|
2. Búsqueda de apoyo para la
modernización económica y atracción de inversiones
En
un discurso pronunciado en Buenos Aires el 29 de junio de 1994, el canciller Di
Tella expresó lo siguiente:
Lo que hemos hecho básicamente es decir Tercer Mundo y No Alineados,
países pobres en general, no los queremos...Abandonamos los No Alineados porque
no nos convenía, porque no nos interesaba y porque no teníamos intereses
comunes...Nos interesan mucho los países de la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico (OCDE)...nos interesa generar esta relación con los
países del Norte porque una de las confusiones que tenemos es que, por estar
ubicados en América Latina, somos un país más de Latinoamérica. Esto no es
cierto...Argentina es un país europeo.(1)
Este
alineamiento estaba sustentado en razones económicas y culturales. Entre las
primeras figuraban un ingreso per cápita que duplicaba el promedio en América
Latina, la tasa de alfabetismo más alta de la región, y el puesto nº 46 a
nivel mundial en cuanto a índice de desarrollo humano según parámetros
adoptados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Los
elementos culturales estaban vinculados a la masiva inmigración europea que la
Argentina había recibido desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, que
generaban ese sentido de pertenencia a una región que no correspondía a la
posición geográfica de la Argentina como “país del Sur”, y su vocación
de ser percibido como “un país del primer mundo”. De allí que el
alineamiento occidental de la Argentina no se redujera a la relación con los
Estados Unidos, sino que también se inclinara hacia Europa. El cambio producido
por el gobierno de Menem produjo un fuerte impacto, en virtud de que había
estado precedido por un período de aislamiento internacional a causa de las políticas
de la dictadura militar y una posición tercermundista bajo el gobierno de
Alfonsín. Juzgando la política radical como opuesta a los intereses
nacionales, el presidente Menem definió los últimos en términos económicos.(2)
En un discurso pronunciado en Londres en 1996, el
vicecanciller Cisneros explicaba que la Argentina se había enrolado en la
alianza occidental no sólo porque esos países tenían los mismos valores, el
mismo sistema político y el mismo sistema de producción, sino también porque
constituían el ámbito natural de crecimiento de la economía y la cultura
argentinas. Los objetivos argentinos podían ser mejor alcanzados aumentando el
prestigio y la confiabilidad del país, reservando la retórica y la hostilidad
para aquellos asuntos en que hubiera conflictos de intereses. La política
exterior y la modernización de la economía eran los dos instrumentos
fundamentales de la transformación del país y su exitosa inserción en la
economía mundial. El alineamiento con los países occidentales había sido
asumido como consecuencia de la importancia dada al concepto de seguridad
nacional.(3)
En
consecuencia, el primer objetivo de Menem hacia los países europeos fue mejorar
las relaciones con el Reino Unido, conflicto que generaba obstáculos
significativos en las relaciones de la Argentina con los demás países europeos
y con la Unión Europea. Una vez logrado esto, Menem se abocaría a buscar
respaldo político en los demás países de Europa Occidental para la
transformación económica de la Argentina y la atracción de inversiones y
capitales.
Al llegar Menem a la presidencia, las relaciones de
la Argentina con España estaban enmarcadas en las disposiciones del Tratado
General de Cooperación y Amistad, suscripto el 3 de junio de 1988, y que
abarcaba cuatro áreas de cooperación bilateral en materia política, económica,
científico-tecnológica y cultural. Se establecía un sistema de consultas a
alto nivel a fin de conocer la política de cada una de las partes en la esfera
internacional y armonizar sus posiciones. Ambos países se comprometían a
apoyar un programa destinado a promover el desarrollo industrial y el sector
servicios en la Argentina. El Acuerdo Económico bilateral, que formaba parte
del Tratado, establecía que el programa conjunto alcanzaría unos 3.000
millones de dólares hasta 1992. Los créditos estarían orientados al sector
privado; sólo un 20% podría ser aplicado al sector público. El Tratado
garantizaba las inversiones españolas producto del mismo, otorgaba exenciones
arancelarias y la libre transferencia de utilidades. También permitía la
contratación directa para proyectos del sector público bajo ciertas
condiciones. El proceso de ratificación del Tratado en el Congreso argentino
había demorado un año, produciéndose aquélla finalmente en junio de 1989.
Decidido a alentar las inversiones europeas en la Argentina, el nuevo gobierno
de Menem se propuso dar cumplimiento a las disposiciones del Tratado. Luego de
su entrada en vigencia a partir del 31 de agosto de 1989 y constituidos los
organismos dispuestos por el mismo, la Secretaría de Comercio estableció el
mecanismo para la presentación de proyectos de inversión.(4)
En un breve encuentro que el presidente Menem mantuvo con el jefe del gobierno español, Felipe González, el 6 de septiembre de 1989 en Madrid, el último destacó la buena disposición de los empresarios españoles hacia el desarrollo económico argentino. A su vez, Menem sostuvo que las inversiones extranjeras en la Argentina disfrutarían de las mismas ventajas que las nacionales.(5) Poco después, el 4 de octubre, se constituyó en Buenos Aires el Comité Económico Financiero hispano-argentino que se reuniría periódicamente para evaluar la marcha del acuerdo económico integrante del Tratado de 1988. El gobierno español comenzó a liberar los créditos destinados al sector privado, y la Argentina decidió exceptuar del IVA los bienes que ingresaran a raíz del acuerdo.(6)
Con el objetivo de exponer el plan económico
argentino, generar confianza y atraer inversiones, en febrero de 1990 el
canciller argentino Domingo Cavallo realizó una gira por Europa que abarcó
España, Francia, Italia y Alemania. En Madrid, Cavallo se entrevistó con su
colega Francisco Fernández Ordóñez y con el presidente González. Cavallo
buscaba además obtener consenso para la firma de un acuerdo marco con la CEE
que, como sabemos, se llevó a cabo el 2 de abril de ese año.(7)
Demostrando el respaldo de España al gobierno de Menem,
Felipe González realizó en marzo de 1990 una visita a Buenos Aires, durante la
cual expresó la intención de su país de poner en vigencia el Tratado, porque
“la situación argentina le importa mucho a España”. En una conferencia
conjunta en la embajada de España, Menem y González coincidieron en la
necesidad de superar “los obstáculos formales” que estaban trabando la
puesta en marcha de los acuerdos bilaterales firmados.(8)
A
fines de octubre de 1990, el canciller Cavallo se dirigió nuevamente a España
a fin de activar créditos e inversiones para la Argentina. Al final de su
visita, el Comité Económico Financiero dio su conformidad a diez proyectos
argentinos para el sector privado por 21 millones de dólares, y fueron
anunciados otros 140 millones de dólares destinados al sector público en las
áreas de salud, energía, educación e informática. También la Cancillería
española comunicó oficialmente que España no solicitaría visado de entrada a
los argentinos, así como a ningún ciudadano latinoamericano a excepción de
los cubanos. Asimismo, quedó constituida la Comisión de Alto Nivel para tratar
temas de política internacional.(9)
Continuando con la política de atracción de
inversiones, en abril de 1991 el nuevo canciller Guido Di Tella realizó una
gira por los países de Europa Occidental, a fin de promover las privatizaciones
y presentar el Mercosur. En España, su presencia se vio empañada por la
repercusión de las publicaciones de la revista española Cambio
16 que habían vinculado a Emir y
Amira Yoma, cuñados del presidente Menem, con casos de narcotráfico.(10)
La primera misión del nuevo embajador en la
Argentina Rafael Pastor Ridruejo, que inició sus funciones el 24 de abril., fue
precisamente recomponer las relaciones bilaterales, que habían sufrido el
impacto de las denuncias en Madrid. En su carrera diplomática Pastor Ruidrejo
había liberado españoles detenidos por diversos motivos en Tailandia, Perú,
Nigeria, Zimbabwe y El Líbano. Además durante su gestión como secretario
general para las Comunidades Europeas y coordinador del grupo de Libertad de
Circulación-Abolición de Fronteras, había logrado que se aprobara una
propuesta propia para que los ciudadanos hispanoamericanos circularan sin visado
por los países de la CEE.(11)
En una entrevista publicada por Clarín el 11 de julio, el embajador Pastor Ridruejo calificaba como
“un pequeño borroncito en una hoja limpia y abierta” la repercusión del
caso Yoma en las relaciones bilaterales. Señaló que ése era un problema
judicial que había tenido repercusión en la prensa, como sucedía en todo país
democrático, pero no podía hacer nada. No podía interferir sobre el poder
judicial español ni el argentino. Lo mejor que se debía hacer, y era lo que
estaban haciendo ambos países, era considerar el caso como un tema judicial que
tendría la resolución que las leyes determinaran. En cuanto al incidente con
un pesquero español,(12)
el embajador sostuvo que el hecho de que se cañoneara un pesquero era siempre
serio, pero el tema estaba prácticamente cerrado, y había que evitar que se
volvieran a producir hechos de ese carácter en el futuro. Pastor reconoció que
las relaciones entre Raúl Alfonsín y Felipe González eran mejores que las que
existían entre éste y Menem, debido a que la afinidad ideológica entre los
primeros hacía la relación más espontánea. No obstante, las relaciones entre
los países no necesitaban obligatoriamente de una afinidad ideológica entre
sus líderes. Eso no debía afectar la relación.(13)
Con todo, las negociaciones para facilitar las
inversiones fructificaron. El 3 de octubre de 1991 se firmó en Buenos Aires el
Acuerdo para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones, que entraría
en vigor en septiembre de 1992.
En el marco proporcionado por el Convenio de
Colaboración Industrial y Tecnológica en materia de Defensa firmado en abril
de 1989, hubo una serie de contactos durante el gobierno de Menem, apuntados a
realizar emprendimientos en la materia. Así, una delegación española de
funcionarios técnicos encabezada por el director de Armamento para Asuntos
Internacionales, Guillermo Leira Rey, llegó a Buenos Aires en la segunda
quincena de diciembre de 1989. La misma se entrevistó con el ministro de
Defensa Italo Luder con el objetivo de firmar un convenio de colaboración
industrial y tecnológica para el desarrollo y la producción de armamento y
material de defensa.(14)
Hubo también contactos entre las autoridades aeronáuticas.
En agosto de 1991 se realizó en Madrid una reunión de consulta a fin de examinar cuestiones relacionadas con el desarrollo
de los servicios aéreos regulares entre los dos países. A
fines de marzo de 1992 llegó a Buenos Aires el jefe del Estado Mayor de Ejército
del Aire de España, teniente general Ramón Fernández Sequeiro, invitado por
la Fuerza Aérea argentina. Sequeiro se entrevistó con el jefe de la misma,
brigadier general José Antonio Juliá, con el ministro de Defensa Antonio Erman
González y con otros altos oficiales de la fuerza. El visitante solicitó al
titular de Defensa una definición respecto de un crédito blando por 300
millones de dólares que hacía un año había sido ofrecido por España para
repotenciar aviones. El gobierno argentino había demorado en contestar porque
estaba esperando una respuesta favorable de los Estados Unidos a un pedido de
compra de dos escuadrones de aviones F16-C, que nunca llegó. Sequeiro firmó
con los brigadieres Alberto Alegría y Héctor Cid un acuerdo por el cual España
insistía en el préstamo y ofrecía entrenar a pilotos argentinos. El convenio
también preveía el intercambio de oficiales para los cursos de Estado Mayor de
ambas escuelas de guerra.(15)
A fines de julio de 1992 el ministro de Defensa González se reunió en Madrid con su par
español, Julián García Vargas, para analizar la viabilidad de un proyecto
conjunto en materia aeroespacial con fines pacíficos, en la planta del
desactivado Cóndor II. También se consideró un pedido de crédito de la
Argentina, con el fin de equipar a la Gendarmería y al Ejército de vehículos
y aviones para usar en la lucha contra el narcotráfico. Otro asunto abordado
fue el del acercamiento profesional de integrantes de las fuerzas armadas de
ambos países, por medio de cursos de capacitación y adiestramiento. De hecho,
en ese momento estaban en España varios pilotos argentinos que cumplían horas
de vuelo y otros que actuaban como instructores de aviones Mirage.(16)
El ministro de Asuntos Exteriores de España Francisco
Fernández Ordóñez analizó con su colega Di Tella el estado de las
disposiciones del Tratado de Cooperación y Amistad en el marco de la II Reunión
de la Comisión de Alto Nivel realizada en Buenos Aires en mayo de 1992.
Asimismo, ambos cancilleres consideraron la Iniciativa para las Américas
lanzada por la administración Bush; la conferencia sobre Medio Ambiente a
realizarse en Río de Janeiro; las relaciones entre los Estados Unidos y Europa,
y la situación de Europa del Este. En cuanto a los temas de cooperación
estrictamente bilateral, Di Tella y Fernández Ordóñez consideraron medidas
tendientes a promover los de índole científica, tecnológica y cultural; la
firma de un nuevo acuerdo de seguridad social, un convenio para evitar la doble
imposición, y la situación de los argentinos en España.(17)
El Convenio para evitaR la doble imposición y prevenir la evasión fiscal en
materia de impuestos sobre la Renta y el Patrimonio, se firmó en Madrid el 21
de julio de 1992 y entró en vigor en julio de 1994.
El 28 de febrero de 1994 el presidente Menem inició una
visita a España. Fue recibido por los reyes y se entrevistó con el jefe del
gobierno Felipe González. El rey Juan Carlos elogió la modernización y la
apertura de la economía argentina. La cuestión más difícil de la agenda
bilateral –el conflicto Iberia-Aerolíneas Argentinas- fue destrabada sólo
parcialmente a través del compromiso de Menem y González de retomar las
negociaciones con Iberia para resolver los problemas financieros y operativos de
Aerolíneas Argentinas.(18)
En Santiago de Compostela, ante un auditorio de fuertes
empresarios y financistas, Menem instó a invertir en la Argentina, porque
“estaban dadas todas las condiciones para acceder a oportunidades de
negocios”. Señaló también que el Congreso analizaría la semana siguiente
el acuerdo pesquero con la Comunidad Europea, acuerdo que era muy esperado por
los empresarios de la pesca radicados en Galicia. El presidente negó que
existieran trabas para su ratificación. Al finalizar su gira, Menem aseguró a
la prensa que el corolario del viaje sería la duplicación de las inversiones
españolas en la Argentina, que entre 1989 y 1994 habían ascendido a 6.180
millones de dólares, al calor de la participación hispana en las
privatizaciones argentinas.(19)
El 16 y 17 de octubre de 1995 se desarrolló en Bariloche
la V Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, de la cual
participaron 21 países y contó con la presencia del rey Juan Carlos de España.
La crisis social en la región ocupó el centro del debate. En el discurso de
inauguración, el presidente Menem señaló que, para enfrentarla, era necesario
profundizar los cambios en los sistemas educativos, a fin de privilegiar la
instrucción y el trabajo, la tecnología y la producción. A su vez, Felipe
González puso de relieve la concertación política entre los países
iberoamericanos para salir del estancamiento, pero advirtió que faltaba dar
respuesta concreta a los problemas de narcotráfico, corrupción y crecimiento.
También pidió poner en marcha un código iberoamericano de seguridad social.
Por su parte, el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso resaltó el
valor de la educación como agente de cambio y definió a la capacidad de
ofrecer empleo como el gran desafío de la región.(20)
La Declaración de Bariloche, firmada al final de la
Cumbre, refirmaba la democracia, el respeto a los derechos humanos y la
libertad. Reconocía la importancia de que España presidiera el Consejo de
Ministros de la Unión Europea para dar un renovado impulso a las relaciones
entre América Latina y Europa. Prueba de ello era el acuerdo alcanzado entre la
Unión Europea y los Estados miembros del Mercosur para la firma en diciembre
siguiente de un Acuerdo Marco Interregional de Cooperación. También lo eran
las conversaciones que se habían iniciado con Chile y México para alcanzar
acuerdos que profundizaran las relaciones económicas y políticas, y la
reciente apertura de un diálogo con Cuba. El documento manifestaba además el
interés de continuar profundizando, con el apoyo de España y Portugal, el diálogo
institucionalizado entre la Unión Europea y el Grupo de Río, el Pacto Andino y
los diálogos de San José con Centroamérica. Reiteraba el compromiso de
combatir la corrupción y el consumo, producción y tráfico de drogas y sus
delitos conexos. También instaba a adoptar medidas en contra del lavado de
dinero, el tráfico de armas y el tráfico ilícito de los precursores químicos.
Reafirmaba la condena al terrorismo. Deploraba los ensayos nucleares en
particular los realizados en el océano Pacífico, e instaba a los estados a
concluir un tratado de prohibición total de los ensayos nucleares. Rechazaba,
por último, las medidas coercitivas unilaterales que afectaban el bienestar de
los pueblos iberoamericanos.
