Para
ese entonces el gobierno británico también estaba inquieto por la propaganda
francesa y por las posibles simpatías del francés Liniers por Napoleón, y
envió nuevamente a Buenos Aires al agente James Burke. Este llegó como enviado
confidencial de Castlereagh para informar en Buenos Aires sobre la política
británica de alianza con España, y para llevar informes sobre la situación
política y el humor de la opinión pública en el Río de la Plata,
especialmente en cuanto a la existencia de algún partido favorable a Napoleón.
Burke debía intentar inclinar la opinión de los influyentes contra la dominación
francesa, señalando que mientras los recursos de las colonias españolas no se
utilizaran a favor de Francia, la política británica sería de no interferir
en sus asuntos. Más aún, declaró que si España cayera totalmente bajo el
poder napoleónico, Gran Bretaña evitaría la caída de los territorios
hispanoamericanos, sin aspirar a ganancias territoriales.
Sin
embargo, en Buenos Aires emergieron sospechas de que Burke buscaba subvertir a
las autoridades españolas. Víctima de los carlotistas (en especial de los
manejos de Rodríguez Peña y sus amigos de Buenos Aires) y de la antipatía de
Liniers, el agente fue expulsado. En Río de Janeiro Burke sufrió otro desaire,
ya que sus actividades inquietaron al gobierno portugués, que pidió a
Strangford su inmediato embarco. De regreso en Gran Bretaña, el agente atribuyó
su fracaso en Buenos Aires al temor de Liniers de ser descubierto en sus
negociaciones con los franceses, alabando los planes de la infanta Carlota y
recomendando una solución monárquica para la América meridional.
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