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Los
tratados firmados con Italia y España durante el gobierno de Alfonsín llevaron
a que representantes de la industria alemana en la Argentina señalaran la
necesidad de que el gobierno alemán reajustara sus relaciones con el gobierno
argentino, de manera de posicionarlos mejor en la eventual competencia con los
nuevos inversores italianos y españoles. La Cancillería argentina también
comenzó a considerar la posibilidad de un acuerdo con Alemania semejante al
firmado con los mencionados países. No obstante, el gobierno alemán expresó
su oposición a firmar un convenio preferencial que se opusiera a la lógica del
mercado. La cooperación debía ser incentivada correctamente, es decir, a través
de la empresa privada en un contexto de estabilidad política y económica. Esto
fue transmitido en diversas oportunidades al gobierno del presidente Alfonsín.(1)
Cuando realizara su gira europea en febrero de 1990,
el canciller Cavallo se entrevistó en Bonn con el secretario de Estado y
vicecanciller Jurgen Sudoff. Los temas abordados fueron los cambios en Europa
Oriental y su posible incidencia en América Latina, el proceso de integración
latinoamericana, la consolidación de los regímenes democráticos en la región
y las transfomaciones que el presidente Menem estaba impulsando en la economía
argentina. Cavallo mencionó luego a la prensa los planes para la estabilización
de la economía argentina, las transformaciones del estado y el avance de la
apertura económica a las inversiones extranjeras y el comercio mundial. El
canciller argentino reveló también que el presidente Menem había asumido el
compromiso de evitar la exportación de los denominados misiles Cóndor II. A su
vez, el ministro de Economía de Alemania, Lorenz
Schomerus, ratificó al ministro Cavallo el apoyo de su gobierno para que la
Argentina pudiera solucionar el problema de la deuda externa, y señaló la
conveniencia del acuerdo en trámite entre la Argentina y la CEE.(2)
Cuando
el 3 de octubre de 1990 se produjo la reunificación de Alemania Occidental y
Oriental, el presidente Menem envió mensajes de congratulación al
presidente Richard von Weizsacker y a su canciller Helmut Kohl. En carta al último,
Menem expresó que la reunificación traducía no sólo las aspiraciones del
pueblo alemán sino también la recuperación en plenitud para la comunidad
internacional de una nación de raíces históricas profundas, sólidamente
asociadas a los valores de la civilización occidental.(3)
Poco después -el 15 de octubre- el gobierno argentino
firmó en Bonn un tratado de refinanciación de su deuda externa con el gobierno
de Alemania por 870 millones de marcos, unos 561 millones de dólares. El
acuerdo preveía que los compromisos que caducaban en diciembre, así como los
que vencían a en marzo de 1991, podrían ser repagados entre 1996 y el 2000. La
tasa media de interés del acuerdo era del 7,3% anual. El acuerdo fue suscripto
por el ministro de Economía, Antonio Erman González; el secretario de Estado
del Ministerio de Asuntos Extranjeros, Hans Werner Lautenschlaeger; el ministro
de Finanzas de Alemania Federal, Horst Koehler, y el presidente del Bundesbank,
Karl Otto Poehl. La refinanciación se inscribía dentro del marco de las
negociaciones con el Club del París formalizadas a fines del año anterior. El
ministro González sostuvo que el convenio era un paso importantísimo para
arreglar las relaciones con Alemania, y que el mismo posibilitaría el aumento
para la Argentina del seguro de crédito Hermes de cobertura para las
exportaciones alemanas, que podía pasar de 200 a 400 millones de dólares. Con
eso sería posible activar las negociaciones para incorporar a la economía
argentina tecnología avanzada y renovar equipos para la producción de bienes
competitivos en los mercados internacionales.(4)
El presidente Menem realizó su primera visita a Alemania
en abril de 1991. El mandatario argentino mantuvo entrevistas con su colega
germano Richard von Weizsacker, y con el canciller federal Helmut Kohl, además
de dar un discurso en la Cámara de Comercio e Industria Alemana. Kohl prometió
a Menem que su país abogaría en el seno de la CEE por que las negociaciones
del GATT llegaran a un resultado exitoso mediante un compromiso global y
equilibrado, porque el gobierno alemán consideraba que “más que nunca el
mundo necesita hoy una clara señal en favor del libre comercio mundial”. El
resultado concreto más importante de la visita fue la firma del Tratado sobre
promoción y protección recíproca de Inversiones, realizada en Bonn el 9 de
abril de 1991.(5)
La negociación para la firma del mencionado tratado quedó
destrabada a último momento por la renuncia de la Argentina a impedir que los
eventuales inversores pudieran repatriar libremente sus ganancias. Hasta
entonces, la Argentina se reservaba el derecho de embargar esos envíos si
atravesaba dificultades en la balanza de pagos. Los funcionarios que gestaron el
acuerdo señalaron que el cambio en la actitud argentina fue consecuencia del
nuevo plan económico, pues el esquema anterior se contradecía con la flamante
convertibilidad del peso. A su vez, Alemania también había flexibilizado su
posición, comprometiéndose a garantizar oficialmente sus inversiones en la
Argentina. En realidad, ese seguro ya existía pero con un techo muy bajo; el
respaldo estatal alemán a sus empresas sería ahora sin límites.(6)
Un tema subyacente tras la visita era el de la deuda
de 650 millones de dólares que la disuelta ENTEL mantenía con la firma alemana
Siemens. Si bien ni las autoridades de Siemens, ni los funcionarios alemanes
consultados admitieron que la deuda con Siemens representara un leading
case para los inversionistas alemanes, pocos dudaban de que esa situación
debía encarrilarse si se pretendía que las
promesas de inversión se concretaran. En una entrevista de Cavallo con el
viceministro de Economía alemán, éste señaló que los argentinos prometían
garantías a futuros inversores, pero la pregunta era por qué motivo no resolvían
antes los problemas con las viejas empresas. Cavallo repitió la explicación
oficial de que la deuda con Siemens no era un incumplimiento con un inversor
extranjero sino un producto de la insolvencia del Estado con todos sus
proveedores. El viceministro dijo que comprendía, pero que sería difícil
hacerlo entender a los dirigentes políticos.(7)
Otra cuestión importante que se analizó fue la
continuación de la cooperación bilateral en el sector nuclear. En primer
lugar, se trató de conseguir la exclusión de la Argentina de la lista negra
alemana por su oposición a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear. Los
países en esa situación no eran considerados confiables para recibir material
y tecnología nucleares. Alemania accedió a entregar fondos para continuar la
construcción de la central atómica Atucha II, pero para continuar y
profundizar la cooperación esperaba el acuerdo de la Argentina con la Comisión
Internacional de Energía Atómica que permitiera realizar controles a sus
plantas nucleares.(8)
La conclusión de Clarín
era que el presidente Menem no se llevaba ningún resultado concreto del viaje.
Las empresas alemanas esperarían a ver los resultados del plan del ministro
Cavallo, y los inversionistas alemanes estarían dispuestos a comprar empresas
argentinas privatizadas si estaban a buen precio y pagando con la propia deuda
argentina. De todos modos, el acuerdo de protección de inversiones convertía
al mercado argentino en algo más atractivo que lo que era unos años atrás,
según los empresarios alemanes.
Mientras tanto, el gobierno argentino avanzaba en la
renegociación de su deuda. En abril de 1992 en Santo Domingo llegó a un
acuerdo con el Banking Advisory Committee, que
representaba a los bancos privados acreedores, entre los cuales figuraban bancos
alemanes. En cuanto a los bancos oficiales, en julio de 1992 se llevó a cabo la
Quinta Ronda de negociaciones con el Club de París, que permitió la
reprogramación de vencimientos, acordándose refinanciar 2.800 millones de dólares
de un total de 8.700 del stock de deuda pública. En julio de 1993 se firmó el
tratado bilateral entre la Argentina y Alemania sobre deuda pública,
ratificando los términos acordados con el Club de París.(9)
A principios de octubre de
1992 el presidente Menem volvió a Alemania. Ante empresarios de la Cámara de
Industria y Comercio de Alemania, Menem trató de presentar las ventajas
comerciales de la Argentina, en cierta forma potenciadas por el ambiente de
inestabilidad que en ese entonces imperaba en Brasil, ofreciendo a su país como
“puerta de entrada” al Mercosur. También habló del proceso de
privatizaciones y confirmó las versiones sobre la intención del gobierno
argentino de integrarse a la OTAN.(10)
Según
un memorándum de la Cancillería argentina, en 1993 la cooperación y la
confianza mutua con Alemania se habían incrementado. Prueba de ello eran las
acciones de cooperación entre ambos Ministerios de Defensa, convenidas en
febrero de 1993, en los ámbitos de estrategia nacional y militar,
reestructuración de las fuerzas armadas, educación militar y adiestramiento,
conducción de personal, e inserción de las fuerzas armadas en una sociedad
libre y democrática. A comienzos de 1993 también había entrado en vigor el
Convenio de Transporte Aéreo con Alemania, que se había concluido en 1985.
Asimismo el ministerio alemán de Economía había eliminado en abril de 1993 a
la Argentina de la llamada lista “H” de la ley de comercio exterior, que
incluía los países respecto de los cuales existían limitaciones para las
exportaciones alemanas de tecnología sensitiva. Posteriormente había entrado
en vigor el Tratado sobre promoción y protección recíproca de Inversiones,
que fuera suscripto en 1991. El ministro de Relaciones Exteriores de Alemania
Klaus Kinkel había estado en la Argentina en octubre de 1993, firmándose un
Memorándum de entendimiento sobre consultas periódicas en materia de Política
Exterior, y un Convenio intergubernamental para el régimen de las escuelas
alemanas en la Argentina.(11)
Por otra parte, si bien el acuerdo de 1995 entre el
Mercosur y la Unión Europea había incidido en el aumento del intercambio
bilateral (ya un 40% mayor desde 1991) y de las inversiones en la región, la
atracción de capitales por los países de América Latina no era fácil debido
a la competencia de los países del Este europeo y de Asia. En 1995, por
ejemplo, el flujo de inversiones directas alemanas al exterior había sido de
15.000 millones de dólares: la mitad hacia países ex comunistas, y del resto,
2/3 casi iguales, a Asia y a América Latina.(12)
A
la vez, la inversión directa alemana en América Latina y el Caribe era menor
que la de otros países de la UE. No obstante, de 280 millones de dólares
anuales promedio en la década de los 80 había pasado a 540 millones en la de
1990. La misma se había concentrado en los países más grandes, recibiendo la
Argentina alrededor de un 9% del total en 1995.(13)
En vísperas de la llegada a la Argentina del
canciller Kohl a mediados de septiembre de 1996, Clarín señalaba que las inversiones alemanas en la Argentina en el
período 1991-1996 habían totalizado 450 millones en forma directa (el doble de
lo alcanzado en el mismo lapso de cada una de las tres décadas anteriores) y
550 millones en radicaciones financieras de mercado. Alrededor de 500 a 600
Pymes argentinas estaban ligadas al comercio con Alemania, mientras que más de
2.500 germanas tenían vínculos con firmas nacionales. En toda América Latina,
las inversiones directas germanas habían sumado en 1994 algo más de 1.000
millones de dólares, apenas el 2,1% de sus colocaciones externas en todo el
mundo. De esa cantidad, la Argentina había recibido aquel año 199 millones y
597 Brasil, el país de mayor recepción de capitales alemanes y en el cual el
15% del PBI industrial del mayor estado, San Pablo, lo generaban firmas
alemanas.(14)
El canciller Kohl llegó acompañado por representantes
de 17 grandes consorcios alemanes para iniciar un desembarco que había perdido
las privatizaciones por llegar con retraso. Tres años atrás, poco después de
la unificación de las dos Alemanias, el gobierno argentino se había lamentado
en la embajada alemana de que la Argentina no recibiera inversiones. La
respuesta fue que primero Alemania tenía que consolidarse en el este europeo, y
luego llegaría el momento de América Latina y de la Argentina. Las empresas
que vinieron con Kohl estaban interesadas sobre
todo en las privatizaciones de
aeropuertos y los sistemas de radares. La visita oficial comenzó el 16 de
septiembre, con una reunión de Kohl con el presidente Menem. El canciller alemán
elogió a la Argentina y señaló que desde su primera visita al país en 1984
muchas cosas habían cambiado, tanto aquí como en Europa. América Latina había
vivido un proceso de estabilización y aperturas económica y política sin
precedentes, y los logros alcanzados por la Argentina eran un “éxito”. Si
la economía argentina se desarrollaba en esas líneas, los argentinos tendrían
más éxito aún en el futuro, señalando que se refería sobre todo a la
flexibilización laboral que redujera el costo del trabajo.(15)
Kohl aconsejó mantener el control del gasto público, y remarcó la importancia
de observar las reglas acordadas en el GATT y puestas bajo la vigilancia de la
OMC. Kohl y Menem suscribieron un Protocolo relativo al convenio de 1978 para
evitar la doble imposición tributaria. Además, Menem fue invitado a visitar
Alemania el año siguiente.(16)
En efecto, el presidente Menem viajó a fines de mayo de
1997 a Alemania, para realizar una visita oficial destinada a incrementar el
comercio entre ambas naciones y atender las relaciones con la Unión Europea. Se
trataba de una visita de fuerte contenido económico, dada la presencia de una
delegación de 54 empresarIos argentinos interesados en atraer la atención de
la fuerte capacidad de inversión alemana. Menem y su ministro de Economía
Roque Fernández compartieron un itinerario de dos días con intensa actividad
en territorio alemán, para posteriormente separarse y desarrollar agendas
propias.(17)
Al arribar el 26 de mayo al aeropuerto de Berlín, Menem
declaró que la Argentina estaba en condiciones de “ingresar a Maastricht”,
aunque inmediatamente agregó: “claro que no nos corresponde”. Menem fue
recibido por el presidente Roman Herzog, quien le ofreció una comida de gala.
Además de los ministros Fernández, Di Tella, Domínguez, el embajador
argentino Guillermo Keller Sarmiento y otros funcionarios, participaron de la
misma el secretario Ramón Hernández, los empresarios Carlos Spadone y Mario
Falak, el petrolero Antonio Cassia y Armando Gostanian. “Bajo su dirección
-dijo Herzog a Menem esa noche- su país ha seguido ejemplarmente el modelo de
la economía social de mercado y cumpliría con facilidad los criterios de
Maastricht, que tantos dolores de cabeza nos causan a los europeos”.
En la misma ciudad, el ministro Fernández mantuvo un
encuentro con su par alemán, Gunther Rexrodt, y participó de un almuerzo
organizado por la Federación de Cámaras de Comercio (DITH). Posteriormente,
disertó en un seminario organizado por esa misma Federación y la Unión
Industrial Alemana, donde resaltó las oportunidades de inversión que ofrecía
la economía argentina. En ese encuentro también hablaron el titular de la
DITH, Hans Stihl; el presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Julio
Macchi, y el presidente del Banco Roberts, Enrique Ruete Aguirre. Asimismo,
representantes de Siemens y Volkswagen expusieron los casos de las compañías
en la Argentina.
Menem se reunió al día siguiente en Bonn con el
canciller Kohl, y le pidió inversiones en el próximo proceso de
privatizaciones que se desarrollaría en la Argentina. La prioridad del
encuentro Menem-Kohl radicó en el análisis conjunto de las conclusiones del
grupo mixto de trabajo argentino-alemán, que los mandatarios habían inaugurado
en septiembre de 1996, tras la visita de Kohl a la Argentina, y que sus miembros
ajustaron en marzo de 1997 en Bonn. El informe revisaba las áreas que serían
licitadas próximamente en la Argentina, como aeropuertos, trenes y subterráneos,
además de las posibilidades para la cooperación alemana en proyectos
especiales, como la construcción del puente Buenos Aires-Colonia y
Rosario-Victoria, la construcción de un tren de alta velocidad que uniera
Buenos Aires y Mar del Plata y otros proyectos energéticos.(18)
Los pedidos argentinos de mayores inversiones alemanas se
explicaban en parte por el déficit de la balanza comercial con Alemania, que en
1996 había sido de 859 millones de dólares, con importaciones por 1.424
millones y exportaciones por 565 millones de dólares, en tanto que en el primer
bimestre de 1997 se observaba un rojo de 205,1 millones de pesos. Entre 1995 y
1996, las exportaciones argentinas a Alemania habían caído cerca del 18%,
mientras que los alemanes habían aumentado, en ese período, sus ventas a la
Argentina casi el 50%. No obstante, Alemania tenía en 1997 un déficit fiscal
del orden de los 18.000 millones de marcos (unos 11.000 millones de dólares),
una cifra que superaba el 3% de su PBI, establecido como meta en Maastricht.