Finalizada la Cumbre, el rey Juan Carlos viajó a
Buenos Aires donde recorrió emprendimentos españoles recientes y fue
homenajeado por Menem con un almuerzo. El rey se refirió al protagonismo de las
empresas y capitales españoles y a “su contribución pionera al proceso de
modernización de la economía argentina”. Mencionó a las empresas de
telecomunicaciones, energía, transporte aéreo y terrestre y obras sanitarias,
entre otras, que se habían unido a aquellos grupos españoles que
tradicionalmente venían desarrollando su actividad en distintos sectores, como
la construcción, la pesca y otros.(21)
Además, el canciller Di Tella y el ministro español
de Comercio y Turismo, Javier Gómez Navarra Navarrete, firmaron en Buenos Aires
el 18 de octubre de 1995 un Acuerdo de Cooperación Económica y Financiera, por
el cual España otorgaba créditos por 1.000 millones de dólares destinados a
financiar exportaciones de bienes y servicios hacia la Argentina. El acuerdo
también permitía la implementación de mecanismos de apoyo a las inversiones
privadas y a las Pymes, y la concreción de joint-ventures
entre empresas de ambos países. La Compañía Española de Financiamiento del
Desarrollo (COFIDES) promovería la creación de empresas conjuntas argentinas y
españolas, orientadas a la exportación de bienes y servicios argentinos. El
acuerdo entró en vigor el 17 de noviembre de 1997.(22)
El 4 de mayo de 1996 el gobierno español cambió de
signo al asumir su jefatura el líder del Partido Popular, José María Aznar.
El mes siguiente Aznar y el presidente Menem se entrevistaron en Bélgica. Uno
de los temas abordados fue la cuestión de Cuba, sobre la cual tuvieron un
acuerdo absoluto. Menem ratificó la posición argentina de rechazo a la ley
Helms-Burton que amenazaba a terceros países que comerciaran con la isla, tal
como se había votado en la OEA, pero también la decisión de que era necesaria
la democracia en Cuba, y que a partir de la posición de Fidel Castro no había
habido ningún avance en ese sentido. Desde su llegada al gobierno, Aznar había
hecho duras declaraciones contra el régimen de Fidel Castro, hasta el punto de
anticipar un vuelco en la tradicional relación cordial entre España y la Cuba
socialista iniciada en la época del franquismo, mantenida por los gobiernos
centristas de la transición democrática española y durante los catorce años
de gestión de Felipe González. Esos gestos de Aznar coincidieron con el
proceso de aprobación e implementación norteamericana de la ley Helms-Burton,
y con los severos cuestionamientos que mereció esa actitud de Washington de
parte de los países latinoamericanos y de la mayoría de los miembros de la Unión
Europea, varios de ellos con inversiones en marcha o en proyecto en la isla.(23)
Según el diario La
Nación, el objetivo de Menem fue
generar una suerte de eje en relación al tema cubano entre Washington, Madrid y
Buenos Aires, procurando fortalecer de ese modo su liderazgo en el Mercosur y en
el continente en general. El compromiso de Menem
en todo caso consistía en insistir en la necesidad de que imperara cuanto antes
la democracia en Cuba. Se habría tratado de un gesto político con el cual
Menem intentaba colocarse un paso adelante de otros líderes latinoamericanos, más
involucrados en problemas domésticos que en cuestiones de política externa.(24)
En agosto de 1996, el secretario de Comercio, Turismo y
Pequeñas y Medianas Empresas español, José Manuel Fernández Norniella,
declaró que España pondría todos sus esfuerzos para aumentar sus relaciones
económicas y comerciales con los países que integraban el Mercosur. Fernández
Norniella recalcó que la política del nuevo gobierno de Aznar hacia América
Latina seguiría las líneas de la anterior administración, y que se habían
dado al Instituto de Comercio Exterior instrucciones muy concretas para aumentar
su acción en los países iberoamericanos. Recordó que España era el principal
inversor de la Unión Europea en el Mercosur después de Alemania. Las
inversiones españolas en el Mercosur se habían multiplicado por diez desde
1992, sobrepasando los 1.000 millones de dólares en 1995, sobre todo en los
sectores de las telecomunicaciones y el transporte.(25)
El 15 de enero de 1997 el empresario Carlos Pedro Amar
presentaba sus cartas credenciales ante el rey Juan Carlos como nuevo embajador
argentino en reemplazo de Guillermo Jacobella, designación que, como se verá más
adelante, no había agradado al gobierno de Aznar. En declaraciones al finalizar
la ceremonia, el embajador Amar destacó que las relaciones bilaterales entre la
Argentina y España atravesaban “inmejorable momento”. Ambos países habían
constituido una “privilegiada alianza de intereses” y el estado de confianza
entre los dos países permitía fórmulas de apoyo y cooperación mutua en
numerosas áreas. Amar puso como ejemplo que las inversiones en la Argentina
ascendían a 7.000 millones de dólares y para 1999 se estimaba que esa suma
aumentara hasta los 12.000 millones de dólares. El comercio bilateral había
experimentado un espectacular crecimiento del 150% entre 1990 y 1995, siendo
España el quinto destino de las exportaciones argentinas. El embajador destacó
la importancia del proceso de integración del Mercosur y del acuerdo de éste
con la Unión Europea. Señaló que el Mercosur actuaba como un dinamizador de
las inversiones y la formación de joint-ventures
entre empresas pequeñas y medianas de España y la Argentina.(26)
El 20 de abril de 1997 Aznar llegó a la Argentina acompañado
de unos 60 empresarios con el objetivo de fortalecer los lazos comerciales. En
su primera reunión, Aznar y Menem analizaron el problema de la desocupación
que alcanzaba altos niveles en ambos países, repasaron la situación de las
relaciones bilaterales e intercambiaron elogios sobre la marcha de la economía
en los dos países. Según Aznar, el respaldo a la Argentina se debía a que en
los últimos años ésta se había convertido, con 7.000 millones de dólares,
en el principal destino mundial de las inversiones exteriores españolas. España
concentraba en la Argentina el 25% de las exportaciones a América Latina, lo
que la convertía en el principal cliente en la región. Dijo también que la
Argentina y España eran “líderes en los procesos de integración” del
Mercosur y de la Unión Europea respectivamente. Desde ese rol, Aznar bregó por
concretar el año siguiente una cumbre entre los presidentes de ambos bloques
económicos para acelerar el proyecto de crear una zona de libre comercio. La
misma propuesta había sido formulada el mes anterior por el presidente Chirac
de Francia, pero los españoles reclamaban la autoría de la idea.(27)
Más tarde, al hablar ante unos 300 empresarios españoles
y argentinos en la Bolsa de Comercio, Aznar ratificó que España iba a seguir
el camino de la política de apertura y lo quería hacer unida estrechamente a
la Argentina, bien bilateralmente o en el marco de la cooperación Unión
Europea-Mercosur. En ese marco, se comprometió a mantener “la apuesta
decidida” que España había hecho a favor de la Argentina en 1989, cuando
pocos países confiaban en la política económica iniciada por Menem.(28)
La otra cara de la transformación económica realizada
por el presidente Menem, que era el alto índice de desocupación alcanzado en
la Argentina, surgió en una charla que Aznar mantuvo con residentes españoles
en la Argentina, cuyo representante sostuvo que una gran cantidad de ellos no
tenía los recursos mínimos para vivir con dignidad. Aznar prometió que España
dirigiría su capacidad inversora a la Argentina, un país que merecía la
confianza de inversores de todo el mundo, y habló de una España “pujante”,
que volcaba en la Argentina más del 15% de sus exportaciones.(29)
Por cierto, la inversión directa de España en América Latina y el Caribe, especialmente a partir de 1994 experimentó una gran expansión, convirtiendo a ese país en el primer inversor europeo en la región en 1997. Los flujos promedio anuales desde España en los primeros seis años de la década estuvieron alrededor de 750 millones de dólares, lo que constituyó un aumento enorme en relación a los 130 millones de la década anterior. Estos flujos se dirigieron particularmente a Sudamérica. Alrededor de un tercio de los flujos acumulados entre 1990 y 1996 se dirigieron al Mercosur, principalmEnte la Argentina con un 27% del total.(30)
Según un informe de la consultora Peat Marwick, las
empresas españolas invirtieron en 1996 6.274 millones de dólares en el
exterior, 223% más que en 1995. Los principales destinatarios de esos capitales
fueron Chile y la Argentina. El primero recibió 1.476 millones de dólares en
1996, en tanto la Argentina obtuvo 818 millones
de dólares. En el tercer y cuarto
lugar se ubicaban Brasil y Venezuela, con 678 y 667 millones de dólares,
respectivamente. El informe de la consultora destacó que las inversiones españolas
en la Argentina se incrementaron significativamente a lo largo de 1996, pasando
de 355 millones a 818 millones de dólares. En ese momento, el gobierno de
Madrid programaba mejorar la inversión de Pymes españolas en la región, en
especial de aquellas que suministraban equipos a empresas más grandes de ese
origen en Latinoamérica.(31)
En la Argentina el grupo petrolero español Repsol realizó
grandes inversiones. En junio de 1996 logró quedarse con el 37% de la petrolera
argentina Astra por 360 millones de dólares.(32)
A principios de enero de 1997, a través de su controlada Astra, Repsol adquirió
el 45% de Pluspetrol Energy S.A. en 340 millones de dólares, convirtiéndose en
la cuarta productora de gas de la Argentina. Con ambas adquisiciones Repsol se
consolidaba en la producción y comercialización de gas y en la generación de
energía eléctrica. Finalmente, en junio de 1999 Repsol adquirió YPF en 3.500
millones de dólares.(33)
Otras grandes empresas que recibieron capital español
fueron: Telefónica de Argentina (Telefónica de España/City Corp Equity
Investment, CEI 54%); Aerolíneas Argentinas (Iberia 84%); Edenor (Electricité
de France 27% y Endesa España 10%); Gas Natural (Gas Natural España 70%), y
Repsol-YPF (Repsol 100%). Al adquirir la última, España se convirtió en el
principal inversor en las privatizaciones argentinas con un 42%.(34)
Asimismo, las altas tasas y las ventajas de establecerse
en el Mercosur atrajeron a los bancos españoles, que adquirieron parte o la
totalidad de bancos argentinos. En octubre de 1996 el Banco Bilbao Vizcaya (BBV) compró el 30 % de las acciones
del Banco Francés, una de las diez entidades más grandes de la Argentina, que
quedó bajo su control.(35) En mayo de 1997 el BBV
adquirió el 71% del Banco de Crédito, por 466 millones de dólares. En
realidad, el BBV estaba detrás del 100% del paquete del Crédito, pero los
accionistas restantes (la familia Santibañes) aún no habían decidido vender.
A fines de mayo de 1997, el Banco de Santander acordó la compra de alrededor
del 35% del paquete accionario del Banco Río, el brazo financiero del grupo
Perez Companc, en 700 millones de dólares, la mayor operación realizada hasta
entonces por la compra de una sola empresa. El Santander y el Río fueron
fusionados en la Argentina en una única entidad, con activos por más de 10.000
millones de dólares, superando a los también fusionados Francés y Crédito y
al Galicia, hasta poco antes número uno entre los bancos privados.(36)
El comercio argentino-español siguió la tendencia de la
década del comercio exterior argentino con los países de Europa Occidental,
que comenzó con una balanza de saldo positivo para la Argentina en los primeros
años para luego invertirse, acusando déficits para el país. No obstante, con
España los déficits argentinos fueron mucho menores que con los otros países,
llegando en 1999 a tener una balanza comercial casi equilibrada. Las
exportaciones argentinas a España fueron en 1990 de 313 millones de dólares y
las importaciones de 105 millones. En 1997 se alcanzó el déficit máximo de la
década de 650 millones. En 1999 las exportaciones argentinas sumaron 960
millones de dólares y las importaciones 1.000 millones.(37)
La Cancillería argentina consideraba que, desde el retorno a las instituciones democráticas y a su monarquía, España había recuperado una posición de preeminencia internacional que excedía el ámbito de la Unión Europea. Sus importantes inversiones en privatizaciones en la Argentina y su región le auguraban un papel de primera significación para el gobierno argentino. Al igual que con Italia, los consulados argentinos y españoles estaban facultados para proteger a los ciudadanos del otro país en aquellos lugares donde uno de ellos careciera de representación consular. También como en el caso de Italia, los nacionales españoles residentes en la Argentina estaban facultados para votar en elecciones municipales, así como los argentinos podían hacerlo en las españolas. Por todo ello, España era considerada una de las prioridades de la política exterior argentina.(38)
Las denuncias
de corrupción empañan la imagen del gobierno de Menem.
Según un largo artículo publicado por Clarín el 7 de marzo de 1991, dos días antes la televisión española, en su telediario nocturno, había corroborado una reciente información publicada por la revista española Cambio 16 señalando como integrantes de una red internacional dedicada al tráfico de drogas a Emir y Amira Yoma, hermanos de Zulema Yoma, la ex esposa del presidente Menem. Ambos fueron involucrados en el narcotráfico por los detenidos tras la requisa del yate Good Luck, donde se descubrió un cargamento de 540 kilos de cocaína el 26 de noviembre de 1990 en Cabo Verde. En la operación habían sido detenidos dos empresarios españoles y las pistas proporcionadas llevaron luego a la detención en Uruguay del tesorero de la organización, un cubano con documentación aparentemente falsa a nombre de José Lezcano Patiño. En la lista de involucrados fueron incluidos además el coronel sirio Ibrahim Al Ibrahim, ex esposo de Amira Yoma, y el subsecretario de Recursos Hídricos del gobierno argentino, Mario Caserta. Según lo publicado por Cambio 16, los Ministerios de Relaciones Exteriores y Justicia de España, así como la Audiencia Nacional, tenían el caso bajo su órbita. Las acusaciones contra los cuñados de Menem estaban contenidas en el expediente de extradición de Lezcano Patiño. En el artículo periodístico se afirmaba incluso que la justicia española tenía en estudio una orden internacional de detención contra los Yoma, Ibrahim y Caserta. El 6 de marzo el presidente Menem criticó tanto a Cambio 16 como al diario argentino Página/12, que reprodujera la denuncia. “Esto es una conjura contra los Yoma, un ataque contra la familia, y además un tiro por elevación al gobierno”, sostuvo el presidente, quien no ocultó su disgusto por la versión. El mismo día el director de Cambio 16, Juan Tomás de Salas, ratificaba desde Madrid lo publicado.(39)
Tres años después de iniciado el escándalo, en
abril de 1994, Amira Yoma fue absuelta por el juez Nerio Bonifati. Según el
mismo, de las actuaciones surgía que quien estaba involucrado seriamente en la
actividad delictiva investigada era Ibrahim Al Ibrahim y, por ello, quien fuera
su mujer también había sido sometida al proceso. En su opinión, no existía
ninguna corroboración de los “dichos de
lavado”. Como el vínculo matrimonial no necesariamente derivaba
en una asociación ilícita, Amira Yoma no
era responsable por los hechos que hubiere cometido Ibrahim. Además, cabía
diferenciar una sociedad conyugal de una asociación ilícita, dado que tendían
a distintos fines intrínsecos, y la sociedad que ellos habían conformado era
de índole social y no delictiva.(40)
Por otro lado, el 17 de marzo de 1993 el ex presidente Raúl
Alfonsín hizo público su conocimiento sobre un presunto cobro de soborno por
parte de Karim Yoma en España, cuando se desempeñaba como secretario de
Asuntos Especiales de la Cancillería. En una carta titulada “Los rumores del
nido de víboras”, Alfonsín señalaba que, una vez más, frente a posibles
imputaciones al gobierno de presumibles actos de corrupción, se procuraba
extender el marco de la sospecha sobre funcionarios de la administración
anterior, y se pretendía llevar el escándalo sobre toda la cooperación
internacional. Sostenía que la Argentina, Italia, España y la comunidad
internacional tenían el derecho de saber lo sucedido, por lo cual exigía la
investigación a fondo de todos los actos que se habían realizado en la
preparación, en la firma y como consecuencia de los tratados firmados con
Italia y España durante su gestión.
