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Las relaciones con los países de América Central

 Como se ha visto en el apartado de las relaciones con Estados Unidos, la intervención argentina en América Central se inició en 1976, y consistió en entrenar, armar y financiar a los contrarrevolucionarios nicaragüenses y asesorar en técnicas de lucha antisubversiva a los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala.
   
En relación a Nicaragua, el régimen de Videla se opuso a la propuesta venezolana de condena al régimen derechista de Anastasio Somoza. Para ello, invocó el principio de no intervención, como lo demostró en ocasión de la votación de un proyecto de resolución en la OEA a fines de octubre de 1978. 
   
Una vez derribado el régimen somocista, el gobierno militar argentino proporcionó ayuda militar, entrenamiento e información de inteligencia a las fuerzas del ex dictador, que resistieron la llegada del Frente Sandinista al gobierno a partir de 1979. Aunque la ayuda argentina fue de carácter encubierto -con el objetivo de evitar una ruptura diplomática entre los gobiernos argentino y nicaragüense-, lo cierto fue que los miembros de la Junta Sandinista llegaron a conocer la conexión argentina con los somocistas. En una conferencia de prensa internacional de julio de 1979 en Managua, miembros de la Junta Sandinista hicieron una referencia a la venta de armamentos por parte del gobierno militar argentino, al sostener que las autoridades revolucionarias nicaragüenses “honrarían” todas las deudas contraídas por el régimen somocista (1600 millones de dólares), “excepto 5179 millones de dólares correspondientes a la compra de armas (por parte del ex dictador Somoza) a los gobiernos de Argentina e Israel”. (1)  
    Por su parte, en el área centroamericana, el presidente Viola y su canciller Camilión defendieron el mantenimiento del statu quo, entendido a la vez como defensa del principio de no intervención y como medio para evitar que una radicalización de los procesos políticos internos en la subregión alterara no sólo la estabilidad en América Central sino la del “proyecto nacional argentino actualmente en marcha”. Particularmente, esta posición argentina se tradujo en un “apoyo político, moral y económico” al gobierno salvadoreño de José Napoleón Duarte, enfrentado con los movimientos izquierdistas del Frente Nacional Farabundo Martí (FMLN) y del Frente Democrático Revolucionario (FDR), formados en 1980. (2) Así, el 5 de junio de 1981, el gobierno de Viola extendió un préstamo de 15 millones de dólares al régimen de Duarte, con el propósito de financiar la adquisición de productos elaborados, servicios técnicos, plantas industriales y obras con el sistema “llave en mano”, provenientes de la Argentina. (3)
   
Por otra parte, el 2 de septiembre de 1981 la Argentina firmó junto a Bolivia, Colombia, Chile, Guatemala, Honduras, Paraguay, República Dominicana y Venezuela la Declaración de Caracas, en la que se criticó abiertamente el contenido de la Declaración Franco-Mexicana del 28 de agosto de 1981 -que reconocía al FMLN/FDR como “fuerza política representativa” en el conflicto salvadoreño-. Para la delegación argentina, este reconocimiento era una forma encubierta de intervención interna en los asuntos de un estado soberano. (4)  
    No obstante la posición oficial favorable a mantener el statu quo en la región centroamericana, los “halcones” del Ejército, liderados por el comandante en jefe del arma, general Leopoldo Fortunato Galtieri, decidieron incrementar su compromiso en América Central, lo cual incluyó tanto envío de armas como asesoramiento en técnicas de lucha antisubversiva. Un indicio de esa voluntad de participar fueron las palabras del secretario general del Ejército, general Alfredo Saint Jean, quien sostuvo en marzo de 1981 que

(...) hemos ofrecido nuestro asesoramiento en esa lucha (del régimen de El Salvador) contra la guerrilla) que también sufrimos nosotros en otra oportunidad (...) a todos los países amigos que coinciden con nuestro estilo de vida estamos dispuestos a ofrecerles nuestra colaboración(...). (5)