Según Clarín, algunos diarios alemanes habían criticado la figura de Menem. Entre otros, Der Tagesspiegel había publidcado títulos como los siguientes: “Alemania puede aprender de la experiencia económica argentina, si no fuera porque en el Río de la Plata hay una desocupación del 17%, según datos oficiales, y algo más según otras mediciones”; “El Partido Justicialista perderá en octubre la mayoría confortable que tiene en el Congreso”, y “Menem y sus consejeros están bajo sospecha de corrupción. En el caso del Presidente, por su amistad con Alfredo Yabrán, un empresario con métodos no muy claros”.(19)
Pocos días después de la visita de Menem, el 10 de
junio de 1997 el ex embajador alemán en la Argentina, Jorge Kastl, hizo en Berlín
unas declaraciones muy críticas de los militares argentinos que habían actuado
durante el Proceso militar. El jefe del Ejército argentino, teniente general
Martín Balza, le respondió lo siguiente:
“Es
inaceptable y agraviante para mí lo que dijo ese señor, porque al generalizar
parecería que todos los militares éramos torturadores, asesinos y ladrones.
Pero además, al decir que los que combatieron en las Malvinas demostraron ser
malos soldados, el ex embajador ofende la memoria de nuestros muertos, mutilados
y de todos los que combatieron”.(20)
Por último, el presidente
alemán Roman Herzog realizó una visita a la Argentina entre el 2 y el 5 de
marzo de 1999, acompañado por altos funcionarios y un grupo de 40 empresarios.
Herzog se comprometió a abrir los archivos del Ministerio de Relaciones
Exteriores alemán y de la embajada de ese país en Buenos Aires para dar a
conocer la información que allí pudiera existir acerca de personas de origen
germano desaparecidas durante el Proceso Militar argentino. Herzog anunció su
decisión minutos después de una reunión que mantuvo con Madres de Plaza de
Mayo de origen alemán, acompañadas por el pastor Juan Pablo Schaad, quienes le
pidieron al presidente alemán que conversara con el presidente Menem sobre la
impunidad respecto de los crímenes cometidos, y reclamaron que Bonn ayudara a
acceder a los documentos y registros del consulado alemán.(21)
Herzog admitió que Alemania
había quedado rezagada entre los países que habían realizado inversión
extranjera directa en la Argentina. Los capitales alemanes representaban sólo
un 2% del total invertido en 1998, lejos del resto de los principales países
europeos. En su discurso en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires ante
empresarios alemanes y argentinos, y estando presentes el ministro de Economía
Fernández y el canciller Di Tella, Herzog dijo que había sido una decepción
que Alemania no hubiera participado de las privatizaciones, pero la caída del
muro de Berlín la había obligado a reacomodar primero los mercados locales.
Sostuvo también que había existido cierta falta de conocimiento del
empresariado alemán, situación que iba a cambiar porque los empresarios habían
vuelto a detectar el potencial de la Argentina.(22)
Al
igual que en el caso de los otros países de Europa Occidental, la balanza
comercial levemente favorable a la Argentina a comienzo de la década se tornó
ampliamente favorable a Alemania al final de la misma. En 1990 la Argentina
exportaba a Alemania por valor de 651 millones de dólares e importaba por 408
millones. El saldo de la balanza cambió de signo a partir de 1993, con fuertes
valores negativos para la Argentina en 1997 y 1998. En 1999 las exportación
argentinas fueron de 632 millones de dólares y las importaciones argentinas
alcanzaron 1.409 millones.(23)
Como se vio, Alemania quedó rezagada respecto de otros países en materia de
inversiones en la Argentina. No obstante, las empresas alemanas tradicionales
instaladas en la Argentina –las automotoras Volkswagen y Mercedes Benz, la química
Bayer y Siemens- se mantuvieron.
Cabe
señalar que el comercio bilateral con todos los países se caracterizaba en
general por la exportación de productos primarios, como carnes, alimento para
animales, lanas, pieles, cueros y tabaco, y la importación de bienes
manufacturados entre los cuales figuraban calderas y artefactos mecánicos,
autos y tractores, aparatos eléctricos, productos químicos y farmacéuticos.
Con las dificultades derivadas de la política agraria común aplicada por los
países europeos y la mencionada estructura del comercio exterior argentino con
esos países fue muy difícil para la Argentina revertir los déficits de su
balanza comercial.
3. Los vínculos con el Vaticano. La posición argentina a favor de la vida y de condena al aborto
Las relaciones de la Argentina con el Vaticano se
caracterizaron por las varias entrevistas que el presidende Menem mantuvo con el
Papa Juan Pablo II, hecho que el presidente argentino se encargó de resaltar al
final de su gobierno. No obstante, debido a que un sector de la Iglesia
argentina fue muy crítico de la política económica y social menemista, debido
a la pobreza y marginación que generaba, las relaciones con el Vaticano no
estuvieron exentas de problemas. Probablemente la posición antiabortista
asumida por el gobierno argentino haya sido una estrategia para evitar las críticas
del Vaticano respecto de las consecuencias de la política económica aplicada
en el Argentina.
El presidente Menem viajó a Roma y se entrevistó con el
Papa Juan Pablo II el 29 de octubre de 1990. Menem recibió respaldo y
advertencias. El Papa expresó un mensaje de esperanza para la Argentina.
Consciente de que todavía no habían desaparecido las heridas y antagonismos
del pasado, señaló que era necesario un renovado esfuerzo para superar
cualquier forma de enfrentamiento y fomentar una creciente solidaridad entre
todos los argentinos. Pero, a la vez, recordó que en su último viaje a América
Latina, había observado la existencia de una creciente inquietud moral, que se
manifestaba bajo la forma de crisis sociales y otros fenómenos, como la
violencia, el desempleo y la marginación, y que amenazaba la coexistencia pacífica.
La Argentina no escapaba a esos problemas, que golpeaban a vastos sectores de la
población y requerían mayor responsabilidad a todos los niveles y un
compromiso más determinado con el bien común.
Luego de otro encuentro con el secretario de Estado
cardenal Agostino Casaroli, Menem mantuvo una conferencia de prensa en la
embajada argentina. Se le preguntó si firmaría pronto el indulto a los
militares y civiles presos. El presidente sostuvo que lo haría antes de fin de
año, porque “si no hay perdón no habrá reconstrucción moral y tal vez
material de la República”. Cabe señalar que nueve años después, al
terminar su última reunión con el Papa, Menem dijo a un periodista italiano
que los indultos habían sido recomendados por el Sumo Pontífice. Respecto de
la entrevista de octubre de 1990, el presidente explicó que había hecho una
breve referencia al Papa sobre el programa de apertura económica y otras
medidas necesarias para introducir a la Argentina en el mundo moderno. Menem había
sostenido la necesidad de aggiornamiento
de una Argentina, que alguna vez había sido uno de los diez países más prósperos
del mundo y que había descendido al 84° lugar, “una involucion increíble e
intolerable”. Un indisimulado triunfalismo llevó a Menem a hacer referencia a
todo lo realizado por la Argentina en “tan sólo un año”, cuando a Italia
le había llevado diez o quince años ponerse en marcha por el camino de la
modernización.(24)
El 23 de marzo de 1992 el Papa Juan Pablo II exhortó
ante el embajador argentino en el Vaticano a que el Estado velara por los
sectores más desprotegidos para que no fueran “víctimas de los planes de
ajuste, ni queden marginados por el dinamismo del crecimiento”.(25)
Poco después, el presidente Menem defendió su política económica frente a
las advertencias sobre el costo social del ajuste formuladas por el Papa. Menem
señaló que el Papa no estaba bien informado respecto de la evolución del plan
económico, y afirmó que las estadísticas indicaban que en ese momento había
menos del 5% de desocupación, en contraposición al 12% existente en 1989.(26)
En septiembre de 1996 llegó a Buenos Aires el cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, y muy cercano al Papa Juan Pablo II. Oficialmente el objetivo de su visita era al Congreso Latinoamericano del Movimiento Pro Vida a realizarse en Luján. No obstante, en las reuniones que mantuvo con el presidente Menem, el vicepresidente Ruckauf, el gobernador Duhalde, las principales autoridades de la Iglesia argentina y numerosos legisladores dejó en claro la posición de rechazo de la Iglesia a cualquier ley que pudiera abrir paso al aborto. Su visita era el punto culminante de las presiones realizadas desde el Vaticano para que el gobierno argentino tomara en cuenta su postura sobre legislación reproductiva y familiar. Existían tres proyectos que preocupaban a la Iglesia en esta materia: fecundación artificial, paternidad responsable y derecho a una muerte digna. En su audiencia con Menem, el cardenal agradeció la posición oficial en foros internacionales y destacó las coincidencias del Vaticano con el gobierno argentino “en la batalla por la defensa de la dignidad de la vida humana”. El cardenal se llevó una promesa de Menem: a través del ex ministro de Justicia Rodolfo Barra, el gobierno controlaría que las leyes que pudieran aprobarse en el Congreso estuvieran en sintonía con la postura de la Iglesia. Esa misma tarea de control sobre la aplicación de principios promovidos por la Iglesia había tenido Barra en 1994 durante la Convención de Santa Fe que reformara la Constitución Nacional.(27)
Al mes siguiente, viajó a la Argentina el cardenal
Agostino Casaroli, ex secretario de Estado del Vaticano, para participar en los
actos con los que se recordaría la firma del Concordato del 10 de octubre de
1966, mediante el cual se había puesto fin al ejercicio del derecho de
Patronato por el gobierno argentino, reconociendo a la Iglesia el libre
ejercicio del poder espiritual, culto y jurisdicción en materia de su
competencia. Podía en consecuencia instalar nuevas diócesis, nombrar prelados
y tener libre comunicación con autoridades eclesiásticas y fieles. En aquella
oportunidad el papa Paulo VI había calificado el acuerdo como “el primer
fruto en el campo de la relaciones entre la Iglesia y los Estados, tras el
Concilio Vaticano II”. La negociación había comenzado en 1958 durante la
presidencia de Arturo Frondizi y culminado en la de Arturo Illia, aunque se firmó
luego de su derrocamiento. Casaroli se reunió en entrevistas privadas con Menem
y con Di Tella.(28)
El 10 de febrero de 1997 Menem decidió nombrar a
Esteban Caselli embajador argentino en el Vaticano, en remplazo de Francisco
Trusso, que se encontraba al frente de la representación diplomática desde
1991. Caselli había acompañado a Eduardo Bauzá en todos los cargos políticos
desde la asunción de Menem, y había oficiado de contacto entre la Iglesia y el
gobierno durante el período de Bauzá al frente de la Secretaría General. En
noviembre de 1995 se habían atribuido a Caselli las gestiones realizadas en el
Vaticano para diluir un crítico discurso del papa Juan Pablo II sobre la
desocupación en el país, pronunciado frente a un grupo de obispos argentinos.
Con el remplazo del cardenal Antonio Quarracino por monseñor Estanislao Karlic
al frente del Episcopado, Caselli había perdido influencia en la cúpula de la
Iglesia, que en su momento había sido muy valorada por el Presidente.(29)
El 11 de octubre de 1997 el presidente Menem mantuvo su cuarta audiencia con el Papa Juan Pablo II desde 1989, dos semanas antes de que tuvieran lugar las elecciones legislativas en la Argentina. Según Clarín,(30) la reunión había dividido a la Iglesia argentina en dos posiciones: mientras un grupo de obispos le atribuía fines electoralistas, otros obispos consideraban que el primer mandatario tenía el derecho de reunirse con el pontífice cuando mejor le pareciera. No obstante, los obispos no hicieron declaraciones sobre el tema. El encuentro se había logrado por la buena relación del embajador Caselli con el secretario de Estado del Vaticano, el influyente cardenal Angelo Sodano. El gobierno argentino lograba ese reconocimiento por su alineamiento en los foros internacionales con la posición contraria al aborto.
Durante la audiencia entre Menem y el Papa se tocaron los
siguientes temas:
a) Hielos continentales. Según afirmó Menem luego del
encuentro, la Santa Sede iba a “exhortar” a los gobiernos de la Argentina y
Chile -y no a sus Congresos, como era el deseo de la Cancillería- a una pronta
ratificación del acuerdo por Hielos Continentales. El Vaticano enviaría el mes
siguiente una carta a los presidentes o cancilleres argentino y chileno firmada
por su secretario de Estado, Angelo Sodano, y no por el Papa -como procuraba el
gobierno-. El texto manifestaría el agrado de la Santa Sede por la voluntad
negociadora de los dos países y, según Menem, los “exhortaría" a
ratificar el acuerdo. En los hechos, la solicitud del Vaticano no agregaba nada:
eran los Congresos y no los gobiernos los que tenían demorada la aprobación
del acuerdo que pondría fin al último conflicto limítrofe entre la Argentina
y Chile. El vocero del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, señaló que no era de
práctica que el Papa se dirigiera a los Parlamentos. De esa manera, las
expectativas del embajador Caselli no parecieron del todo cumplidas.
b) La cuestión social. Según Menem, durante la
entrevista no se habló de la cuestión social en la Argentina. Sin embargo, el
presidente reconoció que había revisado con el Papa la situación social en
Cuba y Haití, “los dos países a los que hizo referencia Su Santidad”
cuando conversaron sobre Latinoamérica. Menem sostuvo que no se había hablado
de otros países, pero el comunicado del Vaticano indicó que en la audiencia
con el Santo Padre, como en el sucesivo encuentro de Menem con el cardenal
Sodano, se había evaluado también la situación en América Latina, con
particular atención a algunos problemas de desarrollo y justicia social en
algunos de los países.
c) Libertad religiosa en Cuba. Menem dijo en conferencia de prensa haber asegurado al Papa que hablaría con Fidel Castro el mes siguiente próximo para reclamarle mayores espacios de libertad religiosa para la Iglesia en Cuba. Menem urgiría a Castro a que concediera mayores libertades a la Iglesia católica cubana en la cumbre de 1997 de presidentes y primeros ministros de la comunidad iberoamericana a celebrarse en la isla venezolana de Margarita. Sin embargo, el comunicado del Vaticano sobre la audiencia no mencionó en absoluto ese tema y la Santa Sede no se manifestó explícitamente a favor del pronunciamiento argentino por la libertad religiosa en Cuba.
Por otra parte, Menem explicó a la prensa que había
decidido no boicotear la cumbre iberoamericana que tendría lugar en Cuba en
1999, en virtud de que el Papa iba a viajar a Cuba en enero de 1998, único país
de América Latina que aún no había visitado. En las últimas semanas habían
crecido los rumores de que la Argentina se aprestaba a anunciar que si en el
futuro no se registraban aperturas democráticas en el régimen comunista
cubano, Menem no asistiría a la cumbre de La Habana.
d) Iniciativa internacional a favor de la libertad
religiosa. Según Clarín, Menem habló también con el Papa, pero mucho más con el
cardenal Sodano, de la perspectiva de que la Argentina tomara una iniciativa a
nivel diplomático internacional en favor de la libertad religiosa. Esa
iniciativa incluiría a Cuba, pero sobre todo a China, Sudán y otros países
islámicos integristas que no concedían ningún espacio a las otras religiones.
Un caso típico, se sostenía, era Arabia Saudita. Del tema hablaría Menem con
el presidente norteamericano Bill Clinton, que llegaría esa semana a Buenos
Aires. La iniciativa podía ser lanzada en la cumbre de los países
iberoamericanos de noviembre en Venezuela.
No se hizo mención alguna a la posibilidad de que la
Iglesia estudiara la beatificación de personalidades argentinas que eran objeto
de culto. Tampoco se aludió a la posibilidad de que el Papa visitara la
Argentina. Menem dijo que el Papa le había agradecido a él y a la Argentina
“por su defensa permanente de la vida, de la familia y la condena al
aborto”. La audiencia ocupó sólo 13 minutos de los 50 que habían sido
anunciados previamente.
