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Las relaciones con Uruguay

Como ocurriera en el caso de Chile y Paraguay, la presencia de un régimen no democrático en Uruguay produjo roces en el ámbito político de las relaciones bilaterales. Así, la recepción que en Buenos Aires tuvo el dirigente del Partido Blanco, Wilson Ferreira Aldunate, en abril de 1984, generó las quejas del gobierno uruguayo a las autoridades argentinas. Estas quejas fueron transmitidas a fines de ese mes de abril por el propio presidente oriental, Gregorio Alvarez, al embajador argentino, Carlos Perette, durante el acto de presentación de credenciales del último (1).
    Por cierto, a la recepción que tuvo el líder del Partido Blanco Ferreira Aldunate debe agregarse la creciente presión de los legisladores argentinos en favor de la democratización del proceso político interno uruguayo. Así, el 1º de febrero de 1984, los senadores de la bancada oficialista Antonio O. Nápoli, Faustino Mazzucco, Humberto Sigal y Luis Brasesco enviaron a la Cámara Alta un proyecto de comunicación dirigido al Ejecutivo para que éste "solicitara fraternalmente" al gobierno uruguayo "la libertad de todos los presos políticos", y ofreciera y concediera "conforme a la tradición internacional de nuestro país" el asilo territorial a todos los perseguidos políticos por el régimen militar oriental (2).
    Asimismo, en la sesión de la Cámara de Diputados del 9 de mayo de dicho año, se presentaron los proyectos de declaración del diputado del PJ Miguel Unamuno, sobre solidaridad con los presos políticos y sociales de la República Oriental del Uruguay, eliminación de la proscripción del líder del Partido Blanco Wilson Ferreira Aldunate y declaración de una amnistía amplia; y del diputado del PI Raúl Octavio Rabanaque, sobre restitución al ex senador de la República Oriental del Uruguay, Enrique René Erro, de los derechos que emanan del asilo político (3). Asimismo, el 31 de mayo, los mencionados diputados Rabanaque y Unamuno enviaron sendos proyectos de declaración, reclamando en el primer caso la libertad de los presos políticos, el retorno de los exiliados uruguayos a territorio oriental y el cese de las proscripciones, y en el segundo, exhortando al Ejecutivo a que iniciara gestiones a través de su embajador en Montevideo para liberar a los detenidos políticos argentinos en territorio uruguayo (4).
    Durante el resto del año 1984 tuvieron lugar nuevas manifestaciones de presión de los legisladores argentinos sobre el régimen uruguayo. A mediados de junio, una delegación integrada por los diputados radicales Federico Storani, Guillermo Sarquis, Carlos González Pastor y Bernardo Salduna, y los peronistas Adam Pedrini, Miguel Unamuno, Héctor Maya, Roberto García, Juan Minichillo y Luis Casale, reclamó ante las autoridades orientales la libertad del proscripto líder del Partido Blanco Ferreira Aldunate, detenido luego de regresar a su país. En las sesiones correspondientes a los días 28 y 29 de ese mes, el diputado del PJ Alberto Bonino y el intransigente Raúl Rabanaque enviaron a la Cámara Baja sendos proyectos de resolución en los que se solicitaba que el Ejecutivo intercediera ante las autoridades uruguayas por la libertad de Ferreira Aldunate (5).
    Poco después, el embajador itinerante de la Argentina, Hipólito Solari Yrigoyen, se sumó al ex presidente del gobierno español, Adolfo Suárez, para incorporarse al grupo de abogados encargados de la defensa de Ferreira Aldunate. Por cierto, estos gestos del gobierno radical, de compromiso con la oposición democrática uruguaya, procuraron marcar las diferencias ideológicas y éticas de la gestión radical con el Proceso militar argentino, que había actuado mancomunadamente con los militares uruguayos en el marco de la Operación Cóndor de represión antisubversiva (6).
    No obstante estos incidentes en el nivel político bilateral, el gobierno uruguayo ratificó en dos ocasiones durante el año 1984 -una en enero y otra en el mes de julio- su decisión de apoyar el reclamo de derechos soberanos de la Argentina en la cuestión de las islas Malvinas (7).
    El encuentro entre el presidente Alfonsín y el presidente electo del Uruguay, Julio María Sanguinetti, en febrero de 1985, dejó como saldo la Declaración de Buenos Aires, suscripta el 12 de dicho mes. Esta expresaba la intención de ambos de acelerar la integración bilateral en todas las áreas, y, en particular, de agilizar la aplicación del Convenio Argentino-Uruguayo de Cooperación Económica (CAUCE) aprobado en 1974, a fin de promover el crecimiento equilibrado del comercio entre ambos países (8).
    En mayo de 1985, los presidentes Alfonsín y Sanguinetti se reunieron en la ciudad oriental de Colonia. Aquí firmaron la Declaración de Colonia sobre Integración Económica y Social, que manifestaba la decisión de fortalecer la integración y reafirmaba la vigencia del CAUCE como instrumento para alcanzarla. Disponía también la creación de un Consejo Ministerial de Coordinación y Consulta, como mecanismo político destinado a estimular los esfuerzos de la ansiada integración bilateral (9).
