canciller Vignes: Conferencia de Tlatelolco. Intervención como Vocero de América Latina frente al Secretario de Estado de los Estados Unidos sobre el tema 5: “Estructura del Comercio Internacional y Sistema Monetario”, México, D.F., 22 de febrero de 1974;  Conferencia de Cancilleres, Intervención sobre el tema: Estructura del Comercio Internacional y Sistema Monetario, Washington, 17 de abril de 1974; Conferencia de Cancilleres. Exposición sobre el punto 8: “Panorama general de las relaciones entre América Latina y los Estados Miembros”, Washington, 18 de abril de 1974; Intervención de S.E. el señor Canciller ante el IV Período de Sesiones de la Asamblea General de la OEA, Atlanta, 20 de abril de 1974, citados en Alberto J. Vignes, Dos años de política internacional argentina 1973-1975, Buenos Aires, Pleamar, 1982, pp. 79-82, 92-98, y 102-108, respectivamente.

  37. J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 234, nota 53. Ver también “La reunión de Tlatelolco confirma la idea de que no existe un criterio común para enfocar la realidad del continente. Por no estar preparado, Kissinger se negó a discutir el reingreso de Cuba a la comunidad interamericana”, La Opinión, 23 de febrero de 1974, p. 2 y “La ausencia de intereses comunes esterilizó los resultados finales”, por Enrique Alonso, y “No hubo cambios en la posición de EE.UU. con Cuba”, La Opinión, 24 de febrero de 1974, p. 1.

  38. Ver al respecto los siguientes editoriales “La Ley de Comercio norteamericana altera el cuadro de las relaciones entre EE.UU. y con el resto de América latina. La diplomacia argentina debe proponer un auténtico sistema de cooperación regional”, por Enrique Alonso, La Opinión, 17 de enero de 1975, p. 20; “Un comité decide hoy en la OEA. Argentina fustigó la Ley de Comercio llamando al diálogo”, por Daniel Muchnik, La Opinión, 21 de enero de 1975, p. 1; “La Argentina señaló que corresponde a la Casa Blanca rever la situación creada”, La Opinión, 21 de enero de 1975, p. 2; “Las actuales misiones al exterior responden a una estrategia precisa”, El Cronista, 23 de enero de 1975, p. 1; “El Consejo Permanente de la OEA condenó la Ley Comercial de EE.UU.” por Raúl H. Riutor, y “Contra la Ley de Comercio Exterior. La Asamblea de la OEA tratará en abril la protesta continental”, La Opinión, 24 de enero de 1975, pp. 1 y 2;  “Por primera vez, la OEA votó una resolución unánime contra EE.UU.”, El Cronista, 24 de enero de 1975, p. 20; “Habría acuerdo para suspender el cónclave de cancilleres de marzo”, El Cronista, 24 de enero de 1975, p. 20; “Para salvar la solidaridad continental. La Argentina decidió postergar la conferencia de cancilleres”, La Opinión, 28 de enero de 1975, p. 1; “Fue postergada sin fecha la Conferencia de Cancilleres”, La Opinión, 28 de enero de 1975, p. 2; “La Argentina anunció que se posterga la tercera vuelta del nuevo diálogo”, El Cronista, 28 de enero de 1975, p. 1; y “Anunció Vignes que ha sido postergada la reunión de cancilleres”, El Cronista, 28 de enero de 1975, p. 3.

  39. Esta era la posición sustentada por el ministro de Economía argentino, Alfredo Gómez Morales. Vale apuntar que los representantes de las grandes empresas del ámbito privado compartían con el gobierno estas expectativas optimistas respecto de los efectos de la Trade Bill en la economía argentina. La Cámara de Exportadores de la República Argentina, si bien advertía las preferencias arancelarias dispuestas por la ley, percibió a ésta como un precedente favorable para la región e incluso llegó a felicitar a Nelson Rockefeller, uno de sus inspiradores. El único sector privado que expresó sus reparos fue la CGE, que dio a conocer un comunicado sosteniendo la necesidad de un “minucioso y exhaustivo” análisis una vez que se conociera el texto definitivo de la ley. Ver al respecto editoriales “La Ley comercial y la próxima crisis”, El Cronista, 20 de enero de 1975, p. 9, y “Declaración de la CGE sobre la ley de Comercio Exterior de los EE.UU.”, El Cronista, 1º de febrero de 1975, p. 16. En cuanto al rol moderador de la Argentina ver “La Argentina asume un rol moderador”, El Cronista, 7 de febrero de 1975, p. 17.

  40. J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 268 y p. 278, nota 39. Ver también “La moderada posición argentina tiende puentes entre dos sectores antagónicos”, por Enrique Alonso, La Opinión, 10 de noviembre de 1974, p. 1; “No hubo fracaso en Quito, dice Vignes”, La Opinión, 13 de noviembre de 1974, p. 1; “Con 12 votos a favor, 3 negativos y 6 abstenciones. Decidió mantener el bloqueo a Cuba la XV Reunión de Cancilleres de la OEA”, La Opinión, 13 de noviembre de 1974, p. 2; “La 15a. Reunión de Consulta demostró la incompatibilidad de la OEA con el TIAR” por Osiris Troiani, y “La prensa internacional estima que la OEA atraviesa la mayor crisis de su vida”, La Opinión, 14 de noviembre de 1974, p. 2.