Saludaron al Papa luego de la entrevista Guido Di
Tella, el embajador Caselli; el embajador en Roma, Erman González; los
gobernadores Ramón Puerta y Jorge Escobar; Carlos Corach; Alberto Kohan; el
senador Carlos Reutemann; el médico del Presidente, Alejandro Tfeli, y el
secretario privado, Ramón Hernández.
Una semana después de la visita de Menem al Vaticano, en
el marco de una reorganización general de la Curia, el Papa reemplazó al
otrora poderoso gobernador vaticano, cardenal venezolano José Rosolio Castillo
Lara. Este era una persona conocida en la Argentina, y había sido condecorado
por el presidente Menem durante su visita al Papa, junto con otros dos
purpurados. El Papa nombró en lugar del cardenal Castillo Lara a su par
estadounidense, de origen polaco, Edmund Szoka, que hasta ese momento era
titular de la Prefectura de Asuntos Económicos y estaba considerado un
especialista en temas financieros. En la lista de consultores del gobernador
vaticano aparecía como "honorario" Francisco Javier Trusso, hijo del
ex embajador argentino ante la Santa Sede y que estaba seriamente implicado en
el escándalo del Banco de Crédito Provincial (BCP), del cual era accionista
mayoritario.(31)
Inmediatamente, el banquero Trusso presentó la renuncia a su cargo de
“consultor honorario” de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad
de Vaticano. Trusso había sido el primer argentino y el segundo extranjero en
ocupar ese cargo consultivo.(32)
A fin de avanzar en su estrategia de acercamiento a la
nueva conducción de la Conferencia Episcopal argentina, durante su viaje a
Italia a comienzos de diciembre de 1997, Menem mantuvo en Roma un encuentro con
el cardenal Raúl Primatesta y el arzobispo Estanislao Karlic. Los prelados eran
parte de una delegación del Episcopado argentino que estaba participando del Sínodo
de América en el Vaticano. Ambos representaban una nueva línea pastoral que
contaba con el consenso de la gran mayoría de los obispos argentinos, y que
reclamaba autonomía absoluta del poder político, observaba con mucha
sensibilidad los problemas sociales y se inscribía a pleno en la movilización
evangélica y de autocrítica que el Papa reclamaba a la Iglesia. La invitación
a una recepción en la embajada a la delegación por parte del embajador Caselli
demostraba su comprensión de que el fin de la conducción amiga y de talante
conservador de la Conferencia Episcopal, que había guiado el cardenal
Quarracino, podía dar paso a una etapa fructífera si el gobierno se sabía
manejar con flexibilidad, respetando los roles bien diferenciados de cada parte.(33)
A fines de diciembre de 1997 el Papa confirmó que
recibiría a la conducción de la CGT argentina en la audiencia pública del 18
de febrero de 1998 en el Vaticano. El embajador Caselli había gestionado el
pedido por vía del cardenal Sodano, luego de haber desactivado un encuentro de
la central sindical con el Papa en junio anterior, por temor a que su presentación
de cartas credenciales en la Santa Sede coincidiera con una visión crítica del
sindicalismo por la situación social en la Argentina.(34)
El 22 de diciembre de 1997 La
Argentina y Chile pidieron conjuntamente al titular de la academia diplomática
del Vaticano, monseñor Jaime Montalvo, que presidiera la comisión de
Conciliación argentino-chilena que el año siguiente buscaría una solución
para los Hielos Continentales, paso que se daría luego de que terminara de
naufragar el acuerdo de la Poligonal de 1991. Montalvo era un arzobispo
colombiano y jurista que había sucedido al cardenal Antonio Samoré, cuando éste
falleció a principios de los ochenta. El pedido conjunto era importante por
varios motivos. Primero porque si Montalvo aceptaba se completaría esa comisión
estratégica, contemplada en el tratado de Paz y Amistad de 1984, y que estaba
acéfala desde la muerte del uruguayo Giménez de Arrechaga. Los otros miembros
de la comisión eran el argentino Héctor Masnatta y el chileno Helmut Bruner.
Segundo, el pedido a Montalvo significaba de hecho el ingreso de la disputa por
los Hielos al área de influencia del Vaticano, aunque Chile se negara por el
momento a que la comisión de Conciliación intentara una solución para el último
litigio pendiente con la Argentina. De esta forma, una eventual arbitraje -el
paso siguiente a una conciliación- ya estaría dentro de la jurisdicción de la
Santa Sede. La decisión de hacer este pedido había sido tomada la semana
anterior por los cancilleres Di Tella y José Miguel Insulza en una reunión
realizada en Montevideo. Allí Di Tella había comunicado a su par chileno que
el acuerdo de la Poligonal no sería ratificado por el Congreso argentino, en
virtud del resultado de las elecciones de octubre anterior. Formalmente, los
cancilleres acordaron un compás de espera hasta marzo de 1998 ante la
posibilidad de que los sectores opositores de ambos países realizaran alguna
propuesta alternativa al acuerdo de la Poligonal. En realidad, el gobierno
argentino esperaba que en esa fecha Chile flexibilizara su negativa a poner en
marcha la conciliación por los Hielos. Chile se
negaba a dar ese paso desde que había perdido la totalidad de Laguna del
Desierto en un arbitraje en 1994.(35)
El 10 de agosto de 1998 Menem hizo efectivo el traspaso
de la Secretaría de Culto de la Cancillería a la órbita de la Presidencia y
puso en funciones al nuevo secretario de Culto, Juan José Laprovitta. A pesar
de asistir al acto representantes de todas las confesiones presentes en la
Argentina y varios miembros de la jerarquía católica, la sola presencia de
tres de los veinte obispos que formaban la comisión permanente del Episcopado
(no estaban su presidente, Estanislao Karlic, ni los vicepresidentes) reveló la
reticencia que inspiraba la medida, efectuada sin ninguna consulta a las
autoridades religiosas. Extraoficialmente el episcopado había señalado que con
el traspaso y el desplazamiento del titular de la Secretaría de Culto, Angel
Centeno, un adversario del embajador ante la Santa Sede Caselli, el gobierno
pretendía manipular la relación con la Iglesia.(36)
En el marco de su visita a Italia, el 11 de noviembre de
1998 Menem tuvo un nuevo encuentro con el Papa Juan Pablo II. Menem reiteró una
vez más su firme posición, prolijamente alineada detrás de la Iglesia Católica,
en defensa de la vida y la familia y en contra del aborto. Propuso incluso
impulsar en forma conjunta la designación de un día internacional en defensa
del nonato. Además, habló del caso Pinochet y, como en su encuentro con
D’Alema del mismo día, defendió la posición de las autoridades de Santiago.(37)
Luego del encuentro con el Papa, Menem dijo a la prensa que no había pedido que
el Vaticano fuera sede de la eventual firma del acuerdo por los Hielos
Continentales con Chile, pero Clarín
sostuvo que fuentes de la delegación argentina habían afirmado que sí lo había
hecho. No obstante, el acuerdo se firmaría en Buenos Aires el 16 de diciembre
de 1998.(38)
El modo en que el embajador Caselli había organizado una
visita del Papa Juan Pablo II a la Iglesia Nacional Argentina de Roma no fue
bien visto por el obispo de Zárate-Campana, monseñor Rafael Rey, quien acusó
a Caselli de estar entrando en cuestiones internas de la Iglesia y disponiendo
de algunas cosas que no le correspondían. Rey, un habitual crítico de la gestión
menemista, aclaró que se refería -entre otras situaciones- al hecho de que las
máximas autoridades del Episcopado se habían enterado por los diarios de la
visita del Pontífice al templo argentino, a través de los dichos de Caselli.
El obispo opinó, por otra parte, que tal vez no todos en el Vaticano estuvieran
enterados de la realidad argentina, porque había un embajador que sólo
informaba lo que le convenía. Las duras críticas de monseñor Rey provocaron
la respuesta del presidente Menem desde Roma, quien dijo que algunos obispos
“tenían posición política tomada”. A su vez, el presidente del Episcopado
monseñor Karlic prefirió en Roma no hablar del malestar que había provocado
en el Episcopado que Caselli se opusiera a un encuentro que la UIA y la CGT
tendrían el día 13 con el Papa. El contacto, respaldado por la Pastoral
Social, tenía por objeto entregarle al Papa un documento en el que expresaban
su disposición a buscar en conjunto soluciones al problema del desempleo.(39)
El 21 de marzo de 1999 Menem recibió una carta del
Papa Juan Pablo II, en la que el último respaldaba la iniciativa presidencial
de establecer la celebración del Día del Niño por Nacer (que se dispuso por
decreto 1406 /99 para ser celebrada el día 25 de marzo, fecha en que el
catolicismo festeja la Anunciación de la Virgen María). En la primera
celebración oficial, el presidente invitó a los jefes de los gobiernos
latinoamericanos y de España, Portugal y Filipinas a adherir a la iniciativa.
Señaló como una prioridad de la política exterior argentina “una firme
defensa de la vida desde la concepción” y afirmó que ese principio debía
ser considerado como “política de Estado”. La posición oficial mereció elogios de altos
dignatarios del Vaticano, como de su representante ante las Naciones Unidas, el
arzobispo Renato Martino, quien sostuvo que la Argentina era uno de los países
que en los foros internacionales defendía “la dignidad de la persona
humana”. Según
La Nación, la iniciativa a favor de
la jornada del Niño por Nacer y el seminario realizado por el gobierno para
honrar la figura del Papa fueron gestos dentro de la estrategia oficial por
atemperar los cuestionamientos del Episcopado argentino respecto de las políticas
sociales, de los escándalos por corrupción y de controversias institucionales,
como las amenazas reeleccionistas.(40)
En efecto, el obispo emérito de Viedma, Miguel
Hesayne, envió el 10 de junio de 1999 una carta pública al presidente Menem de
fuerte contenido crítico, reclamándole un público arrepentimiento por los
injuriosos insultos que había lanzado contra el titular de Caritas, monseñor
Rafael Rey, y enfatizando que el jefe del Estado podría engañar hasta al mismo
Papa, pero no a Jesucristo. Hesayne salió en defensa de Rey, acusado por el
presidente de “mentirle al pueblo” cuando aseguró que en la Argentina existían
13 millones de pobres, cifras elaboradas por el Banco Mundial. No obstante, el
obispo emérito señaló a Menem que todavía estaba a tiempo de reparar, en
parte al menos, la injusticia social que su gobierno había extendido por el país,
instándolo a dejar un camino menos difícil a los gobernantes que lo
sucedieran.(41)
La política adoptada por el gobierno argentino hacia
la Santa Sede tuvo su rédito para el presidente argentino cuando, pocos días
después, monseñor Renato Martino le entregó a Menem el premio Sendero de la
Paz 1999, en reconocimiento a su defensa de la vida y de la familia, así como
sus esfuerzos en nombre de la paz mundial.(42)
El 22 de noviembre de 1999 en el contexto
de su última gira internacional como jefe de Estado, Menem tuvo su sexto y último
encuentro con el papa Juan Pablo II, obteniendo la promesa vaticana de que sería
convertido en embajador itinerante de la Santa Sede, para proclamar la defensa
de la vida y condenar el aborto. Menem también fue invitado a integrar una
comisión de notables que se dedicaría a divulgar la doctrina de la Iglesia
cristiana. Como contrapartida, el cardenal Sodano reclamó públicamente que el
próximo gobierno argentino continuara con la línea trazada por Menem.(43)
Menem declaró luego que se había
conversado sobre la necesidad de trabajar intensamente sobre la propuesta de la
Iglesia de defender la vida, la familia, la libertad y la moral cristiana,
expresando también a funcionarios de su comitiva que el Papa lo había
felicitado por todo lo que había hecho por la Iglesia y por el “excelente
gobierno”. Si la propuesta de la Iglesia se concretaba, Menem señaló que
podría cumplir su estrategia de posgobierno: viajar por el mundo para reforzar
internacionalmente la figura de estadista. Su intención era tener un lugar en
el mundo, una voz autorizada por el Vaticano para fortalecerse ante la comunidad
mundial, y volver a la presidencia en el 2003, con una imagen realzada y con
peso. Paradójicamente, la prensa italiana prestó poca atención a la visita de
Menem, señalando en cambio el descalabro financiero de las embajadas
argentinas. En su suplemento económico, el Corriere della Sera mencionó ese tema y dedicó a la Argentina una
extensa nota sobre la situación económica por la que este país atravesaba.
“La fiesta terminó, hombre. Y también el dinero”, comenzaba el artículo,
que destacaba el índice de desocupación, la desigualdad y el enorme déficit público
que heredaba el presidente electo Fernando de la Rúa.(44)
4.
La cuestión de los derechos humanos
En fallo sin precedentes, el 16 de marzo de 1990 el
Tribunal de lo Criminal de París condenó a cadena perpetua al capitán de
corbeta argentino Alfredo Astiz por el secuestro y tortura en Buenos Aires de
dos monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet, en diciembre de 1977. Astiz
había sido absuelto por la Corte Suprema de Justicia argentina en marzo de
1988. El gobierno argentino rechazó el primer pedido de extradición francés
el 20 de septiembre de 1990, argumentando el principio de territorialidad, y la
improcedencia del pedido de detención en virtud de que los hechos juzgados habían
ocurrido con anterioridad a la Convención contra la Tortura y Otras Penas o
Tratamiento Crueles, Inhumanos o Degradantes, adoptada en diciembre de 1984 en
Nueva York, y por ende anterior a la entrada en vigor del Código Procesal francés.(45)
A
fines de 1993, el presidente Menem aprobó una lista de ascensos para oficiales
de la Armada argentina elaborada por el Ministerio de Defensa. Pero cuando esa nómina
llegó al Senado se conoció que dos militares allí incluidos –Antonio Pernías
y Juan Carlos Rolón- habían sido acusados de violar derechos humanos durante
el gobierno militar. Interrogado al respecto, Pernías reconoció públicamente
que la tortura era una “herramienta” que se había usado en la Escuela de
Mecánica de la Armada (ESMA) para obtener información de los detenidos, e
implicó a la Armada en el secuestro y asesinato de las monjas francesas Domon y
Duquet.
El
ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Alain Juppé, durante su visita
efectuada a la Argentina en 1994,
calificó de “muy graves” las revelaciones de Pernías y Rolón, y sostuvo
que correspondía a las autoridades judiciales francesas adoptar las iniciativas
necesarias sobre el tema. Antes de dejar el país, Juppé se reunió con
miembros de Madres de Plaza de Mayo y de la Asociación de Familiares de
Detenidos-Desaparecidos.(46)
El
bloque de senadores peronistas anunció de inmediato que rechazaría el pedido
de ascenso de Pernías y Rolón. El presidente Menem expresó que no compartía
la decisión de los senadores -para el Poder Ejecutivo, el tema referido a la
subversión era “cosa juzgada”- pero la respetaba.(47)
Cuando a fines de febrero de 1996 el presidente Menem
viajó a Francia, la visita se vio empañada por la “cuestión Astiz”. Ante
los reclamos de información de diez organizaciones de derechos humanos sobre
los ciudadanos franceses desaparecidos en la Argentina, y el pedido de una
declaración de responsabilidad del estado similar a la que el presidente Chirac
había hecho a poco de asumir sobre la entrega de 75 mil judíos a los campos de
exterminio nazi, el canciller Di Tella se declaró partidario de una indemnización
pecuniaria y una moral a los familiares de los desaparecidos, pero no política.
Sostuvo que si se pedía una declaración de culpabilidad del estado argentino,
habría que esperar otros 50 años como había ocurrido en Francia.(48)
El embajador francés en la
Argentina, Renaud Vignal, insistió en julio de 1996 en que aún pesaba el
pedido de captura sobre Astiz. En septiembre de ese año,
a raíz de las fuertes presiones ejercidas por el gobierno de Francia, Astiz pasó
a retiro, y el gobierno argentino tuvo alguna esperanza de que con esa medida el
tema se aplacara.(49)
El 17 de marzo de 1997 el presidente francés Jacques
Chirac inició su visita a a la Argentina. En el primer día de su estadía,
Chirac envió a su ministro delegado de Asuntos Europeos, Michel BarnIer, a
rendir homenaje a “las víctimas francesas de la represión ilegal” en la
Argentina y a los muertos en el atentado contra la Embajada de Israel en 1992.
