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Las relaciones con Brasil

En este ámbito de la agenda de política exterior, se destacó la existencia de convergencias políticas entre los gobiernos de la Argentina y Brasil en dos temas prioritarios para la diplomacia radical en su primera etapa de gobierno, como las cuestiones de Malvinas y de la crisis centroamericana. Con respecto a la primera, cabe agregar, junto al rol brasileño como representante de los intereses argentinos en Londres desde el inicio de la guerra de Malvinas, el apoyo de Itamaraty a los reclamos de soberanía sobre el archipiélago efectuados por las autoridades argentinas; y la decisión del gobierno brasileño de no autorizar el establecimiento de una escala regular en su territorio para los aviones británicos que se dirigieran al Atlántico Sur (1).
    Respecto de la crisis centroamericana, los gobiernos de ambos países coincidieron en la defensa del principio de no intervención y el respaldo a la acción pacificadora del Grupo de Contadora. Esta actitud convergente llevó con el tiempo a la participación de la Argentina y Brasil en el llamado Grupo de Apoyo a Contadora (2).
    No obstante, y tal como ocurriera en el caso de las relaciones con Chile, las diferencias entre el régimen argentino, de origen democrático y el brasileño, de origen militar, impidieron en la primera etapa del gobierno radical una profundización de las relaciones políticas. Sectores políticos y militares del régimen del vecino país expresaron cierto temor a las posibilidades de que el proceso de democratización brasileño sufriera un "revanchismo a la argentina (3)".
    Asimismo, la visita del presidente brasileño Tancredo Neves a Buenos Aires a principios de febrero de 1985 frustró las expectativas del gobierno argentino de concertar con las autoridades brasileñas una posición política común en un tema prioritario de la agenda de ambos países: el de la deuda externa. Respecto de esta cuestión, Neves sostuvo enfáticamente que la idea impulsada por la Argentina de formar un bloque para discutir conjuntamente el problema del endeudamiento "está fuera de la realidad (4)".
    En el ámbito económico bilateral, cabe recordar que desde 1980 la Argentina mantenía un saldo deficitario con Brasil. No obstante, se adoptaron dos medidas conducentes a estimular el reducido nivel del intercambio comercial -que no superaba los 900 millones de dólares-. Una fue la reactivación de la Comisión argentino-brasileña de Coordinación, paralizada desde 1979, debido a los desencuentros en torno a la central hidroeléctrica de Itaipú. La otra medida consistió en la creación de un grupo de trabajo informal para la negociación de un nuevo acuerdo bilateral de concesiones tarifarias en el ámbito de la ALADI. Pero estos avances embrionarios se vieron afectados a principios de 1985 por la enfermedad y muerte de Tancredo Neves, factor que indujo a la política interna y exterior de Brasil a ingresar en un panorama de indefinición (5).
    A este período de indefiniciones, que abarcó también el primer tramo de la gestión del sucesor de Neves, José Sarney, se sumó otro obstáculo para la profundización de los vínculos comerciales bilaterales: la presencia de barreras arancelarias. Así, en febrero de 1985 el Ministerio de Hacienda del Brasil procedió a fijar salvaguardias para la importación de manzanas, ajos frescos y pescados desde la Argentina. Esta medida impuso cuotas de 280.000 cajas de manzanas mensuales no acumulativas con tarifa cero, contrariando las expectativas del gobierno y los empresarios argentinos de exportar 500.000 cajones mensuales (6).
    A fines de abril de 1985 el gobierno argentino decidió suspender la importación de bananas y café brasileños. Las autoridades de Brasilia interpretaron esta medida como represalia por las salvaguardias que las autoridades económicas brasileñas fijaran sobres las manzanas, ajos y pescado de origen argentino en el mes de febrero. Protestaron, argumentando que la Argentina no era productora de bananas y café, y por ende no podía invocar la cláusula del estatuto de la ALADI que autoriza la colocación de salvaguardias para proteger la industria nacional. Por su parte, el embajador argentino en Brasil, Rafael Vázquez, justificó la medida sosteniendo que la misma apuntaba a reducir el fuerte déficit de la balanza comercial argentina (7).
    Ante las dificultades evidenciadas en el frente comercial bilateral, los días 19, 20 y 21 de mayo de 1985 se reunieron en Buenos Aires los cancilleres argentino y brasileño, Dante Caputo y Olavo Setúbal. En esa ocasión, Setúbal anunció la intención de ampliar las compras de trigo, petróleo y gas, en respuesta a las proposiciones formuladas por el canciller argentino, como forma de compensación por las restricciones en la compra de los otros productos argentinos. Por otra parte, Setúbal expresó su "preocupación" por "la militarización de la región de las islas Malvinas", y manifestó coincidencia con su colega argentino respecto de una solución política al problema planteado por el bloqueo norteamericano a Nicaragua. En el tema de la deuda, en cambio, mostró su disidencia con el gobierno argentino, pronunciándose por el tratamiento caso por caso (8).
