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Respecto de este ámbito de la agenda externa del gobierno radical, cabe reconocer que, si bien el continente africano no constituyó un área prioritaria del diseño de política exterior de la administración Alfonsín, se registró una preocupación por incrementar el acercamiento con los países del Africa Negra y el alejamiento del régimen racista sudafricano. Esta tendencia, que tuvo su máxima expresión en la ruptura de relaciones diplomáticas con el gobierno de Pretoria, constituyó un ejemplo del carácter "reactivo", que el gobierno radical adoptó, en algunos ámbitos de la política exterior, respecto de la dictadura militar. Esta percibió sus vínculos con el continente africano bajo la lente ideológica del conflicto Este-Oeste, estrechando vínculos con el régimen racista -pero anticomunista- de Sudáfrica contra los posibles embates de los países del Africa Negra, que, como en el caso de Angola, eran víctimas del avance del marxismo soviético-cubano. Por el contrario, la gestión radical, interesada en un mayor acercamiento con los países del Africa Negra y en "lavar" la imagen heredada del Proceso, reemplazó el eje de referencia Este-Oeste por el conflicto Norte-Sur (1).
    Tomando como base este cambio en los criterios ordenadores de la política exterior, el gobierno de Alfonsín adoptó una serie de medidas que mostraron un mayor interés por los países del Africa Negra, en virtud de tres intereses considerados prioritarios por la diplomacia radical: a) la defensa de los derechos humanos a través de una activa posición crítica hacia el régimen sudafricano; b) la búsqueda de apoyo de los países del Africa Negra en función de la reivindicación de los derechos de soberanía argentinos en Malvinas; y c) la firma de convenios de cooperación económica y técnica con los países africanos en el contexto de la cooperación Sur-Sur. Ejemplos de la implementación de esta nueva política fueron la creación de una embajada argentina en Zimbabwe (el 2 de octubre de 1986), el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Centroáfrica (el 15 de julio de 1986) y Seychelles (el 2 de octubre de 1986), y la firma de diversos acuerdos de cooperación con Argelia, Cabo Verde, Mozambique, Ghana y Angola (2).
    El presidente Alfonsín comenzó a tomar contacto con la realidad de los problemas africanos a su regreso de una gira por Europa, cuando hizo escala en Argel el 26 de octubre de 1984, manteniendo una entrevista con el presidente de la República Argelina Democrática y Popular y secretario general del Frente de Liberación Nacional, Chadli Benjedid. Ambos acordaron formar una comisión mixta para ampliar la cooperación económica bilateral (3).
    Al año siguiente, a fines de mayo de 1985 llegó a la Argentina una delegación de la Comisión de Energías Nuevas de la República Argelina, encabezada por Hadj Slimane Cherif. Como fruto de esta visita, se firmaron una serie de acuerdos para la construcción en Argelia de un reactor nuclear de investigación y capacitación del tipo RA-6, similar al que funciona en el Centro Atómico de San Carlos de Bariloche; y para la cooperación bilateral en el campo de la producción y utilización de radioisótopos en medicina, industria y agricultura (4).
    En retribución a la visita que efectuara Alfonsín a Argel, entre el 8 y el 10 de octubre de 1986 visitó la Argentina el presidente argelino Benjedid. Esta constituía la primera visita de un jefe de estado árabe y africano desde el advenimiento del régimen democrático. El resultado más importante de la presencia de Benjedid fue la firma de un comunicado conjunto por los cancilleres argentino y argelino, Dante Caputo y Ahmed Taleb Ibrahimi, que destacaba el "ambiente de confianza y gran cordialidad" en el que se desarrollaron las conversaciones entre representantes de ambos gobiernos, y el respaldo de las autoridades de Argel a la descolonización y al reclamo de soberanía argentino sobre las islas Malvinas. El canciller argelino señaló la "similitud de puntos de vista en política exterior" alcanzada por los dos países, la "necesidad de un nuevo orden económico internacional" para solucionar el problema de la deuda externa; y el apoyo a las gestiones negociadoras del Grupo de Contadora (5).
    Por otro lado, cabe destacar, en el caso de Angola, la firma, el 16 de abril de 1988, de un "acuerdo general de cooperación técnica, científica y cultural" entre los cancilleres de ambos países, Alfonso van Dunem y Dante Caputo. Inscripto en el marco de la cooperación Sur-Sur y de la intención de acercarse al Africa Negra que impulsaba el titular del Palacio San Martín, este convenio suponía un acuerdo-marco para los siguientes ocho años que definía como sectores prioritarios la agricultura, la minería y la salud (6).
    Respecto del Zaire, en la segunda quincena de febrero de 1987, tuvo la visita a la Argentina del presidente de dicho país, mariscal Mobutu Sese Seko, quien firmó con su colega argentino Raúl Alfonsín una declaración conjunta que destacaba:

a) la necesidad de intensificar los esfuerzos mundiales para detener la carrera armamentista en general y lograr el desarme mundial;
b) el mutuo rechazo a la presencia de armamentos nucleares en el Atlántico Sur;
c) los esfuerzos tendientes a constituir el Medio Oriente y el Africa como zona libre de armas nucleares;
d) la gravedad de la situación económica internacional, derivada de la caída de los precios de las materias primas, las dificultades vinculadas al problema de la deuda externa y la seria inestabilidad monetaria y financiera internacional;
e) la necesidad de la cooperación de los países desarrollados para encontrar soluciones a las demandas de progreso de los países en desarrollo; y
f) la necesidad de una vigorosa cooperación Sur-Sur -el presidente Alfonsín accedió al pedido de Mobutu de extender a 15 millones de dólares una línea de crédito entonces vigente por 5 millones; por su parte, el mandatario del Zaire proclamó el respaldo del gobierno de su país a la posición argentina por la cuestión de las islas Malvinas, gesto que Alfonsín agradeció (7)-.

En el caso de Ghana, las relaciones fueron más conflictivas. El 25 de febrero de 1986 fue firmada la resolución secreta número 235 por los ministros de Defensa, Germán López, y de Relaciones Exteriores, Dante Caputo. Esta resolución autorizaba a la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM) a exportar a la firma intermediaria Cohuay S.A. -dirigida por el capitán retirado de la Armada argentina Luis Cabut- el siguiente material, cuyo destino final era Ghana: 150 fusiles automáticos livianos (FAL) modelo IV calibre 7,62 por 61 mm. con el cargador del arma; 150 mil cartuchos de FAL; 100 granadas antitanque; 400 granadas de mano; 4 ametralladoras pesadas MAG y 12.000 cartuchos eslabonados para MAG. Estas armas y municiones fueron solicitadas por el ex funcionario ghanés Godfrey Osei, por entonces en el exilio, para intentar derrocar al gobierno socialista de Ghana liderado desde 1981 por el teniente Jerry Rawlings. Pero Osei no realizó la solicitud directamente al gobierno argentino: fue la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA) quien le recomendó la DGFM para proveerse de armamento barato y derrocar al gobierno socialista ghanés (8).
    Las armas y municiones argentinas fueron cargadas en el buque Nobistor de bandera panameña. Junto con las armas, también subieron al buque ocho mercenarios norteamericanos veteranos de la guerra de Vietnam, con pasaportes falsos, contratados por el ex funcionario ghanés Osei para atacar el palacio del presidente Rawlings y otros puntos clave de Accra, la capital ghanesa. Pero el barco nunca llegó a destino porque el capitán del Nobistor, Eduardo Gilardoni, al enterarse de que los mercenarios norteamericanos no iban a entregar las armas al gobierno de Ghana sino que iban a intentar derrocarlo, simuló un desperfecto y paró su embarcación en el puerto de Río de Janeiro, permitiendo que la policía brasileña asaltara el barco y redujera a los mercenarios norteamericanos y a la tripulación argentina. Cuando los resultados de este operativo se conocieron en Buenos Aires, el canciller Dante Caputo activó contactos diplomáticos con las autoridades ghanesas para evitar una crisis bilateral con un país miembro de No Alineados. Envió una carta en mayo de 1986 a su colega ghanés, Obede Asamoah, pidiendo disculpas por el operativo, y meses más tarde, en una reunión del Movimiento de No Alineados, se entrevistó con el propio presidente Rawlings (9).
    Pero mientras Caputo intentaba normalizar las relaciones diplomáticas con el gobierno socialista africano, el operativo Ghana aparejó otras dos complicaciones al gobierno radical, vinculadas al ámbito de las relaciones con Brasil. La primera estuvo relacionada con el fallo de la Justicia brasileña, que consideró como igualmente culpables al capitán del Nobistor Gilardoni y a los mercenarios norteamericanos, a los que condenó a cinco años de prisión bajo la acusación de haber participado de una maniobra consistente en anclar el buque frente al puerto de Río para intentar el ingreso ilegal de armas al Brasil. Luego de varios meses y pedidos del gobierno argentino, Gilardoni fue liberado. En cuanto a los mercenarios norteamericanos, cuatro de ellos lograron escapar con apoyo de la CIA y otros cuatro fueron extraditados a la Argentina, donde fueron acusados de contrabando, pero también la CIA los ayudó a salir del país. El segundo inconveniente fue que las armas argentinas, que no habían llegado a Ghana por la requisa de la policía brasileña, fueron a parar a manos de un grupo de paramilitares contratados por hacendados brasileños que mataban campesinos del grupo de los Sin Tierra (10).
    Finalmente, cabe mencionar que el 22 de mayo de 1986, el gobierno de Alfonsín decidió la ruptura de relaciones diplomáticas con Sudáfrica. De acuerdo con el Comunicado Nº 32 / 86 del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina

(....) ante expresiones oficiales del gobierno sudamericano (...) que confirman la voluntad desestabilizadora e intervencionista de sus autoridades en perjuicio de las naciones vecinas (...) como consecuencia de un régimen institucionalizado de discriminación racial (...) que constituye una amenaza para la paz y la seguridad internacionales (...) el gobierno argentino ha adoptado la decisión de romper relaciones diplomáticas con la República Sudafricana, reiterando la permanente amistad con el pueblo sudafricano (11).

Como sostiene Gladys Lechini de Alvarez, esta decisión no constituyó un hecho aislado, sino que fue la culminación de una serie de comunicados de la Cancillería argentina, crecientemente críticos respecto del régimen de Pretoria (los comunicados del 9 y 10 de octubre de 1984; 9 y 24 de mayo de 1985; 26 de julio de 1985; 12 de agosto de 1985; 2 de abril de 1986; y 20 y 22 de mayo de 1986), donde, entre otras cosas, se solicitaba a las autoridades sudafricanas la liberación de Nelson Mandela y de todos los presos políticos por su militancia contra la discriminación racial, y se reiteraba la oposición del gobierno argentino a las agresiones sudafricanas a los países del Africa Austral. Asimismo, el 12 de agosto de 1985 se había llamado por consulta al encargado de negocios argentino en Pretoria, como "expresión de desagrado" de las autoridades del Palacio San Martín por la política de apartheid en Pretoria, lo cual constituyó un antecedente de la ruptura de relaciones con Sudáfrica (12).
    De igual modo, la ruptura de relaciones estuvo precedida por el respaldo argentino a un conjunto de resoluciones aprobadas en los organismos internacionales referentes a la condena del apartheid sudafricano -Asamblea General de Naciones Unidas, período ordinario de sesiones correspondiente a los años 1984, 1985 y 1986; Reunión del Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial, Ginebra, 1984; Reunión Extraordinaria del Comité Coordinador sobre Namibia del Movimiento de Países No Alineados, Nueva Delhi, 21 de abril de 1985; Conferencia Mundial de Sanciones contra Sudáfrica Racista, París, junio de 1986; Conferencia Internacional en pro de la independencia de Namibia, Viena, julio de 1986; y Seminario sobre los Derechos Humanos en Sudáfrica, organizado por el Comité contra el Apartheid, Camerún, 1986 (13)-.
    Por cierto, vale agregar que la ruptura de relaciones diplomáticas con las autoridades de Pretoria no apareció como una iniciativa aislada del gobierno radical, sino que contó con un importante respaldo parlamentario. Así, el 21 de agosto de 1985 el Senado sancionó como ley la Adhesión argentina a la Convención Internacional sobre Represión y Castigo del Crimen de Apartheid, que había sido suscripta durante el gobierno de Isabel Perón, el 6 de junio de 1975 y aprobada por la Cámara de Diputados. Este paso fue considerado por los legisladores argentinos como un gesto que reforzaba el deterioro de los vínculos con el régimen sudafricano y procuraba una mejor relación con el resto de los países africanos. A su vez, la Cámara de Diputados aprobó el 22 de agosto de 1985 un proyecto presentado el 14 del mismo mes por el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores en la Cámara Baja, el diputado radical Federico Storani, que proponía la "ruptura de todo tipo de relaciones diplomáticas y comerciales entre Argentina y Sudáfrica (14)".
    De acuerdo con Russell, esta decisión se justificó desde la posición ética del gobierno radical respecto de la cuestión de los derechos humanos, tanto en el plano interno como en el internacional. No obstante, tanto Russell como Lechini de Alvarez coinciden en que el factor que pesó más en la decisión de ruptura no fue tanto de orden ético sino de naturaleza política práctica: la necesidad de contar con el apoyo de los países del Africa Negra y de otros países del Tercer Mundo para la reivindicación argentina de la soberanía sobre las islas Malvinas. Así, la decisión del gobierno radical de romper relaciones diplomáticas habría sido una forma de sancionar el apartheid sudafricano, tener una mejor inserción en No Alineados y captar la buena voluntad de los países del Africa Negra en la cuestión Malvinas (15).