  41. J.A. Lanús, op. cit., vol. I, pp. 165-167.

  42. J.A. Lanús, op. cit., vol. I, p. 167. Ver también los siguientes editoriales:  “Virtual cese del bloqueo a Cuba”, La Opinión, 30 de julio de 1975, p. 1; “Após onze años, caem as sancoes impostas a Cuba. O texto da resolucao” y “Suspenso o bloqueio a Cuba”, Folha de Sao Paulo, 30 de julio de 1975, y “Por 16 votos a 3, OEA aporva o fim do bloqueio a Cuba” y “OEA decide suspender bloqueio a Cuba”, O Estado de Sao Paulo, 30 de julio de 1975, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación, Caja Brasil 1963-75-76-77, Carpeta Brasil 1975 / 76 / 77, Punto 3. OEA.

  43. Ver editoriales titulados “La OEA se convirtió en prioridad de la política externa argentina”, El Cronista, 12 de mayo de 1975, p. 1; “La política externa del país ingresaría en una etapa de reacomodación”, El Cronista, 13 de mayo de 1975, p. 1; “Orfila sostiene que la OEA no existe sin los EE.UU.”, El Cronista, 1º de septiembre de 1975, p. 4; y J.C. Puig, “La política exterior argentina...”, op. cit., p. 151.

  44. Respecto de la elección de Orfila, vale acotar tres observaciones. Primero, que este nombramiento fue sobredimensionado por el gobierno y por los medios que respondían al oficialismo. Fue percibido como un nuevo triunfo de la política exterior argentina, en tanto la llegada a la OEA de un diplomático “con buena imagen” en Estados Unidos supondría una mayor influencia del país a nivel regional, y la obtención de una especie de pasaporte para obtener créditos y favores de Washington. Segundo, este acontecimiento evidenció claramente otra “ruptura” del gobierno de Isabel Perón respecto de la política exterior de su difunto esposo, quien habría comprometido su apoyo a la candidatura del canciller paraguayo, Raúl Sapena Pastor. Y tercero, esta estrategia del gobierno argentino, orientada a colocar una figura argentina “con buena imagen en Estados Unidos” en la secretaría general de la OEA, logró reanimar la vieja rivalidad entre Buenos Aires y Brasilia. Sobre el nombramiento de Orfila y sus implicaciones ver J.C. Puig, “La política exterior argentina...”, op. cit., p. 152, nota 109, y C.J. Moneta, op. cit., p. 271. Para una visión excesivamente idealizada de las consecuencias del nombramiento de Orfila, consultar los siguientes editoriales: “Les presento al ‘hijo de Tarzán’ ”, por Bernardo Neustadt; “Nuestro hombre en la OEA”, entrevista de Bernardo Neudstadt a Alejandro Orfila; “Orfila: capaz de salvar a la OEA de su muerte”, por Bernardo Neustadt, en Extra, Año X, Nº 117, marzo de 1975, pp. 22-30; “¿Será Orfila el hombre que salvará a la OEA?”, por Gregorio Selser, El Cronista, 19 de mayo de 1975, p. 24; “Alejandro Orfila: un argentino que un día habrá que rescatar”, Extra, Año X, Nº 120, junio de 1975, p. 8; “Primer reportaje concedido por Alejandro Orfila, secretario electo de la OEA, a un medio periodístico argentino. El triunfo de la política exterior de nuestro país. Como lo quería el general Perón”, Las Bases, Nº 150, 2 de julio de 1975, pp. 36-38; y “Un argentino en el más alto cargo administrativo de América. Alejandro Orfila asume la Secretaría General de la OEA”, La Opinión, 6 de julio de 1975, p. 3. Las consecuencias de la designación de Orfila en las relaciones con Brasil se pueden ver en los siguientes editoriales: “Argentine vows revitalized OAS”, by Lewis H. Diuguid, The Washington Post, February 24, 1975; “Uma derrota para o Itamaraty”, O Estado de S. Paulo, 18 de maio de 1975, p. 33; “Argentina ganha OEA contra Brasil”, “O Itamaraty reage?” y “ ‘Golpe’ da Argentina dá vitória a Orfila”, Brasilia, 18 de maio de 1975, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación, Caja Brasil 1963-75-76-77, Carpeta Brasil 1975 / 76 / 77, op. cit. En el editorial de Enrique Alonso titulado “El triunfo de Orfila es el de la razonabilidad”, publicado en el diario La Opinión, 18 de mayo de 1975, p. 1, se aclara que la candidatura de Orfila era vista con muy buenos ojos por Estados Unidos y resistía los fuegos cruzados de México, Perú y especialmente Brasil. Itamaraty buscó bloquear la candidatura de Orfila. Inclusive, su canciller Azeredo da Silveira, llegó a decir a alguno de sus colegas que consideraba un gesto inamistoso para con Brasil el hecho de no votar por el canciller dominicano Víctor Gómez Bergés. 

  45. Ver el editorial de Enrique Alonso titulado “El triunfo de Orfila es el triunfo de la razonabilidad”, La Opinión, 18 de mayo de 1975, p. 1. También “Estados Unidos ve con buenos ojos la candidatura de Orfila a la OEA”, El Cronista Comercial, 27 de febrero de 1975, p. 19. Por su parte, la revista católica Criterio, distinguió entre el hecho de “tener” un ciudadano argentino como secretario de la OEA -aspecto en donde la Argentina aparentemente aventajaba a Brasil- con el de “no tener” una política exterior clara -detalle mucho más sustantivo, en donde Brasil llevaba clara ventaja sobre la Argentina-. “La secretaría de la OEA”, Criterio, Año XLVIII, Nº 1717, 12 de junio de 1975, pp. 295-296. Ver también “Oscar Camilión analiza la actual coyuntura del país”, Clarín, 25 de agosto de 1975, p. 6.

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