    Fue poco después que el presidente Sarney tomara la decisión, en reunión con algunos de sus ministros, de convertir a la Argentina en el principal socio comercial brasileño (9). Así, en la tercera semana de julio de 1985, el ministro interino de Relaciones Exteriores de Brasil, Paulo de Tarso Flexa de Lima, y el secretario de Comercio argentino, Ricardo Campero, convinieron la prórroga del Acuerdo de Alcance Parcial Nº 1 (que vencía el 30 de junio) hasta el 31 de diciembre; y el compromiso de Brasil de adquirir hasta julio de 1986 un volumen de 1.375.000 toneladas de trigo (contra 800.000 toneladas en el año 1984), y petróleo y derivados por cantidades similares. Por este acuerdo, quedaron parcialmente satisfechas las demandas argentinas de equilibrar la balanza comercial y las brasileñas de no reducir las exportaciones (10).
    Pero el paso más trascendente en la exploración de nuevos caminos de cooperación con Brasil fue, sin duda, el encuentro que tuvo lugar a fines de noviembre de 1985 entre los presidentes de la Argentina, Raúl Alfonsín, y de Brasil, José Sarney, en Foz de Iguazú, calificado como "histórico" por ambas partes. En dicha ocasión, los dos mandatarios firmaron la Declaración de Iguazú, documento que explicitaba las posiciones convergentes de ambos gobiernos respecto de temas tales como el Consenso de Cartagena, el Grupo de Apoyo a Contadora, la creación de una Zona de Paz y Cooperación en el Atlántico Sur, y la posición argentina de defensa de sus derechos soberanos sobre las islas Malvinas en la ONU (11).
    Como señala Mónica Hirst, para las autoridades del Palacio San Martín, la asociación con el país vecino era un instrumento para romper su marginación política y económica en el ámbito internacional. En particular, la diplomacia radical procuró desde un primer momento la concertación de posiciones con Brasil en temas entonces considerados prioritarios como el endeudamiento externo, la cuestión de las Malvinas y la crisis centroamericana. En el diseño de la Cancillería brasileña, la aproximación con la Argentina permitía desactivar una hipótesis de conflicto heredada del pasado. A su vez, tanto para Itamaraty como para el Palacio San Martín, la eliminación de las hipótesis de conflicto constituía un paso obligado para consolidar un espacio de autonomía y prestigio en el sistema internacional (12).
    No obstante, la convergencia de intereses no implicaba la negación de los obstáculos concretos que pesaban -y pesan- en la relación Argentina-Brasil, derivados de la diferencia en los niveles de desarrollo económico. La presencia de dichos obstáculos fue reconocida por el propio presidente Alfonsín, quien sostuvo que "la armonización de políticas entre ambos países no implica la homogeneización de sus respuestas (13)". De todos modos, el paso dado por ambos gobiernos fue de enorme importancia para el proceso de integración bilateral que se inició formalmente meses después.
    Además, en el encuentro presidencial de Foz de Iguazú, ambos mandatarios suscribieron, el 30 de noviembre de 1985, la Declaración Conjunta sobre Política Nuclear, por la cual reafirmaban los propósitos pacíficos de sus respectivos programas nucleares y decidían intensificar la cooperación mutua en ese campo, medida que apuntaba a desactivar las presiones internacionales provenientes de las potencias nucleares (14). También se creó una comisión bilateral para la integración de los dos países, constituyendo tres grupos de trabajo: uno dedicado a temas económicos, otro para transporte y comunicaciones, y otro para ciencia y tecnología (15).
    Tras el importante impulso político que los presidentes argentino y brasileño otorgaron a la cooperación bilateral al firmar la Declaración de Iguazú, en junio de 1986 los gobiernos de la Argentina y Brasil lanzaron el Programa de Integración y Cooperación Económica (PICE). En el corto plazo, este programa tenía como objetivos reducir los desequilibrios comerciales bilaterales y promover una recuperación de los flujos de comercio a los niveles alcanzados antes de la crisis externa de principios de la década de 1980. En el largo plazo, pretendía estrechar aún más los vínculos económicos entre ambos países (16).
    Tanto en el caso argentino como en el brasileño, la agencia estatal desde donde partió la iniciativa política del PICE fue el Ministerio de Relaciones Exteriores. Para las autoridades del Palacio San Martín, la posibilidad de la integración con Brasil estaba esencialmente vinculada a la necesidad económica de superar el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, impulsando una apertura exportadora estimulada por asociaciones preferenciales. En cambio, para las autoridades de Itamaraty, las motivaciones que impulsaron el acercamiento con la Argentina fueron primordialmente políticas: el interés por asegurar mayor estabilidad en el Atlántico Sur, especialmente después de la crisis de Malvinas. Las motivaciones económicas fueron secundarias y apenas un reducido grupo de burócratas brasileños percibió la construcción de un mercado ampliado con la Argentina como un proyecto ventajoso para Brasil (17).
