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a) El Movimiento de Países No Alineados: del perfil moderado al retiro

Como en el caso del cambio en el perfil de votaciones en la Asamblea General y en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el abandono del Movimiento de Países No Alineados (NOAL) por parte del gobierno de Menem es percibido por la literatura y los medios de prensa como un notorio giro respecto de los lineamientos tradicionales de la política exterior argentina y como un gesto drástico destinado a confirmar el alineamiento argentino con el bloque occidental.

Si bien esta percepción no es errónea, cabe advertir que, a lo largo de su historia, la Argentina nunca se sintió del todo cómoda como país miembro del NOAL. Desde su ingreso en esta categoría en la Conferencia de Argel en septiembre de 1973, las sucesivas delegaciones buscaron jugar un rol de moderación, que en la práctica resultó poco acorde con las posiciones sustentadas por una minoría militante, cercanas al bloque socialista y lejanas en la práctica al concepto original del “no alineamiento” sustentado por Josip Tito de Yugoslavia, Nehru de la India y Sukarno de Indonesia en la Conferencia de Bandung en 1955, hito embrionario de la gestión del Movimiento de Países No Alineados.  No obstante esta incomodidad de los representantes argentinos en dicho foro, expresada a través de numerosas reservas a las resoluciones que la mencionada “minoría militante” terminaba por imponer, la Argentina mantuvo, entre 1973 y 1991, su pertenencia al Movimiento, al que percibió como un ámbito útil desde el cual podía sumar apoyos a los reclamos de soberanía respecto de Malvinas. (1)

En un primer momento, Menem se mostró interesado a participar en el Movimiento, aunque con un perfil ideológicamente más moderado que el de su antecesor Raúl Alfonsín.

Este cambio quedó evidenciado en el discurso del presidente argentino ante la novena cumbre de países No Alineados, que tuvo lugar en Belgrado (Yugoslavia) el 4 de septiembre de 1989:

 “(….) Ya en 1947, el general Perón enunció la doctrina de la tercera posición, ante la consolidación de bloques económico-militares peligrosamente antagónicos surgidos a partir de Yalta.

Se comprende, entonces, señor presidente, que el movimiento de Países No Alineados nos parezca algo fraternal, nacido con las bases mismas de nuestra ideología política. Por supuesto, no permanecimos detenidos en un pasado que no retornará, y por eso advertimos claramente el cambio en las circunstancias históricas. (…)

Si en aquellos años de la guerra fría, la seguridad se centraba casi exclusivamente en el peligro de un enfrentamiento nuclear entre las superpotencias, hoy la seguridad mundial tiene su centro en la incapacidad para solucionar la brecha entre el Norte y el Sur, y en la demora para erradicar los peligros globales y los daños concretos causados por el creciente deterioro del medio ambiente.

Nuestra unidad para la tarea que debemos proseguir no depende de ideologías ni de afirmaciones doctrinarias difíciles de conjugar. Más bien, es la acuciante necesidad de soluciones pragmáticas organizadas y sostenidas en el tiempo lo que nos acerca y motiva.

No se trata, pues, de definir nuestro movimiento como un bloque en contra de otros bloques políticos. Se trata de consolidar esta vasta convergencia de necesidades, de preocupaciones y de justas aspiraciones de progreso en un sistema de acciones constructivas.

La situación se agravó a tal punto que resulta frívolo detenerse en posturas ideológicas. (…)

En lugar de preguntarnos con debilidad qué pueden hacer las superpotencias por nosotros, debemos también preguntarnos con fortaleza y decisión: ¿qué podemos hacer nosotros por nosotros mismos? (…)

No queremos ser un tercer mundo a la cola de la justicia y del progreso. No queremos ser el subsuelo de la humanidad. No queremos ser un universo en vías de subdesarrollo, como modo de perpetuar nuestra pobreza. Queremos ser parte de un nuevo mundo. De un nuevo mundo, más justo, más libre, más soberano. Vale recordarlo una vez más: existe un solo mundo, no tres (…).” (2)

En dicho encuentro, Menem reivindicó el derecho de soberanía argentino sobre las islas Malvinas; transmitió ante los jefes de Estado de Jordania, Argelia, Egipto y la India su voluntad de iniciar una gestión de paz en el Medio Oriente para ayudar a resolver el problema palestino y la crisis libanesa; y respaldó la idea de su colega peruano, Alan García, de crear un grupo de consulta sobre la crisis de la deuda externa que elevaría propuestas políticas a las naciones industrializadas y procuraría concertar con ellas en temas tales como el proteccionismo de las naciones ricas y la inestabilidad monetaria internacional. (3)

Menem sostuvo estas iniciativas con un tono moderado y pragmático, que evitaba las críticas a Washington y al régimen de Noriega. Este tono fue el que predominó en el documento final de la reunión, que reiteró a los países desarrollados los tradicionales pedidos de nuevos préstamos blandos, esfuerzos por estabilizar las tasas de interés y mayores concesiones y perdón de la deuda para los países más pobres. No obstante, dichos pedidos evitaron las también tradicionales condenas a los ismos  (imperialismo, colonialismo, neocolonialismo, sionismo e intervencionismo). (4) A instancias de Colombia, los No Alineados demandaron una mayor asistencia de las naciones ricas para combatir el problema de la droga. Asimismo, el documento final incluyó el tema Malvinas, elogiando “la constructiva actitud” del gobierno argentino “por sus iniciativas en búsqueda de una solución pacífica de sus diferencias con el gobierno del Reino Unido” y solicitando a Gran Bretaña “el cumplimiento total de las resoluciones de las Naciones Unidas sobre ese territorio”. (5)

Consciente de las ambigüedades inherentes a la presencia argentina en un foro con los que ideológicamente no se sentía a gusto, la administración Menem decidió dar un paso tajante para demostrar su compromiso con el bloque occidental, especialmente tras el arribo de Guido Di Tella como canciller a principios de 1991. En su disertación ante el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), Di Tella impuso un debate respecto de la pertenencia de la Argentina al Movimiento a través de una provocativa pregunta: ¿para qué sirve el Movimiento de No Alineados a un país como la Argentina que quiere estar en el Primer Mundo? (6)

Las primeras objeciones a la propuesta de Di Tella surgieron de un grupo de diplomáticos de carrera que expusieron argumentos jurídicos –nadie se retiró del Movimiento, el caso de Chile fue un retiro forzoso- o políticos –el apoyo del Movimiento a la causa de Malvinas-. (7)

Asimismo, el 30 de abril de 1991, en ocasión de la reunión del consejo del Partido Justicialista, realizada en la sede partidaria de las avenidas Santa Fe y Callao, este organismo hizo expreso su rechazo a la propuesta de Di Tella de que Argentina abandonara su pertenencia al Movimiento de Países No Alineados. Respecto de esta cuestión, el vicepresidente primero a cargo del Consejo, Roberto García, sostuvo al respecto que “La Argentina tiene mucho que hacer en No Alineados. No hay que salir del grupo, sino que debemos tener mayor presencia”. Por su parte, el subsecretario de Relaciones Exteriores, Juan Carlos Olima, se presentó en el programa televisivo “Tiempo Nuevo” por pedido del propio Di Tella, preocupado por evitar un desencuentro con el partido. Olima, quien buscó “aclarar el sentido” de las palabras de Di Tella, señaló que más que en una desafiliación directa, se pensaba en “trabajar desde adentro” para cambiar la orientación política del organismo. (8)

Por su parte, a fines de agosto, el Consejo Superior de Embajadores elaboró un informe de opinión preparatorio de la reunión de No Alineados en Accra (Ghana) celebrada a principios de septiembre. El contenido de dicho informe evidenciaba la incomodidad de la diplomacia argentina con dicho foro. Primero, planteaba la inquietud de la actitud a tomar en materia de permanencia o no en el caso de que los puntos de vista sustentados por la delegación argentina “no se reflejan en decisiones o, por lo menos, en propósitos nítidamente enunciados en el documento final”. Segundo, expresaba una dura crítica al proceso de adopción de resoluciones en dicho foro, en los siguientes términos:

“(…) La práctica sobre el desarrollo de las conferencias internacionales demuestra que sus conclusiones, cualesquiera que sean las características de éstas, son el resultado de compromisos. En el caso de los No Alineados ello ha sido menos cierto pues el mecanismo de decisión por consenso para los pronunciamientos –larguísimas declaraciones preparadas por el país huésped elaboradas en usinas no precisamente no alineadas- dejaba poco lugar al disenso de países que asentaban sus disidencias por medio de reservas que no trascendían a la opinión pública mundial”. (9) (la itálica es del autor)

Entre el 2 y el 7 de septiembre tuvo lugar la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores del Movimiento de los Países No Alineados, que tuvo lugar en Accra (Ghana) y que constituyó la última participación de la Argentina como miembro de este foro. En esta  ocasión, la delegación argentina presentó varias propuestas de defensa del pluralismo político, de los derechos humanos y de la libertad de prensa, tendientes a redefinir y adaptar el Movimiento al contexto de posguerra fría. Dichas propuestas planteaban cambiar la concepción de “autosuficiente y aislado” por la de Movimiento “interrelacionado con los Estados desarrollados”. Pero, tal como lo advirtiera el citado informe de opinión del Consejo Superior de Embajadores, la posición argentina chocó con el rechazo de los demás miembros, factor que contribuyó a acelerar en las autoridades del Palacio San Martín y de la Casa Rosada la idea del abandono. (10)

Respecto de las diferencias de óptica que separaban a la Argentina del país anfitrión, el ex asesor del canciller Di Tella, Carlos Escudé, quien formó parte de la delegación argentina en Ghana, comenta lo siguiente:

“(…) Estas contradicciones (las de las respectivas posiciones de Argentina y Ghana) se verificaban en el campo de la evaluación de las recientes transformaciones en el mundo y del rol presente y futuro de las Naciones Unidas; en el ámbito de las ideas económicas y en la esfera de la democracia, el pluralismo y las libertades fundamentales. El borrador del informe del país anfitrión planteaba una añoranza de la Guerra Fría que era, en nuestra posición, francamente contraria no sólo a los valores en que se sustenta la política exterior argentina, sino también opuesta a los superiores intereses de la humanidad.