Alfonsín también solicitaba que se investigaran los
actos posteriores al 8 de julio de 1989, y muy especialmente los realizados por
parte de la Secretaría de Asuntos Especiales del Ministerio de Relaciones
Exteriores y Culto. El pedido tenía su fundamento pues, en junio de 1990 en
Madrid, un grupo de empresarios y funcionarios españoles le habían informado
de un modo directo la circunstancia de que el embajador Karim Yoma, secretario
de Asuntos Especiales de la Cancillería argentina, habría estado en esos días
en España para “unificar” las diligencias, agregando que ese funcionario
había pedido una comisión para concretar los “trámites”. No existían
elementos suficientes como para hacer una denuncia penal, pero el tema era
bastante grave como para permanecer indiferente; por lo tanto el ex presidente
se había comprometido ante los españoles a realizar una gestión reservada
ante el gobierno argentino. A los pocos días de regresar al país, Alfonsín
había hecho llegar al canciller la información recibida en España, junto con
la preocupación de que esas circunstancias pudieran dañar el prestigio de la
gestión del Ministerio. La semana siguiente, el canciller Cavallo había
decidido poner fin a las funciones del embajador Yoma como secretario de Asuntos
Especiales.(41)
El mismo 17 de marzo de 1993 en que se publicó la carta
de Alfonsín, Karin Yoma envió una carta documento al ex presidente pidiendo
que rectificara o ratificara la denuncia formulada en su carta “para iniciarle
juicio”. Por su parte, el ex funcionario de la Cancillería radical, Raúl
Alconada Sempé, admitió que tanto él como Alfonsín no tenían “ningún
elemento de prueba como para efectuar una presentación judicial” por los
hechos sobre una presunta comisión solicitada por Karim Yoma en España. En
declaraciones efectuadas a La Nación,
Alconada Sempé manifestó que la denuncia realizada por Alfonsín obedecía a
que dado que el gobierno parecía dispuesto a llevar a cabo una profunda
investigación sobre la vinculación argentina con los escándalos en Italia, se
le quería dar elementos para apuntara en una dirección.
Por su parte, el ahora ministro de Economía Cavallo
sostuvo que Karim Yoma había renunciado “porque teníamos diferentes puntos
de vista sobre algunos aspectos de la política exterior...pero no medió de mi
parte ninguna sospecha de deshonestidad del entonces embajador Yoma”.(42)
A su vez, el presidente Menem afirmó que había dado instrucciones a todos sus
ministros para que investigaran los contratos firmados desde 1989 en adelante,
con España y otros países, agregando que se iba a ser “totalmente
inflexibles” con aquéllos que no hubieran obrado correctamente”.(43)
El 9 de abril de 1993 el embajador de España en la
Argentina, Rafael Pastor Ridruejo, reveló que había habido donaciones españolas
que habían sido mal empleadas y donde además había habido “lucro
personal”, mencionando el caso de un funcionario argentino (al que no
identificó) que, por intervenir en un hecho doloso respecto de una donación
del gobierno español, había recibido 100.000 dólares e hizo una diferencia de
cambio en épocas de hiperinflación. El presidente Menem se sintió molesto
“porque Pastor hizo una denuncia sin aclarar nada”.(44)
El tema del narcotráfico volvió a surgir durante la visita de Menem a España. El 1º de marzo de 1994, durante la conferencia de prensa que brindaron conjuntamente Menem y González, se mencionaron las complicaciones de ambos gobiernos con el narcotraficante sirio Monzer Al Kassar. A Menem se le preguntó sobre un poder, firmado en 1990 por el ex ministro de Defensa argentino Humberto Romero, para que Al Kassar utilizara sus buenos oficios a fin de vender tres submarinos argentinos a Polonia. Menem respondió que no tenía conocimiento de que Romero hubiera dado ese poder. González, por su parte, negó también tener conocimiento sobre una gestión de los servicios de inteligencia de su gobierno ante el ex ministro del Interior, José Luis Manzano, para que se le concediera el pasaporte argentino a Al Kassar de manera expeditiva. En las últimas semanas, la prensa española había publicado investigaciones sobre las conexiones de Al Kassar con los servicios de inteligencia locales. El poder concedido por el ex ministro Romero a Al Kassar constaba, sin embargo, en el expediente argentino que le había abierto la justicia española a Al Kassar. Concluida la rueda de prensa, Menem comentó que de haber existido ese poder por parte de Romero, ya no podía “sancionar” al ex ministro. Y dijo que lo concreto era que Al Kassar no había realizado ninguna gestión, que tales submarinos no se habían vendido y que las relaciones con España no se habían visto afectadas por eso.(45)
Otra cuestión que no queda clara fueron los
motivos que tuvo el gobierno argentino para designar embajador en España al
empresario Carlos Pedro Amar en reemplazo de Guillermo Jacobella. El embajador
Jacobella era considerado, tanto por el anterior gobierno de González como por
el de Aznar, como un diplomático de carrera de gran eficacia y excelentes vínculos
personales con políticos y empresarios españoles. Al trascender el
nombramiento de Amar, en varias oportunidades funcionarios españoles habían
sugerido a diplomáticos argentinos la conveniencia de mantener a Jacobella. El
poco entusiasmo que suscitaba la designación de Amar se debía a que se lo
relacionaba con “algunos negocios confusos” en los que habría estado
involucrado durante su trayectoria profesional en España. El hecho provocó
incluso que en octubre de 1996 se postergara la visita privada que planeaba
realizar a la Argentina el presidente Aznar. No obstante, el gobierno argentino
insistió en el nombramiento.(46)
La relación entre la Argentina e Italia había quedado
encuadrada en el Tratado para la Creación de una Relación Asociativa
Particular, firmado el 10 de diciembre de 1987 entre el presidente argentino Raúl
Alfonsín y el primer ministro italiano Giovanni Goria. Se había convenido allí
el establecimiento de relaciones económicas, políticas y sociales de cooperación
para el desarrollo, basadas en un mecanismo de asociación, siendo la democracia
condición para la profundización de las relaciones bilaterales. El Programa de
Apoyo al Desarrollo Económico Argentino debía cumplimentarse entre 1988 y 1992
y las inversiones serían por 5.000 millones de dólares. El Tratado concedía
importantes ventajas a Italia, como la adjudicación directa de obras públicas,
la concesión a un consorcio de empresas argentinas e italianas de un plazo
exclusivo para presentar una oferta para la digitalización de un sector de las
telecomunicaciones, y la construcción de una planta de separación de etano. La
oposición de algunos legisladores a dichas concesiones demoró la ratificación
del Tratado, que finalmente se produjo en octubre de 1988.(47)
No obstante, el progreso del Tratado se vio afectado
por dilaciones, sobre todo en cuanto a la participación italiana en obras públicas
argentinas, debido a pujas para acceder a los créditos, la presión de las
empresas contratistas del Estado, y los presupuestos altos presentados por los
italianos inicialmente. Ambos gobiernos debieron redefinir los proyectos para
superar los obstáculos.(48)
En su gira por Europa, el canciller Cavallo estuvo el
8 y 9 de febrero de 1990 en Roma, donde mantuvo reuniones con su colega italiano
Gianni De Michelis y con el encargado de la ONU para la deuda externa, Bettino
Craxi. Cavallo trató con De Michelis el tema de la deuda externa y el viaje del
primer ministro Giulio Andreotti a la Argentina a realizarse en marzo. Cavallo
declaró que en ocasión de la visita de Andreotti se anunciaría la puesta en
marcha de los primeros cinco proyectos del Tratado de Asociación Particular
Italo-Argentino que se destinarían a la red telefónica, la extensión de una línea
de subterráneos, la usina Costanera, la computarización de los tribunales
laborales y la represa de Yacyretá, y supondrían una inversión de 300
millones de dólares.(49)
En Buenos Aires Andreotti respaldó el plan económico
del gobierno argentino. Durante su entrevista con el presidente Menem, se
firmaron tres protocolos de cooperación complementarios a los suscriptos en
1987, y dos instrumentos de ratificación. En la conferencia de prensa conjunta,
Andreotti afirmó que las acciones desarrolladas por el presidente Menem en
materia económica eran “justas y necesarias” y que Europa no olvidaba a las
naciones de América Latina. “Hay iniciativas de progreso y voluntad de
corregir los efectos del pasado”, por lo que, dijo Andreotti, no era “el año
cero” para la Argentina.(50)
Poco después, en mayo, llegó a la Argentina el
canciller italiano De Michelis, en el contexto de una gira latinoamericana. De
Michelis mantuvo contactos con Cavallo, y con el ministro de Obras y Servicios Públicos,
José Roberto Dromi. Producto de dichos encuentros fue la firma de un acuerdo
por el cual el gobierno italiano otorgaba a la Argentina un crédito de 100
millones de dólares para construir un centro único de control de gasoductos.
La obra, a concluirse para 1992, estaría a cargo del Ente Nazionale de
Idrocarburi (ENI). Asimismo, Cavallo y De Michelis firmaron el 22 de mayo de
1990 un Acuerdo sobre Promoción y Protección de Inversiones y otro sobre
Cooperación en materia de Medio Ambiente. Cavallo anunció además que se había
resuelto contratar en forma directa a empresas de capital italiano la realización
del sistema telefónico Digi II, destinado a mejorar el tráfico de conmutación
entre centrales telefónicas de la Capital y el conurbano bonaerense.(51)
Al leer las supuestas declaraciones de la
interventora en ENTEL María Julia Alsogaray en el diario Ambito Financiero, contrarias a otorgar el proyecto Digi II a las
empresas italianas, el canciller De Michelis mencionó la posibilidad de revisar
los acuerdos con la Argentina, por incumplimiento de lo pactado. La información
fue admitida días después por el canciller Cavallo. En su artículo en el
diario La Nación, el periodista
Mariano Grondona señaló que el canciller De Michelis y la vicecanciller Susana
Agnelli habían demandado que ENTEL, pese a su inminente adjudicación a una
empresa privada, comprara a una firma italiana el sistema de comunicación Digi
II contra un crédito blando que
Italia concedía por 135 millones de dólares. El ministro De Michelis había
sostenido claramente que, de no accederse al pedido, el estrecho acercamiento
existente entre la Argentina e Italia desde el gobierno de Alfonsín, quedaría
afectado. A su vez, Agnelli también había censurado abiertamente a la
interventora Alsogaray. La oposición de la última a la compra del sistema
italiano se basaba en el temor de que los grandes operadores telefónicos
internacionales, que competirían por la compra de ENTEL, perdieran interés
ante una decisión que los ataba a la tecnología italiana. A diferencia de
Alsogaray, al canciller Cavallo le interesaba salvar la relación especial con
Italia.(52)
Una semana más tarde, el ministro Dromi transmitió
al embajador de Italia en Buenos Aires, Ludovico Incisa di Camerana, una
respuesta emitida conjuntamente con la interventora Alsogaray y el subsecretario
de Comunicaciones, Raúl Otero, explicando a las autoridades italianas que la
privatización de ENTEL resumía un mandato legislativo que no podía verse
contrapuesto por “ninguna intromisión contractual” que fuera en oposición
a ese objetivo esencial. La respuesta técnica se fundamentaba en el pedido
formulado por las siete empresas precalificadas para la privatización de ENTEL,
las cuales habían solicitado que en el área múltiple de Buenos Aires (que era
donde debía instalarse la red de digitalización propuesta) no se introdujera
ninguna novedad, a fin de no complicar más la situación de ese sector del
sistema telefónico. Dromi advirtió que la Argentina aceptaba “cálidamente
el generoso crédito otorgado por Italia”, pero aclaró que por el momento se
le decía que no, por cuanto la política era el arte de lo posible y los
italianos tenían que comprender que a 25 días de la adjudicación de ENTEL era
incompatible su aceptación. Por su parte, Alsogaray, más categórica que
Dromi, sostuvo que el Digi II ya no existía y que debía hablarse más
propiamente de un plan de obras alternativo. A su vez, el titular de la Cámara
Argentina de Industrias Electrónicas (CADIE), Osvaldo Targón, dijo que el
sector acompañaba la posición de la intervención en ENTEL sobre el problema
suscitado con la aceptación del Digi II. Targón aclaró que no podía
utilizarse todo el crédito italiano en la adquisición de equipos que ya se
producían en la Argentina, ya que en ese caso el convenio con Italia no haría
más que beneficiar a la industria de ese país en lugar de favorecer el
desarrollo de la Argentina.(53)
El malestar provocado en el gobierno italiano por la
cuestión se vio agravado posteriormente por la repercusión de las
declaraciones del ministro Dromi, quien había censurado ante una comisión
parlamentaria la actitud italiana de no haberse presentado a la licitación de
la empresa Aerolíneas Argentinas luego de haber pedido prórroga de la misma.
En particular, había causado disgusto la definición del ministro en el sentido
de que Italia tenía “una actitud extorsiva”. A fin de atenuar el
resentimiento, Cavallo afirmó en Roma que el gobierno de Menem consideraba a
Italia como “un país sumamente importante para el destino de la Argentina”.(54)
A pesar de los problemas, en octubre de 1990 el
canciller Cavallo y el embajador italiano Incisa di Camerana canjearon notas
reversales por las cuales se agilizaba y simplificaba el procedimiento para
acceder a los créditos italianos destinados a apoyar proyectos de la pequeña y
mediana empresa, incluidos en el Tratado de 1887. Dicho procedimiento no debía
insumir más de 70 días de trámites, desde la obtención del correspondiente
aval bancario. Los créditos eran del tipo de los denominados blandos, de 50 millones de dólares, otorgados por el gobierno de
Italia.(55)
Finalmente, los ministros Di Tella y Cavallo hicieron en
abril de 1991 una propuesta al primer ministro Andreotti de hacer una “nueva
interpretación” de la instrumentación de los créditos previstos en el
Tratado de 1987. Los ministros ofrecieron orientar los futuros créditos
peninsulares en ese acuerdo, previstos en su mayoría para obras públicas,
hacia la privatización de empresas estatales argentinas. Andreotti aceptó
tratar la propuesta en la futura reunión de la Comisión encargada de
monitorear el acuerdo. El gobierno argentino creía que esa eventual inyección
de capitales podría mejorar los precios y las condiciones de compra de las
empresas públicas que pasarían a manos privadas. Era también la forma de
salvar el Tratado, luego de los problemas surgidos a raíz de la cuestión del
Digi II. Di Tella y Cavallo lograron además un compromiso de desembolso de un
crédito por 44 millones de dólares para el saneamiento del río Matanza.(56)
El presidente Menem realizó una visita a Italia en
los primeros días de octubre de 1992. Los elogios recibidos por Menem eran un
signo de que las relaciones bilaterales habían mejorado. En la oportunidad el
presidente italiano, Luigi Scalfaro, destacó “los grandes éxitos internos e
internacionales de la Argentina” y resaltó su presencia en el Golfo Pérsico,
en Yugoslavia y “en las grandes iniciativas en Latinoamérica”. De estas últimas
rescató Scalfaro lo que, dijo, era un “no a la guerra”: la declaración de
Mendoza sobre armas químicas en el continente”. Scalfaro agregó que se
admiraban también los grandes pasos dados por la Argentina en el campo de la
economía, para la estabilidad del peso, y en abrir las puertas a lo que Menem
había denominado capitalismo humanizado, es decir, una economía popular de
mercado al servicio de la persona humana. Menem se entrevistó también con el
primer ministro Giuliano Amato, con quien firmó una Declaración Política
Conjunta que remarcaba las coincidencias sobre el funcionamiento del sistema
internacional.(57)
El 6 de octubre de 1992 se firmaron los siguientes
siete acuerdos: 1) El Acta Argentino-Italiana, consistente en una adecuación de
los instrumentos de cooperación económica bilateral a los cambios cualitativos
registrados en la Argentina; 2) Declaración de Intenciones, que instituía un
mecanismo de consulta para el examen conjunto de la situación política
internacional y de las cuestiones políticas de interés recíproco; 3) Acuerdo
de Cooperación en materia Antártica, que establecía un mecanismo de consultas
sobre temas comunes en el contexto del Sistema del Tratado Antártico; 4)
Declaración Política sobre Cooperación Antártica, con el fin de potenciar el
nivel de cooperación bilateral entre las áreas científicas y tecnológicas;
5) Acuerdo sobre la Cooperación contra el Terrorismo, el Tráfico Ilícito
Internacional de Estupefacientes y la Criminalidad Organizada, que procuraba la
asistencia recíproca e intercambio de información; 6) Acuerdo de Cooperación
en el campo de la Investigación y el uso del Espacio Ultraterrestre, con el
objetivo de impulsar la exploración y utilización del espacio con fines pacíficos;
y 7) Convenio de Cooperación en materia de Defensa, firmado por el ministro de
Defensa, Antonio Erman González y su colega italiano, Salvo Andó, que disponía
la cooperación de las fuerzas armadas y el compromiso de evitar la proliferación
de armas de destrucción masiva. González declaró al respecto que este tipo de
convenios significaba un importante avance en las posibilidades de
adiestramiento para ingresar en el primer mundo, para acceder a las tecnologías
que en definitiva iban a significar la modernización de las fuerzas armadas
argentinas.
Asimismo, el anuncio de que la Argentina obtenía la
reducción de un 20% en las primas de seguros (tasa de riesgo) constituía otra
evidencia de que el país quedaba casi en el mismo nivel de confianza que ofrecía
cualquier Estado moderno.
