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La política exterior del gobierno de Cámpora compartió con la de los gobiernos militares de la Revolución Argentina el rechazo a los esquemas supranacionales de integración regional como obstáculos al objetivo prioritario del desarrollo nacional. Así, en el mensaje ante los miembros de la Asamblea Legislativa, el 25 de mayo de 1973, el presidente Cámpora sostuvo que:

(...) La integración regional es el instrumento para promover aceleradamente las zonas rezagadas del interior, eliminando injustas diferencias en los niveles de vida y erradicando el subconsumo, la desocupación y la falta de posibilidades que genera la despoblación del interior del país (...).

Asimismo, en este mensaje, el presidente sostuvo la idea de una integración continental como una estrategia que debía reforzar -y no debilitar- las autonomías nacionales, y colocó como paradigma el modelo de integración del Pacto Andino:

(...) Somos partidarios fervorosos de la integración. Pero de una integración autonomizante, que amplíe los horizontes nacionales con el objeto de aumentar el potencial y el poder de decisión y de negociación de los Estados componentes. De ninguna manera estamos por la integración satelizante, fundamentalmente comercialista, que sólo persigue el propósito de crear un mercado ampliado que aumente el poder de decisión de los oligopolios y por lo tanto acreciente la dependencia y la penetración imperialista.
La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio debería adecuarse a la nueva óptica que orientará, en este campo, la acción de mi gobierno, tanto más justificada cuanto que muchos Estados latinoamericanos sustentan esta concepción voluntarista. En particular y debido a las carencias de la ALALC, los países hermanos del Pacífico se han comprometido en un programa integrativo de auténtica Liberación.
Aspiran, y han comenzado a concretar, una unión económica que no sólo supone la supresión de las restricciones al comercio y a la movilidad de los factores de producción, sino la adopción de políticas comunes como son las correspondientes a inversiones extranjeras, licencias, patentes, marcas y regalías. Mi gobierno prestará el máximo apoyo a esta histórica iniciativa y propondrá a los países hermanos del Acuerdo de Cartagena fórmulas adecuadas y libremente pactadas para establecer una íntima vinculación con la Argentina.
En el Programa de la Cuenca del Plata, nuestra política exterior seguirá las mismas pautas. Es nuestro íntimo deseo, que esperamos ver compartido por los demás países hermanos interesados, que constituya un proyecto de auténtico desarrollo y promueva la utilización óptima de la riqueza inconmensurable de la región. Sólo de esta forma se convertirá también en una empresa fraterna de Liberación solidaria.
Dentro de esta perspectiva, el Acuerdo de Nueva York así como otros compromisos asumidos en el seno de la Cuenca del Plata sólo han servido para desviar al Programa de este único y magno propósito que lo justifica. (...) (1)

De esta manera, la amalgama de las ideas nacionalistas de Puig con las de los sectores de izquierda dentro del peronismo dio por resultado un perfil dotado de un fuerte tinte antiimperialista, anti-liberal, y por ende anti-ALALC y pro-Pacto Andino. Dos decisiones significativas fueron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba y la denuncia del Acuerdo de Nueva York con Brasil. 
    Durante la gestión de Perón, hubo temas de la agenda regional que registraron continuidad con los gobiernos anteriores de Cámpora y Lastiri. Entre éstos podemos mencionar la presión para obtener el reingreso de Cuba a la OEA y las vinculaciones comerciales con la isla del Caribe, y el respaldo a las demandas panameñas respecto del canal en poder de Estados Unidos -expresado a través de la declaración conjunta de los presidentes Juan Perón y Omar Torrijos en enero de 1974-.
   