Explícitamente lamentaba el fin del mundo bipolar y “el comienzo del nuevo orden dominado por los valores occidentales”, y expresaba alarma frente a “la facilidad con que (hoy) se llega a congeniar respecto de cuestiones que antes dividían al mundo” (párrafos 15, 17 y 23)

Declaraba que la democratización de las relaciones entre Estados era un “requisito previo para la aplicación de los derechos humanos y las libertades fundamentales (párrafo 21), de tal modo proveyendo un justificativo para los violadores de derechos humanos del mundo entero.

Respecto del pluralismo político, se expresaba como si se tratara de una moda y un deseo de la gente común a la que muchos gobiernos daban pie benévolamente (párrafo 48): en dichos términos el pluralismo no sería un imperativo de ética política, sino en el mejor de los casos una tendencia bienvenida pero voluntaria y prescindible.” (11)

A continuación, Escudé desarrolla los móviles del gobierno de Menem para concurrir a la reunión de Accra no obstante las divergencias de óptica existentes con el país anfitrión:

No obstante su rechazo político y filosófico de tales conceptos, que hieren la vocación democrática de nuestro pueblo y Estado, el Gobierno argentino estudió este documento con serenidad. Lo hizo en la convicción de que los nobles ideales que inspiraron al Movimiento de los Países No Alineados en su origen, y sus (…) logros pasados en el campo de la descolonización y la eliminación del apartheid, merecían un intento constructivo aunque de improbable éxito de nuestra parte por reformar su sistema ideológico actual.

Inspirados por un tal espíritu, designamos a un equipo de expertos negociadores que, conjuntamente con la conducción política, redactó un importante proyecto de enmiendas para presentar en Accra. La Argentina concurrió a Accra con sobrio realismo, a sabiendas de que sus propuestas difícilmente serían aceptadas por un Movimiento que, en el momento actual, no se caracteriza por su insistencia en la vigencia de la democracia, el pluralismo, los derechos humanos y las libertades fundamentales en sus estados miembros. No obstante, la Argentina concurrió a Accra con un honesto y entusiasta espíritu constructivo, dispuesta a invertir toda la experiencia de pacientes y avezados negociadores en un proyecto de reforma de las más noble inspiración.” (12)

Finalmente, Escudé se detiene en el análisis de las propuestas de enmienda argentinas y de su negativa recepción en Accra:

Lamentablemente aunque esperablemente, las enmiendas argentinas fueron, en su vasta mayoría, rechazadas una tras otra. Quiero ilustrar esta crónica con algunos ejemplos, ya que ello es deseable y necesario para dar a nuestros compatriotas una idea cabal de cuál era la substancia de las enmiendas propuestas por la Argentina.

Sobre el pluralismo político, quisimos introducir la idea, tan sencilla como incuestionable, de que “el desarrollo de sociedades libres y plurales en todos los países debería constituir uno de los objetivos primarios del Movimiento de Países No Alineados”.

Esta idea fue rechazada por el plenario. Como compensación, el país anfitrión nos invitó a negociar un texto de compromiso en una subcomisión integrada por Libia, Uganda y Cuba.

Frente a las escasas convicciones pluralistas de los tres países con que debíamos negociar ese texto, optamos por desistir de las enmiendas. (…) Los párrafos sobre pluralismo político del documento final (números 87 y 88) se limitan a alentar el pluralismo, agregando no obstante que la estabilidad política no puede sobrevivir a la penuria económica.

Así, mediante el artificio de incluir, en el contexto de la discusión sobre el pluralismo político, una mención del indiscutible vínculo que existe entre economía y política, todos los dictadores del Movimiento se cubren las espaldas, y pueden justificar la ausencia de pluralismo invocando la pobreza.

En nuestro afán de introducir un párrafo sobre la libertad de prensa nos fue aún peor. Para el plenario reunido en Accra, la introducción de conceptos tales como “El Movimiento de Países No Alineados afirma su compromiso con los principios de libertad de información y de prensa” era inaceptable. Nuestra idea de que “la tolerancia y el respeto por el ejercicio del libre pensamiento son valores que deben ser respetados por todos los gobiernos”  resultó peligrosamente subversiva para la mayoría de los concurrentes. Como consecuencia, el documento final se abstiene de pronunciarse sobre estos temas tan caros a la vida democrática.

Finalmente, para limitarnos a lo esencial, en el especial tema de los derechos humanos el plenario de los No Alineados optó por expresarse de una manera opuesta a la auspiciada por la Argentina. (…) el plenario optó por un texto contradictorio y ambiguo en el que hay una permanente tensión entre los derechos humanos proclamados y el derecho de cada pueblo a darse a sí mismo cualquier sistema de gobierno. De tal manera, los violadores de derechos humanos pueden invocar su derecho de elegir un sistema de gobierno que no respeta esos derechos. (…) El documento final corona sus reflexiones sobre este tema con la para nosotros inaceptable afirmación de que “La vigencia de los derechos humanos no debe ser una condición para la asistencia económica de parte de países desarrollados e instituciones y organizaciones internacionales a los países no alineados y a otros países en desarrollo (párrafo 84)

Claramente, éste es el lenguaje de las dictaduras. Cuando en el contexto de la negociación de este párrafo, la delegación argentina señaló que fue precisamente la vinculación de las relaciones económicas a la vigencia de los derechos humanos y políticos lo que dio fuerza a la lucha contra el apartheid en Sud Africa, la mayor parte de los países que participaban de esta discusión prestaron oídos sordos a este argumento que debiera haberlos impresionado vivamente.

Por todo lo expuesto,  resulta claro que, no obstante sus nobles antecedentes de lucha contra el colonialismo y el apartheid, el Movimiento de Países No Alineados se encamina hoy en una dirección que es justificadora de los dictadores del llamado tercer mundo. Para peor, refleja una añoranza de la Guerra Fría que es contraria a nuestros valores fundamentales y ha adoptado una táctica de confrontación con los países desarrollados que nos parece francamente contraproducente para los mismos intereses de los países más pobres. (…)”. (13)

Ante el prácticamente nulo eco de las propuestas argentinas en la Conferencia de Accra –limitado a “una significativa moderación del lenguaje del documento original” según Escudé-, el 19 de septiembre de 1991, Menem anunció oficialmente en la Casa de Gobierno el retiro de la Argentina del Movimiento de Países No Alineados (NOAL). Menem dijo que el NOAL “ya no tiene razón de ser, porque existe un solo mundo y en él está nuestro país”. Confirmó que la decisión surgió tras el rechazo de las propuestas argentinas en la Conferencia de Ghana. En sintonía con las declaraciones presidenciales, la Cancillería dio a conocer un comunicado donde destacó que el NOAL

“fue abandonando progresivamente su prescindencia frente a los dos grandes bloques y no está hoy en posición de contribuir eficazmente a la consolidación del orden internacional”. (14)

Como era de esperarse, la medida generó fuertes polémicas internas, aunque contó con el respaldo del ministro de Economía, Domingo Cavallo y por el ex asesor económico del gobierno de Menem en materia de deuda externa, el ucedeísta Alvaro Alsogaray, como un gesto congruente con la política exterior del gobierno (15).