    Simultáneamente, Alfonsín y Sanguinetti firmaron el Acta de Colonia, donde se planteaban los objetivos generales de la integración bilateral, los cuales excedían el ámbito estrictamente comercial. Así, en dicho documento se establecían una serie de medidas para avanzar en materia de integración económica, integración física y complementación agropecuaria. Respecto de la primera, se estableció como objetivo la intensificación del intercambio bilateral a través del fortalecimiento del Acuerdo de Complementación Nº 1. En función de este objetivo, los gobiernos argentino y uruguayo convinieron en liberalizar gravámenes y restricciones arancelarias, y se prometieron mutuamente facilitar el comercio recíproco en situaciones de desabastecimiento coyuntural en alguno de los dos países. Asimismo, cabe subrayar que el Acta de Colonia establecía la necesidad de implementar mecanismos de equilibrio dinámico en la balanza comercial. En caso de producirse desequilibrios, se decidió que éstos se compensaran con la adquisición de bienes de capital o bienes esenciales (alimentos, petróleo) que poseyeran calidad y precios internacionales.
    Respecto de la integración física, ambos mandatarios decidieron adoptar políticas conjuntas tendientes a aumentar la eficiencia económica y operativa de los puertos del área y sus redes de transporte vial, ferroviario, fluvial y aéreo. También convinieron en la realización de estudios conjuntos para mejorar el uso de la infraestructura existente y evaluar el grado de factibilidad de realización de obras nuevas. Asimismo, ambas partes destacaron la necesidad de simplificar y armonizar normas y procedimientos técnicos y administrativos para el transporte de carga y pasajeros. Por último, en cuanto a la complementación agropecuaria entre ambos países, las partes decidieron implementar programas relacionados con el control sanitario, la investigación y capacitación conjuntas, el intercambio de tecnología y el fortalecimiento de instituciones y cooperativas. También los presidentes argentino y uruguayo acordaron en este ámbito impulsar la vigencia del intercambio comercial previsto en el Acuerdo de Alcance Parcial Nº 1, así como analizar la ampliación de la lista de productos incluidos en dicho acuerdo (10).
    Precisamente como consecuencia de lo acordado en el Acta de Colonia, los ministros de Agricultura y Ganadería de la Argentina y Uruguay firmaron en Montevideo, en agosto de 1985, el Acta de Implementación del Programa de Cooperación Argentina-Uruguay en el Area Agropecuaria, que contemplaba la cooperación bilateral en la generación y difusión de tecnología, la capacitación de recursos humanos y el fortalecimiento de las cooperativas agropecuarias de ambos países, así como la coordinación de las políticas de comercialización de productos e insumos del sector (11).
    El acuerdo con la Argentina fue bien recibido por los líderes del Partido Colorado uruguayo, quienes sostuvieron que representaba una contribución para aminorar el problema de la deuda externa uruguaya. No ocurrió lo mismo con los representantes de la oposición -entre ellos Ferreira Aldunate, los cuales objetaron el peligro de que la economía argentina terminara por "absorber" a la uruguaya, entre otros factores, por la diferencia de tamaño entre ambos mercados (12).
    En el ámbito político de la relación bilateral debe mencionarse el respaldo a la reivindicación argentina por las islas Malvinas otorgado por el canciller uruguayo, Enrique Iglesias, durante el encuentro de Alfonsín y Sanguinetti en Colonia, y por el propio Sanguinetti durante su intervención en la 40ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el 24 de septiembre de 1985 (13).
    El proceso de integración bilateral tuvo otro avance el 13 diciembre de 1985, fecha en que los cancilleres, Dante Caputo y Enrique Iglesias, dejaron constituida en Buenos Aires la comisión binacional para el estudio de factibilidad del puente Buenos Aires-Colonia, reafirmando la voluntad de ambos gobiernos de consolidar la integración física entre los dos países (14).
    El 22 febrero de 1986 tuvo lugar la visita del presidente Sanguinetti a la Argentina, en el transcurso de la cual firmó con su colega Alfonsín dos declaraciones conjuntas, una condenando el proteccionismo y las prácticas comerciales desleales, y otra sobre la emergencia alimentaria en América Latina. También se suscribió un documento sobre la integración argentino-uruguaya (15).
    Por cierto, junto con los mencionados avances en el proceso de integración bilateral, no podemos dejar de lado los concretados en el ámbito de las relaciones tripartitas entre Uruguay, Argentina y Brasil. Un primer paso importante en este sentido fue dado por el gobierno argentino el 29 de julio de 1986, cuando el presidente Sanguinetti fue invitado a Buenos Aires para presenciar la firma de los acuerdos argentino-brasileños y analizar el modo de inserción del Uruguay en el esquema de integración. El encuentro tripartito culminó con la firma de un comunicado conjunto que, entre otras cosas, expresaba el decidido respaldo uruguayo a la iniciativa de "fundamental trascendencia para el futuro de la subregión y del proceso de integración del conjunto de América Latina". Otro párrafo del comunicado dejaba constancia de que los presidentes Alfonsín y Sarney