Así, a fines del gobierno de Viola, llegó a haber 38 coroneles argentinos alojados en un piso del Hotel Maya de Tegucigalpa, capital de Honduras. La razón de la presencia de estos oficiales argentinos era su colaboración en el entrenamiento de 9000 “contras” nicaragüenses que operaban desde territorio hondureño. Incluso dos asesores argentinos participaron activamente en la reforma de los planes de estudio de las Fuerzas Armadas hondureñas. La participación argentina en el entrenamiento de tropas en el área centroamericana fue confirmada también por las declaraciones del jefe de Operaciones de la Fuerza Democrática Nicaragüense, Denis Pineda, de que él y otros 22 oficiales militares recibieron instrucción en materia de lucha antisubversiva por parte de sus colegas argentinos durante el año 1981. (6)  
    El afán intervencionista del comandante en jefe del Ejército Galtieri en los sucesos internos de América Central se manifestó asimismo durante la Decimocuarta Conferencia de Comandantes en Jefe de los Ejércitos Americanos celebrada en Washington, a principios de noviembre de 1981. En este foro, que se centró en la forma de contener los fenómenos de insurgencia izquierdista, Galtieri respaldó en forma entusiasta el plan de contención de la estrategia cubano-soviética en América Central presentado por el representante de El Salvador, el ministro de Defensa coronel José Guillermo García. García propuso una alianza entre los ejércitos de su país y los de Honduras y Guatemala, que contaría con la asistencia norteamericana y de otros países de la región. (7) 
    Por cierto, el involucramiento militar argentino en la subregión centroamericana, iniciado en 1976, alcanzó su máxima expresión durante el gobierno de Galtieri, al menos hasta la crisis de Malvinas desatada en abril de 1982. (8) En este contexto, el 19 de marzo de 1982, dos “halcones”, el general Suárez Mason y el ex jefe de la Policía de Buenos Aires, general (RE) Ramón Camps, crearon la empresa SMC S.A., cuyo objetivo fue precisamente vender armas a los elementos contrainsurgentes de América Central. (9) A su vez, el 8 de abril de 1982, el presidente Galtieri y sus ministros de Relaciones Exteriores, Nicanor Costa Méndez; de Defensa, Amadeo Frúgoli, y de Economía, Roberto Alemann, firmaron un decreto -el presidencial secreto 721- por el cual se autorizaba a Fabricaciones Militares a venderle armas y municiones al régimen derechista salvadoreño del mayor Roberto D’Abbuison. (10)  
    Como consecuencia de la intervención argentina en la “guerra sucia” de América Central, el embajador argentino en Honduras, Arturo Ossorio Arana, fue reiteradamente amenazado de muerte a través de cartas y llamadas telefónicas, debido a que, para muchos hondureños, el diplomático participaba en las operaciones encubiertas de los militares argentinos. Asimismo, en abril de 1982, la agrupación “Fuerzas Populares Lorenzo Zelaya” lanzó dos bombas contra la embajada argentina en Tegucigalpa. (11)  
    Por cierto, la participación argentina en Centroamérica no se limitó meramente al plano de la ayuda militar y de entrenamiento antisubversivo a elementos anticomunistas. También se registró un frustrado esfuerzo por organizar una coalición política de opositores al gobierno sandinista de Nicaragua. Así, de acuerdo con un informe del Miami Herald citado por Rogelio García Lupo en su trabajo Diplomacia secreta y rendición incondicional, se menciona que los militares argentinos condicionaron la entrega de 100.000 dólares destinados a la compra de armas y equipos para los exiliados nicaragüenses a un acuerdo entre las fuerzas políticas antisandinistas Unión Democrática Nicaragüense (UDN) y Legión 15 de Septiembre. (12)  
    El estallido de la guerra de Malvinas y, muy especialmente, la posición asumida por Estados Unidos en el conflicto angloargentino, alteraron la participación argentina en América Central, que como sabemos contaba con la venia de Washington. Así, durante la coyuntura bélica, un miembro de la Junta nicaragüense, Sergio Ramírez, declaró que “Argentina retiró a los asesores militares que envió a América Central”. (13) Sin embargo, el  shock de la derrota en Malvinas no implicó un completo abandono del compromiso militar en la región, como lo evidenciaron los acuerdos firmados por el sucesor de Galtieri en la presidencia argentina, general Reynaldo Bignone, proporcionando ayuda financiera a los gobiernos militares de Guatemala, Honduras y El Salvador. (14) 
    Asimismo, la revista Newsweek del 8 de noviembre de 1982 aclara que alrededor de 20 asesores militares argentinos aún actuaban en Honduras después del conflicto de Malvinas. De manera coincidente, Steve C. Ropp sostiene que a mediados de 1983, aproximadamente 12 militares argentinos entrenaban a los “contras” desde Honduras. La revista argentina Humor, Nº 118, también cita documentos que prueban el envío de un importante cargamento de armas -de un valor de 10 millones de dólares- a Honduras. Este envío partió de la Argentina el 7 de noviembre de 1983 (es decir, 33 días antes de que asumiera el poder el presidente Raúl Alfonsín). Estos ejemplos evidencian la persistencia de enfoques globalistas y geopolíticos de contención del comunismo a pesar de la frustración con que los militares argentinos percibieron la actitud adoptada por Washington durante la guerra de Malvinas. (15)