La salida argentina de No Alineados fue criticada por el principal partido de oposición, la UCR, la cual destacó en una declaración del comité nacional la “pérdida de independencia” en la política exterior seguida por la administración Menem. A su vez, el ex canciller radical Dante Caputo la calificó como “una idea exagerada” y “un gesto complaciente” que buscaba el reconocimiento de los Estados Unidos. Opinión similar a la expresada por el diputado por el Movimiento Al Socialismo (MAS) Luis Zamora, que lo calificó como un gesto propio de un gobierno “títere de los Estados Unidos” y como “otro acto de sumisión a Bush y al FMI”. También en el seno del PJ hubo opiniones contrarias al retiro del NOAL. No obstante, con la excepción del Grupo de los Ocho diputados peronistas disidentes –que presentaron ante la Cámara Baja un proyecto de resolución rechazando la decisión adoptada por el gobierno- el grueso de los sectores del oficialismo contrarios a la medida decidieron no exteriorizar sus discrepancias públicas con el Presidente y con el Canciller, promotor de la idea de irse de No Alineados. (16)

Como era de esperarse, los medios de prensa se dividieron entre los partidarios del abandono como un gesto acorde a la pertenencia de la Argentina a Occidente -encabezados por el diario La Nación- (17) y los opositores a dicha decisión –entre ellos Clarín y Página/12-. Así, en sendos editoriales de Clarín, Oscar Cardoso enfatiza las contradicciones  de la política exterior argentina entre la defensa de la dinastía kuwaití y el abandono de No Alineados por un afán democratizante, mientras que Enrique Alonso sugiere que la decisión podría estar repitiendo la creación de una política exterior basada en el satelismo respecto de los Estados Unidos, en un contexto de ausencia de crecimiento económico. (18) Por su parte, Martín Granovsky, de Página/12, criticó la forma en que se tomó la decisión del retiro ya que no se abrió el debate y se acentuó el estilo monárquico del presidente. (19)

Al debate en los medios de prensa respecto del abandono argentino de No Alineados se sumaron por cierto las voces encontradas entre los representantes de los ámbitos académico y político. Mientras Carlos Escudé justificó lo atinado de la decisión del canciller Di Tella, argumentando que la Argentina no podía seguir violando los principios democráticos al continuar perteneciendo a un foro dominado por un grupo de dictaduras, Carlos Alvarez sostuvo que esta decisión era un paso más de la política de sometimiento a los Estados Unidos. De acuerdo con Alvarez, el abandono del NOAL representaba la pérdida de un espacio de negociación que podía crear márgenes de autonomía para la Argentina. (20) Asimismo, el ex canciller Dante Caputo se sumó a las críticas respecto de la arbitrariedad del gobierno que tomaba decisiones de este tipo sin abrir un debate en el Congreso y la sociedad sobre una cuestión que era de Estado y no de gobierno. También objeto la decisión como una idea exagerada del gobierno por realizar un gesto complaciente que sea reconocido por los Estados Unidos. A través de un argumento similar al citado por Alvarez, Caputo destaca que con el retiro de No Alineados, la Argentina perdía una alianza que le permitía ejercer –junto con otros países- cierta presión en cuestiones claves o urgentes. Finalmente, cuestionó una decisión que no había tenido en cuenta la importante contribución de los países no alienados en el reclamo argentino por la soberanía de las islas Malvinas. (21)

Si bien el retiro argentino de No Alineados constituyó otro gesto del gobierno de Menem destinado a reafirmar el compromiso de la Argentina con Estados Unidos y los países desarrollados de Occidente, los embajadores norteamericanos en las Naciones Unidas, Thomas Pickering y en Buenos Aires, Terence Todman, expresaron que la decisión fue un error ya que Estados Unidos prefería que la Argentina modificara, desde adentro, la postura del Movimiento. (22) No obstante, esta decisión tuvo un positivo impacto en los vínculos con Israel, otro de los componentes de la coalición occidental. En el corto plazo, permitió concretar una visita presidencial a Israel en el mes de octubre de 1991, paso que el gobierno de Alfonsín no había podido concretar precisamente por los compromisos asumidos con el NOAL que fue un ardiente defensor de la causa palestina. (23)

b) El Grupo de los 15: el choque entre el perfil occidentalista de la Argentina y el perfil tercermundista del resto

No obstante su retiro del Movimiento de Países No Alineados, la Argentina participó del Grupo de los 15 (G-15) (24), donde intentó sumar adeptos al perfil occidentalista de su política exterior. Esta intención estuvo presente ya en la primera reunión del Grupo, que tuvo lugar entre los días 1° y 3 de junio de 1990 en Kuala Lumpur (Malasia). La misma contó con la participación de los jefes de Estado de Argentina, India, Indonesia, Malasia, Senegal, Venezuela, Yugoslavia y Zimbabwe, y altos ministros de Argelia, Brasil, Egipto, Jamaica, México, Nigeria y Perú.

Durante esta primera reunión de los 15, el presidente argentino, Carlos Menem, se declaró contrario a la idea de formar un club de los países endeudados del Tercer Mundo, que originariamente apoyara en la Conferencia del NOAL de Belgrado. Al respecto, Menem sostuvo que los países industrializados

“exigen que cumplamos con nuestros compromisos de la deuda externa, que vamos a respetar, pero nos limitan el acceso a los mercados de nuestros productos básicos. Lo que pedimos es que nos dejen vender nuestros productos (…) (para lograr el crecimiento) (…) también hay que arreglar las cuentas internas, como lo estamos haciendo en la Argentina. Nuestro gobierno, desde un principio, comenzó a arreglar las cuentas internas y a través de esa determinación se logró una buena negociación con los acreedores externos, que está dando frutos”. (25)

Menem sostuvo una posición similar en la segunda Reunión Cumbre de los 15 que tuvo lugar en Caracas (Venezuela) en los días 28 y 29 de noviembre de 1991. En dicha ocasión, Menem hizo ante el Grupo una defensa de la política argentina de acercamiento a los Estados Unidos e instó a que otras naciones fuesen admitidas en el Grupo de los 15, “para hacer más institucional el diálogo con el mundo industrializado, como instancia representativa de los países en desarrollo”, en palabras del canciller Guido Di Tella. El presidente argentino criticó la “inclinación desproporcionada hacia el tema de la cooperación Sur-Sur” propio del primer encuentro de los 15, sostuvo la necesidad de “poner más énfasis en la relación con el Norte” y exhortó a los demás a ampliar el número de miembros y eliminar posturas tercermundistas para garantizar la supervivencia del foro. Estas demandas argentina no fueron compartidas por el resto de los países, que aspiraban a un mayor incremento en la cooperación Sur-Sur. La declaración final procuró compensar estas divergencias, al destacar las peticiones al Norte industrializado respecto de dos cuestiones: el proteccionismo (como práctica del Norte contraria a su prédica de liberalismo) y el diálogo Norte-Sur entre los 15 y los países industrializados. (26)

La diferencia entre la óptica de la Argentina y la manifestada por el resto de los integrantes del Grupo volvió a registrarse durante las siguientes reuniones. No obstante, durante la tercera cumbre de jefes de Estado y representantes del G-15, que tuvo lugar en Dakar (Senegal), los días 23 y 24 de noviembre de 1992, se adoptaron algunas medidas en la dirección deseada por el gobierno de Menem, tales como la aceptación de Chile como miembro y la incorporación en la agenda de la necesidad de fortalecer el diálogo Norte-Sur. Respecto de este último punto, los Jefes de Estado y de gobierno (la Argentina estuvo en esa ocasión representada por su embajador en París, Italo Luder) afirmaron que

“el diálogo Norte-Sur debe tener en cuenta las realidades económicas actuales, fortaleciendo el poder de negociación”. (27)

Por su parte, en ocasión de la reunión del Grupo de los 15 correspondiente a marzo de 1994, que sesionó en la India, el presidente Menem ratificó el compromiso de la Argentina con la agrupación, pero también afirmó la necesidad de que la cooperación técnica entre las naciones estuviese "depurada de contenidos ideológicos". Al respecto, destacó que había pasado la época en que los países del Sur echaban la culpa a los del Norte por los problemas que los aquejaban. A pesar de que el discurso de cierre del mandatario argentino contradijo puntos contenidos en el documento final firmado por todas las delegaciones, la Argentina manifestó su intención de continuar formando parte del G15. Además, Menem fue elegido en esa oportunidad presidente del Grupo y Buenos Aires como sede del próximo encuentro del G15. (28) 

La adhesión argentina a los regímenes de seguridad internacional

Por cierto, otro ejemplo notorio del renovado perfil de compromiso occidentalista de la diplomacia argentina durante los años del gobierno de Menem fue la activa participación en diversos regímenes de seguridad internacional, en particular los vinculados a la no proliferación nuclear. Este comportamiento en la dimensión multilateral de los vínculos con Estados Unidos tuvo un positivo “efecto derrame” en la dimensión bilateral de dicha agenda, en tanto contribuyó a incrementar el capital de confiabilidad internacional deseado por el gobierno argentino. Ejemplos de esta tendencia fueron la aprobación en diciembre de 1992 y por decisión unánime de sus miembros, del ingreso de Argentina como miembro del Grupo Australiano de control sobre sustancias químicas y biológicas en diciembre de 1992 –paso que contó con el firme respaldo de Estados Unidos-; el ingreso de Argentina como miembro del Régimen de Control de Tecnologías Misilísticas (MTCR) en noviembre de 1993; como adherente del Club de Proveedores Nucleares, o Club de Londres, en marzo de 1994; y como firmante de la Convención de Armas Químicas en enero de 1993 y del Acuerdo Wassenaar en Viena en marzo de 1996 referente a la transparencia en la transferencia de armas convencionales, materiales y tecnologías sensibles. (29)

La actuación argentina en la cumbre de Washington contra el narcotráfico: otro ámbito de divergencias entre las posiciones argentina y norteamericana

En los días 10 a 12 de noviembre de 1999, tuvo lugar la reunión cumbre de 34 países sobre la lucha contra la droga, celebrada en Washington. Los participantes de la cumbre dieron un paso trascendente al aprobar el Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM), destinado a calificar la situación de cada país en relación con el problema del consumo y tráfico de estupefacientes. Cabe recordar que este paso evidenció la resistencia de Argentina y del resto de los países de la región a la evaluación realizada de manera unilateral por el gobierno norteamericano a través de un mecanismo conocido como “certificación / descertificación”. Por este mecanismo, cada año el Departamento de Estado publicaba una lista con los países que nominalmente habían cumplido con los objetivos de lucha antidroga acordados  con  las autoridades norteamericanas –los países “certificados”-, y los que no habían cumplido con las pautas establecidas –los “descertificados”-. (30)