invitaron al Presidente de Uruguay a analizar conjuntamente los procedimientos que permitan a ese país asociarse a este proceso especialmente en los acuerdos de cooperación e integración económicas que Uruguay ya ha suscrito con ambos países de manera bilateral (16).

Tras este encuentro de Buenos Aires, se sucedieron nuevos encuentros tripartitos: en el mes de diciembre en Brasilia; en mayo de 1987 durante la visita del presidente Alfonsín a Montevideo (17); y en febrero de 1988, en la ciudad oriental de Colonia (18).
    En marzo de 1988 comenzaron a negociarse los términos concretos del ingreso uruguayo al proceso de integración, paso que se concretó en abril siguiente, durante el encuentro presidencial tripartito que tuvo lugar en Brasilia. En dicha ocasión, los mandatarios de la Argentina, Brasil y Uruguay firmaron el Acta de Alborada, que afirmaba que el proceso de incorporación uruguaya debería regirse "por los principios de gradualismo, flexibilidad y equilibrio". Como puntapié inicial de la participación uruguaya, los representantes de los tres gobiernos acordaron elegir el sector del transporte terrestre "como el más adecuado para iniciar este proceso de integración tripartita". De acuerdo con la opinión de los negociadores uruguayos, éste era el rubro donde se podían obtener resultados concretos a corto plazo. Asimismo, en la citada Acta, los presidentes de los tres países resolvieron crear un grupo de negociación para analizar y gestionar los diversos aspectos relacionados con el sector de transporte terrestre en un plazo de 120 días (19).
    Finalmente, el grupo de negociación logró confeccionar un borrador del acuerdo-marco tripartito sobre el transporte para agosto de 1988. Según el texto de dicho borrador, el acuerdo-marco tenía por objetivos la liberalización de las normas hasta entonces vigentes en materia de tránsito de personas y bienes; la participación de las flotas de uno de los países en el tráfico de mercaderías entre los dos restantes; y la instrumentación de un esquema de depósitos fiscales conducente a facilitar la tarea aduanera por medio de la desregulación de los acarreos comerciales y el incremento del nivel de eficiencia en las tareas de fiscalización (20).
    Junto a estos pasos acordados en materia de cooperación tripartita de Uruguay con la Argentina y Brasil en clave económica, también debemos mencionar que hubo algunos avances en el terreno de la cooperación política entre los tres vecinos del Cono Sur. Un ejemplo fue el acta de entendimiento firmada a fines de abril de 1988 por los ministros del Interior de la Argentina y Uruguay, Enrique Nosiglia y Antonio Marchesani, y el ministro de Justicia de Brasil, Paulo Brossard, con el objetivo de "coordinar las tareas de represión y prevención" policial del narcotráfico (21).
    Asimismo, cabe destacar un nuevo respaldo uruguayo a la reivindicación argentina por la soberanía de las islas Malvinas. Dicho apoyo se hizo explícito en mayo de 1988, en ocasión de la visita del vicecanciller británico, Timothy Eggar, a Montevideo, oportunidad en la que el canciller uruguayo, Luis Barrios Tassano, reiteró la disposición de su gobierno para ser sede de conversaciones directas o indirectas entre argentinos y británicos, y expresó su "esperanza de que haya un cambio en la posición británica (22)".
    También fue relevante la firma el 18 de junio de 1988, por parte de los cancilleres argentino y uruguayo, Dante Caputo y Luis Barrios Tassano, de un protocolo para el establecimiento del único límite terrestre entre ambas naciones, ubicado entre las islas Martín García y Timoteo Rodríguez, en el Río de la Plata. En esta ocasión también se trataron otros temas de la agenda bilateral, tales como un eventual acuerdo pesquero y la posibilidad de que Montevideo fuera puerto de salida para productos argentinos (23). En ese mismo mes de junio, ambos gobiernos decidieron instrumentar un plan de integración y complementación regional en el área de informática, con el objetivo de crear una red común de bancos de datos (24).
    A fines de noviembre de 1988, y con motivo de la firma del Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo entre la Argentina y Brasil en Buenos Aires, se produjo un nuevo encuentro entre los presidentes de estos dos países y el de Uruguay. Como fruto de este encuentro tripartito se suscribieron dos documentos: uno, referido a una eventual participación uruguaya en una zona de libre comercio a instrumentarse en un plazo de diez años; y el otro, referente a la unificación de seguros y normas referentes al transporte terrestre de los tres países (25).
    Finalmente, en marzo de 1989 se destacó la negativa uruguaya a que el carguero británico "Indiana I", que llevaba mercaderías destinadas a las islas Malvinas, recalara en el puerto de Montevideo, gesto que el canciller Caputo señaló como un ejemplo de la solidaridad latinoamericana con la posición de la Argentina, en el conflicto que ésta mantenía con Gran Bretaña por dichas islas (26).