  1. Ver respecto de la vinculación entre el gobierno de Videla y el régimen de Somoza los trabajos de Roberto Russell y Juan G. Tokatlian, “Argentina y la crisis centroamericana (1976-1985)”, FLACSO, Documentos e Informes de Investigación Nº 36, Buenos Aires, abril de 1986, pp. 6 y 42, nota 8; y de D. Santoro, op. cit., p. 18.

  2. Entrevista de Enrique Alonso a Oscar Camilión, op. cit., p. 38. Ver también R. Russell y J.G. Tokatlian, op. cit., pp. 9-10. Acerca del Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí (FMLN) y del Frente Democrático Revolucionario (FDR) consultar el trabajo de G. Pope Atkins, América Latina en el sistema político internacional,  Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1991, pp. 225-226.

  3. Este crédito fue otorgado por el gobierno argentino, quien además firmó con el salvadoreño un convenio comercial y otro de cooperación científica y tecnológica. Ver “Argentina y El Salvador firmaron dos convenios”, Convicción, 6 de junio de 1981, p. 7.

  4. R. Russell y J. Tokatlian, op. cit., p. 10. Declaración conjunta de los cancilleres de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Guatemala, Honduras, Paraguay, República Dominicana y Venezuela rechazando la declaración franco-mexicana de reconocimiento a la guerrilla de El Salvador, Convicción, 3 de septiembre de 1981, pp. 12-13.

  5. “Ayuda de nuestro país a El Salvador”, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 19 de marzo de 1981, pp. 1 y 5.

  6. D. Santoro, op. cit., p. 21; también editorial “En un campamento ‘contra’ ”, Somos, Nº 538, 14 de enero de 1987, p. 6.

  7. “Los ejércitos de América y la acción contra el marxismo”, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 4 de noviembre de 1981, pp. 1 y 4; “Coincidencia de opiniones”, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 5 de noviembre de 1981, p. 4; “Enfrentar la subversión”, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 7 de noviembre de 1981, p. 5, y “Alianza continental definida”, por Sergio Cerón, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 11 de noviembre de 1981, p. 2.

