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Las relaciones con Brasil

Durante la primera etapa del gobierno de Videla, coincidente con la gestión del general Ernesto Geisel en Brasil (1974 a 1979), se registró un acercamiento bilateral, aunque no exento de conflictos, que tuvo como eje central la mutua convicción respecto de la necesidad de resolver en general el problema de la utilización de los recursos hidroeléctricos en la Cuenca del Plata, y en particular el de la compatibilización de las cotas de la represa hidroeléctrica brasileño-paraguaya de Itaipú, ubicada en Brasil, a escasos kilómetros de la frontera con la Argentina, y la del emprendimiento argentino-paraguayo de Corpus, ubicado sobre el Paraná.
   
Respecto del primer problema, el gobierno de Videla heredó una historia de frustraciones diplomáticas argentinas. Por cierto, los esfuerzos por imponer en los foros multilaterales el principio de consulta previa en los ríos compartidos con otros países fracasaron frente al incontrastable avance unilateral brasileño en materia de emprendimientos hidroeléctricos durante las etapas de la Revolución Argentina (1966-1973) y de los gobiernos peronistas (1973-1976). Esta estrategia de “hacer obras” impulsada por Itamaraty fue parte del modelo “desarrollista” iniciado por el régimen militar de Castelo Branco en 1964, que llegó a su apogeo en la primera mitad de la década de 1970, cuando fue bautizado como el “milagro económico” brasileño.
   
Respecto del segundo problema -la cuestión Corpus-Itaipú-, el gobierno militar argentino percibió que el principio de consulta previa no había logrado frenar Itaipú, y que mientras esta represa era para marzo de 1976 una realidad incontrastable, los emprendimientos hidroeléctricos argentinos de Corpus, Paraná Medio o el aprovechamiento múltiple del río Bermejo eran todavía proyectos. Atendiendo a los reclamos de los sectores “desarrollistas” de las Fuerzas Armadas, el gobierno de Videla intentó imitar el modelo de desarrollo brasileño iniciado en 1964, al menos en lo que respecta a los campos hidroeléctrico, nuclear y petrolero. (1) 
    Decidido a seguir el modelo brasileño y romper con la impasse tanto a nivel de las relaciones con Brasil como en el ámbito de la Cuenca del Plata, el gobierno de Videla adoptó tres importantes medidas. Una de ellas fue el nombramiento de Oscar Camilión como embajador argentino en Brasilia. Por cierto, Camilión era un diplomático de neta extracción “desarrollista”, había jugado un papel crucial en el acuerdo de Uruguayana entre los presidentes Frondizi y Quadros en 1961, y contaba con excelentes relaciones en el medio político brasileño. La otra fue la decisión de continuar con Corpus, factor que constituyó un elemento de presión para que Brasil entrara en negociaciones con la Argentina, debido a la interdependencia entre esta represa y la de Itaipú.  De este modo, a fines de diciembre de 1976 una directiva del presidente Videla creó una Comisión Interministerial para solucionar el problema de Corpus y su compatibilización con Itaipú. Dicha Comisión entregó un informe en febrero de 1977, que aconsejaba una cota alta para Corpus (120 metros) y la realización de negociaciones tripartitas con Brasil y Paraguay. Una tercera medida, que sin estar estrictamente vinculada a la cuestión hidroeléctrica en la Cuenca del Plata tuvo un innegable efecto en las relaciones con Brasil, fue el énfasis puesto por el régimen de Videla en el desarrollo nuclear. Por cierto, el importante status que logró la Argentina en este ámbito a nivel regional fue un elemento adicional de presión para que las autoridades de Brasilia se decidieran en favor de la negociación. Vale recordar que ambos países sufrieron en esta etapa fuertes presiones externas para desactivar sus respectivos planes nucleares, de modo que los sectores militares y la misma diplomacia brasileños percibieron que la cooperación con la Argentina podía ser una forma de no renunciar al desarrollo nuclear e hidroeléctrico. (2)  
    Por el lado brasileño, además de las presiones que representaban la ventaja argentina en materia de desarrollo nuclear y la derivada de la decisión argentina de continuar con el emprendimiento de Corpus, la crisis del “milagro” económico brasileño de principios de los años ‘70, que atentó contra los emprendimientos hidroeléctricos unilaterales, obligó a Itamaraty a buscar alguna fórmula de acuerdo con los gobiernos de la Argentina y Paraguay. También cabe señalar el peso de las presiones norteamericanas sobre el plan nuclear brasileño y de la crisis petrolera como factores estimulantes del acercamiento brasileño a la Argentina. (3)
   