A esto había contribuido también la disposición
argentina a solucionar el problema de su deuda con Italia. Siempre en el marco
de las actas firmadas con el Club de París (diciembre de 1989 y septiembre de
1991), se firmaron acuerdos de consolidación de deuda en Roma el 21 de febrero
de 1992, el 30 de marzo de 1993 y el 11 de noviembre de 1993. En octubre de 1993
también comenzó a regir el acuerdo sobre protección de inversiones.
Con todo debe señalarse que el gobierno de Menem era
percibido en Italia bajo una doble faz. Por un lado aparecía como modelo de política
para sacar a un país de la crisis y por otro se advertían los costos sociales
del mismo. Esto pudo observarse durante una visita privada realizada a Buenos
Aires por el ex ministro Giulio Andreotti, quien viniera como miembro de Cáritas
para asistir a la comida anual de la entidad en noviembre de 1992. Andreotti
sostuvo que el gobierno argentino aplicaba una política económico-social que
respondía a los postulados de la Iglesia Católica. Señaló también que los
políticos de su país estaban muy interesados en la reforma del estado que se
realizaba en la Argentina para extraer conclusiones que pudieran servir para
Italia, que atravesaba una crisis como consecuencia de la implementación de un
plan de ajuste. Sin embargo, Andreotti manifestó también su preocupación por
los trabajadores que quedaban desocupados por la privatización de las empresas
públicas, y propuso la creación de un gran movimiento de solidaridad y
justicia social internacional para luchar contra la pobreza. Las opiniones de
Andreotti fueron transmitidas a la prensa luego de una entrevista que el político
italiano mantuvo con Menem en la casa de Gobierno. De la entrevista,
participaron el obispo de Avellaneda y titular de Cáritas Argentina, Rubén Di
Monti; el secretario de la Función Pública Gustavo Beliz, y el ministro de
Defensa Antonio Erman González, en su calidad de ex afiliado de la Democracia
Cristiana. Cabe recordar que la conducción partidaria de la Democracia
Cristiana en la Argentina había expulsado a Erman González de sus filas por
considerar que el gobierno no aplicaba una política inspirada en la doctrina
social de la Iglesia.(58)
Andreotti participó también de un almuezo en la Cámara
de Diputados. Allí sostuvo que no tenía sentido que la Argentina quisiera
ingresar “desenganchada” de sus vecinos latinoamericanos a la OTAN. Según
el ex ministro, tras la disolución de la Unión Soviética, se debía propiciar
la creación de un brazo armado de las ONU para reemplazar todos los mecanismos
regionales de defensa, entre ellos la OTAN. El pensamiento en materia militar de
Andreotti coincidía con el expuesto por el ministro de Defensa de Francia,
Jacques Mellick, quien la semana anterior había dicho en Buenos Aires que la
OTAN tendía a desaparecer y debía ser reemplazada por otra estructura de
defensa.(59)
El tema del Mercosur y el funcionamiento
de la Argentina como probable puerta de entrada de Italia al mercado regional
fue el tema central tratado durante el encuentro que mantuvieron en Roma el jefe
de Gabinete argentino Jorge Rodríguez y el primer ministro italiano Romano
Prodi el 10 de abril de 1997. Se acordó allí fortalecer la relación tanto política
como comercial, especialmente la radicación de capitales italianos en la
Argentina para estimular a las Pymes. El primer ministro mostró particular
interés por la reforma del estado argentino y elogió la evolución económica
del país. En cuanto al desarrollo de proyectos en conjunto, Prodi expresó que
designaría a investigadores italianos para que colaboraran con el Polo tecnológico
Constituyentes (integrado por varios organismos), a fin de aportar tecnología
que contribuyera a la transformación de las Pymes argentinas. En este punto, la
industria textil y de indumentaria recibiría un especial apoyo de su similar
italiana. Como etapa final del viaje, el jefe de Gabinete disertó sobre la visión
argentina del libre comercio y su proyección hacia el NAFTA, explicando también
el funcionamiento del Mercosur y los futuros planes para la radicación de
inversiones extranjeras en la región.(60)
El presidente Menem realizó otra visita
a Italia entre el 1º y el 3 de diciembre de 1997. En una comida ofrecida por la
Cámara de la Industria Italiana, Menem resaltó su política económica, invitó
a los italianos a invertir en la Argentina y anunció la privatización de más
de treinta aeropuertos (en los que algunas empresas italianas tenían especial
interés). Dijo que la Argentina estaba cada vez más cerca de firmar el tratado
de Maastricht y explicó que para ese año se preveía un crecimiento del
producto bruto interno del orden del 8%. Menem señaló que era una lástima que
los italianos no estuvieran entre los primeros países inversores en el
Mercosur, situación que debía ser corregida. El Presidente hizo explícito su
objetivo de atraer capitales hacia los países del Mercosur. Como ejemplo de
confianza, recordó que en 1997 la industria argentina había crecido un 15%, y
sostuvo que el país estaba tan firme económicamente que la crisis del sudeste
asiático no lo había afectado. Expresó que la confianza de la gente le había
hecho ganar la reelección en 1995, aunque nada apuntó acerca de las últimas
elecciones legislativas que no lo habían favorecido. La gran transformación se
había realizado sobre la base de los esfuerzos y desafiando huelgas y paros que
habían intentado volver al pasado.(61)
En el encuentro con el presidente
italiano Scalfaro, Menem insistió en el interés argentino en incrementar el
intercambio comercial. Se discutieron los tratados que se firmarían el 3 de
diciembre en la ciudad de Bologna y la importancia de las relaciones comerciales
bilaterales, dado que Italia era el primer socio europeo en esa materia y el
quinto como destinatario de las exportaciones argentinas.(62)
El 3 de diciembre Menem se reunió en
Bologna con el primer ministro Prodi. Al cabo de la entrevista se firmó una
Declaración Conjunta. El presidente argentino había anunciado que la declaración
conjunta incluiría una mención al conflicto por las islas Malvinas. Esto no
sucedió así, pero Prodi emitió un comunicado a través de la Cancillería en
el que expresaba su esperanza de que el conflicto se solucionara. Según la
delegación argentina, el tema no figuró en la declaración conjunta porque
Italia no aceptaba mencionar a terceros países en comunicados bilaterales. Otra
explicación era la evidente cercanía política y económica que tenía ese país
con el Reino Unido, en la Comunidad Europea y en la OTAN.(63)
Ese día también se firmaron varios
tratados: un Protocolo
modificatorio del Convenio para Evitar la Doble Imposición de 1979 y un Acuerdo
de Cooperación Científica y Tecnológica, los cuales entrarían en vigencia
recién en marzo y abril de 2001. También se prorrogó por cinco años la
vigencia la vigencia del Acuerdo sobre Espacio Ultraterrestre.
Por otra parte, en el comunicado
repartido a la prensa ambos mandatarios ratificaban el la decisión de
actualizar el Tratado de 1987 para adaptarlo a los cambios producidos en el
contexto bilateral e internacional. Menem había obtenido el compromiso de Prodi
de favorecer la integración de la Argentina en los organismos que se ocupaban
de desarrollos e inversiones como la OCDE. En el ámbito de los organismos
multilaterales, la Argentina e Italia reiteraban la exigencia prioritaria de una
estrecha cooperación, principalmente en la ONU, con el objetivo de trabajar,
entre otras cosas, en aras de una reforma del Consejo de Seguridad inspirada en
criterios democráticos y de representatividad de todos los miembros de la
Organización. Las operaciones de mantenimiento de la paz y las iniciativas de
asistencia humanitaria, entre las que se destacaba la experiencia positiva
realizada con la creación de los Cascos Blancos, continuanba siendo uno de los
principales sectores para la cooperación. En este marco se situaba, asimismo,
la voluntad argentina de desarrollar ulteriormente el diálogo con la OTAN.
También se mencionó el esfuerzo conjunto que se haría respecto de la represión
de los delitos vinculados con el tráfico de drogas y el lavado de dinero.
Tanto Menem como Prodi
anunciaron que el jefe del gobierno italiano visitaría la Argentina a fines de
marzo o principios de abril de 1998. Para entonces, ambas Cancillerías debían
haber concluido los detalles de la actualización del tratado, sobre todo para
crear líneas de crédito e inversiones directas en el campo de las pequeñas y
medianas empresas.(64)
La Nación sostuvo que los diarios italianos habían ignorado la
presencia de Menem en su país, con la excepción del Il Messagero, que hacía referencia a su visita y no de la mejor
manera. El diario sostenía que la visita de Menem al Papa en octubre no lo había
ayudado a ganar las elecciones, y que era incierta la suerte que tendría ahora
con los hombres de negocios. Entre los problemas de la Argentina mencionaba el
declive del peronismo, los trabajadores no pagados y la corrupción.(65)
En febrero de 1998, el canciller italiano, Lamberto
Dini, estuvo en BuEnos Aires. Felicitó al presidente Menem por su decisión de
enviar apoyo logístico al Golfo Pérsico, señalando que se trataba de una
buena decisión que era apreciada por la comunidad internacional debido a que
Saddam Hussein representaba una amenaza para el mundo. El canciller italiano
también destacó que su gobierno pretendía reactivar el acuerdo preferencial
que Italia y la Argentina habían firmado bajo la gestión alfonsinista en 1987,
aunque señaló que debía ser reformulado porque ambos países habían cambiado
mucho desde entonces.(66)
El 6 de abril de 1998 el primer ministro Prodi y el
presidente Menem firmaron en Buenos Aires el Tratado General de Amistad y
Cooperación Privilegiada, que promovía una sociedad entre entidades
financieras y bancarias de ambos países, y establecía además las garantías
mutuas sobre inversiones privadas y el libre giro de divisas y ganancias de las
empresas. Asimismo, el tratado proponía un plan trianual económico de acción
conjunta que las Cancillerías de ambos países debían definir en un plazo de
90 días. Respecto de dicho plan, el ministro de Comercio Exterior de Italia,
Augusto Fantozzi, sostuvo que los italianos no pensaban sólo en exportar, también
pensaban en alianzas y joint ventures.
También se firmó un Convenio de Cooperación Cultural. Este comenzó a regir
en marzo de 2001 y el anterior en abril del mismo año.(67)
Para la Argentina, el objetivo prioritario del acuerdo
firmado era nivelar la balanza comercial que era deficitaria en 1.000 millones
de dólares anuales, aunque compensado con el rol de fuerte inversor de Italia
en la Argentina. El intercambio comercial con Italia se aproximó en 1997 a los
2.500 millones de dólares, cifra que se traducía en un crecimiento de más del
300% por ciento en la última década. Varios de los 200 empresarios que acompañaban
a Prodi se interesaron por ahondar las inversiones italianas en el rubro de la
construcción, sobre todo en el tendido del puente Buenos Aires-Colonia. Otros
inversores italianos, como Alenia, querían participar en el proceso de
radarización nacional.(68)
Al presentar sus cartas credenciales el 30 de julio
de 1998, el nuevo embajador de Italia en Buenos Aires, Giovanni Jannuzzi, se
apartó del protocolo para tocar el tema de la denuncia formulada por la empresa
del Estado italiano Alenia en contra de funcionarios del gobierno argentino. La
empresa había iniciado acciones penales en contra de funcionarios del
Ministerio de Defensa argentino por presuntas irregularidades en la licitación
del Plan de Radarización. Menem confirmó a Jannuzzi que había recibido un
llamado del primer ministro Prodi preocupado por la denuncia de la empresa.
También aseguró que la licitación, un negocio de más de 185 millones de
pesos, se haría en forma transparente. Jannuzzi aclaró a la prensa que el
llamado del presidente Prodi no había sido para pedir la victoria para Alenia,
sino que únicamente se buscaba la transparencia de la licitación.(69)
A mediados de noviembre de
1998 el presidente Menem realizó otra visita a Italia, entrevistándose con el
primer ministro Massimo D´Alema. El último evitó rodeos y pidió directamente
a Menem que garantizara la transparencia en el cuestionado proceso de licitación
de radares para los aeropuertos. Según declaraciones del vicecanciller
Cisneros, no había habido presión de parte de D’Alema, y Menem había
garantizado una competencia franca e igualitaria. También habían surgido los
temas de los subsidios europeos a la agricultura y la crisis en el Irak. Menem
defendió la posición de Chile en el caso Pinochet.(70)
En el mismo mes el ministro de Industria
italiano, Perri Luiggi Bersani, arribó a la Argentina en visita oficial, acompañado
por funcionarios de su cartera y empresarios italianos. Italia buscaba
acrecentar los lazos comerciales con la Argentina, en vista de que el
intercambio comercial superaba los 2.500 millones de dólares. Italia era el país
de la Unión Europea que importaba mayor cantidad de productos argentinos.(71)
A fines de marzo de 1999, Menem nuevamente pisaba tierra
italiana. Menem firmó con el primer ministro D’Alema una serie de documentos
que profundizaban la cooperación
bilateral y significaban una virtual ampliación del Tratado de 1998. Los
documentos suscriptos en ocasión del encuentro Menem-D’Alema fueron los
siguientes: 1) Protocolo sobre Consultas Políticas, lo que significaba
contactos más frecuentes entre los dos gobiernos; 2) Protocolo Económico, que
impulsaba el intercambio comercial y las inversiones, y abría la posibilidad de
créditos para las Pymes argentinas; 3) Declaración Conjunta sobre Cooperación
en materia de Salud, firmada por el ministro Alberto Mazza y su par italiana,
Rosy Bindi; 4) Memorándum de entendimiento para el establecimiento de un Foro
de Diálogo permanente argentino-italiano, como ámbito de reflexión e impulso
a la cooperación bilateral, complementario del existente en el plano oficial y
en el privado; y 5) Declaración de Intención de Cooperación Espacial entre la
Comisión Nacional de Energía Atómica y la Agencia Espacial Italiana.(72)
Con todo, el monto total
anual del comercio argentino-italiano era algo mayor que con cualquier otro país
de Europa Occidental, siendo su evolución a lo largo de la década de 1990
semejante al resto. En 1990 las exportaciones a Italia sumaban 523 millones de dólares
y las importaciones 201 millones, lo cual daba un balance favorable a la
Argentina de 322 millones. Al igual que con los demás países de Europa
Occidental, a partir de 1992 la balanza comercial se tornó desfavorable para la
Argentina. El pico se produjo en 1997 con exportaciones por valor de 730
millones e importaciones por valor de 1.747 millones, lo cual hizo ascender el déficit
argentino a 1.012 millones. En 1999, el mismo había logrado reducirse a 666
millones, siendo las exportaciones de 689 millones y las importaciones de 1.355
millones. Los rubros más importantes exportados por la Argentina eran alimentos
para animales, pieles y cueros; luego seguían pescados, lanas, frutos
comestibles, carnes, y oleaginosas. Las importaciones, en cambio, eran productos
de gran valor agregado, como calderas, máquinas y artefactos mecánicos; automóviles
y tractores, y aparatos eléctricos.(73)
Las empresas más importantes de capitales italianos
en la Argentina eran el Grupo Fiat, Fiat Auto Argentina, y la petrolera Camuzzi
Argentina, de las que aquéllos poseían el 100%. También dichos capitales tenían
una participación junto con France Telecom
del 45% en Telecom Argentina.
