La participación argentina en los organismos multilaterales
El Grupo de Contadora y el Grupo de Apoyo a Contadora: el Grupo de los Ocho
En enero de 1983, los cancilleres de Colombia, México, Panamá y
Venezuela se reunieron en la isla de Contadora, con el propósito de plantear una
iniciativa de paz conjunta para el conflicto centroamericano, creando al efecto el Grupo
de Contadora. El 22 de julio de 1985, el Grupo se dirigió a la comunidad latinoamericana,
invitándola a "participar, en forma más decidida, en las tareas que promueve el
grupo (...), mediante el establecimiento de un mecanismo de apoyo político, que facilite
el éxito de la gestión del grupo (1)".
Por otro lado, el presidente Alfonsín realizó una visita a Perú los
días 7 y 8 de junio de 1985. En Lima, el presidente argentino se reunió con el
presidente electo Alan García, con quien analizó el problema del endeudamiento externo y
la situación de Nicaragua, coincidiendo ambos en la necesidad de un orden internacional
más justo y la conveniencia de promover acciones coordinadas de los países de la región
para obtener mejor respuesta a sus reclamos (2).
Poco después, los cancilleres Dante Caputo de la Argentina, Olavo
Setúbal de Brasil, y Enrique Iglesias de Uruguay se reunieron en la ciudad uruguaya de
Punta del Este entre el 21 y 23 de junio, con el objeto de analizar la situación de
Centroamérica y los temas referidos a la posición económico-financiera del continente.
El día 23 los tres coincidieron en apoyar la posición del Grupo de Contadora (3).
En Lima, el 29 de julio de 1985, en ocasión de la asunción del
presidente Alan García, los gobiernos de la Argentina, Brasil, Perú y Uruguay anunciaron
en forma conjunta su voluntad de ponerse "a disposición del Grupo de Contadora para
las consultas sobre aquellas cuestiones en las que puedan prestar colaboración (4)",
originando de este modo el Grupo de Apoyo a Contadora o Grupo de Lima.
La Primera Reunión Conjunta de Contadora y el Grupo de Apoyo
denominado el Grupo de los Ocho- se realizó en Cartagena de Indias, Colombia, los
días 24 y 25 de agosto de 1985. El comunicado conjunto de los ocho ministros de
Relaciones Exteriores expresaba
(...) la decisión de fortalecer, con acciones concretas y con una firme unidad regional el esfuerzo de negociaciones diplomáticas que ha promovido el Grupo de Contadora. En Centroamérica se debaten hoy cuestiones fundamentales que afectan su desarrollo democrático libre e independiente. Este conflicto, de no encontrar una solución pacífica y negociada, afectará la estabilidad política y social del conjunto de la América Latina (5).
La Segunda Reunión del Grupo de los Ocho tuvo lugar en Caraballeda,
Venezuela, durante los días 11 y 12 de enero de 1986. El documento final -el llamado
Mensaje de Caraballeda para la paz, la seguridad y la democracia en América Central-
consideraba el principio de la simultaneidad de las acciones de pacificación como un
"requisito indispensable para alcanzar la paz" en la conflictiva región
centroamericana. Afirmaba, además, la necesidad de observar otros requisitos: cese del
apoyo externo a las facciones en lucha en el área; disminución programada de la
adquisición de armamentos; suspensión de las maniobras militares; reducción progresiva,
hasta su completa eliminación, de asesores militares e instalaciones extranjeras en el
área en conflicto; firma de un compromiso de no agresión entre los cinco países
centroamericanos; necesidad de adoptar medidas de reconciliación nacional en todos los
casos de profundos conflictos facciosos internos, y finalmente, respeto a los derechos
humanos y las libertades civiles (6). El 14 de enero, los cinco gobiernos centroamericanos
adhirieron a los principios del Mensaje de Caraballeda mediante la llamada Declaración de
Guatemala. Las autoridades del Palacio San Martín interpretaron este paso como una
verdadera victoria diplomática (7).
No obstante el traspié de la reunión de Washington, los cancilleres
de Contadora y su Grupo de Apoyo volvieron a reunirse en Punta del Este a fines de
febrero, ocasión en la que se anunció la decisión de establecer una "Comisión
civil para la preservación de conflictos" en las fronteras entre Nicaragua y Costa
Rica, integrada por representantes de los países de Contadora y del Grupo de Apoyo.
También se anunció la realización de una reunión de los cancilleres de Contadora y
Lima y de los cinco países centroamericanos en Panamá, con el fin de seguir avanzando en
las negociaciones de paz. Pero tanto ésta reunión, celebrada en abril, como la llevada a
cabo en el mismo lugar en julio, fracasaron debido a las posiciones irreductibles tanto
del gobierno de Nicaragua como de Estados Unidos (8).
El 13 de abril de 1987, los ministros de relaciones exteriores del
Grupo de los Ocho -Julio Londoño de Colombia; Bernardo Sepúlveda de México; Jorge
Abadía Arias de Panamá; Simón Consalvi de Venezuela; Dante Caputo de la Argentina;
Roberto Abreu Sodré de Brasil; Alan Wagner de Perú, y Enrique Iglesias de Uruguay- se
reunieron primero en Buenos Aires y luego, por cuatro días consecutivos, en la ciudad de
Bariloche. El objetivo era deliberar acerca de tres cuestiones: las posibilidades de
integración y cooperación entre los ocho estados, el proyecto de Guatemala sobre la
creación de un Parlamento Latinoamericano y la eventual creación de un club tecnológico
(9). El resultado más concreto de estas deliberaciones fue la llamada Declaración de
Buenos Aires, en la que los cancilleres expresaron su preocupación por el estancamiento
del proceso negociador en América Central (10).
