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SEGUNDA PARTE
EL ÁMBITO POLÍTICO-DIPLOMÁTICO DE LA AGENDA BILATERAL
Se tratará ahora acerca de las posiciones asumidas por el gobierno argentino respecto de una serie de temas sensibles para Estados Unidos: la crítica a la invasión norteamericana a Panamá en diciembre de 1989; la apertura de los archivos secretos sobre la presencia de jerarcas nazis en la Argentina en febrero de 1992; la condena a la resolución adoptada por la Casa Blanca en junio de 1992, que autorizaba el secuestro de ciudadanos al exterior para ser juzgados por las autoridades de Washington; el respaldo a la intervención estadounidense en Somalia en diciembre del mismo año; la posición adoptada por el gobierno argentino frente a las cuestiones cubana y haitiana; y, finalmente, la búsqueda de la mediación norteamericana en el diferendo argentino-británico respecto de la soberanía de las islas Malvinas.
Asimismo, en este apartado cabe incluir las políticas seguidas por las administraciones del republicano George Bush (1989-1993) y del demócrata Bill Clinton (1993-2001) respecto de una serie de temas sensibles para las autoridades de Buenos Aires. En esta segunda categoría de cuestiones bilaterales se incluyeron la actitud del gobierno de Bush frente al indulto del gobierno de Menem a los jefes militares y guerrilleros responsables de las violaciones a derechos humanos durante el período 1973-1983; las críticas de los informes del Departamento de Estado norteamericano a la situación del Poder Judicial en la Argentina; el respaldo del gobierno norteamericano al argentino frente al levantamiento del sector carapintada del Ejército en diciembre de 1990; la eliminación de la exigencia del visado de pasaportes argentinos en julio de 1996; y, finalmente, el acuerdo de extradición entre ambos países, firmado en junio de 1997.
Las posiciones asumidas por el gobierno argentino respecto de una serie de temas sensibles para Estados Unidos
a) Argentina y la invasión norteamericana a Panamá
Por cierto, el rechazo del gobierno argentino a la invasión norteamericana a Panamá en diciembre de 1989 demostró que la voluntad del primero de ingresar a un patrón de "relaciones especiales" con Estados Unidos ejemplificada en las medidas económicas internas adoptadas, fieles a los lineamientos del llamado "Consenso de Washington" (1)- no necesariamente se tradujo en un esquema de "alineamiento automático" con las decisiones adoptadas por las autoridades de la Casa Blanca.
El 20 de diciembre, en el contexto del progresivo deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Panamá durante el último tramo de la dictadura del general Manuel Antonio Noriega (1983-1989), el presidente norteamericano, George Bush, decidió invadir el país centroamericano. (2) Poco después de haber iniciado las acciones contra Panamá, ese mismo día 20, Bush se comunicó con su par argentino para informarle acerca de la actitud adoptada por la Casa Blanca. Por su parte, Menem manifestó a Bush su preocupación y lo exhortó
"a extremar los recaudos para evitar un derramamiento de sangre y buscar soluciones para la vía pacífica; por supuesto, tratando siempre que tengan plena vigencia los principios democráticos en Panamá". (3)
Ese mismo día, horas después de esta comunicación telefónica, el gobierno argentino dio a conocer un comunicado que decía, respecto de los acontecimientos ocurridos en Panamá, lo siguiente:
"El gobierno argentino expresa su consternación ante los graves acontecimientos en Panamá, que significan una clara violación del principio internacionalmente consagrado de la no intervención y ocasionan trágicas consecuencias con pérdidas de vidas humanas.
La Argentina reafirma, en consecuencia, su tradicional posición de condena de todo acto que implique una transgresión a las normas del derecho internacional que regulan las relaciones entre los Estados y, en particular, a aquellos que vulneran la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
El gobierno argentino insta al retiro inmediato de las fuerzas norteamericanas que actúan en territorio panameño. Exhorta, asimismo, al pronto retorno de las instituciones democráticas en Panamá, considerando que la presencia en el poder del general Noriega constituye un obstáculo insalvable para dicho fin, tal cual lo sostenido reiteradamente por nuestro país en la OEA.
Asimismo, el gobierno argentino reitera la necesidad del fiel cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter, firmados en 1977, sobre el Canal de Panamá, como condición indispensable para la seguridad del continente." (4)
A la posición de rechazo del gobierno argentino se sumaron las sustentadas por las agrupaciones de izquierda y por los legisladores. Respecto de las primeras, los dirigentes del Partido Comunista (PC), el Movimiento Al Socialismo (MAS), el Partido Obrero (PO) y adherentes a la Izquierda Unida (IU) y al Frente Amplio de Liberación (FRAL) organizaron el mismo 20 de diciembre una marcha de repudio. Al llegar al Congreso, las mencionadas agrupaciones reclamaron la repulsa total del pueblo argentino a la invasión norteamericana a Panamá, la convocatoria a una huelga general, la ruptura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos y la ayuda del gobierno argentino al panameño. (5)
En cuanto a las reacciones en el ámbito parlamentario, el Senado avaló el 21 de diciembre un proyecto de declaración mediante el cual se rechazaban las acciones armadas de Estados Unidos en Panamá. El texto señalaba que la Cámara Alta
"lamenta el derramamiento de sangre americana, especialmente de civiles indefensos, quienes se han visto involucrados contra su voluntad en el conflicto armado; rechaza las acciones armadas realizadas por los Estados Unidos en territorio panameño; reclama del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica el cese inmediato de toda actividad bélica en Panamá; aspira a que en el más breve plazo posible el pueblo panameño pueda expresar democráticamente su voluntad soberana; y reitera la necesidad de respetar fielmente la vigencia de los tratados Torrijos-Carter, firmados en 1977". (6)
Una posición similar a la adoptada por los senadores se registró en los bloques radical y peronista de la Cámara Baja, quienes, también sobre la base del principio de no intervención, condenaron la invasión norteamericana. A diferencia de estas expresiones críticas, el diputado de la Unión del Centro Democrático (UCD), José María Ibarbia, y el concejal del mismo partido, Julio Crespo Campos, señalaron su satisfacción por la caída de Noriega y destacaron la valentía del presidente Bush al invadir Panamá y la restauración de la democracia en ese país centroamericano. (7)
Mientras tanto, el 21 de diciembre, la Embajada norteamericana en Buenos Aires emitió un comunicado en el que señalaba su decepción por las reacciones adversas suscitadas en la Argentina a raíz de la invasión de los Estados Unidos a Panamá:
"La embajada de los Estados Unidos de América desea expresar su profunda decepción ante la reacción de aquellas personas en la Argentina en contra del empeño norteamericano de proteger a sus ciudadanos, ayudar a restablecer la democracia en Panamá, asegurar el respeto por los tratados del Canal de Panamá y llevar a la Justicia a un notorio y acusado traficante de drogas quien por largo tiempo ha constituido una amenaza a estos objetivos.
(...) Lamentamos que aquellos que por años han expresado su apoyo a los esfuerzos hemisféricos para liberar a Panamá del régimen de Noriega ahora no vean apropiado apoyar a los Estados Unidos.