 

SEGUNDA PARTE  

LA ACTUACION DE LA ARGENTINA EN LOS DISTINTOS FOROS ECONOMICOS MULTILATERALES DE ALCANCE MUNDIAL Y SU IMPACTO EN LAS RELACIONES CON ESTADOS UNIDOS

A partir de la asunción de Carlos Menem a la presidencia en 1989, se retomaron las negociaciones con los organismos internacionales de crédito, a la vez que cambian los términos de los acuerdos y de las negociaciones propios de la etapa del gobierno radical. Cabe destacar que este cambio de enfoque del gobierno argentino no sólo estuvo ligado a la presencia de Domingo Cavallo en el gabinete, quien poseía sólidos contactos con el establishment norteamericano, originados durante su estadía por la Universidad de Harvard. También estuvo vinculado en el reposicionamiento de los países acreedores, los cuales eran en 1989 mucho más fuertes que en 1982, fecha en que estalló la crisis de la deuda externa a partir de la declaración de moratoria de México. (31)

Ya durante su etapa como canciller (1989-1991), Cavallo explicitó las diferencias de enfoque de su gobierno con la administración anterior respecto del manejo de la deuda externa en los siguientes términos:

“Estados Unidos y los organismos internacionales de crédito trataron de ayudar mucho al gobierno del doctor Alfonsín, pero la imagen de Argentina de país que asume compromisos con más facilidad que la que usa para cumplirlos es una imagen desfavorable que heredamos. Ahora estamos tratando de no asumir tan fácilmente los compromisos, pero una vez que los asumimos tenemos que estar seguros de que los vamos a cumplir. El objetivo es reestablecer la confianza en el país.” (32)

a) Las relaciones de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI)

Las medidas adoptadas por Menem en materia de política económica provocaron, desde un primer momento, el apoyo entusiasta de la Casa Blanca, quien jugó un rol de arbitraje y facilitó el camino para que las autoridades argentinas pudieran acordar la reducción de la deuda con los bancos acreedores al estilo de México. (33) Así, ya durante la primer visita del presidente Menem a Estados Unidos, que tuvo lugar en septiembre de 1989, su colega norteamericano, George Bush, anunció el otorgamiento de un préstamo stand-by para la Argentina por 1400 millones de dólares. Por su parte, la Casa Blanca dio una declaración en la que expresa que el presidente Bush “indicó el apoyo de los Estados Unidos” para el programa económico argentino. Horas después de este encuentro presidencial, el Fondo confirmó la aprobación del acuerdo por parte de la gerencia de la institución. (34) Dicho préstamo se concretó en el mes de noviembre, en un trámite que contó con el apoyo férreo del Departamento de Tesoro, a pesar de que Argentina estaba en mora en los pagos a sus acreedores y adeudaba intereses desde abril de 1988. (35)

El 25 de mayo de 1990, la Junta Directiva del FMI aprobó las nuevas metas para el acuerdo stand-by con la Argentina, por el cual el gobierno de Menem pudo recibir un desembolso por el equivalente de 240 millones de dólares. Con este acto se reanudaron las relaciones financieras de la Argentina con el FMI, interrumpidas en diciembre de 1989 cuando como consecuencia de la crisis económica la Argentina se apartó de las metas fijadas en el stand-by aprobado el 10 de noviembre de ese año. Como en otras oportunidades, este paso favorable a las autoridades económicas argentinas, contó con el decisivo protagonismo de los funcionarios del Departamento del Tesoro norteamericano, que presionaron para ablandar la actitud reticente de los directores europeos y emitir un comunicado sobre las negociaciones que se iniciarían a principios de junio. (36)

El 28 de noviembre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó un desembolso de 240 millones de dólares para la Argentina, correspondientes al segundo tramo del préstamo stand-by. (37)

A principios de diciembre, el presidente Bush visitó la Argentina, como un nuevo de apoyo político para un país cuyo presidente enfrentaba en ese momento el último de los levantamientos del sector carapintada del Ejército. En dicha ocasión, el mandatario republicano prometió apoyo político en las negociaciones con la banca acreedora: “Con el aporte del Banco Interamericano de Desarrollo queremos alentar el alto potencial argentino; las privatizaciones son importantes en la Argentina, pero apenas significan un paso de los varios que deberán concretarse”.  A pesar de la promesa de apoyo político para las negociaciones entre el gobierno argentino y los bancos, Bush también advirtió que la Argentina no debía esperar beneficios “depositados generosamente a sus pies” para solucionar el problema del endeudamiento externo. Asimismo, Bush elogió a Menem como “uno de los líderes del mundo” y sostuvo que “ha tomado el primer puesto en el campo de las privatizaciones y en muchas otras áreas”. El jefe de la Casa Blanca tampoco ahorró elogios para referirse a la economía argentina, a la que calificó como una de las “más importantes del mundo”. Señaló también que “la Argentina fue uno de los países más ricos al comenzar este siglo y estos seguro que volverá a serlo”. (38) Tras despedir a su colega Bush, Menem anunció que “a mediados o fines del año próximo”, la Argentina ingresaría al Plan Brady, “lo que nos permitirá pagar la deuda externa con crecimiento y desarrollo”. (39)

Los apoyos económicos concretos se hicieron realidad días después, el 18 de diciembre, fecha en que, por unanimidad, el directorio del Banco Mundial aprobó dos nuevos préstamos para la Argentina, por un monto total de 300 millones de dólares. De acuerdo con declaraciones que Shahed Husain, vicepresidente para América Latina y el Caribe de esta institución, este nuevo préstamo era una forma de respaldar

“los nuevos proyectos de ajuste de la Argentina (que) muestran la decisión del Gobierno de seguir profundizando las reformas económicas con apoyo de la comunidad internacional”. (40)

Una manifestación concreta del apoyo de Washington a la política económica adoptada por la administración Menem tuvo lugar durante el viaje del presidente argentino a Estados Unidos en noviembre de 1991. Vale la pena transcribir al respecto una editorial del diario Clarín que comenta en los siguientes términos los resultados de la visita presidencial:

“(…) cuando parecía que la cosecha de este viaje era muy buena en lo político y pobre en lo económico, el ministro Domingo Cavallo primero y Menem después recibieron como si fuera agua bendita el comunicado del Fondo Monetario Internacional admitiendo virtualmente que el crédito de facilidades extendidas saldrá el primer trimestre de 1992. Ese respaldo llegó tres días después de que en un desayuno Menem le dijera a Nicholas Brady: “Dígame; después de todos los esfuerzos que hemos hecho para ajustar nuestra economía ¿le parece que yo puedo volver con las manos vacías a la Argentina? Brady sintió el “apriete” recordando que la administración Bush había tomado la decisión política de apoyar el programa económico argentino y envió la señal respectiva al FMI, cuyo titular Michel Camdessus tomó contacto tres veces ese día con Cavallo (…) La decisión política tomada por Bush fue más fuerte que las objeciones que los técnicos del FMI y la banca acreedora hacen a Cavallo por el no cumplimiento de algunas metas previstas –principalmente en el terreno fiscal- para que la Argentina ingrese “limpita limpita” al plan Brady (…)” (41)

Este apoyo tuvo sus frutos en marzo de 1992, a través de la concesión de un préstamo de facilidades extendidas (PFE) con el FMI, después de alcanzar satisfactoriamente los compromisos correspondientes a dos trimestres del crédito stand-by aprobado en julio de 1991.  (42)

El rol de arbitraje del gobierno norteamericano entre el gobierno argentino y la banca acreedora tuvo una nueva oportunidad de manifestarse en septiembre de ese mismo año, cuando los bancos norteamericanos fueron intimados por el Departamento del Tesoro a adoptar una posición de mayor apoyo hacia el programa de convertibilidad argentino y accedieron a pequeñas correcciones. (43)

A principios de diciembre de 1992, y luego de varios meses de pacientes negociaciones, el gobierno argentino consiguió formalizar la firma de un acuerdo de reducción de la deuda externa con los bancos comerciales acreedores en el marco del Plan Brady. (44) Así, el primer desembolso neto del FMI, de 1586 millones de dólares, se concretó en 1993, y fue utilizado por el gobierno argentino para convertir su deuda pública con los bancos sin garantía en la adquisición de los bonos  garantizados Par y Discount (los bonos Brady). Los economistas Noemí Brenta y Mario Rapoport destacan que, con esta operación de conversión, se redujo el monto de la deuda del gobierno argentino con los bancos comerciales pero comenzó a aumentar el endeudamiento en bonos. (45)

El segundo gran desembolso del FMI de la década de 1990, un préstamo neto de 1843 millones de dólares –cifra cercana al límite de acceso a los servicios ordinarios del organismo- tuvo lugar en 1995, año en que la desaceleración del crecimiento económico argentino constituyó uno de los primeros síntomas de las debilidades inherentes al plan de convertibilidad lanzado en abril de 1991 por el ministro de Economía Domingo Cavallo. No obstante, la crisis financiera de los mercados emergentes, iniciada con la crisis de México (o crisis tequila) en 1994, permitió que los economistas del gobierno confundieran el diagnóstico y atribuyeran las dificultades a los shocks externos y no a las debilidades internas del modelo económico adoptado. (46)