Durante los primeros tres años del Proceso militar argentino, el presidente Videla y el embajador argentino en Brasil Camilión, impulsaron las reuniones tripartitas de cancilleres, con el objetivo de compatibilizar los proyectos de Corpus e Itaipú. Fue el propio Videla quien en marzo de 1977 propuso este esquema de negociación a sus colegas Ernesto Geisel y Alfredo Stroessner, quienes adoptaron una inicial actitud de reticencia antes de aceptar las negociaciones meses después. En los años 1977 y 1978, se registraron cinco reuniones entre los cancilleres de la Argentina, Brasil y Paraguay: dos en 1977 (septiembre y noviembre), y tres en 1978 (marzo, abril y septiembre). (4) 
    Sin embargo, estas negociaciones tripartitas no estuvieron exentas de obstáculos, que provinieron precisamente de las Cancillerías de los tres países, atadas a rígidos preceptos geopolíticos. Así, el Palacio San Martín, bajo la égida de la Armada, demostró poca o nula voluntad de negociar con Itamaraty al insistir en el respeto al principio de consulta previa en ríos de soberanía compartida, como el Paraná. En numerosas ocasiones la Cancillería argentina evidenció gestos de dureza hacia su colega brasileña. Así, a principios de 1977, el canciller César Guzzetti, envió una propuesta de negociación a Itamaraty que, al incluir el principio de consulta previa, fue calificado por su colega Antonio Azeredo da Silveira como “inadmisible”. Asimismo, en mayo de 1978, el nuevo canciller Oscar Montes repitió la estrategia de su antecesor. Envió una nota a sus colegas de Paraguay y Brasil que hacía referencia al carácter indivisible de la Cuenca del Plata y al concepto de consulta previa, hecho que provocó la suspensión de la reunión tripartita de cancilleres prevista para junio de dicho año, a instancias del propio ministro Azeredo da Silveira. (5)  
    Por el lado de Itamaraty, también se adoptaron medidas que procuraron trabar las negociaciones tripartitas o condicionarlas desde una posición de fuerza. Una de ellas, que tuvo lugar en junio de 1977, fue la polémica declaración del canciller da Silveira a los senadores brasileños, en que sostuvo que no pensaba consultar al gobierno argentino en lo referente a la represa de Itaipú. (6) Otro gesto de dureza que partió del titular de Itamaraty, muy comentado y criticado durante el mes de julio de 1977 tanto por los diarios O Globo y Jornal do Brasil de Río de Janeiro y O Estado de Sao Paulo, como por los diarios argentinos, fue el eventual cierre de fronteras brasileñas al transporte argentino, amenaza que finalmente no llegó a concretarse. (7) A su vez, la Cancillería argentina respondió al eventual cierre de fronteras con otra amenaza: la de denunciar el tratado de libre navegación sobre el Río de la Plata firmado entre la Confederación Argentina y Brasil en 1857, factor que, según el diario argentino La Opinión y los diarios brasileños Jornal do Brasil y O Estado de Sao Paulo, forzó a Itamaraty a aceptar la propuesta argentina de iniciar las negociaciones tripartitas hacia principios de agosto de 1977. (8)  
    Por cierto, dos importantes obstáculos en las negociaciones entre la Argentina, Brasil y Paraguay respecto del tema del aprovechamiento de las represas hidroeléctricas de Corpus e Itaipú fueron el de la cota para la primera y el número de turbinas para el funcionamiento de la segunda. En el caso de Corpus, la cota propuesta por los brasileños -105 metros- estaba muy lejos de las pretensiones argentinas -115 o 120 metros-. A pesar de esta dificultad, la cota argentina fue acercándose paulatinamente a la brasileña. Así, el 24 de octubre de 1978, el canciller Montes le hizo saber telefónicamente a su colega brasileño Azeredo da Silveira que el gobierno argentino estaba dispuesto a aceptar una cota de 105 metros para Corpus, a condición de que las turbinas instaladas en Itaipú fueran como máximo 18. (9) 
    Pero seis días después de este llamado telefónico, los gobiernos de Brasil y Paraguay adoptaron la decisión de elevar de 18 a 20 el número de turbinas para Itaipú. Por su parte, la Cancillería argentina reaccionó desconociendo la cota de 105 metros para Corpus. Curiosamente, esta polémica medida no provino del canciller brasileño Azeredo da Silveira -percibido generalmente como un “duro” por los diarios y revistas argentinos- sino de los técnicos brasileños y paraguayos -el ministro de Minas y Energía de Brasil, Shigeaki Ueki; el director brasileño del Ente Binacional Itaipú, José de Costa Cavalcanti; y del lado paraguayo, el presidente de dicho Ente, Enzo Debernardi-. A pesar de los reparos de Itamaraty, la decisión fue adoptada por el presidente Geisel y por el ministro Ueki, motivando un nuevo retraso en las negociaciones tripartitas. (10)  
    No obstante estas dificultades, el 19 de octubre de 1979 el gobierno de Videla logró cerrar años de difíciles negociaciones al firmar con las autoridades paraguayas y brasileñas el Acuerdo Multilateral sobre Corpus-Itaipú. Dicho convenio, firmado en la Ciudad Presidente Stroessner, definió la cota de Corpus en 105 metros sobre el nivel del mar. (11)  
    Varios factores permiten explicar la conclusión de este acuerdo luego de dos años de marchas y contramarchas. Del lado argentino, vale apuntar el convencimiento personal de Videla y de Martínez de Hoz de la necesidad de acercarse al empresariado brasileño como forma de superar el estancamiento económico de la Argentina y emular el llamado “milagro económico” brasileño. Partiendo de una evaluación realista de la enorme brecha de poder existente entre la Argentina y Brasil, tanto el presidente y la diplomacia económica como los sectores ligados al gran capital agropecuario y financiero con redes transnacionales coincidieron en privilegiar la cooperación subregional y los mercados ampliados en lugar de anticuadas hipótesis de conflicto geopolítico. (12) Asimismo, cabe anotar, durante esta segunda etapa de Videla como “cuarto hombre”, que la Marina perdió influencia en la Cancillería, cuya titularidad pasó a manos de un brigadier de la Fuerza Aérea, Carlos Washington Pastor. Cuñado del presidente, el canciller Pastor tuvo un pensamiento más cercano al perfil “pragmático” de Videla y Martínez de Hoz que a la dura tesitura “geopolítica” de sus antecesores Guzzetti y Montes, quienes respondieron a los intereses de la Armada. Este cambio se reflejó en las propias declaraciones de la Cancillería, que calificó como “excelente” al acuerdo de 1979. (13) Finalmente, deben mencionarse por el lado argentino las gestiones del embajador Camilión que contribuyeron a la firma del convenio tripartito. (14) 