    Pero, mas allá de la intención del gobierno radical de combinar ética y pragmatismo en sus vínculos con Pretoria, las cifras del intercambio comercial bilateral demuestran que la ruptura de relaciones diplomáticas con Sudáfrica tuvo un escaso impacto en los vínculos comerciales entre ambos países, evidenciando la relativa autonomía de la esfera comercial -manejada por actores privados- respecto de la político-diplomática -conducida por actores estatales-. Por el lado de las exportaciones argentinas a Sudáfrica, éstas disminuyeron entre 1986 y 1987, aunque se recuperaron en 1988 y 1989. Por el lado de las importaciones argentinas de procedencia sudafricana, éstas se incrementaron después de la ruptura de relaciones diplomáticas, con una leve baja en 1988 (16).
    Finalmente, cabe destacar tres elementos importantes respecto de la ruptura de relaciones diplomáticas con Sudáfrica. En primer lugar, ésta fue una decisión que el canciller Caputo adoptó tras conversaciones de consulta con el presidente Alfonsín y sobre la base de la posición de condena al apartheid sudafricano tanto a nivel bilateral como multilateral, sin que mediaran agencias burocráticas o grupos de presión en el proceso de toma de decisiones (17).
    En segundo término, fue una de las pocas decisiones de política exterior del gobierno radical que contó con un respaldo firme del principal partido de oposición, el justicialismo. Testimonios de ello fueron la presentación, por parte del diputado justicialista Antonio Paleari el 10 de enero de 1984, de un proyecto de declaración -que no prosperó- para que la Cámara Baja solicitara al Ejecutivo la ruptura de relaciones con Sudáfrica "hasta tanto ese país no modifique el apartheid (18)"; la creación, en abril de 1984 y por parte del mismo Paleari, de la Comisión para la Desarrollo de las Relaciones Argentino-Africanas (CODERAAF), uno de cuyos objetivos fue la lucha contra la discriminación racial sudafricana y a favor de la independencia de Namibia (19); y las declaraciones efectuadas por el diputado justicialista José O. Bordón en septiembre de 1985, oportunidad en la que se debatió en la Cámara Baja el proyecto de ruptura de relaciones (20).
    En tercer lugar, el tema de la ruptura con Sudáfrica fue otro indicador de la existencia de serias divergencias entre el gobierno de Alfonsín y la cúpula militar, especialmente con los oficiales de la Marina, cuyos vínculos con el régimen de Pretoria habían sido especialmente estrechos durante los años del Proceso. De acuerdo con una entrevista que Lechini de Alvarez hizo a Alconada Sempé, cuando se produjo la ruptura de relaciones con Sudáfrica, la Marina no dudó en mostrar sus diferencias de enfoque ideológico con la Cancillería y emitió un informe comunicando que, a pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas a nivel de gobierno, las Armadas argentina y sudafricana continuarían con las relaciones de cooperación. Los oficiales navales justificaban esta actitud en el hecho de que después de la guerra de las Malvinas, la Argentina había quedado imposibilitada de acceder a tecnología militar inglesa, y una buena relación con los sudafricanos era un paliativo a esa falencia (21). De acuerdo con información del diario Folha de Sao Paulo publicada por La Nación y citada por Lechini de Alvarez, oficiales de la Armada argentina visitaron Sudáfrica luego de la ruptura, en junio de 1986, y negociaron la venta de armas a las Fuerzas Armadas sudafricanas (27 cazas Mirage y 2 destructores), a través de intermediarios brasileños y con participación de Israel. Aunque la Cancillería y la Marina argentinas negaron las operaciones de venta de armas, la última no desmintió el viaje de oficiales a Pretoria (22).
    A partir de la ruptura de relaciones diplomáticas con el régimen de Pretoria, el gobierno de Alfonsín reforzó su posición militante anti-apartheid en los diversos foros multilaterales internacionales. Así, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU a partir de 1987, la Argentina patrocinó diversas resoluciones pidiendo amplias sanciones obligatorias contra el gobierno sudafricano. Sin embargo, el veto permanente de Estados Unidos y Gran Bretaña impidió que estas resoluciones se concretaran (23). Asimismo, la Argentina respaldó en la Asamblea General de Naciones Unidas un proyecto de resolución en el que se reclamaba que Sudáfrica fuera excluida del Tratado Antártico, y asistió como país "cooperante" a las conferencias consultivas de la SADCC (Southern Africa Development Coordination Conference). Vale también agregar que la posición militante de la diplomacia radical contra el apartheid sudafricano le permitió a la Argentina ser sede de un Seminario Internacional de apoyo a la inmediata independencia de Namibia y por la aplicación efectiva de sanciones contra Sudáfrica, organizado por las Naciones Unidas en Buenos Aires, entre el 20 y el 24 de abril de 1987 (24).

