Capítulo 5: La Revolución de Mayo. La relación de la colonia y su metrópoli.
En
1808 se complicó el panorama para España, ya que Napoleón derrocó a Fernando
VII. En Bayona, el 2 de mayo de
1808 el rey devolvió la corona a su padre Carlos IV pero con varias
condiciones. Tras una serie de escenas entre padre e hijo, finalmente Carlos IV
renunció sus derechos en Napoleón
(5 de mayo) y al día siguiente a su vez abdicó Fernando. Napoleón designó
entonces a su hermano José, soberano de Nápoles, para el trono vacante. Unos días
antes, el general Murat había entrado en Madrid en medio de las protestas de la
población, que se sublevaba contra la ocupación francesa. La Suprema Junta de
Gobierno de Madrid, nombrada por Fernando, ofreció su apoyo al general francés,
lo designó presidente, y el 3 de junio le pidió que Napoleón concediera el
trono a su hermano José.
Por
su parte, Napoleón consideraba que la conservación de los dominios españoles
para la corona de José era de la mayor importancia, y ordenó al general Murat
que organizara una expedición para ocupar Buenos Aires. También mandó al
marqués de Sassenay como su enviado a esta ciudad, especulando con que el
virrey Liniers, que como se sabe era de origen francés y además amigo de
Sassenay, podía ser su punto de apoyo en el Río de la Plata. Para recibirlo,
Liniers convocó al Cabildo y a la Real Audiencia. Sassenay entregó diversos
documentos sobre las abdicaciones reales y sobre los últimos sucesos acaecidos
en España. Para evitar disturbios, las autoridades virreinales del Río de la
Plata ocultaron a la población la abdicación de Fernando VII y la ascensión
al trono de José Bonaparte, ordenando por el contrario la jura de lealtad al
soberano depuesto.
Respecto
del marqués francés, se resolvió reembarcarlo inmediatamente en el mismo
barco que lo había traído. No obstante, debido a una tormenta, Sassenay tuvo
que quedarse tres días más, alojándose en la casa de Liniers, lo que provocó
sospechas. Al llegar el marqués a Montevideo, el gobernador Francisco Javier de
Elío lo detuvo, y sólo pudo regresar a Francia más tarde, en diciembre de
1909, con la anuencia del nuevo virrey Cisneros.
Mientras
tanto, en España la sublevación de Madrid había encendido una rebelión
generalizada contra los franceses. Según el discurso entonces adoptado, con la
pérdida de su rey el pueblo había reasumido su soberanía y por ende el poder
de crear un nuevo gobierno. El 27 de mayo de 1808 se eligió en Sevilla la Junta
Suprema de España e Indias, que gobernaba en nombre de Fernando VII y le declaró
la guerra a Napoleón el 17 de junio. Similarmente, emergieron gobiernos en las
diversas provincias del reino, cada uno de los cuales pretendía ser soberano.
El 25 de septiembre, en Aranjuez, con representantes de numerosas juntas
locales, se constituyó la Junta Suprema Gubernativa del Reino, con
representantes de varias de las juntas que habían surgido en las provincias.
Esta junta, que estaba presidida por el conde de Floridablanca, fue reconocida y
jurada en Buenos Aires el 8 de enero de 1809, a pesar de que su legitimidad era
muy discutible. Estas juntas no habían sido elegidas por asambleas populares,
ni ejercían su autoridad por delegación del rey, de modo que su autoridad
siempre estaba en duda.
Sin
embargo, la lucha contra el invasor era casi unánime en España, participando
todas las clases sociales. Emergieron ejércitos populares con generales
improvisados y guerrilleros. Dos meses después de la sublevación de Madrid, el
19 de julio de 1808, los ejércitos españoles habían triunfado en Bailén.
Hacia el 30 de julio, las fuerzas francesas se habían visto forzadas a levantar
el sitio de Zaragoza, y el rey José había tenido que huir transitoriamente de
Madrid.
Por
otra parte, un mes más tarde se produjo en Lisboa la rebelión popular contra
el general Junot, similar a la de Madrid. Además, Dom Joao aún no había
llegado a la nueva sede de su corte en Brasil, cuando el ejército británico
desembarcaba en Portugal para atacar a las fuerzas napoleónicas. El 30 de
agosto de 1808, el general Junot
capitulaba en Cintra, embarcándose con sus tropas en buques ingleses que lo
llevaron de regreso a Francia. Toda la península ibérica se había alzado,
pues, contra la ocupación francesa, aunque estos primeros éxitos contra el
invasor serían efímeros.
En
las Indias, la situación generada por la ausencia del rey y el intento de las
juntas españolas de gobernar en su nombre generó graves problemas y conflictos.
Hasta entonces existía una suerte de independencia formal entre las colonias
y España, ya que jurídicamente aquéllas dependían de la Corona y no de España
misma. La Junta de Sevilla y las Cortes eliminaron esta independencia. Como
consecuencia, la clase comerciante española adquirió mayor influencia en la
administración de las colonias que la que había tenido bajo los Borbones. Por
ello, desde 1808 en adelante se agravó el conflicto de intereses entre los criollos
de Buenos Aires y los españoles de Sevilla y Cádiz, empeorando la situación
frente a la existente en 1806-07, cuando se produjeron las frustradas invasiones
inglesas. Quizás éstas hubieran tenido otro desenlace en caso de haber tenido
lugar en la nueva configuración generada por el derrocamiento de Fernando y
por el intento del gobierno de Sevilla de expandir el alcance de los intereses
peninsulares en las colonias.
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