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El 16 de junio de 1993, el Consejo de Seguridad de la
ONU aprobó la resolución 841 que “deplora que a pesar de los esfuerzos de la
comunidad internacional, no se haya restituido al gobierno al legítimo
Presidente de Haití” y consideraba que se justificaba la adopción de medidas
extraordinarias por el Consejo de Seguridad. (1).
El gobierno argentino respaldó a dicha resolución a través del decreto 1470,
aprobado el 12 de julio del mismo año.
(2)
Por su parte, el 14 de noviembre, la corbeta
argentina Granville se incorporó a la flota multinacional de bloqueo a Haití (3).
Junto con la sanción
del decreto 2410 el 19 de noviembre, este envío de efectivos constituyó un
claro gesto de respaldo a la resolución 993 del 13 de octubre adoptada por el
Consejo de Seguridad, que autorizaba la imposición de medidas en castigo por
los obstáculos del régimen de facto haitiano a las tareas de la misión de las
Naciones Unidas en Haití (UNMIH) (4)
Asimismo, el 31 de julio de 1994, la delegación
argentina auspició junto a sus colegas de Estados Unidos, Canadá y Francia en
el Consejo de Seguridad de la ONU la resolución 940 que autorizaba el uso de la
fuerza en la isla y abría el camino para
una invasión encabezada por los Estados Unidos para reinstalar en el poder el
derrocado presidente Jean Bertrand Aristide. La resolución fue aprobada por 12
votos a favor (entre ellos el de Argentina, que ingresó ese año como miembro),
ninguno en contra y 2 abstenciones (Brasil y China). (5)
El gobierno argentino ratificó su compromiso con la
resolución adoptada el 31 de julio, al anunciar que enviaría al Congreso un
pedido formal para que se autorizara el envío de 600 efectivos a Haití que se
integraría a la fuerza multinacional. (6)
No obstante, ante la
oposición del Parlamento -especialmente del bloque radical- y las reticencias dentro del propio PJ
al envío de tropas propiciado por el Ejecutivo, Menem cambió el tono de sus
declaraciones al día siguiente, y sostuvo que los soldados argentinos irían a
Haití recién en una segunda o tercera etapa. (7)
El 12 de agosto, los representantes de Argentina,
Canadá, EEUU y Francia, los cuatro países que copatrocinaron la Resolución
940, acordaron intentar un último esfuerzo diplomático con la junta militar
para evitar una invasión a la isla. La idea de extenderle una mano providencial
al ahogado gobierno haitiano surgió de un encuentro sostenido entre el
embajador argentino ante la ONU, Emilio Cárdenas, y el ex canciller y
negociador de la ONU en el conflicto, Dante Caputo. (8)
Mientras tanto, el día
15, la Argentina envió
cuatro observadores técnicos al Comando Naval de Norfolk (Virginia), una base
militar del sur de Washington donde las fuerzas norteamericanas, con el
patrocinio de la ONU y la colaboración de Francia y de Canadá, realizaban el
planeamiento de una eventual intervención armada en Haití para deponer al
gobierno de facto de Raoul Cedras y devolver el poder políticos a Jean Bertrand
Aristide. Los observadores argentinos visitaron el 15 Norfolk y el 16
concurrieron al Alto Comando de la ONU, en Nueva York, para continuar con la
recopilación de informes recomendada. (9)
El 19 de agosto, el ex presidente norteamericano
Jimmy Carter y el presidente de facto haitiano, Emile Jonassaint, llegaron a un
acuerdo para evitar la intervención militar en Haití. El mismo estableció la
llegada de una misión militar de la ONU para monitorear el retorno de la
democracia a la isla. Por su parte, el ex delegado de la ONU Dante Caputo criticó
dicho acuerdo, argumentando que el mismo fortalecía las aspiraciones de poder
de Raoul Cedras. (10)
En el contexto de este nuevo acuerdo, el 23 de
septiembre, un contingente de 104 gendarmes argentinos partió hacia Haití para
desempeñarse como "monitor policial" a fin de garantizar la seguridad
en la reinstalación del gobierno democrático de aquel país. (11)
Seis días después, el
Consejo de Seguridad aprobó por 13 votos a favor (entre ellos los de Argentina
y Estados Unidos), ningún voto en contra y 2 abstenciones (las de Brasil y la
Federación Rusa) la resolución 944 sobre despliegue de observadores y otros
elementos de la Operación de Mantenimiento de Paz en Haití (UNMIH). (12)
Por su parte, el 15 de octubre
de 1994, el Consejo de Seguridad aprobó, por un resultado de 14 votos a favor
(entre ellos los de la Argentina y los Estados Unidos), ninguno en contra y 1
abstención (la de Brasil), la resolución 948 referida a la reinstalación del
presidente Aristide en el gobierno de Haití. (13)
Dada la falta de garantías para la concreción del retorno del
presidente legítimo en la isla, el Consejo resolvió sancionar el 29 de
noviembre la resolución 964, que autorizaba a reforzar la presencia de UNMIH.
Dicha resolución fue aprobada por 13 votos a favor (entre ellos los de
Argentina y Estados Unidos), ninguno en contra y 2 abstenciones (las de Brasil y
Rusia).
(14)
Durante el año 1995, el segundo
de Argentina como miembro del Consejo de Seguridad en la década de 1990, se
aprobaron las siguientes resoluciones referidas al caso haitiano: la 975 del 30
de junio, referida a la extensión del mandato de UNMIH y su reemplazo por una
Fuerza Multinacional integrada por elementos de los “cascos azules” de
Naciones Unidas, que contó con la abstención de China y 14 votos a favor
(entre ellos los de Argentina y Estados Unidos) y la resolución 1007 del 31 de
julio, sobre extensión del mandato de UNMIH, aprobada en forma unánime.
(15)
Finalmente, en el año 1999, en
el que Argentina volvió a retornar como miembro del Consejo, se adoptó la
resolución 1277 del 30 de noviembre, que decidió la permanencia de la Misión
Policial y Civil de Naciones Unidas en Haití, ante la ausencia de garantías
que permitieran la normalización de la vida política interna en la isla. Dicha
resolución fue aprobada por 14 votos a favor (entre ellos los de Argentina y
Estados Unidos), ningún voto en contra y 1 abstención (la de la Federación
Rusa). (16)
a.
1.) Los casos de coincidencias
Las votaciones argentinas y norteamericanas respecto de la cuestión de
los derechos humanos en Cuba
En lo que respecta a este tema de la agenda, la administración Menem mantuvo inicialmente la posición de abstención de su antecesor Raúl Alfonsín. (17) Así, en la 52° sesión de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas correspondiente al 6 de marzo de 1990, Argentina votó en abstención junto a otros 11 países (entre ellos Brasil, Colombia, Perú y Venezuela), la resolución 1990 / 48, que condenaba la situación de los derechos humanos en Cuba. Dicha resolución fue finalmente aprobada por 19 votos a favor (entre ellos los de Estados Unidos, España, Francia y Gran Bretaña) y 12 en contra (entre ellos los de Cuba, China, India, Irak, México y Unión Soviética) (18)
Esta tradición en la votación argentina respecto de la
situación de los derechos humanos en Cuba se quebró con la llegada de Guido Di
Tella a la titularidad del Palacio San Martín, quien estaba firmemente
comprometido en una posición fuertemente intervencionista en materia de
derechos humanos. Bajo los auspicios del nuevo canciller, Argentina cambió su
voto durante la 54ª sesión de la Comisión de Derechos Humanos que tuvo lugar
en Ginebra en marzo de 1991, al respaldar la moción norteamericana sobre la
cuestión de los derechos humanos en Cuba, en contra de la posición adoptada
por el Grupo de los Ocho países latinoamericanos. El voto argentino a favor de
la resolución 1991 / 68 del 6 de marzo resultó decisivo, por cuanto permitió
que la moción presentada por Estados Unidos -consistente en que un
representante de la ONU investigara in
situ la situación de los derechos humanos en la isla e hiciera públicas
sus conclusiones- triunfara por 22 votos a favor (entre ellos los de Argentina,
Estados Unidos y Panamá) contra 6 votos en contra (los de Cuba, China y
Ucrania, entre otros) y 15 abstenciones (entre ellas las de Brasil, Colombia, México,
India, Perú y Venezuela). (19)
Di Tella justificó el cambio en la votación argentina
respecto de esta delicada cuestión, sosteniendo que “además de escuchar al
gobierno cubano hay que escuchar lo que dice la oposición sobre el tema de los
derechos humanos”. En un informe al consejo peronista, Di Tella señaló que
aceptar la palabra de Fidel Castro
“sería como si en el proceso militar se le hubiera preguntado al general (Jorge Rafael) Videla cómo andaban los derechos humanos en la Argentina”. (20)
Como era de esperarse, la primera crítica al giro
adoptado por la Argentina en este tema partió de las autoridades y medios
cubanos. El viceministro de Asuntos Exteriores de ese país, Raúl Roa, agradeció
la solidaridad de los países latinoamericanos que “mantuvieron su dignidad y
no se dejaron amedrentar por Estados Unidos en su intento por aislar a Cuba”.