Barnier depositó una corona de flores al pie del monumento inaugurado en la
embajada de Francia en homenaje a las monjas Duquet y Domon y los otros
desaparecidos de origen francés. Aparentemente, el caso Astiz no fue tocado en
la reunión que Chirac mantuvo con Menem.(50)
Sin embargo, al final de la
visita, y aprovechando un ámbito en el que hablaba más para la prensa francesa
que cubría su gira que para los argentinos, Chirac calificó a Astiz de
“asesino”, aclarando que, si bien hubiera preferido que estuviera en
prisión en Francia, era respetuoso de la ley y de la Justicia argentinas y de
lo decidido por ellas. De esa manera, no quedaron dudas sobre la opinión del
presidente francés sobre el caso Astiz. El embajador de Francia, Renaud Vignal,
que durante años mantuvo una posición extremadamente firme sobre el castigo
que reclamaba Francia para Astiz, lo escuchó con satisfacción. La toma de
posición de Chirac sobre Astiz fue para el diplomático un respaldo a su
actuación, algo doblemente importante para Vignal dada la filiación socialista
del embajador.(51)
El asunto se complicó en junio de 1997
cuando el diario Página/12 reveló
que Astiz, pese a haber pasado a retiro, cumplía funciones en el Servicio de
Inteligencia Naval (SIN). El gobierno francés mostró su irritación a través
del embajador Vignal, y el gobierno argentino se vio en la obligación de exigir
al jefe de la Armada, almirante Carlos Marrón, que relevara a Astiz de sus
tareas. El ministro de Defensa Jorge Domínguez expresó a Vignal que ni él ni
el presidente habían sido notificados del tema y que no existía un contrato
laboral que ligara a Astiz a la Armada, ya que se lo llamaba esporádicamente.
El diplomático manifestó su satisfacción por la decisión tomada.(52)
Durante la visita del presidente argentino a Francia en
octubre de 1998, mientras Menem daba una charla ante intelectuales franceses, el
canciller Di Tella debió neutralizar los reclamos de organismos de derechos
humanos que le solicitaron tres medidas: a) la designación de un mediador entre
ambos países, para que informara sobre el destino de los quince desaparecidos
franceses durante la última dictadura militar en la Argentina; b) la
reconstrucción de las listas de desaparecidos y el esclarecimiento de las
circunstancias en que se habían producido las desapariciones, c) la exclusión
de la función pública de todos aquellos ex integrantes de la dictadura, y d)
que se dieran a conocer los nombres de los responsables de la represión ilegal.
Di Tella tomó en cuenta las demandas del nombramiento de un mediador para
esclarecer los casos de los franceses desaparecidos y se comprometió a hacer
todo lo posible para agilizar las investigaciones.(53)
El 7 de mayo de 1996 comenzó en Roma una audiencia preliminar para determinar si se procesaba a 40 militares argentinos como responsables de la desaparición de al menos 120 ciudadanos italianos durante la dictadura militar. El fiscal Antonio Marini había pedido archivar el proceso judicial iniciado en 1983 tras la denuncia por la desaparición de más de 600 ciudadanos italianos, con el argumento de la falta de colaboración de la Justicia argentina. Según dirigentes de derechos humanos, a través de un supuesto pacto secreto realizado en 1995 entre los gobiernos de la Argentina e Italia se había acordado la caducidad de la causa a cambio de la extradición desde la Argentina del ex capitán nazi Erich Priebke. Si ese pacto secreto existió, en mayo de 1996 su continuidad fue sepultada por la asunción de un nuevo gobierno italiano dominado por la centroizquierda. El juez de investigaciones preliminares Claudio D’Angelo, del Tribunal de Roma, rechazó el pedido de archivar el proceso formulado por el fiscal Marini.(54)
El 14 de enero de 1997 tuvo lugar una audiencia preliminar para definir la suerte de la causa. Si se decidía la continuación del proceso, casi 90 militares y policías argentinos -entre ellos cuatro ex presidentes- podían ser condenados y corrían el riesgo de ser detenidos si salieran del país.(55) La audiencia, presidida por el juez D’Angelo, sirvió para que los abogados de los familiares de las víctimas, el fiscal Marini y el abogado defensor del almirante Armando Lambruschini (el único involucrado que se presentó ante la Justicia italiana) se manifestaran en favor o en contra del comienzo de un proceso penal. El 12 de febrero D’Angelo decidió continuar las investigaciones de seis homicidios y dos secuestros de recién nacidos y promover un proceso penal contra varios ex militares argentinos.(56)
El 6 de abril de 1998, en su
primer día de visita oficial a la Argentina, el primer ministro de Italia,
Romano Prodi, afirmó que el gobierno italiano estudiaba la posibilidad de
constituirse en parte querellante en el juicio. Prodi recibió a un grupo de
madres de desaparecidos italianos que promovían el juicio en Roma contra siete
militares argentinos, entre los que se encontraban el ex general Guillermo Suárez
Mason y el general (RE) Santiago Omar Riveros. Suárez Mason y otros ex
represores estaban libres pese a haber sido condenados por la Justicia argentina
porque habían sido beneficiados por las leyes de Punto Final, Obediencia Debida
y por los indultos del presidente Menem. En junio de 1998 Prodi confirmó que el
estado italiano se había constituido en parte civil en el juicio, pero dijo que
ello no afectaría las relaciones bilaterales.(57)
A fines de julio se inició ante los tribunales
romanos otra causa contra varios marinos argentinos que operaban en el campo de
detención clandestina que funcionó en la ESMA. La causa se abrió después que
el ministro de Justicia italiano, Oliviero Diliberto, autorizó a proceder con
la hipótesis de homicidio múltiple agravado, del cual habían sido víctimas
tres ciudadanos italianos asesinados en 1977. Los imputados eran Jorge E.
Acosta, quien se hallaba preso por su participación en el robo de
hijos de desaparecidos; Alfredo Astiz; el capitán de fragata Jorge
Vildoza; el vicealmirante (RE) José Antonio Vañiek y el prefecto Héctor
Febres.(58)
Según el Código Penal italiano, los mencionados podían ser procesados y
condenados en ausencia.
Familiares de italianos desaparecidos denunciaron
también otros casos de desapariciones y robo de bebés. De esta manera, al
proceso penal iniciado el 20 de mayo por la desaparición de ocho ciudadanos
italo-argentinos (por el cual siete militares argentinos ya estaban inculpados),
y a la nueva causa contra Astiz y otros ex represores de la ESMA, iba a sumarse
un proceso que comenzaría en octubre contra los ex militares argentinos
Guillermo Suárez Mason, Santiago Omar Riveros, Omar Héctor Maldonado,
Alejandro Puertas, Juan C. Girardi, Roberto Rossin y José Luis Porchetto,
acusados de la desaparición de nueve argentinos de origen italiano, entre ellos
dos niños.(59)
La otra gran cuestión en las relaciones ítalo-argentinas
en materia de derechos humanos fue el llamado “caso Priebke”. A principios
de mayo de 1994, el ex nazi Erich Priebke fue ubicado en la ciudad argentina de
Bariloche por periodistas de la cadena de televisión norteamericana ABC, a los
que confesó haber participado en la masacre de las Fosas Ardeatinas en Italia,
durante la Segunda Guerra Mundial. El 9 de mayo el gobierno italiano pidió su
detención preventiva acusándolo de complicidad en violencia con homicidio
premeditado. El juez federal Lenónidas Moldes le dictó la prisión
domiciliaria. El 8 de junio
Italia pidió la extradición, que fue concedida el 4 de mayo de 1995 por el
juez Moldes. Sin embargo, la defensa apeló y el caso pasó a la Cámara Federal
de General Roca, la cual el 23 de agosto rechazó la extradición argumentando
que los crímenes habían prescripto. Eso provocó un fuerte repudio
internacional. Alemania pidió la detención preventiva de Priebke por los
mismos crímenes, con lo cual, el 25 de agosto, después de 28 horas de
libertad, Priebke fue detenido en su casa nuevamente.(60) El rechazo al pedido de
extradición fue apelado ante la Corte Suprema por el fiscal Helvecio Barba.(61)
Después de un proceso que duró más de 18 meses, el 2 de noviembre de 1995 la Corte Suprema de Justicia decidió extraditar a Priebke. Según determinaron la mayoría de los ministros de la Corte, se concedió la extradición porque el delito que se le imputaba a Priebke era el de genocidio –atentado contra la humanidad- que no prescribía a pesar de su antigüedad, como lo indicaba el derecho internacional.(62) Priebke fue extraditado a Italia. Allí, aunque el Tribunal Militar italiano que lo juzgó lo encontró “culpable” de homicidio múltiple, el 1° de agosto de 1996 los jueces lo liberaron por considerar que el delito había prescripto y porque para ellos lo había cometido “sin crueldad ni premeditación”.(63)
El gobierno argentino declaró que no permitiría el
regreso de Priebke al país. El ministro del Interior, Carlos Corach, basó la
decisión en el artículo 21 del Reglamento de Migraciones, que inhabilitaba
para ser admitidos o permanecer en el país a los extranjeros que registraran
antecedentes que pudieran comprometer la seguridad, el orden público o la paz
social. Dos días más tarde, Menem reiteró su promesa de no permitirle el
reingreso a la Argentina. Priebke no alcanzó a ser liberado. El gobierno
italiano volvió a detenerlo inmediatamente para considerar un pedido de
extradición que presentó Alemania.
En abril de
1996 la Justicia española decidió iniciar una investigación sobre los 38
ciudadanos españoles y unos 200 familiares desaparecidos en la Argentina
durante la última dictadura militar. La denuncia, admitida en la Audiencia
Nacional por el juez Baltasar Garzón, había sido presentada por la Unión
Progresista de Fiscales y apoyada luego por la tercera fuerza política española
Izquierda Unida. Estaba dirigida contra los militares argentinos considerados
responsables de torturas y desapariciones, entre los cuales se encontraban los
miembros de las sucesivas juntas militares y otros altos oficiales.(64)
El recrudecimiento de denuncias y planteos judiciales por casos de desaparecidos en países como España, Francia e Italia obligó al gobierno argentino a realizar una reunión de urgencia. Participaron de la misma el jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, los ministros de Interior Carlos Corach, de Defensa Oscar Camilión, de Justicia Rodolfo Barra y de Relaciones Exteriores Guido Di Tella, y el jefe de la Secretaria de Inteligencia del Estado (SIDE), Hugo Anzorreguy, entre otros. La preocupación del gobierno era que prosperaran los pedidos de extradición que se habían presentado en España, habiendo declarado el canciller español, Abel Matutes, que su gobierno pediría la extradición de militares argentinos si así lo decidía la Justicia española. Consecuentemente, se asignó al ministro Barra para que analizara las atribuciones jurídicas de otros estados para solicitar ese tipo de medidas, y que estudiara las posibilidades de defensa que tendrían los militares involucrados.(65)
Por otra parte, la Cámara Federal argentina dispuso
garantizar la reserva de identidad de todas las personas que quisieran aportar
datos sobre el destino final de los desaparecidos, y resolvió trasladarse a
cualquier lugar del país o del exterior donde pudieran encontrarse pruebas o
residieran personas en condiciones de declarar. Según los camaristas, la decisión
fue tomada al margen de los reclamos internacionales que pesaban sobre la
Argentina.(66)
Los organismos que habían iniciado la denuncia en España
anunciaron que reclamarían también por los menores secuestrados o nacidos en
cautiverio, descendientes de esos ciudadanos españoles. La Unión Progresista
de Fiscales, la Izquierda Unida, la Asociación Argentina por los Derechos
Humanos con sede en España y la Organización Solidaridad para Asia y América
Latina (OSPAAL) pedirían entre otras medidas que el juez requiriera al estado
argentino las instrucciones que tenían las fuerzas armadas para aplicar en los
procedimientos en los que había menores involucrados.(67)
El juez Garzón resolvió llamar a declarar a 101
militares, policías y civiles argentinos como “querellados-imputados” en la
causa por la desaparición de españoles en la Argentina. En la lista de
imputados figuraban oficiales y suboficiales de las tres fuerzas armadas
argentinas, policías y varios médicos que habían participado en sesiones de
tortura. El oficial naval Adolfo Scilingo, quien manifestó haber participado en
los “vuelos de la muerte”, envió una carta a Garzón ofreciéndose a
realizar amplias declaraciones.(68)
La
situación planteada habría sido uno de los motivos de la suspensión de la proyectada
visita del jefe del gobierno español, José María Aznar a Buenos Aires en
noviembre de 1996, como escala previa en su viaje a Chile, donde tendría lugar
la Cumbre Iberoamericana. Se acordó que Aznar mantuviera una reunión privada
con Menem en un intervalo de la Cumbre y que la visita oficial de varios días
se realizara en marzo o abril del año siguiente. La decisión se interpretó
como una estrategia del gobierno argentino para evitar tener que tratar el tema
de los desaparecidos.(69)
En enero de 1997 el gobierno argentino rechazó un pedido de asistencia judicial internacional de la Justicia española, argumentando deficiencias formales que impedían su tramitación. Pero la oposición iba más allá de lo administrativo. El presidente Menem ya había anticipado que la Argentina no accedería a esa petición. La negativa se basaba en que “acceder al pedido implicaría violentar los intereses esenciales de la Nación, que en forma solidaria y en ejercicio de su poder soberano estructuró una solución legislativa y judicial que permitió la pacificación interna”. La respuesta del gobierno argentino defendía el principio de territorialidad, señalando que, aun cuando las deficiencias fueran subsanadas, el gobierno argentino había resuelto rechazar el pedido “toda vez que refiriéndose el mismo a hechos ocurridos en territorio de nuestro país son de competencia exclusiva de sus tribunales”.(70)
El 25 de enero Garzón ratificó que seguiría adelante y
convocaría a los acusados por otros medios alternativos. La lista de Garzón
fue ampliada al incluirse a un ex ministro del Interior argentino y a tres
militares y un policía uruguayos que según el juez podrían esclarecer algunos
de los crímenes ocurridos en Argentina.(71)
Al mismo tiempo, Garzón citó como testigos a la ex presidenta argentina María
Estela Martínez de Perón, al escritor Ernesto Sabato (quien fue presidente de
la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, CONADEP), a Graciela Fernández
Meijide (ex secretaria de dicha entidad) y a Julio César Strassera (quien había
sido fiscal en el juicio contra los responsables de las desapariciones). En una
entrevista con el diario Clarín, el canciller Di Tella comparó la actitud de Garzón con la
de los gobiernos imperialistas europeos del siglo XIX, que aplicaban derechos
especiales a sus ciudadanos, sin importar el lugar del mundo donde se
encontraran.(72)
En su declaración ante el juez Garzón, la señora de
Perón señaló que su gobierno había sufrido una confabulación que la había
convertido en víctima y alejado de todas las decisiones importantes. Por lo
tanto, según la testigo, no existía ninguna responsabilidad de su parte en
todo lo que pasó entonces y lo que vino después. La señora de Perón aclaró
a Garzón que no había tenido conocimiento mientras fue presidenta sobre la
existencia de bandas paramilitares ni sobre la Alianza Anticomunista Argentina
(Triple A), responsable de varias desapariciones. Explicó también que cuando
firmó el decreto que postulaba el “aniquilamiento” de los subversivos se
refería a su eliminación política y no física. El término
“aniquilamiento” se repitió en otro decreto posterior, que firmó el
entonces presidente provisional del Senado a cargo de la Presidencia, Italo
Luder.(73)
El 25 de marzo de 1997 el juez Garzón dictó la
prisión preventiva al ex presidente Leopoldo Fortunato Galtieri, a quien halló
responsable de terrorismo, genocidio, asesinato y detención ilegal. Poco después,
la causa por los desaparecidos españoles fue tratada en el encuentro que el
jefe de gobierno español José María Aznar y el presidente Menem mantuvieron
el primer día (20 de abril) de la visita del presidente español a Buenos
Aires. Aunque no se refirió públicamente al tema, Aznar le adelantó a Menem
que reivindicaría durante su visita la necesidad de que se esclareciera el
destino de los 600 españoles desaparecidos aquí. El gobierno de derecha español,
en proceso de acercamiento y más afín al menemismo que la gestión socialista,
respetaba sin embargo las leyes e indultos que habían beneficiado a los
militares acusados de estas desapariciones.(74)
La cuestión volvió a ser considerada en la reunión
de trabajo que Menem y Aznar mantuvieron el 21 de abril. Finalizada la misma, el
secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, dijo que Aznar no había
expresado preocupación por el tema de los desaparecidos durante el encuentro, y
que había ratificado que aquél no era un tema del gobierno español sino que
era la decisión de un juez. De acuerdo con su legislación local, España podía
juzgar los delitos cometidos contra españoles en cualquier parte del mundo.(75)
La supuesta despreocupación de Aznar por el tema de
los desaparecidos se contradijo horas después con los resultados de la reunión
que aquél mantuvo con familiares de las víctimas españolas. Ante seis
integrantes de la Comisión de Desaparecidos Españoles, Aznar prometió que su
gobierno colaboraría con la Justicia para esclarecer la suerte corrida por los
hijos de los desaparecidos de esa nacionalidad. El compromiso fue revelado tanto
por fuentes españolas como por familiares de los desaparecidos españoles. La
vocera del grupo explicó que Aznar había pedido mayor información sobre los
menores desaparecidos y ofreció todos los servicios jurídicos que necesitaran
los familiares, que se harían efectivos a través de la embajada en Buenos
Aires.(76)
El 2 de junio, en una respuesta parlamentaria, el
Ejecutivo español precisó que los expedientes y documentos sobre los
desaparecidos en la Argentina durante la dictadura fueron destruidos en 1983 por
orden de las autoridades militares, antes de la toma de posesión de Raúl
Alfonsín como presidente, según la información de que disponía. Dicha
información había sido facilitada por el Ministerio de Justicia y otras
autoridades argentinas al embajador español en Buenos Aires. El gobierno español
agregaba que las informaciones publicadas el pasado abril por el diario español
El Mundo, en las que se decía que los
documentos sobre la represión argentina habían sido microfilmados por los
servicios secretos españoles (CESID) antes de ser depositados en Suiza, ya habían
sido negadas por el ministro de Defensa, Eduardo Serra. El CESID, aseguraba el
gobierno, no había microfilmado la documentación ni tenía constancia de su
existencia. Asimismo, la embajada de España en Buenos Aires comunicó
oficialmente a las autoridades argentinas que las microfichas no estaban, ni
tampoco habían estado en el pasado, en poder de ningún organismo oficial español.(77)
En octubre de 1997 el juez Garzón ordenó la detención
del ex capitán de corbeta Adolfo Scilingo. En marzo de 1995, el ex militar había
revelado que en 1976 y 1977 había actuado en el centro clandestino de la ESMA y
que había tomado parte en dos vuelos durante los cuales se lanzó al mar
narcotizados a treinta detenidos. El ex marino argentino se presentó
voluntariamente ante Garzón, y declaró que la Armada argentina había montado
un “plan maquiavélico y siniestro para la represión de los subversivos”.