No obstante, también se registraron casos de “ajuste”, especialmente en las relaciones con los países vecinos. Ello se debió a la irrupción en éstos de regímenes militares (Chile) o cívico-militares con orientación anticomunista (Uruguay), casos que junto a las dictaduras anteriormente existentes de Brasil, Paraguay y Bolivia, conformaban un verdadero “cerco” que aislaba al único gobierno democrático del Cono Sur en ese momento: el de la Argentina. A esta situación se sumaba la acción de la diplomacia brasileña, que procuraba atraer bajo su órbita a los países chicos de la subregión -Paraguay, Bolivia Uruguay- por medio de acuerdos y emprendimientos hidroeléctricos. Perón procuró romper ese cerco y conseguir un equilibrio en la Cuenca del Plata con las mismas armas utilizadas por Itamaraty: convenios económicos y obras energéticas. (2) Al efecto, el presidente designó a Félix Herrero como responsable de los tres grandes proyectos hidroeléctricos, el de Yacyretá -en el río Paraná-, Salto Grande -en el río Uruguay- y Corpus -en el río Paraná-, con la expresa orden de “ganar el tiempo perdido” y abandonar la “guerra de los papeles”. (3)  
    Por cierto, esta política de “hacer obras” no excluyó el uso de los foros multilaterales -ONU, Movimiento de Países No Alineados- para conseguir adhesiones al principio de “consulta previa” y poder aplicarlo en los ríos de curso compartido de la Cuenca del Plata, a fin de frenar el avance unilateral brasileño. (4)  
    Por su parte, durante la gestión de la presidente Isabel Perón se enfriaron notablemente las relaciones con los países latinoamericanos con posiciones izquierdistas, “críticas” de la política regional norteamericana, como Cuba, México, Venezuela y Perú, entre otros. Influida por el entorno lopezrreguista y por el canciller Vignes, la presidente Isabel no retribuyó la visita a Buenos Aires efectuada por el presidente mexicano Luis Echeverría. Asimismo, Isabel canceló su participación en la reunión de presidentes de Ayacucho, convocada por el régimen izquierdista peruano del general Juan Velasco Alvarado. También se malogró el ingreso de la Argentina al Pacto Andino, una medida enfáticamente anunciada por el canciller Puig, el mismo día de la asunción de Cámpora, y que Perón y Gelbard incluyeron en sus negociaciones con los países de la región. En abierta oposición a las gestiones anteriores, el canciller Vignes llegó a definir el ingreso argentino al Pacto Andino como una “cuestión secundaria”. (5) 
    En el caso de México, la frialdad de los vínculos bilaterales entre ambos gobiernos se expresó en el pobre saldo de la visita del presidente Luis Echeverría a Buenos Aires en julio de 1974: un comunicado conjunto, de un alto contenido retórico, que expresaba la común vocación tercermundista de la Argentina y México y el mutuo compromiso de un mayor acercamiento a los países del Pacto Andino y de futura concertación de políticas en pos de un Mercado Común Latinoamericano. (6) El mal clima por el que atravesaron las relaciones diplomáticas se agravó aún más por la aplicación que las autoridades mexicanas hicieron del derecho de asilo, al proteger en su territorio a residentes argentinos que huyeron de las acciones de la Triple A. Tales fueron los casos de  Rodolfo Puiggrós, comunista integrado al FREJULI y ex rector de la UBA durante el gobierno de Cámpora; de Raúl Laguzzi, su sucesor en el cargo; y del propio ex presidente Cámpora. Refiriéndose en particular a la situación de Puiggrós y Laguzzi, el ministro del Interior argentino, Antonio Benítez, sostuvo ante la embajada de México en Buenos Aires la inconveniencia de aplicar el derecho de asilo, dado que en ninguno de los dos casos existía persecución policial ni orden alguna que les impidiera la salida del país. (7)  
    Como en el caso de México, las relaciones con Venezuela entraron en una fase de progresiva parálisis a partir de la muerte de Perón. Evidenciaron esta tendencia, entre otros hechos, las quejas del titular de Coordinación y Planificación venezolano Gumersindo Rodríguez, acerca del mal trato que recibió de las autoridades argentinas en su visita a Buenos Aires, preparatoria de una futura visita del presidente Carlos Andrés Pérez. Esta, ante los negativos informes de Rodríguez, nunca llegó a concretarse. (8) 
   