    Tras el lanzamiento del PICE, en julio de 1986 tuvo lugar el encuentro de los presidentes Alfonsín y Sarney en Buenos Aires, donde suscribieron el Acta de Integración y Cooperación Argentino-Brasileña y 12 Protocolos bilaterales. El Acta establecía como objetivos el estímulo a la integración intrasectorial (evitando la especialización de las economías), el equilibrio cuantitativo y cualitativo del intercambio comercial, la modernización tecno-industrial, y una localización más eficiente de los recursos en las economías de ambos países (18). Por su parte, los 12 Protocolos abarcaban los siguientes temas: intercambio de bienes de capital, proyecto de producción y distribución de trigo, complementación del abastecimiento alimentario, expansión del comercio, empresas binacionales, asuntos financieros, fondo de inversiones para la promoción del crecimiento económico, energía, biotecnología, establecimiento de un centro argentino-brasileño de altos estudios económicos, accidentes nucleares y emergencias radiológicas, y cooperación aeronáutica (19).
    Como ocurrió en el caso de la Declaración de Iguazú de 1985, estos protocolos se inscribieron en una coincidencia amplia de políticas internas y externas por parte de las diplomacias argentina y brasileña. Así, la Argentina apoyó la iniciativa brasileña de declarar el Atlántico Sur como una zona de paz y cooperación. Respecto de esta iniciativa, la motivación principal de las autoridades de Buenos Aires fue contrarrestar la militarización del área por parte del gobierno del Reino Unido, mientras que el gobierno brasileño impulsó esta iniciativa como un medio para fortalecer la credibilidad política de su política exterior de proyección africana (20). En el plano de las coincidencias de políticas internas, la preocupación de ambos gobiernos era consolidar los procesos de democratización, evitando tensiones externas que pudieran afectar su estabilidad. En este sentido, los protocolos procuraron reforzar el camino iniciado en el histórico encuentro de Iguazú y, al incluir expresamente los acuerdos nucleares, concretaron lo que Jorge Grandi llama "disuasión desarmada", es decir, la realización de actividades conjuntas en materia nuclear que quitaran espacio a las especulaciones sobre fabricación de bombas en la Argentina y Brasil (21).
    Por cierto, desde la firma de los doce Protocolos de cooperación entre la Argentina y Brasil, el proceso de integración no ha dejado de avanzar, aunque con ritmos diferentes en las distintas áreas. El terreno donde se dieron los mayores progresos fue el de la cooperación en materia nuclear y de seguridad. Ello se debió al cambio de régimen en ambos países, y a la mutua necesidad, por un lado, de otorgar una imagen de confiabilidad en el exterior y, por otro, de cerrar cualquier fantasma de hipótesis de conflicto regional. En cambio, los negociadores argentinos y brasileños encontraron mayores dificultades para avanzar en los protocolos vinculados a cuestiones económicas, dada la asimetría existente en el nivel de desarrollo de ambos países y la multiplicidad de intereses en juego.
    En un principio, las expectativas de los gobiernos de Alfonsín y Sarney respecto de los alcances de la cooperación nuclear no fueron coincidentes. Mientras las autoridades argentinas promovían un acuerdo de salvaguardias recíprocas, las brasileñas preferían la tesis de la seguridad mutua a través de la cooperación intensiva. Finalmente, las últimas lograron hacer prevalecer su criterio, que fue el que orientó los acuerdos referentes a la cooperación nuclear entre ambos países (22).
    Entre los progresos realizados en materia nuclear y de seguridad por la Argentina y Brasil cabe destacar, en octubre de 1986, la aprobación, por parte de la Asamblea General de la ONU, de la resolución A / XLI-11. Dicha resolución, basada originalmente en un proyecto de Brasil, copatrocinado por Argentina, Angola, Cabo Verde, Congo, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Liberia, Nigeria, Santo Tomé y Príncipe y Uruguay, dispone la creación de una zona de paz y cooperación en el Atlántico Sur, con el objetivo de prevenir la militarización de la región y mantenerla fuera del conflicto de las superpotencias (23).
    A decir verdad, la cooperación técnico-científica bilateral en materia nuclear se registró desde mucho antes del advenimiento de la democracia en ambos países -ya en la década del ’70 funcionaba un proyecto de cooperación nuclear entre las corporaciones científico-técnicas de los dos países; y en 1979 se firmó un acuerdo de cooperación nuclear entre los regímenes militares de la Argentina y Brasil-. Pero, como señalan Hirst y Bocco, la Declaración Conjunta de Brasilia en Materia Nuclear, firmada en diciembre de 1986 por Alfonsín y Sarney, durante la visita del primero a Brasil, le otorgó un nuevo sentido político a la cooperación en ese ámbito, comprometiéndola con el binomio integración y democracia, y otorgándole un nuevo dinamismo bajo la coordinación de los organismos responsables de la política nuclear en ambos países: la Comisión Nacional de Energía Atómica de la Argentina (CNEA) y la Comisión Nacional de Energía Nuclear en Brasil (CNEN) (24).
