La participación argentina en los organismos multilaterales
La Organización de Estados Americanos (OEA)
Durante
el primer tramo del gobierno de Videla, la participación argentina en la OEA
tuvo relevancia en dos oportunidades: la reunión efectuada en Santiago de Chile
en junio de 1976 y la de Grenada en junio de 1977. En ambos casos, la Argentina
defendió el principio de no intervención, colocándose en las antípodas del
enfoque “intervencionista” respecto de regímenes militares propiciado por
los países “críticos” como Venezuela, Costa Rica y Estados Unidos
primordialmente bajo la administración Carter. La posición argentina chocó
además con la de Venezuela y Estados Unidos en la consideración del sujeto
que provocaba la violación de los derechos humanos: mientras que para el
gobierno argentino los grupos terroristas eran los responsables de dicha violación,
para los gobiernos de los países mencionados eran los Estados autoritarios.
Durante
la segunda etapa del gobierno de Videla, la diplomacia argentina mantuvo la
defensa del principio de no intervención como un “paraguas” que procuraba
proteger de las intromisiones externas tanto a la dictadura argentina como a los
regímenes ideológicamente afines de la región. Así, en el contexto de los
ataques aéreos del régimen somocista a territorio hondureño en persecución
de los guerrilleros sandinistas, la delegación argentina se opuso al esfuerzo
de Venezuela, que propuso en la OEA una enérgica condena al gobierno militar
nicaragüense. Finalmente, la resolución aprobada el 23 de septiembre de 1978
estableció medidas muy moderadas respecto del conflicto planteado entre el régimen
de Somoza y las fuerzas sandinistas (ayuda humanitaria de los organismos
internacionales a los refugiados nicaragüenses y extensión del mandato de la
comisión investigadora de la OEA sobre el incidente fronterizo entre Nicaragua
y Costa Rica). Debido a este factor y al hecho de que omitió toda referencia a
las masacres provocadas por las fuerzas de Somoza en territorio nicaragüense y
hondureño, esta resolución de la OEA consagró en ese momento el triunfo de la
posición “no intervencionista” de la Argentina y otras dictaduras de la
región. (1)
Durante
la Novena Asamblea General de la OEA convocada en La Paz, Bolivia, en octubre de
1979, la delegación argentina recibió un duro golpe en un tema sensible para
las autoridades de Buenos Aires: el de los derechos humanos. La llamada
“Declaración de La Paz” reafirmó el respeto por los derechos humanos y
alentó las actividades de la CIDH, organismo que había visitado a la Argentina
el mes anterior. (2)
El
tema de los derechos humanos volvió a estar sobre el tapete en la Décima
Asamblea General de la OEA en Washington en noviembre de 1980, donde el
presidente norteamericano Jimmy Carter atacó tanto al “autoritarismo (de
derecha) que usa la máscara del orden” como “al totalitarismo (de
izquierda) que usa la máscara de la justicia”. (3) Este discurso, acorde con
la necesidad de la administración norteamericana de demostrar un perfil más
claramente anticomunista que el de sus comienzos tras crisis globales como la de
Afganistán, no conformó sin embargo a la delegación argentina. El titular de
la última, el canciller Pastor, amenazó con el abandono del organismo por
parte de la Argentina, dada la utilización de la OEA “con fines políticos
circunstanciales y en contra de las razones y principios fundamentales de su
creación”. Asimismo, Pastor no dudó en señalar que el organismo
panamericano estaba descuidando las “reales necesidades del continente”,
tales como la de frenar la irrupción de la violencia guerrillera. (4)
NOTAS
“Una resolución de términos moderados y espíritu conciliador. La OEA votó un proyecto de no intervención en Nicaragua”, La Opinión, 24 de septiembre de 1978, p. 4.
Asimismo, en esta ocasión se aprobó el proyecto de Estatuto de dicho organismo de inspección, que contó con 17 votos a favor y 6 abstenciones -de Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay y Uruguay-. Otro tema tratado en esta Novena Asamblea fue el de la salida al mar de Bolivia, que contó con el respaldo de la Argentina y la férrea oposición de Chile. Texto de “Declaración de La Paz”, citado en Convicción, 31 de octubre de 1979, p. 12; y “Algunas polémicas matizaron el cierre de la Asamblea Ordinaria de la OEA”, Convicción, 1º de noviembre de 1979, p. 13.
Referencias al mensaje del presidente Carter en “Los derechos humanos no desaparecerán de las relaciones continentales, dijo Carter”, Convicción, 20 de noviembre de 1980, p. 12.
Ver discurso de Pastor, citado en Convicción, 21 de noviembre de 1980, pp. 12-13. Esta posición del canciller argentino generó una rotunda defensa de los sectores masseristas, quienes en el editorial “Una única alternativa”, ibid., p. 12, sostienen que, tal como subraya el discurso de Pastor, los principios clave de la OEA -paz, seguridad, cooperación para el desarrollo- están siendo olvidados o relegados a un segundo plano frente a la política de derechos humanos impulsada por Washington, que, además, viola un sagrado principio de la OEA: el de no intervención en los asuntos internos de un país.
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