    Del lado brasileño, el “giro” de 1979 no sólo puede explicarse, como lo hacen la mayoría de los medios argentinos, por los esfuerzos del embajador Camilión, o por un cambio en las figuras conductoras de la política exterior brasileña -el reemplazo del estilo “duro” del presidente general Ernesto Geisel y del canciller Antonio Azeredo da Silveira por la “flexibilidad” de Joao Baptista de Oliveira Figueiredo y su canciller Ramiro Saraiva Guerrero. Este cambio estuvo primordialmente vinculado con los efectos de la crisis petrolera en el modelo de desarrollo económico brasileño -basado en el combustible barato-. Por cierto, la crisis del “milagro económico” brasileño, incipiente en los años de Geisel, pero ya irreversible durante los de Figueiredo, forzó al último a buscar el acercamiento con la Argentina. (15)  
    No obstante el logro de este convenio tripartito, los sectores nacionalistas “desarrollistas” del lado argentino y brasileño hicieron oír sus reservas ante el mismo. Del lado argentino, acaudillados por el general (RE) Juan Guglialmelli, argumentaron que éste convertía a la Argentina en “socio menor” de un Brasil que en el año 2000 alcanzaría el status de gran potencia en la Cuenca del Plata. Para Guglialmelli, este resultado era inevitable de persistir la política económica liberal del ministro Martínez de Hoz, dado el desfasaje existente entre el potencial industrial de Brasil y el sesgo predominantemente agroexportador de la economía argentina. (16)  
    Asimismo, cinco días antes de la firma del acuerdo tripartito, el almirante (R.E.) Isaac Francisco Rojas, en su carácter de presidente de la “Comisión para la defensa de los intereses argentinos en la Cuenca del Plata” envió una carta al presidente Videla, solicitándole la suspensión de la firma del convenio con Brasil y Paraguay. En dicha carta, Rojas advertía que la cota de 105 metros para Corpus iba a traer conflictos futuros con Brasil, pues resultaba demasiado baja. (17) Tras la firma del acuerdo tripartito, la Comisión presidida por Rojas renovó sus críticas al convenio, sosteniendo los efectos negativos de una cota de 105 metros para Corpus en los proyectos hidroeléctricos argentinos en el Paraná Medio, y de un eventual llenado rápido de Itaipú, que propagaría velozmente la esquitosomiasis a lo largo del Paraná. (18) Aunque desde una perspectiva ideológicamente diferente a la del almirante Rojas, Hugo Gobbi también criticó la cota de Corpus, señalando que el enfoque pragmático y realista del gobierno de Videla era en realidad “un ropaje literario” que ocultaba un “acercamiento a cualquier precio”; es decir, que más que realismo implicaba debilidad ante la política agresiva de Brasil. (19) 
    Mas allá de estas reservas, lo cierto es que el acuerdo tripartito de 1979 pareció abrir la perspectiva de un acercamiento entre la Argentina y Brasil, como lo demostraron las visitas de los presidentes Figueiredo a Buenos Aires en mayo de 1980, y Videla a Brasilia en agosto del mismo año. Estos encuentros fueron precedidos por un viaje del titular de la CNEA Castro Madero a Brasil, efectuado en enero de 1980, en el que el funcionario argentino subrayó la intención de desarrollar una política nuclear “abierta y de integración entre todos los países de América Latina”, con el fin de reducir la dependencia respecto de los países desarrollados y crear una tecnología propia en la región. Asimismo, Castro Madero, quien tuvo contactos con el canciller Ramiro Saraiva Guerreiro y con el ministro de Minas y Energía, César Cals, hizo mención del objetivo de llegar a un acuerdo nuclear con Brasil. (20)  
    Durante la visita del mandatario brasileño a la Argentina en mayo de 1980, Videla y Figueiredo suscribieron una declaración conjunta, en donde ambos países señalaban sus coincidencias respecto de una serie de temas -entre otros, la mutua adhesión a los principios sustentados por la Carta de Naciones Unidas y por la OEA (especialmente el principio de no intervención); el común respaldo a los procesos de integración regional; la mutua exigencia de un incremento sustancial de diversas formas de cooperación para el desarrollo; y la común oposición a la carrera armamentista, al colonialismo y al apartheid sudafricano-. En el ámbito bilateral, Videla y Figueiredo resaltaron la importancia de una serie de acuerdos en áreas tales como la cooperación nuclear, los recursos hídricos compartidos de los tramos limítrofes del Río Uruguay y de su afluente el Río Pepirí-Guazú, loa instrumentos relativos a  la interconexión eléctrica y la firma, por parte, de los cancilleres argentino y brasileño, de un memorándum de entendimiento relativo al establecimiento de un mecanismo de consulta sobre asuntos de interés común. (21)  
    Con todo, conviene no exagerar el alcance práctico de las amplias coincidencias mencionadas en la declaración conjunta. En ocasión de su visita a Brasil en agosto de 1980, el presidente Videla  pronunció ante el presidente brasileño un discurso más cercano a la Guerra Fría que a la détente, que puso el acento en acciones conjuntas destinadas a “contrarrestar el ataque marxista”. De esta manera, la delegación argentina buscó en su visita a Brasil réditos políticos vinculados a la unificación de criterios respecto de problemas de seguridad, en tanto Figueiredo estaba más interesado en la cooperación económica entre la Argentina y Brasil. (22) 
    La falta de sincronía entre la preocupación argentina por lograr una alianza de carácter estratégico-militar con los países vecinos, y la brasileña, más centrada en la cooperación económica, quedó evidenciada en un tema donde ambas partes no lograron coincidencias: el del mencionado pacto de defensa del Atlántico Sur entre la Argentina, Brasil y Sudáfrica. Si bien este tema contó con el aval del propio régimen sudafricano y de los “halcones” argentinos, preocupados por el avance cubano-soviético en el continente negro, no logró ningún respaldo de las autoridades de Itamaraty. Por cierto, éstas, comprometidas en una política de acercamiento político y comercial con las naciones del Africa Negra, sintieron un fuerte rechazo por la política del apartheid sudafricano. Por lo tanto, no adoptaron ninguna medida que implicara un compromiso formal o informal con el régimen racista de Pretoria, y utilizaron todas las ocasiones posibles para desmentir rotundamente la posibilidad de un pacto de defensa en el Atlántico Sur que involucrara al gobierno de Sudáfrica. Así, durante la visita del presidente Figueiredo a Buenos Aires en mayo de 1980, la delegación brasileña se negó a incluir cualquier mención de un pacto de defensa argentino-brasileño en el Atlántico Sur. (23) Asimismo, a fines de junio del mismo año, ante especulaciones respecto de que el operativo conjunto de las fuerzas navales argentinas y brasileñas “Fraterno II” se convirtiera en un primer paso en dirección a la OTAS, tanto desde Itamaraty como desde el Palacio San Martín hubo firmes señales de que dichas maniobras conjuntas no implicaban ninguna especie de alianza militar nueva, sino que, por el contrario, estaban estrictamente inscriptas en el tradicional marco del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). (24) Poco después, a principios de julio, el entonces portavoz oficial de Itamaraty, Bernardo Pericas, sostuvo la oposición de la Cancillería brasileña a un Pacto de Defensa del Atlántico Sur. Pericas argumentó que Brasil, un país de alto porcentaje de población negra, no podía integrar un bloque de alianzas que incluyera a Sudáfrica, un país cuyo gobierno practicaba una política discriminatoria contra los negros. (25)  