Por su parte, el diario Granma señaló que la posición adoptada por el
gobierno argentino inspiraba pena, pues había roto la unidad latinoamericana
“por un plato de lentejas”. (21)
En los años subsiguientes, la Argentina mantuvo su voto en contra de la situación de los derechos humanos en Cuba, acompañando la posición norteamericana. Así, el 3 de marzo de 1992, votó a favor de la resolución 1992/61, la cual fue aprobada por 23 votos a favor (entre ellos los de Argentina, Estados Unidos, Chile, Uruguay, Federación de Rusia y Reino Unido), 8 en contra (entre ellos los de Cuba, China, Irán e Irak) y 21 abstenciones (entre ellas las de Brasil, Colombia, India, México, Perú y Venezuela). (22)
Por su parte, el 10 de marzo del año siguiente votó
a favor de la resolución 1993/63, que fue adoptada por un resultado de 27 votos
a favor (entre ellos los de Argentina, Estados Unidos, Federación Rusa, Japón
y Uruguay), 10 votos en contra (entre ellos los de Cuba, China, Irán, Libia y
Siria) y 15 abstenciones (entre ellas las de Brasil, Colombia, India, México,
Perú y Venezuela). (23)
A su vez, Argentina acompañó a Estados Unidos en el
voto a favor de la resolución 1997/62 del 16 de abril de 1997, que se impuso
por un resultado de 19 votos a favor (entre ellos los de Argentina, Estados
Unidos, Chile y Uruguay), 10 en contra (entre ellos los de Cuba, India y China)
y 24 abstenciones (entre ellas las de Brasil, Federación Rusa y México). (24)
Cabe destacar, asimismo, que en los casos de las
resoluciones en la votación de la resolución 1994/71, del 9 de marzo de 1994 (25)
1995/66 del 7 de marzo
de 1995 (26) y
1996/69 del 23 de abril de 1996 (27),
el voto argentino no
figuró.
Durante los primeros meses de 1998, el gobierno
argentino ensayó una serie de gestos de aproximación a Cuba, cuyo objeto fue
el de sondear la posibilidad de influir a favor de una democratización del régimen
castrista. Estos gestos fueron negativamente interpretados por las autoridades
de Washington, como quedó evidenciado en la II Cumbre de las Américas en
Santiago celebrada en abril de ese año, ocasión en la que tanto el presidente
Menem como su canciller Di Tella se vieron obligados ante el presidente Bill
Clinton y su secretaria de Estado Madeleine Allbright a ratificar la posición
adoptada en 1991 respecto de la situación de los derechos humanos en Cuba. (28)
Paradójicamente, en ese mismo mes de abril, la
Comisión de Derechos Humanos de la ONU adoptó una posición de mayor
flexibilidad y levantó la condena contra el régimen de Fidel Castro auspiciada
por Estados Unidos. El proyecto de resolución de condena impulsado por Estados
Unidos (proyecto E/CN.4/1998/L.89) fue rechazado por un resultado de 19 votos a
favor del levantamiento de la condena –entre ellos los de Cuba, Rusia, China,
India, Indonesia, Malasia, Pakistán y la mayoría de los países africanos-, 16
en contra –entre ellos los de Estados Unidos, Argentina, Austria, Dinamarca,
Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Gran Bretaña, República Checa,
Polonia, Japón, Corea del Sur, Canadá y El Salvador, único país
latinoamericano que votó igual que la Argentina- y 18 abstenciones –entre
ellas las de Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Uruguay y
Venezuela-. (29)
Por cierto, la decisión del canciller Di Tella de
volver a votar junto a Estados Unidos en la Comisión de Derechos Humanos en la
ONU desató una interna en el gobierno. Mientras Menem y el canciller Di Tella
eran partidarios de acompañar a
Estados Unidos en la condena por la situación de los derechos humanos en Cuba-,
el secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, los senadores del PJ (en
particular Antonio Cafiero, Eduardo Menem, Augusto Alasino y Rubén Marín) y
los empresarios argentinos interesados en hacer negocios con Cuba avalaron una
postura de mayor apertura hacia La Habana. (30)
Más allá de estas polémicas internas, el examen de las votaciones argentinas respecto de la situación de los derechos humanos en Cuba revela la necesidad de matizar el supuesto ampliamente difundido acerca del aislamiento argentino respecto de América Latina. Si bien es cierto que con el perfil de votación adoptado, Argentina se separó de países como Brasil, México, Perú y Venezuela, la idea de aislamiento no tiene asidero desde el punto de vista empírico, dado que la delegación argentina votó siguiendo un patrón similar al de sus colegas de Chile y Uruguay. Esta tendencia se reveló nuevamente en las votaciones respecto de la resolución de condena a Cuba número 1999/8, adoptada el 23 de abril por 21 votos a favor (entre ellos los de Argentina, Estados Unidos, Chile, Uruguay), 20 en contra (Cuba, China, India, México y Perú), 12 abstenciones (entre ellas las de Colombia, Guatemala y El Salvador), y la ausencia de la votación de Brasil. (31)
Las votaciones argentinas y norteamericanas sobre la situación de los derechos humanos en Irak
Junto al caso de Cuba, éste fue otro ejemplo donde
se registró un alto grado de coincidencias
entre las votaciones de los representantes argentinos y norteamericanos. No
obstante, y como en el caso analizado en el acápite anterior, no se registró
un 100% de coincidencias, dado que la Argentina no votó en los casos de las
resoluciones 1994/ 74 del 9 de marzo de 1994;
1995/ 76 del 8 de marzo de 1995; y 1996/ 72 del 23 de abril de 1996. (32)
Los representantes de Argentina y Estados Unidos ante
la Comisión de Derechos Humanos de la ONU coincidieron en otorgar su voto
favorable a la resolución 1992/ 60 del 3 de marzo de 1992, sobre la situación
de los derechos humanos en Kuwait bajo la ocupación iraquí. También
coincidieron en votar a favor de las resoluciones de condena a la situación de
los derechos humanos en Irak números 1992/ 71 del 5 de marzo de 1992 (33);
1993/ 74 del 10 de marzo de 1993 (34);
y 1998/ 65 del 21 de abril de 1998. (35)
c.2.) Los casos de divergencias
Un área de cuestiones donde se observaron divergencias entre las votaciones argentinas y norteamericanas en la Comisión de Derechos Humanos fue en los casos de las resoluciones referidas a la situación de los derechos humanos en territorios árabes ocupados por Israel, China e Irán.
Por cierto, ésta fue una cuestión donde se registró casi un 100 % de divergencias entre las votaciones de ambos países. Contra lo que suelen suponer los medios de prensa y los representantes de la literatura adheridos a una percepción hipercrítica de la política exterior adoptada durante la década de 1990, las divergentes posiciones adoptadas por Argentina y Estados Unidos en las resoluciones referidas a la situación de los derechos humanos en territorios árabes ocupados por Israel contradicen el supuesto ampliamente difundido acerca de la implementación de un perfil de alineamiento automático con las autoridades de Washington. Al respecto, cabe recordar que en 1989 Argentina votó a favor -y Estados Unidos se opuso- a las resoluciones del 17 de febrero números 1989/ 1, sobre la situación de los derechos humanos en el Golán sirio; y 1989/ 2 A y 1989 / 2 B, de condena a la violación de los derechos humanos en la Palestina ocupada-, la Argentina votó a favor de las mismas. (36) El mismo comportamiento tuvieron las delegaciones argentina y norteamericana respecto de las resoluciones sometidas a votación de la Comisión en los años 1990 y 1991. (37)
En los años 1992 y 1993, Argentina y Estados Unidos siguieron sin coincidir en sus respectivas posiciones, pero en algunos casos recurrieron a la opción de abstención. Así, en el de la resolución 1992/ 3 del 14 de febrero de 1992 sobre asentamiento de los israelíes en territorios árabes ocupados, Estados Unidos se abstuvo y Argentina votó a favor. Por su parte, en los casos de las resoluciones 1992/ 2 A del 14 de febrero de 1992 sobre violación de los derechos humanos de los territorios árabes ocupados; 1992/ 4 de la misma fecha sobre situación de los derechos humanos en la Palestina ocupada; 1993/ 1 del 19 de febrero de 1993 sobre situación de los derechos humanos en el Golán sirio; 1993/ 2 A y 1993/ 2 B de la misma fecha, de condena a la violación de los derechos humanos en territorios árabes ocupados, incluyendo a Palestina; y 1993/ 4, también del 19 de febrero, sobre situación en la Palestina ocupada, Argentina se abstuvo y Estados Unidos votó en contra. (38)
Por su parte, entre los años 1994 y 1996, que
coincidieron con el período de mayor acercamiento a Estados Unidos y a Israel y
con el impacto interno y externo del atentado terrorista contra la AMIA,
Argentina decidió no votar en las resoluciones referentes a la situación de
los derechos humanos en territorios árabes ocupados por Israel.
Finalmente, entre los años 1997 y 1999, Argentina volvió a votar en el seno de
la Comisión de Derechos Humanos con un perfil que evidenciaba un alto grado de
divergencias con las posiciones sustentadas por Estados Unidos. Salvo en los
casos de las resoluciones 1997/ 1 y 1999/ 5 sobre violación a los derechos
humanos en territorios árabes ocupados, incluyendo a Palestina –en los que
Argentina se abstuvo y Estados Unidos votó en contra-, en todos los casos
restantes Argentina votó a favor y Washington mantuvo su oposición en sintonía
con los intereses israelíes. (39)
Por cierto, el análisis comparado de las posiciones de ambos países en este tema del capítulo multilateral de la agenda demuestra que la diplomacia menemista siguió en este caso puntual un perfil bastante más acorde con el tradicional perfil tercermundista (e incluso antinorteamericano) de la política exterior argentina, que con el sesgo occidentalista que acompañó a las votaciones de aquellas cuestiones definidas como prioritarias en función de consolidar el paradigma de “relaciones especiales”. Cuestiones tales como las vinculadas con el desarme y la no proliferación nuclear o la situación de los derechos humanos en Cuba.
Respecto de este caso de agenda, cabe destacar que desde 1990 hasta 1997 la
Unión Europea presentó resoluciones de condena con resultados negativos, ya
que la diplomacia china logró impedir la cristalización de dichas resoluciones
a través del voto de “no acción” (salvo en el caso del año 1995, año en
el que dicha modalidad fue rechazada por la Comisión de Derechos Humanos).