    En este encuentro presidencial de Brasilia, se agregaron a los 12 Protocolos ya firmados otros 5, que incluían cooperación nuclear, siderurgia, comunicaciones, transportes marítimos y transportes terrestres. El Protocolo de cooperación nuclear detallaba campos de cooperación, tales como: el desarrollo de elementos combustibles de bajo enriquecimiento para reactores de investigación, el intercambio y desarrollo de instrumentación nuclear, la investigación en materia de fusión nuclear, la cooperación y complementación en la implementación del sistema de salvaguardias de la Asociación Internacional de Energía Atómica (AIEA), el establecimiento de diez proyectos conjuntos en el área de la seguridad nuclear y de la protección radiológica, con miras a la defensa del medio ambiente y la preservación de la salud de la población. También se previó el establecimiento de un proyecto conjunto para el desarrollo de las tecnologías necesarias para la construcción de la futura generación de reactores nucleoeléctricos (fast breeders), estimándose la construcción de un prototipo para el año 2010 (25). Para demostrar la implementación de la política acordada, en julio de 1987 se concretó la visita del presidente Sarney a la usina argentina de Pilcaniyeu, y los presidentes argentino y brasileño firmaron la Declaración Conjunta de Viedma en Materia Nuclear (26).
    Asimismo, durante su viaje a Brasil en abril de 1988, Alfonsín visitó la planta nuclear de Aramar, ubicada en la localidad de Iperó, y firmó la llamada Declaración de Iperó. A través de este documento, calificado por el presidente argentino como "histórico en serio", ambos países declararon su compromiso de utilizar la energía con fines pacíficos. Además, decidieron perfeccionar los mecanismos bilaterales de cooperación política y técnica, y transformar en Comité Permanente el Grupo de Trabajo Conjunto de Energía Nuclear creado en Iguazú en 1985. Por cierto, todas estas medidas estuvieron destinadas a fortalecer las posiciones de ambos países frente a las presiones externas -principalmente las norteamericanas-, para que la Argentina y Brasil firmaran el Tratado de No Proliferación y sometieran sus programas nucleares a agencias de control internacional (27).
    Frente a los avances en el ámbito de la cooperación nuclear, los registrados en el terreno militar fueron modestos. Entre ellos podemos mencionar las ya tradicionales prácticas de ejercicios navales conjuntos, como la VII Operación Fraterno -que tuvo lugar entre la segunda quincena de octubre y la primera de noviembre de 1985 (28)-, y la organización del Primer Simposio de Estudios Estratégicos Argentino-Brasileños, por parte del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas argentinas y el Estado Mayor General de Brasil (29).
    Por otro lado, quedaba pendiente la formalización de un protocolo vinculado a la industria automotriz. Así, durante el encuentro Alfonsín-Sarney en Brasilia, de diciembre de 1986, el documento fue elaborado pero no llegó a firmarse, pues la parte argentina exigió mayores especificaciones sobre las compensaciones, frente a las asimetrías de costos entre las industrias automotrices argentina y brasileña (30). Tras numerosas idas y venidas, finalmente en abril de 1988 fue firmado el Protocolo automotriz, cuyos puntos básicos fueron: reducción a cero de los aranceles de importación y suspensión de restricciones no arancelarias; cupos máximos de exportación para cada país de 5000 automóviles para 1989 y de 10.000 para 1990; y cupo global de intercambio de 150 millones de dólares para 1989 para partes, piezas y componentes. Este acuerdo demostró el predominio de los intereses del sector transnacional de la industria automotriz y de autopiezas, al acordarse una política de cuotas anuales de intercambio de vehículos acabados junto a las autopiezas correspondientes, discriminados en listas comunes. Para la industria de autopiezas argentinas, la principal ventaja del acuerdo logrado fue la supresión de las restricciones no arancelarias en su intercambio con Brasil, lo que en la práctica significó librarse de un impuesto sobre operaciones financieras del 25% (31).
    Una nueva manifestación de la voluntad política de los gobiernos de la Argentina y Brasil de avanzar en el proceso de integración a pesar de sus obstáculos fue la firma, el 29 de noviembre de 1988, del Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo, que tuvo lugar durante la visita del presidente Sarney a Buenos Aires. La firma de este tratado tenía un profundo sentido político al ampliar el alcance de los acuerdos, transformar el proceso de integración en un compromiso permanente para los dos países, e intentar revertir la pérdida de dinamismo en el proceso de cooperación económica. Para lograr lo último, se contemplaban dos fases diferenciadas: una, de remoción gradual de barreras arancelarias y armonización de políticas aduaneras, comercio interno y externo y políticas en materia monetaria, fiscal, cambiaria y de capitales; y otra, de armonización del resto de las políticas necesarias para la conformación de un mercado común. El segundo factor de relevancia de este tratado fue el de abrir la incorporación de Uruguay al proceso de integración argentino-brasileño (32).
    Además del tratado, ambos gobiernos suscribieron el Protocolo Nº 23, denominado Regional Fronterizo, que fijaba los lineamientos para una mayor integración física, económica y cultural entre los estados brasileños de Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, y las provincias argentinas de Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe. También este protocolo contemplaba el establecimiento de Comités de Frontera en las ciudades de Foz de Iguazú, Puerto Iguazú, Uruguayana y Paso de los Libres (33). Asimismo, se firmaron ampliaciones de los protocolos ya existentes, correspondientes a bienes de capital, expansión del comercio, transporte terrestre y regional, así como nuevos acuerdos en los campos de industria alimenticia, siderurgia, empresas binacionales y actividad cultural.