    Las divergencias entre la Argentina y Brasil se hicieron también presentes en el plano multilateral, como lo demostró la reticente participación de la diplomacia brasileña en la Novena Reunión de Cancilleres de la Cuenca del Plata a principios de diciembre de 1980, que contrastó con el activo apoyo argentino al proyecto de la alta cuenca del río Bermejo -compartido con Bolivia-. (26) 
    En mayo de 1981, tuvo lugar el encuentro entre los presidentes Roberto Eduardo Viola y Joao Figueiredo en la localidad de Paso de los Libres. Ambos mandatarios elaboraron una declaración conjunta. Como en el anterior encuentro cumbre Videla-Figueiredo, del lado argentino las preocupaciones de tono estratégico-geopolítico primaron sobre las económicas. Mientras para la representación brasileña, la complementación hidroeléctrica, la venta de gas argentino y los contratos nucleares figuraron al tope de la agenda bilateral, para la Argentina los temas prioritarios fueron la posible defensa conjunta del Atlántico Sur y el apoyo brasileño a los reclamos argentinos en Malvinas. El propio canciller Camilión definió a la cumbre como “esencialmente política”. (27)  
    Respecto del pacto de defensa del Atlántico Sur entre la Argentina y Brasil, si bien en la declaración conjunta se hizo mención acerca de la necesidad de mantener el Atlántico Sur “a salvo de tensiones y confrontaciones internacionales”, los funcionarios de Itamaraty se opusieron a cualquier gesto que implicara directa o indirectamente un respaldo a la política de apartheid del régimen de Pretoria. Incluso, el propio presidente Figueiredo se encargó de desalentar cualquier esperanza de su par argentino respecto de gestar un pacto de defensa conjunto, cuando subrayó su negativa a “propiciar ejes o bloques” y definió que el objetivo brasileño del encuentro presidencial era el de un “entendimiento sin tensiones entre iguales”. Por el lado de Malvinas, la diplomacia argentina sólo obtuvo un apoyo retórico de Itamaraty a sus reclamos de soberanía. (28)  
    Como un resultado positivo de este encuentro cumbre entre Viola y Figueiredo de mayo de 1981, cabe señalar el intercambio de notas que a fines de ese mismo mes realizaron la CNEA y Empresas Nucleares Brasileñas SA (NUCLEBRAS), que puso en vigor el protocolo de Cooperación Industrial firmado por los presidentes Videla y Figueiredo el 17 de mayo de 1980. Por este intercambio de notas, el ente nuclear argentino hizo efectivo para su colega brasileño el préstamo de 240 toneladas de concentrado de uranio y el abastecimiento de tubos de zircaloy. A su vez, también se abrió paso para que NUCLEP -empresa subsidiaria de NUCLEBRAS- fabricara en forma conjunta con la empresa alemana KWU la parte inferior del recipiente de presión del reactor para la central nuclear argentina de Atucha II. (29) 
    Durante la crisis de Malvinas, la Cancillería brasileña intentó jugar un rol de mediación entre Buenos Aires y Londres. Así, aunque Itamaraty no se alineó con la posición argentina durante la guerra, tampoco respaldó las sanciones económicas adoptadas por los gobiernos de Gran Bretaña en conjunción con los países de la Comunidad Económica Europea y con Estados Unidos contra el régimen militar argentino. Tres razones llevaron a la diplomacia brasileña a adoptar esta actitud. En primer lugar, porque estas sanciones no sólo afectaban los intereses económicos de un importante país vecino como la Argentina, sino que -lo que era más importante desde la perspectiva de Itamaraty- constituían graves precedentes en el conflicto Norte-Sur, igualmente perjudiciales a los intereses de Brasil, de América latina y del Tercer Mundo. En segundo término, estas sanciones económicas contra la Argentina eran percibidas por las autoridades de Brasilia como medidas agresivas adoptadas por países ajenos a la controversia angloargentina. En tercer lugar, dichas medidas no tenían fundamento jurídico, ni en el GATT, ni la Carta de la ONU, ni en la Resolución 502 del Consejo de Seguridad. (30)  
    Por su parte, los medios de prensa brasileños adoptaron opiniones muy divergentes en relación al conflicto desatado entre Buenos Aires y Londres. Algunos periódicos adoptaron una posición totalmente favorable al gobierno británico, tal el caso de la mayoría de los diarios de Río de Janeiro y San Pablo. O Estado de Sao Paulo, calificó la guerra de Malvinas como un “conflicto estúpido”, donde el general Galtieri, “con el pretexto de salvar el honor nacional argentino”, pone en peligro las alianzas occidentales, y condena las vidas de inocentes. Incluso el diario no dudó en comparar la política exterior de Galtieri con la del dictador Juan Manuel de Rosas, pues ambos “igualmente desamparados por el Derecho Internacional y no asistidos por la razón, quisieron llevar el desastre a América para consolidar una posición de poder personal”. (31) Por otro lado, los diarios editados en los estados ubicados en el centro de Brasil manifestaron su temor de que el conflicto abriera la puerta para la penetración soviética en la región. (32)  
    En el último gobierno del Proceso, el del general Bignone, un tema importante y que se mantendría durante el gobierno constitucional de Raúl Alfonsín fue el rol brasileño en el período post-Malvinas como representante de los intereses argentinos, habida cuenta de la interrupción de los canales diplomáticos. Asimismo, luego de la guerra, Brasil ratificó su respaldo a la Argentina en la cuestión Malvinas. En agosto de 1982, durante la visita del canciller Juan Ramón Aguirre Lanari a Brasilia, éste y su colega brasileño, Ramiro Saraiva Guerreiro, suscribieron el día 19 un comunicado conjunto, donde el gobierno brasileño destacaba “su histórico reconocimiento de los derechos de soberanía de la República Argentina sobre las Malvinas”. (33) En enero de 1983 los presidentes Bignone y Figueiredo asistieron juntos a la puesta en marcha de las obras del puente internacional Foz de Iguazú-Puerto Iguazú. (34) 
    Por último, cabe mencionar la importancia de Brasil como proveedor de armas en el proceso de reestructuración militar post-guerra de Malvinas. Si bien dicho proceso estuvo severamente limitado por la crisis económica y de legitimidad que sufrieron las Fuerzas Armadas a consecuencia de la derrota bélica, hubo un reequipamiento que estuvo vinculado a la diferente cuota de poder que cada arma heredó de la traumática experiencia malvinense. Debido a ello, los oficiales de la Fuerza Aérea -la que tuvo el desempeño más destacado de las tres durante la guerra- compraron en abril de 1983 una docena de aviones brasileños, hecho que motivó serios disgustos en la Armada -temerosa de que esta adquisición formara parte de un plan de reequipamiento que alterara el equilibrio de poder interfuerzas-. (35) 

