El dilema de Córdoba: la sumisión a Artigas o la obediencia a Buenos Aires
A
partir de 1814 la influencia de José Gervasio Artigas en los asuntos relativos
al gobierno de Córdoba comenzó a acentuarse notablemente, debido a una
eventual convergencia de intereses impulsada por una percepción común de la
política del gobierno central como opresora. Esto llevaría a cordobeses y
orientales a entenderse y buscar apoyo mutuo.
Desde
el 3 de marzo de 1814 ocupaba el gobierno de Córdoba el coronel Francisco
Antonio Ortiz de Ocampo, designado por el director Gervasio Posadas. Pasados
unos meses, un conflicto entre el gobernador y el Cabildo -que representaba la
oposición local al centralismo de Buenos Aires- se agravó por la presencia de
Artigas en Santa Fe. El triunfo de las fuerzas artiguistas sobre las de Buenos
Aires en Guayabos, en enero de 1815, daba al caudillo oriental el respaldo
suficiente para tratar de ampliar su zona de influencia. Para los cordobeses era
una oportunidad para desligar a Córdoba del directorio. (1)
Los
federales cordobeses comisionaron entonces a Juan Pablo Bulnes y Lorenzo Moyano
para solicitar ayuda a Artigas. Este poco podía ofrecer pues tenía sus fuerzas
comprometidas en el operativo de Santa Fe y esperaba una contraofensiva porteña.
No obstante, Artigas decidió enviar dos oficios, uno al gobernador y otro al
Cabildo de Córdoba. El 28 de marzo Ortiz de Ocampo recibió el oficio de
Artigas en donde, luego de participarle del éxito de sus fuerzas en Santa Fe,
éste afirmaba:
asegurando
este triunfo es de necesidad que V.S. y las tropas que oprimen a ese pueblo, le
dexen en el pleno goze de sus derechos; retirándose a la de Buenos Ayres en el
término preciso de 24 horas, de lo contrario marcharán mis armas a esa ciudad
y experimentará V.S. los desastres de la guerra. (2)
No
obstante, al gobernador de Córdoba le llegó el momento de definir su situación.
Dos acontecimientos aceleraron su decisión: el pronunciamiento de Fontezuelas
(3 de abril de 1815) que daba un golpe al centralismo porteño, y la presión de
Artigas, que en una nota del 8 de abril expresaba: "Córdoba debe decidir
su suerte para dar de lleno a mis determinaciones (...), ya no es tiempo de
cohonestar los hechos, ni de vivir en aquella fría indiferencia que hoy forma
el todo de nuestras desgracias (...)". (4) Conocida ésta en Córdoba el 16
de abril, los representantes del pueblo declararon entonces la independencia
"bajo los auspicios y protección del General de los Orientales que se
constituye garante de su libertad (...)". (5) Pero el federalismo de Díaz
se distinguía del artiguista en que el primero no era un separatista ni bregaba
por un sistema confederal. La independencia de la "provincia"
importaba sólo una separación provisoria del gobierno de Buenos Aires hasta
que un congreso general estableciera la forma de gobierno. (6)
La
posición de Díaz llevó a que la actitud de Córdoba en el Congreso de
Oriente, convocado por Artigas, no fuera del todo clara. Para Artigas la retención
de esta provincia era importante, de allí que éste no estuviera dispuesto a
pactar con Buenos Aires si ello significaba la escisión de Córdoba y Santa Fe
del bloque oriental y esto en definitiva haría que las negociaciones
fracasaran. Pero al estudiar la posición de Córdoba y del gobernador Díaz
ante el caudillo oriental, Segreti (7) advierte un doble juego que surge del análisis
de las instrucciones oficiales y reservadas entregadas a José Antonio Cabrera,
representante de la provincia ante los orientales. Dicho doble juego hacía
suponer a Artigas que Córdoba respondería ciegamente a sus designios, cuando
en realidad el objetivo de Díaz era lograr una conciliación entre Buenos Aires
y la Banda Oriental, pretendiendo con ello sentar las bases de una organización
nacional.
Esta
posición mediadora implicaba de alguna manera para Córdoba considerarse fuera
de la Liga de los Pueblos Libres. Por otra parte, las instrucciones secretas
dadas a Cabrera le permitían, en caso de fracasar la mediación, tratar
directamente con Buenos Aires sobre la base del reconocimiento espontáneo del
gobierno central bajo ciertos requisitos. Estas instrucciones demostraban que Díaz,
si se veía ante la disyuntiva de optar por la Banda Oriental o por Buenos
Aires, prestaría su apoyo a esta última, que era donde veía más
posibilidades de concretar su plan americano. (8)
Al
llegar Cabrera a Concepción del Uruguay ya había fracasado la misión
destacada por el director Alvarez Thomas para buscar un acuerdo con Artigas.