    Cabe destacar, en primer término, la importancia del anexo al protocolo de expansión comercial, por el que se establece un criterio alternativo para la definición del equilibrio dinámico del intercambio bilateral. Los acuerdos de 1986 habían tenido por objetivo el de incrementar el intercambio compensado, con reducción equilibrada de los aranceles para mantener una balanza comercial sin grandes desequilibrios. No obstante, en 1988 el saldo de la balanza siguió reflejando un importante desequilibrio comercial en favor de Brasil, que alcanzó un monto cercano a los 400 millones de dólares (esta era la cifra máxima acordada, luego de la cual se preveía que ambos países analizaran mecanismos para equilibrar el comercio). Esta situación de desequilibrio tuvo un impacto negativo en la Argentina, donde se realizó un debate sobre los beneficios y desventajas de la integración. Russell destaca que este debate no tomó en consideración dos hechos importantes: a) que desde el inicio del proceso de integración se produjo una modificación cualitativa de las exportaciones argentinas a Brasil, que pasaron de 80% de materias primas y 20% de productos manufacturados en 1986, a 60% y 40% aproximadamente en 1988; y b) que los desequilibrios se produjeron básicamente en los productos no negociados. El criterio alternativo establecido en el anexo al protocolo de expansión comercial, sin distinguir productos negociados de no negociados, introdujo un nuevo mecanismo para hacer frente al desequilibrio comercial, al establecer que cuando se verifique una tendencia al déficit comercial anual superior al 20% del intercambio bilateral total, el país superavitario profundizará las preferencias para los productos en el Acuerdo Parcial Nº 1 de la ALADI en quince puntos porcentuales, y el país deficitario en cinco puntos porcentuales cuando el último formalice la correspondiente solicitud (34).
    Debe mencionarse también la firma del documento sobre empresas binacionales que determinaba el cronograma de tareas para el grupo de trabajo bilateral durante 1989. Este grupo, antes del 30 de junio de 1990, debía expedirse sobre el estatuto que regiría la constitución y funcionamiento de las empresas argentino-brasileñas, y, de este modo, contar con un marco jurídico para la acción de dichas empresas. Vale recordar que un estatuto de este tipo demoró 16 años para plasmarse en la CEE.
    En tercer término, se destacó el acuerdo de los gobiernos de la Argentina y Brasil con un proyecto integrado de complementación industrial y comercial entre dos empresas privadas de cada país. El plan contemplaba una inversión de unos 150 millones de dólares, y consistía en la instalación de una planta reductora de hierro en la Patagonia argentina -aprovechando las ventajas de gas natural-, y la instalación de una planta de bobinados en caliente en Brasil.
    Asimismo, fue importante la decisión adoptada por Alfonsín y Sarney de iniciar en 1989 los estudios técnicos para construir el gasoducto binacional que uniría San Jerónimo Norte (provincia de Santa Fe) con Porto Alegre (Estado de Río Grande do Sul), en un plazo no mayor de tres años.
    En quinto término, fue significativa la visita de Sarney a la planta de reprocesamiento de uranio de Ezeiza, acto que constituyó una ratificación de las políticas de buena voluntad en materia nuclear iniciada con anteriores visitas de ambos presidentes a otras plantas hasta entonces secretas de la Argentina y Brasil. Además, el 29 de noviembre de 1988 se firmó un documento, denominado Declaración de Ezeiza, por el cual ambos mandatarios se comprometieron a continuar impulsando distintos proyectos conjuntos y el intercambio de informaciones, experiencias y visitas técnicas como medio de asegurar el perfeccionamiento definitivo de los mecanismos de cooperación y su perdurabilidad. No obstante, como señala Mónica Hirst, el frenético ritmo otorgado a la cooperación argentino-brasileña en el campo nuclear en esta etapa resultó contradictorio con las condiciones reales de expansión de los programas nucleares en ambos países, seriamente condicionados por la escasa disponibilidad de materiales, y, particularmente en el caso argentino, por la crisis energética que debió padecer la administración radical en el último tramo de su gobierno (35).
    Como punto final a las reuniones de Alfonsín y Sarney en Buenos Aires, el presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, fue invitado a firmar un acuerdo sobre transporte terrestre y documentos tripartitos complementarios de los acuerdos reseñados. En ellos se puntualizaba la decisión de los tres presidentes de continuar con el proceso de integración, y de analizar las modalidades y condiciones específicas para la asociación de Uruguay a esta nueva etapa, a través de la oportuna suscripción de los correspondientes instrumentos legales.
    En el ámbito estrictamente político de la agenda bilateral, merece destacarse por último la negativa del gobierno de Brasilia en marzo de 1989 a autorizar al carguero "Indiana I", que llevaba mercaderías a las islas Malvinas, a recalar en un puerto brasileño. El canciller Caputo destacó este gesto como una muestra de solidaridad latinoamericana hacia la Argentina en su disputa con Gran Bretaña por la soberanía de las islas Malvinas (36).