Mientras la Unión Europea y Estados Unidos votaron contra la moción china de
“no acción”, la Argentina mantuvo un voto abstención. (40)
De acuerdo con este patrón de bajo perfil respecto
de China, Argentina se abstuvo en los casos de las decisiones 1990/ 106 sobre la
situación de los derechos humanos en China, aprobada el 6 de marzo de 1990 (41);
1992/ 116 del 4 de marzo de 1992 sobre la situación en China y Tibet (42)
y 1993/ 110 del 11 de marzo de 1993 sobre la situación en China (43).
Asimismo, mantuvo la misma posición en los casos de los proyectos de resolución
E/CN.4/1997/L.91 del 15 de abril de 1997 y E/CN.4/1999/L.22 del 23 de abril de
1999. (44)
En 1998, la Unión Europea decidió levantar el tratamiento de la cuestión china en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, debido al repetido fracaso de las resoluciones condenatorias y como respuesta a los positivos pasos dados por las autoridades de Pekín al suscribir los dos pactos internacionales más importantes en esta materia (el Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y el Pacto Internacional sobre los Derechos Civiles y Políticos), y permitir el ingreso a China del presidente del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias. (45)
A diferencia del caso de China, respecto de las
violaciones a los derechos humanos en Irán tratados por la Comisión de
Derechos Humanos la diplomacia argentina observó un comportamiento cambiante,
que contrastó con la permanente posición de condena observada por la delegación
norteamericana. Así, respecto de la resolución 1989/ 66 de condena a la
situación de los derechos humanos en Irán, aprobada el 8 de marzo de 1989,
mientras Estados Unidos se contó entre los 20 votos a favor de la resolución,
la Argentina estuvo entre los 12 países que se abstuvieron. (46)
Entre 1991 y 1993, los representantes argentinos se ausentaron en los momentos de votación de las resoluciones de condena adoptadas tanto por la Comisión de Derechos Humanos como por la Asamblea General. Esta actitud de ausentarse se explicaba por dos razones: a) la importancia del mercado iraní para las exportaciones argentinas y b) la necesidad del gobierno de Menem de otorgar una compensación a las autoridades de Teherán frente a la decisión de concluir los programas de cooperación nuclear con dicho país, inscripta en la política de firme compromiso con las políticas de no proliferación impulsadas por Estados Unidos y los países desarrollados de Occidente. (47)
A partir de la difusión de las sospechas del involucramiento del gobierno de Irán en el atentado terrorista contra la AMIA, la posición argentina se acercó a la norteamericana. Dicho cambio quedó evidenciado en la posición de condena adoptada por la diplomacia argentina en las resoluciones de la Asamblea General referentes a la situación de los derechos humanos en Irán adoptadas entre los años 1994 y 1998 y en las resoluciones 1997/ 54 y 1998/ 80, respectivamente sancionadas por la Comisión de los Derechos Humanos los días 15 de abril de 1997 y 22 de abril de 1998. En ambos casos, la posición argentina resultaba coincidente con el voto favorable de los representantes norteamericanos. (48)
No obstante, la Argentina volvió a cambiar su posición respecto de la situación de los derechos humanos en Irán en el año 1999, girando de la posición de condena a la de abstención. La diplomacia argentina justificó ese giro aduciendo la existencia de cambios en el régimen político iraní. Como en el caso del período 1991-1993, las consideraciones económicas pesaron en este giro. Durante la primer mitad de 1998, las autoridades iraníes decidieron cancelar las importaciones provenientes del mercado argentino, en respuesta a las declaraciones del gobierno de Menem respecto de la responsabilidad iraní en el atentado a la AMIA, nunca probadas. El negativo efecto de la decisión gubernamental se percibió en una sensible caída del comercio bilateral, cuyo valor descendió de un monto de 659 millones de dólares en 1997 a uno de 468 millones en 1998 y menos de 157 millones en 1999. Tras el cambio de voto argentino en la Comisión de Derechos Humanos, las autoridades de Teherán ordenaron la reanudación de compras de productos argentinos, decisión que se reflejó en el alza del valor del intercambio, que llegó en el año 2000 a 348,5 millones de dólares. (49)
d.
1.)
La
Conferencia Mundial de las Naciones Unidas contra las mafias ilegales
En este ítem de la dimensión multilateral, se registraron coincidencias entre las posiciones argentina y norteamericana. Tal fue el caso en ocasión de la inauguración de la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas contra las mafias internacionales el 21 de noviembre de 1994, oportunidad en la que Argentina propuso crear ciertos mecanismos internacionales, entre ellos un tratado internacional sobre esta cuestión y la unificación de las medidas procesales. (50)
d.
2.) La cumbre de Río ECO-92
La Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente de Río de Janeiro –o Cumbre de Río ECO-92- se inició el 3 de junio de 1992, y tuvo como particularidad la de contar con la participación tanto de presidentes y representantes gubernamentales como de organismos no gubernamentales (ONG’s). Durante la misma, fueron considerados cuatro documentos: La Declaración de Río o “Carta de la Tierra”; la Agenda 21, un tratado para reducir lentamente el calentamiento de la Tierra, un tratado de biodiversidad y un tratado para proteger los bosques. (51)
Desde
el mismo día de inicio de la Conferencia, se hicieron públicas serias
diferencias entre los funcionarios del Palacio San Martín y los de la Secretaría
de Medio Ambiente de la Argentina, respecto de la actitud a adoptar frente a la
Declaración final de Río, también denominada “Carta de la Tierra”. Estas
diferencias dentro de la delegación argentina generaron un clima de inquietud
que obligó al secretario general de la asamblea, Maurice Strong, a formular un
llamado de atención durante la inauguración oficial de la Eco-92. Estos
desacuerdos afloraron a la superficie cuando el subsecretario de Recursos
Naturales, Humberto Rucchelli, en improvisada conferencia de prensa, aseguró
ser el jefe de la delegación argentina en Río y ratificó que la Argentina
suscribiría, sin objeciones, el documento final que condensaba en 27 puntos los
derechos y obligaciones de las naciones en temas de medio ambiente. Tan sólo
una hora después, el principal negociador argentino, Raúl Estrada Oyuela,
director general de Medio Ambiente de la Cancillería, reiteró que serían
objetados dos puntos de la declaración de principios, uno referido al
desarrollo “equitativo” (la palabra cuestionada) y otro sobre la modificación
de las actuales pautas de consumo y el fomento de políticas demográficas
apropiadas. En opinión de Estrada Oyuela, la palabra “equidad” no era sinónimo
de igualdad y podía llegar a interpretarse como propender a un desarrollo
desigual. Para el funcionario del Palacio San Martín no se trataba simplemente
de una cuestión semántica, sino de comprometer principios. (52)
Poco después de estas declaraciones de Estrada
Oyuela, tuvo un lugar un nuevo “round” en la pelea interna de la delegación
argentina. En el centro de Río de Janeiro, sede oficial de las declaraciones,
Rucchelli desautorizó a Estrada Oyuela, aunque sin mencionarlo en forma explícita,
al señalar que
“Nosotros hemos
considerado cuidadosamente el documento y realmente no surge ninguna de las
objeciones que tuvieron trascendencia periodística”. (53)
Finalmente, la llegada a Río de Janeiro de la
secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano, María Julia Alsogaray, como
jefa de la delegación argentina, decidió la interna en favor de Rucchelli.
Alsogaray sostuvo que “la Argentina no desea reabrir la discusión sobre la
Declaración de Río”. Asimismo, la funcionaria desautorizó el planteo del
ministro Estrada Oyuela al sostener que el pedido de reapertura de las
negociaciones “no fue solicitado oficialmente por la delegación argentina”
y que “cuando yo no estaba” el funcionario de mayor rango de la delegación argentina “era el
subsecretario de Medio Ambiente, Humberto Rucchelli”. Asimismo, la funcionaria
restó importancia a la crítica hecha por Estrada Oyuela al capítulo tres de
la Declaración de Río, referido al derecho al desarrollo equitativo,
destacando que
“el desarrollo equitativo, tal como lo entendemos, es un desarrollo que debe servir para que cada país se desarrolle según sus necesidades y no para la búsqueda de la igualdad en un mundo, en el que, como sabemos, existen diferencias. No podemos garantizar la igualdad porque no todos los países tienen los mismos recursos naturales ni humanos. Sería absurdo buscar la igualdad que la misma naturaleza nos ha negado”. (54)
Al salir al cruce de las versiones de que la Argentina no firmaría el documento, Alsogaray afirmó que el propio presidente Carlos Menem había apoyado la decisión de suscribir la Declaración del Río. Las declaraciones de la funcionaria fueron confirmadas en los hechos durante el segmento final de la conferencia, en la que el presidente Menem condenó las prácticas proteccionistas que consolidan la depredación de los recursos naturales y ofreció a las Naciones Unidas el territorio de Ushuaia para establecer allí un centro de investigación y salvaguarda de la Antártida. (55)
d.
3.) La IV Conferencia de las Partes de la Convención sobre Cambio Climático
Esta conferencia tuvo lugar en Buenos Aires durante la primera quincena de noviembre de 1998. Su balance final fue el de una ausencia de consensos en los temas importantes de agenda entre los países desarrollados y los países en desarrollo. Se decidió postergar hasta el año 2000 el debate sobre cómo transferir tecnología limpia a países en desarrollo; se evidenciaron desacuerdos entre las partes respecto de cómo reducir las emisiones de dióxido de carbono; no hubo consenso sobre las compensaciones a naciones cuyas economías dependen de los hidrocarburos y deben reconvertir sus industrias; y el representante EEUU anunció que su gobierno no ratificará en el Parlamento el Protocolo de Kyoto de 1997 sobre emisiones de dióxido de carbono firmado en Buenos Aires, si previamente no alcanzaba acuerdos con los países en desarrollo. Tan sólo se logró acordar la agenda de un plan de acción y de trabajo para futuras reuniones. Por su parte, las organizaciones no gubernamentales (ONGs) se mostraron disconformes por el curso que tomó la reunión. Se quejaron en particular de la oscuridad del lenguaje utilizado, que obstruyó todo intento por tratar el tema principal: la reducción de gases invernadero que recalientan el planeta y causan el caos climático.
