Las relaciones con Italia
A fines de enero de 1984, el canciller Caputo realizó un viaje a
Italia, ocasión en que mantuvo conversaciones con el presidente del Consejo de Ministros
de Italia, Bettino Craxi. Este hizo enfáticos elogios del "coraje" con que el
gobierno radical estaba enfrentando el problema de las violaciones a los derechos humanos,
heredado de la dictadura militar. En este encuentro también se trató la cuestión de las
islas Malvinas como obstáculo en las relaciones Argentina-CEE, tema que apareció
nuevamente en un encuentro que por esos días mantuvieron Craxi y la primera ministra
británica Margaret Thatcher. La última se opuso frontalmente a una eventual mediación
italiana entre Buenos Aires y Londres, alternativa que, por otra parte, tanto Caputo como
Craxi se encargaron de desmentir (1). Posteriormente, durante su visita a la Argentina en
noviembre de 1984, la subsecretaria de Relaciones Exteriores de Italia, Susana Agnelli,
precisó al propio presidente Alfonsín las dificultades del gobierno italiano para
cambiar su voto respecto del tema de Malvinas (2).
En lo referente al problema del endeudamiento externo, a fines de
octubre de 1984, antes del arribo del presidente Alfonsín a Roma, el gobierno italiano
dio a conocer un documento en el que subrayaba la necesidad de que la Argentina firmara un
acuerdo con el FMI, como paso previo para la captación de créditos e inversiones
provenientes de Italia y de otros países europeos. Por cierto, la posición del gobierno
italiamo estaba en las antípodas de las expectativas radicales respecto de un rol de
"arbitraje" de las socialdemocracias europeas entre Buenos Aires y el gobierno y
la banca norteamericana. El resultado más importante del encuentro entre Alfonsín y su
colega italiano Sandro Pertini se limitó a la constitución de un sistema permanente de
consultas al más alto nivel gubernamental, en cuyo marco se crearía la primera Comisión
Mixta Italiano-Argentina (3).
A pesar de estos contactos, como sucediera en el caso de los vínculos
con España, fueron escasos los acuerdos de cooperación bilateral con Italia firmados
durante la primera etapa del gobierno de Alfonsín. Uno de ellos consistió en una
modificación al convenio relativo a la realización de un centro de formación
profesional para la mecánica de precisión en la Argentina, firmado en Buenos Aires el 18
de abril de 1984, y otro se refería a la instalación en la ciudad de Córdoba de un
centro de mecánica de precisión, suscripto también en Buenos Aires el 9 de octubre del
mismo año (4).
En marzo de 1985 el presidente italiano Sandro Pertini realizó una
visita a la Argentina. Pertini destacó los adelantos producidos en materia de derechos
humanos desde el retorno de la democracia y la incidencia de estos cambios en el
mejoramiento de las relaciones entre ambos países, habida cuenta de la enorme cantidad de
reclamos existentes por la desaparición y abusos contra residentes italianos en la
Argentina durante la etapa de la dictadura militar. Asimismo, Alfonsín y Pertini
acordaron en este encuentro una reunión de los cancilleres de ambos países, Dante Caputo
y Giulio Andreotti, para el mes de abril en Roma, con el fin de poner en marcha el
mecanismo de consultas bilaterales (5).
La visita de Pertini también abrió las puertas para la concreción de
un programa de cooperación técnica y de inversiones por el cual el gobierno italiano
otorgó al argentino 22.000 millones de liras en créditos no reembolsables, y 114.000
millones de liras en créditos de ayuda a bajo interés, equivalentes a un monto total
aproximado de 72 millones de dólares. Estos créditos estaban destinados al
financiamiento de proyectos de alta tecnología, promoción de la horticultura y
fruticultura, y producción de fertilizantes. Asimismo, durante la visita del mandatario
italiano, los cancilleres Caputo y Andreotti firmaron un memorándum de entendimiento para
el establecimiento del sistema bilateral de consultas permanente destinado a promover los
contactos entre la Argentina e Italia, no sólo en los temas que hacían a la agenda
bilateral sino también en cuestiones referidas a la situación regional o mundial que
ambos gobiernos identificaran como prioritarias (6).
Poco después, en mayo de 1985 tuvo lugar la visita del canciller
argentino a Roma. En esta ocasión, Caputo y Andreotti acordaron emprender 10 proyectos de
cooperación por un monto total de 12 millones de dólares, que abarcaban áreas tales
como petróleo, gas y recursos hídricos, incluyendo un programa de recuperación de
tierras inundadas y un plan de ayuda técnica en el marco del Programa Patagónico de
Areas de Frontera. También los cancilleres arribaron a un acuerdo sobre la apertura de
una línea de crédito de 60 millones de dólares con tasas bajas de interés, y sobre la
reorganización de los pagos de los vencimientos de la deuda argentina con los bancos
italianos -cuyo monto alcanzaba aproximadamente 170 millones de dólares (7)-.