  1. R. Russell, "La política exterior argentina: un perfil...", op. cit., p. 6.
  2. Ibid.

  3. Mónica Hirst, "Balance y perspectivas de la política exterior brasileña", en América Latina / Internacional, Vol. 1, Nº 1, julio-septiembre de 1984, p. 14.

  4. Declaraciones del presidente brasileño Tancredo Neves, citadas en el artículo de Mónica Hirst, "¿Hacia una ‘diplomacia para resultados’?", en América Latina / Internacional, Vol. 2, Nº 4, abril-junio 1985, p. 79.

  5. R. Russell, "La política exterior argentina: un perfil...", op. cit., p. 5; los artículos de M. Hirst, "Balance y perspectivas...", op. cit., p. 15, y "La política exterior brasileña en 1984: una visión desde Brasil", en H. Muñoz (comp.), Las políticas exteriores latinoamericanas frente a la crisis, op. cit., p. 37, y los artículos de Mónica Hirst y Miguel Lengyel, "Las relaciones con Argentina: Primeros síntomas de un acercamiento estable", en América Latina / Internacional, Vol. 2, Nº 6, octubre-diciembre 1985, p. 119, y "Las relaciones comerciales argentino-brasileras: 1976-1985", FLACSO, Serie de Documentos e Informes de Investigación del Area de Relaciones Internacionales, Nº 38, Buenos Aires, mayo de 1986, pp. 33-34. Ver también sobre este tema "Acuerdo con Brasil", La Nación, 26 de abril de 1984, p. 1.

  6. M. Hirst y M. Lengyel, "Las relaciones con Argentina: Primeros síntomas...", op. cit., pp. 120-121, y M. Hirst y M. Lengyel, "Las relaciones comerciales argentino-brasileras...", op. cit., p. 41. Ya en abril de 1984, Brasil había suspendido las compras de manzanas, peras y ajos argentinos y la Argentina había hecho lo propio con el café brasileño, aunque en el transcurso de ese mismo mes la comisión sobre Planeamiento Económico Argentino-Brasileño suscribió un acta sobre comercio bilateral donde ambas partes se comprometieron a reanudar las importaciones. Ver al respecto Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo /diciembre de 1984, op. cit., p. 7, y Anexo 1: Cronología de las relaciones económicas argentino-brasileras 1974-1985, en M. Hirst y M. Lengyel, "Las relaciones comerciales argentino-brasileras...", op. cit., p. 77.

  7. Cronología relaciones internacionales de Argentina, enero / agosto de 1985, op. cit., p. 5; y los artículos de M. Hirst y M. Lengyel, "Las relaciones con Argentina: Primeros síntomas...", op. cit., p. 121, y "Las relaciones comerciales argentino-brasileras...", op. cit., p. 41.

  8. "Dijo Olavo Setúbal. La política exterior del Brasil será la de Neves", apartado "Intercambio bilateral", La Nación, 20 de mayo de 1985, p. 5; Cronología relaciones internacionales de Argentina, enero / agosto de 1985, op. cit., p. 5; M. Hirst y M. Lengyel, "Las relaciones con Argentina: Primeros síntomas...", op. cit., p. 121; ídem, "Las relaciones comerciales argentino-brasileras...", op. cit., p. 42; "Posición de Brasil sobre la deuda", La Nación, 20 de mayo de 1985, p. 1; "Malvinas: Brasil reiteró su apoyo", La Nación, 21 de mayo de 1985, p. 1; Inquietud de Brasil por la militarización de Malvinas", Clarín, 21 de mayo de 1985, p. 14.

  9. M. Hirst y M. Lengyel, "Las relaciones con Argentina: Primeros síntomas...", op. cit., p. 121; ídem, "Las relaciones comerciales argentino-brasileras...", op. cit., p. 42.

  10. M. Hirst y M. Lengyel, "Las relaciones con Argentina: Primeros síntomas...", op.cit., pp. 121-122; ídem, "Las relaciones comerciales argentino-brasileras...", op. cit., p. 43.

  11. "Coincidencias políticas y económicas entre Alfonsín y Sarney en Iguazú", Clarín, 30 de noviembre de 1985, pp. 2 y 3; "El comienzo de una etapa diferente", por Oscar Raúl Cardoso, Clarín, 30 de noviembre de 1985, p. 4; "Alfonsín y Sarney firmaron acuerdos", La Nación, 1º de diciembre de 1985, pp. 1, 26 y 27; "La Declaración de Iguazú", La Prensa, 4 de diciembre de 1985, p. 8, y los documentos de investigación del Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración (CISEA), Evolución reciente de la integración Argentina- Brasil, Buenos Aires, Friedrich Ebert-CISEA, febrero 1991, p. 17, y Antecedentes y evolución de la integración Argentina-Uruguay, Buenos Aires, Friedrich Ebert-CISEA, diciembre de 1991, p. 65.

  12. Mónica Hirst, "Reflexiones para un análisis político del Mercosur", FLACSO, Serie de Documentos e Informes de Investigación del Area de Relaciones Internacionales, Nº 120, Buenos Aires, noviembre de 1991, pp. 28-30. Ver también editorial "El encuentro de Foz do Iguaçu. El comienzo de un largo proceso", por Oscar Raúl Cardoso, Clarín, 1º de diciembre de 1985, pp. 6-7.

  13. Declaración de Alfonsín citada en R. Russell, "La política exterior de Argentina en 1985", op. cit., p. 26.

  14. Sin embargo, Bodemer advierte que la parte brasileña rechazó la propuesta argentina de una inspección nuclear de carácter continuo. Ver K. Bodemer, op. cit., p. 310. Acerca de la Declaración Conjunta sobre Política Nuclear firmada entre los presidentes de la Argentina y Brasil, ver IRELA, II Diálogo Unión Europea-Grupo de Río sobre temas de seguridad, Madrid, noviembre de 1996, p. 11.