No obstante el predominio de un clima de pesimismo respecto de los resultados concretos de la reunión, la Argentina salió beneficiada de la misma, debido a dos motivos: a) porque el Congreso argentino ratificó la ley de impulso a la energía eólica que había sido vetada por el Poder Ejecutivo y Carlos Menem finalmente anunció que se adoptará un compromiso voluntario sobre las emisiones de gases que recalientan la atmósfera; y b) porque la Argentina fue elegida como sede de la Cumbre. Por primera vez un país en vías de desarrollo y del hemisferio sur sirvió de anfitrión a los delegados y ministros de 174 países. (56)
d.
4.) El activo respaldo argentino en las diversas modalidades de intervención de
la ONU: un claro indicio del sesgo occidentalista de la política exterior
argentina
Por cierto, la lista de elementos que hicieron a la actuación argentina en Naciones Unidas y su impacto en las relaciones con Estados Unidos no puede excluir la activa participación argentina en diversas modalidades de intervención de la ONU: a) las Operaciones de Mantenimiento de Paz –conocidas también como operaciones de “cascos azules”- (57); b) operaciones de imposición de paz -coaliciones multinacionales o regionales- (58); c) las misiones humanitarias –conocidas también con el nombre de “cascos blancos”- (59); y d) los procesos electorales supervisados por la ONU. Las tres primeras suelen englobarse bajo la categoría de Misiones de Paz. (60) Si bien la presencia argentina en todas estas operaciones no tuvo un impacto directo en las relaciones con Estados Unidos, constituyó un contundente indicio para las autoridades norteamericanas respecto de la firme voluntad argentina por integrar la alianza occidental.
Respecto
de las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas (OMP), vale
acotar que, aunque la década del ’90 fue testigo de una ampliación de la
participación argentina, la misma no nació durante los años de la gestión
menemista, sino que se entronca en una larga tradición histórica. Desde su
participación en GONUL (Líbano) en 1958 hasta el presente, la Argentina ha
contribuido con más de 16.000 efectivos de las tres Fuerzas Armadas, Gendarmería
Nacional y Policía Federal. (61) No obstante, la participación argentina nunca había tenido en el
pasado la magnitud que logró a partir de la década del 90’ –según Rosendo
Fraga, entre 1990 y 1994 se multiplicó por diez la cantidad de miembros de las
Fuerzas Armadas argentinas que integraron las fuerzas de paz de las Naciones
Unidas-. (62) Una idea del peso de esta contribución argentina la da el hecho de que
entre 1990 y 1995 representó la mitad del total de la contribución
latinoamericana (aunque en 1996, dicho aporte cayese a la mitad por
restricciones presupuestarias). (63)
Esta tendencia llevó a la necesidad de impartir una capacitación adicional y más específica a los militares que debían cumplir con la misión de “cascos azules”. En respuesta a esta necesidad, se creó el Centro Argentino para Entrenamiento Conjunto de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz –CAECOPAZ- que fue creado el 27 de junio de 1995 por resolución del Ministerio de Defensa 669 / 95. El CAECOPAZ tiene su sede en Campo de Mayo y sus planes curriculares siguen la orientación del Departamento de OMP de la ONU. (64)
La participación argentina en las Operaciones de Mantenimiento de Paz en la ex Yugoslavia
Estimuladas por el CAECOPAZ, durante la gestión de Menem la Argentina participó en las siguientes OMP en las repúblicas de la ex Yugoslavia: la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas en Croacia y Bosnia-Herzegovina (UNPROFOR); la Fuerza de Paz de las Naciones Unidas en Croacia (UNPF); la Operación de las Naciones Unidas para la Restauración de la Confianza en Croacia (UNCRO); el Despliegue Preventivo de las Naciones Unidas en Macedonia (UNPREDEP); la Administración Transitoria de las Naciones Unidas en Eslavonia Oriental (UNTAES); el Grupo de Apoyo de Policía Civil en Eslavonia Oriental (UNPSGES); la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en la península de Prevlaka (Croacia); la Misión de las Naciones Unidas en Bosnia-Herzegovina (UNMBIH); y la Misión de las Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK).
La UNPROFOR, FORPRONU, o Fuerza de Protección de las Naciones Unidas fue establecida por la resolución 743 del Consejo de Seguridad de la ONU, del 21 de febrero de 1992. (65) En una etapa inicial de su mandato (UNPROFOR I), los objetivos de la Fuerza de Protección consistieron en verificar y controlar el cese del fuego entre Serbia y Croacia, supervisar el retiro de todas las fuerzas de las tres Zonas de Protección que Naciones Unidas estableció en Croacia –UNPA’ s en inglés o ZPNU en castellano- (66) y restablecer la autoridad croata en el territorio de Croacia. (67)
El Ejército argentino participó desde los inicios mismos de la misión de UNPROFOR, con el Batallón Ejército Argentino (BEA), que fue desplegado en el Sector Oeste del Comando de dicha misión en Croacia (correspondiente al sector de Eslavonia Occidental). (68) El área de responsabilidad del BEA cubría 1200 kilómetros cuadrados, teniendo su puesto comando en la localidad de Daruvar, ubicada a 125 kilómetros al sudoeste de Zagreb, la capital croata. Este Batallón contaba con 870 efectivos que rotaban en forma semestral y realizó ocho relevos sucesivamente entre 1992 y 1995. (69)
La misión asignada al BEA era la de contribuir a lograr las condiciones de paz en el conflicto que enfrentaba a Serbia con Croacia y luego con Bosnia. Por cierto, dicha tarea no fue sencilla ya que el Sector Oeste era prácticamente una zona de guerra, donde los ejércitos serbio y croata se encontraban cara a cara y violaban el cese del fuego. (70) Logrado este acuerdo, el 7 de julio de 1992 el general de brigada argentino Carlos María Zabala asumió la responsabilidad de la seguridad del Sector Oeste, y se desempeñó como comandante del mismo desde octubre de 1992 hasta octubre de 1993. Además de este diálogo con las partes en conflicto para acordar un repliegue de tropas, la participación argentina se hizo efectiva a través de actividades de observación, patrullaje, operación de puestos de control, remoción de campos minados y ayuda humanitaria a la población civil. (71)
Pero no sólo el Ejército argentino participó de la misión UNPROFOR en Croacia. Oficiales de las tres armas tomaron parte mediante el envío de oficiales, que se desempeñaron como observadores militares en distintas regiones de Croacia y Bosnia-Herzegovina, y como miembros del Estado Mayor en el cuartel general ubicado en Zagreb y del Estado Mayor del Sector Oeste del Comando de Croacia de UNPROFOR. (72) Así, el buque transporte “Cabo de Hornos” de la Armada argentina efectuó entre abril y junio de 1992 el traslado de los vehículos blindados, armamentos y otro tipo de cargas del BEA desde el puerto de Buenos Aires hasta el puerto de Bar (Montenegro), con escala en Ancona (Italia). (73)
Asimismo, la Armada argentina participó en la misión UNPROFOR mediante el envío de oficiales, que se desempeñaron como observadores militares, en diferentes puntos de Croacia, Bosnia y Herzegovina y como miembros del Estado Mayor en el cuartel general ubicado en Zagreb. (74)
Por su parte, la Fuerza Aérea argentina participó en la misión UNPROFOR entre marzo de 1993 y marzo de 1995, de cuatro formas diferentes:
a) mediante el traslado de efectivos de los distintos BEA (s) dos veces por año en máquinas pertenecientes al Escuadrón VB-707, que ingresaban por los corredores aéreos que les fijaba la OTAN y operaban en el aeropuerto de Zagreb;
b) a través del envío de oficiales destinados al Cuartel General de UNPROFOR en Zagreb, que eran relevados cada año;
c) por medio del envío de oficiales en calidad de observadores militares, que cumplían sus tareas en la zona de combate; y
d) a nivel local, a través de la participación de la Fuerza Aérea en CAECOPAZ. (75)
Finalmente, también la Gendarmería Nacional tuvo una activa presencia en la misión UNPROFOR entre 1992 y 1995 con tres contingentes, compuestos en total por 83 gendarmes que cumplieron funciones de ayuda humanitaria, monitoreo policial y controles de aeropuertos y fronteras. (76)
La
participación argentina en la Fuerza de Paz de las Naciones Unidas en Croacia
(UNPF)
El 31 de marzo de 1995, a través de las resoluciones 981, 982 y 983 (1995) (77), el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas resolvió que la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (UNPROFOR), que inicialmente abarcaba todo el territorio de la ex Yugoslavia, quedara circunscripta al territorio de Bosnia-Herzegovina, y creó la Misión de Paz de las Naciones Unidas (UNPF) de la que dependían UNPROFOR y la también reciente Operación de Restauración de la Confianza (UNCRO u ONURC) en Croacia y el Despliegue Preventivo de las Naciones Unidas (UNPREDEP) en Macedonia. Los mandatos de las cuatro misiones se extendieron hasta el 30 de noviembre de 1995, fecha en la que la UNPF, la UNPROFOR y la UNCRO fueron desactivadas, siendo reemplazadas por la Fuerza de Intervención (IFOR) de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con la excepción de la UNPREDEP, que permaneció hasta comienzos de 1999. (78)