En septiembre de 1985 llegó a Buenos Aires el ministro de Defensa
italiano, Giovanni Spadolini, manteniendo contactos con su colega argentino, Roque
Carranza. Como producto de estas conversaciones, se firmó un acuerdo general de
cooperación que contemplaba el intercambio de información y de asistencia técnica
militar, el desarrollo de programas de investigación y cooperación en común, la
transferencia de "know-how" para la fabricación de materiales y el fomento de
iniciativas industriales y comerciales en el sector militar. También el acuerdo preveía
la iniciación de mecanismos para el adiestramiento de personal militar y técnico
mediante intercambios coordinados, y la realización de estudios sobre proyectos concretos
de cooperación en la producción militar (8).
Entre los días 19 y 22 de diciembre de 1985, el canciller italiano,
Giulio Andreotti, realizó una visita a la Argentina. Por cierto, la presencia del
canciller italiano no sólo incluyó el intercambio de opiniones en cuestiones de la
agenda política (tales como la crisis centroamericana), sino que también tuvo
repercusiones concretas en el ámbito económico de la relación entre ambos países. En
dicha ocasión, los cancillerses Caputo y Andreotti firmaron un acuerdo de cooperación
sobre turismo, y acordaron una serie de proyectos de cooperación económica e industrial,
entre los que podemos mencionar la construcción del segundo gasoducto troncal
Neuquén-Bahía Blanca-Buenos Aires (por un monto aproximado de 1000 millones de
dólares); la provisión de repuestos y servicios para grupo turbo de Central B Sorrento
(por un total de 1 a 2 millones de dólares); la provisión de equipos y repuestos para el
mantenimiento de estaciones transformadoras de grupos turbo y diesel y turbinas
hidráulicas en el sector Agua y Energía (por un monto aproximado de 9 millones de
dólares); la provisión de repuestos para la Central Nuclear Embalse (por 8 millones de
dólares); el convenio para la compra de transformadores para Atucha II y la
modernización de la línea A de subterráneos de la Capital Federal (9).
En el marco del acuerdo general de cooperación oportunamente firmado
por los ministros de Defensa argentino e italiano, el nuevo ministro de Defensa argentino,
José Horacio Jaunarena firmó en Roma, a principios de febrero de 1987, un memorándum de
entendimiento con la empresa estatal Aeritalia, por el cual ambos países fabricarían
partes de aviones y aviones completos en forma conjunta (10). Poco después, el 17 de
febrero, un decreto del gobierno italiano favorecía las exportaciones de carne
argentinas, y se inauguraba la muestra "Proyecto Hombre" promovida por la
embajada argentina en colaboración con el Centro Italiano de Solidaridad (organismo no
gubernamental con status consultivo, categoría II, en el Consejo Económico y Social de
la ONU), y cuyo objetivo era reforzar la cooperación bilateral en la lucha contra el
consumo de drogas (11).
Poco después, la crisis militar ocurrida en la Argentina en abril de
1987 movió al gobierno italiano a manifestar su total respaldo al gobierno de Alfonsín.
Así, el 30 de abril los cancilleres Caputo y Andreotti firmaron en Roma un acuerdo
tendiente a asegurar el crecimiento económico y reforzar la democracia en la Argentina.
Este acuerdo planteaba la cooperación en los sectores energético, urbano, desarrollo de
la región patagónica, red vial, industria petrolífera y química, así como turismo y
automatización de los procesos industriales (12).
Pero el paso más trascendente en el ámbito de la cooperación
bilateral fue, sin duda, la firma, por parte de los presidentes Raúl Alfonsín y Giovanni
Goria en Roma el 10 de diciembre de 1987, del Tratado de Cooperación con Italia y su Acta
anexa para la creación de una "relación asociativa particular" entre dicho
país europeo y la Argentina. Dicha relación se constituía en razón de la comunión de
sangre y cultura, y como una experiencia innovadora en el contexto de la cooperación
Norte-Sur entre países desarrollados y países en desarrollo afectados por el problema
del endudamiento externo. A juicio de Russell, los textos de ambos documentos contienen
tres elementos muy relevantes:
a) el establecimiento, en el texto del Acta, del llamado "Programa de Apoyo al Desarrollo Económico Argentino" en el que se preveía para el quinquenio 1988-1992 la movilización de recursos para concretar inversiones productivas en la Argentina por un monto de 5000 millones de dólares;
b) el énfasis en el desarrollo de proyectos conjuntos presentados por las pequeñas y medianas empresas de ambos paises (artículo 5º del Tratado); y
c) la inclusión de la claúsula democrática (artículo 8º del Tratado), por la cual el texto del acuerdo define al mantenimiento del régimen democrático como "una condición permanente de la expansión de las relaciones entre los dos países (13)".