A mediados de 1996 se produjeron una serie de
anuncios de nuevas inversiones italianas en la Argentina. Así, en agosto se
supo que la multinacional italiana Ferrero invertiría 50 millones en una fábrica
de golosinas.(74)
En septiembre, el Ente Nazionale di Idrocarburi (ENI) confirmó su regreso a la
Argentina para desarrollar una serie de inversiones en el sector petrolero, en
la actividad gasífera y en la producción de fertilizantes. La decisión de
volver a invertir en el país fue tomada por las posibilididades de negocios que
se presentaban y por la posición estratégica que tenía la Argentina en el
Mercosur.(75) En noviembre, la familia
Benetton se aprestaba a incrementar sus inversiones agropecuarias en la
Argentina, que superaban los 80 millones de pesos, con la instalación de un
frigorífico en Río Gallegos que procesaría carne ovina. Se estudiaba, además,
la posibilidad de instalar un lavadero de lanas en Trelew (Chubut), donde se
contrataban esos servicios para el 75% de su producción patagónica (1.200.000
kilos anuales) que exportaba a Italia para su industrialización. La producción
lanera argentina del grupo se había duplicado en los últimos 4 años, pero sólo
aportaba el 10% de la lana que Benetton utilizaba para su indumentaria, ya que
el grueso –70%- provenía de Australia; 15% de Nueva Zelanda y el resto de
otros países.(76)
Al inaugurar en diciembre de
1996 su nueva planta en Córdoba, la Fiat anunció que facturaría 2.200
millones de dólares en 1997 en la Argentina, con una producción estimada en
120 mil unidades en el establecimiento de Ferreyra, en el conurbano de la
capital provincial. La planta, que había demandado una inversión de 600
millones de dólares, ocuparía a 5.000 personas en forma directa y a 12.000 si
se contaban las empresas proveedoras.(77)
Con motivo de la visita de Menem a Italia
en diciembre de 1997, el diario La Nación
publicó algunos datos sobre las inversiones italianas en la Argentina. Las
empresas italianas habían invertido 523 millones de dólares en 1994, 700
millones en 1995 y aproximadamente 1.121 millones en 1996. En 1997 las
telecomunicaciones habían sido el sector predilecto de las inversiones
italianas, las cuales ascendían a 244 millones de dólares. Un informe de la
Fundación Invertir, citado por el diario, revelaba que durante 1997 la inversión
italiana anunciada en la Argentina había ascendido a 392 millones de dólares,
mientras que la inversión acumulada durante el período 1994-1997 había
trepado a los 2.737 millones de dólares. De esa cifra, el sector de las
telecomunicaciones había recibido 46,8%, mientras el automotor y las
autopartistas se llevaron 33,6% y la construcción y el material de construcción,
10,1%. En cuanto a las inversiones planificadas por los capitales italianos para
el período 1998-2000, el estudio de la Fundación Invertir pronosticaba que las
mismas ascenderían a los 1.201 millones de dólares. El sector de construcción
y material de construcción encabezaba la lista de inversiones proyectadas con
852 millones de dólares, seguido por las automotores y los autopartistas con
237 millones de dólares y las telecomunicaciones con 100 millones.(78)
La evaluación de la Cancillería argentina respecto de las relaciones con Italia señalaba que, al igual que con España, eran excelentes. Los cónsules tenían la misma facultad ya citada para el caso español, y asimismo los nacionales italianos podían votar en las elecciones municipales argentinas y viceversa. La excelencia de las relaciones bilaterales no significaba que no hubiera desacuerdos. Se señalaba además que Italia era el único país con el que se había firmado un Tratado General de Amistad y Cooperación Privilegiadas (abril de 1998), por el cual se había instituido un sistema de consultas políticas a muy alto nivel, presididas por los presidentes o los cancilleres en su representación. También se había establecido un programa de cooperación económica que estaba en vías de lanzamiento. Se mencionaba también como otro aspecto fundamental el nivel de inversiones italianas en la Argentina, que desde 1994 a 1997 registraban un total de 2.737 millones de dólares en distintos sectores, desde la inversión industrial con alto contenido estratégico de acceso a mercados regionales hasta la simple inversión individual.(79)
A pesar de los esfuerzos
realizados, el gobierno de Alfonsín sólo pudo lograr del gobierno francés un
claro apoyo político a la democracia; en cambio, las inversiones francesas en
la Argentina fueron desalentadas, en virtud de la incertidumbre producida por la
falta de estabilidad económica.(80)
Luego de su entrevista con su colega francés Roland
Dumas en febrero de 1990, el canciller Cavallo sostuvo que había explicado las
líneas del gobierno del presidente Menem en materia de política exterior, así
como los proyectos de transformación económica de la Argentina, que estaba
tratando de integrarse al mundo. Cavallo reconoció que las negociaciones con el
Reino Unido para la reanudación de relaciones diplomáticas habían permitido
tramitar paralelamente el acuerdo de cooperación comercial y económica con la
CEE. También explicó que la política argentina apuntaba a recibir inversiones
de todo el mundo y que el gobierno argentino estaba impulsando una reorganización
económica interna como la de las naciones europeas después de la guerra
mundial. Cavallo afirmó asimismo que a partir de 1990 la Argentina cumpliría
los compromisos de su deuda pública externa asumidos con el Fondo Monetario
Internacional y con el Club de París.(81)
Las negociaciones con el último habían finalizado a fines de 1989, y el
gobierno argentino debía suscribir acuerdos bilaterales con cada uno de sus
integrantes. Con Francia esto se vio concretado paulatinamente, por medio de
acuerdos de consolidación de deuda que el gobierno argentino firmó en
septiembre de 1990, en mayo de 1992 y en abril de 1993.
Las deliberaciones de la Tercera Reunión de la
Comisión General Franco-Argentina se realizaron en Buenos Aires a fines de
noviembre de 1990, asistiendo a las mismas la ministra delegada de Asuntos
Exteriores de Francia, Edwige Avice. En su discurso de inauguración, el
canciller Cavallo alentó al sector público francés a continuar participando
del proceso de transformación de la economía argentina. La cooperación para
mejorar aspectos de la gestión pública fue también uno de los temas tratados.
Los acuerdos más importantes alcanzados en la ocasión apuntaron a restablecer
condiciones de crédito más normales para la Argentina e incrementar los
intercambios culturales y económicos entre los dos países. También se
rubricaron acuerdos de inversión privada en materias tan diversas como la red
de comunicaciones por microondas en el norte de la Argentina (con la empresa
Alcatel); equipos para la futura central energética de Piedra del Aguila;
producción de gas natural en yacimientos off
shore en Tierra del Fuego (Total);
turbinas para Yacyretá (Altshom); tratamiento de usinas térmicas, y extensión
de redes de subterráneos.(82)
Lo logrado en Buenos Aires
fue complementado con la firma en París, en julio de 1991, de un Acuerdo para
la promoción y la protección recíproca de las Inversiones (éste comenzaría
a regir en marzo de 1993) y una Convención de Cooperación Judicial.
Sin embargo, pronto comenzaron a surgir problemas
derivados de la modalidad elegida por el gobierno de Menem de la contratación
directa de obras o servicios. A mediados de junio de 1991 el ministro del
Interior argentino, Julio Mera Figueroa, se refirió a los cuestionamientos al
contrato para la provisión de nuevos documentos de identidad, señalando que
eran “indebidos” y hacían quedar mal al país con el gobierno de Francia.
La adjudicación a la empresa mixta Sociedad de Exportación del Ministerio del
Interior de Francia (Sofremi), para instrumentar un sistema computadorizado para
la identificación de personas se había hecho en forma directa sobre la base de
un convenio entre gobiernos. El titular de la Federación Argentina de Informática,
Jorge Casino, señaló que esa adjudicación había sido “un error o una
imprudencia, cometidos por la tozudez” de Mera Figueroa. El
acuerdo preveía que Sofremi entregara 3.300.000 documentos por año, a 4,46 dólares
por unidad. Casino sostuvo que una empresa local podía hacer el mismo trabajo
por 3 dólares.(83)
El 14 de junio el encargado de negocios de la Embajada de Francia, Jean Blarel, expresó al ministro Mera Figueroa la preocupación de su gobierno ante los cuestionamientos realizados al contrato suscripto con la empresa Sofremi. Mera Figueroa aseguró a Blarel que el contrato se cumpliría estrictamente.(84)
A pesar de ello, el juez Oscar Garzón Funes tomo la
resolución de anular el contrato junto con el decreto 603, del 4 de abril de
1991, por los cuales se había adjudicado de modo directo la confección de los
DNI a Sofremi. Esto significaba el pago de 16 millones de dólares en concepto
de indemnización a la empresa francesa por el Registro Nacional de las
Personas. El ministro Mera Figueroa viajó a París de inmediato, anunciando
desde allí el 1º de agosto que Francia estaba dispuesta a aceptar una prórroga
e inclusive a revisar algunas cláusulas del contrato.(85)
Por cierto, la anulación dispuesta por el juez Garzón
Funes fue el corolario de una ola de críticas provenientes de empresas
nacionales y norteamericanas que se sentían en condiciones de fabricar un DNI
informatizado a precio menor que el francés. El Tribunal de Cuentas de la Nación
hizo severas observaciones, y en la sesión de la Cámara de Diputados
correspondiente al 31 de julio de 1991 sólo el bloque justicialista se opuso al
proyecto del radical José Alberto Furque para interpelar al ministro Mera
Figueroa. En la votación, el PJ perdió por 97 a 74 y, si bien la oposición no
llegó a los dos tercios necesarios para llevar a la práctica su propósito,
llamó la atención la dureza de algunos expositores. Entre ellos, el ucedeísta
Francisco de Durañona y Vedia (“nada gana el ministro con obstaculizar una
clara atribución del Parlamento”) y el radical José Gabriel Dumón (“esto
es una vergüenza nacional”). Además de las condiciones mencionadas, los
legisladores cuestionaban la garantía otorgada a Sofremi de un cobro anual por
no menos de 3 millones de documentos, se hiciera o no efectivamente esa
cantidad. Esta garantía quedaría respaldada por un aval oficial de 18 millones
de dólares, a ser depositado en Nueva York a través del Banco de la Nación
Argentina. Asimismo, se censuraban otras ventajas excepcionales concedidas, como
el no pago de derechos de importación, aranceles consulares, IVA, impuesto a
los sellos y a las ganancias.(86)
El 2 de agosto de 1991 la embajada francesa en Buenos
Aires informó en un comunicado que los ministros del Interior argentino y francés,
Mera Figueroa y Philipe Marchand, habían acordado en París la prórroga hasta
el 15 de septiembre del plazo para instrumentar el acuerdo sobre la provisión
de DNI. De este modo, el gobierno argentino prorrogó también hasta esa fecha
el plazo para hacer efectiva la garantía de 18 millones de dólares pactada con
Sofremi. A su vez, el presidente Menem calificó de “absurda injerencia del
Poder Judicial” la anulación del contrato por parte del juez Garzón Funes.
Al referirse al viaje del ministro del Interior Mera Figueroa a Francia, Menem
dijo que había ido a pedir una prórroga para no caer en mora en el
cumplimiento de las obligaciones del convenio, que ya estaba firmado. Por
su parte, Mera Figueroa renovó sus críticas al juez Garzón Funes, señalando
que su dictamen no tenía fundamento, y manifestó su confianza en que el tema
se resolvería favorablemente para el gobierno en las instancias judiciales
superiores.(87)
El 7 de agosto de 1991 el gobierno argentino apeló
ante la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal el fallo del juez Garzón
Funes. Por su parte, el último justificó su fallo diciendo que había
entendido que el contrato y el decreto eran nulos y así los había declarado.
Señaló también que las ventajas otorgadas a la empresa adjudicataria eran
desproporcionadas.(88)
El 13 de agosto asumía como ministro del Interior
José Luis Manzano en reemplazo de Mera Figueroa, siendo evidente la renuncia de
éste por la cuestión de los DNI. Manzano manifestó que había dado
instrucciones para que se estudiara una manera de desistir del contrato con
Francia sin crear problemas en la relación entre los estados”.(89)
Al día siguiente Manzano declaró que el gobierno
había ratificado su decisión de rescindir el contrato con Sofremi. En
consecuencia, se había comunicado al fiscal nacional de Investigaciones
Administrativas, Jorge Pinzón, la voluntad política de anular lo actuado por
el ex ministro Mera Figueroa. Asimismo, Manzano indicó que el gobierno estaba
estudiando la forma de rescindir el contrato de forma que no resultara gravoso
para el estado. Confiaba en que no lo sería, ya que el contrato no había sido
ratificado por el Congreso.(90)
El 20 de agosto el ministro Manzano y el embajador de
Francia, Pierre Decamps, analizaron la decisión del gobierno argentino de no
proseguir con el contrato firmado con la empresa Sofremi para proveer los nuevos
DNI. Manzano le explicó al jefe de la misión diplomática que había mucha
resistencia en el Congreso argentino para que prosperara el contrato. Ambos
funcionarios acordaron nuevas reuniones a fin de encontrar fórmulas para
“destrabar jurídica y económicamente” el contrato.(91)
En febrero de 1992 el presidente Menem realizó un
viaje a Estrasburgo, Bruselas y París a fin de recuperar la imagen argentina en
Europa Occidental y realizar contactos entre empresarios argentinos y europeos.
A pesar del problema con Sofremi, la visita a Francia, que se extendió del 17
al 19 de febrero, tuvo un saldo positivo. En la entrevista con su par francés,
François Mitterrand, Menem planteó la necesidad de eliminar los subsidios agrícolas,
el tema más espinoso de la relación bilateral dado que, por su condición de
país agrícola, Francia era uno de los más firmes defensores de la política
proteccionista. También se trató el posible incremento de inversiones
francesas en la Argentina. El presidente francés tuvo con Menem un gesto
singular: mientras conversaban Mitterrand hizo llamar a un asesor, a quien le
pidió que se comunicara con Michel Camdessus (titular del Fondo Monetario
Internacional) para transmitirle su especial interés en que la Argentina
solucionara el problema de la deuda externa. Menem también tocó el tema de los
subsidios agrícolas con el alcalde de París, Jacques Chirac, señalando que la
Argentina se hallaba en medio de un tironeo entre europeos y norteamericanos,
quienes se atribuían recíprocamente la responsabilidad por la situación.(92)
El presidente Menem sorprendió a la primera ministra
francesa, Edith Cresson, al proponer a la Argentina y a otros países
exportadores de productos agrícolas como mediadores en la disputa entre Europa
y los Estados Unidos por las negociaciones de la Ronda Uruguay del GATT. Durante
la entrevista, el presidente argentino volvió a formular objeciones a la política
agrícola europea, y a señalar que la disputa entre el Viejo Continente y los
Estados Unidos perjudicaba a los países en desarrollo y en especial a la
Argentina. Con todo, el presidente Mitterrand concurrió a la recepción oficial
ofrecida por Menem a las autoridades del gobierno galo, lo cual fue interpretado
como un claro acto político destinado a hacer evidente y pública su intención
de mantener una relación bilateral de relevancia con el gobierno argentino.(93)
En su último día de visita a Francia, el presidente
Menem conversó con el ministro de Defensa francés, Pierre Joxe, quedando
comprometido el intercambio de oficiales para su formación y el apoyo de
equipos franceses -aunque no de armas- para las fuerzas armadas argentinas.(94)
A fines de septiembre de 1992 el canciller Di Tella
viajó a París con motivo de la IV Reunión de la Comisión General
Franco-Argentina. El 28 de septiembre Di Tella y su colega francés, Roland
Dumas, firmaron una Declaración de Intención relativa a la Cooperación
Nuclear, asumiendo el compromiso de iniciar lo más rápidamente posible
negociaciones para la conclusión de un acuerdo de cooperación en la utilización
de la energía nuclear con fines exclusivamente pacíficos. Di Tella precisó
que la Argentina estaba particularmente interesada en la tecnología nuclear en
el campo médico. La Comisión acordó también intensificar sus proyectos de
cooperación económica, técnica, cultural y científica.(95)
Un informe de la Cancillería
argentina evaluaba en 1993 que en los dos últimos años la relación con
Francia había crecido significativamente. Las inversiones francesas en la
Argentina, atraídas principalmente por el programa de privatizaciones, iban en
camino de superar los 600 millones de dólares para fin de ese año. Un acuerdo
de cooperación y asistencia técnica suscripto por la Comisión Nacional de
Valores con la Comisión de Operaciones de Bolsa de Francia ayudaría a
incrementar el flujo de recursos financieros hacia la Argentina. Lo mismo haría
la entrada en vigor del Tratado para la Promoción y la Protección Recíproca
de Inversiones. Las inversiones habían generado un aumento sustantivo del
comercio bilateral.(96)
El 21
de abril de 1994 se firmó en Buenos Aires el Acuerdo de Cooperación para la
utilización con fines exclusivamente pacíficos y no explosivos de la Energía
Nuclear. Este entraría en vigor, previa ratificación, en julio de 1996. A
fines de octubre de 1994 también se desarrolló en esa ciudad la V Reunión de
la Comisión General Franco-Argentina. Para asistir a la misma llegó a la
Argentina Alain Juppé, ministro francés de Relaciones Exteriores y secretario
general del movimiento neogaullista Unión para la República, (principal fuerza
de oposición que cohabitaba en el poder con el presidente socialista
Mitterrand). Juppé y Di Tella presidieron las sesiones de la Comisión,
que examinó temas políticos, económicos, culturales y de cooperación científico-técnica.
El canciller francés mantuvo contactos con el presidente Menem y los ministros
de Economía Cavallo y de Educación Jorge Rodríguez.
Los objetivos más importantes de Juppé fueron incrementar la cooperación
bilateral y resolver el problema de las visas (Francia era en ese momento el único
país de la Unión Europea que exigía visas a los argentinos).(97)
El 26 de octubre de 1994 se firmaron varios documentos: un Protocolo que
establecía la ejecución provisoria del acuerdo de cooperación respecto de la
energía nuclear firmado en abril de ese año; una Carta de Intención relativa
a la Cooperación Científica y Técnica, y un Memorándum de Entendimiento
sobre Consultas Políticas Periódicas de Alto Nivel. El acuerdo que eliminaba
el visado se firmó finalmente el 20 de diciembre de 1994.
