En
1808 las Juntas provinciales de Asturias y Galicia consideraron la necesidad de
ayuda británica en la guerra contra Francia. Como es natural, Gran Bretaña
procuró capitalizar la situación
española para su lucha contra Napoleón. El 4 de diciembre de 1808 envió a
Madrid al ministro John Hookham Frere para concertar un tratado de alianza. El
Reino Unido declaraba estar dispuesto a defender la integridad e independencia
de la monarquía española tanto en América como en Europa. Este compromiso
representaba una transacción entre el interés británico de contar con ayuda
española en la lucha contra Francia en Europa, y el interés británico de que
España eventualmente perdiera sus colonias. El apoyo británico activo a la
independencia de las colonias españolas hubiera alienado a España de
Inglaterra frente al crucial escenario europeo, pero la defensa británica del
patrimonio español en América nunca llegaría muy lejos en la práctica,
excepto en lo que se refiere a evitar su potencial caída bajo el poder de
Francia o Portugal.
El
14 de enero de 1809 la Suprema Junta Central y la Corona británica suscribieron
el Tratado de Alianza, que fue complementado por un segundo acuerdo firmado el 2
de febrero. Por ellos, se estableció el completo olvido de los actos hostiles
cometidos en las últimas guerras. El Reino Unido se comprometió a auxiliar a
España en su lucha contra Francia y a no reconocer otro rey que Fernando VII.
España se obligó a no ceder trozo alguno de sus territorios en cualquier parte
del mundo. Sólo por común acuerdo podrían las partes hacer la paz con
Francia. En el área comercial, el gobierno británico obtuvo una reducción de
tarifas por parte de las autoridades españolas. Además, mutuamente se prestarían
facilidades para el comercio de sus colonias, aunque la Junta Central se mantuvo
renuente a otorgar a Gran Bretaña grandes beneficios comerciales. (1)
Este
tratado gravitaría fuertemente en las relaciones del Reino Unido con los
gobiernos del Río de la Plata durante mucho tiempo, antes y después de la
Revolución de Mayo. Como ya se sugirió, después de los sucesos de 1810 el
tratado angloespañol impediría un apoyo británico directo a la independencia.
Pero antes de dichos sucesos, la alianza formal entre Gran Bretaña y lo que
quedaba de un gobierno español significó que la pretensión de este último de
mantener el viejo monopolio comercial, excluyendo a los ingleses del comercio
colonial, no podía tener éxito alguno. Este hecho era tan evidente que, en el
Río de la Plata, fue el último virrey quien autorizó el libre comercio con
Gran Bretaña. Naturalmente que esta medida fue bienvenida por los intereses
criollos, pero la principal fuente de conflicto (por ejemplo el rol de los
peninsulares en los puestos públicos y en el comercio colonial) no podía ser
resuelta por un virrey, especialmente en la América hispana meridional, donde
el conflicto entre los criollos blancos y los españoles nativos era más
intenso que los conflictos raciales entre las castas (que era lo contrario a lo
que pasaba en México y en las Antillas, donde los conflictos entre blancos se
suavizaban debido a la necesidad de mantener la estructura de dominación frente
a las castas subordinadas).
Otro
elemento en el complejo panorama de intentos de seducción e intimidación de
las colonias españolas de parte de otras potencias, fue que el mismo Napoleón
cambió radicalmente de objetivos una vez que fracasó su política de obtener
la adhesión a su hermano José de parte de las provincias hispanoamericanas. Su
objetivo pasó a ser la independencia de estas colonias, para que Gran Bretaña
y su nueva aliada, España, se beneficiaran lo menos posible de su comercio. El
12 de diciembre de 1809 José Bonaparte declaró que la independencia de las
colonias hispanoamericanas sería la culminación natural de un proceso de
evolución al que nunca se opondría.
A
su vez, los portugueses también intentaban sacar partido de la situación española.