La Argentina participó en la Fuerza de Paz de las Naciones Unidas (UNPF) en el año 1995, a través de efectivos pertenecientes al Ejército. Dicha arma destacó cuatro efectivos como miembros del Estado Mayor de esta Misión los que permanecieron en funciones hasta completar el relevo de las Naciones Unidas por la IFOR en enero de 1996. (79)
La
participación argentina en la Operación de las Naciones Unidas para la
Restauración de la Confianza en Croacia (UNCRO)
La Operación de las Naciones Unidas para el
Restablecimiento de la Confianza en Croacia (UNCRO u ONURC) surgió como
producto de la resolución 981 (1995) del Consejo de Seguridad de la ONU del 31
de marzo de 1995, motivada a su vez por la creciente tensión entre serbios y
croatas. (80) Incluso el 24 de abril de ese mismo año se produjo un incidente por el
que un ciudadano croata fue asesinado por un serbio proporcionando al gobierno
de Zagreb el pretexto para invadir el 1° de mayo el Area Protegida de las
Naciones Unidas (UNPA) correspondiente a Eslavonia Occidental. Las fuerzas
croatas reconquistaron su presencia en la zona occidental de la región de
Eslavonia y la población serbia abandonó la UNPA refugiándose en
Bosnia-Herzegovina y en Serbia. No obstante, quedó pendiente de resolución la
situación en dos áreas de Croacia: la de Eslavonia Occidental y la de Baranja,
donde los serbios continuaron manteniendo el control hasta que el gobierno
croata las recuperó en enero de 1998. (81)
En este contexto, el Batallón Ejército Argentino (BEA) que, como hemos
visto, cumplía servicios en UNPROFOR, pasó a integrar esta nueva misión
manteniendo su mismo despliegue y ubicación geográfica. El general de brigada
Carlos Matalón –Comandante del Sector Oeste de UNPROFOR en Eslavonia Oeste
(Croacia) entre febrero y julio de 1995- ejerció el Comando del Sector durante
el período de participación argentina, que culminó en octubre de 1995,
cuando, debido a una reestructuración de las áreas, UNCRO redujo sus efectivos
y el BEA 8 fue replegado a la Argentina. La misión terminó oficialmente el 30
de noviembre de 1995. (82)
La misión de
Despliegue Preventivo de las Naciones Unidas (UNPREDEP) fue creada por la
resolución 983 (1995) del Consejo de Seguridad del 31 de marzo de 1995, a
pedido del gobierno de Macedonia. (83) El 1° de febrero de 1996, UNPREDEP comenzó a funcionar como misión
independiente, en virtud de que los mandatos de UNCRO y UNPROFOR habían
finalizado, pasando a depender directamente del Cuartel General de las Fuerzas
de Paz de Nueva York (UNNY). (84)
UNPREDEP constituyó el primer mandato preventivo en la historia de las Operaciones de Mantenimiento de la Paz y su propósito primario consistió en establecer una presencia de la ONU en las fronteras de Macedonia con Albania y las ex repúblicas yugoslavas de Serbia y Montenegro. (85) Argentina participó en esta misión con cuatro observadores militares del Ejército desde 1996 hasta la fecha de finalización de la UNPREDEP, en marzo de 1999. (86)
En mayo de 1995, Croacia cruzó la línea
divisoria de la ONU y llevó a cabo una ofensiva sobre un enclave serbio en
Eslavonia Occidental que le permitió recuperar el control sobre dicha región.
El 12 de noviembre de ese mismo año, bajo el control de la operación UNCRO, se
firmó en Erdut, pueblo serbio de Croacia, el llamado Acuerdo Básico entre el
gobierno de Croacia y los líderes serbios locales por el cual se decidió
otorgar a la ONU la administración transitoria de Eslavonia Oriental. (87)
Así,
la llamada Administración Transitoria de Naciones Unidas en Eslavonia
Oriental, Baranja y Sirmiun (Srijem) Occidental (UNTAES) fue creada el 15 de
enero de 1996 por la resolución 1037 (1996) del Consejo de Seguridad de la
ONU.(88)
Esta nueva operación
de mantenimiento de paz fue establecida por un período inicial de doce meses,
con el objeto de asegurar el cumplimiento del “Acuerdo básico sobre la región
de Eslavonia Oriental, Baranja y Sirmiun (Srijem) Occidental”. (89)
En realidad, esta
misión de Naciones Unidas combinó un sistema tradicional de mantenimiento de
la paz con la aplicación de un proceso de desmilitarización y de imposición
de la paz. Debido a ello, el componente militar de UNTAES dispuso de tanques,
morteros, artillería, misiles, armamento pesado de tipo variado, helicópteros
de ataque y contó con el apoyo de la Fuerza Aérea Táctica de la OTAN, y de la
OTAN misma a través de su operación SFOR (Fuerzas de Estabilización) en
Bosnia. (90)
Cuando se cumplía
el primer año de la firma del Acuerdo Básico, el Consejo de Seguridad de la
ONU, a través de la Resolución 1079 del 15 de noviembre de 1996, extendió el
mandato de UNTAES por seis meses, es decir, hasta el 15 de julio de 1997,
mandato que fue nuevamente prorrogado hasta el 1° de enero de 1998.
(91)
En este contexto, y
como consecuencia de la Resolución
1037 (1996) que creó la UNTAES, las Naciones Unidas solicitaron la participación
de un contingente de la Argentina en la nueva misión, lo que fue aceptado por
el Poder Ejecutivo Nacional el 15 de febrero de 1996.
(92)
El Ejército argentino participó en la UNTAES entre 1996 y 1999 a través del Equipo de Combate Argentino (ECA) que fue colocado bajo control operacional del Batallón Belga (BELBAT) desplegado en la región. El ECA estaba integrado por 74 hombres que se relevaban cada seis meses (93) y disponía de seis vehículos de combate de transporte de personal M-113 y seis tanques SK-105. Su misión consistió en contribuir al traspaso pacífico de los territorios ocupados de Eslavonia Oriental y Baranja a la administración croata. Ello se concretó mediante la ejecución de misiones de seguridad y como elemento de reserva. Por su parte, Gendarmería Nacional participó con un contingente de 36 efectivos que cumplieron tareas de Monitores Policiales hasta agosto de 1997, cuando la misión fue terminada. También contribuyó la Policía Federal argentina, aportando oficiales a la UNTAES. (94)
La
participación argentina en el Grupo de Apoyo de Policía Civil en Eslavonia
Oriental (UNPSGES)
El Grupo de Apoyo de Policía Civil en Eslavonia Oriental (UNPSGES) fue la continuación de la UNTAES. Sus integrantes cumplieron misiones de Monitores Policiales controlando las actividades de la policía croata, cooperando en actividades de asistencia humanitaria y efectuando control agropecuario y fronterizo. (95) El aporte argentino en el UNPSGES se concretó a través de la presencia de l20 miembros de Gendarmería Nacional y 2 efectivos de la Policía Federal, entre agosto de 1997 y septiembre de 1998. (96)
La participación
argentina en la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en Prevlaka
(UNMOP)
Para comprender el alcance de la misión UNMOP, es necesario previamente
analizar la importancia estratégica de la península de Ostra o Prevlaka y los
pasos previos dados por Naciones Unidas antes del establecimiento de la Misión
de Observadores en dicha área. En primer lugar, cabe decir que la península de
Ostra (Prevlaka), ubicada 45 kilómetros al sur de la ciudad croata de
Dubrovnik, resultaba valiosa en el contexto del conflicto entre serbios y
croatas, por dos razones: su proximidad a Yugoslavia y a Bosnia-Herzegovina y el
hecho de tener salida al Mar Adriático. (97)
El 31 de enero de 1996, por la Resolución 1043 del Consejo de la ONU, se
creó en Croacia la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en la península
de Prevlaka (UNMOP), con el objeto de controlar la desmilitarización de dicha
área. (98)
La misión UNMOP está compuesta por observadores de 25
países diferentes. (99)
La Argentina participó en la misión UNMOP desde 1996 con dos oficiales del Ejército argentino: el Capitán Ricardo Alejandro Echeverría (de octubre de 1995 a abril de 1997) y el Capitán Aldo Daniel Ferrari (de abril de 1997 a abril de 1998). (100)
La participación
argentina en la Misión de las Naciones Unidas en Bosnia-Herzegovina (UNMIBH)
El 21 de diciembre de 1995, el Consejo de Seguridad de la ONU estableció
la Fuerza Internacional de Policía (IPTF) y una oficina civil de las Naciones
Unidas, de conformidad con el Acuerdo de Dayton suscripto el mes anterior. (101) La Operación es conocida con el nombre de UNMIBH (Misión de las
Naciones Unidas en Bosnia-Herzegovina).
Las tareas de la IPTF comprendían las de vigilar, observar
e inspeccionar los medios para hacer cumplir la ley; asesorar al personal
y a las fuerzas encargadas de hacer cumplir la ley; facilitar, en el marco de su
mandato, la asistencia a las actividades de las partes encaminadas a hacer
cumplir la ley; evaluar las amenazas al orden público y asesorar acerca de la
capacidad de los organismos encargados de hacer cumplir la ley; prestar
asistencia al personal de las partes, acompañándolos en el desempeño de sus
funciones cuando la Fuerza Internacional lo considere adecuado. Por su parte, la
IPTF debía considerar las solicitudes de asistencia presentadas por las partes
u organismos encargados de hacer cumplir la ley en Bosnia-Herzegovina, con la
responsabilidad especial de garantizar la existencia de elecciones libres y
limpias. (102)
La UNMIBH coopera
estrechamente con la Fuerza de Estabilización (SFOR) multinacional conducida
por la OTAN, y autorizada por el Consejo de Seguridad para garantizar el
cumplimiento de las disposiciones del acuerdo de paz, y con el Alto
Representante, designado por la Conferencia de Aplicación de la Paz, cuya tarea
es la de movilizar y coordinar las actividades de las organizaciones y
organismos que se ocupan de los aspectos civiles del acuerdo de paz en
Bosnia-Herzegovina y de vigilar la aplicación del acuerdo.