  15. M. Hirst, "Reflexiones para un análisis político del Mercosur", op. cit., p. 30. Ver también Oscar J. Romero, "El intercambio argentino-brasileño", en Mónica Hirst (compiladora), Argentina-Brasil: el largo camino de la integración, Buenos Aires, Legasa, 1988, p. 108.

  16. J. Tavares de Araujo Jr., "A ata de Buenos Aires e a perspectivas da integracao no Cone Sul", en Texto para Discussao Interna, Nº 33, Río de Janeiro, FUNCEX, septiembre de 1990, cit. en Roberto Bouzas, "Un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos / Mercosur: una evaluación preliminar", en Roberto Bouzas y Nora Lustig (eds.), Liberalización comercial e integración regional. De NAFTA a MERCOSUR, Buenos Aires, FLACSO / GEL, 1992, p. 166.

  17. Mónica Hirst, "Avances y desafíos en la formación del Mercosur", en Roberto Bouzas, Mónica Hirst, y otros, Situación Latinoamericana. Los procesos de integración económica en América Latina, Madrid, CEDEAL, 1993, p. 41.

  18. Texto del Acta en Clarín, 30 de julio de 1986, p. 2. Respecto de los objetivos del Acta ver el artículo de Andrew Rudman, "Argentine-Brazilian Integration: A Brief Historical Overview", en Sebastiáo do Rego Barros, María Beatriz Nofal, y otros, The Argentine-Brazilian Program: An Early Assessment, Latin American Program, The Wilson Center, Working Papers, Number 181, Smithsonian Institution Building, Washington D.C., 1990, p. 10.

  19. Texto de los 12 protocolos en M. Wilhelmy, "La política exterior argentina en 1986...", op. cit., pp. 34-35. Análisis de su contenido en "Aspectos salientes", Clarín, 30 de julio de 1986, p. 3, y "Claves de los protocolos", Clarín, 30 de julio de 1986, pp. 4-5.

  20. "Acuerdo para hacer del Atlántico Sur una zona de paz", Clarín, 31 de julio de 1986, p. 5, y los trabajos de Mónica Hirst y Miguel Lengyel, "Integración argentino-brasileña: un paso histórico", Cono Sur, octubre-diciembre de 1986, p. 2, y M. Wilhelmy, "La política exterior en 1986...", op. cit., p. 35.

  21. Jorge Grandi, "La integración, la cooperación argentino-brasileña y la disuasión nuclear desarmada", América Latina / Internacional, vol. 3, Nº 10, octubre-diciembre de 1986, pp. 70-74; también citado en M. Wilhelmy, "La política exterior argentina en 1986...", op. cit., p. 36.

  22. Mónica Hirst y Héctor E. Bocco, "Alcances y límites de la acción concertada latinoamericana en el tema de seguridad" (versión preliminar), Trabajo presentado a la Reunión Subregional de Representantes de Institutos de Investigación y Organizaciones No Gubernamentales sobre "Opciones para el logro de una seguridad común en Sudamérica", Lima-Perú, 27 al 30 de noviembre de 1989, pp. 19-20.

  23. Esta resolución de la ONU tuvo 124 votos a favor, 8 abstenciones -las de Bélgica, Francia, Holanda, Italia, Japón, Luxemburgo, Portugal y República Federal Alemana- y 1 solo voto en contra: el de Estados Unidos. Ver al respecto los artículos de M. Hirst y H.E. Bocco, op. cit., p. 15, e Isaac Caro, "Medidas de confianza mutua en Sudamérica", Estudios Internacionales, Año XXVIII, Nº 109, Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Santiago, enero-marzo 1995, pp. 50-51. Para un análisis pormenorizado del origen y alcances de la Zona de Paz y Cooperación en el Atlántico Sur, ver M. Hirst y H.E. Bocco, op. cit., pp. 15-18,y Héctor E. Bocco, "Atlántico Sur: zona de paz y cooperación", Tesis de Maestría de Relaciones Internacionales, Buenos Aires, FLACSO, 1988.

  24. M. Hirst y H.E. Bocco, op. cit., p. 20.

  25. Mónica Hirst, "La política exterior de Brasil en 1986: continuidad y cambio", en H. Muñoz (comp.), op. cit., p. 63; y Mónica Hirst, "Continuidad y cambio del programa de integración Argentina-Brasil", FLACSO, Serie de Documentos e Informes de Investigación del Area de Relaciones Internacionales, Nº 108, Buenos Aires, diciembre de 1990, pp. 41-42.

  26. Mónica Hirst, "El Programa de Integración Argentina-Brasil: de la formulación a la implementación", FLACSO, Serie de Documentos e Informes de Investigación del Area de Relaciones Internacionales, Nº 67, Buenos Aires, julio de 1988, p. 21, y "Política exterior de Brasil en 1988: los avances posibles", en H. Muñoz (comp.), A la espera de una nueva etapa, op. cit., p. 40.