Frente al progresivo enfriamiento de los vínculos con los países de la región que adoptaban posiciones “críticas” hacia Estados Unidos (Cuba, México, Venezuela, Ecuador, integrantes del Pacto Andino), el canciller Vignes acentuó el acercamiento con los países del Cono Sur con gobiernos derechistas, ya iniciado durante el gobierno de Perón. Pero esta tendencia tuvo un sentido distinto en uno y otro gobierno. Durante la gestión de Vignes como canciller del líder justicialista, el acercamiento al Cono Sur estuvo vinculado a la percepción realista de Perón de contar con socios económicos que contrarrestaran el avance geopolítico brasileño. Es decir, el acercamiento tuvo un contenido geopolítico y pragmático. En cambio, durante la gestión de Vignes como canciller de la presidente Isabel, el acercamiento a los regímenes derechistas del Cono Sur tuvo un contenido ideológico, vinculado al común credo anticomunista de la derecha lopezrreguista y de estas dictaduras. Asimismo, el acercamiento al Cono Sur también estuvo vinculado al intento argentino por convertirse en una especie de “intermediario” entre Estados Unidos y los países de la región, objetivo que podía cumplir mejor acercándose a los interlocutores moderados. La diplomacia argentina apuntó así a conformar una alianza ideológica con Chile, Bolivia y Uruguay, que contrarrestara el protagonismo regional adquirido por Venezuela, Perú y Ecuador en su rechazo al Trade Bill, o el de Brasil en su “relación especial” con Estados Unidos. (9)

  1. Texto del mensaje del presidente Cámpora ante la Asamblea Legislativa, citado en La Opinión, 26 de mayo de 1973, p. 4. También en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Senadores año 1973, Tomo I, op. cit., Sesión de Asamblea, p. 25.

  2. En Chile, el golpe militar de septiembre de 1973 derrocó al izquierdista Salvador Allende e instaló la dictadura del general Augusto Pinochet Ugarte. En Uruguay el presidente colorado José María Bordaberry enfrentó el problema de los guerrilleros tupamaros y la falta de estabilidad política recurriendo al apoyo de las fuerzas armadas en 1973, año en que se creó el Consejo Nacional de Seguridad, órgano ejecutivo conformado por civiles y militares y formalmente presidido por Bordaberry. En Paraguay, la dictadura de Alfredo Stroessner gobernó los destinos del país con sucesivas reelecciones desde el golpe de 1954 hasta 1989, cuando fue depuesto por el general Andrés Rodríguez. En Bolivia, el golpe de 1971 derrocó al gobierno izquierdista del general Torres e instaló en el poder al derechista general Hugo Banzer, quien se mantuvo como presidente hasta las elecciones de 1978, en las que nuevamente triunfó un candidato izquierdista, Siles Suazo. En Brasil, un régimen militar venía gobernando desde el golpe de estado de 1964. Respecto de la percepción de Perón del “cerco” subregional de países vecinos pro-brasileños rodeando a la Argentina, ver Miguel Angel Scenna, Argentina-Brasil. Cuatro siglos de rivalidad, Buenos Aires, La Bastilla, 1975, pp. 408-409, y C.J. Moneta, “La política exterior del peronismo”, op. cit., p. 86. Para José María Vásquez Ocampo, esta percepción de Perón del “cerco” estuvo vinculada al temor de la recreación de un eje Chile-Brasil que dejara aislada a la Argentina. José María Vásquez Ocampo, “Una década de política exterior argentina (1973-1983): De las tentativas autonómicas a la dependencia consentida”, Buenos Aires, Tesis de Maestría de FLACSO, 1988, p. 21. Este diagnóstico de Perón y de los sectores nacionalistas de un desequilibrio subregional en favor de Brasil fue compartido por los dirigentes Montoneros, quienes hicieron una lectura del “cerco” de países vecinos con regímenes de derecha como fruto de un proyecto del imperialismo norteamericano y su aliado en el Cono Sur, Brasil. Dicha “cerco” habría sido orquestado por la CIA y sus aliados (como López Rega) para detener los procesos revolucionarios de izquierda en América latina. En la lectura de los dirigentes montoneros, el “cerco yanqui-brasileño” frenaría el proceso revolucionario argentino y pondría el equilibrio subregional en favor de los intereses brasileños, a pesar de los esfuerzos de Perón por revertir esta situación a través de los convenios con Chile, Uruguay y Paraguay. Ver “Antes de que sea demasiado tarde”. Una propuesta para la unidad Nacional. Roberto Quieto de la Conducción Nacional de Montoneros. Mayo de 1974”, Noticias, 28 de mayo de 1974, en R. Baschetti (comp.), De Cámpora... Documentos 1973-1976, op. cit., vol. I, pp. 617-618. Ver también plan continental de la CIA para detener la revolución en Latinoamérica en editorial “Movimientos de Sacerdotes por el Tercer Mundo. Hechos revolucionarios producidos gracias a las condiciones creadas por el marco legal del nuevo gobierno popular”, Militancia, Año 1, Nº 13, 6 de septiembre de 1973, p. 31.