Paralelamente a la firma de este acuerdo a nivel presidencial, los
cancilleres Caputo y Andreotti suscribieron doce protocolos y convenios sobre materias
específicas complementarias al proyecto general de cooperación. Entre los más
importantes podemos señalar los de cooperación técnica (destinados a la formación de
un "club tecnológico bilateral" para la transferencia de tecnología con
participación de empresas públicas y privadas); de cooperación científica en las
áreas de agricultura, ganadería y pesca; de asitencia judicial en materia penal; de
asuntos consulares y de coproducción cinematográfica. Finalmente, antes de que el
presidente Alfonsín partiera de territorio italiano, la Confederación General de la
Industria y la Confederación General Económica firmaron con la Confederación Italiana
de la Pequeña y Mediana Empresa un acta de entendimiento para la formación de empresas
mixtas con el fin de concretar emprendimientos conjuntos de desarrollo industrial (14).
Si bien el tratado de asociación con Italia contó desde un primer
momento con el respaldo de los partidos Radical y Justicialista, durante su tratamiento
parlamentario algunos legisladores peronistas realizaron cuestionamientos parciales al
mismo, entre ellos al régimen de adjudicación directa de obra pública a las empresas
italianas, a la cuestión de las exenciones arancelarias, a la participación provincial
en la distribución del cupo crediticio, y al otorgamiento de garantías a la inversión
que fueron consideradas excesivas (15). No obstante la reticencia del bloque
justicialista, el convenio con Italia pasó la prueba legislativa, siendo aprobado el 28
de junio de 1988 por la Cámara de Diputados y el 3 de agosto por la de Senadores. El 23
de agosto el Poder Ejecutivo promulgó la ley 23591 que puso definitivamente en vigencia
el Tratado (16).
Superado el escollo parlamentario, un nuevo paso se concretó el 21 de
noviembre de 1988, cuando el presidente Alfonsín firmó con su colega italiano Ciriaco De
Mita, el Acuerdo Financiero para el establecimiento de la Secretaría Permanente
Argentino-Italiana y de otros órganos previstos en el tratado, con el objetivo de ponerlo
definitivamente en marcha (17).
Un día después de la firma del acuerdo, la Secretaría Permanente
realizó su primera reunión en Roma, con el objeto de identificar los primeros proyectos
concretos de inversión pública y privada. Entre los proyectos de inversión pública, se
destacó la adjudicación de una obra para la digitalización y modernización de los
servicios telefónicos del área múltiple de Buenos Aires a un holding liderado
por empresas italianas y argentinas -el proyecto Digi II-. Como señala Russell, el
proceso de toma de decisiones previo a la adjudicación de esta obra evidenció
divergencias dentro del gobierno argentino, particularmente entre la Cancillería,
impulsora del proyecto, y el Ministerio de Obras y Servicios Públicos, que lo objetaba,
aduciendo el alto costo de la obra y su eventual impacto negativo sobre las negociaciones
que los funcionarios de Servicios Públicos estaban gestionando en ese momento con los
representantes de la empresa española Telefónica. Finalmente, el presidente Alfonsín
optó por darle la razón a Cancillería. Desde la óptica del primer mandatario, había
que otorgar a las autoridades italianas alguna señal concreta que evidenciara la voluntad
política argentina de continuar adelante con el Tratado, tras los enormes esfuerzos en el
Parlamento para aprobarlo y, sobre todo, tras el rechazo de las autoridades locales a la
oferta del Ente Nazionale de Idrocarburi (ENI) para la construcción de un polo
petroquímico en Neuquén -obra finalmente adjudicada a un consorcio internacional
integrado por Dow Chemical-Pérez Companc (18)-.
Cabe destacar por último la firma en Buenos Aires de una carta de
intención entre el ministro de Defensa argentino Jaunarena y su colega italiano Valerio
Zanone, el 19 de octubre de 1988. Este acuerdo preveía la cooperación bilateral en
materia de investigación y desarrollo de tecnología para la coproducción de materiales
de defensa y programas de reequipamiento, en especial en materia de electrónica,
telecomunicación e industria aeroespacial y naval; y la colaboración entre las fuerzas
armadas de ambos países, especialmente en el campo del adiestramiento y la formación
profesional, que incluía ejercicios conjuntos e intercambio de instructores de las
respectivas Escuelas de Guerra e Institutos Superiores (19).
NOTAS
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