  1. Un claro testimonio de la posición de la Cancillería argentina respecto del "Africa Negra" y en contra del apartheid sudafricano fue el discurso del canciller Dante Caputo en nombre del latinoamericano Grupo de los Ocho ante la cumbre de la Organización de la Unidad Africana (OUA) que tuvo lugar a fines de mayo de 1988. En dicha ocasión, Caputo propuso intensificar el diálogo afro-latinoamericano para "resguardar nuestra capacidad de maniobra independiente frente a la competencia de poder" entre las superpotencias. En indirecta y crítica referencia al apartheid sudafricano, el canciller argentino señaló que "Nuestros pueblos, también en el presente, continúan compartiendo esa vieja y obstinada marcha del hombre hacia su libertad plena, hacia un destino de iguales oportunidades que en justicia tanto corresponde al individuo como a las sociedades nacionales, sin distinción alguna." Ver "Caputo en Africa. ‘Tenemos el mismo proyecto’ ", Página /12, 26 de mayo de 1988, p. 7.

  2. Para mayores detalles sobre este tema consultar el trabajo de Gladys Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis sudafricana", Cuadernos de Política Exterior Argentina, Serie Estudios, Nº 4, Promopea, Rosario, junio de 1988, pp. 23-26.

  3. Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 52.
  4. "Asistencia nuclear argentina a Argelia", Clarín, 28 de mayo de 1985, p. 15.

  5. "El presidente argelino inició su visita", Clarín, 9 de octubre de 1986, p. 19; y "Concluyó la visita del presidente de Argelia", Clarín, 11 de octubre de 1986, p. 11.

  6. "Firmaron un acuerdo de cooperación con Angola", Clarín, 17 de abril de 1988, p. 16.

  7. "Incrementarán vínculos económicos con el Zaire", Clarín, 20 de febrero de 1987, p. 11 y "Mobutu canceló visitas y adelantó su regreso", Clarín, 21 de febrero de 1987, p. 9.

  8. Ver detalles sobre la Operación Ghana en D. Santoro, op. cit., pp. 61-65.

  9. Ibid., pp. 65-67.

  10. Ibid., pp. 67-69; "El país. Novela sin final. Armas, mercenarios, un país africano, desenlace en alta mar, una fuga, la CIA... La historia del ‘Nobistor’ tiene intriga. Pero faltan respuestas", Somos, Nº 539, 21 de enero de 1987, pp. 16-18.

  11. Ver texto del comunicado 32 / 86 de la Cancillería argentina en los siguientes trabajos de Gladys Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., p. 37, nota 29; y Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso hasta Menem, Rosario, CERIR, 1995, p. 57, nota 48.

  12. "Argentina rompe relaciones con Sudáfrica", Clarín, 23 de mayo de 1986, pp. 20-21; "La Argentina rompió relaciones con el gobierno sudafricano", La Nación, 23 de mayo de 1986, p. 1; "La ruptura con Sudáfrica", La Nación, 23 de mayo de 1986, p. 20; G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., pp. 19 y 36-37, nota 29, y G. Lechini de Alvarez, "El apartheid y la política exterior sudafricana. Una percepción desde Argentina", Cuadernos de Política Exterior Argentina, Serie Estudios, Nº 6, Promopea, Rosario, octubre 1992, pp. 34-35.

