Las relaciones con los países africanos
Respecto de este ámbito de la agenda externa del gobierno radical,
cabe reconocer que, si bien el continente africano no constituyó un área prioritaria del
diseño de política exterior de la administración Alfonsín, se registró una
preocupación por incrementar el acercamiento con los países del Africa Negra y el
alejamiento del régimen racista sudafricano. Esta tendencia, que tuvo su máxima
expresión en la ruptura de relaciones diplomáticas con el gobierno de Pretoria,
constituyó un ejemplo del carácter "reactivo", que el gobierno radical
adoptó, en algunos ámbitos de la política exterior, respecto de la dictadura militar.
Esta percibió sus vínculos con el continente africano bajo la lente ideológica del
conflicto Este-Oeste, estrechando vínculos con el régimen racista -pero anticomunista-
de Sudáfrica contra los posibles embates de los países del Africa Negra, que, como en el
caso de Angola, eran víctimas del avance del marxismo soviético-cubano. Por el
contrario, la gestión radical, interesada en un mayor acercamiento con los países del
Africa Negra y en "lavar" la imagen heredada del Proceso, reemplazó el eje de
referencia Este-Oeste por el conflicto Norte-Sur (1).
Tomando como base este cambio en los criterios ordenadores de la
política exterior, el gobierno de Alfonsín adoptó una serie de medidas que mostraron un
mayor interés por los países del Africa Negra, en virtud de tres intereses considerados
prioritarios por la diplomacia radical: a) la defensa de los derechos humanos a través de
una activa posición crítica hacia el régimen sudafricano; b) la búsqueda de apoyo de
los países del Africa Negra en función de la reivindicación de los derechos de
soberanía argentinos en Malvinas; y c) la firma de convenios de cooperación económica y
técnica con los países africanos en el contexto de la cooperación Sur-Sur. Ejemplos de
la implementación de esta nueva política fueron la creación de una embajada argentina
en Zimbabwe (el 2 de octubre de 1986), el restablecimiento de relaciones diplomáticas con
Centroáfrica (el 15 de julio de 1986) y Seychelles (el 2 de octubre de 1986), y la firma
de diversos acuerdos de cooperación con Argelia, Cabo Verde, Mozambique, Ghana y Angola
(2).
El presidente Alfonsín comenzó a tomar contacto con la realidad de
los problemas africanos a su regreso de una gira por Europa, cuando hizo escala en Argel
el 26 de octubre de 1984, manteniendo una entrevista con el presidente de la República
Argelina Democrática y Popular y secretario general del Frente de Liberación Nacional,
Chadli Benjedid. Ambos acordaron formar una comisión mixta para ampliar la cooperación
económica bilateral (3).
Al año siguiente, a fines de mayo de 1985 llegó a la Argentina una
delegación de la Comisión de Energías Nuevas de la República Argelina, encabezada por
Hadj Slimane Cherif. Como fruto de esta visita, se firmaron una serie de acuerdos para la
construcción en Argelia de un reactor nuclear de investigación y capacitación del tipo
RA-6, similar al que funciona en el Centro Atómico de San Carlos de Bariloche; y para la
cooperación bilateral en el campo de la producción y utilización de radioisótopos en
medicina, industria y agricultura (4).
En retribución a la visita que efectuara Alfonsín a Argel, entre el 8
y el 10 de octubre de 1986 visitó la Argentina el presidente argelino Benjedid. Esta
constituía la primera visita de un jefe de estado árabe y africano desde el advenimiento
del régimen democrático. El resultado más importante de la presencia de Benjedid fue la
firma de un comunicado conjunto por los cancilleres argentino y argelino, Dante Caputo y
Ahmed Taleb Ibrahimi, que destacaba el "ambiente de confianza y gran
cordialidad" en el que se desarrollaron las conversaciones entre representantes de
ambos gobiernos, y el respaldo de las autoridades de Argel a la descolonización y al
reclamo de soberanía argentino sobre las islas Malvinas. El canciller argelino señaló
la "similitud de puntos de vista en política exterior" alcanzada por los dos
países, la "necesidad de un nuevo orden económico internacional" para
solucionar el problema de la deuda externa; y el apoyo a las gestiones negociadoras del
Grupo de Contadora (5).