Dado el mutuo compromiso de ambos pueblos hacia los ideales democráticos, estamos naturalmente decepcionados al ver que no es compartido nuestro empeño en apoyar al gobierno legítima y democráticamente elegido en Panamá.
Dado el mutuo compromiso hacia la protección de nuestros ciudadanos, estamos naturalmente decepcionados cuando no se nos apoya en nuestras acciones en pos de prevenir nuevos asesinatos, injurias, brutalidades y amenazas a inocentes hombres y mujeres estadounidenses.
Dado el mutuo compromiso para erradicar el flagelo de la droga que amenaza a todas nuestras sociedades, estamos naturalmente decepcionados cuando no son bien recibidas las medidas que se toman para aprehender a un traficante de drogas.
Dado el mutuo compromiso de asegurar el respeto por el resguardo de la integridad de los tratados del Canal de Panamá, estamos naturalmente decepcionados cuando nuestras acciones para lograr estos fines no son reconocidos.
A Noriega y su entorno, quienes constituyen la misma antítesis del estado de derecho que sustentan tanto la Argentina como los Estados Unidos, no se les puede permitir que continúen pisoteando los derechos humanos y democráticos de su propio pueblo ni que ataquen el bienestar de otros pueblos. La decisión del presidente Bush de actuar con firmeza y legitimidad en defensa propia y en el nombre de la conciencia y las normas democráticas merece, no el oprobio, sino el total apoyo de todas las democracias hermanas". (8)
Como era de esperarse, el comunicado de la Embajada norteamericana obligó a posteriores aclaraciones de los representantes del gobierno argentino. Tratando de poner paños fríos al clima tenso provocado por el tono del comunicado, Menem afirmó que la posición adoptada no traería inconvenientes en las relaciones comerciales con los Estados Unidos y que dicha posición "ha sido la posición tradicional de la Argentina y, en definitiva, es prácticamente la de toda América Latina". Por su parte, el canciller Domingo Cavallo sostuvo que en la Argentina
"están en vigencia los derechos ciudadanos y los principios de la libertad de prensa; por lo tanto somos responsables de nuestra opinión y muy respetuosos de las declaraciones de todas las partes que se han podido expresar libremente". (9)
Agregó Cavallo que el gobierno actuaría con prudencia en esta cuestión dado que
"están de por medio nuestras relaciones con los Estados Unidos y con nuestros vecinos de América Latina". (10)
El 27 de diciembre, el Palacio San Martín emitió un comunicado en el que reafirmaba la posición oficial en los siguientes términos:
"La Cancillería argentina ratifica su posición sobre la situación de Panamá, instando a las fuerzas de ocupación extranjeras a abandonar el territorio de aquel país y de esa forma contribuir a que los panameños encuentren una solución política adecuada que haga factible la instauración de una democracia representativa.
Por otra parte, la Cancillería argentina expresa que es absolutamente prematuro hablar de un reconocimiento del nuevo gobierno y que mantiene consultas permanentes con diferentes cancillerías y, en particular, con las del Grupo de los Ocho, a fin de que se establezcan metodologías en común para la resolución de tan grave situación.". (11)
b) La apertura de los archivos secretos sobre la presencia de jerarcas nazis en la Argentina
A diferencia de la posición adoptada por el gobierno argentino respecto de la situación panameña que provocó la reacción de la Embajada norteamericana en Buenos Aires-, la decisión del presidente Menem de abrir los archivos secretos sobre la presencia de criminales nazis en territorio argentino tuvo un positivo impacto en Estados Unidos, especialmente entre los miembros de la comunidad judía norteamericana. Esta medida, adoptada a través del decreto 232 del 3 de febrero de 1992, ponía fin al carácter secreto de los archivos oficiales que registraron el ingreso, la residencia y la salida de la Argentina de decena de criminales nazis. De acuerdo con el decreto, a los 30 días de la fecha de sanción del mismo, los archivos podían ser consultados por cualquier ciudadano o investigador. (12)
La decisión de Menem respondió, entre otras razones, a una solicitud que le formuló a Menem el titular del Congreso Mundial Judío, Edgard Bronfman, en el viaje que el mandatario argentino realizó a Estados Unidos en noviembre de 1991.
En cuanto a las repercusiones de la medida, la filial argentina de la B nai Brith dio a conocer la siguiente declaración:
"El compromiso asumido por el canciller Guido Di Tella ante representantes de Bnai Britth Internacional el 14 de noviembre y ratificado por el doctor Carlos Saúl Menem, presidente de la Nación, en oportunidad de su encuentro con líderes judíos de Estados Unidos, tiene ahora principio de cumplimiento. ( ) La consulta de los archivos permitirá esclarecer y profundizar la investigación de un aspecto sombrío de la historia de nuestro país. Bnai Brith Argentina, organización que brega en forma permanente en la búsqueda de la justicia y la verdad entiende que esta decisión histórica del Gobierno enaltece al pueblo argentino todo y lo fortalece en el sostenimiento del sistema democrático y en la lucha contra todo tipo de régimen o grupos que menoscaben la dignidad humana". (13)
Por su parte, el jefe de la Delegación de Asociaciones Israelitas en la Argentina (DAIA), Rubén Beraja, afirmó que la apertura de los archivos de las actividades nazis
"permitirá conocer la historia en este tema tan escabroso". (14)
En ese mismo mes de febrero de 1992, el entonces ministro del Interior, José Luis Manzano, proclamó el ingreso al dominio público de los archivos nazis. En esa ocasión el titular de la cartera hizo entrega de una decena de legajos de la sección a cargo de residentes extranjeros de la Policía Federal. A su vez, estos últimos se pusieron a disposición de los investigadores locales e internacionales. (15)
Asimismo, la Cancillería auspició dos eventos académicos internacionales, uno sobre el tema del genocidio, y otro sobre discriminación y racismo. Las ponencias de ambas conferencias fueron publicadas en sendos volúmenes en castellano Beatriz Gurevich y Carlos Escudé (compiladores), El genocidio frente a la historia y la naturaleza humana, Buenos Aires, GEL, 1994; e Ignacio Klich y Mario Rapoport (compiladores), Discriminación y racismo en América Latina, Buenos Aires, GEL, 1997-, además de haberse dado a conocer una selección en inglés de aquéllas presentadas en el segundo volumen a través de la revista Patterns o Prejudice, Londres, 1996-1997. (16)
En el contexto de los mencionados eventos, cabe citar las palabras del canciller Di Tella, referentes a la apertura de los archivos nazis, reproducidas en la introducción del citado libro de Gurevich y Escudé:
"Como ustedes saben, hace alrededor de un año el gobierno decidió abrir los llamados archivos nazis. Se decidió hacerlo porque la Argentina tiene una deuda con algo bochornoso que ocurrió en nuestro pasado. Lo ocurrido no va a cambiar porque lo investiguemos y lo conozcamos mejor, pero existen varios motivos por los que la transparencia sobre el tema es para nosotros un imperativo.
Lo hacemos, en primer lugar, porque nosotros tenemos que pedir disculpas a la comunidad judía en la Argentina y en el mundo, y a todos los amantes de los derechos humanos, por lo que ocurrió en nuestro territorio patrio, donde con la indiferencia a veces y con la complicidad directa otras veces, agravamos la situación generada por la demencia racista de los nazis.