(103)
La Gendarmería Nacional argentina participa en esta misión desde marzo de 1996 con efectivos que se desempeñan como Monitores de Policía Civil, cumpliendo las diferentes funciones establecidas para la policía internacional en los acuerdos de paz. Desde el despliegue inicial se han sucedido cuatro rotaciones, sumando un total de 129 efectivos. De acuerdo con los datos aportados por el CARI, en diciembre de 1999 se encontraban desplegados en la región de Bosnia-Herzegovina 31 gendarmes. También participa la Policía Federal argentina, con 2 observadores. (104)
La participación argentina en la Misión de las Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK)
Durante la gestión de Carlos Menem, la Argentina participó con 33 efectivos de la Gendarmería Nacional en la UNMIK.(107) Como sucediera con otras misiones de la ONU, la participación argentina en Kosovo fue objeto de una dura pelea entre la Cancillería y el Ministerio de Defensa. En un cable reservado citado por el diario Clarín el entonces embajador argentino ante la ONU, Fernando Petrella, señalaba que el Ministerio de Defensa había informado el 27 de agosto de 1999 acerca de problemas presupuestarios para financiar a los “cascos azules” argentinos en general, y, en particular, respecto del aporte de 110 gendarmes argentinos a la UNMIK. Poco tiempo después, a principios de septiembre del mismo año, Petrella y otros funcionarios de la Cancillería sostenían que Defensa sólo asignaba recursos a aquellas misiones integradas por militares, en el marco de la OTAN y de otras iniciativas político-militares de Estados Unidos. Mientras se otorgó relevancia a las misiones de militares argentinos en Bosnia y Kosovo (también dos prioridades de Estados Unidos), Defensa dio la espalda al pedido de la ONU de mandar más tropas a Timor Oriental. (108)
Por cierto, los efectos internos e internacionales que produjo la participación argentina en las OMP y otras modalidades de intervención de las Naciones Unidas han motivado una interesante discusión que no se limita al ámbito castrense y /o diplomático, sino que se extiende al académico. Siguiendo la clasificación planteada por José Paradiso (109), existen respecto de este tema tres cuestiones de debate:
1) La participación argentina en las OMP ¿ es un objetivo idealista o excesivamente pragmático?;
2) La intervención en relación a la defensa de ciertos valores y derechos humanos a nivel planetario ¿es legítima o encubre ciertos “intereses nacionales”?; y
3) La participación argentina en misiones humanitarias ¿en qué medida contribuye o no a la consolidación del sistema institucional interno?
A su vez, estos tres ejes de debate podrían ser subsumidos en la aparición de dos posiciones diferenciadas en torno de este debate sobre la participación argentina en operaciones de paz de la ONU. Una de ellas, calificada como de realismo escéptico, está representada entre otros por el ex embajador Hernán Massini Ezcurra, ex Director de Organismos Internacionales de la Cancillería argentina, subraya que las misiones de Naciones Unidas chocan con la asimetría básica de la estructura de poder global, que condiciona seriamente la efectividad de las mismas. Como producto de la mencionada asimetría, existe, por un lado, un grupo de países con escaso peso relativo en la escena regional y/o mundial pero que precisamente buscan participar en estos operativos de la ONU como una herramienta que mejore su imagen e inserción externa (como sería el caso de la Argentina durante el gobierno de Menem). Por el otro lado, surge el problema que a Naciones Unidas plantea la no participación de países con recursos importantes pero que son reacios a participar (como ocurre con Alemania y Japón). (110)
La otra posición está integrada por un grupo de académicos (entre ellos Jorge Domínguez, Ricardo Lagorio, Deborah Norden, Antonio Palá, Carlos Escudé y Andrés Fontana), representan la vertiente moderadamente optimista de la escuela realista. Estos autores, sin negar la existencia de las asimetrías de poder existentes en la estructura de poder mundial como factor que condiciona seriamente el funcionamiento de las operaciones de paz de la ONU, coinciden –desde una perspectiva que termina por combinar elementos de las escuelas realista y liberal- que la incrementada participación de la Argentina en estas misiones de paz genera, a mediano y largo plazo, una serie de efectos benéficos para el país. En un contexto de posguerra fría donde las respuestas a nivel nacional no resultan suficientes para enfrentar amenazas de carácter global, la presencia argentina:
a) ayuda a asegurar la paz internacional;
b) contribuye a relaciones más estables entre civiles y militares en el contexto de la consolidación democrática argentina;
c) reduce la percepción de amenazas por parte de sus vecinos respecto de las Fuerzas Armadas argentinas; y
d) provee experiencia para casos de resolución de conflictos que permite a las Fuerzas Armadas argentinas concentrarse más en su capacidad profesional que en potenciales amenazas provenientes de sus vecinos. (111)
Respecto del punto b) y de acuerdo con Antonio Palá, cabe distinguir entre las motivaciones gubernamentales y las militares para impulsar la participación argentina en las operaciones de la ONU. En cuanto a las primeras, la decisión de permitir la presencia de efectivos militares argentinos en misiones de Naciones Unidas en el exterior promueve una forma de control “objetivo” sobre las Fuerzas Armadas. Estas operaciones de mantenimiento de la paz refuerzan el profesionalismo de la corporación. Además, reportan al gobierno el beneficio de proveer fondos adicionales a los militares a expensas de la ONU en un contexto de crecientes restricciones presupuestarias para el ámbito castrense. Finalmente, constituyen una excelente herramienta para buscar una mayor exposición y proyección internacional. (112)
El propio ex presidente Carlos Menem hizo explícitos esos objetivos gubernamentales en su discurso inaugural ante un seminario organizado por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) los días 4 y 5 de noviembre de 1993 y que fue publicado en 1997 bajo el título “Fuerzas de Mantenimiento de la Paz”. En dicha ocasión, Menem explicitó las motivaciones del Gobierno para que participaran efectivos argentinos en la fuerza de la ONU, al señalar que
“(…) Sin democracia,
en la forma de un verdadero universalismo, no pueden existir democracias locales
estables y autónomas. Es entendiendo estos conceptos y creyendo que omitir la
participación es una instancia previa a la complicidad, que la Argentina, en
este tiempo de crecimiento político, ha efectivizado la solidaridad
activa, enviando misiones de paz a aquellos lugares donde las Naciones Unidas
se lo han solicitado. Lo ha hecho y lo seguirá
haciendo, pues la humanidad no podrá realizarse en su conjunto mientras haya un
solo hombre viviendo en la injusticia.
No he dudado para ello,
en mi calidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, en ordenar el
desplazamiento de nuestros militares profesionales a distintos puntos del orbe,
seguro de que ha llegado el momento de invertir el viejo adagio de que la guerra
es una instancia más de la diplomacia.
Estamos en una era en que
la diplomacia, justamente para evitar la guerra, se apoya en las fuerzas armadas
como elemento disuasivo. Aunque pueda parecer una paradoja, en las postrimerías
del siglo XX las fuerzas armadas no deben ser un instrumento de guerra sino una
garantía de paz. (…)” (113)
Respecto de las motivaciones de los militares argentinos para integrar misiones de paz de la ONU, Palá aclara que son de naturaleza esencialmente diferente a las del Gobierno. En primer lugar, la participación de efectivos argentinos en dichas operaciones aparece como una importante alternativa en un contexto de reducción presupuestaria por parte de la Argentina. En segundo lugar, dicha participación les ofrece a los militares argentinos una oportunidad para mejorar su imagen y prestigio en el ámbito interno e internacional –que sufrió un serio deterioro como consecuencia de los numerosos desaciertos y excesos de la cúpula militar durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional, entre 1976 y 1983-. Finalmente, desde la óptica castrense, la participación en las operaciones de Naciones Unidas sirve a un conjunto de objetivos políticos, institucionales y operacionales. (114) Como señala el general Carlos María Zabala, comandante del Sector Oeste (Eslavonia Oeste) en Croacia, la participación del Ejército argentino en estas operaciones representó para su arma:
“(…) A nivel
profesional, una ocasión para operar en un ambiente operacional complejo. Usted
tiene la oportunidad de trabajar con otras fuerzas y apreciar tanto su capacidad
como la propia. Provee un conocimiento directo de los efectos de la guerra,
permitiendo a nuestras tropas apreciar la importancia de la ONU y de sus
operaciones de paz. A nivel personal, otorga una oportunidad para viajar al
exterior y exponerse a otras culturas y costumbres. Además, permite a las
tropas sentirse representantes de su país en una importante misión en el
exterior. (115)
Asimismo, y en términos muy similares a los expuestos por el general Zabala, el entonces Jefe del Estado Mayor General del Ejército, teniente general Martín Balza, en un seminario organizado por el CARI al que hemos hecho referencia en este trabajo, señaló las numerosas ventajas que para su fuerza aportó la participación argentina en Croacia:
“(…) 1) Permitió
incursionar en un rol del cual es difícil sustraerse en la actualidad mundial,
abriendo nuevas posibilidades hacia el futuro, y comprometiendo al Ejército
Argentino en un serio esfuerzo para coadyuvar al mantenimiento de la paz en el
mundo.
2) Contribuyó, asimismo,
al mantenimiento de los compromisos internacionales asumidos por la Nación,
acorde con lo que prescribe el artículo 31 de nuestra Constitución Nacional,
revitalizando el papel tradicional y trascendente de la Fuerza.
3) Permitió el
enrolamiento de la Nación en la lista de países invitados a participar en las
Organizaciones Militares de Paz en el futuro, lo que constituye una distinción,
ya que el nuestro fue considerado país calificado.