 El ingreso al Brady le permitió al gobierno diferir el pago de los intereses y financiarse vía la colocación de bonos en mercados voluntarios, a la vez que obtener significativos ingresos provenientes de las privatizaciones y de otras fuentes. Asimismo, las autoridades del Fondo no se preocuparon por lo que fue el talón de Aquiles del esquema de convertibilidad adoptado por la Argentina desde 1991 –el persistente aumento de la relación deuda del sector público / PBI, que creció un 12 % entre 1993 y 1998-. (47) El bajo nivel de supervisión del Fondo que señala Michael Mussa quedó demostrado en el hecho que entre 1995 y 1998 el déficit del gobierno argentino estuvo dentro de los límites trimestrales indicados al comienzo de cada año en los programas respaldados por el FMI menos de la mitad de las veces. Más de la mitad de las veces se “perdonó” el incumplimiento de las metas. (48) Curiosamente, al menos en lo que respecta a las relaciones financieras entre la Argentina y el FMI, el objeto de revertir la desconfianza externa había sido cumplido con creces por el gobierno de Menem, al punto que las autoridades del Fondo, presionadas a su vez por las de la Casa Blanca, consintieron el poco responsable desempeño fiscal de la Argentina porque era un país “modelo” en su inserción estratégica y económica con los países desarrollados de Occidente.

b) La Argentina y el Banco Mundial

Por cierto, la adopción, por parte del gobierno de Menem, de un perfil de política económica interna y exterior que privilegió la alianza con Estados Unidos y los países desarrollados de Occidente tuvo un innegable impacto en los vínculos entre las autoridades argentinas con el Banco Mundial. Cabe destacar al respecto que en el informe de 1994 del organismo de crédito se sostenía que

“desde 1961 el Banco Mundial prestó a la Argentina 8.741 millones (de dólares), de esos préstamos 3600 millones fueron concedidos desde 1989”. (49)

Asimismo, Corbalán destaca que sólo entre 1990 y 1994 el Banco Mundial otorgó el 40% del monto total destinado a la Argentina desde 1961, porcentaje que se incrementó considerablemente durante los años 1995 a 1997. (50)

Especialmente a partir de la asunción de Cavallo como ministro de Economía (1991-1995), el Banco Mundial envió una sucesiva ola de préstamos (24 créditos entre 1991 y 1996 y 26 nuevos créditos a partir de 1996), que pueden clasificarse en cuatro tipos de préstamos: a) de inversión para infraestructura; b) para programas sociales; c) para ajuste estructural; y d) para asistencia técnica. (51)

Dentro de la primera categoría pueden citarse los casos de los préstamos vinculados a los Proyectos BIRF 3520 sobre la represa de Yacyretá II (cuyo monto fue de 300.000 millones de dólares y se extendió desde noviembre de 1992 hasta diciembre de 1998); BIRF 3521 sobre inundaciones (170.000 millones de dólares, desde enero de 1993 a diciembre de 1996); y BIRF 3611 sobre rutas no privatizadas (340.000 millones de dólares desde octubre de 1993 a junio de 2000). (52)

Por su parte, en la categoría de préstamos del Banco Mundial para programas sociales pueden ubicarse los vinculados a los proyectos BIRF 3643 para financiamiento del Programa Materno Infantil y Nutrición (PROMIN) (cuyo monto fue de 100.000 millones de dólares y se extendió desde agosto de 1991 a diciembre de 1996); BIRF 3794 sobre descentralización y mejoramiento de la educación media (190.000 millones de dólares, desde marzo de 1995 a junio de 2000); y BIRF 3921 sobre financiamiento de la educación superior (165.000 millones de dólares, vigente desde diciembre de 1995 hasta diciembre de 2000). (53)

A su vez, ingresaron en el status de préstamos del Banco Mundial para ajuste estructural los ligados a los proyectos BIRF 3709 y 3710 Ar sobre desarrollo del mercado de capitales (cuyos respectivos montos de préstamos fueron de 500.000 millones y 8.500 millones de dólares, otorgados en el primer caso durante el lapso transcurrido entre noviembre de 1994 y junio de 1996; y entre noviembre de 1994 y junio de 1998 en el caso del último; el proyecto BIRF 3878 sobre financiamiento a la privatización de bancos (por 500.000 millones de dólares, vigente entre mayo de 1995 y abril de 1997); 3926 sobre reforma de bancos privados (también por 500.000 millones de dólares, entre octubre de 1995 y diciembre de 1997); y 3927, referente al sector minero (por un monto de préstamo de 10.000 millones de dólares, desde octubre de 1995 a junio de 2001). (54)

Finalmente, en la categoría de préstamos del Banco Mundial para asistencia técnica cabe destacar los vinculados a la reforma del sector público (caso del proyecto BIRF 3362/AR, que estipuló una serie de préstamos para apoyar el proceso de reforma administrativa de la Administración Pública por un monto de 23.000 millones de dólares, que duró de agosto de 1991 a febrero de 1996, cuyo primer desembolso se efectuó en diciembre de 1991); a la Asistencia Técnica a la Administración Tributaria (caso del proyecto BIRF 3460, que incluyó  préstamos por 20.000 millones de dólares, desde septiembre de 1992 a febrero de 1997);  y a la reforma de empresas públicas. (55)

De acuerdo con María Alejandra Corbalán, después de 1996, el Banco Mundial concedió a la Argentina 26 nuevos créditos, de los cuales aproximadamente el 50 % se orientó a profundizar las reformas económicas ya emprendidas y a ampliarlas hacia otros sectores que originariamente no estaban comprendidos en ellas, tales como la reforma de la justicia, la reforma laboral, las nuevas privatizaciones de bienes públicos (como, por ejemplo, los aeropuertos y transportes públicos de la Ciudad de Buenos Aires) y a la extensión de las reformas hacia otras provincias y municipios no incluidos en las préstamos anteriores. (56)

 

 a) La Argentina, el GATT y la OMC

Durante la década de 1990, la diplomacia argentina dedicó el grueso de sus esfuerzos en colocar el tema agrícola dentro de las negociaciones del Acuerdo de Tarifas y Comercio (GATT), surgido en 1947 como organismo promotor de la progresiva liberalización del comercio a través de sucesivas rondas.

A fin de comprender las dificultades argentinas en el marco del GATT, cabe destacar algunas características del Acuerdo en términos de su toma de decisiones. De acuerdo con Valentina Delich, el GATT no era una organización internacional al estilo de la ONU, sino un acuerdo internacional sobre aranceles y comercio. Por lo tanto, no tenía “miembros” sino “partes contratantes”. Al no crearse una organización internacional que le sirviera de marco y tener que asumir el GATT el rol de organización, los países signatarios del acuerdo establecieron el principio del consenso tanto para las decisiones conjuntas como para el sistema de solución de controversias. En otras palabras, las decisiones del GATT como organización sólo podían concretarse si las partes firmantes prestaban su consentimiento. Además, en el caso de la solución de controversias, cuando el GATT debía adoptar una recomendación para las partes también debía hacerlo por consenso, y por lo tanto cada país afectado debía prestar su voluntad para auto-recomendarse. Aunque al inicio de la Ronda Uruguay del GATT en 1986, el sistema de solución de diferencias evolucionó pasando de los representantes de los gobiernos a un sistema de paneles de especialistas que se ocuparon de los conflictos no resueltos mediante consultas, tanto la formación de los paneles como la adopción de las recomendaciones debían ser consensuadas por todos los miembros del GATT. Como el lector podrá adivinar, esta mecánica dejó abierta la posibilidad a los países de bloquear la formación de paneles no deseados y la adopción de recomendaciones no favorables. (57)

Con el inicio de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 1995, las diferencias entre Argentina y Estados Unidos en el ámbito del comercio agrícola se mantuvieron. La primera, en su carácter de integrante del llamado Grupo Cairns (58), promovió activamente la liberalización del comercio agrícola y la eliminación de los subsidios tanto en la fase de producción  como en la de exportación. (59) Por consiguiente, los representantes argentinos hicieron oír sus reclamos con respecto a los subsidios norteamericanos sobre productos exportables como carne, lana, maní, pasta de maní y tubos de acero. Por su parte, los norteamericanos plantearon duras quejas respecto de la protección argentina a productos como textiles y calzado y respecto de la ley argentina de patentes farmacéuticas. Por cierto, esta última cuestión se convirtió en uno de los temas más espinosos de la agenda tanto en la dimensión bilateral como en la multilateral.  (60)  Respecto de esta última cuestión, Estados Unidos solicitó la consulta de los paneles de la OMC en tres oportunidades durante el año 1999, argumentando que las modificaciones en la legislación efectuadas por el gobierno argentino no eran consistentes con las provisiones contempladas en el Acuerdo sobe Comercio y Aspectos Relacionados con los Derechos de Propiedad Intelectual (Agreement on Trade-Related Aspects of Intellectual Property Rights or “TRIPS Agreement”) (61)

No obstante las diferencias comerciales entre ambos países, las mismas fueron menores que las que separaron a Estados Unidos y la Argentina, por un lado, y a los países cuya producción agrícola dependía de los subsidios y de otras políticas proteccionistas (casos de las naciones integrantes de la Unión Europea, Japón y Corea del Sur), por el otro. Ante este frente común de peligro, Argentina y Estados Unidos fueron “aliados objetivos” e impulsaron una reforma del comercio agrícola durante la tercera reunión ministerial de la OMC en Seattle, que sesionó del 30 de noviembre al 3 de diciembre de 1999. El documento final incorporó varias cuestiones de alto interés para la Argentina en tanto coincidieron con la orientación liberal de la política económica adoptada por el gobierno de Menem, tales como la eliminación de los subsidios a las exportaciones, la reducción de tarifas sobre los productos agroindustriales y la reducción de subsidios internos. (62)