  27. "Alfonsín a Brasil. Un texto y un gesto atómicos", Página /12, 5 de abril de 1988, p. 7; "Histórico en serio", Ambito Financiero, 8 de abril de 1988, p. 2; "Argentina y Brasil. Acuerdo histórico en serio". Luego de firmar los protocolos automotor y alimentario, Alfonsín destacó los alcances del acuerdo nuclear", Página /12, 8 de abril de 1988, p. 7; "Alfonsín en Iperó. Un paseo por el átomo", Página /12, 9 de abril de 1988, p. 7, y los trabajos de Mónica Hirst, "El Programa de Integración Argentina-Brasil: de la formulación a la implementación", FLACSO, Serie de Documentos e Informes de Investigación del Area de Relaciones Internacionales, Nº 67, Buenos Aires, julio de 1988, p. 21, y "Política exterior de Brasil en 1988: los avances posibles", en H. Muñoz (comp.), A la espera de una nueva etapa, op. cit., p. 40.

  28. "Maniobras navales con Brasil", La Prensa, 1º de noviembre de 1985, p. 2.

  29. "Simposio militar con Brasil", Clarín, 31 de marzo de 1987, p. 7.

  30. Mónica Hirst, "La política exterior de Brasil en 1986: continuidad y cambio", en H. Muñoz (comp.), op. cit., p. 63; y Mónica Hirst, "Continuidad y cambio del programa de integración Argentina-Brasil", FLACSO, Serie de Documentos e Informes de Investigación del Area de Relaciones Internacionales, Nº 108, Buenos Aires, diciembre de 1990, pp. 41-42.

  31. Texto del acuerdo de complementación automotriz en Ambito Financiero, 7 de abril de 1988, p. 6, y editoriales "Los nuevos acuerdos de cooperación económica. Escaso consenso empresario por el protocolo automotriz", por Tomás Gómez, Ambito Financiero, 7 de abril de 1988, p. 6; "Los nuevos acuerdos de cooperación económica. En 120 días se agregará Uruguay a la integración de Argentina y Brasil", Ambito Financiero, 7 de abril de 1988, p. 7; y "Alfonsín y Sarney sellaron documentos automotor y de alimentación. Firmaron los protocolos de integración", Ambito Financiero, 8 de abril de 1988, p. 2. Ver asimismo el artículo de M. Hirst , "El Programa de Integración...", op. cit., p. 17.

  32. Vale recordar al respecto que el Programa de Integración argentino-brasileño se lanzó a mediados de 1986 en una coyuntura económica favorable producida por el éxito de los planes antiinflacionarios Austral y Cruzado. Pero pocos meses después, a partir de principios de 1987, ambos países sufrieron señales de aguda inestabilidad macroeconómica, y las promesas originales del PICE de simetría y equilibrio se tornaron imposibles de cumplir. La ausencia de una coordinación de las políticas cambiarias tornó difícil la contención de las fluctuaciones en la paridad relativa de las dos monedas. El comercio argentino-brasileño, que había llegado a 1458 millones de dólares en 1986 (un 40% por encima de 1985) se estancó en 1987. Asimismo, en 1988 el saldo de la balanza comercial bilateral fue claramente deficitario para la Argentina, alcanzando un monto cercano a los 400 millones de dólares (cifra máxima acordada en los convenios de 1986; en caso de superarse esta cifra, los citados acuerdos preveían que ambos países analizarían mecanismos para equilibrar el comercio). Ver al respecto "Hoy se firma el tratado entre la Argentina y el Brasil. Con ritmo de samba", Página /12, 29 de noviembre de 1988, pp. 2 y 3; "Firmaron el Tratado de Cooperación con Brasil; dilatan otros acuerdos", Clarín, 30 de noviembre de 1988, pp. 2-3; "Mayores alcances para los acuerdos de integración con Brasil", Clarín, 30 de noviembre de 1988, p. 4, "La teoría y la practica", por Antonio Ambrosini, Clarín, 30 de noviembre de 1988, p. 5; y los artículos de M. Hirst, "Avances y desafíos...", op. cit., p. 42, y "Política exterior de Brasil en 1988...", op. cit., p. 39; R. Russell, "Política exterior de Argentina en 1988...", op. cit., pp. 27-28,y R. Bouzas, "Un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos / Mercosur..."op. cit., p. 167.

  33. Respecto del Protocolo Nº 23 o Regional Fronterizo, ver los trabajos de M. Hirst, "Política exterior de Brasil en 1988...", op. cit., p. 39; Mónica Hirst, Roberto Russell y Magdalena Segré, "Las políticas exteriores de Argentina y Brasil a fines de la primera etapa de transición", FLACSO, Serie de Documentos e Informes de Investigación del Area de Relaciones Internacionales, Nº 73, Buenos Aires, febrero de 1989, p. 55, nota 12; Mónica Hirst, "El programa de Integración Argentina-Brasil: balance y perspectivas", FLACSO, Serie de Documentos e Informes de Investigación del Area de Relaciones Internacionales, Nº 94, Buenos Aires, mayo de 1990, p. 43.

  34. M.Hirst, R. Russell y M. Segré, op. cit., p. 25.

  35. M. Hirst, "Política exterior de Brasil en 1988...", op. cit., p. 40, y M. Hirst, R. Russell y M. Segré, op. cit., p. 26.

  36. "Rechazan Brasil y Uruguay al buque británico ‘Indiana’ ", Ambito Financiero, 17 de marzo de 1989, p. 11, y "El Reino Unido obtuvo otra victoria al lograr romper el bloqueo a Malvinas", Ambito Financiero, 30 de marzo de 1989, pp. 11 y 47.

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