  1. Sobre las causas del cambio en la estrategia argentina sobre Itaipú-Corpus a partir del Proceso ver los trabajos de María Regina Soares de Lima, “The Political Economy of Brazilian Foreign Policy: Nuclear Energy, Trade and Itaipu”, Ph. D., Vanderbilt University, Nashville, Tennessee, August 1986, tomo II, pp. 396-397; Magdalena Segre, “La cuestión Itaipú-Corpus. El punto de inflexión en las relaciones argentino-brasileñas”, FLACSO, Serie de Documentos e Informes de investigación, Nº 97, Buenos Aires, septiembre 1990, pp. 18-19, y Oscar A. Mendoza, “El Programa de integración argentino-brasileña. Algunos criterios para su evaluación”, en Raúl Bernal Meza (selección y compilación), Política, integración y comercio internacional en el Cono Sur Latinoamericano, Mendoza, CERIAL y Universidad Nacional de Cuyo- Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Publicación especial, Nº 4, 1989, p. 270.

  2. M. Segre, op. cit., pp. 19-20; Juan Archibaldo Lanús, De Chapultepec al Beagle. Política exterior argentina, 1945-1980, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, vol. II, pp. 31-32.

  3. M. Segre, op. cit., p. 20; M.R. Soares de Lima, op. cit., tomo II, p. 399. Por cierto, la crisis del “milagro económico” brasileño se produjo en la segunda mitad de los años ‘70, como un efecto de las crisis petroleras de los años 1973-1974 y 1979. Ver también editorial “Brasil se apoya en la Argentina ante la oposición de EE.UU. a su plan nuclear”, por Martín Yriart, La Opinión, 20 de noviembre de 1976, p. 24; y “Sólo hay decepción tras el pretendido “milagro” de hace una década. El fracaso del plan económico brasileño”, La Opinión, 2 de enero de 1980, p. 3.

