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Como afirma Heredia, las escasas posibilidades de enviar contingentes armados importantes obligaba al gobierno español a elegir rígidamente un punto de destino, descartando otros. Y por suerte para los hombres de gobierno de Buenos Aires, este punto era considerado mucho menos importante por las autoridades españolas que otros focos revolucionarios como, por ejemplo, Caracas. En el año 1811 partieron tres expediciones de España: una se dirigió a La Habana y Veracruz, otra a Montevideo y una tercera a Puerto Rico. Las cifras demuestran la escasa prioridad otorgada al Río de la Plata: sobre un total de 1.068 hombres enviados a América, sólo 87 fueron destinados al Río de la Plata, en tanto que la mayor parte se dirigió al norte de la región sudamericana. Si revisamos las expediciones salidas en 1812, se confirma la tendencia anteriormente apuntada: del total de personas embarcadas (5.814), el 80% tenía como destino final Nueva España. (1)  En vano habían sido enviadas las reclamaciones de las autoridades montevideanas -Salazar, Elío y Vigodet. Por el contrario, habían tenido mayor incidencia las presiones existentes dentro de la Madre Patria, particularmente las del embajador británico Henry Wellesley, opuestas al envío de expediciones al Río de la Plata.
   
Los triunfos españoles sobre los ejércitos napoleónicos y el fracaso de la mediación británica entre la Madre Patria y sus ex colonias americanas fueron dos factores que permitieron aumentar el número de contingentes armados españoles hacia América. Las cifras reflejaban este cambio de panorama. En 1813 se enviaron 9.200 hombres, número que superaba al de los dos años anteriores juntos. Asimismo, se envió a Montevideo el 37% del total de hombres, lo cual demostraba las mayores posibilidades para el gobierno español de enviar contingentes armados  y la mayor importancia otorgada a la plaza oriental para desde allí emprender la reconquista del Río de la Plata. (2) No obstante en 1814 el envío de tropas fue prácticamente nulo. La amenaza de expedición a Montevideo se esfumó en interminables dilaciones burocráticas. Asimismo, la implantación del absolutismo de Fernando VII en mayo de 1814 paradójicamente atrasó las resoluciones, al implicar una etapa de estudio y revisión de la situación americana, factor que otorgó un nuevo respiro a un régimen porteño que no lograba consolidar su estabilidad política. Por otra parte, la caída de Montevideo en poder de las autoridades de Buenos Aires en junio de 1814 produjo un cambio fundamental en el cuadro de situación de la región que debió ser evaluado por el gobierno español para decidir el envío o no de la expedición al Río de la Plata. 
   
La primera respuesta de Fernando VII al problema americano fue el manifiesto del 4 de mayo de 1814 que declaró nulo todo acto de gobierno hecho durante su ausencia. Las decisiones adoptadas posteriormente por el retornado rey español demostrarían una actitud dual y ambigua hacia las colonias americanas, oscilante entre el uso de la negociación y el de la fuerza. Así, en su manifiesto del 27 de mayo de 1814, dirigido a las provincias de ultramar, Fernando VII urgió a la reconciliación y prometió perdón. Pero en junio del mismo año, el rey restableció el Consejo de Indias que no existía desde 1787. No obstante, al poco tiempo, el rey ordenó a los diputados de las provincias de ultramar  renunciar a sus obligaciones y regresar a casa. Finalmente, un decreto del 18 de septiembre de 1815 abolió el Consejo de Indias establecido el año anterior.
   
De este modo leyes conciliatorias, que buscaban la centralización a través de esfuerzos pacíficos, fueron paradójicamente acompañadas por medidas de fuerza que contrariaban el espíritu de las primeras. Ejemplo de las medidas de fuerza fue la expedición de Pablo Morillo, capitán general de Venezuela y comandante en jefe de una expedición de 10.000 hombres, que originalmente debía dirigirse hacia el Río de la Plata, pero estando ya en alta mar recibió órdenes de dirigirse al norte de América del Sur. Gracias a este inesperado cambio de planes, el proceso hacia la independencia gestado en Buenos Aires en 1810 se salvaba de una amenaza directa de la metrópoli, aunque persistieran sus propios fantasmas internos que impedían salir a las Provincias Unidas del Río de la Plata de un estadio más próximo a la anarquía que a la estabilidad política deseada por los hombres del gobierno porteño.
   