4) Desarrolló en
nuestros hombres la capacidad para el accionar combinado y su integración a
instrumentos militares en sistemas de seguridad colectivos, en particular con ejércitos
de otras regiones, que cuentan con otras doctrinas, diferentes organizaciones,
equipamiento, adiestramiento, sistemas de reclutamiento, etc. (…)
5) Permitió al personal
adquirir experiencias en la conducción de fracciones orgánicas con efectivos
al completo, suceso difícil de materializar en ejercitaciones en tiempos de
paz.
6) Incrementó la cohesión
de los cuadros, tanto de los oficiales como de los suboficiales.
7) Incrementó el espíritu
de cuerpo, poniendo a prueba la capacidad de liderazgo de los comandos de los
distintos niveles.
8) Desarrolló la aptitud
para alistar fracciones de nivel de unidad táctica y empeñarlas en zonas
alejadas de sus naturales ambientes operativos.
9) Proporcionó
experiencia, ya que dio oportunidades para poner a prueba el equipamiento y el
vestuario en distintas zonas de rigurosidad térmica diferente.
10) Amplió la base
cultural y la visión general de los oficiales y suboficiales, a través del
contacto y de las vivencias de otras culturas, lugares, hombres de armas, por lo
que pudieron acceder a escenarios que son parte de la historia universal.
11) Posibilitó, también,
la comprensión y el acabado conocimiento de otros instrumentos armados, a los
que se sumó un concepto de profesionales de la paz, tendiente a evitar la
guerra en distintas partes del mundo.
12) Permitió que un 20
por ciento del Ejército Argentino posea experiencia en misiones de paz,
enriqueciendo su aptitud profesional y personalidad militar.
13) Posibilitó, de igual
forma, a nuestro personal, la posibilidad de medir sus capacidades en la
convivencia y la comparación cotidiana con otros ejércitos como los de Nepal,
Jordania, Canadá, Dinamarca, y también con oficiales y suboficiales del Reino
Unido. Ello sucedió particularmente en Croacia, donde hemos recibido una
felicitación del nieto de Winston Churchill acerca del comportamiento de las
tropas argentinas y, en particular (aunque se sienta molesto lo digo), por el
desempeño del Sr. General Zabala, Comandante del Sector el año pasado.” (116)
En el marco del Capítulo VII de la Carta de la ONU, también la Argentina participó en operaciones multinacionales y regionales. Por cierto, y como en los casos anteriormente señalados de intervención, si bien esta participación no tuvo un impacto directo en los vínculos con Estados Unidos contribuyó a gestar un clima de confianza al demostrar la firme vocación argentina de compromiso con la alianza occidental.
Así, durante el conflicto desatado entre Irak y Kuwait a principios de la década de 1990, Argentina participó en la coalición multinacional liderada por Estados Unidos con buques de la Armada para el bloqueo naval impuesto por el Consejo de Seguridad en su resolución 665, del 25 de agosto de 1990. (117)
Asimismo, en el contexto del conflicto en Haití, el
aporte argentino consistió en la participación de buques de la Armada en el
bloqueo naval impuesto por la resolución 874 (1993) del Consejo de Seguridad,
y, más tarde, en la operación liderada por Estados Unidos que desembarcó en
Haití. (118)
En la ex Yugoslavia, las fuerzas argentinas dijeron
presente a partir de 1998 a través de la participación de efectivos de la
Gendarmería Nacional y oficiales de las Fuerzas Armadas en la Unidad
Multinacional Especializada de la OTAN (MSU), creada en julio de ese año en el
marco del mandato de Naciones Unidas para la Estabilización en
Bosnia-Herzegovina (SFOR). (119)
La Gendarmería Nacional argentina aportó 76 efectivos a la MSU,
contribución que constituyó la primera protagonizada por fuerzas de seguridad
argentina en una operación bajo el comando de la OTAN. Por su parte, en enero
de 1999, la Fuerza Aérea destacó un jefe como miembro del Estado Mayor de la
SFOR en Sarajevo, y el Ejército hizo lo propio en abril del mismo año. En
julio de 1999, la Armada y el Ejército destacaron dos oficiales más. (120)
Asimismo, desde 1999 la Argentina participó también en la Fuerza de Kosovo bajo el comando de la OTAN (KFOR). (121) En octubre de dicho año, la Argentina desplegó la Agrupación Conjunta Argentina (ACAK) en el marco de la Brigada Italiana. La Agrupación Conjunta está integrada por las siguientes unidades: un Hospital Reubicable Conjunto, integrado por 16 efectivos del Ejército, 10 de la Armada y 40 de la Fuerza Aérea; una Sección de Ingenieros Reforzada Conjunta, integrada por 30 efectivos del Ejército y 12 de la Armada y; finalmente, tres Oficiales de Enlace en el Comando de KFOR provenientes del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. (122)
Un caso de participación argentina en procesos de
consolidación de la paz que merece un comentario aparte fue la iniciativa de
repatriación de ex prisioneros marroquíes, en el contexto del conflicto entre
Marruecos y el Frente Polisario (Frente Saharoui de Liberación Nacional)
referente al dominio sobre el
territorio de Sahara Occidental. (123)
En el mes de junio de 1995, en el marco del estancamiento del proceso tendiente a celebrar un referéndum del pueblo sarahoui, el Consejo de Seguridad decidió enviar una misión de sus miembros al terreno. Dicha misión, presidida por el representante permanente de Botswana, embajador Legwaila Joseph Legwaila, incluyó a los representantes permanentes de Argentina, embajador Emilio Cárdenas; de Honduras, embajador Gerardo Martínez Blanco; de Omán, embajador Salim Bin Mohammed Al-Khussaiby; y a los reresentantes permanentes alternos de los Estados Unidos, emabajdor Karl Inderfurth y de Francia, ministro Hervé Ladsous.
Durante el desarrollo de la misión, los
representantes argentino y norteamericano se enteraron de la existencia de 185
ex prisioneros marroquíes que vivían en un antiguo campo de prisioneros del
Frente Sarahoui de Liberación Nacional. Si bien habían sido liberados en 1985,
estos soldados no habían podido regresar a su patria debido a que las
autoridades marroquíes, para no efectuar un reconocimiento del Frente,
rechazaban todos los contactos con su enemigo e impedían la mediación del
Comité Internacional de la Cruz Roja. Luego de varias semanas de intensas
negociaciones entre las misiones de Argentina, Estados Unidos y Marruecos, se
dispuso el retorno de los ex prisioneros a su país de origen en un día
determinado. La misma fue realizada por dos aeronaves, una de Argentina y otra
de Estados Unidos, con la colaboración de la Cruz Roja. (124)
La iniciativa de los “Cascos Blancos”, es decir, un cuerpo internacional de voluntarios que asistiera a los países que hubieran sufrido un desastre natural o un conflicto armado, fue de origen argentino. En noviembre de 1993, el presidente Menem instruyó al secretario de Medios, Raúl Burzaco, para que propusiera a través de una carta al secretario de la ONU, Boutros Boutros Ghali, la creación de los cascos blancos. Dispuesto a colocar a su gobierno en el centro de la escena internacional, el mandatario argentino lanzó la idea a partir de las evidentes dificultades de las fuerzas de paz de la ONU (los “cascos azules”) para poner en práctica la ayuda humanitaria en la pauperizada Somalia. Dispuesto a dar a conocer su iniciativa en el exterior, Menem procuró interesar en la creación de los “cascos blancos” al Papa Juan Pablo II, al presidente norteamericano, Bill Clinton, y a la madre Teresa de Calcuta, entre otros. A fines de septiembre de 1994, la idea de Menem encontró un aliado en su colega norteamericano Bill Clinton, quien recomendó a los miembros de la Asamblea General de la Organización que
“(…) consideren
seriamente la propuesta del presidente Menem de crear un cuerpo civil para
responder a crisis humanitarias. (125)
Pocos meses después, en diciembre del mismo año, el
mandatario argentino logró que su propuesta tuviera eco en las Naciones Unidas:
el día 21, la Asamblea General dictó, por unanimidad, la Resolución 49 /139
B, alentando las medidas voluntarias y regionales dirigidas a poner a disposición
del sistema de Naciones Unidas las capacidades de reserva de recursos técnicos
y humanos especializados para el socorro de emergencias y rehabilitación. (126)
El debut internacional de los “cascos blancos” tuvo lugar el 9 de junio de 1995 en la localidad salteña de Santa Victoria Este. Para el estreno de esta iniciativa, el entonces presidente argentino, Carlos Menem, se encontró con sus colegas de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Losada, y de Paraguay, Juan Carlos Wasmosy, quienes participaron del acto de cierre de la primera experiencia piloto de la fuerza humanitaria. Asimismo, Menem recibió una carta de felicitación del vicepresidente norteamericano, Al Gore, elogiando la iniciativa. A fin de contextualizar la tarea de los cascos blancos en aquella oportunidad, vale precisar que Santa Victoria Este es un pueblo ubicado a 7 kilómetros del río Pilcomayo, con una comunidad mayoritariamente indígena. La tarea de “cascos blancos” en dicha localidad consistió precisamente en la detección de síntomas de tuberculosis y desnutrición aguda y crónica de dicha población indígena. (127)
Desde ese momento, se registraron numerosas misiones de Cascos Blancos (CB) en todo el mundo, entre las cuales se destacaron las siguientes:
1) la ayuda alimentaria a Haití (concretada en la Misión CB/VNU) en 1996;
