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A pesar de los intentos de la representación del Congreso de Oriente para dialogar con Alvarez Thomas, pese también a la carta del gobernador Candioti solicitando al director que desistiese de la campaña de Viamonte, nada alteró aquellos planes. El mismo Artigas, en conocimiento ya de la invasión, escribía al Cabildo de Santa Fe, el 13 de agosto de 1815, alertándolo e indicándole que expusiese a Buenos Aires la necesidad del retiro de sus tropas. De lo contrario, agregaba, "esa fuerza alarmante será un escollo insuperable, se perpetuarán las hostilidades y yo no respondo de los desastres". (1) Ante la aproximación de los 3000 hombres del ejército de Observación, el 22 y 24 de agosto el Cabildo santafesino redactaba dos oficios a Viamonte solicitándole la anulación del desembarco y haciendo referencia a las graves advertencias transmitidas por el Jefe de los Orientales.
   
En este punto existe una discrepancia entre los autores que tratan el problema. Según Manuel Cervera, el Cabildo y el gobernador Candioti apoyaban decididamente a Artigas, mientras la Junta Representativa era una decidida adicta a Buenos Aires y a la invasión de Viamonte. (2) Para Antonino Salvadores, en cambio, ninguna de las dos facciones adhería de lleno al artiguismo o a Buenos Aires. El problema pasaba más por el dominio del poder local. El hecho de que la Junta Representativa adhiriera a la invasión de Viamonte fue simplemente porque vio en ella la oportunidad de descartar a la facción de Candioti. En opinión de este autor, Viamonte evitó a su llegada toda intervención en estas disputas internas, haciendo así un uso estricto de sus instrucciones. (3)
   
La presencia disuasiva de Viamonte y del ejército porteño incidió decididamente para que en las elecciones del 2 de septiembre de 1815 se impusiera el candidato de la Junta -Juan Francisco Tarragona-, lo cual confirmaba el retorno de la provincia a la sujeción de Buenos Aires, situación que se mantendría por unos meses. Pero los desmanes de las tropas de Viamonte, el asedio de los indígenas para nada contenidos por dichas fuerzas y las arbitrariedades del nuevo gobierno que perseguía a los ex partidarios de Candioti prepararon la resistencia de los santafesinos.
   
El 2 de marzo de 1816 la primera compañía de Blandengues se sublevaba al mando del teniente Estanislao López. Los jefes del movimiento, Mariano Vera, Cosme Maciel y Javier Avalos levantaban mientras tanto las milicias de Coronda y atacaban la cañonera "Americana" en la boca del Colastiné para facilitar el arribo de los hombres remitidos por Artigas desde Paraná. El día 5 el Cabildo preparaba las milicias de defensa. Las fuerzas de Buenos Aires destacadas en San Nicolás, al mando de Eustaquio Díaz Vélez, no pudieron acercarse a Santa Fe en defensa de Viamonte y éste debió capitular. 
   
Conocida la derrota de Viamonte en Buenos Aires, se temía que las tropas de Artigas pasaran el río Paraná y convulsionaran la campaña bonaerense. Para impedirlo se dio a Manuel Belgrano el mando del ejército acantonado en San Nicolás con instrucciones de sofocar la rebelión y lograr que Santa Fe volviera a la dependencia de Buenos Aires. (4) Belgrano entendió que el conflicto podía arreglarse pacíficamente y entonces hizo adelantar al jefe de la vanguardia, Eustaquio Díaz Vélez, quien se extralimitó en su cometido y celebró el 9 de abril de 1816 con Cosme Maciel el Convenio de Santo Tomé. Este estipulaba que: a) se separaría a Manuel Belgrano del mando del ejército de Observación; b) se depondría al director supremo Alvarez Thomas; y c) se ajustarían tratados de paz que deberían ser ratificados por el gobierno de Buenos Aires, por Artigas y por Santa Fe. De hecho, Belgrano se retiró a Tucumán y Alvarez Thomas renunció. El 16 de abril la Junta de Observación y el Cabildo de Buenos Aires nombraban como nuevo director supremo a Antonio González Balcarce, en espera del nombramiento definitivo que correspondía al Congreso General que unos días antes había iniciado sus sesiones en Tucumán.
   
Balcarce, atento a los tratados que debían firmarse como consecuencia del pacto de Santo Tomé, designó una comisión para que se trasladara a Santa Fe. El 4 de mayo, dos de sus miembros se entrevistaban en Santo Tomé con el representante del gobernador de Santa Fe y un representante de Artigas. (5) Asimismo, el gobernador electo de la provincia, Mariano Vera, auspiciaba la firma de los tratados definitivos. Por su parte, el Cabildo de Santa Fe, claramente adicto a Artigas, intentaba dilatar la firma en espera de la autorización del Protector. Finalmente el Cabildo decidió prescindir de la mencionada autorización y el 25 de mayo eligió dos diputados para negociar con los representantes porteños.
   