Scilingo terminó admitiendo su participación en los “vuelos de la muerte”.
En su opinión, la apropiación de menores nacidos en cautiverio buscaba hacer
desaparecer el cuerpo del delito, ya que un chico vivo era una prueba de que su
madre había desaparecido. También reveló que en la ESMA se incineraban cadáveres
de desaparecidos y dijo que por allí habían pasado el escritor y periodista
Rodolfo Walsh y la ciudadana sueca Dagmar Hagelin.(78)
Por último, el 8 de octubre Scilingo entregó al juez Garzón una lista con 158
nombres de militares que habían protagonizado actos represivos en la ESMA entre
1976 y 1977.(79) El 10 de octubre Garzón
dictó la prisión de Scilingo –al poco tiempo le dictaría la libertad bajo
fianza- y libró una orden internacional de captura contra el ex almirante
Emilio Massera y otros nueve represores.(80)
El 26 de enero de 1998 el
gobierno argentino denegó un nuevo pedido de asistencia judicial librado por la
Justicia española, sobre la base de los mismos argumentos explicitados en la
anterior denegatoria: el principio de territorialidad, la cosa juzgada y el
interés nacional en una solución legislativa y judicial que había permitido
la pacificación interna. Al efecto, el presidente Menem firmó el decreto
111/98, que también llevaba la firma del canciller Di Tella y del ministro de
Justicia, Raúl Granillo Ocampo.
A comienzos de marzo de 1998
el gobierno argentino anunció que intentaría impulsar la creación de una
Corte Penal Internacional para juzgar los delitos de lesa humanidad, proyecto
que formaba parte de la estrategia oficial para frenar las investigaciones de
Garzón, por las cuales ya habían sido citados a declarar más de doscientos
oficiales de las fuerzas armadas argentinas, de los cuales diez tenían orden de
captura.(81)
El canciller Di Tella defendió
la necesidad de crear una Corte Penal Internacional destinada a juzgar y
sancionar a los autores de crímenes de guerra, genocidios, crímenes de lesa
humanidad y atrocidades contra la sociedad civil, a través de una nota
publicada el 13 de marzo en Clarín.
Dicha corte no significaría menoscabar la independencia y jurisdicción de los
sistemas de justicia nacionales, sino que, por el contrario, el diseño de esa
instancia internacional partía de que eran los sistemas judiciales de cada
Estado los que tenían la responsabilidad primaria y los medios más adecuados
para investigar y sancionar a los responsables de esos crímenes. Según Di
Tella, el comportamiento del juez Garzón tenía que ver más con la política
que con la Justicia. El juez español se apartaba de principios cardinales del
derecho como la “cosa juzgada”, e invadía el concepto de territorialidad.
Además, sus actitudes guardaban un aire familiar con las tradicionales prácticas
“imperialistas”.(82)
Los once magistrados de la Audiencia Nacional de España
dieron a conocer el 4 de noviembre de 1998 los fundamentos jurídicos del fallo
unánime que reconocía la competencia del juez Garzón. La argumentación señalaba
que pese a las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y amnistías dictadas por
las autoridades argentinas, los responsables podían ser juzgados en España por
genocidio, terrorismo y torturas.(83)
El 13 de septiembre de 1999 por primera vez un fiscal
federal argentino declaró como testigo ante el juez Garzón. Hugo Carlos Cañón,
fiscal de la Cámara Federal de Bahía Blanca, entregó al magistrado una amplia
documentación y listas con nombres de represores. Cañón rompió la falta de
colaboración con la Justicia española establecida por el gobierno de Menem, y
explicó que su presencia en la Audiencia se enmarcaba en las instrucciones
entregadas a los fiscales por el procurador general Nicolás Becerra, a fin de
que colaboraran en determinar la verdad histórica sobre los desaparecidos.(84)
El 2 de noviembre el juez Garzón procesó a 98
represores y pidió a Interpol sus capturas. Menem anticipó que el pedido de
extradición sería rechazado apenas llegara a la Cancillería. Si el pedido de
extradición se producía antes del término de su gobierno el 10 de diciembre,
aplicaría el decreto 111 firmado el año anterior para bloquear la asistencia a
Garzón sin dar intervención a los tribunales locales.
Estando de visita en Brasil, el presidente electo De la Rúa
también cuestionó el pedido de captura de los represores argentinos, pero
aclaró que era un tema que tenía que resolver la Justicia. De la Rúa
reivindicó el principio de territorialidad invocado por el menemismo, pero marcó
diferencias con Menem. El presidente electo se inclinaba por derivar la
solicitud a la Justicia local para que decidiera en virtud del Tratado de
Asistencia Judicial y Extradición firmado con España en 1987, durante el
gobierno de Raúl Alfonsín.(85)
En abril de 1998 se anunció que la fiscalía general de
Bonn recibiría denuncias sobre la desaparición de ciudadanos alemanes durante
el último régimen militar argentino. De esa forma, Alemania era el cuarto país
de la Unión Europea, junto con Francia, España e Italia, en que la justicia
local investigaba el destino de connacionales víctimas de la represión en la
Argentina entre 1976 y 1983. Dichas denuncias se sumarían a las acciones
iniciadas por la denominada Coalición contra la Impunidad, organismo con sede
en Nüremberg, en relación con una lista de 75 personas de origen alemán
desaparecidas.(86)
Pero, además de que las buenas relaciones
argentino-germanas podían entorpecer el desarrollo de las investigaciones,
existía el obstáculo de que la legislación alemana no podía juzgar y
condenar a una persona en ausencia, y obtener la extradición de los acusados
era muy improbable. No obstante, los fiscales podían considerar el caso como de
interés público y realizar la investigación. Los jueces podrían luego pedir
la captura internacional de los acusados y dar a conocer los hechos. Mientras
tanto, en la Argentina, el embajador alemán, Adolf Ritter von Wagner, recibía
a una delegación de familiares de alemanes desaparecidos. Luego de la misma, el
cónsul señaló que no podía opinar sobre el tema porque el asunto estaría en
manos de la Justicia alemana, pero sostuvo que siempre se había ayudado a los
descendientes de alemanes desaparecidos.(87)
El Tribunal Supremo alemán autorizó el 19 de julio de
1998 a la fiscalía de Nüremberg a comenzar las investigaciones, en un proceso
que no tenía precedente en Alemania. Los ex presidentes argentinos Jorge Rafael
Videla y Leopoldo Fortunato Galtieri, el almirante Emilio Eduardo Massera y el
general Carlos Guillermo Suárez Mason figuraban entre los 41 altos oficiales de
la fuerzas armadas argentinas que serían investigados. La denuncia era
justificada jurídicamente en el artículo 7º del Código Penal alemán,
aplicable a todos aquellos delitos cometidos contra ciudadanos alemanes en el
extranjero, cuando esos delitos también estuvieran tipificados en la legislación
del país donde se cometieron. Los abogados alemanes explicaron que la ley de
Punto Final de 1986, y la de Obediencia Debida de 1987, no afectaban el artículo
7º del Código Penal alemán, ya que tenían el carácter de una amnistía.
En caso de que se produjeran condenas en Alemania, era
poco probable que la Argentina extraditara a los acusados. Sin embargo, la
investigación alemana poseía un valor especial porque desde los juicios contra
los criminales de guerra nazis, hacía más de 50 años, Nüremberg tenía un
significado simbólico en cuanto a la aclaración y sanción de crímenes políticos.(88)
Por último, cabe mencionar
que, en diciembre de 1998, la jueza helvética Christine Junod solició la
extradición de Jorge Rafael Videla y de Emilio Eduardo Massera. En el caso del
último, la jueza procuraba procesarlo por la desaparición en la Argentina del
ciudadano suizo-chileno Alexei Jaccard, ocurrida en 1977. El
juez Gabriel Cavallo recibió el requerimiento y citó a Massera para que tomara
conocimiento y realizara su descargo. Massera respondió que entendía que ya
había sido juzgado por ese hecho. Además, el ex marino estaba bajo investigación
y arresto en dos juzgados federales por su presunta participación en la
sustracción de menores nacidos de mujeres mantenidas en cautiverio.(89)
5. Participación argentina en las operaciones de paz internacionales
5.1. Creación de los Cascos Blancos
La Argentina propuso en 1993 la creación de los
Cascos Blancos, una organización constituida por equipos de personal voluntario
especializado en diversas áreas con el objetivo de prestar asistencia
humanitaria a los pueblos que sufran emergencias extremas. En julio de 1994 fue
creada localmente. En diciembre la iniciativa de los Cascos Blancos fue avalada
por la Cumbre de las Américas reunida en Miami. Los presidentes comprometieron
el apoyo y la participación de sus países e instruyeron a las organizaciones
regionales (OEA, BID, OPS), para que respaldaran técnica, política y
financieramente la iniciativa. En diciembre de 1994 la Asamblea General de la
ONU dictó, por unanimidad, la Resolución 49/139 B, alentando las medidas
voluntarias nacionales y regionales dirigidas a poner a disposición de la ONU
las capacidades de reserva de recursos técnicos y humanos especializados para
el socorro de emergencias y rehabilitación. Finalmente, la Asamblea General de
la ONU, en su quincuagésimo período de sesiones, brindó el espaldarazo
definitivo a la iniciativa argentina.(90)
En algunas oportunidades, la
Organización Cascos Blancos se encuentra capacitada para apoyar operaciones
previas, como misiones de paz llevadas a cabo por los Cascos Azules, y en otras
oportunidades, constituir misiones propias. Las Operaciones Militares de Paz, o
Cascos Azules, están constituidos por personal militar perteneciente a las
fuerzas armadas de los estados que intervienen en ellas, ya sea con el objeto de
mantener, o incluso, imponer la paz en lugares en los que se esté desarrollando
un conflicto. A su vez, los Cascos Blancos están constituidos por personal
civil voluntariamente incorporado a la organización, que conforma grupos
asistenciales de emergencia, los cuales no se integran a una dependencia
permanente, sino que se ponen a disposición para el eventual llamado que
determine una emergencia. Unos y otros quedan entonces nítidamente
diferenciados, no sólo por sus distintos objetivos, sino también por su
conformación y financiamiento. Su punto de contacto fundamental, fuera de la
similitud de sus nombres, está en su coordinación por la ONU, bajo cuya
bandera operan. Los Cascos Blancos argentinos financian su preparación local
con aportes privados. Las misiones internacionales son financiadas con un fondo
especial administrado por la ONU.
En septiembre de 1996, tras
un encuentro entre el responsable italiano para la cooperación internacional,
Paolo Bruni, y el embajador Octavio Frigerio, titular de la Secretaría de
Asistencia Internacional Humanitaria Cascos Blancos, Italia se incorporó
activamente a la organización con el compromiso de proveer fondos y voluntarios
a las misiones humanitarias donde fueran requeridos. El primer paso de la
participación italiana sería dado en Angola, donde los voluntarios junto a sus
pares argentinos cumplirían una misión de detección y neutralización de las
minas terrestres antipersonas. Italia iniciaría su participación con un primer
envío de un millón de dólares, siendo los recursos adicionales provistos por
el fondo Cascos Blancos que administraba la ONU. Frigerio señaló que la
iniciativa Cascos Blancos del presidente Menem estaba atravesando una etapa de rápida
internacionalización, a partir de la participación -con recursos humanos y
económicos- de un número creciente de naciones altamente industrializadas,
entre las que se encontraban Francia, Italia, Alemania y España.(91)
La Fundación Europea de los
Cascos Blancos se constituyó el 23 de noviembre de 1998 en Roma, permaneciendo
todavía a la espera del reconocimiento de las autoridades de los distintos países.
La Fundación desea extender su acción más allá del continente europeo a los
estados vecinos. La tarea que se ha fijado es iniciar proyectos para mejorar la
situación social en Italia y en el exterior dondequiera que exista la
necesidad. El objetivo es actuar inmediatamente en los casos de rehabilitación
social y económica y mejoramiento de la vida de las personas en situación médica
o económica deplorable.(92)
Hacia fines de abril de 1999 el embajador Frigerio
expuso los fundamentos, la evolución y los alcances de la iniciativa Cascos
Blancos en Bruselas, ante el Parlamento Europeo, convocado por la Comisión de
Derechos Humanos, Asuntos Exteriores y Desarrollo de ese cuerpo. La invitación
constituyó un gesto de reconocimiento hacia la Argentina como país promotor de
la iniciativa y se originó en la propuesta de los eurodiputados del Grupo de
los Verdes para crear un grupo civil de paz, a semejanza de los Cascos Blancos.