Por otro lado, cabe destacar, en el caso de Angola, la firma, el 16 de
abril de 1988, de un "acuerdo general de cooperación técnica, científica y
cultural" entre los cancilleres de ambos países, Alfonso van Dunem y Dante Caputo.
Inscripto en el marco de la cooperación Sur-Sur y de la intención de acercarse al Africa
Negra que impulsaba el titular del Palacio San Martín, este convenio suponía un
acuerdo-marco para los siguientes ocho años que definía como sectores prioritarios la
agricultura, la minería y la salud (6).
Respecto del Zaire, en la segunda quincena de febrero de 1987, tuvo la
visita a la Argentina del presidente de dicho país, mariscal Mobutu Sese Seko, quien
firmó con su colega argentino Raúl Alfonsín una declaración conjunta que destacaba:
a) la necesidad de intensificar los esfuerzos mundiales para detener la carrera armamentista en general y lograr el desarme mundial;
b) el mutuo rechazo a la presencia de armamentos nucleares en el Atlántico Sur;
c) los esfuerzos tendientes a constituir el Medio Oriente y el Africa como zona libre de armas nucleares;
d) la gravedad de la situación económica internacional, derivada de la caída de los precios de las materias primas, las dificultades vinculadas al problema de la deuda externa y la seria inestabilidad monetaria y financiera internacional;
e) la necesidad de la cooperación de los países desarrollados para encontrar soluciones a las demandas de progreso de los países en desarrollo; y
f) la necesidad de una vigorosa cooperación Sur-Sur -el presidente Alfonsín accedió al pedido de Mobutu de extender a 15 millones de dólares una línea de crédito entonces vigente por 5 millones; por su parte, el mandatario del Zaire proclamó el respaldo del gobierno de su país a la posición argentina por la cuestión de las islas Malvinas, gesto que Alfonsín agradeció (7)-.
En el caso de Ghana, las relaciones fueron más conflictivas. El 25 de
febrero de 1986 fue firmada la resolución secreta número 235 por los ministros de
Defensa, Germán López, y de Relaciones Exteriores, Dante Caputo. Esta resolución
autorizaba a la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM) a exportar a la firma
intermediaria Cohuay S.A. -dirigida por el capitán retirado de la Armada argentina Luis
Cabut- el siguiente material, cuyo destino final era Ghana: 150 fusiles automáticos
livianos (FAL) modelo IV calibre 7,62 por 61 mm. con el cargador del arma; 150 mil
cartuchos de FAL; 100 granadas antitanque; 400 granadas de mano; 4 ametralladoras pesadas
MAG y 12.000 cartuchos eslabonados para MAG. Estas armas y municiones fueron solicitadas
por el ex funcionario ghanés Godfrey Osei, por entonces en el exilio, para intentar
derrocar al gobierno socialista de Ghana liderado desde 1981 por el teniente Jerry
Rawlings. Pero Osei no realizó la solicitud directamente al gobierno argentino: fue la
Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA) quien le recomendó la DGFM para
proveerse de armamento barato y derrocar al gobierno socialista ghanés (8).