  8. En el trabajo de R. Russell y J. Tokatlian, op. cit., p. 43, notas 17 y 18, se citan las siguientes fuentes respecto de la intervención argentina en los distintos países centroamericanos: “Argentines Reported to Train Salvadoran Officers”, The New York Times, 2 de diciembre de 1981, p. A15; “Destabilization Process Accelerates in Nicaragua with Polt Disclosures”, Latin American Weekly Report, 12 de enero de 1982, p. 1; “Argentina Hovers on the Brink of Central American Adventure”, Latin American Weekly Report, 12 de febrero de 1982, pp. 1-2; Don Oberbrfer y Patrick E. Tyler, “Reagan Backs Action Plan for Central America”, The Washington Post, 14 de febrero de 1982, pp. 1 y A4; “U.S. in Central America: Helper or Hegemonist?”, South, Nº 16, febrero de 1982, pp. 19-21; Saul Landau y Craig Nelson, “Destabilizing Nicaragua: The CIA Rides Again”, The Nation, 6 de marzo de 1982, p. 1; “Argentina and Brazil: How to See Two Different Worlds”, The Economist, 13 de marzo de 1982, p. 56, y Leslie H. Gelb, “U.S. Said to Plan Covert Action in Latin Region”, The New York Times, 14 de marzo de 1982, p. 1. Respecto del rol argentino en el apoyo a los “contras” en Nicaragua, ver Christopher Dickey, With the Contras. A Report in the Wilds of Nicaragua, New York, Simon and Schuster, 1985. En cuanto al involucramiento de la Argentina en Guatemala ver reportaje de Jeff Stein a Robert White publicado en The Progressive en septiembre de 1981, y reproducido en Stanford Central American Action Network (editor), Revolution in Central America, Boulder, Westview, 1983, p. 123. Por su parte, el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), SIPRI Yearbook. World Armaments and Disarmament, Londres, Taylor and Francis Ltd, 1983, p. 134, cita que en 1982 se gestó un acuerdo entre el régimen militar argentino y el gobierno salvadoreño para la compra de un número indefinido de aviones Pucará del tipo IA-58A (aptos para acciones de contrainsurgencia) y rifles FAL de 7.62 mm. A su vez, la asistencia militar argentina a El Salvador fue reconocida tanto por el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Armada de El Salvador, coronel Rafael Flores Lima, en su visita a Buenos Aires de fines de febrero de 1982, como por el propio secretario de Estado, Alexander Haig, ante la Cámara de Senadores de Estados Unidos el 10 de marzo. Las declaraciones de Haig surgieron como respuesta a las denuncias de Bob Woodward y Patrick Tyler en The Washington Post acerca de un plan de constitución de dos fuerzas paramilitares: una, de 500 latinoamericanos empleados en actividades de comando en la frontera entre Honduras y Nicaragua, y otra, también latinoamericana, de 1000 hombres, entrenada por militares argentinos. Este plan contó con la aprobación de Haig. La molesta revelación de Haig obligó al canciller argentino, Nicanor Costa Méndez, a declarar el 19 de marzo de 1982 que efectivamente las autoridades de Buenos Aires habían dispuesto la venta de armas a El Salvador. Ver al respecto R. García Lupo, op. cit., pp. 180-181; Clarín, 28 de febrero de 1982, y Clarín, 11 de marzo de 1982, cit. en R. Russell, “Las relaciones Argentina-Estados Unidos...”, op. cit., p. 37, nota 55. Asimismo, el editorial “Mucho ruido y pocas nueces”, Somos, Nº 282, 12 de febrero de 1982, pp. 9-10, cita las referencias de los diarios sandinistas acerca de la participación de tropas argentinas en Nicaragua; y el trabajo de O. Cardoso, R. Kirschbaum y E. Van der Kooy, op. cit., p. 47, hace referencia a las denuncias de la cadena ABC norteamericana y del canciller nicaragüense, Miguel D’Escoto, respecto de una “conspiración” de los oficiales militares argentinos para “derrocar” al gobierno sandinista. Asimismo, esta misma fuente, p. 48, citando a Newsweek, revela la existencia de un “plan Charlie” por el cual se proyectó la emergencia de un “Ejército de la Paz panlatinoamericano”, encabezado por la Argentina, que “podría empujar a los izquierdistas (de El Salvador) tierra adentro hacia Honduras, donde el Ejército de ese país los aplastaría en un movimiento de pinzas”.

  9. D. Santoro, op. cit., pp. 33-39.

  10. El decreto presidencial secreto 721 permitió enviar a El Salvador el siguiente cargamento: 4000 fusiles FAL; 6000 fusiles FAL paracaidista; 2000 pistolas Browning; 24.000.000 de cartuchos para estas armas; 25.000 granadas comunes; 4.000 granadas antitanque y 10.000 cartuchos para cañones de 105 milímetros. D. Santoro, op. cit., pp. 39-40.

  11. D. Santoro, op. cit., p. 43.

  12. R. García Lupo, op. cit., pp. 181-182.

  13. Ibid., pp. 182-183.

  14. Ibid., pp. 186-188.

  15. Russell y Tokatlian señalan que la actitud norteamericana en la guerra de Malvinas de apoyo a Gran Bretaña fue un factor que limitó pero no eliminó por completo el compromiso argentino con las fuerzas de contrainsurgencia en la región centroamericana. Así, estos autores se oponen a la interpretación de Luis Maira, quien sostiene que tras la crisis de Malvinas, el gobierno norteamericano “perdió” la ayuda de los militares argentinos. Ver al respecto Luis Maira, “La crisis centroamericana y su contexto externo...”, op. cit., p. 30. R. Russell y J. Tokatlian, op. cit., pp. 43-44, notas 19, 20 y 22, y R. Russell, “Argentina y política exterior del régimen autoritario...”, op. cit., p. 117, nota 44, citan las siguientes fuentes para probar la idea de una continuidad en la participación argentina en Centroamérica: “A Secret War for Nicaragua”, Newsweek, 8 de noviembre de 1982, pp. 42-53; Steve C. Ropp, “National Security”, en Varios autores, Honduras: A Country Study, Washington, U.S. Government Printing Office, 1984, pp. 207-247.

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