Como
hemos mencionado anteriormente, el establecimiento del virreinato en el área
rioplatense respondía a la necesidad de defender el frente atlántico de la
amenaza portuguesa y británica. No obstante, pueden rastrearse interpretaciones
disímiles acerca de los efectos de la creación del Virreinato del Río de la
Plata en la economía de dicha región. De acuerdo con la ofrecida por el
historiador Bartolomé Mitre en sus primeros capítulos de la Historia de
Belgrano, la región
rioplatense experimentó en los años virreinales un notable proceso de expansión
cuyo eje radicaba en la capacidad exportadora de la economía rioplatense. Este
proceso generó, en la óptica de Mitre, dos consecuencias. Por un lado, creó
una sociedad cada vez más reacia a la tutela de la Corona, y sospechas de las
autoridades peninsulares acerca de la lealtad de estos grupos criollos económicamente
prósperos hacia Madrid. Por otro, generó ingresos nada desdeñables para una
metrópoli hostigada por sus enemigos y que se beneficiaba con la parte del león
de estos beneficios de la región rioplatense en alza. (1)
Si bien la creación de este nuevo ente administrativo-militar tendría
indudables efectos económicos y sociales en la hasta entonces postergada área
rioplatense, Tulio Halperín Donghi aporta una serie de datos que refutan la
tradicional imagen que Bartolomé Mitre y muchos historiadores posteriores a él
han tenido acerca del período virreinal en el Río de la Plata.
Contra la imagen proyectada por Mitre, Halperín Donghi señala con
cifras que las exportaciones pecuarias del Litoral, si bien se incrementaron
durante el período comprendido entre 1791 y 1805, no llegaron en promedio al
millón de pesos anuales, mientras que el monto correspondiente a los
desembolsos de la Real Caja de Buenos Aires en dicha región superaron el millón
y medio de pesos. (2)
Vale acotar, además, la preocupación de la Corona por dotar de cierta
viabilidad económica al nuevo centro administrativo-militar erigido a partir de
1776, al anexar artificialmente el Alto Perú -hasta entonces conectado política
y económicamente a Lima- como colonia de segundo grado, proveedora del metálico
necesario para mantener los gastos de defensa y administración de la región
rioplatense convertida en virreinato. Así,
el 59,42% de los ingresos de la Real Caja de Buenos Aires provenía de
otras tesorerías, con un notable predominio de la de Potosí. Los fondos
altoperuanos cubrían el 47,59% de los gastos fiscales efectuados en la región
en el período comprendido entre 1791 y 1805. (3) No obstante, la transferencia
de metálico del Alto Perú al nuevo virreinato, si bien vital para los
objetivos de la Corona española, se concretó necesariamente en porcentajes
decrecientes, pues la producción minera altoperuana ya había abandonado su
etapa de prosperidad. Vale advertir al respecto que si bien el promedio de
fondos altoperuanos transferidos a Buenos Aires entre 1791 y 1805 totalizó,
como hemos visto, un promedio del 47,59% de los gastos fiscales efectuados en el
Río de la Plata, este porcentaje promedio oculta, en realidad, marcadas
diferencias entre los dos primeros quinquenios del período, en los cuales los
aportes del Alto Perú cubrieron el 78,86% de esos gastos, y el último, en el
que dichos aportes cayeron a un porcentaje del 6,27% de los gastos rioplatenses.
(4) Esta caída de la gravitación del metálico altoperuano tendría una
incidencia clave tanto en la vida económica de los últimos años del período
virreinal como en la de los primeros de la experiencia inmediatamente posterior
a la Revolución de Mayo de 1810.
El examen de las finanzas de la etapa virreinal entre 1791 y 1805
revela la preocupación de la Corona por consolidar su presencia en el área
rioplatense, frente a las asechanzas portuguesas y británicas.
Vale advertir, que, por ejemplo, de los más de 8 millones de pesos que
se enviaron a la metrópoli entre 1791 y 1805, el 60%
era destinado a las necesidades de mantener un complejo aparato de
defensa y administrativo en el litoral atlántico del nuevo virreinato. En este
mismo período, y dentro de la transferencia de recursos de la Real Caja de
Buenos Aires (de un total de 32.619.110,2 ¼ pesos), cabe señalar la relativa
importancia otorgada a sectores tales como los Cuerpos de Veteranos (que
insumieron 7.978.367,4 ¼ pesos) y Marina (que absorbieron un total 2.472.830,0
½ pesos) y a áreas tales como Litoral y Banda Oriental (con un monto de
1.473.168, 7¾ pesos), luego seguidas en orden de menor importancia por
Patagonia (567.232,1 ½ pesos) y Paraguay (531.753,6 pesos). (5) Estas cifras
demuestran las prioridades estratégicas de la Corona española en el nuevo
virreinato.
Pero la presencia de oficiales peninsulares o de
otras áreas americanas en Buenos Aires, importante en el momento de creación
de dicho virreinato, pronto disminuyó. Para las autoridades españolas
Montevideo, centro naval español para el Atlántico Sur y ciudad fortaleza en
la banda oriental del Plata, parecía estar más amenazada que Buenos Aires por
la presencia británica y portuguesa. En la perspectiva metropolitana el valor
militar de la capital virreinal era escaso en comparación con el de Montevideo.
Esta percepción se hizo más evidente con el estallido de la guerra entre España
e Gran Bretaña a partir de 1796 y que se reflejó en el vaciamiento de las
tropas veteranas acantonadas en Buenos Aires a partir de este conflicto. La
ausencia de tropas veteranas en la capital virreinal se dio hasta tal punto que
las mismas debieron ser reemplazadas sistemáticamente con milicianos de origen
local. La mayor presencia e impacto de las fuerzas armadas españolas en la
sociedad montevideana respecto de la porteña y la necesidad de esta última de
proveerse para su defensa de milicias integradas con elementos locales, fueron
dos procesos que tuvieron consecuencias fundamentales en los últimos años de
la etapa colonial y primeros de la independiente en una y otra margen del Plata.
Uno de ellos, que examinaremos oportunamente, fue el diferente rumbo que
Montevideo y Buenos Aires adoptaron en los días de mayo de 1810: Buenos Aires,
el de la disidencia, y Montevideo, el de resistencia al movimiento
revolucionario porteño. (6) El otro, el proceso de militarización de la
sociedad porteña con un protagonismo crucial de las milicias populares urbanas
movilizadas de base local. Proceso éste cuyo primer capítulo precisamente
comenzó con la necesidad de defender de los invasores ingleses a una Buenos
Aires escasamente protegida por fuerzas españolas.
Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la independencia argentina, Buenos Aires, EUDEBA, 1967, pp. 60-62.
Tulio Halperín Donghi, Guerra y finanzas en los orígenes del Estado argentino (1791-1850), Buenos Aires, Ed. de Belgrano, 1982, pp. 26-27.
Ver al respecto ibid., pp. 26 y 46-47.
Porcentajes en ibid., pp. 46-47.
Puede examinarse al respecto el cuadro V de Salidas de la Real Caja de Buenos Aires entre 1791 y 1805 citado en ibid., p. 59. El presupuesto destinado al área de Patagonia estaba destinado a cubrir los gastos del destacamento establecido en las islas Malvinas a partir de abril de 1767 y del asentamientode Carmen de Patagones fundado en 1779 y el único que quedaba en pie de los varios intentos de poblar la costa patagónica que había realizado la Corona española a partir de 1778.
Ibid., pp. 28-29 y 43.
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