Otro ámbito donde también se registraron convergencias entre las posiciones argentina y norteamericana fue el de los productos agrícolas transgénicos, cuestión en la que ambos países se enfrentaron a la postura ecologista de la Unión Europea, defendiendo el derecho de exportar productos genéticamente modificados, dado que hasta el momento no existe la comprobación científica acerca de sus efectos dañinos para la salud humana. Cabe recordar que en este rubro, Argentina y Estados Unidos son los dos productores mundiales principales, con participaciones porcentuales del 74 % y 15 % del total global, respectivamente. (63)

b) La participación argentina en el marco de la Organización de la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE)

Por cierto, otro gesto del gobierno de Menem que demostró su vocación por integrar la coalición occidental fue su intención de incorporarse como miembro a la Organización de la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). (64) Esta organización, creada en 1960, estuvo durante casi tres décadas replegada sobre sí misma en la tarea de construir un espacio político y económico regido por principios democráticos y liberales, en contraposición a lo que ocurría en el bloque soviético y socialista o en el mundo en desarrollo, que practicaban en ambos casos modelos diferentes. El fin de la Guerra Fría y la creciente aceptación, de parte de los países no miembros de la OCDE, de políticas inspiradas en la vigencia de la democracia, los derechos humanos, la economía de mercado y la apertura económica, fueron factores que contribuyeron a aumentar la importancia de la organización en el contexto de las instituciones económicas internacionales. En el ámbito macroeconómico sus pautas pasaron a tener influencia decisiva en los planos multilateral y nacional, a la vez que la aceptación de sus códigos y normas de conducta se transformaron en un “sello de calidad” para los países que las respetaran.

Dada la alta categoría que adopta un país al ingresar en esta organización, no extraña que el gobierno de Menem, deseoso de obtener para la Argentina un mayor grado de credibilidad internacional, tuviese como uno de sus objetivos prioritarios el ingreso a la OCDE. De acuerdo con los comentarios escritos del ex asesor del canciller Di Tella, Carlos Escudé, el ingreso argentino a dicha organización tuvo como uno de sus principales impulsores al director de Seguridad Intenacional, Asuntos Nucleares y Espaciales de la Cancillería, Enrique de la Torre, quien creía que: 1) la asociación argentina con la OCDE “nos daría disciplina” en términos de la política económica; y 2) cada inclusión de la Argentina en los estatutos de la Organización causaría conmoción local y sus diagnósticos aparejarían consecuencias políticas para el país, dado que la OCDE se involucra en las políticas económicas de los países miembros de la agrupación. (65)

Durante la década de 1990 se lograron los siguientes pasos en relación a esta cuestión:

a)      en marzo de 1994, la Argentina logró su ingreso al Centro de Desarrollo de la OCDE (CD-OCDE), un órgano especializado de la OCDE que en la actualidad constituye un foro independiente para el diálogo informal entre los miembros de esta organización y los de los países en desarrollo (66);

b)      en junio de 1995, la Argentina fue aceptada, con carácter de observador, en el Comité de Agricultura de la OCDE, habiéndose reconocido su condición de major player en cuanto a producción y comercio de productos del agro (67);

c)       desde agosto de 1995, un experto argentino participa activamente de las reuniones del Grupo de Expertos de la OCDE cuyo objetivo es el de avanzar hacia el diseño de un acuerdo sobre créditos a las exportaciones agrícolas (68); 

d)      el 26 de febrero de 1996, durante la visita del presidente Menem a Francia, éste hizo una presentación ante el Consejo de Embajadores de la OCDE en la que quedó planteada la alta prioridad que otorgaba el gobierno argentino a la incorporación del país como miembro pleno de la organización. En el curso de la ceremonia de la presentación del presidente Menem, el secretario general de la OCDE, Jean-Claude Payé, anunció la aprobación del Consejo a la aspiración argentina de incorporarse como miembro observador del Comité de Comercio. (69)

e)      a fines de octubre de 1996 se llevó a cabo en Buenos Aires el Seminario sobre Políticas de Competencia, coauspiciado por la Dirección de Asuntos Financieros, Fiscales y de las Empresas (DAFFE) de la OCDE y por el Banco Mundial (BM), evento que constituyó un hito en la etapa de “reconocimiento mutuo” entre la Argentina y los miembros de la Organización (70);

f)        en noviembre del mismo año, la Argentina fue invitada a participar como miembro observador del Comité de Inversiones y Empresas Multinacionales (CIME) de la OCDE y a adherir a la “Declaración de la OCDE sobre Inversiones Internacionales y Empresas Multinacionales y a las Decisiones y Recomendaciones Conexas”. Por cierto, esta incorporación argentina a la CIME constituyó una prueba de “afinidad” del país con los miembros de la OCDE. (71) 

  1. Entrevistas del autor al ex representante argentino ante la ONU, Carlos Ortiz de Rozas, Buenos Aires, 25 de julio y 5 de diciembre de 2001 y 15 de noviembre de 2002.

  2. Discurso del presidente argentino, Carlos Saúl Menem, en la Reunión Cumbre de Países No Alineados, realizada en Belgrano, Yugoslavia, el día 4 de septiembre de 1989, en Archivo personal del ex vicecanciller Andrés Cisneros, Caja N° 22, Carpeta Trabajos de Jorge Bolívar.

  3. Esta idea de creación de un grupo de consulta sobre la crisis de la deuda externa fue sostenida por los representantes de Argentina, Perú, Venezuela y otros ocho países no alineados -Argelia, Egipto, India, Indonesia, Nigeria, Senegal, Yugoslavia y Zimbabwe-. Ver al respecto los siguientes artículos: “Comienza en Yugoslavia la cumbre de los No Alineados. Se daría a conocer un documento especial sobre la deuda externa”, La Nación, 3 de septiembre de 1989, p. 4; “La soberanía en las Malvinas es irrenunciable”, La Nación, 5 de septiembre de 1989, p. 1; “Menem censuró la brecha entre Norte y Sur” y “Crearon un virtual club de deudores”, La Nación, 6 de septiembre de 1989, p. 2. Sobre la propuesta de Menem para mediar en el conflicto de Medio Oriente ver “Gestión de paz de Menem para el Medio Oriente”, La Nación, 6 de septiembre de 1989, pp. 1 y 2: y “Medio Oriente acogió la propuesta argentina”, La Nación, 7 de septiembre de 1989, p. 4.

  4. Ver al respecto artículo titulado  “Los No Alineados, tras eficacia sin dogmas”, La Nación, 5 de septiembre de 1989, p. 2. Cabe destacar que uno de los países representantes de la línea “dura” de la reunión, Panamá, rompió con esta regla de evitar referencias críticas a los ismos, al insertar un texto anexo a la declaración final criticando maniobras militares norteamericanas en su territorio, el que fue respaldado por Cuba y Nicaragua. Pero Argentina y Venezuela -representantes de la línea “blanda” que buscaba evitar críticas a Washington y al régimen de Noriega- expresaron sus reservas a la posición panameña.

  5. Ver artículo “Los No Alineados renovaron su apoyo a la soberanía argentina sobre Malvinas”, La Nación, 8 de septiembre de 1989, p. 3; y editorial “La Argentina y los No Alineados”, La Nación, 26 de enero de 1990, p. 6.

  6. Ver al respecto el artículo “Tlatelolco: dijo Di Tella que vamos hacia la ratificación; su gira europea”, La Nación, 20 de abril de 1991, p. 2.

  7. Ver “Razones de una decisión”, por Daniel Santoro, Clarín, 28 de abril de 1991, p. 2. 

  8. “El subsecretario Olima aclaró opiniones del canciller. Se opone el PJ a que nuestro país deje de integrar No Alineados”, La Nación, 2 de mayo de 1991, p. 4.

  9. “La actitud a tomar en materia de permanencia o no en el Movimiento de Países No Alineados a la luz de las posiciones adoptadas para la próxima reunión de Accra, Ghana, del 2 al 7 de setiembre de 1991”,  Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Opinión N° 16, del Consejo Superior de Embajadores al señor Canciller, Buenos Aires, 28 de agosto de 1991, en Archivo personal del ex vicecanciller Andrés Cisneros, Caja N° 7, Carpeta Cisneros, sección Movimiento de Países No Alineados.

  10. “Posición argentina ante la reunión de los No Alineados”, La Nación, 1º de septiembre de 1991, p. 7; y   “Nuestro país se va de los No Alineados”, La Nación, 18 de septiembre de 1991, p. 1.

  11. Comentarios del ex asesor del canciller Di Tella, Carlos Escudé, en Archivo personal de Carlos Escudé.

  12. Idem nota anterior.

  13. Ibid.

  14. “La Argentina dejó de integrar No Alineados”, La Nación, 20 de septiembre de 1991, p. 1. Ver asimismo “El tema se trató en gabinete y luego Menem hizo el anuncio. Argentina dejó el Movimiento de No Alineados”, Clarín, 20 de septiembre de 1991, pp. 4-5.