Los representantes del gobierno santafesino firmaron con los del gobierno porteño los Tratados del 28 de mayo de 1816. En ellos se acordaba que Buenos Aires reconocería a Santa Fe por libre e independiente hasta que se estableciera la Constitución que debía redactar el Congreso. Santa Fe mandaría su diputado al Congreso. No se interrumpirían los caminos hacia Perú y Chile para el giro de los correos. Se aseveraba que a pesar de haberse realizado el convenio sin la intervención de Artigas como "auxiliante" de Santa Fe "dadas las apuradas circunstancias políticas", ello se había decidido así en consideración a que "los Diputados de Buenos Ayres pasaran a ajustar igualmente Tratados con dicho Jefe, una vez concluido este". Miguel del Corro, elegido por Santa Fe como diputado por la provincia ante el soberano Congreso Nacional, sería garante del cumplimiento del tratado por ambas partes. El tratado debía ser ratificado por los gobiernos firmantes. (6)  

El mismo día se firmó también un tratado secreto, que establecía:

Art. 1. La devolución de los prisioneros de que trata el art. 6 del tratado público se entenderá sin responsabilidad para Santa Fe a su cumplimiento, si el Gral. D. José Artigas los resistiere a sus reclamaciones y mediación que interpondrá con el mayor empeño e interés. Los que se hallen en Santa Fe obtendrán su pasaporte sin el menor reparo.
Art. 2. Si el general Artigas no conviniere en lo estipulado por el tratado público, Santa Fe queda en la obligación a su cumplimiento para con B. Ayres. (7)

El historiador López Rosas hace notar la importancia de este segundo artículo en donde se advierte la posición de Mariano Vera de comenzar a desprenderse de la tutela de Artigas y de tratar directamente con Buenos Aires. Beatriz Moreyra (8) ha interpretado la política de Vera como una búsqueda de "equilibrio" entre las partes (Buenos Aires y la Banda Oriental), con el objeto de evitar cualquier confrontación que pudiese afectar a Santa Fe, situada entre dos fuegos. No debe entenderse equilibrio en el sentido de "neutralidad", sino de una opción en función del costo-beneficio (9) dentro del marco de la coyuntura histórica del momento. Si Artigas ofrecía más garantías a los intereses locales, contaba con el apoyo santafesino. De lo contrario era Buenos Aires la que se beneficiaba con el acercamiento. Las relaciones de Vera respecto de la Banda Oriental y Buenos Aires fueron claramente pendulares, privilegiando la defensa de la autonomía provincial y los intereses generales de los santafesinos.
   
Esta política tuvo también sus motivos económicos. Debe recordarse que Santa Fe por su situación geográfica necesitaba inevitablemente de un puerto para dar salida a su producción. El deslinde de la cabecera intendencial -con la revolución que llevó a Candioti al poder- perjudicó el tráfico comercial hacia el puerto de Buenos Aires, eliminando la participación de Santa Fe en el intercambio que Buenos Aires mantenía con las provincias interiores. Montevideo asumió entonces un papel importante en la economía santafesina. Fue durante el gobierno de Candioti que las relaciones con el artiguismo se estrecharon.
   
Cuando la invasión portuguesa a la Banda Oriental impidió a Santa Fe acceder al puerto de Montevideo, la política santafesina comenzó a deslindarse paulatinamente de la influencia artiguista. (10) Así, la posición de "equilibrio" del gobernador Mariano Vera respecto de Buenos Aires y la Banda Oriental fue el producto de una visión esencialmente pragmática que advertía las necesidades de la provincia y los costos de una postura demasiado abierta hacia alguna de las partes. Por eso, expresa Moreyra,

el federalismo santafesino no podía tender a una confederación de estados, como propiciaba Artigas, porque ello equivalía a quedar sin puerto para su comercio. Del mismo modo no podía aceptar la postura unitarizante de Buenos Aires porque le acarrearía las mismas consecuencias. Debía pues luchar por la consolidación de una república federal que iba a garantizar el carácter nacional del puerto de Buenos Aires. (11)

Ambos tratados, el público y el secreto, fueron ratificados inmediatamente por el gobierno de Santa Fe. Pero el 8 de junio de 1816, los comisionados porteños anunciaban al gobernador Vera que Buenos Aires en vez de ratificar los tratados los había remitido al Congreso General para que se expidiera. El Congreso dio largas al asunto, por lo cual Santa Fe decidió no concurrir al mismo.
   