2) la asistencia humanitaria en el sur del Líbano (envío de alimentos y medicamentos) (Misión CB Argentina, también realizada en 1996);
3) la misión CB Argentina (1996), de asistencia humanitaria destinada en 1996 a la población de la provincia ecuatoriana de Cotopaxi, mayoritariamente indígena, que vive en condiciones de extrema pobreza y que en ese momento había sido además víctimas de un terremoto;
4) la misión CB Argentina (1996) de desarrollo comunitario y asistencia sanitaria a la población de Campo Gallo, zona norte de la provincia de Santiago del Estero;
5) la misión CB Argentina (1996) de asistencia humanitaria a Rwanda;
6) la misión CB/VNU (1996), consistente en un programa de mantenimiento y rehabilitación de equipamiento hospitalario y cursos de entrenamiento para enfermeras y técnicos destinados al sector público en la región noroeste de Jamaica;
7) la misión CB Argentina (1996) de asistencia humanitaria al Perú;
8) la misión CB/VNU (1996-1997) de asistencia humanitaria a Armenia;
9) la misión CB/VNU (1996-1997) de Desarrollo Urbano en Palestina (región de Gaza);
10) la misión CB/VNU (1996-1997) de desmovilización y reinserción de grupos víctimas de la guerra civil en Angola;
11) la misión CB Argentina (1997) de asistencia humanitaria a Costa Rica y Nicaragua, destinada a la recuperación de infraestructura dañada por el Huracán César;
12) la misión CB/VNU (1997), de control del Mal de Chagas en el sur de Bolivia;
13) la misión CB Argentina (1997) referente a piscicultura en el Departamento de San Pedro, en la provincia argentina de Misiones;
14) la misión CB /VNU (1997) de desarrollo sustentable en la provincia argentina de Santiago de Estero;
15) la misión CB/VNU (1997-1998) de desarrollo sustentable y mejoramiento del uso y cuidado del agua potable en Haití;
16) la misión CB Argentina (1997-1998) de asistencia sanitaria a San Pedro, provincia argentina de Misiones;
17) la misión CB/VNU (1997-1998) de desarrollo comunitario, alimentos y agua potable a la población de Alto Verá (Paraguay);
18) la misión CB Argentina (1998) de asistencia humanitaria al Perú, en relación a los desastres producidos por el fenómeno de El Niño;
19) la misión CB Argentina (1998) de asistencia logística (alimentos, alojamiento y provisión de agua) en Brasil, para combatir un importante incendio producido en el Amazonas;
20) la misión CB/VNU (1997-1998) de fortalecimiento de redes sociales en Palestina (franja de Gaza) a través del deporte;
21) la misión CB Argentina (1998) de creación de dos centros de evacuados en Puerto Reconquista y otro en zona de islas, en el norte de la provincia de Santa Fe, a raíz de las inundaciones en el Litoral;
22) la misión CB Argentina (1998) de envío de una unidad quirúrgica móvil a la localidad de Los Amores (Santa Fe), también para combatir los inconvenientes causados por las inundaciones en el Litoral;
23) la misión CB/VNU (1998) de apoyo estratégico en planeamiento urbano a tres municipalidades de la Franja de Gaza (Rafah, Khan Younis, y Gaza);
24) la misión CB Argentina /PNUD (1998) en el marco del Programa “Regreso al Hogar” de asistencia a los damnificados en la provincia de Corrientes para hacer frente a las consecuencias del fenómeno del Niño en la región litoral;
25) la misión CB Argentina (1998) de ayuda humanitaria a Bolivia a raíz del sismo que afectó a las localidades de Totora y Aiquile, del departamento de Cochabamba;
26) la misión CB/VNU (1997-1998) de desminado rural en Angola;
27) la misión CB/VNU (1998) de respuesta rápida frente a los daños provocados por el Huracán Georges en St. Kitts (en la zona del Caribe);
28) la misión CB/VNU (1998) de asistencia a la reconstrucción en Antigua y Barbuda;
29) la misión CB Argentina (1998) de ayuda de emergencia a Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, azotados por el Huracán Mitch; y
30)
la misión CB Argentina (1999) de asistencia humanitaria a Colombia, en
respuesta al pedido de socorro del presidente colombiano al presidente argentino
Carlos Menem en el contexto del terremoto ocurrido en enero. (128)
Durante la gestión de Menem, el tema de los “cascos
blancos” quedó en la Argentina a cargo de Octavio Frigerio, a quien, con el
rango de secretario de Estado y embajador, se lo nombró titular de la Comisión
Nacional de Lucha contra el Hambre (el nombre oficial de los “cascos
blancos”). Pero –como ocurriese también con el caso de los “cascos
azules”- la iniciativa de “cascos blancos” debió enfrentar el problema
del financiamiento. El equipo de Frigerio, acompañado por el secretario de
Medios Raúl Burzaco, el ingeniero Luis Novik, los ex cancilleres Jesús Hipólito
Paz y Carlos Florit y el ex ministro de Educación y embajador Jorge Taiana
procuró que el ministro de Economía Domingo Cavallo y por el Congreso le
aprobasen un presupuesto anual de cinco millones de pesos para 1995. (129)
d. 4. 5.) La
presencia de los “casos blancos” en la ex Yugoslavia
En lo que respecta a la presencia de los “cascos blancos” en la ex Yugoslavia, cabe apuntar, que, a partir de mayo de 1999, un contingente de 6 argentinos vinculados a Cascos Blancos (2 abogados: Claudia Sayago y Walter Sánchez Arlt), 2 logistas que trabajaron con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados –ACNUR- (el militar retirado Enrique Julio Vila Melo y Eduardo Mattenet) y 2 logistas que trabajaron con el Programa Mundial de la Alimentos de la ONU –PMA-, viajó a Macedonia en respuesta a un pedido formulado al gobierno argentino por las dos agencias anteriormente mencionadas. (130)
Sayago y Sánchez Arlt fueron los primeros en partir, el 7 de mayo, seleccionados por el ACNUR para cubrir el perfil de Oficiales de Protección, destinados a los campos de refugiados Stenkovac I y Stenkovac II, en Macedonia. Las tareas de estos voluntarios consistieron en identificar y relevar las necesidades de los refugiados, elevar recomendaciones o posibles proyectos relacionados con la seguridad de los campos para, por ejemplo, el traslado de personas o grupos de personas de un campo a otro procurando evitar conflictos étnicos y situaciones de violencia. Luego de tres meses de permanencia, el ACNUR solicitó la extensión del contrato de Sayago y Sánchez Arlt por dos meses adicionales, hasta el 30 de septiembre de 1999. (131)
Por su parte, Enrique Vila Melo y Eduardo Mattenet fueron convocados por el ACNUR para cubrir el perfil de Oficiales de Logística. Vila Melo partió el 10 de julio de 1999, por tres meses, y fue destinado a Kosovo. Mattenet viajó el 24 de julio hacia Macedonia, también por tres meses, para encargarse de los sistemas computarizados de control (de ingresos y egresos de alimentos, por ejemplo). (132)
Finalmente, el PMA aprobó dos candidatos logistas: César Russo, quien partió el 19 de julio de 1999; y Gustavo Tapia, quien viajó el 22 de julio, quienes permanecieron en Pristina, Kosovo, por seis meses. Russo tuvo bajo su responsabilidad los aspectos logísticos relacionados con las instalaciones y Tapia se ocupó de la logística de los transportes. (133)
En contraste con la excelente imagen externa que tuvo la iniciativa de los “Cascos Blancos”, la misma fue objeto de varias denuncias internas durante la gestión menemista. (134) No obstante, las mismas no repercutieron negativamente en la implementación de una iniciativa que durante el último tramo de la gestión Menem directamente contó con financiamiento externo, por el excelente desempeño de los voluntarios argentinos. (135)
d. 4. 6.) La participación argentina en procesos electorales supervisados por la ONU
Finalmente, cabe destacar la activa participación
argentina en los esfuerzos electorales supervisados por la ONU. Ejemplos de esta
tendencia fueron los casos de Camboya, El Salvador, Haití, Mozambique,
Nicaragua, Sudáfrica,
Eritrea y Argelia. (136)
Texto de la resolución 841 del Consejo de Seguridad de la ONU, citado en Anales de Legislación Argentina 1993, Tomo LIII-C, Buenos Aires, La Ley, 1993, pp. 3163-3165.
Texto del decreto 1470 del 12 de julio de 1993, citado en Anales de Legislación Argentina 1993, Tomo LIII-C, op.cit., p. 3163.
“La Granville se sumó al bloqueo a Haití”, La Nación, 15 de noviembre de 1993, p. 20.
Textos del decreto 2410 y de la resolución 993, ambos citados en Anales de Legislación Argentina 1993, Tomo LIII-D, Buenos Aires, La Ley, 1993, pp. 4389-4390.
"Autorizó la UN usar la fuerza contra Haití", La Nación, 1º de agosto de 1994, p. 1; "Se dispuso usar todos los medios necesarios", La Nación, 1º de agosto de 1994, p. 2; y "La decisión de la UN sobre Haití", La Nación, 3 de agosto de 1994, p. 6. Texto de la resolución 940 en www.un.org./Docs/scres/1994/scres/94.html. Ver detalles de la votación de la resolución 940 en Index to Proceedings of the Security Council, Forty-ninth year - 1994, op.cit., p. 335.
"La Argentina", La Nación, 1º de agosto de 1994, p. 1; "Estarían listos en 15 días los efectivos argentinos", por Facundo Landívar, La Nación, 1º de agosto de 1994, p. 2; y "La decisión de la UN sobre Haití", La Nación, 3 de agosto de 1994, p. 6.
"Desistió Menem de invadir Haití", La Nación, 4 de agosto de 1994, p. 1; y "La estrategia oficial es llegar tarde a la invasión, por Daniel Ponce, La Nación, 4 de agosto de 1994, p. 16.
"Ultimo esfuerzo de la diplomacia en Haití", por Fernán Saguier, La Nación, 13 de agosto de 1994, p. 3.
"Ya envió la Argentina observadores por Haití", por Mariano Obarrio, La Nación, 16 de agosto de 1994,. P. 10.
"El texto del acuerdo", La Nación,