Las armas y municiones argentinas fueron cargadas en el buque Nobistor
de bandera panameña. Junto con las armas, también subieron al buque ocho mercenarios
norteamericanos veteranos de la guerra de Vietnam, con pasaportes falsos, contratados por
el ex funcionario ghanés Osei para atacar el palacio del presidente Rawlings y otros
puntos clave de Accra, la capital ghanesa. Pero el barco nunca llegó a destino porque el
capitán del Nobistor, Eduardo Gilardoni, al enterarse de que los mercenarios
norteamericanos no iban a entregar las armas al gobierno de Ghana sino que iban a intentar
derrocarlo, simuló un desperfecto y paró su embarcación en el puerto de Río de
Janeiro, permitiendo que la policía brasileña asaltara el barco y redujera a los
mercenarios norteamericanos y a la tripulación argentina. Cuando los resultados de este
operativo se conocieron en Buenos Aires, el canciller Dante Caputo activó contactos
diplomáticos con las autoridades ghanesas para evitar una crisis bilateral con un país
miembro de No Alineados. Envió una carta en mayo de 1986 a su colega ghanés, Obede
Asamoah, pidiendo disculpas por el operativo, y meses más tarde, en una reunión del
Movimiento de No Alineados, se entrevistó con el propio presidente Rawlings (9).
Pero mientras Caputo intentaba normalizar las relaciones diplomáticas
con el gobierno socialista africano, el operativo Ghana aparejó otras dos complicaciones
al gobierno radical, vinculadas al ámbito de las relaciones con Brasil. La primera estuvo
relacionada con el fallo de la Justicia brasileña, que consideró como igualmente
culpables al capitán del Nobistor Gilardoni y a los mercenarios norteamericanos, a
los que condenó a cinco años de prisión bajo la acusación de haber participado de una
maniobra consistente en anclar el buque frente al puerto de Río para intentar el ingreso
ilegal de armas al Brasil. Luego de varios meses y pedidos del gobierno argentino,
Gilardoni fue liberado. En cuanto a los mercenarios norteamericanos, cuatro de ellos
lograron escapar con apoyo de la CIA y otros cuatro fueron extraditados a la Argentina,
donde fueron acusados de contrabando, pero también la CIA los ayudó a salir del país.
El segundo inconveniente fue que las armas argentinas, que no habían llegado a Ghana por
la requisa de la policía brasileña, fueron a parar a manos de un grupo de paramilitares
contratados por hacendados brasileños que mataban campesinos del grupo de los Sin Tierra
(10).
Finalmente, cabe mencionar que el 22 de mayo de 1986, el gobierno de
Alfonsín decidió la ruptura de relaciones diplomáticas con Sudáfrica. De acuerdo con
el Comunicado Nº 32 / 86 del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina
(....) ante expresiones oficiales del gobierno sudamericano (...) que confirman la voluntad desestabilizadora e intervencionista de sus autoridades en perjuicio de las naciones vecinas (...) como consecuencia de un régimen institucionalizado de discriminación racial (...) que constituye una amenaza para la paz y la seguridad internacionales (...) el gobierno argentino ha adoptado la decisión de romper relaciones diplomáticas con la República Sudafricana, reiterando la permanente amistad con el pueblo sudafricano (11).
Como sostiene Gladys Lechini de Alvarez, esta decisión no constituyó
un hecho aislado, sino que fue la culminación de una serie de comunicados de la
Cancillería argentina, crecientemente críticos respecto del régimen de Pretoria (los
comunicados del 9 y 10 de octubre de 1984; 9 y 24 de mayo de 1985; 26 de julio de 1985; 12
de agosto de 1985; 2 de abril de 1986; y 20 y 22 de mayo de 1986), donde, entre otras
cosas, se solicitaba a las autoridades sudafricanas la liberación de Nelson Mandela y de
todos los presos políticos por su militancia contra la discriminación racial, y se
reiteraba la oposición del gobierno argentino a las agresiones sudafricanas a los países
del Africa Austral. Asimismo, el 12 de agosto de 1985 se había llamado por consulta al
encargado de negocios argentino en Pretoria, como "expresión de desagrado" de
las autoridades del Palacio San Martín por la política de apartheid en Pretoria,
lo cual constituyó un antecedente de la ruptura de relaciones con Sudáfrica (12).