  1. Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 15.

  2. Proyecto de comunicación de los senadores Nápoli, Mazzucco, Sigal y Brasesco, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Senadores año 1983, Reunión 11ª, Febrero 1º de 1984, Tomo I: Sesiones extraordinarias (del 29 de noviembre de 1983 al 16 de febrero de 1984), Buenos Aires, Imprenta del Congreso de la Nación, 1983, pp. 398-399.

  3. Proyectos de declaración de los diputados Unamuno y Rabanaque en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados año 1984, Reunión 2º, Mayo 9 de 1984, Tomo I, op. cit., p. 104.

  4. Proyectos de resolución de los diputados Rabanaque y Unamuno, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados año 1984, , Reunión 7º, Mayo 31 de 1984, Tomo II, Sesiones ordinarias (del 17 de mayo de 1984 al 7 de junio de 1984), Buenos Aires, Imprenta del Congreso de la Nación, 1985, pp. 1012-1013 y 1028-1029, respectivamente.

  5. "Reacciones por la detención del dirigente blanco uruguayo", La Nación, 17 de junio de 1984, p. 7. Proyectos de resolución de los diputados Bonino y Rabanaque en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados año 1984, Tomo III, op. cit., pp. 1754-1755 y 1756, respectivamente.

  6. Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 15.

  7. Ver al respecto declaraciones del canciller uruguayo, Carlos Maeso, citadas en "El caso Malvinas. El canciller uruguayo ratificó el pleno apoyo a nuestro país", La Nación, 9 de enero de 1984, p. 2. Sobre las declaraciones de apoyo del gobierno uruguayo a los reclamos argentinos en Malvinas efectuados en julio de 1984, ver Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 15.

  8. "Entrevista Alfonsín-Sanguinetti. Coincidencias con el Uruguay", La Nación, 13 de febrero de 1985, pp. 1 y 6; "Visita del mandatario electo del Uruguay", La Prensa, 13 de febrero de 1985, pp. 1 y 4; "Sanguinetti. ahora hay que construir lo más posible. Acuerdos con Alfonsín por la integración argentino-uruguaya", La Nación, 13 de febrero de 1985, p. 6; y "La amistad argentino-uruguaya", La Prensa, 17 de febrero de 1985, p. 8. El CAUCE fue un convenio firmado entre los gobiernos de Argentina y Uruguay el 20 de agosto de 1974. Por este convenio de cooperación económica, Uruguay accedía al mercado argentino a través de preferencias arancelarias -limitadas por cupos- a un amplio universo de productos. Uruguay otorgaba preferencias sólo a algunos productos argentinos, fundamentalmente bienes de capital. Ver al respecto CISEA, Antecedentes y evolución de la integración Argentina- Uruguay, op. cit., p. 51.

  9. Respecto de la función del Consejo Ministerial de Coordinación y Consulta, ver CISEA, Antecedentes y evolución de la integración Argentina-Uruguay, op. cit., pp. 51-52.

