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Las relaciones con El Salvador

El gobierno radical no dudó en respaldar la gestión de José Napoleón Duarte. Así, ya en ocasión de la asunción al poder de Duarte en mayo de 1984, las autoridades argentinas remarcaron los méritos del ejercicio de la democracia en ese país centroamericano.
    A fines de febrero de 1985, el canciller salvadoreño, Jorge Eduardo Tenorio, realizó una visita a la Argentina. En el transcurso de la misma Tenorio agradeció "la colaboración argentina, especialmente en el campo económico y el apoyo político" recibido por su país en los últimos tiempos. El canciller salvadoreño sostuvo además que

(...) creemos que el apoyo de una democracia respetable y respetada como la de la Argentina es una suerte de garantía para la creación de un esquema concertado que permita el funcionamiento de una sociedad pluralista en un estado de derecho (1).

El 27 de febrero, los cancilleres Caputo y Tenorio suscribieron un comunicado conjunto en el que ambos expresaron la adhesión de sus gobiernos a los principios y objetivos de la Carta de Naciones Unidas, y en particular su preocupación por garantizar un absoluto respeto por los derechos humanos. Los dos cancilleres coincidieron en destacar el sistema democrático como el único que permite el ejercicio de las libertades indispensables para la realización de la persona humana, y destacaron que la deuda externa era un factor que amenazaba tanto la consolidación democrática como la estabilidad socio-económica. Respecto del último punto, Caputo y Tenorio respaldaron una negociación de carácter político entre acreedores y deudores y reafirmaron el contenido del Consenso de Cartagena. Caputo destacó los avances en el proceso de democratización salvadoreño y Tenorio reiteró el apoyo de su país a los reclamos argentinos por Malvinas. Finalmente, la ampliación de un crédito de 5 millones de dólares otorgado en 1984 por el Banco Central y el compromiso de facilitar la instalación de 200 familias salvadoreñas en las provincias de Salta y Jujuy constituyeron dos gestos concretos con los que el gobierno de Alfonsín expresó su respaldo al régimen de Duarte (2).
    Posteriormente, los contactos bilaterales se sucedieron, procurando, del lado salvadoreño, obtener de los países democráticos de la región una imagen de legitimidad para el gobierno de Duarte. Del lado argentino, dichos contactos confirmaban la vocación de la administración radical por respaldar la que aparecía como la opción menos conflictiva en el convulsionado país centroamericano (3). En el marco de dichos contactos se destacó, en agosto de 1985, la visita del vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, Rodolfo Castillo Claramount. El canciller salvadoreño ratificó al presidente Alfonsín la voluntad del gobierno de Duarte de "avanzar por el camino del diálogo, del entendimiento y de la racionalidad (4)".
    A mediados de mayo de 1986 arribó a la Argentina el presidente salvadoreño, José Napoleón Duarte, en el contexto de una gira que también incluyó Uruguay y Perú. En el transcurso de su visita, Duarte destacó el valor político de Contadora y firmó con su colega Alfonsín una declaración conjunta que enfatizó una serie de coincidencias: a) la necesidad de entablar un diálogo político con los países industrializados para solucionar la cuestión de la deuda externa; b) la común definición del problema de la deuda como un factor que amenazaba la estabilidad económica, política y social, y la continuidad del sistema democrático en los países en desarrollo; y c) la necesidad de incrementar el desarrollo de las relaciones bilaterales. Por su parte, Duarte expresó el respaldo de su gobierno al reclamo de soberanía argentino sobre Malvinas (5).

  1. Declaraciones del canciller Tenorio en "El gobierno salvadoreño elogió la ayuda argentina", Clarín, 27 de febrero de 1985, p. 8, y "El Salvador. Declaraciones del ministro de relaciones exteriores", La Prensa, 28 de febrero de 1985, p. 5.

  2. "Documento conjunto con El Salvador", Clarín, 28 de febrero de 1985, p. 10; Cronología relaciones internacionales de Argentina, enero / agosto de 1985, op. cit., p. 14; y los artículos de R. Russell, "Entre Estados Unidos y América Latina...", op. cit., p. 6, y "La política exterior de Argentina en 1985", op. cit., p. 31.

  3. Por cierto, la única alternativa real a Duarte era la extrema derecha, responsable de los asesinatos masivos que formaron parte de la experiencia cotidiana salvadoreña a principios de la década de los ’80. La otra alternativa, la de extrema izquierda, expresada en la oposición armada del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), era una opción que la administración Reagan no aceptaba, porque percibía que detrás del grupo guerrillero estaban los Estados comunistas. Si bien las administraciones de Alfonsín y Reagan no coincidían en el diagnóstico acerca de las causas de la guerra civil salvadoreña (la primera la atribuía a las malas condiciones socio-económicas y a la represión política sufridas por la sociedad salvadoreña, en tanto para la segunda se trataba de un caso de agresión armada indirecta por parte de las potencias comunistas), coincidieron sí en el apoyo al moderado gobierno demócrata cristiano de Duarte, aunque por distintas razones (Reagan no podía admitir que El Salvador cayera en manos del marxismo-leninismo y Alfonsín y su canciller Caputo temían que la polarización de los conflictos sociales salvadoreños tuvieran repercusión en el resto de la región). Ver al respecto el trabajo de J. Spanier, op. cit., pp. 300-304.

  4. Tiempo Argentino, 3 de agosto de 1985, cit. en R. Russell, "La política exterior de Argentina en 1985", op. cit., p. 31.

  5. "Presidente de un país convulsionado. Hoy arriba Duarte", por Oscar Raúl Cardoso, Clarín, 14 de mayo de 1986, p. 17; "Llegó Duarte y se reúne con Alfonsín, Clarín, 15 de mayo de 1986, p. 16; "Duarte: Contadora es la única solución", Clarín, 17 de mayo de 1986, p. 8, y "Deuda: Alfonsín y Duarte reclaman diálogo político", La Nación, 17 de mayo de 1986, p. 5.

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