Al
mismo tiempo, el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Felipe Solá,
negociaba en París con su par, Jean Puech, los detalles de un acuerdo de
cooperación tecnológica firmado en junio de 1994. Dicho acuerdo comprendía la
implementación de varios proyectos: a) el montaje de satélites para obtener
información en tiempo real sobre los barcos que pescaban en aguas
territoriales; b) la mejora de la genética del trigo en la Pampa Húmeda, dado
que en Francia se obtenían rindes que eran el doble de los argentinos, y c) un
programa especial para el mejoramiento de la genética animal que permitiría
obtener carnes menos grasosas. Los franceses buscaban convertirse en proveedores
de semillas y embriones para la Argentina. También instalarían una planta
piloto para producir combustible a base de maíz o de aceite de Colza. Todo
indicaba que querían intensificar sus inversiones agroindustriales. El acuerdo
le permitiría a Francia vender su tecnología, y a los argentinos exportar el know
how sobre la cría de animales de campo. Los franceses necesitaban
reducir el stock de carnes y habían descubierto que la ganadería a corral
generaba polución.(98)
A
comienzos de noviembre de 1994 el presidente Menem aclaró que no iba a aceptar
presiones, en referencia a las gestiones que realizaban cinco diplomáticos
europeos para mejorar la situación de las empresas de Francia, España, Italia,
Bélgica y el Reino Unido que habían comprado compañías públicas. El lobby,
encabezado por Electricité de France,
se sumaba a la puja dentro del gobierno argentino de proyectos respaldados por
funcionarios y ex funcionarios para modificar las tareas que debían prestar los
entes controladores de compañías, cuya facturación superaba los 4.000
millones de dólares anuales. Los embajadores mencionados habían pedido una
entrevista a Menem con el objetivo declarado de quejarse por el trato de los
entes reguladores y sugerir modificaciones en las reglas de juego. Menem había
derivado el asunto a la Cancillería y era el ministro Di Tella quien recibiría
a los diplomáticos.(99)
El presidente Menem realizó
otra visita a Francia entre el 26 y el 28 de febrero de 1996. La misma se llevó
a cabo en el contexto de la denuncia realizada tres días antes por el marino
argentino Adolfo Scilingo sobre la suerte corrida por las monjas francesas
secuestradas en 1997, las cuales habían sido arrojadas al Río de la Plata
desde un avión en uno de los denominados “vuelos de la muerte”. El
presidente argentino declaró antes de partir de la Argentina que dicha denuncia
“no molestaba en lo más mínimo”. No obstante, el Ministerio de Relaciones
Exteriores de Francia había reiterado que el asesinato de las monjas no se había
olvidado y que la condena a perpetuidad realizada en ausencia del capitán Astiz
seguía vigente.(100)
Por otra parte, en una
entrevista que el diario Le Monde
hiciera al presidente Menem con motivo de su viaje, el mismo aseguró que la
Argentina era uno de los países menos corruptos del mundo, agregando que
gracias a su gestión esa forma de delito en el nivel estructural había
desaparecido. También definió como lucubraciones las afirmaciones del
periodista sobre la existencia de una fuerte pobreza en el interior de la
Argentina, sosteniendo que cuando llegó al gobierno ésa era del 39% mientras
que ahora según su propia estimación se ubicaba en el 13%.(101)
Finalmente en el ámbito
oficial de la visita el caso Astiz no apareció. El tema no surgió durante la
sesión del Consejo de la OCDE, ni en el almuerzo en el Elíseo con el
presidente Jacques Chirac, ni en la disertación en la Sorbona. Fuera de ese ámbito
en cambio no se habló de otra cosa. La cuestión de la muerte de las monjas fue
motivo de notas en los diarios, la televisión y las radios de Francia. Un grupo
de académicos e investigadores argentinos radicados en Francia enviaron una
carta a la rectora de la Universidad de París repudiando la entrega a Menem de
la medalla de la Chancellerie des
Universités de Paris (102).
Las buena noticia para Menem
fue que Chirac accedió a otorgar el apoyo francés al ingreso de la Argentina
en la OCDE. La estrategia del gobierno argentino apuntaba a tener alguna
participación en los organismos internos del grupo de países ricos para poder
ser algún día miembro de pleno derecho. En ese sentido, la Argentina había
ingresado como observadora en los comités de Comercio y de Inversiones
Multinacionales, dos instancias a las que excepto Chile, que seguía una
estrategia similar, sólo tenían acceso 25 países miembros. Tras su alocución,
el presidente argentino recogió los apoyos verbales a una eventual membrecía
de los Estados Unidos, Reino Unido, Austria, Francia, España e Italia. Japón,
en cambio, mantuvo un elocuente silencio.(103)
En el almuerzo con que Chirac
homenajeó a Menem, el primero señaló el interés de las empresas francesas
EDF en Yacyretá, la estatal Thomson en la radarización de los aeropuertos
argentinos, y la firma Aeropuertos de París por su gestión. Menem le subrayó
la posibilidad de inversiones en las centrales nucleares e invitó al presidente
francés a visitar la Argentina.(104)
Cabe señalar que existió un
contraste entre el éxito oficial de la visita del presidente Menem a Francia y
su repercusión pública. Los compromisos de su agenda estuvieron plagados de
elogios para los logros de su administración. El ministro francés Jean Arthuis
dijo tras una entrevista con Menem que había venido a “rendir homenaje al
modelo argentino”, lo que permitiría dar nuevo impulso a la asociación entre
los dos países, anunciando que el ministro de Finanzas y Comercio Exterior Yves
Galland viajaría a la Argentina en octubre para poner en marcha el proceso.
Asimismo, en un almuerzo organizado por el Patronato Francés (la mayor
representación empresarial francesa) los elogios a la política económica de
Menem fueron explícitos. Un directivo retirado de la empresa Total y miembro de
la Comisión Europea dijo que Menem había hecho con sus reformas en la
Argentina “lo extraordinario”. No obstante, algunos de los asistentes
expresaron dudas sobre el futuro, especialmente en lo relativo a la situación
de las provincias y la inseguridad jurídica. Por su parte, el diario Le Figaro denunció la corrupción gubernamental.(105)
Por último, durante la
visita el 26 de febrero de 1996 se firmaron dos documentos: un Acuerdo de
Cooperación Científica y Técnica en el campo de la utilización pacífica de
la Energía Nuclear y un Convenio Marco de Cooperación en el campo de la
Actividad Espacial.
Con la intención de promover
el desembarco económico francés en el mercado abierto del Mercosur, el
presidente Jacques Chirac emprendió una gira por los países miembros del
bloque regional (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) y sus asociados Chile y
Bolivia, en marzo de 1997. Acompañó al presidente francés una delegación
empresarial de primer nivel. Francia, que se había convertido desde 1989 en el
primer inversor externo en el modelo económico de Menem, con unos 6.500
millones de dólares, buscaba consolidar su posición en el mercado local con la
captación de nuevos negocios. En la mira de las empresas francesas figuraban
sobre todo las obras de infraestructura pendientes como la privatización de los
aeropuertos, el puente Buenos Aires-Colonia, el plan de radarización y la
concesión de la represa de Yacyretá.(106)
La importancia de la visita podía evaluarse respecto
de cinco aspectos: a) el meramente simbólico que siempre tenía la presencia de
los jefes de Estado; b) el respaldo de Chirac, como representante de Francia y
Europa, al Mercosur; c) el elogio del mandatario francés a las transformaciones
económicas argentinas y el interés de los inversores galos en el mercado
argentino; d) la propuesta del presidente francés de encarar un programa de
reequipamiento militar para las fuerzas armadas, y d) el énfasis en los lazos
culturales comunes francoargentinos.
En su reunión con Menem, Chirac reiteró
la idea, que ya había lanzado en su gira por Sudamérica, de realizar una reunión
de presidentes de América latina y de la Unión Europea en 1998. Menem aceptó
la idea, pero señaló que debían afianzarse las relaciones políticas entre el
Mercosur y la Unión Europea, tras el acuerdo marco firmado en 1995 para crear
una zona de libre comercio. El mensaje apuntaba a que Chirac gestionara su
ratificación por el Parlamento francés. Menem ofreció a Chirac “cualquier
ciudad de la Argentina” para hacer esa cumbre y, ante la propuesta, acordaron
crear una comisión de seguimiento de la cuestión.(107)
El
presidente argentino pidió que Francia tratara de equilibrar la balanza
comercial bilateral, cuyo déficit para la Argentina desde 1991 sumaba casi
4.000 millones de dólares. Menem señaló que la Argentina tenía muy reducida
participación en el comercio exterior de Francia: ocupaba el lugar 50 entre los
abastecedores y el 45 como destino, mientras que Francia, para la Argentina,
ocupaba el sitio 19 y el quinto, respectivamente. Estos problemas fueron
abordados por funcionarios del gobierno argentino y miembros de la comitiva de
Chirac. Según fuentes de la Cancillería, durante esos encuentros se acordó
que el gobierno de Francia alentaría el viaje de importadores franceses a
Buenos Aires para analizar las posibilidades de equilibrar la balanza. También
se convino dar una quinta frecuencia de vuelo semanal a Air
France entre Buenos Aires y París. El gobierno de Chirac se comprometió a
apoyar la candidatura argentina a miembro no permanente del Consejo de Seguridad
de la ONU para el período 1999-2000.
Por otro lado, Chirac transmitió a Menem
el interés de la industria armamentista de su país en un programa de
reequipamiento militar para las fuerzas armadas argentinas. La propuesta fue
aceptada de inmediato y el presidente instruyó al ministro de Defensa Jorge Domínguez
a agregar en su próximo viaje a Chipre una escala en París para analizar la
cuestión con su par francés.(108)
En los últimos
tiempos, los militares argentinos habían alertado sobre la situación de
“indefensión” de las fuerzas armadas. Como estaba previsto, el
ministro Domínguez se entrevistó con su colega Charles Millón, pero del
encuentro sólo trascendió que se habían considerado los alcances de una misión
francesa que vendría a la Argentina. En la embajada argentina, el ministro
recibió a los más altos representantes de las empresas Dassault, Matrá,
Thomson S.C.F., Aerospatiale, Panhard, y D.C.N.LOC, la mayoría de las cuales
fabricaba material de uso habitual en la Fuerza Aérea y en la Armada.(109)
A fines de julio de 1997
dejaba el país el embajador francés Renaud Vignal. Para entonces, las
relaciones bilaterales acusaban un crecimiento del comercio, las inversiones,
las asociaciones, los joint-ventures,
la participación en las privatizaciones y las líneas de crédito. Durante la
gestión de Vignal se habían firmado por lo menos 7 acuerdos importantes: a) un
acuerdo de cooperación que creó una comisión mixta muy dinamizadora del
intercambio; b) un convenio para evitar la doble imposición; c) un acuerdo de
promoción y protección de inversiones, necesario para generar una corriente
fluida de las mismas; d) un convenio de cooperación agrícola, elemento
principal de las expectativas de la Argentina frente a la Unión Europea; e) un
acuerdo sobre turismo, y por último, se estaba negociando un convenio de
cooperación aduanera, muy importante para un país que había cuadruplicado su
comercio exterior en siete años.
En el discurso de despedida
del embajador, el vicecanciller Cisneros puso de relieve el papel cumplido por
Francia en las negociaciones del Acuerdo Marco de Cooperación entre la Unión
Europea y el Mercosur firmado en diciembre de 1995. A pesar de sus diferencias
con países como la Argentina, Francia había votado por la inclusión de la
cuestión agrícola. De esa manera, había evitado condicionar su relación con
el Mercosur a un interés sectorial, privilegiando al mismo tiempo la capacidad
estratégica de operar a nivel mundial con el NAFTA, el Asia emergente y la
propia Unión Europea. El ejemplo de Francia, que mantenía su identidad pero
participaba activamente del proceso económico y tecnológico cada vez más
globalizante, era considerado un aporte importante para la Argentina,
involucrada en la globalización a través de un regionalismo abierto y que
pretendía mantener abiertas todas sus opciones para jugar su papel individual
en el mundo.(110)
En junio de 1998 Menem volvió a reunirse con Chirac
en París antes del primer partido del campeonato mundial de fútbol. El
presidente francés elogió la gestión del mandatario argentino. A su vez Menem
recordó que Chirac había prometido recomendar a los mandatarios europeos que
invirtieran en la Argentina, y aseguró que el eje de la cita había girado en
torno a la importancia y el avance del proceso de integración en todo el
continente americano. Chirac acotó que la Unión Europea tenía gran confianza
en el porvenir del Mercosur, destacando que su país era el primer inversionista
y el primer cliente del bloque sudamericano. Ambos presidentes afirmaron que las
relaciones económicas, políticas y culturales se profundizarían y que la
confianza era mutua, augurando un excelente futuro a los vínculos entre los
mercados comunes.(111)
La cooperación militar entre los dos países y las
operaciones de paz de la ONU fueron el objetivo oficial de otra reunión del
ministro de Defensa Domínguez con su par francés, Alain Richard, en Paris a
principios de septiembre de 1998. En un comunicado, el Ministerio de Defensa señaló
que Richard había señalado que Europa reconocía los esfuerzos que realizaba
la Argentina para participar en las fuerzas de apoyo de los cascos azules en
Bosnia. Además ambos funcionarios habían analizado los términos de un Acta de
Cooperación Militar que se firmaría cuando el presidente Menem viajara a
Francia, en octubre siguiente. Ese acuerdo contemplaría el intercambio de
información militar, tecnológica y científica entre las fuerzas armadas de
los dos países. Sin que hubiera concluido el proceso de selección en el que
cuatro empresas participaban de una licitación internacional para instalar
radares en el territorio argentino, fuentes de Defensa descartaron que hubieran
existido consultas sobre ese tema.(112)
La nueva visita del presidente Menem a Francia se
llevó a cabo a mediados de octubre de 1998. Menem reiteró a Chirac el pedido
de un mayor equilibrio en el intercambio comercial y la reversión de la política
de subsidios a sus productos agrícolas para revitalizar las relaciones económicas
entre la Unión Europea y el Mercosur. El presidente francés admitió razones,
prometió cambios y elogió todo lo que pudo a su colega argentino. Diplomáticamente
Menem señaló que el problema no era sólo de Francia sino de la Unión
Europea, ya que los Estados Unidos también subsidiaban su agricultura. A su
vez, Chirac reconoció dos cosas: que las relaciones de Francia con la Argentina
eran “buenas, pero desequilibradas”, y que su país apoyaba la creación de
un foro de negociaciones entre ambas naciones para revisar los problemas
relativos a la producciones agrícolas y agroalimentarias. Menem señaló que
Chirac había renovado su respaldo a la postulación de la Argentina para
ingresar a la OCDE.(113)
Menem también se reunió con el primer ministro Lionel
Jospin, luego de que ambos ratificaran la apertura del diálogo y los empeños
oficiales para flexibilizar el comercio entre la Unión Europea y el Mercosur.
Sin embargo, a diferencia de los elogios que el presidente Chirac dedicó a
Menem, Jospin marcó límites al compromiso asumido. Estimó que los enfoques
respectivos sobre el comercio agrícola eran “comunes” pero dijo que prefería
ser realista, considerando el hecho de que la Unión Europea tenía fechas muy
importantes para reformar la política agrícola común, a fin de negociar otra
vez en la OMC.(114)
En 1998 la Cancillería
argentina consideraba que con Francia existía una excelente relación, pero
también se enfrentaban serias cuestiones que a veces excedían el plano
bilateral para extenderse al interregional o multilateral. Lo último se atribuía
a la competitividad de los intereses económicos fundamentalmente en el plano
agrícola. En ese ámbito la Argentina enfrentaba la oposición francesa a la
inclusión de los productos agrícolas en las negociaciones para una zona de
libre comercio en la UE y el Mercosur, y en la OMC. No obstante, la prioridad
atribuida a la relación bilateral había quedado demostrada por el intercambio
de visitas presidenciales.(115)
Por último, las cifras del
comercio exterior franco-argentino durante la década del noventa demuestran que
éste tuvo las mismas características descriptas para los otros países
europeos. En 1990 las exportaciones argentinas sumaban 235 millones de dólares
y las importaciones 144 millones, lo que hacía un superávit para la Argentina
de 91 millones. A partir de 1992 el saldo de la balanza comercial se invirtió,
comenzando a ser deficitario para la Argentina en cifras ascendentes, con un
tope de 1.397 millones en 1994. En 1999 las exportaciones argentinas fueron de
350 millones y las importaciones de 1.503 millones.(116)
Sin embargo, en el caso de Francia el déficit argentino era mucho más
acentuado. La Argentina exportaba a Francia la mitad de lo que vendía a los
otros países de Europa Occidental, mientras importaba valores similares. De allí,
la insistencia del presidente argentino en que Francia tratara de balancear el
comercio bilateral.