También lo hacemos porque tenemos una deuda histórica con el Estado de Israel. Nuestras relaciones con Israel no fueron buenas en el pasado, primero porque tuvimos gobiernos autoritarios que padecían de uan suave antipatía tanto frente al Estado de Israel como frente a la comunidad judía. Luego, cuando se produjo el cambio hacia la democracia, la Argentina siguió siendo esquiva a dar un apoyo explícito hacia Israel debido al "tercermundismo" adoptado por nuestro gobierno en ese momento. Ahora, finalmente, nos hemos reencontrado con Israel de una manera profunda y completa, y la apertura de los archivos es un símbolo de esta feliz evolución.
Finalmente, abrimos los archivos porque deseamos contribuir al cambio cultural del país. Según entiendo por lo que conversé con los organizadores, ése es también el espíritu que anima a este simposio. La apertura de los archivos y esta misma conferencia que hoy inauguramos nos "conviene" a los argentinos más que a nadie, por cuanto es un signo de que comenzamos a asumir la responsabilidad del pasado y a democratizar nuestra cultura. Los países que no asumen su pasado tienen una tendencia a incurrir nuevamente en errores y horrores parecidos. Salir de este círculo vicioso es una prioridad de nuestra gestión de gobierno.
Es por esto que no solamente hemos abierto los archivos correspondientes a ese capítulo de nuestro pasado, sino que también hemos creado una Comisión de Archivos, presidida por el Embajador Andrés Cisneros y constituida por nuestros principales expertos en archivística. Su misión es reglamentar y organizar nuestros archivos para ponerlos a la altura de las técnicas más actualizadas.
Yo no quiero decir mucho más, excepto que el tema de esta conferencia, que es un complemento funcional, aunque independiente, de la apertura de los archivos, nos ha carcomido el corazón a muchos argentinos, judíos y no judíos. Sólo podemos ofrecer una transparencia plena, y nuestras disculpas, nuestras más profundas disculpas por lo que ha ocurrido, que nos abochorna. Gracias." (17)
En 1996, ingresaron al dominio público los libros de asientos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), de donde se pueden obtener datos sobre transacciones en oro nazi y otros movimientos financieros de la Argentina durante el período comprendido entre los años 1933 y 1955, entre otros. (18)
Finalmente, el 29 de abril de 1997, el presidente Carlos Menem emitió el decreto 390, publicado en el Boletín Oficial el 5 de mayo, por el cual se creaba la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (CEANA). (19)
La CEANA quedó definitivamente constituida en julio de 1997, y funcionó hasta 1999 a través de la composición de cuatro instancias:
Por cierto, la labor de la CEANA fue en su momento y sigue siendo- objeto de defensas y tenaces críticas. Mientras las primeras destacan su labor de "esclarecimiento" acerca de las actividades del nazismo en la Argentina, las últimas no dudan en hablar de un "encubrimiento" de dichas actividades, que contaría además con la complicidad de los funcionarios del gobierno. (20)
Esta polémica, lejos de cerrarse durante el gobierno de Menem, constituye aún hoy una materia pendiente en la dimensión bilateral de la agenda con los Estados Unidos, que ha provocado comentarios negativos en los medios de prensa de la Unión. (21) Una prueba acabada de la inclusión de esta cuestión en el status de cuestiones pendientes fue la polémica desatada tras la aparición, en el año 2002, del libro de Uki Goñi, que denuncia la existencia de una organización clandestina dedicada a facilitar la fuga de nazis y sus conexiones con las autoridades argentinas durante y después de la Segunda Guerra. Dicha polémica ha tenido como principales protagonistas al Centro Wiesenthal y al congresista norteamericano Maurice Hinley, quienes acusaron al secretario de Cultura del gobierno de Néstor Kirchner, Torcuato Di Tella, ex integrante de la CEANA, de encubrimiento a dos criminales de guerra de la época nazi, Ivo Rojnica y Nada Sakic, cargo que Di Tella calificó como una "cretinada" y como una "acusación sin bases de evidencia". (22)
En junio de 1992, la Corte Suprema norteamericana pronunció un fallo que convalidó el secuestro de ciudadanos extranjeros para ser juzgados en territorio de la Unión como práctica del gobierno y de las agencias de seguridad estadounidenses. El controvertido fallo se basó en el caso del mexicano Humberto Alvarez Machain, secuestrado por agentes de la DEA en 1990 y llevado a Estados Unidos para ser juzgado por su supuesto involucramiento en la tortura y asesinato del agente antinarcóticos norteamericano Enrique Camarena.
Frente a esta cuestión, Argentina acompañó el rechazo del grueso de los países latinoamericanos (México, Colombia, Brasil, Chile, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Guatemala) y de España al dictamen. (23) Como en el caso de la invasión norteamericana a Panamá a fines de 1989, el gobierno argentino se opuso a esta resolución en tanto implicaba un gesto de intervencionismo unilateral en la región. Cabe destacar que, en ambos casos, la negativa a seguir la posición norteamericana se basó en el respeto a principios del Derecho Internacional: el de no intervención, en el primer caso; y el de territorialidad de los juicios, en el segundo.
Así, el canciller Guido Di Tella criticó con dureza el dictamen de la Corte Suprema, aunque descartó que ello significara necesariamente un enfrentamiento con el gobierno de Washington. (24) Por su parte, el presidente Menem lo calificó como un "horror". (25)
Esta posición del gobierno argentino contó con el respaldo unánime de legisladores y partidos de distintas extracciones. Así, el 17 de junio de 1992, la Cámara de Senadores aprobó por unanimidad un texto que surgió de dos iniciativas presentadas por los legisladores radicales Adolfo Gass y Mario Losada. En dicha resolución se solicitaba al Poder Ejecutivo que expresara
"su más enérgico rechazo a la doctrina sentada por la Corte de Justicia de los Estados Unidos que legitima el secuestro clandestino de personas fuera de su territorio". (26)
Asimismo, expresiones partidarias tan diversas como las provenientes del PJ, el radicalismo, el MAS y la UCD coincidieron en calificar al polémico fallo como violatorio de normas del derecho internacional. (27)
Finalmente, el 26 de junio, en ocasión de la cumbre de presidentes de Argentina (Carlos Menem), Brasil (Fernando Collor de Melo), Uruguay (Luis Lacalle), Bolivia (Jaime Paz Zamora), Chile (Patricio Aylwin) y Paraguay (Andrés Rodríguez) que tuvo lugar en Las Leñas, los mandatarios presentes firmaron una declaración que solicitaba al Consejo Permanente de la OEA que "recomiende al comité jurídico interamericano que emita una opinión sobre la juridicidad internacional de dicho fallo" con el objetivo fundamental de "asegurar el pleno respeto del derecho". (28)
d) El respaldo argentino a la intervención humanitaria norteamericana en Somalia
A principios de diciembre de 1992, y tras comunicarse con el gobierno de Estados Unidos, país que estaba coordinando el operativo de asistencia a la población somalí; el canciller argentino, Guido Di Tella, anunció que las Fuerzas Armadas participarían del operativo militar conjunto de apoyo a la ayuda humanitaria a Somalia, iniciado el 9 de diciembre con el desembarco de tropas norteamericanas en ese país africano. (29)
e. 1.) Argentina, Estados Unidos y la cuestión cubana: convergencias y divergencias
Durante la gestión de Menem, uno de los tópicos centrales de la agenda bilateral con Estados Unidos, fue, sin lugar a dudas, la cuestión cubana. Desde la óptica del gobierno de Menem, este tema contenía dos aspectos diferentes: el relacionado con las violaciones a los derechos humanos perpetradas por el régimen de Fidel Castro y el vinculado a la continuación del embargo económico por parte de los Estados Unidos. Mientras el gobierno argentino acompañó al norteamericano en el primer aspecto de la cuestión, no lo hizo en el segundo.