De igual modo, la ruptura de relaciones estuvo precedida por el
respaldo argentino a un conjunto de resoluciones aprobadas en los organismos
internacionales referentes a la condena del apartheid sudafricano -Asamblea General
de Naciones Unidas, período ordinario de sesiones correspondiente a los años 1984, 1985
y 1986; Reunión del Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación
Racial, Ginebra, 1984; Reunión Extraordinaria del Comité Coordinador sobre Namibia del
Movimiento de Países No Alineados, Nueva Delhi, 21 de abril de 1985; Conferencia Mundial
de Sanciones contra Sudáfrica Racista, París, junio de 1986; Conferencia Internacional
en pro de la independencia de Namibia, Viena, julio de 1986; y Seminario sobre los
Derechos Humanos en Sudáfrica, organizado por el Comité contra el Apartheid, Camerún,
1986 (13)-.
Por cierto, vale agregar que la ruptura de relaciones diplomáticas con
las autoridades de Pretoria no apareció como una iniciativa aislada del gobierno radical,
sino que contó con un importante respaldo parlamentario. Así, el 21 de agosto de 1985 el
Senado sancionó como ley la Adhesión argentina a la Convención Internacional sobre
Represión y Castigo del Crimen de Apartheid, que había sido suscripta durante el
gobierno de Isabel Perón, el 6 de junio de 1975 y aprobada por la Cámara de Diputados.
Este paso fue considerado por los legisladores argentinos como un gesto que reforzaba el
deterioro de los vínculos con el régimen sudafricano y procuraba una mejor relación con
el resto de los países africanos. A su vez, la Cámara de Diputados aprobó el 22 de
agosto de 1985 un proyecto presentado el 14 del mismo mes por el presidente de la
Comisión de Relaciones Exteriores en la Cámara Baja, el diputado radical Federico
Storani, que proponía la "ruptura de todo tipo de relaciones diplomáticas y
comerciales entre Argentina y Sudáfrica (14)".
De acuerdo con Russell, esta decisión se justificó desde la posición
ética del gobierno radical respecto de la cuestión de los derechos humanos, tanto en el
plano interno como en el internacional. No obstante, tanto Russell como Lechini de Alvarez
coinciden en que el factor que pesó más en la decisión de ruptura no fue tanto de orden
ético sino de naturaleza política práctica: la necesidad de contar con el apoyo de los
países del Africa Negra y de otros países del Tercer Mundo para la reivindicación
argentina de la soberanía sobre las islas Malvinas. Así, la decisión del gobierno
radical de romper relaciones diplomáticas habría sido una forma de sancionar el apartheid
sudafricano, tener una mejor inserción en No Alineados y captar la buena voluntad de los
países del Africa Negra en la cuestión Malvinas (15).
Pero, mas allá de la intención del gobierno radical de combinar
ética y pragmatismo en sus vínculos con Pretoria, las cifras del intercambio comercial
bilateral demuestran que la ruptura de relaciones diplomáticas con Sudáfrica tuvo un
escaso impacto en los vínculos comerciales entre ambos países, evidenciando la relativa
autonomía de la esfera comercial -manejada por actores privados- respecto de la
político-diplomática -conducida por actores estatales-. Por el lado de las exportaciones
argentinas a Sudáfrica, éstas disminuyeron entre 1986 y 1987, aunque se recuperaron en
1988 y 1989. Por el lado de las importaciones argentinas de procedencia sudafricana,
éstas se incrementaron después de la ruptura de relaciones diplomáticas, con una leve
baja en 1988 (16).
Finalmente, cabe destacar tres elementos importantes respecto de la
ruptura de relaciones diplomáticas con Sudáfrica. En primer lugar, ésta fue una
decisión que el canciller Caputo adoptó tras conversaciones de consulta con el
presidente Alfonsín y sobre la base de la posición de condena al apartheid
sudafricano tanto a nivel bilateral como multilateral, sin que mediaran agencias
burocráticas o grupos de presión en el proceso de toma de decisiones (17).