El ministro de relaciones exteriores de Portugal, Rodrigo de Souza Coutinho,
conde de Linhares, envío en marzo de 1808 un oficio al Cabildo de Buenos Aires
que a la vez ofrecía protección y amenazaba:
El
avajo firmado Don Rodrigo de Sousa Coutinho Ministro y Secretario de Estado de
los negocios extranjeros y de la guerra es encargado por su augusto amo y Señor
Su Altesa Real el Principe Rejente nuestro de informar a Usia que constando en
la Real presencia la total sujecion de la Monarquia Española en Europa a la
Francia, (...) me encarga Su Altesa Real el participar a Usia su llegada à esta
Capital (el Rio de Janeiro) que espera le sea agradable, y al mismo tiempo el
ofrecerle tomar al Cavildo y Pueblo de la Ciudad de Buenos Ayres y todo el
Virreinato, vajo su Real Proteccion, conserbandole todas sus esenciones y
jurisdicciones, (...). Igualmente no puede Su Alteza Real dejar de mandar
participar a Usia, que en el caso que estas proposiciones amigables, y dirijidas
solamente a evitar toda efusion de sangre, no sean oidas, entonces Su Alteza
Real sera obligado à obrar en comunidad con su poderoso Aliado, y con los
grandes y fuertes medios que la Probidencia deposito en Sus Reales Manos, y tal
bes a ver con dolor el glorioso y esperable suceso de sus armas, (...). (2)
El
ministro portugués ofrecía pues protección contra una posible invasión de
Napoleón al Río de la Plata, y garantizaba la integridad de las posesiones
españolas y la libertad de comercio, comprometiéndose también a no imponer
nuevos impuestos, a la vez que directamente amenazaba con una intervención
armada de consuno con Gran Bretaña en caso de no ser aceptada su oferta. Simultáneamente,
el conde de Linhares envió al brigadier Joaquín Xavier Curado a la Banda
Oriental para que intentara conseguir su adhesión a los lusitanos, ofreciendo
un acuerdo comercial atractivo.
Liniers
y el Cabildo, de común acuerdo, respondieron al conde de Linhares que su
propuesta era ofensiva, y que permanecían fieles a Fernando VII. Por otra
parte, frente a estas amenazas Liniers decidió reforzar las Misiones con tropas
de infantería, envió lanchones armados al Paraguay, y preparó la frontera con
Brasil para un posible ataque. Estos preparativos eran sin duda necesarios, a
pesar de que el ejército portugués era sumamente débil y apenas si podía
mantener el orden en su propio territorio americano.
Por
otra parte, lord Strangford, representante británico en Río de Janeiro, informó
a Canning de los planes de Souza Coutinho y recibió instrucciones de presionar
al gobierno portugués para que abandonara sus planes de expansión hacia el Río
de la Plata, aduciendo que el incipiente acercamiento entre Gran Bretaña y España
los tornaba inaceptables. No obstante ello, el 2 de septiembre de 1808 el
brigadier Curado insistió ante Liniers respecto de la entrega de la Banda
Oriental para protegerla de un ataque francés.
NOTAS
J. Holland Rose, "Canning and the Spanish Patriots in 1808", American Historical Review, XII, (1906), 47 en Anna Marie Rhodes, The Argentine Policy of Fernando VII, Ph. D. dissertation, University of North Carolina at Chapell Hill, 1973, p. 46.
Documento Nº 7, oficio del ministro y secretario de estado D. Rodrigo de Souza Coutinho al Cabildo de Buenos Aires, Río de Janeiro, 13 de marzo de 1808, en República Argentina, Archivo General de la Nación, Política lusitana en el Río de la Plata, Colección Lavradio, tomo I: 1808-1809, Buenos Aires, 1961, pp. 13-14.
Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores. Para ello, haga un click en el botón "Anterior". También puede utilizar la opción "Búsqueda" , ingresando el nombre del autor de las obras respecto de las cuales se requiere información.
© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de
copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines
estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier
otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.