El 10 de junio las autoridades civiles y militares de Santa Fe se reunieron para tratar los oficios remitidos por los comisionados porteños, resolviendo:

no tener valor alguno los tratados celebrados con dicha comisión de Buenos Aires el 28 del mes de América próximo anterior, por no haberse verificado (entre otras reflexiones que se silencian) la condición precisa a que fueron ligados todos los artículos de confirmarse en el término de diez dias (...)

  (...) son de parecer los concurrentes se ordene a sus diputados pasen a concluir su comisión con el jefe de los Orientales y protector de la Libertad, D. José Artigas, por si sucede lo que esta provincia tanto apetece y lo indica la de Buenos Aires en su comunicación a los diputados de que tengan término las funestas desaveniencias que entorpecen los progresos de la causa de la América con cuyos fines se de noticia a dicho señor Protector de esta resolución (...) (12)

Por su parte, el gobierno de Buenos Aires no sólo eludió la ratificación de los tratados del 28 de mayo sino que decidió la sujeción de Santa Fe a la capital por medio de las armas. En la óptica de los santafesinos, Buenos Aires aplicaba la diplomacia con Santa Fe sólo como una táctica dilatoria. El director Pueyrredón envió al efecto fuerzas militares al mando de Eustaquio Díaz Vélez en agosto de 1816. El fracaso de esta campaña obligó al retiro de sus fuerzas y al envío de un comisionado para negociar la paz.
   
Fracasadas estas tratativas, en opinión de los santafesinos Pueyrredón intentó, a fines de 1816 y a principios de 1817, por medios alternativos someter a Santa Fe y desligar el litoral de la influencia artiguista. Apoyó así a los rivales políticos de Mariano Vera y acentuó los conflictos internos del Litoral. Favoreció el movimiento impulsado por Eusebio Hereñú en Entre Ríos que pretendía deponer al nuevo jefe José Ignacio Vera (hermano de Mariano Vera) y que buscaba sustraer a Entre Ríos de la injerencia artiguista. Se provocaron también sublevaciones en Corrientes.
   
No obstante los esfuerzos porteños, las vinculaciones de Santa Fe con la Banda Oriental continuaron. A lo largo de 1817, en una nutrida correspondencia Mariano Vera hacía referencia al envío a la Banda Oriental de armas, provisiones, pólvora e incluso dos médicos cirujanos. Una carta enviada por el gobernador de Santa Fe al de Salta, Martín Miguel de Güemes, revelaba cómo hacia fines de 1817 la balanza tendía a inclinarse a favor de los orientales:

El Gobierno de Bs As há tentado de nuebo incomodar al Gefe de los Orientales. Se sintio en el Entre-Rios una insurrección sin duda fomentada pr aquel, pues ha remitido auxilios de Armas y gente en favor de los Insurgtes (...)

  (...)Con respecto a este Gobierno há observado el de Buens Ayrs unacorrespondencia amigable pero insidiosa: Para sondear sus proyectos embié un Apoderado que contratase en Buenos Ayrs mil fusiles y otros menesteres de Guerra cuia diligencia no tuvo efecto por oposición hecha por el Gobierno y aum sele expresó alcomisionado qe seria una inconcequencia permitir traher Armas a Santa Fee el tiempo mismo qe se remitian auxilios contra el Gefe de los Orientales (...)

La carta continuaba criticando los planes egoístas de Buenos Aires y advirtiendo que aquélla pensaba atacar primero la Banda Oriental y luego Santa Fe. Luego señalaba:  

(...) De este antecedente con facilidad deducirían laconcequencia de qe el Oriente y el pueblo de Santa Fee tienen algun poderoso estorbo qe les impide el enlace con los demas y, nofaltos de historia, con igual facilidad conocerian este impedimto y nos harian justicia, lejos de titularns rebeldes y anarquistas (...) (13)

Hacia 1818, las relaciones entre Santa Fe y la Banda Oriental continuaron, esta vez a solicitud de la primera en virtud de su necesidad urgente de contar con auxilios para hacer frente a los indígenas. Los santafesinos llegaron a pensar que eran los mismos porteños los que utilizaban la fuerza indígena para someterlos:

(...)No puede tolerarse el desafuero de estos Bárbaros, y lo qe hay esqe segun lo qe me comunican desdeCoronda ellos son ciertamente mobidos por los Sres Porteños pues sus caciques han sido antes llamados a Santiago y desde alli se han dirigido a hostilizar, cuia noticia lacomprueban las circunstancs de haber los Indios ultrajado a los vezinos titulandolos Montoneros (...) (14)

El uso por los indígenas del apelativo que utilizaban los porteños para referirse peyorativamente a los santafesinos rebeldes daba según Vera la pauta de que aquéllos actuaban de acuerdo con Buenos Aires.
   