En segundo término, fue una de las pocas decisiones de política
exterior del gobierno radical que contó con un respaldo firme del principal partido de
oposición, el justicialismo. Testimonios de ello fueron la presentación, por parte del
diputado justicialista Antonio Paleari el 10 de enero de 1984, de un proyecto de
declaración -que no prosperó- para que la Cámara Baja solicitara al Ejecutivo la
ruptura de relaciones con Sudáfrica "hasta tanto ese país no modifique el apartheid
(18)"; la creación, en abril de 1984 y por parte del mismo Paleari, de la Comisión
para la Desarrollo de las Relaciones Argentino-Africanas (CODERAAF), uno de cuyos
objetivos fue la lucha contra la discriminación racial sudafricana y a favor de la
independencia de Namibia (19); y las declaraciones efectuadas por el diputado
justicialista José O. Bordón en septiembre de 1985, oportunidad en la que se debatió en
la Cámara Baja el proyecto de ruptura de relaciones (20).
En tercer lugar, el tema de la ruptura con Sudáfrica fue otro
indicador de la existencia de serias divergencias entre el gobierno de Alfonsín y la
cúpula militar, especialmente con los oficiales de la Marina, cuyos vínculos con el
régimen de Pretoria habían sido especialmente estrechos durante los años del Proceso.
De acuerdo con una entrevista que Lechini de Alvarez hizo a Alconada Sempé, cuando se
produjo la ruptura de relaciones con Sudáfrica, la Marina no dudó en mostrar sus
diferencias de enfoque ideológico con la Cancillería y emitió un informe comunicando
que, a pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas a nivel de gobierno, las Armadas
argentina y sudafricana continuarían con las relaciones de cooperación. Los oficiales
navales justificaban esta actitud en el hecho de que después de la guerra de las
Malvinas, la Argentina había quedado imposibilitada de acceder a tecnología militar
inglesa, y una buena relación con los sudafricanos era un paliativo a esa falencia (21).
De acuerdo con información del diario Folha de Sao Paulo publicada por La
Nación y citada por Lechini de Alvarez, oficiales de la Armada argentina visitaron
Sudáfrica luego de la ruptura, en junio de 1986, y negociaron la venta de armas a las
Fuerzas Armadas sudafricanas (27 cazas Mirage y 2 destructores), a través de
intermediarios brasileños y con participación de Israel. Aunque la Cancillería y la
Marina argentinas negaron las operaciones de venta de armas, la última no desmintió el
viaje de oficiales a Pretoria (22).
A partir de la ruptura de relaciones diplomáticas con el régimen de
Pretoria, el gobierno de Alfonsín reforzó su posición militante anti-apartheid
en los diversos foros multilaterales internacionales. Así, como miembro no permanente del
Consejo de Seguridad de la ONU a partir de 1987, la Argentina patrocinó diversas
resoluciones pidiendo amplias sanciones obligatorias contra el gobierno sudafricano. Sin
embargo, el veto permanente de Estados Unidos y Gran Bretaña impidió que estas
resoluciones se concretaran (23). Asimismo, la Argentina respaldó en la Asamblea General
de Naciones Unidas un proyecto de resolución en el que se reclamaba que Sudáfrica fuera
excluida del Tratado Antártico, y asistió como país "cooperante" a las
conferencias consultivas de la SADCC (Southern Africa Development Coordination
Conference). Vale también agregar que la posición militante de la diplomacia radical
contra el apartheid sudafricano le permitió a la Argentina ser sede de un
Seminario Internacional de apoyo a la inmediata independencia de Namibia y por la
aplicación efectiva de sanciones contra Sudáfrica, organizado por las Naciones Unidas en
Buenos Aires, entre el 20 y el 24 de abril de 1987 (24).
NOTAS
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