Este entonces decidió comisionar a Cabrera junto con otros diputados para
intentar en Buenos Aires una nueva conciliación. A su vez, por entonces Buenos
Aires había comisionado a Ambrosio Carranza para que buscara un acercamiento
con Córdoba y observara el grado de adhesión de la provincia mediterránea
respecto de Artigas. El mencionado acercamiento se debía a la necesidad de
hallar respaldo ante la amenaza de la expedición punitiva española. Carranza
llegó a Córdoba el 4 de julio y al entrevistarse con Díaz advirtió
claramente que Córdoba no representaba una amenaza para Buenos Aires. No era Díaz
un mero apéndice de las decisiones de Artigas.
Mientras
Carranza regresaba a Buenos Aires, Alvarez Thomas tomaba contacto con la
diputación oriental, en la que se encontraba Cabrera. Pero habiendo
desaparecido para ese entonces el peligro de la escuadra española, el director
ya no revelaba tanto interés por aquella misión mediadora. Así, las acciones
de Alvarez Thomas sólo estuvieron orientadas a dilatar dicha misión, con el
objeto de preparar su expedición a Santa Fe. El regreso de Carranza de Córdoba
infundió al director suficiente tranquilidad como para poder prescindir de
cualquier negociación con los orientales. Si Córdoba no seguía ciegamente los
pasos de Artigas, no era esperable un ataque de esa provincia a Santa Fe y por
lo tanto Alvarez Thomas podía avanzar con tranquilidad sobre la última.
Consecuentemente, el 1º de agosto el director daba por concluidas las
tratativas con la diputación de los Pueblos Libres por considerar inaceptables
las bases propuestas.
Las
fuerzas enviadas por el gobierno porteño al mando de Juan José Viamonte
pusieron a Santa Fe fuera de la influencia de Artigas hasta abril de 1816, en
que las fuerzas orientales recuperaron la provincia. Ante esta situación Díaz
decidió el envío de la misión Isasa ante Artigas para conversar sobre la
posibilidad de ratificar la instalación del Congreso reunido en Tucumán. Como
era de esperar, Artigas ya no confiaba en Buenos Aires y tampoco en los
supuestos beneficios de un Congreso. La diferencia de criterios entre Díaz y
Artigas fue evidente a la hora de decidir: Córdoba no sólo envió sus
diputados al Congreso de 1816 en Tucumán, sino que fue una de sus principales
promotoras. La Banda Oriental, Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos en cambio
decidieron no participar. (9)
La
posición de Díaz fue nuevamente puesta a prueba cuando, en julio de 1816,
recibió el angustioso pedido del gobernador artiguista Mariano Vera de Santa
Fe, que veía inminente una nueva invasión porteña sobre su territorio. Díaz
se encontró entonces en el dilema de conciliar su posición de federal con el
reconocimiento prestado a las autoridades supremas y asumió una actitud
cautelosa ante los pedidos de auxilio lanzados por Mariano Vera. (10) Al mismo
tiempo, aprovechando la estancia del director Juan Martín de Pueyrredón en Córdoba,
Díaz interpuso sus buenos oficios para que éste evitara el avance de las
tropas de Buenos Aires al mando de Díaz Vélez, a lo cual Pueyrredón accedió.
Pero
finalmente, por circunstancias que no detallaremos aquí, la invasión de Díaz
Vélez se realizó y entonces el gobernador Díaz tuvo que enfrentar los
movimientos del artiguismo cordobés que, encabezados por Juan Pablo Bulnes,
exigían al gobernador el envío de fuerzas de apoyo a Santa Fe. Estos
movimientos obligaron a Díaz a presentar su renuncia a la gobernación en dos
oportunidades. La primera vez, el Congreso lo respaldó, declarando su renuncia
como ilegal y restableciéndolo en el mando. La segunda vez, el director supremo
ya desconfiaba de Díaz y, considerando a éste como "una amenaza para la
unidad", (11) decidió removerlo. El movimiento de Bulnes fue sofocado
durante el gobierno de Ambrosio Funes. Su promotor, ante la inminente represión
de Manuel Belgrano, decidió huir a la Banda Oriental (1817). Desde entonces
hasta 1820 el gobierno de Córdoba quedó bajo el dominio del centralismo de
Buenos Aires.
A
mediados de 1819, José Rondeau había sido nombrado director supremo en
reemplazo de Pueyrredón. El escenario nacional se encontraba en una situación
crítica bajo la amenaza de los caudillos Estanislao López de Santa Fe y
Francisco Ramírez de Entre Ríos de atacar Buenos Aires, y frente a la
posibilidad del envío de una nueva expedición española de reconquista. Para
enfrentar ambos peligros, Rondeau ordenó al ejército de los Andes y al del
Norte dirigirse a Buenos Aires. San Martín, cuando tuvo noticias de que la
expedición no llegaría, abandonó al directorio a su suerte y se dirigió a
Chile para continuar con la empresa de liberación del Perú. A su vez, el ejército
del Norte se amotinó en Arequito, el 7-8 de enero de 1820, movimiento que fue
encabezado por Juan Bautista Bustos, Alejandro Heredia y José María Paz. Los
sublevados volvieron con sus fuerzas a Córdoba.
Estos
hechos posibilitaron a López y Ramírez el triunfo de Cepeda, el 1º de febrero
de 1820, que significó la desaparición del directorio y del Congreso, es decir
la disolución del gobierno central. Las provincias reasumieron sus autonomías.