Frigerio abogó por la creación de un mecanismo de coordinación entre los
Cascos Blancos de la Argentina y los de otros países en vías de desarrollo con
los actores humanitarios de la Comunidad Europea.(93)
Un equipo de Cascos Blancos argentino desarrolló en
1997 un operativo en la región de Goris en Armenia, donde la producción de
alimentos se encontraba seriamente afectada por la carencia de insumos agrícolas
y el proceso de cambio en la propiedad de la tierra. En colaboración con el
programa pro huerta del INTA, se implantaron en seis meses más de 500 huertas
familiares. El proyecto recibió la adhesión y el aporte del Programa Mundial
de Alimentos.(94)
Otro contingente fue reclutado y organizado en
respuesta a un pedido formulado al gobierno argentino por el Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), por el Programa Mundial de
Alimentos (PMA), y en atención también a la solicitud de ayuda presentada ante
la Cancillería argentina por el gobierno de Albania, para paliar las
privaciones de miles de refugiados de origen albanés.(95)
El
fin de la guerra fría produjo un incremento de conflictos regionales, cuyas
características demostraron la incapacidad de las fuerzas de paz de la ONU para
contenerlos en muchos casos. Hasta entonces, dichas fuerzas
habían sido utilizadas para interponerse entre facciones beligerantes,
monitorear un cese del fuego o informar sobre la implementación de un acuerdo
de paz. En pocos años su mandato se vería ampliado, pasando a
organizar elecciones, desmovilizar fuerzas rebeldes, repatriar refugiados e
incluso involucrarse en la reconstrucción de las estructuras de servicios públicos
y la capacitación de funcionarios para el restablecimiento de los servicios de
justicia y administración de regiones devastadas por la guerra. La regla serían
las operaciones de mantenimiento de paz multidimensionales.(96)
Para poder enfrentar las nuevas situaciones de
conflicto, la ONU debía poseer una fuerza de despliegue rápido, a fin de
evitar muertes y daños de todo tipo. De esta manera, el 20 de noviembre de 1992
el secretario general adjunto para las Operaciones de Mantenimiento de la Paz
(OMP) de la ONU, Marrack Goulding, convocó a los representantes permanentes de
la Argentina, Canadá, Dinamarca, Francia, Ghana, Pakistán y Polonia, para
comunicarles la necesidad de un despliegue más rápido de las OMP. Era
necesario que los países contribuyentes ofrecieran tropas en plazos breves.(97)
Consecuentemente, el secretario general de la ONU,
Boutros Boutros-Ghali, decidió establecer un Grupo de Planificación Militar en
el seno del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, a fin de
desarrollar un sistema denominado de Stand
by o Apresto Rápido, que permitiera desplegar a sus integrantes y elementos
en un tiempo acordado. Ello se haría a partir de 1994 para cumplir las tareas
de la ONU en cualquier parte del mundo, ante el requerimiento del secretario
general. Para formar parte del Grupo de Planificación Militar, el Ministerio de
Relaciones Exteriores de la Argentina designó al teniente coronel Alberto
Guillermo Nieto, quien contaba con experiencia previa en misiones de paz.
A mediados de marzo de 1993 se comenzó a elaborar el
proyecto de Stand by Forces, el cual
se negoció con los países miembros más importantes de la ONU, resultando de
ello los llamados Stand by Agreements
(Acuerdos de Fuerzas en Apresto). En 1994 se desarrollaron seminarios sobre
entrenamiento en Argentina, Ghana, Australia y Austria, países que fueron
tomados como centros regionales. Después del primer año (1993), se retiraron
los representantes de Francia, Dinamarca, Pakistán y Ghana, permaneciendo la
Argentina, Polonia y Canadá.
El sistema de elementos en Stand by se basa en acuerdos con los países miembros de la ONU a
los efectos de proveer equipos, recursos financieros o servicios, con un tiempo
de alistamiento aceptable (lo ideal es entre 7 y 14 días). Los recursos
acordados deben ser usados exclusivamente para OMP según el mandato del Consejo
de Seguridad. Los equipos son mantenidos en apresto en los respectivos países,
donde sus integrantes reciben el entrenamiento necesario para poder cumplir con
las misiones. Cuando se presenta la necesidad, ellos son requeridos al país en
cuestión por el secretario general y, una vez aprobado el pedido por el país
miembro, son rápidamente desplegados. Mientras permanecen en sus países, los
elementos en Stand by, están bajo la
responsabilidad de sus respectivos gobiernos.
El mayor compromiso asumido por la Argentina a partir
de 1993 llevó a pensar en la necesidad de crear un ente que asegurara la
preparación para el adecuado cumplimiento de las misiones que se emprendieran.
Con ese objeto, por resolución del Ministerio de Defensa del 27 de junio de
1995, se creó el Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de
Paz (CAECOPAZ), el que se ha convertido en un instrumento para la preparación
de contingentes argentinos o de cualquier país que lo solicite. Sus planes
curriculares siguen la orientación de entrenamiento para el desarrollo de
operaciones de paz que fija la ONU, y sus instructores son elegidos entre aquéllos
de las tres fuerzas armadas que posean la mayor experiencia en el desarrollo de
OMP, incluyendo también personal de otros países. En febrero de 1998 la
Argentina se integró a la Rapid
Deployment Brigade de 5.000 efectivos (una versión de las llamadas Stand
by Forces), integrada por tropas de Dinamarca, Austria, Canadá, Noruega,
los Países Bajos y Suecia.
Al comenzar la presidencia de Menem, la Argentina tenía
destinado desde agosto de 1988 un contingente en la fuerza militar de observación
que el Consejo de Seguridad había establecido en la frontera entre Irán e
Irak. Durante su gobierno, Menem incentivaría la participación argentina en
las operaciones de paz, de manera que más de 10.000 oficiales y suboficiales
del Ejército tomaron parte voluntariamente en tales misiones. También lo
hicieron en menor medida efectivos de la Armada, la Fuerza Aérea y la Gendarmería.
En 1998 la Argentina participaba en 12 operaciones de paz, ubicándose en el
octavo lugar entre los mayores contribuyentes de tropas, con un 4,55% del total.
La participación
argentina ascendía al 45% del total de la contribución latinoamericana.(98)
A continuación mencionaremos las operaciones de paz
que tuvieron lugar en la ex Yugoslavia y en la isla de Chipre, en las cuales
participaron fuerzas argentinas.
En Croacia comenzaron severos enfrentamientos
militares en junio de 1991, cuando esa república y su vecino del norte,
Eslovenia, se declararon independientes de Yugoslavia. Los serbios que vivían
en Croacia, apoyados por el Ejército Nacional Yugoslavo se opusieron a esa
medida. Los esfuerzos de la Comunidad Europea para detener las hostilidades
resultaton infructuosos. El 25 de septiembre de 1991 el Consejo de Seguridad
adoptó en forma unánime la Resolución 713, que convocaba a todos los estados
a implementar un inmediato embargo de armas sobre Yugoslavia. El 8 de octubre el
secretario general, Javier Pérez de Cuéllar, nombró al ex secretario de
Estado norteamericano, Cyrus Vance, como su enviado personal en Yugoslavia. En
diciembre, mediante la Resolución 724, el Consejo de Seguridad aprobó el
informe del secretario general sobre un plan para una posible operación de
mantenimiento de la paz. UNPROFOR (Fuerza de Protección de las Naciones Unidas)
fue establecida el 21 de febrero de 1992 por el lapso de un año, mediante la
Resolución 743.(99)
El mandato original de UNPROFOR comprendía únicamente
a Croacia. Luego fue extendido a Bosnia-Herzegovina con propósitos
humanitarios. Finalmente, en noviembre de 1992, el mandato incluyó a Macedonia,
debido a las luchas que se desarrollaban en otras partes de la ex Yugoslavia.
Hasta 1995, la organización general de UNPROFOR comprendía tres Areas
Protegidas de las Naciones Unidas (UNPA) en Croacia, el Comando de
Bosnia-Herzegovina y el Comando de la ex república yugoslava de Macedonia. A
principios de 1994, las tres UNPA se reunieron bajo un único Comando Croata. En
marzo de 1995, el último cambió su nombre por el de Operación de las Naciones
Unidas para la Restauración de la Confianza (UNCRO). Al comenzar la misión, el
cuartel general de UNPROFOR estaba ubicado en Sarajevo. Cuando la situación
empeoró en esa ciudad, fue trasladado a Belgrado. Por último, en agosto de
1992, se estableció en Zagreb (Croacia).
Las tres áreas protegidas en Croacia estaban
divididas en cuatro sectores: Eslavonia Este y Oeste, y Krajina Norte y Sur, que
eran zonas de conflicto pobladas por serbios. UNPROFOR incluía personal
militar, policial y civil, y su objetivo era crear las condiciones de paz y
seguridad necesarias para poder realizar negociaciones sobre los temas políticos
de la crisis. Tenía autoridad para fiscalizar el ingreso a las UNPA, asegurar
que se realizara la desmovilización, controlar a la policía local y evitar
discriminaciones, y proteger los derechos humanos.
Luego de que la situación
sufriera varias crisis, el 29 de marzo de 1994 se firmó un acuerdo general de
cese del fuego entre el gobierno croata y las autoridades serbias de las UNPA,
bajo los auspicios de la ONU, la Unión Europea, Rusia y los Estados Unidos. El
mismo era parte de un enfoque “paso a paso”, que consistía en lograr
primero un cese del fuego, luego encarar la reconstrucción y el desarrollo económico,
y finalmente una solución política. Sin embargo, este procedimiento pacífico
no pudo implementarse. El 1° de mayo de 1995, el ejército croata atacó las
UNPA.
Previamente, el 12 de enero de 1995, el secretario
general de la ONU, Boutros Boutros- Ghali, recibió el anuncio por parte del
presidente de Croacia, Franjo Tudjman, de que el gobierno croata no aceptaría
una nueva extensión del mandato de UNPROFOR, más allá del 31 de marzo de
1995. Tudjman expresó que aunque UNPROFOR había ayudado a detener la violencia
y los conflictos en Croacia, era innegable que la naturaleza de la operación no
ofrecía las condiciones necesarias para establecer la paz y un orden
permanente. Boutros Boutros-Ghali reconoció las constantes restricciones al
movimiento de UNPROFOR impuestas por ambas partes y su reducido espíritu de
cooperación. La Resolución 981 del 31 de marzo de 1995, puso fin a UNPROFOR.
El mandato de la disuelta fuerza fue sustituido por
otro: Fuerza de Paz de las Naciones Unidas (UNPF), que incluía: UNPROFOR
(Fuerza de Protección de las Naciones Unidas) restringida a Bosnia-Herzegovina;
UNCRO (Operación de las Naciones Unidas para la Restauración de la Confianza)
restringida a Croacia, y UNPREDEP (Fuerza de Despliegue Preventivo de las
Naciones Unidas) en Macedonia.
El 31 de julio de 1995, el representante especial del
secretario general para la ex Yugoslavia, Yasushi Akashi, solicitó al
presidente Tudjman que no comenzara una guerra a gran escala contra los serbios
de Krajina. Los croatas suspendieron su avance, y el 3 de agosto los delegados
del gobierno croata y de los serbios se encontraron en Ginebra para negociar el
fin de la confrontación. El representante de la ONU, Thorvald Stoltenberg,
presidió el encuentro pero éste finalizó sin llegar a una solución. El 4 de
agosto Croacia envió aviones de combate, artillería y unidades de infantería
mecanizadas contra el enclave de Krajina. El ataque hizo temer que la guerra se
extendiera a Bosnia. Sin embargo, el 7 de agosto, Croacia anunció que había
terminado su ofensiva contra los serbios. En ese momento, comenzó un éxodo de
120.000 serbios hacia los enclaves serbios en Bosnia.
La misión UNCRO fue levantada. La ONU, a través de
su representante en la ex Yugoslavia, Yasushi Akashi, anunció el 10 de agosto
el retiro de casi todas las fuerzas de mantenimiento de la paz de Croacia.
Durante la segunda mitad de septiembre, 468 cascos azules argentinos dejaron
Croacia. Una fuerza de tareas permaneció en el sector Este, formando parte de
una nueva misión de las Naciones Unidas denominada UNTAES (Administración
Transitoria de las Naciones Unidas en Eslavonia Oriental).
La Argentina participó en la UNPROFOR desde marzo de
1992 hasta julio de 1995 por medio de un batallón del Ejército integrado por
915 efectivos (luego reducido), además de 30 efectivos de la Gendarmería. Los
miembros del Ejército desempeñaron funciones de comando y de estado mayor,
realizaron observaciones militares e integraron tropas de mantenimiento de la
paz. Los gendarmes fueron destinados a la policía civil.
En este contexto se produjo una venta ilegal de armas
por parte del gobierno argentino. Entre 1991 y 1995 partieron siete buques para
Croacia con armamento del Ejército argentino, el último en febrero de 1995.
Tres decretos presidenciales secretos (Nº 1697 del 27 de agosto de 1991, Nº
2283 del 31 de octubre de 1991, y Nº 103 del 24 de enero de 1995) autorizaban
ventas a Panamá y Venezuela, países que no habían pedido ni recibido las
armas.(100)
El tema tomó estado público cuando la exportación dispuesta por el decreto
secreto firmado en enero de 1995 fue desviada parcialmente hacia Ecuador, país
que en ese momento estaba en conflicto con Perú. El hecho no era menor porque,
siendo en la Argentina las fábricas de armamentos estatales y no privadas, la
exportación ilegal comprometía directamente al estado.(101)
La cuestión revelaba además una falta grave del gobierno argentino por varias
razones. En el caso de la ex Yugoslavia, las ventas ilegales de la Argentina
violaban el embargo de armas impuesto por el Consejo de Seguridad en septiembre
de 1991. Más aún, el estado argentino no debía vender armas a una de las
partes (Croacia), cuando contingentes de sus fuerzas armadas estaban cumpliendo
funciones como fuerzas de paz en el conflicto. Al arribar a Croacia en 1992 el
primer batallón argentino, su jefe el coronel Luis Hilario Lagos informó de
inmediato a sus superiores en Buenos Aires que se habían encontrado fusiles
argentinos en poder de los croatas. Asimismo, en el caso de Ecuador la Argentina
era uno de los países garantes del Tratado de Paz y Amistad entre Perú y
Ecuador, por lo cual estaba obligada a guardar neutralidad.(102)
Por último cabe señalar que el gobierno argentino
estableció relaciones diplomáticas con Croacia el 13 de abril de 1992,
mediante un protocolo firmado en Viena. El mismo señalaba que ambas partes
acordaban desarrollar sus relaciones sobre la base de los principios de igualdad
de los estados, respeto mutuo, autodeterminación, independencia y soberanía,
no injerencia en los asuntos internos y solución pacífica de las controversias
internacionales, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.
Posteriormente, en Buenos Aires se firmaron varios tratados. El 27 de abril de
1994 se firmó un Convenio de Cooperación Cultural y Educativa (vigor: 15 de
diciembre de 1997). Y el 2 de diciembre de 1994 se firmaron un Acuerdo de
Cooperación Económica y Comercial (vigor: 30 de octubre de 1995); un Acuerdo
para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (vigor: 1 de junio de
1996); un Convenio de Cooperación en materia de Ciencia y Tecnología (vigor:
22 mayo de 1997), y un Convenio de Supresión de Visas (vigor: 1 de marzo de
1995).
En mayo de 1995, Croacia llevó a cabo una ofensiva
que le permitió recuperar el control de un gran sector habitado por serbios. El
12 de noviembre, bajo el control de la operación UNCRO, se firmó en Erdut,
pueblo serbio de Croacia, el llamado Acuerdo Básico entre el gobierno de
Croacia y los líderes serbios locales por el cual se decidió requerir a la ONU
la administración transitoria de la Eslavonia Oriental. Se estableció también
que esta región era parte de la República de Croacia. La ONU administraría el
proceso de reintegración pacífica de Eslavonia a la soberanía croata.
Paralelamente, por los Acuerdos de Paz París-Dayton se puso fin a los
conflictos existentes en esos países.
El 15 de enero de 1996, el Consejo de Seguridad
decidió por Resolución 1037 establecer la operación de mantenimiento de la
paz denominada UNTAES (Administración Transitoria de las Naciones Unidas para
Eslavonia Oriental, Baranja y Sirmiun Occidental) por un período inicial de 12
meses, renovables según los informes que se produjeran sobre los logros de la
misión y cumplimiento de los objetivos fijados. Esta misión de la ONU
combinaba un sistema tradicional de mantenimiento de la paz con la aplicación
de un proceso de desmilitarización y de imposición de la paz. De allí que el
componente militar de UNTAES dispusiera de tanques, misiles, armamento pesado,
helicópteros de ataque y el apoyo aéreo cercano de la Fuerza Aérea Táctica
de la OTAN, y de la OTAN misma a través de su operación SFOR (Fuerzas de
Estabilización) en Bosnia.
Cuando se cumplía el primer año de la firma del
Acuerdo Básico, el Consejo de Seguridad extendió el mandato de UNTAES por seis
meses, hasta el 15 de julio de 1997. Este período fue nuevamente prorrogado
hasta el 1º de enero de 1998. UNTAES logró cumplir, en los plazos
establecidos, con todos los objetivos impuestos.
Por una parte, UNTAES debió confrontar las
exigencias de los croatas quienes querían retomar rápidamente el control de su
territorio, expulsando a los invasores serbios. Por la otra, los serbios
refugiados en la región exigían la garantía de no ser masacrados, y de poder
retornar a sus hogares en Croacia o bien quedarse donde se encontraban. En
consecuencia UNTAES debió tomar en consideración tanto las demandas de la
población como las de los refugiados.