  4. Juan E. Guglialmelli, “Corpus-Itaipú. Tres batallas perdidas por la Argentina y, ahora peligrosas perspectivas: el papel de socio menor del Brasil”, Estrategia, Nº 61 / 62, noviembre-diciembre de 1979 / enero-febrero de 1980, p. 13; M. Segre, op. cit., p. 22; J. A. Lanús, op. cit., vol. II, p. 32. 

  5. “Una larga historia de marchas y contramarchas”, Convicción, 19 de octubre de 1979, p. 13; M. Segre, op. cit., p. 22.

  6. Ante estas declaraciones del canciller da Silveira a los senadores brasileños, la Cancillería argentina estudió en ese mismo mes de junio de 1977 la posibilidad de responder con una protesta diplomática, pero esta alternativa quedó finalmente diferida por el encuentro que tuvo lugar entre el titular de la Fuerza Aérea argentina, brigadier Orlando Ramón Agosti, y su colega brasileño, brigadier del aire, Delio Jardim de Mattos, a fines de junio en la localidad brasileña de Foz do Iguazu. En dicho encuentro, Agosti le comunicó a su par brasileño la preocupación de la Cancillería argentina por las declaraciones de Silveira. Ver al respecto editorial “Agosti expuso la inquietud argentina. Están afectadas las relaciones con Brasil”, La Opinión, 2 de julio de 1977, p. 1. Por su parte, el editorial “La línea en zig-zag de Itamaraty refleja la lucha entre duros y negociadores”, por Sergio Cerón, La Opinión, 31 de julio de 1977, p. 9, marca las diferencias entre el enfoque de Itamaraty, cuyo titular, Azeredo da Silveira, era partidario de mantener a la Argentina bajo presión constante; y la “diplomacia paralela” de los jefes de las Fuerzas Armadas brasileñas, partidarios del acercamiento con la Argentina.

  7. Según los medios de prensa argentinos, el canciller brasileño Antonio Azeredo da Silveira amenazó con el cierre de la frontera argentino-brasileña de Paso de los Libres-Uruguayana, para obtener a cambio la participación de camiones brasileños en el tráfico del túnel Las Cuevas-Caracoles -construido por la Argentina y Chile por el convenio firmado en 1966-. El propio presidente de Brasil, general Ernesto Geisel, le impuso al canciller da Silveira que desmintiera este cierre de fronteras. Ver al respecto “Ante amenazas de cerrar las fronteras dal paso de camiones de nuestro país. Se agudizan las diferencias entre Argentina y Brasil”, La Opinión, 8 de julio de 1977, p. 1; “No se ha materializado el cierre de la frontera. El trascendido de Itamaraty fue una maniobra intencional”, por Osiris Troiani, La Opinión, 10 de julio de 1977, p. 1; “Una amenaza contra intereses comerciales de los dos países” y “Diarios paulistas critican a Itamaraty”, La Opinión, 10 de julio de 1977, pp. 8-9; “Las maniobras de Azeredo impiden a Itamaraty una solución amistosa”, por Osiris Troiani, La Opinión, 12 de julio de 1977, p. 1; “Critican la gestión del canciller Azeredo”, La Opinión, 12 de julio de 1977, p. 14, y “Una implacable crítica al canciller Azeredo da Silveira”, La Opinión, 14 de julio de 1977, p. 24. 