Este hecho permitió la segunda independencia de Córdoba y el ascenso de Juan
Bautista Bustos al gobierno de ésta, luego de un corto interinato de José
Javier Díaz. El Acta de Independencia de la Asamblea Provincial hacía constar
el 18 de marzo de 1820 el descontento general por los desaciertos del Congreso
nacional y a continuación expresaba:
que
como tal, Provincia soberana y libre no conoce dependencia ni debe subordinación
a otra; que mira como uno de sus principales deberes la fraternidad y unión con
todos y las más estrechas relaciones de amistad con ellas, entre tanto reunidos
todos en Congreso General, se ajustan los tratados de una verdadera federación
en paz y en guerra a que aspira de conformidad con las demás (...). (12)
El
21 de marzo Bustos asumía la gobernación de la provincia, y daba el primer
paso en pos de su objetivo de reorganización nacional.
Antes
de asumir oficialmente, el caudillo cordobés había comenzado a buscar apoyo
para su causa. Así Bustos escribía a Artigas, en febrero de 1820, solicitándole
respaldo para el Congreso que pretendía reunir en Córdoba:
comunicación
que acompaño, y espero que V.E. como el más interesado en esta grande obra
coopere por su parte á la más pronta formación de dicho Congreso, pues con
este paso acabara V.E. de afianzar para siempre su reputación pública y estas
Provincias y el mundo entero reconoceran en la persona de V.E. el Washinton de
ellas y de Sud América(...). (13)
Este
oficio, al igual que otros enviados por Bustos a Artigas, no fue muy bien
recibido por el último. El motivo no era que Artigas no deseara también la
organización nacional, sino que éste, como otros caudillos, esperaba lograr su
concreción bajo un proyecto propio. (14)
Por
dicha causa Artigas, en su oficio del 7 de marzo, si bien expresaba su acuerdo a
la reunión de un congreso que fuera expresión de la voluntad general, omitía
manifestar su adhesión a que la reunión se efectuara en la provincia de Córdoba.
Sin embargo, lo que Artigas no sabía por entonces era que luego de su derrota
en Tacuarembó por los portugueses (enero de 1820), Ramírez, López y Sarratea
optarían por unirse y acabar con su prestigio político. Los tres suscriptores
del pacto del Pilar (23 de febrero de 1820), debido a una estrecha confluencia
de intereses, habían decidido abrirse de Artigas y promover la reunión de un
congreso en San Lorenzo. El caudillo oriental decidió entonces alentar el
congreso de Córdoba, pero al no brindar Buenos Aires su apoyo, éste fracasaría.
NOTAS
Ernesto Celesia, Federalismo Argentino. Córdoba, vol. 1, Buenos Aires, 1932, pp. 14-15.
Carlos S.A. Segreti, "La independencia de Córdoba en 1815", en Academia Nacional de la Historia, Cuarto Congreso Internacional de Historia de América, tomo 2, Buenos Aires, 1966, p. 446.
Carlos S.A. Segreti, Federalismo Rioplatense y Federalismo Argentino, Centro de Estudios Históricos, Córdoba, 1995, pp. 89-90.
C.S.A. Segreti, "La independencia de Córdoba en 1815", op. cit., p. 467.
Ibid., p. 468.
Segreti retomando el término "federalismo argentino", acuñado por Ernesto Celesia, define las características del federalismo que se gesta en Córdoba, para distinguirlo de aquél que tiene origen en la Banda Oriental. Ver. C.S.A. Segreti, Federalismo Rioplatense y Federalismo Argentino, op. cit.
Carlos S.A. Segreti, "Ultimos contactos de Artigas con Córdoba", en Boletín histórico del Estado Mayor del Ejército, núms. 88-91, Montevideo, 1961; C.S.A. Segreti, "La independencia de Córdoba en 1815", op. cit.; y C.S.A. Segreti, "José Javier Díaz y el plan americano", en Academia Nacional de la Historia, Cuarto Congreso Internacional de Historia de América, op. cit., tomo 1.
C.S.A. Segreti, "José Javier Díaz y el plan americano", op. cit., pp. 323-325.
C.S.A. Segreti, "José Javier Díaz y el plan americano", op. cit., p.342; C.S.A. Segreti, Federalismo Rioplatense y Federalismo Argentino, op. cit., pp. 105-106.
Norma L. Pavoni, "Córdoba y los movimientos de Juan Pablo Bulnes en los años 1816 y 1817", en Academia Nacional de la Historia, Investigaciones y Ensayos, nº 8, Buenos Aires, 1970, p. 358.
Ibid., p. 371.
Compilación de Leyes, decretos y acuerdos de la excelentísima cámara de justicia y demás disposiciones de carácter público dictados en la provincia de Córdoba desde 1810 a 1870, tomo 1, Córdoba, 1870, p. 12.
Carta de Juan Bautista Bustos al general Artigas, 17 de febrero de 1820, en C.S.A. Segreti, "Ultimos contactos de Artigas con Córdoba", op. cit., p. 147.
Ibid., p. 149.
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