A mediados de la década, los
capitales franceses habían invertido en las siguientes empresas establecidas en
la Argentina: Telecom Argentina (France Telecom-Stet Telecom, 45%); Carrefour
Argentina (Carrefour Supermarché S.A., 100%); Ciadea (Regie Renault, 51%);
Edenor (Electricité de France, 27%); Sevel Argentina S.A. (Peugeot, Citröen,
50%); Louis Dreyfus (Louis Dreyfus & Cie. S.A., 100%); Aguas Argentinas
(Lyonnaisse des Eaux, 27%); Argón S.A. (Total, 100%), e Hipermercados Libertad
(Casino, 75%).(117)
Además de los problemas mencionados, en
algunos casos los procesos de concesión de servicios a empresas francesas
debieron sortear la resistencia política y gremial y algunos obstáculos
judiciales. Así por ejemplo ocurrió con la concesión del servicio del agua
potable de la provincia de Córdoba al consorcio Aguas Cordobesas, liderado por
la francesa Lyonnaisse des Eaux. Finalmente, el gobernador Ramón Mestre firmó
el decreto de adjudicación en marzo de 1997, convirtiéndose la empresa
francesa en la mayor prestadora del servicio de agua potable del país, puesto
que también formaba parte de los consorcios que operaban en Buenos Aires, Santa
Fe y Tucumán. La inversión comprometida por el consorcio privado para los 30 años
de la concesión era de 460 millones de dólares.(118)
En abril de 1997 se anunció que la firma francesa
Peugeot retornaba a la Argentina, de donde se había ausentado en 1980. El
acuerdo alcanzado por el empresario Franco Macri y los franceses consistió en
Peugeot tomaba una participación inicial en el capital de Sevel de 15% por
suscripción a un aumento de capital abierto al público. El desembolso por esas
acciones era de 35 millones de dólares. La participación en el capital se
ampliaría progresivamente, teniendo la compañía francesa la opción de
adquirir 50% de las acciones más una, con derecho a voto.(119)
A comienzos de junio de 1997, la automotriz Ciadea
anunció oficialmente que Renault de Francia asumiría el control de las
operaciones de la marca en el país. La operación se concretaría con el aporte
de la participación de 60% de Renault do Brasil Automovéis a Cofal, que tenía
en sus manos 51% de Ciadea. La operación permitía a la automotriz francesa
unificar las bases de la actividad de Renault en América de Sur.(120)
La licitación para la radarización de los
aeropuertos argentinos también fue causa de conflicto con una empresa francesa.
En mayo de 1999 la empresa norteamericana Northrop Grumman ganó la licitación
para llevar adelante el Plan Nacional de Radarización (PNR). Northtrop llegó a
un acuerdo con una de sus competidoras, la empresa italiana Alenia Marconi
Systems, para repartirse las tareas. Pero este acuerdo no fue bien visto por los
franceses de Thomson Airsys CSF. La queja de éstos llegó por medio de una nota
al ministro de Defensa Domínguez. En ella, el presidente de Thomson, Jean Paul
Perrier, pidió que se anularan los acuerdos entre empresas de la licitación,
“contrarios a nuestros intereses y a la amistad entre nuestros países”.(121)
El 3 de agosto de 1999 la empresa Thomson presentó
una acción de amparo y pidió que se declarara la nulidad absoluta del proceso
de licitación del PNR que el Ministerio de Defensa pensaba adjudicar el 6 de
agosto a los norteamericanos de Northrop Grumman.(122)
A fines de agosto la empresa Thomson volvió a solicitar a la justicia una
medida cautelar que apuntaba a la inmediata paralización del proceso
licitatorio del PNR.(123)
El 6 de septiembre, antes de que la jueza se expidiera, el Ministerio de Defensa
argentino decidió adjudicar a la firma norteamericana Northrop Grumman la
primera etapa del PNR por 185 millones de pesos. La decisión se produjo en un
momento de fuerte debate acerca de la seguridad aérea en la Argentina, después
del mortal accidente de un avión de LAPA en el aeroparque metropolitano.(124) En noviembre, cuando el
presidente electo, Fernando de la Rúa, realizó una visita a París, el
presidente Chirac le planteó las expectativas francesas de que, una vez que
asumiera el poder, anulara la licitación otorgada a la firma Northrop.(125)
Por otro lado, a principios de octubre de 1999 la Cámara de Apelaciones de Córdoba revocó el sobreseimiento del titular de Renault Argentina, Manuel Antelo, y de otros directivos, procesados por el presunto delito de contrabando. A raíz del hecho, el embajador de Francia, Paul Dijoud, expresó que sería imposible convencer a una empresa francesa de que invirtiera en la Argentina si la mayor empresa de Francia era acusada injustamente en un proceso penal. Las apreciaciones del diplomático provocaron el rechazo generalizado de la justicia cordobesa, por lo cual Dijoud acudió a dar explicaciones al canciller Di Tella. El embajador Dijoud explicó que el objetivo de sus declaraciones había sido destacar una situación de dificultad por la que atravesaba una empresa de su país, que podía poner en riesgo su plan de inversiones.(126)
IRELA, “Argentina en los 90...”, op. cit., p. 36.
Ibid., pp. 36-37.
Discurso del vicecanciller Andrés Cisneros, Londres, febrero de 1996, copia en Archivo Cisneros.
Russell, “Las relaciones de Argentina con Europa Occidental”, op. cit., pp. 14-18; “Acuerdo con España”, La Nación, 30 de agosto de 1989.
Rolando Rivière, “Menem desmintió que haya un plan de huelgas”, La Nación, 7 de diciembre de 1989, pp. 1 y 2, y “Menem cenó con Felipe y llega hoy”, Clarín, 7 de septiembre de 1989, p. 6.
Russell, “Las relaciones de Argentina con Europa Occidental”, op. cit., pp. 17-18.
Rolando Rivière, “El canciller se entrevistó en Madrid con su colega Fernández Ordóñez e inició su gira por Europa. Cavallo prepara un acuerdo con la CEE”, La Nación, 5 de febrero de 1990, p. 3, e idem, “Cavallo expuso en Madrid el plan de la Argentina”, La Nación, 6 de febrero de 1990, p. 4.
“Felipe González anunció proyectos de inversiones”, La Nación, 15 de marzo de 1990, pp. 1 y 6.
Rolando Rivière, “Entrevista exclusiva de LA NACION con Domingo Cavallo. Crédito e inversiones, prioridades del canciller en España y Alemania”, La Nación, 30 de octubre de 1990, p. 4; idem, “España activó préstamos para nuestro país”, La Nación, 31 de octubre de 1990, p. 4; idem, “Cavallo, satisfecho por los créditos españoles”, La Nación, 1º de diciembre de 1990, p. 10, y “No exigirán visa para el ingreso a España”, Clarín, 31 de octubre de 1990, p. 9.
Respecto de la visita del canciller Di Tella a España véase Ovidio Bellando, “Madrid, una etapa con otro perfil en la gira de Di Tella”, La Nación, 30 de abril de 1991, p. 4; y “Felipe González: coincidencias entre España y la Argentina”, La Nación, 2 de mayo de 1991, p. 4. Sobre la acusación de Cambio 16 respecto de la vinculación de los Yoma con el narcotráfico véase “Niegan la vinculación de los Yoma con un caso de narcotráfico en España”, La Nación, 7 de marzo de 1991, p. 9; y “La jueza Servini de Cubría en España. Las derivaciones locales de una investigación sobre narcotráfico” y “El Presidente se refirió al caso”, La Nación, 30 de marzo de 1991, p. 14, y “Piden en España precisiones de la situación de Amira Yoma”, La Nación, 4 de mayo de 1991, p. 5.
“Nuevo embajador español”, Clarín, 25 de abril de 1991.
A mediados de junio de 1991 la corbeta misilística Parker, de la Armada argentina, y un helicóptero efectuaron disparos contra el pesquero de bandera española “Playa del Carnaval” que se encontraba operando en aguas jurisdiccionales argentinas, ante la negativa del pesquero a detener su marcha. En tanto que el gobierno español pidió explicaciones al embajador argentino en Madrid, Juan Pablo Lohlé, un comunicado de la Cancillería lamentó el episodio, pero justificó la actitud de la Argentina, señalando que el “Playa del Carnaval” estaba operando a 46 grados 15 minutos de latitud sur y a 60 grados 56 minutos de longitud oeste, dentro de la jurisdicción nacional. El comunicado añadió que el hecho de ningún modo podía interferir en las excelentes relaciones existenes entre la Argentina y España. Véase “Disparos contra un pesquero infractor de bandera española”, La Nación, 18 de junio de 1991, p. 5; “España pidió explicaciones por el pesquero que capturó la Armada”, La Nación, 19 de junio de 1991, p. 6, y “Pesca: protesta a España”, La Nación, 22 de junio de 1991, p. 4.
Daniel Santoro, “Embajador Pastor: Es apenas un borroncito”, Clarín, 11 de julio de 1991, p. 8.
El Convenio de colaboración industrial y tecnológica en materia de Defensa, firmado en Madrid el 7 de abril de 1989, establecía en su artículo 1º lo siguiente: “Las Partes, para alcanzar los objetivos arriba mencionados, se comprometen a : a) Estudiar las posibilidades de elaborar programas conjuntos de investigación, de desarrollo y de producción en los sectores industriales y tecnológicos referentes a armamento y material de defensa; b) Utilizar los recursos científicos, técnicos e industriales, de cada país con la finalidad de desarrollar y producir conjuntamente armamento y material destinado a satisfacer las necesidades de sus respectivas fuerzas armadas; c) Proporcionar apoyo recíproco facilitando y promoviendo el intercambio de información técnica y cualquier otra forma de colaboración industrial en el ámbito de la defensa; d) Colaborar en la formación científica y tecnológica de personal de ambos países en el ámbito del presente convenio; e) Facilitar adquisiciones de armamento y material de defensa mediante operaciones comerciales entre las partes y entre las empresas de ambos países en el ámbito del presente convenio; f) Potenciar y favorecer las relaciones entre empresas de los dos países orientados a promover el desarrollo y la producción conjunta, así como las adquisiciones entre las mismas. Véase además “Convenio para producir armamentos”, La Nación, 19 de diciembre de 1989, p. 7.
“Un militar español con el Brigadier Juliá”, La Nación, 24 de marzo de 1992, p. 10, y Francisco J. Papini, “Gestión de un jefe español aeronáutico”, La Nación, 26 de marzo de 1992, p. 5.
“Analizó González con España el proyecto aeroespacial conjunto”, La Nación, 31 de julio de 1992, p. 10.
“Fernández Ordóñez, hoy con Di Tella”, La Nación, 27 de mayo de 1992, p. 5.
Rolando Rivière, “El rey destacó la apertura de la economía argentina”, La Nación, 1º de marzo de 1994; idem, “Menem, más cauto que González en la reunión con la prensa”, La Nación, 2 de marzo de 1994; Edmundo De Simone, “Se vuelve a negociar por Aerolíneas”, La Nación, 2 de marzo de 1994; Vicente Muleiro, “Felipe dijo que se llegará a un acuerdo en la negociación por Aerolíneas”, Clarín, 1 de marzo de 1994, p. 8, y “Menem también busca inversores en Barcelona”, Clarín, 4 de marzo de 1994.
Vicente Muleiro, “Prédica de Menem por las inversiones”, Clarín, 3 de marzo de 1994, p 10, y Vicente Muleiro, “Menem: «Se duplicarán las inversiones»”, Clarín, 5 de marzo de 1994.
“La crisis social en la región ocupó el centro del debate”, Clarín, 17 de octubre de 1995, pp. 2 y 3; “El Mercosur ya va para Europa”, Clarín, 17 de octubre de 1995, p. 7, y “Piden que finalice el embargo comercial de Estados Unidos a Cuba”, Clarín, 18 de octubre de 1995, pp. 2 y 3.
“España y una fuerte apuesta a la Argentina”, Clarín, 19 de octubre de 1995.
“Firmaron el crédito”, Clarín, 19 de octubre de 1995, p. 20.
Carlos Eichelbaum, “Fidel Castro terminó siendo el tema preferido entre Menem y Aznar”, Clarín, 12 de junio de 1996.
Jorge Elías, “Cuba es el principal tema de la reunión entre Menem y Clinton”, La Nación, 23 de junio de 1996.
“España apunta al Mercosur”, Clarín, 20 de agosto de 1996.
Juan Carlos Algañaraz, “Un embajador con toda la pompa”, Clarín, 16 de enero de 1997, y “Antecedente”, Clarín, 16 de enero de 1997.
“Ante Menem, Aznar elogió la marcha del modelo económico”, Clarín, 22 de abril de 1997.
Ibid.
Araceli Viceconte, “Aznar paseó, escuchó algunos reclamos y lo vio a Menem”, Clarín, 21 de abril de 1997.
“Inversión
directa europea en América Latina: tendencias y aporte al desarrollo”,
Informe de IRELA, op. cit, p. 191.
“Más dinero español en Argentina y Chile”, Clarín, 10 de febrero de 1997.
“La
española Repsol compró Astra”, Clarín,
7 de junio de 1996, y “Repsol ya aterrizó en Astra”, Clarín, 20 de junio de 1996. Además de sus activos en el sector
petrolero, Astra poseía distintas participaciones accionarias en: EG3
(comercializadora de combustible), Edenor, Metrogás, Oleoducto del Valle y
Terminales Marítimas Patagónicas. Era propietaria de la mayor flota
petrolera del país y tenía parte de sus inversiones colocadas en la
destilería Refinor y en la petrolera Cuitralco. Al expandir sus negocios a
la distribución eléctrica en Edenor, Astra buscó como socios a los
franceses de EDF y a los españoles de Endesa. En el negocio gasífero de
Metrogas, Astra se juntó con la inglesa British Gas y el grupo local Pérez
Companc. La última inversión destacada de Astra se había registrado un
mes antes en la provincia de Entre Ríos. Asociada con la empresa
norteamericana CMS y el Banco de Galicia, lideró el grupo privado que se
quedó con la concesión del suministro eléctrico provincial por el término
de 40 años. Según el presidente de Astra, José María Ranero Díaz, la
toma de participación en Astra era la operación de mayor envergadura
realizada por Repsol hasta ese momento y sería la plataforma para iniciar
un importante desarrollo de actividades en la Argentina.
“Otra compra de los españoles”, Clarín, 3 de enero de 1997. Entre los principales activos de Pluspetrol se encontraba el 60% del megayacimiento de gas Ramos, ubicado en la provincia de Salta. Este era el segundo más grande del país después de Loma de La Lata y concentraba el 60% de las reservas existentes en la región del Noroeste. En ese momento su producción llegaba a los 7 millones de metros cúbicos/día de gas, cifra que se incrementaría en los próximos meses a 8 millones. Además del yacimiento, Pluspetrol Energy era dueña de la central de generación eléctrica asentada en la localidad de El Bracho, en Tucumán. La usina, que se alimentaba con el gas proveniente de Ramos, tenía una potencia de generación de 144 MW, que treparía a 440 MW cuando se completara su construcción en 1998. Los detalles de la venta de YPF pueden verse en Secretaría de Programación Económica y Regional, “El proceso de privatización en la Argentina desde una perspectiva del balance de pagos”, p. 16.
Russell, “Las relaciones Argentina-UE en los años noventa...”, op. cit., p. 59; Secretaría de Programación Económica y Regional, “El proceso de privatización en la Argentina...”, op. cit., p. 16.
“Control español del Banco Francés”, Clarín, 2 de octubre de 1996, y “La verdadera historia del negocio financiero del año”, Clarín, 3 de octubre de 1996.
“Los españoles también se quedaron con el Banco Río”, Clarín, 27 de mayo de 1997.
Datos del INDEC.
Memorándum “Relaciones con Europa Occidental”, copia en Archivo Cisneros.
“Niegan vinculación de los Yoma con el narcotráfico”, Clarín, 7 de marzo de 1991, p. 10. Véase también “La jueza Servini de Cubría en España. Las derivaciones locales de una investigación sobre narcotráfico” y “El Presidente se refirió al caso”, La Nación, 30 de marzo de 1991, p. 14, y “Piden en España precisiones de la situación de Amira Yoma”, La Nación, 4 de mayo de 1991, p. 5.
Daniel Otero, La trama íntima del aparato duhaldista y sus punteros, Buenos Aires, GEL/Galerna, 1997.
Texto completo de la denuncia del ex presidente Alfonsín, citado en “Alfonsín denunció a Karim Yoma”, La Nación, 17 de marzo de 1993, p. 4. Ver también “Conmoción en la Casa de Gobierno”, La Nación, 17 de marzo de 1993, p. 4.
“Karin Yoma, Alconada Sempé y Cavallo”, La Nación, 18 de marzo de 1993, p. 14.
“Los convenios con Italia. Menem: habrá una investigación”, La Nación, 18 de marzo de 1993, p. 14.