  8. “¿Concesión o hábil maniobra?”, por Yvan Chemla, La Opinión, 26 de julio de 1977, pp. 12-13; “Se especula por el nuevo giro. El no de Itamaraty a la consulta previa”, por Andrés Ruggeri, La Opinión, 27 de julio de 1977, p. 10; “A través de la embajada brasileña en Buenos Aires. La Cancillería argentina aceptó el diálogo propuesto por Itamaraty”, por Yvan Chemla, La Opinión, 30 de julio de 1977, p. 9; “El Tratado del Río de la Plata de 1973. La cuestión clave de la exigencia brasileña”, por Rodolfo Pandolfi, y “Los seis artículos que objeta Itamaraty”, La Opinión, 3 de agosto de 1977, p. 13.

  9. J.A. Lanús, op. cit., vol. II, p. 32.

  10. La decisión del aumento del número de turbinas para Itaipú fue notificada a través de notas reversales de las Cancillerías brasileña y paraguaya con fecha del 30 de octubre. Ver respecto de este tema los editoriales “Las 20 turbinas postergaron la negociación. Brasil y la política del hecho consumado”, La Opinión, 1º de noviembre de 1978, p. 13, y “Decisión políticamente miope”, La Nación, 1º de noviembre de 1978, p. 10, que reproduce las críticas de los medios de prensa brasileños Jornal do Brasilia y Jornal do Brasil a la decisión. Asimismo, ambos periódicos sostienen, como lo hace M. Segre, op. cit., p. 23, que esta decisión del aumento de las turbinas fue una batalla que los “técnicos” Ueki, Calvancanti y Debernardi y el presidente Geisel le ganaron a Azeredo da Silveira y a los funcionarios de Itamaraty, temerosos de los negativos efectos de esta decisión sobre las negociaciones tripartitas. 

  11. Acuerdo Tripartito sobre Corpus-Itaipú suscripto por los gobiernos de la República Argentina, República Federativa de Brasil, República de Paraguay (Ciudad Presidente Stroessner, Paraguay, 19 de octubre de 1979), citado en Estrategia, Nº 61 / 62, noviembre-diciembre 1979 / enero-febrero de 1980, Parte II, Documentos, pp. 90-95. También citado en Convicción, 20 de octubre de 1979, p. 11. Análisis de su contenido en M.R. Soares de Lima, op. cit., tomo II,  pp. 403-404. 

  12. Ver al respecto Wayne Selcher, “Relaciones entre Brasil y Argentina en la década del ‘80: De una cautelosa rivalidad a una competencia amistosa”, Estudios Internacionales, Año XVIII, Nº 70, abril-junio 1985, fuente también citada en R. Russell, “La política exterior del régimen autoritario...”, op. cit., p. 118; O.A. Mendoza, op. cit., p. 270 y M. Segre, op. cit., pp. 19 y 36-37. 

  13. Declaración de la Cancillería Argentina con motivo del Acuerdo Tripartito sobre Corpus-Itaipú (Buenos Aires, 17 de octubre de 1979), Estrategia, Nº 61 /62, noviembre-diciembre 1979 / enero-febrero de 1980, Parte II, Documentos, pp. 88-89. Ver también J.E. Guglialmelli, op. cit., p. 7, y R. Russell, “La política exterior del régimen autoritario...”, op. cit., p. 118. 

  14. Respecto del rol de Camilión como “conductor práctico” de las negociaciones de las reuniones tripartitas ver J.A. Lanús, op. cit., vol. II, p. 32. A su vez, los editoriales “Camilión, pese a Azeredo, nunca perdió la calma”, Convicción, 19 de octubre de 1979, pp. 12-13, y  “El mejor momento de la Cuenca del Plata”, por Martín Olivera, Convicción, 21 de octubre de 1979, p. 10-11, sostienen que Camilión fue el verdadero artífice del acuerdo tripartito de 1979. 

  15. Ver al respecto “Camilión, pese a Azeredo...”, op. cit.; “Una larga historia de marchas y contramarchas”, Convicción, 19 de octubre de 1979, p. 13; “El mejor momento de la Cuenca del Plata...”, op. cit., pp. 10-11, y “Argentina-Brasil: relaciones conflictivas”, por Sergio Cerón, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 3 de junio de 1981, p. 2.

  16. J.E. Guglialmelli, “Corpus-Itaipú. Tres batallas perdidas...”, op. cit., pp. 26-27 y 29, nota 28.

  17. Carta del almirante Rojas al presidente Videla, 14 de octubre de 1979, y telegrama de Rojas a Videla, Estrategia, Nº 61 / 62, op. cit., Parte II, Documentos, pp. 85-87.