Más tarde, a fines de noviembre de 1987 tuvo lugar una Cumbre de los
Ocho Presidentes realizada en Acapulco. La delegación argentina propuso reducir las tasas
de interés a sus niveles históricos, con el fin de aliviar el peso de la deuda a los
países de la región que tenían mayores compromisos financieros. Esta propuesta se tuvo
en cuenta en el contenido del Compromiso de Acapulco para la paz, el desarrollo y la
democracia, suscripto el 29 de noviembre, que planteaba una serie de medidas para revertir
las transferencias netas de recursos al exterior, tales como mayores créditos o el
reclamo de crear instrumentos que permitieran a los países deudores "capturar"
parte del descuento con el que se negociaban las deudas en el mercado secundario. Como
comenta Bouzas, la renuncia de los ocho países a recurrir a la acción colectiva en el
texto del documento -aún como un elemento de carácter discursivo- demostró el
agotamiento del mecanismo de Cartagena y de la formación de un "club de
deudores" como estrategia de presión hacia los acreedores (11).
El 24 y 25 de febrero de 1988, tuvo lugar en Cartagena, Colombia, una
nueva Reunión de Cancilleres del Grupo de los Ocho. En esta ocasión, los participantes
analizaron tres temas: la situación en América Central, el problema de la deuda externa
latinoamericana y una cuestión que introdujo el canciller Caputo: la situación en las
islas Malvinas a raíz de las maniobras militares británicas en el Atlántico Sur
conocidas como "Fire Focus". Respecto del último punto, los cancilleres del
Grupo de los Ocho condenaron en un comunicado la decisión británica, sosteniendo que
"originará crecientes tensiones en el Atlántico Sur", y exhortaron al gobierno
británico "a desistir de las maniobras militares proyectadas y a reiniciar
negociaciones bilaterales con la República Argentina (12)".
El 26 de junio de 1988, los cancilleres del Grupo de los Ocho reducidos
a Siete - Panamá fue marginada por su situación política interna- se reunieron en
Oaxaca, México. En dicha ocasión, los participantes convinieron en realizar una reunión
a nivel de presidentes para el 26 de octubre en Punta del Este. Asimismo, los integrantes
de los Ocho criticaron al Grupo de los Siete (los países más industrializados) por no
asumir en la Conferencia de Toronto, de mediados de junio, "compromisos específicos
para corregir los desequilibrios macroeconómicos de los principales países
industrializados", y expresaron su preocupación "por la falta de respuesta al
problema de la deuda externa de los países de América Latina y el Caribe (13)".
A fines de octubre de 1988, tuvo lugar en Punta del Este la proyectada
Reunión de Presidentes del Grupo de los Ocho, cuyo documento final, la Declaración de
Uruguay, suscripta el 29 de octubre, pedía iniciar un "nuevo diálogo" con
Estados Unidos, centrado particularmente en dos cuestiones problemáticas en la relación
entre países desarrollados y en vías de desarrollo: el endeudamiento externo y el
proteccionismo comercial. Como en anteriores ocasiones, esta reunión no arrojó
resultados concretos que fueran más allá de expresiones de deseo en favor de propuestas
tales como reducir la deuda o eliminar las barreras proteccionistas, que no tuvieron eco
en los países desarrollados (14).
Poco después, los ministros de Hacienda y Finanzas de los países
integrantes del Grupo de los Ocho se reunieron en Río de Janeiro, en diciembre de 1988,
ocasión en la que se elaboró un programa concertado para reducir la deuda externa
regional, que proponía dos objetivos: a) reducir el capital de la deuda y negociar
acuerdos más realistas, que garantizaran el cumplimiento por parte de los deudores; y b)
restaurar las condiciones para la movilización de recursos destinados a fomentar el
comercio y la integración regional (15).
Por último, en Ciudad Guayana, Puerto Ordaz, Venezuela, el 11 de marzo
de 1989 se llevó a cabo otra Reunión de Cancilleres del Grupo de los Ocho. Dichos
cancilleres propusieron que una agencia institucional con capital mayoritario de los
países industrializados comprara la deuda externa de la región por su valor en los
mercados secundarios y de acuerdo con la capacidad de pago de cada país. La propuesta era
parte de un nuevo enfoque para resolver el endeudamiento latinoamericano, calculado en
420.000 millones de dólares. Esta propuesta fue hecha pública a las pocas horas del
anuncio de un plan del secretario del Tesoro norteamericano, Nicholas Brady, para reducir
en hasta 30% la deuda regional. La deuda latinoamericana se cotizaba en los mercados
secundarios entre 25 y 35% de su valor real. La propuesta latinoamericana fue inicialmente
elaborada en una reunión de los cancilleres de la Argentina, Brasil, Colombia, Perú,
Uruguay y Venezuela, celebrada en Río de Janeiro en diciembre de 1988 (16).
NOTAS
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