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El gobierno de Perón concretó una política de acercamiento comercial con los países socialistas del Este europeo -la “apertura al Este”-, confirmando la tendencia que el mismo mandatario había iniciado durante su segundo gobierno, en la década del ’50, con la firma de convenios comerciales con la URSS, Hungría y Rumania. (1) Esta estrategia fue impulsada por el ministro de Economía José Ber Gelbard, y por el secretario de Estado de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, el embajador desarrollista-frondizista Leopoldo H. Tettamanti. La apertura gelbardista logró concretarse a pesar de los ataques a la misma por parte del grupo lopezrreguista, del canciller  Vignes e incluso del jefe de la armada Massera. La actitud opositora de Massera se manifestó en una reunión de gabinete con los comandantes militares, en la que el jefe de la marina protestó contra una decisión del ministro de Economía que permitía que la flota soviética recalara en puertos de la Patagonia. La actitud de Massera provocó la reacción de Gelbard y la satisfacción de López Rega. Pero el apoyo de Perón le permitió al titular de Economía seguir adelante con su proyecto,  al menos hasta la muerte del líder justicialista. (2)  
    La misión comercial encabezada por Gelbard, que viajó a la URSS, Polonia, Hungría y Checoslovaquia en mayo de 1974, procuró tres objetivos. Primero, utilizar la apertura comercial a nuevos mercados como una “herramienta de soberanía política” -en palabras del propio ministro de Economía-, a fin de reducir la dependencia de Estados Unidos. Segundo, otorgar prestigio externo a la Argentina, especialmente en el plano regional, frente al Brasil pro-norteamericano de esa época. Tercero, mejorar su imagen frente al Partido Comunista local, los dirigentes montoneros -que criticaban su “pacto social” de índole burguesa- y los dirigentes radicales que operaban desde la CGE. (3) 
    La Unión Soviética fue la primera escala de la misión Gelbard, quien fue recibido cordialmente por las autoridades del Kremlin. En territorio soviético, el ministro argentino mantuvo contactos con el secretario general del PCUS, Leonid Brezhnev; el presidente del Presidium del Soviet Supremo de la URSS, Nikolai Podgorny, y el presidente del Consejo de Ministros Soviéticos, Alexei Kosygin. Producto de los mismos fue la firma, el 7 de mayo de 1974, de un protocolo que establecía la creación de la Comisión Mixta Argentino-Soviética (4) y de un comunicado conjunto. (5) El resultado más concreto de las gestiones de Gelbard en la URSS fue la participación de la firma soviética Energomashexport en el suministro de 12 turbinas para el proyecto hidroeléctrico argentino-uruguayo de Salto Grande. (6)
   
La misión comercial incluyó también a Polonia, Hungría y Checoslovaquia, países con los que se firmaron una serie de convenios de cooperación económica científico-tecnológica. La importancia de estos mercados radicaba en su complementariedad con la producción agropecuaria argentina, cuyas divisas permitirían importar la tecnología soviética para emprendimientos hidroeléctricos como el de Paraná Medio. Curiosamente, los frutos de la apertura al Este de Gelbard serían cosechados por los mismos sectores agropecuarios que atacaron su política económica. Dichos sectores fueron los que, durante el régimen militar anticomunista que sucedió a la caída de Isabel Perón, impulsaron esta estrategia exportadora, convirtiendo a la Argentina en el principal proveedor de cereales del mercado soviético. (7) 
    Identificado plenamente con el anticomunismo del ministro de Bienestar Social y acérrimo enemigo del ministro de Economía Gelbard, el canciller Vignes hizo todo lo posible por paralizar los convenios con los países socialistas gestados por el titular de la conducción económica. De esta manera, las relaciones con la Unión Soviética y los países socialistas del Este ingresaron en una impasse que se quebró recién a partir de la asunción del régimen militar en marzo de 1976. El único contrato importante concretado entre ambos países fue la compra por parte de la URSS, en septiembre de 1975, de 250.000 toneladas de maíz y sorgo y 750.000 de trigo, operación que fue producto de la escasez rusa y de la urgente necesidad de divisas por parte de la economía argentina. Las autoridades argentinas, en cambio, no ratificaron (esto ocurriría recién en 1978) el acuerdo suscripto entre Agua y Energía de la Argentina y la firma soviética Technopromexport para la asistencia técnica en los trabajos de exploración y diseño del complejo hidroeléctrico del Paraná Medio. También cabe señalar la actitud indiferente de la Cancillería argentina ante la gira latinoamericana del embajador Semion C. Tsarapkin, enviado especial del canciller soviético, Andrei Gromyko. En julio de 1975, en su escala en Buenos Aires, Tsarapkin trató con Vignes y otros funcionarios del Palacio San Martín las consecuencias para el TNP del tratado firmado entre Alemania Occidental y Brasil sobre la construcción de un reactor nuclear, y el tema de los derechos del mar, donde los gobiernos de la Argentina y la URSS tenían criterios diferentes (12 millas de soberanía y hasta 200 millas de zona económica en el primer caso; 12 millas en el segundo). Pero Tsarapkin no pudo lograr ningún resultado concreto de sus contactos. (8)

  1. Ver al respecto el trabajo de Mario Rapoport y Claudio Spiguel, Estados Unidos y el peronismo. La política norteamericana en la Argentina: 1949-1955, Buenos Aires, GEL, 1994, especialmente los capítulos IV a VII, donde hace referencia a los convenios comerciales con la URSS y países del Este europeo como parte de una “política de regateo” que buscaba aumentar el margen de maniobra externo de la Argentina respecto de Estados Unidos.