  15. Cavallo sostuvo que la salida argentina de No Alineados era un gesto “(…) consecuente con la política exterior del Gobierno (…) y la continuidad de los esfuerzos que hizo la Argentina desde hace 6 o 7 años por cambiar el enfoque del movimiento, pero lamentablemente, en la última reunión de No Alineados se produjeron actitudes viejas como por ejemplo no prestar atención a los derechos humanos y al pluralismo ideológico. Por su parte, Alsogaray destacó que en No Alineados “están los países atrasados, los alineados con la Unión Soviética, con gobiernos totalitarios y países donde no se defienden los derechos humanos”. Ver opiniones de Cavallo y Alsogaray citadas en “Más reproches que adhesiones”, Clarín, 20 de septiembre de 1991, pp. 4-5.

  16. Sobre estas críticas ver “Más reproches que adhesiones”, op.cit., y  “La decisión recibió más críticas que elogios”, La Nación, 20 de septiembre de 1991, p. 8.

  17. Ver al respecto editorial de opinión “La Argentina, en Occidente”, La Nación, 22 de septiembre de 1991, p. 8.

  18. Ver editoriales “Final sin ninguna tumba”, por Oscar Raúl Cardoso, Clarín, 20 de septiembre de 1991, p. 4; y “Panorama internacional. ¿Cómo será el des-no-alineamiento?”, por Enrique Alonso, Clarín, 21 de septiembre de 1991, p. 15.

  19. “Menem anunció el retiro de los No Alineados. Rumbo a un “nuevo mundo”, por Martín Granovsky,  Página/12, 20 de septiembre de 1991,  pp. 6-7.

  20. Editoriales “Por qué debíamos alejarnos”, por Carlos Escudé y “Adiós al tercerismo”, por Chacho Alvarez, ambos en Página/12, 20 de septiembre de 1991, p. 6.

  21. Críticas del ex canciller Caputo, en artículo “Menem negó complacencia con EE.UU. en salida del NOAL”, Ambito Financiero, 20 de septiembre de 1991, p. 14; y en editorial de opinión escrita por el ex canciller y titulada  “Test de alineación”, Página/12, 20 de septiembre de 1991, p. 7.

  22. Comentarios del embajador Pickering, citados en artículo “No logró el éxito deseado en los EE.UU. la medida diplomática argentina de separarse de los No Alineados”, por Ignacio Zuleta, Ambito Financiero, 23 de septiembre de 1991, p. 12.

  23. Ver al respecto editorial “El presidente Menem en Medio Oriente”, La Nación, 13 de octubre de 1991, p. 8.

  24. El G-15 surgió durante la novena cumbre de países No Alineados de Belgrado de septiembre de 1989 como una suerte de desprendimiento del Movimiento de Países No Alineados. El Grupo está integrado por la Argentina, Brasil, Perú, Venezuela, Jamaica, México, Yugoslavia, Senegal, Argelia, Egipto, Nigeria, Zimbabwe, Malasia, Indonesia y la India.

  25. Ver al respecto los siguientes artículos: “La Argentina se opone a un club de países deudores”, La Nación, 2 de junio de 1990, p. 3; “Menem instó a cambiar el orden del comercio internacional. Coincide el Grupo de los 15 en la reducción de la deuda”, La Nación, 3 de junio de 1990, p. 6; “Concluyó la reunión del Grupo de los 15 en Kuala Lumpur. Reclamaron más fondos las naciones deudoras”, La Nación, 4 de junio de 1990, p. 1 y editorial “El viaje presidencial”, La Nación, 12 de junio de 1990, p. 8, que opina que la presencia de Menem en la reunión del Grupo de los 15 en Kuala Lumpur “(...) no era indispensable y hasta podría ser considerada contradictoria con los lineamientos básicos de la política exterior actual que tiende, acertadamente, a profundizar las relaciones con los principales países desarrollados de Occidente y el alejamiento progresivo de las ideologías tercermundistas que durante la administración anterior parecieron privilegiarse”.

  26. “Menem busca que el Grupo de los 15 se acerque a EE.UU.”, La Nación, 28 de noviembre de 1991, p. 7 y “Menem: ampliar el Grupo de los 15”, La Nación, 29 de noviembre de 1991, p. 7.

  27. “Senegal: coincidencias en el Grupo de los 15”, La Nación, 23 de noviembre de 1992, p. 4; y “Chile, en el Grupo de los 15”, La Nación, 24 de noviembre de 1992, p. 7.

  28. Ver editorial de opinión "La Argentina y la India", La Nación, 6 de abril de 1994, p. 8.

  29. Respecto de estos pasos consultar los trabajos de Escudé y Fontana, op.cit., p. 11; de Fontana, Andrés, “La seguridad internacional y la Argentina en los años 90”, en Cisneros, (compilador), op.cit., p. 304;  y de Norden y Russell, op.cit., p. 98.

  30. Ver al respecto editorial “La droga, un problema de todos”, La Nación, 12 de noviembre de 1999, p. 18.
    Como sostiene el académico argentino Carlos Pérez Llana, la práctica de la certificación-descertificación constituye una herramienta diplomática de los Estados Unidos de carácter arbitrario, que quiebra el principio de “responsabilidad compartida” aceptado en el plano de la retórica por Washington desde la Cumbre de Cartagena de febrero de 1990. El doble estándar de esta política puede comprobarse fácilmente de acuerdo con este autor: mientras a Colombia se la castiga, a México se lo certifica, a pesar que por allí ingresa la mayor cantidad de drogas al mercado estadounidense. Lo mismo sucede con otros países que son certificados por el Departamento de Estado norteamericano a pesar de ser notorios productos de narcóticos (los casos de Pakistán, Turquía y Marruecos), debido a su ubicación estratégicamente relevante o a sus status de aliados de Washington. Acerca de la práctica de certificación-descertificación por parte de los Estados Unidos consultar el trabajo de Pérez Llana, Carlos, El regreso de la historia. La política internacional durante la posguerra fría 1989-1997, Buenos Aires,  Editorial Sudamericana / Universidad de San Andrés, 1998, p. 350.

  31. Consultar al respecto el trabajo de Corbalán, María Alejandra, El Banco Mundial. Intervención y disciplinamiento. El caso argentino, enseñanzas para América Latina, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2002, pp. 80-81.

  32. Entrevista realizada al entonces canciller Domingo Cavallo en revista América Latina/ Internacional, Vol. 6, N° 21, julio-septiembre de 1989, p. 277.

  33. Corigliano, Francisco, “El impacto de Estados Unidos y España en el proceso de democratización en Argentina”, en revista Síntesis, N° 21, Madrid, Julio-Diciembre de 1993, p. 244.

  34. “Apoyo de Bush al plan económico argentino”, La Nación, 28 de septiembre de 1989, p.1; “Acuerdo stand by por u$s 1400 millones confirmado por el FMI. El anuncio inesperado de Menem”, por Eduardo L. Bonelli, La Nación, 28 de septiembre de 1989, p. 22; “Los detalles de carta de intención”, La Nación, 28 de septiembre de 1989, p. 22; “Declaración de la Casa Blanca”, La Nación, 28 de septiembre de 1989, p. 28 y “Menem en los Estados Unidos”, La Nación, 1º de octubre de 1989, p. 8.

  35. Entre los países que votaron favorablemente la aprobación del acuerdo se encontraban los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Canadá. Japón y Australia. “Aprobó el FMI el acuerdo stand-by”, La Nación, 11 de noviembre de 1989, p. 1. Ver asimismo el artículo de Corigliano, op.cit., p. 244.

  36. “Aprobaría hoy el FMI la carta de intención”, La Nación, 25 de mayo de 1990, p. 1; “El FMI vuelve a financiar a la Argentina”, por Julio Crespo, La Nación, 26 de mayo de 1990, pp. 1 y 10; “Ardua gestión con los bancos acreedores. La mediación de los Estados Unidos permitió la aprobación del stand by”, por Julio Crespo, La Nación, 29 de mayo de 1990, pp. 1 y 13 y “Nuevo acuerdo con el Fondo Monetario”, La Nación, 11 de junio de 1990, p. 8.

  37. “El FMI aprobó el desembolso de 240 millones de dólares”, La Nación, 29 de noviembre de 1990, p. 20.

  38. “Bush elogió la alineación de nuestro país tras los objetivos de Occidente”, La Nación, 6 de diciembre de 1990, p. 1 y “Cálido elogio de Bush al presidente Carlos Menem”, La Nación, 6 de diciembre de 1990, p. 11. Asimismo, sobre la importancia política de la visita de Bush en el contexto de la conflictiva historia de las relaciones argentino-norteamericanas ver el artículo “El presidente Bush en la Argentina”, La Nación, 7 de diciembre de 1990, p. 6;  y el editorial  “Anatomía de la reconciliación”, por Mariano Grondona, La Nación, 9 de diciembre de 1990, p. 10.

  39. “Ingresará el país en el Plan Brady”, La Nación, 7 de diciembre de 1990, p. 1.

  40. “Por un total de 300 millones de dólares. Nuevos préstamos del Banco Mundial para la Argentina”, por Julio Crespo, La Nación, 19 de diciembre de 1990, p. 13.