  13. G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., pp. 19 y 37-38, nota 30.

  14. Este proyecto de ruptura de relaciones con Sudáfrica del diputado Storani fue presentado luego de una conversación entre el canciller Caputo y el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Senadores, Adolfo Gass, como una estrategia política del radicalismo para adelantarse a un eventual proyecto de la banca justicialista en este tema. G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., p. 20, y Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., pp. 68-69.

  15. Ver respecto de las razones que llevaron a la ruptura de relaciones con Sudáfrica el editorial "Las razones del momento elegido", por Oscar Raúl Cardoso, Clarín, 23 de mayo de 1986, p. 20; y los trabajos de R. Russell, "Sistemas de creencias y política exterior argentina...", op. cit., p. 35; G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., pp. 29-30, y G. Lechini de Alvarez, Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., pp. 78-79.

  16. G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., p. 30 y G. Lechini de Alvarez, Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., pp. 80-81 y Anexo III, p. 127.

  17. No obstante la existencia de algunos antecedentes de pedido de ruptura en los movimientos anti-apartheid de la Argentina (como el Comité Argentino para la Independencia de Namibia y la Erradicación del Apartheid y el Comité Argentino contra el Apartheid en Sudáfrica), la decisión de ruptura fue adoptada por el canciller Caputo en conversaciones de consulta con el presidente Alfonsín. G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., especialmente pp. 19 y 22.

  18. Referencia al proyecto de declaración del diputado justicialista Antonio Paleari, en G. Lechini de Alvarez, Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., p. 68.

  19. G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., p. 21. Vale señalar también que el diputado justicialista Paleari organizó entre el 20 y el 22 de agosto de 1985 el Simposio de Buenos Aires, con el fin de tratar la erradicación del apartheid y la independencia de Namibia. Este encuentro tuvo repercusión internacional, por ser el primero de esa naturaleza realizado en la Argentina, un país tradicionalmente percibido como prosudafricano. A dicho simposio concurrieron entre otros Adimba Toiva Ja Toivo, secretario General de la SWAPO (movimiento reconocido por Naciones Unidas como el único representante del pueblo namibiano), quien había sufrido 16 años de prisión en Sudáfrica y agradeció los esfuerzos del gobierno argentino por mejorar las relaciones con el Africa Negra. Asistieron también a este simposio anti-apartheid representantes ante la ONU del pueblo namibiano y sudafricano, además de funcionarios y académicos nacionales e internacionales. G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., pp. 21 y 38, nota 34; G. Lechini de Alvarez, Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., pp. 44 y 70.

  20. Declaraciones del diputado Bordón en G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., p. 20, y en G. Lechini de Alvarez, Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., p. 69.

  21. G. Lechini de Alvarez, Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., p. 74.

  22. Ibid., pp. 74-75.

  23. Los proyectos de resolución contra el régimen sudafricano fueron los siguientes: 1) el del 20 de febrero de 1987, un proyecto co-patrocinado por Argentina, Congo, Emiratos Arabes Unidos (EAU), Ghana y Zambia, que pedía amplias sanciones contra Sudáfrica por la ocupación ilegal de Namibia, que fue vetado por Estados Unidos y Gran Bretaña; 2) un proyecto similar al anterior, del 7 de abril de 1987, que también fue vetado por Estados Unidos y Gran Bretaña; 3) el proyecto de resolución del 30 de octubre de 1987, co-patrocinado por Argentina, Congo, EAU, Ghana y Zambia, que condenaba a Sudáfrica por la ocupación ilegal de Namibia (pero no mencionaba la alternativa de aplicar sanciones). Este proyecto fue aprobado con la abstención de Estados Unidos; 4) el proyecto de 25 de noviembre de 1987, copatrocinado por Argentina, Congo, EAU, Ghana y Zambia, que condenaba a Sudáfrica por las agresiones a Angola y que fue aprobado por unanimidad en la ONU; y 5) el proyecto de resolución correspondiente al 7 de marzo de 1988, presentado por Argelia, Argentina, Nepal, Senegal, Yugoslavia y Zambia, que proponía sanciones obligatorias contra Sudáfrica por el empeoramiento de la situación, y que fue vetado por Gran Bretaña y Estados Unidas. Ver al respecto G. Lechini de Alvarez, "Argentina-Africa: la crisis...", op. cit., p. 40, nota 46, y G. Lechini de Alvarez, Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., p. 71, nota 71.

  24. G. Lechini de Alvarez, Las relaciones Argentina-Sudáfrica desde el Proceso..., op. cit., pp. 71-72.

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