  2. C. Uriarte, op. cit., pp. 69-70.

  3. Para detalles sobre la misión Gelbard a la URSS y países de Europa del Este y sus implicaciones económicas y políticas, ver M. Seoane, op. cit., pp. 332-340; J.A. Lanús, op. cit., vol. I, pp. 107-108, e I. Gilbert, op. cit., pp. 292-298. La mayor parte de los medios de prensa y revistas otorgaron a la misión comercial al Este un enorme significado político, percibiéndola como un ejemplo de política exterior independiente. Resulta curioso que tanto La Opinión -dirigida por Jacobo Timmerman, socio y amigo de Gelbard- como Las Bases -representativa de la ortodoxia sindical- elogiaran la misión comercial encabezada por el titular de Economía. Pero vale aclarar que aunque la figura de Gelbard despertara oposición en el ámbito sindical, su misión al Este contó con el aval de Perón. Ver “A la búsqueda del tiempo perdido”, Las Bases, Nº 92, 30 de abril de 1974, p. 19; “Argentinos y soviéticos califican a los acuerdos firmados ayer en Moscú como un hecho histórico”, La Opinión, 8 de mayo de 1974, p. 1; “Abriendo el mundo (lo que fuimos a buscar y lo que conseguimos)”, por el embajador Leopoldo H. Tettamanti (secretario de Relaciones Económicas y Comerciales Internacionales), Extra, Año IX, Nº 108, junio de 1974, pp. 43-45, y “Gelbard confiesa”, por Roque Escobar, Las Bases, Nº 108, 27 de agosto de 1974, p. 5. También “Argentina seen becoming Soviet Bloc Industry Base”, by Joseph Novitski, The Washington Post, June 9, 1974, G7, fuente inserta en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, carpeta URSS 3.1.

  4. La  Comisión Mixta Argentino-Soviética tenía un elemento a favor y uno en contra. Su ventaja era la de ser un mecanismo que aseguraba la continuidad de las relaciones argentino-soviéticas al permitir el intercambio de información, la coordinación de actividades y el control de la marcha de los convenios ya concertados. El inconveniente radicaba en que los miembros de esta Comisión no tenían autoridad efectiva para establecer compromisos directos firmando convenios, acuerdos o contratos. La falta de autoridad de los miembros de la Comisión Mixta Argentino-Soviética terminó siendo un problema para la continuidad de los vínculos bilaterales, pues los acuerdos tropezaron, del lado argentino, con las demoras burocráticas para ratificarlos y los vaivenes políticos vinculados a las mismas. Aldo Vacs, Los socios discretos. El nuevo carácter de las relaciones internacionales entre la Argentina y la Unión Soviética, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1984, pp. 54-55. 

  5. El comunicado conjunto subrayó la necesidad de profundizar el intercambio comercial y tecnológico bilateral, especialmente en lo referente al aporte argentino de cereales, carnes, frutas, vinos y productos industriales al mercado soviético, y el de tecnología de la URSS para los emprendimientos hidroeléctricos argentinos. Ver texto comunicado conjunto argentino-soviético, Buenos Aires, 10 de mayo de 1974, folios 1-7, RESERVADA, Embajada de la República Argentina en Moscú, Nº 130, Embajador Torcuato A. Sozio al canciller Alberto J. Vignes, Moscú, 14 de mayo de 1974, Asunto: Misión Económica Argentina en URSS, folios 1-10; “L.I. Brezhnev recibe al ministro de Economía de Argentina J. Gelbard”, Pravda, 6 de mayo de 1974; “N. V. Podgorni recibe al ministro de Economía de Argentina J. Gelbard”, Pravda, 7 de mayo de 1974; cables varios de la agencia TASS; entrevista al ministro Gelbard en editorial “URSS-Argentina: buenas perspectivas”, interviú publicado en Izvestia, 8 de mayo de 1974; “Las negociaciones han terminado”, Pravda, 8 de mayo de 1974; y “Partida de la delegación gubernamental de Argentina”, Pravda, 9 de mayo de 1974, fuentes ubicadas en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación, carpeta URSS 3.1. 

  6. Vale señalar varias cosas respecto de esta participación soviética en el proyecto de Salto Grande. Primero, era la primera vez que una firma de origen soviético se presentaba a una licitación internacional aceptando reglas de juego establecidas en base a la tecnología occidental. Segundo, como el proyecto de Salto Grande fue financiado parcialmente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM), éste también fue el primer caso en que concurrían en un mismo proyecto fuentes de financiamiento de organismos internacionales occidentales y de la URSS. Tercero, el contrato firmado con la firma soviética Energomashexport establecía cláusulas ventajosas para la Argentina en cuanto a condiciones de financiamiento: incluso parte de las cuotas de pago de las maquinarias podrían ser cubiertas con productos de exportación argentinos y uruguayos en una proporción del 70% y el 30% respectivamente. Ver al respecto A. Vacs, op. cit., pp. 52-53. También A. Vacs, “El nuevo carácter de las relaciones argentino-soviéticas”, en Augusto Varas (editor), América Latina y la Unión Soviética: una nueva relación, Buenos Aires, GEL, 1987, p. 120, y M. Seoane, op. cit., pp. 324-325. También el editorial “La URSS y Salto Grande”, Clarín, 3 de mayo de 1974, p. 10.

  7. M. Seoane, op. cit., pp. 337-340.

  8. A. Vacs, Los socios discretos..., op. cit., pp. 60-61, y A. Vacs, “El nuevo carácter de las relaciones argentino-soviéticas...”, op. cit., p. 120; “Ante la indiferencia de la Cancillería sobre el tema. Tsarapkin expresó la preocupación soviética por el acuerdo nuclear germano-brasileño”, La Opinión, 18 de julio de 1975, p. 7.

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