  18. Comisión para la Defensa de los Intereses Argentinos en la Cuenca del Plata, Declaración Nº 10: El acuerdo Corpus-Itaipú (26 de noviembre de 1979), Estrategia, Nº 61 / 62, op. cit., Parte II, Documentos, pp. 96-101; M.R. Soares de Lima, op. cit. tomo II, pp. 404-405, nota 85. 

  19. Hugo Gobbi, “Argentina, legalismo, pragmatismo y error en su política internacional”, Estrategia, Nº 57, marzo-abril 1979, especialmente pp. 42-44.

  20. “El acuerdo nuclear con Brasil será procesado en sucesivas etapas”, Convicción, 1º de febrero de 1980, p. 13.

  21. Visita del presidente de la República Federativa de Brasil a la República Argentina. Declaración Conjunta, Buenos Aires, 17 de mayo de 1980, y Memorándum de Entendimiento relativo a consultas sobre asuntos de interés común, Buenos Aires, 17 de mayo de 1980, Estrategia, Nº 64/ 65, mayo-junio / julio-agosto 1980, pp. 121-132. Consultar también la tesis de M.R. Soares de Lima, op. cit., tomo II, p. 405.

  22. R. Russell, “Argentina y la política exterior del régimen autoritario...”, op. cit., p. 119. Los editoriales “El viaje de Videla. De tono político”, por Ricardo Kirschbaum, Clarín, 19 de agosto de 1980, p. 4; “Videla en Brasil. Viaje con proyecciones”, por Ricardo Kirschbaum, Clarín, 22 de agosto de 1980, p. 4; “La disparidad de intereses signó la visita del Presidente a Brasil”, Convicción, 24 de agosto de 1980, p. 11, señalan la misma tendencia expuesta por Russell. Mientras la delegación argentina buscó en su visita a Brasil réditos políticos vinculados a la unificación de criterios respecto de problemas de seguridad, Figueiredo estaba más interesado por la cooperación económica entre la Argentina y Brasil.

  23. “Las responsabilidades oceánicas de Brasil y su cerrada oposición a un Pacto de Defensa”, Convicción, 9 de julio de 1980, p. 13. 

  24. “Ros también desmiente un posible pacto”, Convicción, 26 de junio de 1980, p. 11; “Niega Brasil un acuerdo naval con Buenos Aires”, Convicción, 29 de junio de 1980, p. 1, y “Concluyó el operativo naval ‘Fraterno II’ ”, Convicción, 1º de julio de 1980, p. 10. 

  25. “Las responsabilidades oceánicas de Brasil...”, op. cit

  26. “En Itamaraty no comprenden al Palacio de Hacienda. pasó sin pena ni gloria otra reunión de la Cuenca del Plata”, por Martín Olivera, Convicción, 9 de diciembre de 1980, p. 13.

  27. “Un comunicado resume las metas de las dos naciones”, por Martín Olivera, Convicción, 27 de mayo de 1981, p. 1; “El signo de la reunión según el Canciller”, Convicción, 27 de mayo de 1981, p. 12, y “Argentina-Brasil: relaciones conflictivas”, por Sergio Cerón, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 3 de junio de 1981, p. 2 .

  28. “Un diálogo ping-pong”, por Carlos Quirós, Clarín, 27 de mayo de 1981, p. 4; “Argentina-Brasil: relaciones conflictivas”, por Sergio Cerón, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 3 de junio de 1981, p. 2; “Acercamiento argentino-brasileño”, La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 8 de junio de 1981, p. 2; y “No hagan olas. El Atlántico Sur, eje de polémicas, ante un hipotético pacto de defensa”, Somos, Nº 247, 12 de junio de 1981, pp. 8-9.

  29. “Comenzó ayer formalmente la cooperación nuclear entre Argentina y Brasil”, Convicción, 28 de mayo de 1981, p. 7.

  30. Exposición del canciller Saraiva Guerrero ante el Senado en Diario do Congresso National, cit. en H. Jaguaribe, op. cit., pp. 131-132.

  31. “A escolha simples”, O Estado de Sao Paulo, 1º de mayo de 1982, p. 3, fuente citada en el paper “O Conflito das Malvinas na imprensa brasileira”, Centro Brasileiro de Documentaçao e Estudos da Bacia do Prata, Instituto de Filosofia e Ciências Humanas, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Serie Documentaçao Especial, Nº 2, Fevereiro de 1987, p. 12. 

  32. “A Hora da URSS”, por Renato Bittencourt, Visao, 10 de mayo de 1982, cit. en “O Conflito...”, op. cit., p. 18.

  33. “Exito diplomático de Aguirre Lanari en Brasil”, Convicción, 20 de agosto de 1982, p. 11.

  34. R. Bignone, op. cit., p. 155.

  35. “Panorama político”, por Joaquín Morales Solá, Clarín, 24 de abril de 1983, p. 15.

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