Como consecuencia de la creación de UNTAES, la ONU
solicitó la participación de un contingente de la Argentina, lo que fue
aceptado por el gobierno argentino el 15 de febrero de 1996. En dieciséis meses
participaron de la misión tres sucesivos equipos de combate argentinos. El
primero arribó al aeropuerto internacional de Zagreb el 29 de mayo, siendo
ubicado en la base de Brod Pustara, en proximidades de la frontera entre Croacia
y Hungría.
Finalizada la desmilitarización
y dentro de la fase de estabilización, el objetivo fundamental fue llevar a
cabo elecciones libres, como paso previo a la entrega del control del territorio
a las autoridades croatas electas. Cuando UNTAES dejó de funcionar, continuaron
en el territorio 180 observadores internacionales de los cuales 8 eran
argentinos.
Las Resoluciones 981, 982 y 983 del Consejo de
Seguridad del 31 de marzo de 1995, establecieron la reorganización de UNPROFOR
y la creación de UNPREDEP (Fuerza de Despliegue Preventivo de las Naciones
Unidas) en Macedonia. Asimismo, las responsabilidades administrativas y logísticas
fueron coordinadas por el cuartel principal de las Fuerzas de Paz en Zagreb,
conjuntamente con UNCRO (Operación de Restauración de la Confianza,
restringida a Croacia) y UNPROFOR (Fuerza de Protección de las Naciones Unidas,
restringida a Bosnia-Herzegovina).
El 1º de febrero de 1996 UNPREDEP comenzó a
funcionar como misión independiente, en virtud de que los mandatos de UNCRO y
UNPROFOR habían finalizado, pasando a depender directamente del cuartel
principal de las Fuerzas de Paz de Nueva York (UNNY). UNPREDEP fue la primera
misión en la historia del mantenimiento de la paz de la ONU que utilizó un
mandato preventivo. Para desarrollar las tareas, la misión empleó una variedad
de recursos, incluyendo despliegue de tropas, mediación, negociación,
conciliación y otros recursos pacíficos.
En cooperación con las autoridades de Macedonia,
UNPREDEP realizó actividades tendientes a controlar e informar toda actividad
en las zonas limítrofes con la República de Albania y la República Federal de
Yugoslavia (Serbia y Montenegro), que pudieran poner en peligro la seguridad y
la estabilidad en el territorio de Macedonia. Asimismo debían fortalecer el
entendimiento mutuo entre los grupos políticos, sociales y étnicos. El
principal problema era la integración política de la minoría albanesa,
establecida históricamente en la región y que reclamaba una participación
proporcional en el gobierno y en las instituciones oficiales. A ello se sumaba
el flujo de refugiados albaneses provenientes de la República Federal de
Yugoslavia y de la misma Albania.
Participaron de UNPREDEP como observadores militares
varios oficiales argentinos.
La península de Ostra (Prevlaka) domina la entrada
de la bahía de Kotor, donde la República Federal de Yugoslavia tenía su
principal base naval. Era un área estratégica, ubicada 45 km. al sur de la
ciudad croata de Dubrovnik. Su proximidad a Yugoslavia y a Bosnia-Herzegovina y
el hecho de tener salida al mar Adriático generaron en los últimos años,
graves tensiones. Las hostilidades comenzaron cuando el ejército yugoslavo ocupó
territorio croata al sur de Dubrovnik, en el año 1991. Las negociaciones para
lograr un acuerdo comenzaron en mayo de 1992, dentro del marco del Plan Vance,
que preveía el despliegue de Cascos Azules. La propuesta para enviar fuerzas de
la ONU fue aceptada, y los Presidentes Tudjman de Croacia y Cocic de Yugoslavia
firmaron un acuerdo el 30 de septiembre de 1992, en la ciudad de Génova. En
cumplimiento de lo estipulado, el ejército yugoslavo abandonó Croacia y esa área
fue desmilitarizada.
Por la Resolución 779 del 6 de octubre de 1992, el
Consejo de Seguridad autorizó a UNPROFOR (Fuerza de Protección de las Naciones
Unidas) a asumir la responsabilidad del control de la zona. Esta misión y su
sucesora, la UNPF (Fuerza de Paz de las Naciones Unidas), continuaron con el
control hasta el establecimiento de la UNMOP, creada por la Resolución 1043 el
31 de enero de 1996 y por un período de seis meses. El mandato fue prorrogado,
por sucesivas resoluciones del Consejo de Seguridad hasta el 15 de julio de
1998.
La misión dependía
directamente de Nueva York, pero administrativa y logísticamente lo hacía de
UNMIBH (Misión de las Naciones Unidas en Bosnia-Herzegovina). Contaba con el
cuartel general en Dubrovnik y tres equipos de observadores militares en Gruda
(Croacia), en Prevlaka (península de Ostra) y en HerzegNovi (Montenegro).
En UNMOP participaron dos observadores militares del Ejército argentino.
El Tratado de Paz para
Bosnia-Herzegovina fue firmado por los líderes de esta última, Croacia y la
República Federal de Yugoslavia en París el 14 de diciembre de 1995. El 16 de
diciembre el Consejo de la Alianza del Atlántico Norte (CAAN) lanzó la operación
Esfuerzo Conjunto basada en la Resolución 1031 del Consejo de Seguridad que había
conferido a la OTAN el mandato para solucionar los aspectos militares del
Tratado de Paz. Así, una fuerza internacional liderada por la OTAN llamada IFOR
(Fuerza de Implementación) comenzó su misión el 20 de diciembre de 1995 con
un mandato por un año.
En noviembre de 1996 los
ministros de Defensa de la OTAN concluyeron que una presencia militar reducida
era necesaria para mantener la estabilidad lograda. Consecuentemente se organizó
la SFOR (Fuerza de Estabilización) que comenzó a funcionar el 20 de diciembre
de 1996, al expirar el mandato de la anterior. La Resolución 1088 de la ONU,
del 12 de diciembre de 1996, establecía que la misión de la SFOR era
contribuir a crear y mantener un ambiente seguro, necesario para la
consolidación de la paz. La SFOR estaba integrada por fuerzas aportadas por los
países miembros de la OTAN y por otros países no pertenecientes a la misma.
La situación social en Bosnia continuaba siendo tensa y la paz era
interrumpida por violentas manifestaciones populares que atentaban contra
personas y bienes. Se produjo así una brecha en la seguridad pública que ni la
policía local ni la de la ONU pudieron resolver. De esta manera, en diciembre
de 1997 la OTAN consideró la necesidad de crear la MSU (Unidad Especializada
Multinacional) que formaría parte de la SFOR. Dicha fuerza debía tener estado
militar, experiencia en el manejo de alteraciones del orden público y aptitud
de pasar de una operación policial a otra enmarcada en operaciones militares de
combate básicas, si la situación así lo requería.
La Gendarmería argentina, que tenía una experiencia
de ocho años en operaciones de paz, aceptó formar parte del proyecto. A
mediados de julio de 1998, los oficiales argentinos llegaron a Sarajevo para
integrarse al Estado Mayor de la SFOR-MSU, mientras la compañía Delta se
embarcaba con destino a Gorizia, Italia, sede de un batallón de carabineros, a
fin de comenzar la instrucción. El entrenamiento terminó a mediados de
septiembre en el teatro de operaciones, después de haber recorrido, en el marco
de un gran ejercicio militar, más de 6.000 km de un territorio hostil y
desconocido. Por este hecho se le concedió al contingente argentino la completa
capacidad operacional. Los procedimientos usados tuvieron un encuadre de
disciplina militar, aunque la actividad a desarrollar fuera estrictamente
policial.
Los contingentes argentinos estuvieron integrados por 76 hombres y cumplieron períodos de seis meses. Sus tareas consistieron en restablecer el orden público cuando fuera alterado, apoyar el retorno de refugiados y desplazados, cooperar con los policías locales, los gobiernos municipales y la IPTF (Fuerza de Tareas de Policía Internacional) de la ONU. El objetivo final era contribuir al proceso de paz y democratización del país. La misión fue cerrada definitivamente el 23 de junio de 2001.
Russell, “Las relaciones de Argentina con Europa Occidental”, op. cit., pp. 20-23.
“Gestión de Cavallo en Bonn”, La Nación, 8 de febrero de 1990, p. 5, y “Anuncio de Cavallo”, La Nación, 9 de febrero de 1990, p. 3.
“Mensaje de Menem”, La Nación, 3 de octubre de 1990, p. 3; “Hoy es un día de alegría, expresó el embajador Herbert Limmer”, y “Una nutrida concurrencia a la recepción”, La Nación, 4 de octubre de 1990, p. 10.
“La Argentina refinanció su deuda con el gobierno alemán”, Clarín, 16 de octubre de 1990, p. 15.
Véase: Antonio E. De Turris, “La visita del presidente Carlos Menem a Bonn. Un paso fundamental para la captación de capitales alemanes”, La Nación, 9 de abril de 1991, p. 4; “Convenio sobre inversiones con Alemania”, La Nación, 10 de abril de 1991, p. 1; Antonio E. De Turris, “Una música maravillosa para Menem”, La Nación, 10 de abril de 1991, p. 3, y “Los puntos principales del acuerdo firmado ayer”, La Nación, 10 de abril de 1991, p. 3.
Ricardo Roa,
“Menem firma acuerdos para alentar inversiones alemanas”, Clarín,
9 de abril de 1991, p. 5, y “Epílogo con fiesta grande”, Clarín, 11 de abril de 1991, p. 12.
Ibid.
Ibid.
Mónica Aparicio, “Las relaciones entre Argentina y Alemania durante los primeros años de la administración Menem”, en CERIR, La política exterior del gobierno de Menem, op. cit., p. 202.
Graciela Iglesias, “Menem en Bonn, mirando a la NATO”, La Nación, 2 de octubre de 1992, p. 6, y “Inversión automotriz en la Argentina”, La Nación, 6 de octubre de 1992, p. 7.
Memorándum, sin fecha, Archivo Cisneros.
Néstor Restivo, “Alemania mira al Mercosur”, Clarín, 12 de mayo de 1996.
“Inversión directa europea en América Latina: tendencias y aporte al desarrollo”, Informe de IRELA, op. cit., pp. 192.
“Visita alemana por negocios”, Clarín, 8 de septiembre de 1996.
“Inversión de Mercedes Benz: Especializarse para no morir”, Clarín, 16 de septiembre de 1996, y “Ajuste: Consejos de Kohl a Menem”, Clarín, 17 de septiembre de 1996.
“Amplio respaldo de Kohl al programa económico”, La Nación, 17 de septiembre de 1996, p. 1; “Elogios de Kohl para el gobierno de Menem”; “Menem fue invitado a Alemania el año próximo”, y “Helmut Kohl en la Argentina”, La Nación, 17 de septiembre de 1996, p. 8.
“Misión a Alemania en busca de negocios”, La Nación, 25 de mayo de 1997; Walter Curia, “Elogio alemán para Menem”, Clarín, 27 de mayo de 1997. Menem viajó a la frontera greco-turca para pasar el Día del Ejército junto a las tropas argentinas que formaban parte de las Fuerzas de Paz de la ONU, y Fernández se trasladó a los Estados Unidos.
Walter Curia, “Menem pidió ayuda alemana para las privatizaciones”, Clarín, 28 de mayo de 1997; Mariano Obarrio, “Menem auguró futuras inversiones alemanas”, La Nación, 27 de mayo de 1997, p. 8; “Los presidentes coincidieron en profundizar las relaciones”, La Nación, 27 de mayo de 1997, p. 8, y Mariano Obarrio, “Menem le pidió a Kohl más inversiones alemanas. Interés en la venta aeroportuaria y en el área de transporte”, La Nación, 28 de mayo de 1997, p. 9.
Walter Curia, “Elogio alemán para Menem”, Clarín, 27 de mayo de 1997.
“Dura réplica de Balza a un ex embajador alemán”, La Nación, 11 de junio de 1997, p. 9.
“Desaparecidos: Herzog prometió colaboración”, La Nación, 4 de marzo de 1999, p. 7; Ana Gerschenson, “Herzog se comprometió a abrir los archivos de la Embajada”, Clarín, 4 de marzo de 1999.
“Herzog elogió la gestión económica argentina”, La Nación, 3 de marzo de 1998.
Datos del INDEC.
Oscar Raúl Cardozo, “Gestos y palabras”, Clarín, 20 de octubre de 1990, p. 3, y Julio Algañaraz, “Menem ratificó el indulto en la reunión con el Papa”, Clarín, 30 de octubre de 1990, pp. 2 y 3.
“Exhortación del Papa al Gobierno”, La Nación, 24 de marzo de 1992, p. 1.
“Por las referencias al ajuste económico. El Papa no está bien informado, estimó el presidente Menem”, La Nación, 4 de abril de 1992, p. 3.
“El cardenal Alfonso López Trujillo, muy cercano al Papa, pasó por Buenos Aires”, Clarín, 22 de septiembre de 1996.
“Llegó el Cardenal Casaroli”, Clarín, 10 de octubre de 1996.
“Caselli, al Vaticano”, Clarín, 10 de febrero de 1997, y “Piden el acuerdo de Erman y Caselli como embajadores”, Clarín, 11 de febrero de 1997.
Sergio Rubín, “Dos posiciones en la Iglesia”, Clarín, 11 de octubre de 1997; Walter Curia, “El Papa pedirá que se ratifique el acuerdo por los Hielos Continentales”, Clarín, 12 de octubre de 1997; Julio Algañaraz, “Sin roces por la cuestión social”, Clarín, 12 de octubre de 1997; idem, “Menem quiere hablar con Fidel de libertad religiosa”, Clarín, 12 de octubre de 1997, y “El gobierno intenta mejorar la imagen de la visita al Vaticano”, Clarín, 13 de octubre de 1997.
“En Roma se habló de Trusso”, Clarín, 17 de octubre de 1997.
“Renuncia al Vaticano”, Clarín, 18 de octubre de 1997.
Julio Algañaraz, “El Gobierno busca más acercamiento con los obispos”, Clarín, 8 de diciembre de 1997.
Ricardo Ríos, “La CGT ya tiene cita con el Papa”, Clarín, 24 de diciembre de 1997.
“Piden a un obispo para la comisión de Conciliación”, Clarín, 23 de diciembre de 1997.
Jorge Rouillón, “Asumió ayer el secretario de Culto”, La Nación, 11 de agosto de 1998.
Andrea Centeno, “Italia es otro desafío para Menem”, La Nación, 12 de noviembre de 1998, p. 6; “Una difícil convivencia en Roma”, La Nación, 12 de noviembre de 1998, p. 6; Andrea Centeno, “El Presidente defendió a Caselli de las críticas. Hoy desayunará con D’ Alema y se reunirá con el Papa”, La Nación, 13 de noviembre de 1998, p. 10, y “La visita a Roma: el encuentro con el Sumo Pontífice. Menem refirmó su defensa de la vida”, La Nación, 14 de noviembre de 1998, p. 10.
Walter Curia, “Menem pidió al Papa su aval para un acuerdo por los Hielos Continentales”, Clarín, 14 de noviembre de 1998.
“Críticas de un obispo para Caselli”, Clarín, 13 de noviembre de 1998.
“Apoyo papal para una iniciativa del Presidente”, La Nación, 22 de marzo de 1999, p. 6.
“Hesayne se sumó a la polémica con el Gobierno”, La Nación, 12 de junio de 1999.
“Premio del Vaticano a Menem”, La Nación, 12 de junio de 1999, p. 7, y “El Vaticano premia al Presidente”, La Nación, 16 de junio de 1999, p. 8.
Pese a que el tema en cuestión fue la posición antiabortista, no hubo comentario alguno sobre las revelaciones de la ex esposa de Menem, Zulema Yoma, en el sentido de que había interrumpido un embarazo con el consentimiento de su cónyuge.
Andrea Centeno, “Menem, mensajero de la Santa Sede”, La Nación, 23 de noviembre de 1999.
“Perpetua para Astiz por el secuestro y torturas a dos monjas francesas”, La Nación, 17 de marzo de 1990, p. 11 y “El caso Astiz, otra vez centro de la escena”, La Nación, 17 de julio de 2003, p. 5.