  41. Ver al respecto el editorial “Nuevos amigos en el sur”, por Tabaré Areas, Clarín, 21 de noviembre de 1991, fuente citada por Corigliano, “El impacto…”, op.cit., p. 247. Consultar asimismo los siguientes artículos y editoriales: ”Buenas señales para el crédito del FMI”, La Nación, 15 de noviembre de 1991, p. 6; “Hay acuerdo con el FMI”, La Nación, 19 de noviembre de 1991, p. 1; “Acuerdo con el FMI; el Gobierno debe profundizar el ajuste fiscal”, La Nación, 19 de noviembre de 1991, p. 4; “Menem: ventajas del Brady”, La Nación, 21 de noviembre de 1991, p. 6;  “Balance muy satisfactorio”, por Julio Crespo, La Nación, 21 de noviembre de 1991, p. 6 y “Positivo resultado del viaje de Menem”, La Nación, 22 de noviembre de 1991, p. 8. El editorial de Crespo destaca, a manera de balance, el contenido de un artículo del Washington Post del 15 de noviembre, que destacaba la firma del acuerdo de garantía de inversiones con Estados Unidos efectuado el día anterior, como un “signo de la satisfacción norteamericana con el notable progreso económico de la Argentina y un reconocimiento de la nueva estatura de Menem en la comunidad internacional.” Crespo llama la atención acerca del cambio de la imagen de la Argentina y de su presidente contrastando este comentario editorial del Post con otro que el mismo diario hiciera en mayo de 1989, en el que sostenía que la herencia peronista de Carlos Menem hacía probable que el entonces candidato tratara “de escapar a la hiperinflación y a la bancarrota por medio de la fracasada combinación de fascismo y ferviente nacionalismo del general Perón”.

  42. Ver al respecto el informe de coyuntura económica, política y social titulado Situación Latinoamericana, CEDEAL, Año 2, N° 10, agosto de 1992, p. 17.

  43. Clarín, 15 de septiembre de 1992,  fuente citada por Idem nota anterior.

  44. Situación Latinoamericana, CEDEAL, Año 3, N° 13, febrero de 1993, p. 24.

  45. A través de esta operación de conversión, la deuda argentina con los bancos comerciales, que en 1989 era de aproximadamente 38,7 mil millones de dólares (incluyendo capital e intereses vencidos, en 1993 se redujo a sólo 1,2 mil millones de dólares. Como contrapartida, aumentó el endeudamiento en bonos, que pasó de representar un monto de 6,1 mil millones de dólares en 1989 a uno de 31,5 mil millones de dólares en el mismo período.  Ver, respecto de esta cuestión Brenta, Noemí y Rapoport, Mario, “El FMI y la Argentina en los años noventa: de la hiperinflación a la hiperdesocupación”, en Minsburg, Naúm, (coordinador), Los guardianes del dinero. Las políticas del FMI en la Argentina, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2003,  pp. 77-80.

  46. Al respecto, Brenta y Rapoport sostienen que en los memorándums de política económica enviados al FMI por el gobierno y firmados por el ministro de Economía Domingo Cavallo y por el presidente del Banco Central Roque Fernández, hasta mediados de 1996; y por Roque Fernández y Pedro Pou, en los cargos nombrados, desde esa fecha hasta diciembre de 1999, describen los efectos de la crisis en términos de salida de capitales, reducción de los depósitos en bancos comerciales, bajas de los precios de los bonos y aumentos de tasas de interés, pero omiten toda referencia a indicadores de los problemas internos de la economía real tales como el alza del desempleo –que en 1995 superó el 18%- o el número creciente de quiebras empresarias. Brenta y Rapoport, op.cit., p. 81.

  47. Mussa, Michael, La Argentina y el FMI. Del triunfo a la tragedia, Buenos Aires, Grupo Editorial Planeta, 2002, pp. 22-26.

  48. Mussa, op.cit., p. 27.

  49. Datos extraídos del Informe Anual del Banco Mundial sobre Argentina, 1994, citados en Corbalán, op.cit., p. 76.

  50. Corbalán, op.cit., p. 76.

  51. Corbalán, op.cit., pp. 85-86.

  52. Ver al respecto cuadros sobre Proyectos y Programas con financiamiento del Banco Mundial (1988-1995) y sobre Proyectos aprobados entre 1998-1996 según monto y duración (en millones de dólares), citados por Corbalán, op.cit., pp. 88 y 90.

  53. Idem nota anterior.

  54. Ibid.

  55. Ibid.

  56. Corbalán, María Alejandra, “El Banco Mundial. Persuasión y disciplinamiento. El caso argentino en la década de 1990”, en Minsburg, Naúm, (coordinador), op.cit., p. 141.

  57. Ver al respecto Delich, Valentina, “Latinoamérica y el sistema de solución de diferencias de la Organización Mundial del Comercio”, en Olarreaga, Marcelo y Rocha, Ricardo, (compiladores), La nueva agenda del comercio en la OMC, Santa Fé de Bogotá, Centro editorial Universidad del Rosario, 2000, pp. 240-243.

  58. El Grupo Cairns  fue fundado en la localidad de Cairns, Australia, en 1986, poco antes del inicio de las negociaciones de la Ronda Uruguay del GATT (1986-1994) e integrado por Argentina, Australia, Canadá, Colombia, Chile, Filipinas, Indonesia, Malasia, Tailandia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Fiji, Paraguay y Uruguay.

  59. Un ejemplo al respecto puede observarse en la declaración final de la XIX Reunión Ministerial del Grupo Cairns, que tuvo lugar en Buenos Aires en agosto de 1999, en la cual Argentina impulsó una dura declaración contra el proteccionismo agrícola y la práctica de subsidios. Estados Unidos, que participó en la reunión en carácter de observador e invitado especial a través de su secretario de Agricultura Dan Glickman, se comprometió a apoyar “parcialmente” las demandas de los miembros del Grupo. Ver al respecto “Parcial apoyo de EE.UU. al Grupo Cairns”, La Nación, 29 de agosto de 1999, p. 1; “El Grupo Cairns, en Buenos Aires. Cautela de los EE.UU. en el negocio agrícola”, La Nación, 29 de agosto de 1999, p. 13.

  60. De acuerdo con un cuadro de casos elaborado por Valentina Delich, la demanda norteamericana sobre subsidios argentinos a textiles y calzado en el marco de la OMC fue solucionado en el marco de las consultas pero sin necesidad de la formación de un panel de especialistas. Consultar al respecto cuadro titualdo “Latinoamérica como demandada en la OMC (casos terminados)”, en Delich, op.cit., p. 252. Sobre estas cuestiones de fricción en la agenda comercial bilateral consultar el trabajo de Barboza, Juan Carlos; Bouzas, Roberto y Tussie, Diana, “Relaciones comerciales Estados Unidos-Mercosur: la agenda minilateral. El caso de Argentina”, Serie Documentos e Informes de Investigación N° 166 del Area de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Buenos Aires, julio de 1994, pp. 10-11. 

  61. Las tres oportunidades en las que EE.UU. presentó en 1999 sus reclamos a la OMC fueron el 6 de mayo, 15 de junio y 27 de julio. Ver al respecto el sitio www.ustr.gov/enforcement/update.pdf, sección “Dispute Settlement Update”, January 30, 2003.

  62. Respecto de estas cuestiones consultar “La agenda de la ronda del milenio: entrando en la etapa de definiciones”, Panorama del MERCOSUR / CEI 3, Buenos Aires, Julio 1999, pp. 155 y 158, fuente citada por  Norden y Russell, op.cit., pp. 107-108.

  63. “Los productos transgénicos, el comercio agrícola y el impacto sobre el agro argentino”, Panorama del MERCOSUR/CEI 4, Buenos Aires, Noviembre 1999, fuente citada por Norden y Russell, op.cit., p. 108.

  64. La OCDE fue creada en 1960 como consecuencia de la transformación de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE), surgida en 1948 para coordinar la aplicación del Plan Marshall de reconstrucción económica europea. Una vez cumplida la misión para la cual había sido creada, los miembros de la OECE, así como Estados Unidos y Canadá, decidieron crear la OCDE. Sus veinte países fundadores fueron Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal, República Federal de Alemania, Reino Unido, Suecia, Suiza y Turquía. En 1961 se le concedió a Checoslovaquia un “status” especial. Años más tarde, se incorporaron a esta organización Japón en 1964, Finlandia en 1969, Australia en 1971, Nueva Zelandia en 1973, México en 1994, República Checa en 1995 y Hungría, Polonia y Corea en 1996.

  65. Comentarios escritos por el ex asesor del canciller Di Tella, Carlos Escudé, reproduciendo las razones por las cuales De la Torre creía en la conveniencia del ingreso argentino en la OCDE, en Archivo personal de Carlos Escudé, carpeta Cuestión OCDE.

  66. Para 1996, los miembros del CD-OCDE eran los siguientes países: Alemania, Argentina, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, México, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Corea, República Checa, Suecia y Suiza. Embajada argentina en Francia, Memorandum sobre el ingreso de la Argentina a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, Reservado, París, Noviembre de 1996, p. 10, en Archivo personal del ex vicecanciller Andrés Cisneros, Caja N° 16, Carpeta OCDE.

  67. Embajada argentina en Francia, Memorandum sobre el ingreso de la Argentina….op.cit., p. 24.

  68. Idem nota anterior.

  69. Ibid., pp. 24-25.

  70. Ibid., p. 25.

  71. Ibid., p. 26.