Visite nuestra página principal

Las relaciones con Uruguay

En los primeros meses posteriores al golpe de marzo de 1976, se registraron varios avances en las relaciones entre la Argentina y Uruguay. Así, el 6 de mayo, el Consejo de Estado uruguayo ratificó dos convenios firmados durante el gobierno de Isabel Perón: el Estatuto del Río Uruguay y el Convenio de Cooperación Cultural. Poco después, el 18 de septiembre, los presidentes de ambos países, generales Jorge Videla y Aparicio Méndez, inauguraron el puente entre la localidad argentina de Puerto Unzué y la oriental de Fray Bentos, y firmaron una declaración conjunta donde señalaban la “firme voluntad de cooperación” entre ambas naciones. (1)  
    Entre fines de junio y principios de julio de 1977 los presidentes Videla y Méndez gestaron un nuevo encuentro, cuyo fruto fue una declaración conjunta donde se estableció como objetivo “mantener la cooperación genuina” entre los dos países, lograda por medio de los acuerdos existentes que “aseguren la administración armónica y el óptimo aprovechamiento de los recursos naturales compartidos”. (2)  
    Por cierto, estos contactos bilaterales directos tuvieron el sello del realismo geopolítico propio del pensamiento militar. Desde la óptica argentina, Uruguay representaba un aliado para poder negociar desde una posición de mayor fuerza con Brasil los proyectos de desarrollo en la Cuenca del Plata. Desde la óptica uruguaya, existió en el gobierno de Méndez una seria preocupación por la fuerte influencia económica brasileña sobre el norte uruguayo. Enfrentadas a este problema, las autoridades de Montevideo percibieron que el acercamiento a sus colegas de Buenos Aires podía oficiar como una importante estrategia de equilibrio geopolítico. (3)
   
Pero, más allá de estas tradicionales consideraciones geopolíticas, vinculadas tanto a la  competencia argentino-brasileña por la influencia política y económica sobre Uruguay como a la estrategia pendular de la política exterior uruguaya, desde la óptica ideologizada de los militares argentinos y uruguayos, ambos países eran “aliados” en la lucha contra el comunismo. Fue en este contexto de común pensamiento geopolítico donde se estableció una intensa cooperación bilateral, en el marco de la “Operación Cóndor”. (4)
   
Además de las actividades antisubversivas conjuntas, otro caso de convergencia ideológica entre militares argentinos y uruguayos fue el común respaldo de los comandantes en jefe de la Marina de ambos países, almirante Emilio Massera y contraalmirante Hugo Márquez, al proyecto de crear una eventual Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS) que, al estilo de la OTAN, contuviera la amenaza comunista proveniente de ultramar. (5)

  1. “Nuevo esfuerzo contra el aislamiento”, Clarín, 18 de septiembre de 1976, pp. 2-3; texto de la declaración conjunta argentino-uruguaya, La Prensa, 19 de septiembre de 1976, p. 1, y La Opinión, 19 de septiembre de 1976, p. 17.

  2. Vale acotar que esta frase de la declaración conjunta motivó la inquietud de los sectores más “duros” de la Cancillería brasileña, quienes temieron que tras esta declaración conjunta existiera una maniobra del Palacio San Martín tendiente a ganar el apoyo uruguayo a la tesis de la “soberanía compartida” y la “consulta previa” en ríos de curso sucesivo como el Paraná, argumento al que se oponían tenazmente las autoridades de Itamaraty, quienes reivindicaban el derecho de Brasil a desarrollar sus emprendimientos energéticos en forma unilateral, sin consultar con sus vecinos de la Cuenca del Plata. En este contexto de rivalidades geopolíticas, Itamaraty respondió al acercamiento entre los presidentes argentino y uruguayo con la amenaza del cierre de la frontera brasileña a los camiones argentinos. Ver al respecto editorial “La buena memoria, base para un acuerdo con Itamaraty”, La Opinión, 26 de junio de 1977, p. 12. 

  3. “La importancia geopolítica del encuentro presidencial en Uruguay”, por Sergio Cerón, La Opinión, 25 de junio de 1977, pp. 10-11; “Geopolítica, el tema obsesivo. Videla en Uruguay y la presión brasileña”, por Rodolfo Pandolfi, La Opinión, 29 de junio de 1977, p. 1, y “Gira presidencial. En busca de un aliado”, Somos, Nº 41, 1º de julio de 1977, p. 18.

  4. Así, el 18 de mayo de 1976, un comando conjunto de policías secuestró a dos líderes políticos uruguayos exiliados en Buenos Aires, el senador Zelmar Michelini, del Frente Amplio, y el presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Gutiérrez Ruiz, proveniente del Partido Blanco. Michelini y Ruiz fueron secuestrados, torturados y asesinados el 4 de noviembre de 1976, por denunciar en el exterior las violaciones de los derechos humanos perpetradas por el régimen militar uruguayo. Detalles sobre el caso de los uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz en N. Mariano, op. cit., p. 66. Por su parte, el ministro del Interior del gobierno de Videla, general Albano Harguindeguy, declaró ante la prensa nacional y extranjera que los asesinatos del general boliviano Juan José Torres, y los uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz, demostraban la existencia de una “conjura subversiva de raíces internas y externas” cuyo objetivo era ensuciar la imagen del régimen militar argentino. Asimismo, la mayoría de los medios de prensa argentinos adhirieron a la óptica oficial y rechazaron las acusaciones de los medios de prensa de los países de la región y europeos, señalando que las mismas formaban parte de una “campaña antiargentina” en el exterior que tenía aliados internos. Ver al respecto los editoriales “Explotación antiargentina del asesinato de asilados uruguayos”, La Prensa, 30 de mayo de 1976, p. 4; “La conjura subversiva”, La Opinión, 4 de junio de 1976, p. 1; y “Confirmación de un plan siniestro”, La Prensa, 6 de junio de 1976, p. 4. De modo similar a los casos de los legisladores uruguayos, los comandos uruguayos capturaron en las playas de Maldonado a los argentinos Claudio y Lilia Epelbaum. N. Mariano, op. cit., p. 67.

  5. El 26 de noviembre de 1976, el comandante de las fuerzas de mar del Uruguay, contraalmirante Hugo Márquez, sostuvo la necesidad de que las Armadas de la Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y Paraguay se unieran para “enfrentar a otras naciones”. Según Márquez, “el río de la Plata constituye un nudo de rutas internacionales de indudable trascendencia estratégica; todo el Atlántico Sur puede ser fácilmente controlable si no existe una fuerza que pueda oponerse con posibilidades de éxito a una eventual agresión”. Ante la amenaza que implicaba para Africa y el Atlántico Sur la caída de Angola en manos comunistas, Márquez señaló que una eventual organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), debería también incluir a los países de la costa occidental de Africa. Ver declaraciones del contraalmirante Márquez citadas en “Exhortación a unir las armadas del Cono Sur”, La Prensa, 27 de noviembre de 1976, p. 13. 

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.