Respecto del aspecto ligado a las violaciones de los derechos humanos por parte del régimen castrista, el gobierno de Menem procuró un giro respecto de la política de su antecesor Raúl Alfonsín, que se había negado a acompañar la posición norteamericana de condena al régimen cubano en las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en marzo de 1987, marzo de 1988 y marzo de 1989. (30) El primer indicio de este cambio se manifestó durante la visita del vicepresidente norteamericano Dan Quayle a la Argentina el 13 y 14 de marzo de 1990. En dicha ocasión, el visitante hizo conocer al presidente Menem el interés de la Casa Blanca para que el mandatario argentino y otros presidentes democráticos hablaran con el gobierno cubano de Fidel Castro respecto del proceso de apertura en la isla. En esa oportunidad, Menem le comentó a Quayle su interés personal en dialogar con Castro. (31) Poco más de un mes después, el 30 de abril de 1990, el presidente de los Estados Unidos, George Bush, envió una carta a su par argentino, Carlos Menem, en la cual le agradeció el gesto de apoyo a Washington en la cuestión de la democratización del régimen cubano. (32)
Otro indicio del cambio operado por las autoridades de la Casa Rosada fue, a mediados de julio de 1991, la decisión de recibir a los cubanos anticastristas Jorge Mas Canosa y Félix Rodríguez en la residencia presidencial de Olivos, gesto que fue explicado como un producto de la necesidad de reunirse con el lobby más importante en los Estados Unidos respecto de la cuestión cubana, dado su peso económico y electoral. (33)
Esta visita tuvo su contrapartida en el mes de octubre del mismo año, ocasión en la que Menem se reunió en Nueva York con organizaciones anticastristas como la Fundación Nacional Cubana Norteamericana, dirigida por Jorge Canosa; Cuba Independiente y Democrática, liderada por Huber Matos Benítez; y Plataforma Democrática Cubana, con Marcelo Millares. Ante los mencionados interlocutores, Menem se comprometió a pedir por la democratización inmediata de Cuba en la reunión de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y a ser el primer mandatario que visitara la isla tras la caída de Castro. (34)
Como reacción a estos gestos del gobierno, en noviembre de 1991 tuvo lugar en Buenos Aires el Festival de Solidaridad del pueblo argentino con Cuba. Entre los patrocinadores de dicho Festival figuraron los diputados radicales Federico Storani, Marcelo Di Caprio, Carlos Raimundi y Osvaldo Alvarez Guerrero; los legisladores del Grupo de los Ocho, Luis Brunati y Juan Pablo Cafiero; y los socialistas Alfredo Bravo y Simón Lázara. Todos ellos coincidieron en rechazar la intromisión del presidente Menem en los asuntos internos de Cuba, al incorporar
"en su agenda en Estados Unidos la forma de desestabilizar al gobierno de un tercer país" (35)
Menem tuvo una nueva oportunidad de confirmar la dureza de su política hacia la situación de los derechos humanos en Cuba en ocasión de la reunión que mantuvo en la Casa Rosada el 19 de julio de 1993 con el embajador norteamericano en la Argentina, James Cheek. En dicha ocasión, el primer mandatario expresó su repugnancia por "tener que participar en reuniones con gente que no respeta la libertad de su pueblo, la de culto y los derechos humanos", en obvia referencia a Fidel Castro. Cheek, quien llegó a la Casa Rosada para presentar a Menem sus credenciales, felicitó a éste por su constante hostilidad verbal contra el mandatario cubano. (36)
No obstante, hacia abril de 1997, la administración peronista pareció flexibilizar su posición combativa inicial hacia el régimen castrista, reemplazándola por la búsqueda de un rol de mediación o arbitraje entre las partes en conflicto Estados Unidos y Cuba-. (37) A mediados de ese mes, el ex embajador argentino en la ONU, Emilio Cárdenas, llevó a Washington una carta firmada por el presidente Carlos Menem en la que este último se ofrecía como mediador entre Bill Clinton y Fidel Castro. Cárdenas se entrevistó con la secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Allbright, y con el subsecretario de Estados Latinoamericanos, Jeffrey Davidow. Pero Cárdenas se topó con la negativa del Departamento de Estado. (38)
En la II Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en Santiago de Chile el 18 de abril de 1998, Clinton demostró su malestar personal por lo que percibía como un progresivo acercamiento de la Argentina hacia Cuba. Tanto el canciller argentino, Guido Di Tella, como el propio presidente Menem intentaron calmar a las autoridades de Washington (Di Tella a la secretaria de Estado Madeleine Allbright y Menem a Clinton) señalando que la política argentina hacia el régimen cubano no había sufrido modificaciones. En realidad, la intención del gobierno de Menem no había sido la de cambiar su actitud respecto del régimen de Fidel, sino la de mediar entre este último y la administración demócrata con el objetivo de poner fin al aislamiento cubano, a cambio de la democratización de la isla fin este último compartido tanto por la diplomacia de Washington como por la de Buenos Aires-. (39)
Respecto del segundo aspecto de la política argentina hacia Cuba, el relacionado con la continuidad del embargo económico norteamericano hacia la isla, el gobierno de Menem observó una actitud diametralmente opuesta, que no fue objeto de consideración por parte de los medios, que enfatizaron la búsqueda de protagonismo de Menem, el intencional aislamiento respecto de las posiciones asumidas por los países de la región y la violación de un principio caro a la tradición diplomática argentina, como el de no intervención. (40) No obstante, el examen de las votaciones argentinas ante los foros multilaterales, objeto del siguiente capítulo de este libro, evidencia que la política argentina hacia Cuba respondió solamente al primero de los argumentos sostenidos por los medios. En lo que respecta a la diferenciación respecto del resto de América Latina, esta tendencia se observó en los casos de resoluciones referidas a la situación de los derechos humanos en Cuba, pero no en el de las vinculadas al embargo económico norteamericano sobre la isla, tema en el que Argentina acompañó la posición crítica de la mayoría de los países de la región. Finalmente, en lo que respecta al principio de no intervención, la diplomacia argentina sólo ingresó en la categoría de los países que Richard Bloomfield denomina "intervencionistas" en aquellos temas de la agenda ligados a la defensa de los derechos humanos y la democracia, en Cuba o en cualquier otra parte. (41) En la cuestión del embargo económico hacia Cuba, la diplomacia argentina mantuvo la posición tradicional y se sumó al coro de voces críticas de los países latinoamericanos.
e. 2.) Argentina, Estados Unidos y la cuestión haitiana
Junto con la cuestión de Cuba, la situación provocada por el derrocamiento del presidente constitucional de Haití, Jean Bertrand Aristide, el 29 de septiembre de 1991, fue otro de los temas relevantes de la agenda que tuvieron expresión tanto en la dimensión bilateral como en la multilateral de las relaciones entre Buenos Aires y Washington. Dado que esta última es objeto de consideración en el capítulo segundo de este libro, en el presente acápite se analiza la cuestión haitiana como tema de la agenda bilateral.