  10. Análisis del contenido del Acta de Colonia, en CISEA, Antecedentes y evolución de la integración Argentina-Uruguay, op. cit., pp. 52 y 54. Ver también Declaración de Colonia sobre integración económica y social, firmada por los presidentes Alfonsín y Sanguinetti, Clarín, 20 de mayo de 1985, p. 2, y La Nación, 20 de mayo de 1985, pp. 1 y 8; "Acuerdos de cooperación con Uruguay", Clarín, 20 de mayo de 1985, pp. 2 y 3; "Mejoras para el comercio con Uruguay", Clarín, 20 de mayo de 1985, p. 4; "Una integración que no es exclusiva ni excluyente", por Mario Pérez Colman, La Nación, 20 de mayo de 1985, p. 8; "La reunión de Alfonsín y Sanguinetti", La Nación, 24 de mayo de 1985, p. 6; y "Un polémico acuerdo con el Uruguay", La Nación, 9 de junio de 1985, Sección 3ª, p. 1. Ver asimismo Cronología relaciones internacionales de Argentina, enero / agosto de 1985, op. cit., p. 11, y el trabajo de María Eliana Castillo, "La reinserción internacional del Uruguay democrático", en H. Muñoz (comp.), América Latina y el Caribe: Políticas exteriores para sobrevivir, op. cit., pp. 477-478.

  11. CISEA, Antecedentes y evolución de la integración Argentina-Uruguay, op. cit., pp. 52-53.

  12. M.E. Castillo, op. cit., p. 478, nota 27.

  13. "Malvinas: apoyo uruguayo", La Nación, 20 de mayo de 1985, p. 5, y M.E. Castillo, op. cit., p. 478.

  14. Cronología / Relaciones Internacionales de Argentina, Nº 2, diciembre 1985-febrero 1986, p. 18.

  15. Ibid.

  16. María Eliana Castillo, "Uruguay: profundización del camino trazado en la política exterior democrática", en H. Muñoz (comp.), Las políticas exteriores de América Latina y el Caribe: continuidad en la crisis, op. cit., p. 469.

  17. Análisis del encuentro trilateral de Montevideo en el artículo de María Eliana Castillo, "Uruguay 1987: manteniendo la continuidad externa", en H. Muñoz (comp.), Las políticas exteriores de América Latina y el Caribe: un balance de esperanzas, op. cit., p. 332.

  18. Durante la reunión de Colonia en febrero de 1988, el gobierno de Sanguinetti decidió asociarse formalmente a los protocolos comerciales y de asociación suscritos por la Argentina y Brasil en 1986. Sin embargo, el breve comunicado que cerró la reunión de Colonia no respondió a las expectativas que la prensa de los tres países había creado. Sobre reunión de Colonia y sus resultados ver María.Eliana Castillo, "Política exterior de Uruguay en 1988", en H. Muñoz (comp.), A la espera de una nueva etapa, op. cit., pp. 291-292.

  19. Texto de la Declaración de la Alborada, citado en Principales Documentos sobre las relaciones exteriores de América Latina y el Caribe en 1988, Anexo 5: Declaración de la Alborada, en H. Muñoz (comp.), A la espera de una nueva etapa, op. cit., p. 420. Ver asimismo editoriales "Argentina-Brasil-Uruguay. Más encanto, y un nuevo amante", Página /12, 7 de abril de 1988, p. 5.

  20. Detalles del acuerdo-marco sobre transporte terrestre en M.E. Castillo, "Política exterior de Uruguay en 1988", op. cit., p. 292, nota 25.

  21. "Primer acuerdo regional para represión del narcotráfico", Ambito Financiero, 3 de mayo de 1988, p. 15.

  22. M.E. Castillo, "Política exterior de Uruguay en 1988", op. cit., p. 294.

  23. "La Argentina y el Uruguay firmaron la demarcación del único límite terrestre", Clarín, 19 de junio de 1988, p. 10; M.E. Castillo, "Política exterior de Uruguay en 1988", op. cit., p. 294.

  24. M.E. Castillo, "Política exterior de Uruguay en 1988", op. cit., p. 294.

  25. "Sanguinetti se unió a la cumbre presidencial", Clarín, 30 de noviembre de 1988, p. 2; M.E. Castillo, "Política exterior de Uruguay en 1988", op. cit., p. 292.

  26. "Rechazan Brasil y Uruguay al buque británico ‘Indiana’ ", Ambito Financiero, 17 de marzo de 1989, p. 11, y "El Reino Unido obtuvo otra victoria al lograr romper el bloqueo a Malvinas", Ambito Financiero, 30 de marzo de 1989, pp. 11 y 47.

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