“Francia considera «muy graves» las revelaciones por torturas en la ESMA”, entrevista realizada por Osvaldo Tcherkasky, Clarín, miércoles 26 de octubre de 1994, p. 12.
“No ascenderán a Pernías y Rolón”, Clarín, 27 de octubre de 1994, p. 6; “La Armada considera que Pernías y Rolón son dos hombres de bien”, Clarín, 28 de octubre, p. 8, y “No comparto la decisión”, Clarín, 28 de octubre, p 8.
Graciela Iglesias, “La sombra de Astiz llegó con Menem a Francia”, La Nación, 27 de febrero de 1996, p. 4; idem, “París fue ayer centro de la política argentina. Admitió Di Tella que lo avergüenza el caso Astiz”, La Nación, 28 de febrero de 1996, p. 1; “Di Tella no quiere compensación política”, La Nación, 28 de febrero de 1996, p. 5, y Graciela Iglesias, “Tras reunirse con Juppé, el Presidente finalizó su visita a Francia. Menem: indemnizaremos por el caso Astiz”, La Nación, 29 de febrero de 1996, p. 5. A mediados del año anterior (1995), según la misma nota del diario Clarín, el entonces jefe de la Armada, almirante Enrique Molina Pico, protagonizó un forcejeo diplomático con los hombres de la Embajada francesa. Las declaraciones de Molina Pico sobre las “condiciones morales” del marino para aspirar a un ascenso –condenado en Francia a cadena perpetua por el secuestro y asesinato de las monjas- retrasaron significativamente la invitación que el embajador Renaud Vignal debía enviarle para festejar el 206 aniversario de la Revolución Francesa. Recién un día antes de la celebración, y luego que el entonces vicecanciller Fernando Petrella expresara su “máximo respeto por la Justicia francesa”, Vignal envió la invitación a Molina Pico. Véase “Un homenaje postergado”, Clarín, 9 de diciembre de 1996.
“Preocupan al gobierno los reclamos por desaparecidos”, Clarín, 6 de julio de 1996.
“Homenaje de Chirac a las monjas francesas”, Clarín, 18 de marzo de 1997.
“Se refirió a Astiz como «ese asesino» ”, La Nación, 19 de marzo de 1997, y “Chirac trató a Astiz de asesino y pidió que cumpla su condena”, Clarín, 19 de marzo de 1997.
María O’Donnell, “Astiz no cumplirá más tareas en la Armada”, La Nación, 19 de junio de 1997, y María Elena Polak, “Domínguez dijo que Astiz no volverá a la actividad”, La Nación, 20 de junio de 1997.
“Reclaman por 15 desaparecidos”, La Nación, 15 de octubre de 1998.
“Italia: se oponen a archivar una causa por desaparecidos en Argentina”, Clarín, 14 de mayo de 1996.
Entre los 89 acusados figuraban los ex presidentes Jorge Videla, Roberto Viola, Leopoldo Galtieri y Reynaldo Bignone; los también ex integrantes de las juntas militares Emilio Massera, Orlando Agosti, Armando Lambruschini y Omar Graffigna; y los ex jefes militares Luciano Benjamín Menéndez y Carlos Suárez Mason. En la lista también aparecían Alfredo Astiz, el gobernador tucumano Antonio Bussi y el intendente de Escobar Luis Patti, los últimos elegidos por voto popular.
“Desaparecidos: La Justicia italiana también investiga”, Clarín, 12 de febrero de 1997. Las investigaciones se referían a la muerte de Laura Estela Carlotto, Roberto Julio Morresi, Pedro Lucio Mazzocchi, Daniel Jesús Ciuffo, Martino Mastini y Mario Marras y a los secuestros de Guido Carlotto y Alberto Fabbri, ambos nacidos en cautiverio y nunca encontrados.
Ana Gerschenson, “Desaparecidos: Apoyo de Italia”, Clarín, 7 de abril de 1998.
Julio Algañaraz, “Abren un juicio a Astiz y al Tigre Acosta en Roma”, Clarín, 30 de julio de 1999. Las denuncias se referían al caso de Giovanni Pegoraro y su hija Susanna, secuestrados por un comando de la ESMA el 18 de junio de 1977. Susanna estaba embarazada y las Abuelas de Plaza de Mayo habían logrado identificar años después a Evelyn Karina Vázquez, que en ese momento tenía 21 años, como la beba de Susanna Pegoraro, de la cual se habría apropiado el suboficial de la marina Policarpo Vázquez, arrestado en marzo de 1999 en Mar del Plata. La tercera desaparecida era la señora Angela Aietta de Gullo, madre del conocido dirigente peronista Dante Gullo. La señora fue secuestrada para castigar a su hijo, que se encontraba detenido en una cárcel en la época de la dictadura militar.
Se trataba de Laura Estela Carlotto, el recién nacido Guido Carlotto, Mario Marras, Roberto Julio Morrese, Pedro Lucio Mazzocchi, Luis Alberto Fabbri, Daniel Jesús Ciuffo y Mastino Martino. En este proceso, el principal imputado era el ex general Guillermo Suárez Mason, a quien se consideraba responsable de haber organizado, inmediatamente después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, los centros de detención clandestina que funcionaron en la jurisdicción del primer cuerpo de Ejército.
“Más control sobre Erich Priebke”, Clarín, 28 de agosto de 1995.
“La Corte ya tiene la causa de Erich Priebke”, Clarín, 29 de agosto de 1995, p 25.
“Extraditarán a Erich Priebke a Italia”, Clarín, viernes 3 de noviembre de 1995, p. 30, y “En una semana llevarían a Italia al ex capitán nazi”, Clarín, sábado 4 de noviembre de 1995, p. 54.
“Italia no condenó a Erich Priebke y la Argentina le prohibió el regreso al país”, Clarín, 2 de agosto de 1996, y “Priebke puede ser extraditado”, Clarín, 7 de agosto de 1996.
Juan Carlos Algañaraz, “Desaparecidos: La Justicia española decidió investigar”, Clarín, 21 de abril de 1996, e idem, “España pide que se investigue la desaparición de 266 personas”, Clarín, 7 de mayo de 1996.
“Preocupan el gobierno los reclamos por desaparecidos”, Clarín, 6 de julio de 1996
Silvana Boschi, “Derecho de anonimato a testigos”, Clarín, 14 de julio de 1996.
Silvana
Boschi, “Desaparecidos: Reclaman por los hijos de españoles”,
Clarín, 21 de julio de
1996. Este tema ya tenía antecedente en la Justicia argentina. En un juicio
iniciado por los abogados Alberto Pedroncini y Boris Pasik, se había
presentado entre otras pruebas un inventario originado en el Ministerio del
Interior y enviado a la subárea militar de Córdoba que contenía
referencias a “normas de procedimiento para aplicar con los menores de
edad”. En esa causa, en la que ya habían sido presentados los alegatos
finales, el juez Osvaldo Guglielmino debía decidir si condenaba al Estado a
presentar toda la documentación que tuviera en su poder desde que se
dictaron esas instrucciones, en abril de 1977.
Ibid. Entre los nombres citados reiteradamente en los autos judiciales se encontraban los de los ex presidentes Jorge Rafael Videla, Leopoldo Galtieri, Reinaldo Bignone y el del, en ese momento, gobernador de Tucumán, general Domingo Bussi. También el del ex comandante en jefe de la Marina, Emilio Massera, el capitán Alfredo Astiz, y el jefe de la inteligencia naval, Jorge Acosta. Todos los integrantes de las sucesivas juntas militares estaban requeridos por el juez Garzón.
“Postergan la visita de Aznar”, Clarín, 22 de octubre de 1996. El otro motivo habría sido el disgusto por la designación del empresario menemista Carlos Amar como embajador en España.
“Represión: rechazo al pedido del juez Baltasar”, La Nación, 18 de enero de 1997; “Rechazo a un pedido español”, Clarín, 18 de enero de 1997.
Juan Carlos Algañaraz, “España ratificó que investigará a ex jefes militares argentinos”, Clarín, 26 de enero de 1997. Los acusados eran el mayor José Horacio Gavazo, y los capitanes Manuel Cordero y José Silveira. También el comisario de la policía uruguaya Hugo Campos Hermida. Los cuatro oficiales uruguayos habrían actuado en los centros clandestinos de represión Automotores Orletti, ubicado en el barrio de Floresta de la capital argentina, y en el destacamento de la Policía de Buenos Aires, llamado “El Pozo”. En ambos centros actuaban elementos parapoliciales de la “Triple A”, a los que también se había identificado.
Juan Carlos Algañaraz, “Un juez español citó a Sabato, Strassera y Fernández Meijide”, Clarín, 29 de enero de 1997, y “Una práctica imperialista”, Clarín, 29 de enero de 1997.
Juan Carlos Algañaraz, “España: Isabel recibió insultos y huevazos”, Clarín, 4 de febrero de 1997.
Araceli, Viceconte, “Aznar paseó, escuchó algunos reclamos y lo vio a Menem”, Clarín, 21 de abril de 1997.
Javier Calvo, “Cautela con los desaparecidos”, Clarín, 22 de abril de 1997.
Ibid.
“El gobierno español, sin datos sobre la represión”, La Nación, 3 de junio de 1997.
Juan Carlos Algañaraz, “Un juez español detuvo a Scilingo por los crímenes que cometió en la ESMA”, Clarín, 8 de octubre de 1997, e idem, “Piden al Gobierno que proteja a los familiares de Scilingo”, Clarín, 9 de octubre de 1997.
“El ex
marino entregó una lista con 158 nombres de militares”, Clarín,
9 de octubre de 1997. El ex oficial declaró que formaba parte de un grupo
especial en la ESMA en el cual actuaban Guillermo Ramón Arquedes, Ramón
Antonio Arosa, Roberto José Barbusso, Aldo Fernández, Joaquín Gómez,
Enrique Pedro Montemayor, José Luis Seguele, Carlos Alfredo Boinger y otra
persona de apellido Zarrategui. También añadió los nombres del médico
Aldo Chiappe, que habría actuado atendiendo los partos de las secuestradas,
y de un abogado, Gonzalo Torres de Tolosa, que se hacía pasar por oficial
de la Armada con el alias de “teniente Varas”. La lista de Scilingo
estaba encabezada por el ex almirante Eduardo Massera. Otros oficiales
incluidos eran: capitán de navío Jorge Raúl Vildoza; capitán de fragata
Adolfo Mario Arduino; capitanes de corbeta Olegario Menendez Salvio, Jorge
Eduardo Acosta, Jorge Perren, Francis William Whamond, Ricardo Corbeta;
tenientes de navío Antonio Pernías, Enrique Scheller, Alejandro Spinelli,
Miguel Angel Benazzi, Hugo Damario, Jorge García Velazco, Pablo Eduardo
García Velazco, Adolfo Miguel Donda, Juan Carlos Rolón, Fernando Peyón,
Carlos Carella, Francisco Lucio Rioja, y tenientes de fragata Alfredo Aztiz,
Jorge Carlos Rádice, Néstor Omar Savio y Wiss Navarro.
Juan Carlos
Algañaraz, “Piden la captura de Massera y de otros ex jefes militares”,
Clarín, 11 de octubre de 1997, e idem,
“Los 10 nombres acusados de genocidio por el juez Garzón”, Clarín,
11 de octubre de 1997. Los diez imputados contra los que el juez Garzón
pidió orden internacional de captura estaban acusados de genocidio. Sus
identidades y las actividades delictivas de las que se los acusaba eran las
siguientes:
1.
Ex almirante
Emilio Eduardo Massera. Comandante en jefe de la Armada entre marzo
de 1976 y setiembre de 1977. Se lo acusa de ser el principal responsable de
las actividades represivas del centro clandestino de la ESMA.
2.
Vicealmirante Luis María Mendía. Está apuntado como el “ideólogo”
del plan represivo de la Armada.
3.
Contraalmirante Jorge Raúl González. Subdirector de la ESMA entre
1977 y 1978.
4.
Capitán de navío Jorge Raúl Vildoza. Jefe del Grupo de Tareas y,
según la acusación, “principal responsable de la organización de partos
clandestinos y reparto de niños”.
5.
Capitán de fragata Adolfo Mario Arduino. Jefe de personal de la ESMA
y encargado del enlace con la Policía Federal. Acusado de infligir
tormentos.
6.
Capitán de corbeta Jorge Eduardo Acosta. Jefe de Operaciones y de
Inteligencia del Grupo de Tareas.
7.
Capitán de Corbeta Jorge Perren. Jefe de Operaciones del Grupo de
Tareas. Responsable del Centro Piloto de París.
8.
Carlos Eduardo
Daviou. Oficial de la Prefectura Naval. Participó en vuelos de la
muerte.
9.
Carlos José Pazo.
Oficial de la Armada. Actúo en secuestros.
10.
Gonzalo Torres de Tolosa. Abogado. Introducido por Jorge Eduardo
Acosta, se hacía pasar por oficial naval con el alias de "teniente
Varas".
“Confirmó el Gobierno su estrategia contra Garzón”, Clarín, 4 de marzo de 1998.
Guido Di Tella, “Por qué necesitamos una corte penal internacional”, Clarín, 13 de marzo de 1998.
Juan Carlos Algañaraz, “La Justicia española dice que hubo genocidio en Argentina”, Clarín, 5 de noviembre de 1998.
Juan Carlos Algañaraz, “Por primera vez, declaró un fiscal argentino ante Garzón”, Clarín, 14 de septiembre de 1999.
“De la Rúa: la Justicia debe resolver el pedido de Garzón”, Clarín, 4 de noviembre de 1999.
Leonardo Freidenberg, “Abrirán en Alemania una causa por desaparecidos”, La Nación, 12 de abril de 1998.
Ibid.
“Videla y Massera, en el juicio alemán”, La Nación, 20 de julio de 1998.
“Analizan la extradición de Massera a Suiza”, La Nación, 17 de diciembre de 1998.
Ejército Argentino, Soldados argentinos por la paz . La contribución del Ejército Argentino en la solución pacífica de los conflictos internacionales, Ejército Argentino, edición electrónica, 1998, cap. 1.
“Aporte a los Cascos Blancos”, Clarín, 23 de septiembre de 1996.
Información obtenida del sitio en Internet “www.whitehelmets.org”.
Revista Cascos Blancos, Nº 4, agosto de 1999.
Revista Cascos Blancos Nº 1, septiembre-noviembre de 1997, p. 20.
Revista Cascos Blancos, Nº 4, agosto de 1999.
Discurso pronunciado por el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, en la Universidad de Thammasat, 11 de febrero de 2000.
Ejército Argentino, Soldados argentinos por la paz, op. cit., cap. 1.
Andrés Fontana, “La seguridad internacional y la Argentina en los años 90”, en Andrés Cisneros, (comp.), Política exterior argentina 1989-1999: Historia de un éxito, Buenos Aires, GEL, 1998.
Este apartado está basado en Ejército Argentino, Soldados argentinos por la paz, op. cit., cap. 7.
Jorge Urien Berri, “A Ecuador llegaron armas obsoletas”, La Nación, 11 de diciembre de 2002.
Centro de
Estudios Unión para la Nueva Mayoría, “Análisis de la exportación de
armas a Ecuador y Croacia”, Cuaderno 180,
Buenos Aires, mayo de 1996.
La causa por el caso de las armas fue enviada al juzgado federal del doctor Jorge Urso, quien consideró que en el mismo había actuado una asociación ilícita, figura que fue aceptada por la Sala II de la Cámara Federal. En el fuero penal económico se determinó la existencia de contrabando calificado por tratarse de armamento. Como jefe de la asociación ilícita, Urso procesó al ex presidente Menem, y como organizadores a Emir Fuad Yoma, al ex ministro de Defensa, Antonio Erman González, y al ex jefe del Ejército, teniente general Martín Balza. Como integrantes de la asociación procesó, entre otros, al ex canciller Di Tella, y a los coroneles de Fabricaciones Militares Carlos Franke (ex director de Producción), Edberto González de la Vega (ex director de Comercialización) y Jorge Cornejo Torino (ex jefe de la Fábrica Militar de Río Tercero). El ex presidente Menem estuvo detenido con prisión preventiva desde el 7 de junio hasta el 20 de noviembre de 2001 en que un fallo de la Corte Suprema lo liberó al igual que a los demás procesados.
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