Las razones que llevaron al gobierno español a la decisión de cambiar el destino de la expedición armada española de 1815 comandada por Morillo constituye un interrogante aún abierto. La explicación clásica de los historiadores se puede reflejar en el párrafo de Manuel Pastor, cuando relataba los hechos revolucionarios en Colombia:

El retorno al sistema absolutista que tuvo lugar en España en el año 1814 determinó el envío de la gran expedición que había de restaurar la autoridad del Rey en los pueblos americanos. Se consumió casi un año en los preparativos y, cuando estuvo lista para zarpar, era ya tarde para intentar recuperar la región del Plata. Por el contrario, el virreinato de Nueva Granada se hallaba casi totalmente en poder de los realistas, y los puntos que estaban dominados por los revolucionarios parecían fáciles de reconquistar. (3) 

      Heredia no está de acuerdo con este argumento clásico. Menciona las causas oficiales esgrimidas para explicar el desvío de la expedición, que aparecen en un Real Decreto de Fernando VII de 9 de mayo de 1815:

el primer destino que se pensó dar á esta expedición fue socorrer la Plaza de Montevideo, cuya benemérita guarnición y vecindario se habían hecho tan acreedores á ello, y contribuir á la pacificación de las Provincias del Rio de la Plata; pero las circunstancias que sobrevinieron durante su habilitación, lo adelantado de la estación, la lastimosa situación en que se hallaban las provincias de Venezuela, y la importancia de poner en el respetable pie de defensa que conviene el istmo de Panamá, llave de ambas Américas, decidieron mi ánimo á dirigir la expresada expedición á la Costa Firme. (4)

Pero sin embargo Heredia sostiene que una serie de razones lo llevan a creer que en realidad la expedición nunca tuvo por destino el Río de la Plata. En su opinión, la decisión de que la expedición debía dirigirse a Costa Firme se tomó en los primeros días de junio, aunque se la mantuvo en secreto por dos motivos: para desorientar y atemorizar a los revolucionarios americanos, y principalmente porque era necesario evitar que fuera del conocimiento de la Comisión de Reemplazos, cuyo objetivo era financiar una expedición al Río de la Plata. (5)  Debe aclararse sin embargo que no es muy convincente su explicación de que la pérdida de Montevideo fuera sólo una causa secundaria en la decisión de desviar la expedición, (6) debido a que en junio de 1814, cuando según Heredia el gobierno español tomaba la decisión de enviar la expedición a Costa Firme, la caída de Montevideo podía preverse, y, más aún, el hecho de que la fecha del 14 de agosto, en que se designaba a Morillo como jefe de la expedición y se le instruía dirigirse a Costa Firme, coincidiera prácticamente con el momento en que debió llegar a España la noticia de los sucesos adversos de Montevideo.
   
La tendencia del gobierno español a concentrar todos sus esfuerzos en el norte de Hispanomérica continuó y se acentuó en 1816, año en que el Río de la Plata fue totalmente dejado de lado. Finalmente, el marqués de Campo Sagrado, al frente del Departamento de Guerra, decidió con el apoyo del rey suspender las expediciones armadas "por ser gravosas, estériles y finalmente, imposibles de concretar por falta de recursos". Si bien en octubre de 1817 se decidió el envío de una nueva expedición armada contra Buenos Aires -un plan orquestado por el ministro de estado español José Pizarro-, esta decisión se diluyó entre las peleas interburocráticas, aunque la idea de tomar Buenos Aires por la fuerza sobrevivió durante algún tiempo en el Ministerio de Estado español luego del paso de Pizarro.

  1. Ver cifras en E.A. Heredia, Planes españoles... pp. 79-80.

  2. Ver cifras en ibid., pp. 94-95.

  3. Manuel Pastor, Prólogo al Catálogo de los Documentos referentes a la independencia de Colombia existentes en el Museo Naval y Archivo de Marina "Bazán", Madrid, 1969, cit. en ibid., p. 152.

  4. Ibid., p. 154.

  5. Ibid., p. 159.

  6. Ibid., p. 160.

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