Como ocurriese en el caso de las violaciones a los derechos humanos en Cuba, el derrocamiento del presidente constitucional y las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de facto de Raoul Cedras, fueron factores que impulsaron la activa participación de la Argentina en apoyo de la intervención militar en Haití, impulsada por Estados Unidos, Venezuela, Jamaica y Guatemala. Este renovado activismo de la Argentina quebró la inicial actitud de bajo perfil adoptada por el gobierno de Menem. (42)
El 24 de junio de 1994, tuvo lugar un encuentro entre el presidente argentino, Carlos Menem, y su par norteamericano, Bill Clinton, en Washington. En dicha ocasión, Menem ofreció a su interlocutor el envío de mayor cantidad de argentinos al bloqueo comercial a Haití (43), renovado a principios de ese mes por la resolución 6/94. (44)
El mandatario peronista dio un nuevo paso en la misma dirección el 1º de agosto de 1994, cuando remitió al Congreso un pedido formal para que se autorizara el envío de 600 efectivos a Haití, que se sumarían a la fuerza multinacional autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU el día anterior. (45)
La iniciativa de Menem y del canciller Guido Di Tella de enviar tropas junto con la primera avanzada militar que invadiera Haití bajo comando de fuerzas norteamericanas encontró resistencias tanto en el seno del gobierno como en el principal partido de oposición, el radicalismo.
Respecto del disenso en el seno del gobierno, un exponente inicial fue el embajador argentino en Haití, Carlos Carrasco quien se opuso al envío de tropas impulsado por el presidente Menem y su canciller Guido Di Tella al destacar que
"la decisión de enviar tropas en Haití no sólo rompe con la tradición de no intervenir militarmente en países de Latinoamérica, sino que coloca en una situación muy delicada a los argentinos que se encuentran en la embajada". (46)
Por su parte, el ministro de Defensa, Oscar Camilión, se inclinó por el envío de tropas que no participaran en confrontaciones armadas, posición que compartieron su colega de Economía Domingo Cavallo y el secretario general de la Presidencia, Eduardo Bauzá. (47)
Sensible a estas voces disidentes, Menem procuró salvar las diferencias entre Di Tella y Camilión declarando que la Argentina no participaría en acciones de confrontación. Así, las tropas argentinas llegarían a Haití en una segunda o tercer etapa de la invasión
"en tanto y en cuanto se den idénticas condiciones o situaciones como las que viven Croacia, Chipre o Kuwait, participando de la misma forma en que lo estamos haciendo con los cascos azules". (48)
En cuanto a la resistencia a la participación de tropas argentinas en Haití provenientes de los partidos de la oposición, cabe recordar que el ex presidente radical, Raúl Alfonsín, le comunicó personalmente al canciller Di Tella su reticencia a que la Argentina participara de las fuerzas de intervención en Haití. Alfonsín le sugirió a Di Tella no votar en contra de la intervención pero tampoco participar en ella porque la alianza con los países de la región resultaba prioritaria para el dirigente radical. Le recordó que ni siquiera en Washignton existía un consenso sobre la invasión militar. A pesar de la postura de Alfonsín, quien fuera su canciller, Dante Caputo, se adhirió a la posición intevencionista del canciller Di Tella. (49)
Por su parte, el ex vicecanciller del gobierno de Alfonsín, Raúl Alconada Sempé, se sumó a la posición de Alfonsín y publicó un artículo en el cual utilizó dos argumentos para rechazar el envío de tropas impulsado por el Ejecutivo, ambos ligados al principio de no intervención. El primero señalaba que las violaciones a los derechos humanos y a las libertades básicas practicadas por el régimen militar haitiano eran problemas de índole exclusivamente interna. El segundo argumento impugnaba el uso de la fuerza en el caso de Haití, en tanto no había existido una agresión externa que justificara, de acuerdo con las normas de la ONU, la participación de las fuerzas argentinas. (50)
Finalmente, un grupo de diputados radicales encabezados por el entonces presidente de la bancada, Raúl Galván, impugnó la inicial posición de Menem favorable al envío de tropas en primera instancia por dos motivos. Uno de ellos estuvo vinculado a la percepción de los legisladores respecto de un cambio en el carácter de la intervención en la isla. El mismo había pasado de ser multilateral en el marco de la ONU modalidad avalada por el propio partido radical, debido a la participación personal del ex canciller del gobierno de Alfonsín, Dante Caputo, como delegado del organismo- a un conflicto bilateral entre los gobiernos de Bill Clinton y Raoul Cedras. (51) Por este motivo, los legisladores radicales propusieron que "no se autorice al Poder Ejecutivo a enviar tropas argentinas al territorio de Haití". (52) El otro motivo de objeción estuvo vinculado con el hecho de que un envío de tropas del Poder Ejecutivo sin autorización previa del Congreso como ya había ocurrido en el Golfo Pérsico y era factible que ocurriese en Haití- violaba el artículo 75 de la Constitución Nacional de 1994. (53)
Condicionado por estas objeciones del radicalismo, pero, sobre todo, por las provenientes de su propio entorno, Menem anunció a principios de agosto que Argentina podría entrar en Haití en una segunda o tercera etapa de la intervención dispuesta por la ONU. (54)
Una semana después, el 8 de agosto, el tema Haití fue considerado durante una reunión en la que el embajador norteamericano James Cheek le entregó al presidente Menem una carta del mandatario norteamericano Bill Clinton en la que éste exponía sobre la grave situación en la isla. (55) Finalmente, los días 15 y 16 del mismo mes la Argentina envió cuatro observadores técnicos al Comando Naval de Norfolk (Virginia), una base militar ubicada al sur de Washington donde las fuerzas norteamericanas, con el patrocinio de la ONU y la colaboración de Francia y de Canadá, realizaron el planeamiento de la intervención armada en Haití para deponer al gobierno de facto de Raoul Cedras y devolver el poder político a Aristide. El contingente argentino también concurrió al Alto Comando de la ONU, en Nueva York, para continuar con la recopilación de informes recomendada. (56)
En el caso del diferendo argentino-británico por la soberanía de las islas Malvinas, el gobierno norteamericano, a pesar de su apoyo retórico al acercamiento diplomático con Londres iniciado por la administración Menem y de su voto favorable a las resoluciones adoptadas en la Asamblea General y en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas en referencia a esta cuestión, nunca tradujo ese apoyo en un esfuerzo de mediación. Por cierto, esta actitud contrarió las expectativas iniciales del gobierno argentino, vinculadas a un mayor compromiso de Estados Unidos en la resolución de este diferendo.