“Una denuncia del embajador de España ante nuestro país”, La Nación, 10 de abril de 1993, p. 5; “Más detalles sobre la denuncia del embajador Pastor”, La Nación, 12 de abril de 1993, p. 1; “Pedirán a Pastor que amplíe su denuncia”, La Nación, 13 de abril de 1993, p. 1, y “Repercusiones de la denuncia del embajador español. Malestar del presidente por expresiones de Pastor”, La Nación, 13 de abril de 1993, p. 18.
“Padecimientos por Al Kassar”, Clarín, 2 de marzo de 1994, p. 10.
“Amar, a España”, Clarín, 9 de noviembre de 1995, p. 11; “Postergan la visita de Aznar”, Clarín, 22 de octubre de 1996, y “Una cuestión de embajadores”, Clarín, 23 de octubre de 1996. Amar había acompañado a Perón en su exilio y se había radicado en España. En octubre de 1989, el presidente Menem lo designó embajador itinerante para promover inversiones de los países de Europa Occidental en la Argentina. El 8 de noviembre de 1995 el gobierno argentino pidió al gobierno de España el plácet para la designación de Amar como embajador, pero la respuesta se demoró. Antes y después de su asunción, Aznar habría pedido al gobierno argentino la permanencia en Madrid de Jacobella.
Russell,
“Las relaciones de Argentina con Europa Occidental”, op. cit., pp. 7-10.
Ibid., pp. 10-12.
“Anuncio de Cavallo”, apartado “En Italia”, La Nación, 9 de febrero de 1990, p. 3, y “Cinco proyectos de cooperación de Italia”, La Nación, 10 de febrero de 1990, p. 4.
“Se firmaron protocolos de cooperación con Italia”, La Nación, 14 de marzo de 1990, p. 10. Los protocolos se referían a la ejecución de un proyecto integrado de edificación social, ejecución para la cooperación técnica en el campo de la innovación tecnológica y el desarrollo de las energías alternativas, y de cooperación para mejorar la inserción de los hospitales italianos en el sistema sanitario argentino. Por su parte, los instrumentos canjeados se referían a la convención de asistencia judicial y reconocimiento y ejecución de sentencias en materia civil, y al acuerdo sobre intercambio de actas de estado civil y la exención de legalización de documentos, que entrarían en vigor a partir del 1º de julio de 1990.
“Fuerte interés de Italia por las privatizaciones”, La Nación, 22 de mayo de 1990, p. 1; “Suscriben con Italia acuerdos económicos”, La Nación, 23 de mayo de 1990, p. 1; “Adjudicación directa a capitales italianos de una obra telefónica” y “Aspectos del proyecto Digi II”, La Nación, 23 de mayo de 1990, p. 4.
Respecto de la controversia entre el canciller italiano y el gobierno argentino en torno del Digi II y su contexto véase los siguientes artículos: “A eventuales divergencias sobre el Digi II. Admitió el canciller que Italia consideró revisar los acuerdos”, La Nación, 24 de mayo de 1990, p. 16; “Las empresas interesadas en Entel solicitan que se congele el Digi II”, La Nación, 25 de mayo de 1990, p. 10, y “La semana internacional. La revolución copernicana”, por Mariano Grondona, La Nación, 27 de mayo de 1990, p. 8.
“Dromi: precisiones técnicas sobre el crédito italiano”, La Nación, 29 de mayo de 1990, p. 13; “Limitaron el alcance del acuerdo telefónico con Italia”, La Nación, 30 de mayo de 1990, p. 13, y “Pequeña historia de un repentino cambio de opinión, El Digi II se consideraría sólo tras la privatización de Entel”, La Nación, 31 de mayo de 1990, p. 15.
Véase al respecto los artículos: “Excusas ante Italia por expresiones de Dromi”, La Nación, 12 de septiembre de 1990, p. 1; “Los legisladores rechazan los términos de una carta del funcionario. Malestar de diputados con el ministro Dromi” y “Cavallo ratificó el interés del gobierno argentino por Italia”, La Nación, 12 de septiembre de 1990, p. 3.
“Agilizan trámites de los créditos italianos”, La Nación, 11 de octubre de 1990, p. 5.
“Piden que
los créditos sirvan para privatizar”, Clarín,
23 de abril de 1991, p. 13; y “Cavallo pasó por Italia”, Clarín,
24 de abril de 19991, p. 10.
“Menem propicia un sistema de defensa de la democracia”, La Nación, 6 de octubre de 1992, p. 6; Rolando Rivière, “Italia reducirá la tasa de riesgo en un 20% a la Argentina”, La Nación, 7 de octubre de 1992, p. 13.
“Giulio Andreotti se reúne con Menem”, La Nación, 2 de noviembre de 1992, p. 9; “Andreotti sintoniza con Menem”, Clarín, 3 de noviembre de 1992, y “Consejos de Andreotti para ir a la OTAN”, Clarín, 4 de noviembre de 1992, p. 17.
“Consejos de Andreotti para ir a la OTAN”, Clarín, 4 de noviembre de 1992, p. 17.
“Italia, interesada en afianzar los vínculos con el Mercosur”, La Nación, 11 de abril de 1997.
“El presidente tentó a empresarios argentinos”, La Nación, 2 de diciembre de 1997.
“Un almuerzo con Scalfaro”, La Nación, 3 de diciembre de 1997.
“Al final, los italianos hablaron de Malvinas”, La Nación, 4 de diciembre de 1997.
Julio Algañaraz y Carlos Eichelbaum, “Apoyo de Italia a la estrategia argentina por las Malvinas”, Clarín, 4 de diciembre de 1997.
“Un almuerzo con Scalfaro”, La Nación, 3 de diciembre de 1997.
María O’Donnell, “El canciller italiano elogió el apoyo de Menem contra Irak”, La Nación, 19 de febrero de 1998, p. 10; “Un gesto diplomático del canciller italiano”, Clarín, 19 de febrero de 1998.
“Prodi: “Esta es la misión italiana más importante””, La Nación, 7 de abril de 1999, p. 10; “Procesos de integración. Italia y la Argentina se ponen en movimiento”, La Nación, 14 de abril de 1999, Sección 5ª: Comercio Exterior / Transportes, p. 1; y “Los negocios vienen con acento italiano”, ibid., pp. 10-11.
“Menem y Prodi firmaron un nuevo acuerdo de cooperación”, Clarín, 7 de abril de 1998.
Nicolás Cassese, “El embajador italiano planteó a Menem la denuncia de Alenia”, La Nación, 31 de julio de 1998.
Andrea Centeno, “Italia es otro desafío para Menem”, La Nación, 12 de noviembre de 1998, p. 6; idem, “El Presidente defendió a Caselli de las críticas. Hoy desayunará con D’ Alema y se reunirá con el Papa”, La Nación, 13 de noviembre de 1998, p. 10; “La visita a Roma: reunión del primer ministro con Menem. Radares: D’ Alema pidió transparencia”, La Nación, 14 de noviembre de 1998, p. 8; “Airada defensa de Pinochet”, La Nación, 14 de noviembre de 1998, p. 8, y “Garantías para Italia”, Clarín, 14 de noviembre de 1998.
“Italia busca más lazos con la Argentina”, La Nación, 30 de noviembre de 1998.
Elisabetta Piqué, “Acuerdos económicos y políticos en Roma”, La Nación, 30 de marzo de 1999, p. 8.
Datos del INDEC.
“Invierten 50 millones de pesos en una fábrica de golosinas”, Clarín, 4 de agosto de 1996.
“Italia, interesada en petróleo y gas”, Clarín, 7 de septiembre de 1996.
“Benetton instalará un frigorífico de ovinos”, Clarín, 10 de noviembre de 1996.
“Fiat facturará 2.200 millones en 1997”, Clarín, 21 de diciembre de 1996.
“Italia no sólo gasta en pastas”, La Nación, 30 de noviembre de 1997.
Memorándum “Relaciones con Europa Occidental”, copia en Archivo Cisneros.
Russell, “Las relaciones de Argentina con Europa Occidental”, op. cit., pp. 25-28.
“Cavallo se entrevistó con Roland Dumas en París”, La Nación, 7 de febrero de 1990, p. 4.
“Comisión Mixta Argentino-Francesa”, La Nación, 27 de noviembre de 1990, p. 6.; y “Los firmó ayer la vicecanciller de Francia, Edwige Avice. Acuerdos para restablecer créditos de origen francés”, La Nación, 29 de noviembre de 1990, p. 16.
“El cuestionamiento a los DNI”, La Nación, 12 de junio de 1991, p. 10.
“Preocupación de Francia por los DNI”, La Nación, 16 de junio de 1991, p. 7.
Hugo Caligaris, “DNI: Francia aceptaría revisar el contrato”, La Nación, 2 de agosto de 1991, p. 4.
Ibid.
“Prórroga para los DNI”, La Nación, 3 de agosto de 1991, p. 4, y “Advertencia por los DNI franceses”, La Nación, 6 de agosto de 1991, p. 3.
“DNI: apelaron el fallo judicial”, La Nación, 8 de agosto de 1991, p. 4.
“Manzano: marcha atrás con los DNI”, La Nación, 14 de agosto de 1991.
“DNI: reafirman que se anulará el contrato”, La Nación, 15 de agosto de 1991, p. 5. Ver asimismo artículo de opinión “El contrato para la provisión de DNI”, La Nación, 31 de agosto de 1991, p. 6, que juzgaba acertada la decisión del gobierno de Menem de rescindir el contrato con la empresa Sofremi, por tres razones: a) el deber de garantizar una completa transparencia en los contratos suscriptos por el Estado; b) las dudas existentes acerca de la conveniencia de someter a la ciudadanía a las molestias burocráticas derivadas de una renovación de los documentos de identidad vigentes (paso que no respondía a motivos de imperiosa necesidad); y c) las dudas derivadas de un contrato que implicaba una especie de nuevo impuesto para la ciudadanía (cada ciudadano debía abonar el costo de su documento, que podía resultar gravoso para las familias numerosas de condición modesta).
Ibid.
“Menem anunció una nueva era con Francia”, La Nación, 18 de febrero de 1992, p. 1, y Rolando Rivière, “Menem en París. Interesan a Francia las reformas argentinas”, La Nación, 18 de febrero de 1992, p. 7.
“Menem ofreció mediar en el tema del GATT”, La Nación, 19 de febrero de 1992, p. 1; Rolando Rivière, “Menem cumplió ayer el penúltimo día de su visita a Francia. Las perspectivas empresarias”, La Nación, 19 de febrero de 1992, p. 4; “Los subsidios, un tema tabú”, La Nación, 20 de febrero de 1992, p. 5, y Rolando Rivière, “Un viaje presidencial que dejó una positiva imagen”, La Nación, 20 de febrero de 1991, p. 5.
“Un viaje presidencial que dejó una positiva imagen”, op. cit.
“Acuerdan cooperación nuclear con Francia”, La Nación, 29 de septiembre de 1992, p. 6, y “Breves. Cooperación con Francia”, La Nación, 6 de octubre de 1992, p. 7.
Memorándum, sin fecha, copia en Archivo Cisneros.
Graciela Iglesias, “Visas y economías, en la agenda del canciller francés”, La Nación, 24 de octubre de 1994, p. 7, y “Cooperación y visas, temas del canciller de Francia”, La Nación, 25 de octubre de 1994, p. 6.
Silvia Naishtat, “Instrumentan el acuerdo agrícola”, Clarín, 26 de octubre de 1994, p. 25.
Ana Ale, “Privatizaciones: Menem no acepta las presiones de los embajadores”, Clarín, 5 de noviembre de 1994.
“Menem no se preocupa ni por Astiz ni por Scilingo”, La Nación, 26 de febrero de 1996.
Ibid.
Graciela Iglesias, “La sombra de Astiz llegó con Menem a Francia”, La Nación, 27 de febrero de 1996.
Ibid.
Ibid.
Ibid.
“Chirac promovió el eje Europa-Mercosur. Elogió la inversión en la Argentina. Enfasis en la cultura común”, La Nación, 18 de marzo de 1997, p. 1; “Chirac, el interlocutor de Europa. El mandatario francés «legitimó» la existencia del Mercosur al sugerir a Menem un encuentro cumbre con la UE”, La Nación, 18 de marzo de 1997, p. 10; Germán Sopeña, “Mirar hacia adelante, su principal mensaje. El presidente francés puso siempre énfasis en la construcción regional y en el aumento de las relaciones con Europa”, La Nación, 19 de marzo de 1997, p. 5, y “Propuesta de Chirac para reequipar las FF.AA.”, La Nación, 20 de marzo de 1997, p. 10. Tras los viajes de Charles De Gaulle -en 1964- y de Francois Mitterrand -en 1987-, el conservador Chirac era el tercer presidente de Francia que visitaba la Argentina.
“Chirac definió a la Argentina como una gran potencia”, Clarín, 18 de marzo de 1997.
“Propuesta de Chirac para reequipar las FF.AA., La Nación, 20 de marzo de 1997.
Alfredo Vega, “Gestiones para reequipar a las Fuerzas Armadas”, La Nación, 7 de abril de 1997. Asociada con Eurocopter, la empresa Aerospatiale fabricaba helicópteros Lama, Puma y SuperPuma, en uso en el Ejército argentino. La Dassault fabricaba los Mirage, equipados con misiles Matra, modelo Magic aire-aire, y también construía los Super Etendard de la aviación naval. D.C.N.L.O.C. era uno de los astilleros más importantes del mundo, y Thomson fabricaba equipos de comunicaciones y radares para distintas prestaciones. Entre las necesidades más acuciantes, la Fuerza Aérea había hecho hincapié en la modernización de los Mirage III y V con asiento en la VI Brigada de Tandil. Especialmente, el recambio del sistema de navegación inercial por uno a láser; nuevo equipamiento electrónico y la recorrida de los motores. De lograrse esto, y con la repotenciación de los 40 A-4M vendidos por los Estados Unidos, la Fuerza Aérea habría recuperado gran parte del material perdido en la Guerra de las Malvinas. En cuanto a la Armada, si bien sus buques eran de origen alemán, tenían equipamiento electrónico francés y también de ese orgien eran los misiles que utilizaban.
Discurso de despedida del embajador de Francia Renaud Vignal pronunciado por el vicecanciller Andrés A. Cisneros, 30 de julio de 1997, copia en Archivo Cisneros.
“Menem y Chirac destacaron los vínculos UE-Mercosur”, La Nación, 11 de junio de 1998.
“El ministro de Defensa, Jorge Domínguez, se reunió con su par francés”, La Nación, 4 de septiembre de 1998. La empresa francesa Thomson, la norteamericana Northrop Grumman y la italiana Alenia competían en esa licitación. El Estado destinaría una inversión inicial de 183 millones de dólares, pero en etapas sucesivas la erogación alcanzaría los 450 millones de dólares.
Ríos, Ricardo, “Menem hizo sus reclamos y cosechó elogios en París”, Clarín, 15 de octubre de 1998.
Andrea Centeno, “Los subsidios agrícolas, en la agenda de París. Menem pedirá a Chirac que elimine las subvenciones al campo”, La Nación, 14 de octubre de 1998, p. 9; Juan Aznarez, “Política, negocios y relaciones públicas”, La Nación, 14 de octubre de 1998, p. 9; “Menem y Jospin, pocas sonrisas y menos elogios”, La Nación, 16 de octubre de 1998, y “Encuentro con Chirac”, La Nación, 17 de octubre de 1998, p. 10.
Memorándum “Relaciones con Europa Occidental”, copia en Archivo Cisneros.
Datos del INDEC.
Russell, “Las relaciones Argentina-UE en los años noventa...”, op. cit., p. 59.
Gabriela Origlia, “Los franceses con el agua de Córdoba”, La Nación, 9 de marzo de 1997.
“Peugeot dio el paso para tomar Sevel”, La Nación, 10 de abril de 1997.
“Se afirman Renault y Peugeot”, La Nación, 7 de junio de 1997.
Juan Castro Olivera, “La licitación para el control del espacio aéreo. Sospechas sobre la radarización”, La Nación, 5 de junio de 1999, p. 11.
Juan Castro Olivera, “La cuestionada licitación de los radares. Thomson recurrió a la Justicia”, La Nación, 4 de agosto de 1999, p. 9.
“Radares: procuran paralizar la radarización”, La Nación, 5 de septiembre de 1999, p. 8.
Juan Castro Olivera, “Licitación para el Plan Nacional de Radarización. Northrop gana la pulseada”, La Nación, 7 de septiembre de 1999, p. 5.
“Chirac reclamará por los radares a De la Rúa”, La Nación, 8 de noviembre de 1999, pp. 1 y 5.
“Renault:
crece el debate sobre la seguridad jurídica”, La
Nación, 20 de octubre de 1999, y “Dijoud se reunió con Di Tella”, La
Nación, 22 de octubre de 1999.
© 2000. Todos los
derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y
propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente
académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá
contar con la autorización por escrito de los autores.