Además, Buenos Aires enviaba en marzo de 1818 una nueva invasión al Litoral. El general Juan Ramón Balcarce se instalaba en la frontera de Santa Fe, mientras el coronel Marcos Balcarce marchaba hacia Entre Ríos. Esta situación tan desgastante fue debilitando políticamente a Mariano Vera y dejando lugar al predominio de Estanislao López. (15)
   
El 23 de julio de 1818 Estanislao López asumía la jefatura del gobierno de Santa Fe. La operación defensiva de López obligó a Balcarce a retirarse, aunque no por ello Santa Fe se libró de una nueva invasión en febrero de 1819 al mando del general Viamonte. Estas continuas acciones de desgaste obligaron finalmente a Estanislao López a aceptar un armisticio para evitar la ruina de la provincia. El armisticio de San Lorenzo, del 12 de abril de 1819, implicaba el retiro de las tropas porteñas del territorio de Santa Fe y Entre Ríos, la garantía de la no interrupción de las comunicaciones con el interior, y el mutuo auxilio en la persecución de malhechores.
   
Si bien para Santa Fe este armisticio implicaba una paz necesaria y anhelada desde hacía tiempo por la provincia, para Artigas era un signo de debilidad frente a Buenos Aires. Al menos, así lo expresaba su delegado Andrés Latorre el 25 de abril. El mismo Artigas remitía el 28 de julio una carta a López advirtiendo que cualquier reconciliación con Buenos Aires debía darse sobre la base de la declaración de guerra a los portugueses por parte de aquélla. Y agregaba:

(...) no está en los intereses de esta liga esa calma terrible de 4 meses (refiriéndose al armisticio) en que han encontrado los enemigos el mejor apoyo a sus esperanzas (...)

  (...) Por consecuencia, si Bs As no inspira mejor confianza y no se allana al rompimiento indicado, tampoco podré permanecer en inacción contra el doble objeto de sus miras (...). (16)

Con este armisticio se iniciaba un nuevo ciclo de intentos pactistas promovidos por Estanislao López. La ruptura de este armisticio por parte de Buenos Aires llevaría a un nuevo enfrentamiento entre las provincias signatarias, sumando ahora la fuerza del caudillo entrerriano Ramírez. Sin embargo esta vez las consecuencias serían distintas.

  1. José Rafael López Rosas, El pronunciamiento federal de Santa Fe, Departamento de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad del Litoral, Santa Fe, 1968, p. 64.

  2. M. Cervera, Historia de la ciudad..., p. 422.

  3. A. Salvadores, op. cit., pp. 402-409.

  4. M. Cervera, Historia de la ciudad..., pp. 428-438.

  5. J.R. López Rosas, op. cit., pp. 117-120.

  6. Ibid., pp. 125-128.

  7. Ibid., p. 128.

  8. Beatriz Moreyra de Alba, "El federalismo santafesino y sus relaciones con el artiguismo (1810-1820)", en Tercer congreso de historia argentina y regional, Santa Fe-Paraná, 1975, vol. 4, 1980, p. 476.

  9. Entiéndase costo-beneficio en el sentido amplio, involucrando variables tanto de tipo político como económico y militar.

  10. B. Moreyra de Alba, op. cit., pp. 474-475.

  11. Ibid., p. 476.

  12. Archivo Histórico de la Provincia de Santa Fe, Andrés Roverano (comp.), Papeles de Estanislao López, tomo I: 1804-1819, Santa Fe, 1976, pp. 21-22.

  13. Mariano Vera a Martín M. de Güemes, 25 de diciembre de 1817, Correspondencia Oficial (1817-1818), Libro copiador (1817-1823), Cuadernos documentales, Serie A, Sección independiente, Número 1, Santa Fe, edición del Archivo Histórico de Santa Fe, 1956, pp. 31-33.

  14. Carta fechada el 8 de febrero de 1818, ibid., p. 51.

  15. Una carta de Vera a Artigas, fechada el 7 de junio de 1818, revela su posición desesperada y su resentimiento respecto de las intrigas de Buenos Aires:

    (...) Un mes hace qe me encuentro pribado desu correspondencia y ya no me es soportable tan larga incomunicación; así es qe corriendo todo riezgo contexto su honorable oficio=

    (...) Estoy penetrado dela combinación horrorosa de Portugueses y Porteños (...) pero V.S. descanse en qe la perfidia de estos y los medios tan rastreros de qe se balen para introducir el germen dela divicion y discordia son bienconocidos. De este modo no triunfaran jamas en mi Provincia (...)

    (...) Mis empeños seransiempre sostenidos por qe estoy combencido qe la Patria solo hadeser libre bajo la proteccion de V.S. (...)

    Santa Fe, 7 de junio de 1818, en Correspondencia Oficial..., op. cit., 1956, p. 57.

  16. Manuel Cervera, Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, Contribución a la Historia de la República Argentina (1573-1853), 2 ed., tomo II, Santa Fe de la Veracruz, 1980, p. 509.

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