  3. J.A. Lanús, op. cit., vol. II, p. 27.

  4. A fines de 1973 la repercusión en los países árabes de las declaraciones de Perón contra el Pentágono norteamericano, por lo que el líder justicialista llamó “política de desmoralización de los políticos latinoamericanos”, llevó a un masivo apoyo árabe a la tesis argentina de la consulta previa en el aprovechamiento de los recursos naturales. O. Duarte Pereira, op. cit., pp. 256 y 264.

  5. Ver al respecto los trabajos de J.C. Puig, “La política exterior argentina...”, op. cit., pp. 151-152, y C.J. Moneta, “La política exterior del peronismo...”, op. cit., pp. 93, 94 y 96; también el editorial “La política externa del país ingresaría en una etapa de reacomodación”, El Cronista, 13 de mayo de 1975, p. 1. Definición de Vignes de la adhesión al Pacto Andino como “una cuestión secundaria” en “Desde Washington, especial para “Las Bases”. Reportaje a nuestra política exterior”, Las Bases, Nº 150, 2 de juio de 1975, pp. 28-34.

  6. Durante su visita, Luis Echeverría también se entrevistó con los dirigentes de las Juventudes Políticas argentinas, entre ellos Guillermo Beltrami (del FREJULI) y Marcelo Stubrin (de la juventud radical). En esta reunión estuvieron presentes los diputados de la JP Leonardo Bettanin y Miguel Zavala Rodríguez, acendrados críticos del lopezrreguismo. Pero a pesar de la propaganda que los medios vinculados a la izquierda otorgaron a la visita del mandatario mexicano, la misma pasó sin pena ni gloria. “La Cancillería y la UNBA honran al huésped. La Presidente aceptó la invitación de Echeverría para visitar México”, La Opinión, 20 de julio de 1974, p. 1. También “Se entrevista Echeverría con la presidenta de Argentina María Estela Martínez”; ”Reúnense presidentes de México y Argentina” y “Firman una declaración conjunta presidentes de México y Argentina”, Granma, La Habana, 20 de julio de 1974, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación, carpeta Cuba 1.2. “Dijo Echeverría a las juventudes políticas argentinas. “Ustedes son la nueva argentina””, La Causa Peronista, Año 1, Nº 3, 23 de julio de 1974, p. 25.

  7. Sin embargo, Rodolfo Puiggrós realmente figuraba en la “lista negra” de la Triple A, por lo cual sus temores resultaban justificados. En el caso de Laguzzi, un atentado de la Triple A contra su persona mató a su hijo en septiembre de 1974, razón que por sí misma justificaba la invocación al derecho de asilo. Ambos partieron para exiliarse en territorio azteca a fines de ese mismo mes de septiembre. “Ante el asilo concedido a Puiggrós. La Cancillería manifiesta no entender la decisión mexicana” y “La respuesta argentina”, La Opinión, 25 de septiembre de 1974, p. 28; “Laguzzi pidió asilo en México”, La Opinión, 28 de septiembre de 1974, p. 1, y “La nueva ley pondrá fin a la escalada subversiva. Según Benítez, los hechos de violencia están dirigidos desde fuera del país” y “Los esposos Laguzzi viajaron a México como asilados políticos”, La Opinión, 29 de septiembre de 1974, pp. 8 y 14.

  8. En abril de 1975, Rodríguez inició gestiones con el canciller Vignes y con el ministro de Economía Alfredo Gómez Morales, conducentes a preparar la visita del primer mandatario venezolano a la Argentina. Tropezó, sin embargo, con una serie de gestos que evidenciaban mala voluntad del lado argentino, entre ellos, que un funcionario de tercera categoría (y no el propio canciller Vignes) lo recibiera en Ezeiza y que nadie del gobierno argentino pagara su estadía en el hotel. Como consecuencia del frío trato recibido, la visita de Andrés Pérez quedó sin fecha, no obstante las desmentidas del canciller Vignes al respecto. ”A pesar de la desmentida de Vignes. La visita del presidente venezolano no tiene fecha”, La Opinión, 27 de abril de 1975, p. 24.

  9. Ver editoriales “Se insinúa una nueva orientación en la política exterior argentina”, El Cronista, 25 de enero de 1975, p. 2; y “La política externa del país ingresaría en una etapa de reacomodación”, El Cronista, 13 de mayo de 1975, p. 1.

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