Una primera manifestación del apoyo retórico de la Casa Blanca a las negociaciones argentino-británicas en torno a esta cuestión tuvo lugar el 16 de febrero de 1990. En esa fecha, el gobierno de George Bush, a través de la siguiente declaración del vocero del Departamento de Estado, Richard Boucher, expresó su complacencia por la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Buenos Aires y Londres acordada el 15 de febrero por los representantes de ambos países en la reunión de Madrid. La declaración de Boucher decía:
"Nos sentimos muy complacidos que la Argentina y Gran Bretaña hayan acordado reasumir plenas relaciones diplomáticas en el futuro cercano, y que continuarán sus refuerzos para resolver pacíficamente sus diferencias pendientes."(57)
No obstante estas expresiones de apoyo, durante la administración republicana no hubo ningún gesto concreto que abonara las expectativas de la Casa Rosada respecto de un mayor compromiso o de una mediación de Estados Unidos en el litigio argentino-británico. Con la llegada del sucesor de Bush, el demócrata Bill Clinton, esta tendencia no se modificó. La distancia entre las optimistas expectativas argentinas y la posición de bajo perfil adoptada por Washington se manifestó tras el término de la Cumbre de las Américas realizada en Miami (Estados Unidos) el 11 de diciembre de 1994. En dicha ocasión, el mandatario norteamericano aseguró que tenía "demasiados problemas" como para dedicarse a mediar en el conflicto por las islas Malvinas y que ni Argentina ni Gran Bretaña habían sugerido su intervención. Estas declaraciones contrastaron abiertamente con las efectuadas por el canciller argentino, Guido Di Tella, quien calificó de "hipótesis" la posibilidad de que Argentina requiriese una mediación de la Casa Blanca. (58)
Durante la visita del presidente Clinton a la Argentina en octubre de 1997, el mandatario norteamericano evidenció lo que el diario británico The Times definió como "una estudiada imparcialidad" respecto del diferendo argentino-británico por las islas Malvinas. Sin mencionar expresamente el problema, Clinton se refirió al mismo en los siguientes términos:
"Dos grandes naciones quienes se encuentran en la cima de su recuperación económica, mostrando una gran recuperación económica, mostrando una gran responsabilidad en asuntos internacionales y trabajando exitosamente en la promoción del libre comercio, deberían solucionar su cuestión pendiente a través de negociaciones Dos países con un fuerte liderazgo tienen que tratar de resolver su problema. Este no debe ser motivo para una guerra sino para negociaciones" (59)
En referencia a las cautas declaraciones de Clinton, un editorial del The Times se encargaba de explicarlas como fruto de la renuencia del gobierno laborista británico a aceptar una mediación de Washington sin el previo aval de los malvinenses:
"( ) Tanto en Londres como en Puerto Stanley las palabras del presidente Clinton fueron recibidas con ecuanimidad. Ellas son vistas como el comentario mínimo inevitable que estaba obligado a pronunciar. Desde hace tiempo se le ha dejado en claro a Washington que una mediación sobre la soberanía de las Falklands está fuera de discusión, salvo que ambas partes así lo acordaran. Y el laborismo ha renovado la promesa a los isleños que no entrará en conversaciones sin su consentimiento. " (60)
Asimismo, dicho editorial destacaba el cambio en la posición del gobierno argentino, que había pasado del insistente reclamo de la mediación de Washington a la aceptación del bajo perfil de la Casa Blanca, viraje que el diario británico ligaba al excelente estadio que atravesaban las relaciones económicas entre Argentina y Gran Bretaña:
"Lo que es nuevo, y más significativo, es que el presidente Menem pareciera haber cambiado el rumbo. En el pasado, no ha perdido oportunidad de intentar internacionalizar la disputa. Esta vez, se conformó con expresiones rituales de preocupación.
El país del presidente Menem ahora disfruta de excelentes relaciones con Gran Bretaña: el comercio está floreciente, las inversiones son importantes, existe un intercambio regular de visitas de delegaciones políticas y empresariales de alto nivel." (61)
De acuerdo con fuentes privadas provenientes del archivo personal del ex vicecanciller del gobierno de Menem, Andrés Cisneros, el cambio en la posición de las autoridades argentinas privilegió en ese momento la continuidad del respaldo del gobierno norteamericano a las resoluciones de la Asamblea General y del Comité de Descolonización de la ONU, que llamaban a una negociación de las partes. Desde al óptica del Palacio San Martín, este respaldo de las autoridades de la Casa Blanca a las resoluciones de la organización mundial constituía una alternativa concreta, frente a la hipotética esperanza de obtener de la administración demócrata la promesa de un mayor grado de compromiso definido en términos de una mediación. (62)
Un nuevo indicio del bajo perfil del gobierno norteamericano en esta cuestión -y de su aceptación por parte del gobierno argentino- pudo percibirse durante el encuentro que los presidentes Menem y Clinton sostuvieron en Washington el 11 de enero de 1999, durante la visita del primero a los Estados Unidos. En dicho encuentro, el presidente argentino solicitó "una intervención" de su par norteamericano para que el Reino Unido cumpliese con la resolución de la ONU que instaba a las partes en conflicto a negociar una solución pacífica. No obstante la promesa de Clinton respecto de que trataría el tema con el primer ministro británico, Tony Blair, fue el propio presidente argentino quien destacó a los medios de prensa que el gesto de Clinton no implicaba un compromiso, sino sólo una gestión de buenos oficios entre Buenos Aires y Londres. (63)
Las posiciones asumidas por el gobierno norteamericano respecto de una serie de temas sensibles para la Argentina
a) El indulto a los jefes militares y guerrilleros y su impacto diferenciado en Estados Unidos
La decisión del gobierno de Menem de indultar a los jefes militares y guerrilleros argentinos responsables de violaciones a los derechos humanos en el período 1973-1983 (64), provocó la reacción negativa de los medios y del Congreso norteamericanos, actitud que contrastó con el bajo perfil del gobierno republicano de George Bush.
Respecto de la reacción de los medios de prensa, cabe destacar el contenido del comentario editorial del diario The New York Times, titulado "Indulto al asesinato en masa en la Argentina", del 3 de enero de 1991, cuyo primer párrafo sostenía que:
"Por ninguna razón en especial, el presidente Carlos Menem ha tirado a la basura el mayor logro del país en los últimos 60 años. Las anteriores autoridades civiles de Raúl Alfonsín habían restablecido el vital principio constitucional que todos los ciudadanos, incluyendo a los oficiales militares, son responsables ante la ley. Ahora, en un país todavía propenso a los intentos de golpes, se ha restaurado la tradición de la impunidad militar. ( )
El señor Menem describió su acción (el indulto) como un gesto de reconciliación, cerrando así el libro de un pasado trágico. En lugar de eso, ha invitado a la repetición de la tragedia al resurgir la idea de que los militares están por encima de la ley. ( )". (65)
Así, en noviembre de 1989, ochenta legisladores estadounidenses enviaron una enérgica carta de protesta dirigida al presidente argentino, expresando su "profunda preocupación" respecto de "su reciente decisión de otorgar perdón a oficiales militares que habían sido acusados y convictos de secuestrar, torturar y asesinar a masivas cantidades de civiles durante la llamada "guerra sucia" en la Argentina desde 1976 a 1983". Los autores de la carta señalaron su aprehensión a que el perdón otorgado por Menem pueda ser un ejemplo "para otros países latinoamericanos que miran a la Argentina como modelo para lograr la transición hacia una democracia total". Asimismo los firmantes de la carta -cuya mayoría pertenecían al Partido Demócrata, aunque figuraban también miembros del Partido Republicano- expresaron su temor por los efectos que la medida de perdón podría tener. (66)
Frente a la posición crítica de los legisladores, el indulto no suscitó reacciones en las autoridades de la Casa Blanca. Un indicio al respecto fue su ausencia en la lista de temas tratados por los presidentes Menem y Bush durante la visita del primero a Washington en septiembre de 1989. En dicho encuentro, las prioridades del mandatario republicano estuvieron centradas en la cuestión de la energía nuclear; la ratificación del Tratado de Tlatelolco; la desactivación del misil de alcance intermedio Cóndor II; la normalización de las relaciones entre Argentina y Gran Bretaña, deterioradas desde la guerra de 1982; la situación política en Panamá y Centroamérica; Colombia y el narcotráfico; la crisis de Medio Oriente y el terrorismo. Del lado argentino, dichas prioridades estuvieron definidas en la búsqueda de apoyo norteamericano en las negociaciones de la Argentina con el Club de París, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional; en el aprovisionamiento de equipos militares argentinos a terceros países; y la venta del avión IA 63 Pampa a los Estados Unidos. (67)
En contraste con el bajo perfil que adoptaron ambos gobiernos en esta delicada cuestión, la protesta de los ochenta legisladores norteamericanos frente a la política de indulto provocó la reacción de dos oficiales militares argentinos. Mediante una nota enviada en enero de 1990 al jefe de la bancada demócrata de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Richard Gephart, el presidente del Círculo Militar argentino, general de brigada Guillermo Bernardo Fonseca, rechazó la protesta efectuada por los representantes parlamentarios estadounidenses. En su nota a Gephart que acompañaba a la de un socio del Círculo Militar, el general de brigada Mario H. Laprida, el general Fonseca señaló que el pensamiento generalizado entre las Fuerzas Armadas, era que éstas realizaron operaciones bélicas de aniquilamiento ordenadas por un gobierno constitucional y jamás "abominables crímenes contra el pueblo argentino" como expresaba la carta de los legisladores norteamericanos al presidente Menem. Por su parte, la nota del general Laprida adjuntaba antecedentes que "hacen a la verdad histórica, al honor, a la dignidad y a la ética de los miembros de las Fuerzas Armadas". Expresaba que la información que tenían los legisladores "es totalmente falsa, tendenciosa y profundamente influida de ideología terrorista y subversiva". También efectuaba una reseña de hechos terroristas y recordaba que en febrero de 1975 el Poder Ejecutivo dictó un decreto "ordenando a las Fuerzas Armadas aniquilar el accionar de las organizaciones terroristas que operaban en el país (Operativo Independencia). Subrayaba que para fines de 1979 el terrorismo había cometido más de 2500 asesinatos y 21.000 actos terroristas. En otra parte de su misiva, Laprida, refiriéndose a los juicios a los integrantes de las tres juntas militares por parte del gobierno radical, calificó a este acto como "irrefutablemente político". Al respecto, concluyó:
" ( ) desearía saber si los señores legisladores condenarían a los jefes de las Fuerzas Armadas de su país que triunfaron en la Segunda Guerra Mundial, en Corea o en Vietnam a pesar de los errores y excesos que inevitablemente pudieran haber cometido". (68)
Los legisladores norteamericanos volvieron a manifestarse contra el indulto durante la visita a Estados Unidos que efectuó Menem a principios de octubre de 1990. En dicha ocasión, el mandatario argentino fue sorprendido por un petitorio de 80 congresistas norteamericanos que solicitaba el mantenimiento de la prisión a los jefes a las juntas militares encarcelados por violaciones a los derechos humanos. A su vez, la Organización Pro Derechos Humanos Americas Watch expresó al presidente argentino sus preocupaciones acerca de un posible nuevo indulto para el ex represor Carlos Guillermo Suárez Mason. También cuestionó la falta de investigación de las muertes de cinco atacantes al cuartel de La Tablada. Enfrentado a estos reclamos, Menem optó por el silencio. (69)
Nuevamente el contraste entre el bajo perfil del gobierno de Bush y el alto perfil adoptado por el Congreso y las entidades defensoras de los derechos humanos tuvo ocasión de manifestarse cuando llegó a los Estados Unidos la noticia del indulto otorgado por el gobierno argentino a Suárez Mason. Mientras el Departamento de Estado no hizo comentarios sobre la medida, el entonces director ejecutivo de Americas Watch, el argentino Juan Méndez, sostuvo hacia principios de enero de 1991 que
"como entidad norteamericana, Americas Watch no puede menos que preocuparse ante el hecho de que se haya pedido la colaboración de la Justicia de los Estados Unidos para después invalidar la acción por razones políticas. ( ) "Ahora sólo queda iniciar la protesta ante el Departamento de Estado y a través de la prensa (...) lo hacemos en primer lugar por razones éticas y, en el caso de Suárez Mason, también por razones políticas, porque hubo de por medio un proceso de extradición." (70)
En referencia a este último párrafo de las declaraciones de Méndez, cabe señalar que el Departamento de Justicia, si bien no expresó en forma oficial su disconformidad con el indulto a Suárez Mason, no ocultó a los medios en forma off the record su molestia respecto de una medida que borraba de un plumazo todos los esfuerzos de la Justicia norteamericana para apresar al ex oficial. Esfuerzos que, además, habían sido efectuados como respuesta a un pedido del gobierno que antecedió al de Menem. (71)
Durante la administración del republicano George Bush, la Argentina, aunque fue blanco de las críticas de los legisladores y de las organizaciones de derechos humanos en Estados Unidos, no figuró entre los casos de violaciones a los derechos humanos y de mal funcionamiento del Poder Judicial analizados por los informes anuales del Departamento de Estado. Con el cambio de signo político del Ejecutivo a partir de la asunción del demócrata Bill Clinton en 1993, esta tendencia se modificó. Claro ejemplo al respecto fue el contenido del informe anual sobre los Derechos Humanos en el mundo correspondiente a 1996, en el cual el Departamento de Estado norteamericano, si bien señaló la ausencia de asesinatos políticos en la Argentina durante 1996, destacó también la persistencia de actos de violencia por parte de oficiales que actuaron al servicio de las últimas dictaduras militares y por personas victimadas durante ese período: "Las autoridades policiales en varias provincias han realizado detenciones arbitrarias, aplicado castigos inhumanos a personas sometidas a la custodia del Estado y han realizado ejecuciones extrajudiciales". Asimismo, el informe criticó duramente la situación del Poder Judicial en la Argentina, en los siguientes términos:
"( ) El sistema judicial argentino está atascado por el papeleo, lo cual da como resultado largas detenciones antes de los juicios, y las condiciones carcelarias siguen siendo deficientes, como lo demuestran diecisiete motines en diversas partes del país". (72)
Estos comentarios críticos volvieron a aparecer en el informe del Departamento de Estado correspondiente al año 1997. En un párrafo donde mencionaba explícitamente la investigación inconclusa del caso del asesinato del periodista José Luis Cabezas sostuvo que "la justicia argentina es independiente pero ineficiente". Asimismo, destacaba también que "integrantes de la policía continúan cometiendo abusos de los derechos humanos" (además del caso Cabezas, el informe señalaba las muertes de Teresa Rodríguez, Aníbal Rodríguez, Juan González, Sebastián Bordón, y Roberto Roldán, entre otros, como evidencias de investigaciones en las que la Justicia argentina no había podido determinar con precisión las responsabilidades). (73)
El duro tono del informe provocó la reacción del presidente Menem, quien el 1° de febrero de 1998 rechazó las críticas del Departamento de Estado norteamericano a la Justicia argentina, señalando que se trataba de asuntos internos. Evidenciando su molestia personal, aclaró que él no opinaba sobre la justicia norteamericana. (74) Siguiendo la posición del mandatario argentino, el 5 de febrero, el embajador argentino en Washington, Diego Guelar, descalificó las referencias informe a la Justicia argentina y aprovechó la ocasión para criticar el embargo norteamericano a Cuba. (75)
A las negativas referencias respecto de la Justicia argentina efectuados por estos informes del Departamento de Estado, cabe agregar el también poco alentador informe sobre la libertad de culto elaborado por los funcionarios de dicha agencia a principios de septiembre de 1999. El primer informe anual del Departamento de Estado norteamericano acerca de este tema señaló que en la Argentina "existe antisemitismo" y enumeraba una serie de acciones "antisemitas y amenazas contra organizaciones e individuos judíos", entre los que mencionaba la profanación de 20 tumbas judías en el cementerio de Ciudadela, en enero de 1998, y un breve resumen sobre las investigaciones de los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA. El informe destacó asimismo que la Argentina era el único país del MERCOSUR en el que el Departamento de Estado consignaba la existencia de antisemitismo en la sociedad. (76)
Como contrapartida a los negativos comentarios de la situación de la Justicia argentina del Departamento de Estado citados en el apartado anterior, vale citar el claro respaldo del gobierno norteamericano al argentino frente al cuatro y último levantamiento del sector "carapintada" del Ejército, que tuvo lugar en diciembre de 1990. (77) Dicho levantamiento, calificado por el propio presidente Menem como un "intento de golpe de Estado", contó con el inmediato repudio de las autoridades de la Casa Blanca. Al recibir en Brasilia una llamada de su embajador en la Argentina para preguntarle si la visita seguía en pie a pesar del alzamiento, el presidente de Estados Unidos, George Bush, señaló que a él no lo iban a parar unos cuantos revoltosos". De este modo, Bush señaló que el alzamiento militar "no modificará" sus planes de visitar la Argentina y aseguró que "Confío plenamente en la seguridad de Buenos Aires". Por su parte, el vocero de Bush, Roman Popakiuk, afirmó que "iremos a la Argentina como estaba previsto". Finalmente, el embajador norteamericano Terence Todman dijo:
"Ratifico absolutamente que no cambiado la intención (de Bush) de cumplir con la visita prevista". (78)
La visita de Bush, que constituyó en sí misma un inequívoco gesto de respaldo de Washington a la continuidad democrática argentina, tuvo su inicio el 5 de diciembre de 1990. En referencia al frustrado alzamiento del sector "carapintada", el mandatario norteamericano felicitó a su colega argentino por la "gran valentía y determinación" con la que enfrentó el problema y señaló que "con el apoyo del pueblo ha demostrado que nadie va a quitarle esta libertad a los argentinos. (79)
En su mensaje ante el Congreso argentino, Bush otorgó nuevos gestos de apoyo a la continuidad democrática:
"The message today from Argentina is clear. Democracy is here to stay. Too many brave people sacrificed and died to bring democracy back to Latin America. Let those who would attack constitutional democracy understand: In Latin America the day of the dictator is over. Violent assaults upon the rule of law represent the old way of thinking and acting that history has left behind. It is time to think anew." (80)
d) La eliminación de la exigencia del visado de pasaportes argentinos
Por cierto, la eliminación de la exigencia del visado de pasaportes argentinos constituyó uno de los frutos positivos del ingreso al patrón de "relaciones especiales" con Estados Unidos adoptado por el gobierno argentino. El primer capítulo de esta sensible mejoría en el ámbito diplomático de la agenda bilateral tuvo lugar en ocasión de la visita del secretario de Estado, Warren Christopher, a la Argentina, a fines de febrero de 1996. El funcionario norteamericano anunció el día 29 que "a fines de este año se eliminará el visado de pasaportes argentinos para viajar a los Estados Unidos". Agregó Christopher que, con la adopción de esta medida, Argentina sería el primer país beneficiado por la misma y que la eliminación del trámite fue dispuesta porque la Argentina cumplió con los requisitos impuestos por las autoridades de inmigración de su país. (81)
En realidad, la eliminación de la exigencia de visado llegó mucho antes del fin de ese año, en un nuevo indicio del favorable clima que en ese momento atravesaban las relaciones diplomáticas bilaterales. El 5 de julio de 1996, el vocero del Departamento de Estado norteamericano, Glyn Davies, anunció que a partir del día 9, Argentina pasaba a estar incluida en el Visa Waiver Pilot Program (VWPP). Esta participación excluía de la obligación de tramitar la visa a los ciudadanos argentinos interesados en viajar a Estados Unidos por razones turísticas o comerciales, cuyo plazo de estadía se extendiera hasta los 90 días. (82)
e) El tratado de extradición entre ambos países
Junto con la eliminación de la exigencia de visado de pasaportes argentinos, otro paso importante en la agenda diplomática bilateral fue la firma de un tratado de extradición entre los gobiernos de ambos países, el 10 de junio de 1997. Este tratado fue redactado, fundamentalmente, para servir como una herramienta de combate al narcotráfico, el lavado de dinero y la corrupción. Por su artículo I, dicho tratado autorizaba la extradición "( ) en forma recíproca ( ) a las personas a las cuales las autoridades del Estado requirente han imputado o declarado culpables por un delito extraditable". Por su parte, los artículos II y IV definían como "extraditable" a una gama muy amplia de delitos, excepto los delitos políticos. (83)
En contraste con los avances registrados en los dos acápites anteriores, una cuestión espinosa de la agenda bilateral fue, sin lugar a dudas, el asilo otorgado por el gobierno de Menem al ex general paraguayo Lino Oviedo.
Un primer indicio de las dificultades en torno a esta cuestión fue otorgado por el zar de la lucha contra las drogas, Barry Mc Caffrey, en su encuentro con el ministro del Interior argentino, Carlos Corach, en Washington, a fines de septiembre de 1999. En dicha oportunidad, Mc Caffrey señaló que su gobierno vería con malos ojos tanto un regreso del ex dictador al Paraguay, como el otorgamiento de una amplia protección argentina a Oviedo, que permitiese a este último hacer política desde Buenos Aires o desde Tierra del Fuego. (84)
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