Las campañas de San Martín y Bolívar
En
efecto, los esfuerzos combinados de San Martín y Bolívar dieron nueva vida a
una revolución que se marchitaba,
el primero desde el sur, desde su base en el del Río de la Plata, y el segundo
desde el norte y sin base alguna para comenzar. Designado por el director
Posadas, San Martín se hizo cargo de la gobernación-intendencia de Cuyo en
septiembre de 1814. Desde allí ideó su ataque, primero a Chile y luego por mar
a Lima. Contaba con el apoyo de los emigrados chilenos, especialmente el sector
comandado por Bernardo O'Higgins, quien se oponía a los Carrera y a sus políticas
más audaces. También contó con el apoyo del gobierno de Buenos Aires, que
luego de la crisis de 1815 estaba nuevamente de pie, y con los recursos de las
provincias de Cuyo que gobernaba.
A
principios de 1817 San Martín cruzó los Andes con 4.000 hombres de tropa y
1.200 milicianos auxiliares para los servicios de transporte y
aprovisionamiento. Ganó la batalla de Chacabuco el 12 de febrero y tomó
Santiago. Un Cabildo Abierto propuso a San Martín como director del Estado,
pero éste rehusó el cargo, proponiendo en su lugar al chileno O' Higgins. Tras
la victoria, San Martín envió a Las Heras a enfrentar las varias guarniciones
realistas que se mantenían en los puertos sureños. Personalmente se dirigió a
Buenos Aires a fin de obtener los recursos necesarios para continuar la campaña
rumbo al Perú. Conferenció con Pueyrredón, haciéndole presente la necesidad
de conseguir naves. Con este propósito se resolvió comisionar ante los Estados
Unidos a Manuel de Aguirre y a Gregorio Gómez. A mediados de mayo San Martín
estaba de vuelta en Santiago.
De
regreso en Chile y enterado del plan realista de reconquistar el país, San Martín
decidió reagrupar sus fuerzas ordenando a Las Heras levantar el sitio de
Talcahuano, plaza que a pesar de todos los esfuerzos no había podido ser
liberada y que había recibido importante ayuda por mar. Mientras tanto, en
solemne ceremonia en la plaza principal de Santiago fue declarada el 12 de
febrero de 1818 la independencia de Chile. No obstante, un mes después la
noticia de que el ejército patriota había sido sorprendido en Cancha Rayada
por el general Osorio provocó pánico en la población de Santiago. A pesar de
la situación adversa, San Martín inició de inmediato la reconstrucción del
ejército tomando como base las tropas que Las Heras había logrado salvar de la
derrota y el 5 de abril obtuvo un triunfo decisivo a orillas del río Maipo. La
victoria del ejército unido liberó el centro de Chile de la resistencia
realista, afianzó la independencia de las Provincias Unidas y permitió obtener
una base para la expedición al Perú. Su consecuencia menos positiva fue una
fuerte represión de los disidentes y realistas, junto con el establecimiento de
un régimen autoritario en Chile.
Luego
de la victoria de Maipú, San Martín se dirigió nuevamente a Buenos Aires a
fin de obtener recursos para la futura expedición al Perú. Le llevaron más de
tres meses las gestiones para conseguir el apoyo necesario. En una reunión a la
que asistieron el director supremo y los más destacados miembros de la Logia
Lautaro obtuvo la promesa de 500.000 pesos para el ejército de los Andes, suma
que iba a conseguirse mediante un empréstito interno. Pero de regreso en
Mendoza recibió la noticia de que el gobierno no podía conseguir la ayuda
monetaria debido a la mala situación del comercio por la guerra en la Banda
Oriental. El comercio español había sido ya esquilamado sin reparos y el británico,
al que se le asignó una cuota a ser reembolsada con el producto de las aduanas,
decidió negarse a contribuir por calificar de arbitraria la medida. Pueyrredón
le escribía a San Martín el 4 de septiembre, comunicándole que de los
comerciantes españoles solo se habían conseguido 87.000 pesos y de los
ingleses sólo 6.700. El director agregaba: "no hay numerario en la plaza:
los pesos fuertes ganan hasta un 4% de premio. En suma, es imposible sacar el
medio millón en numerario, aunque se llenen las cárceles y los
cuarteles". (1) Ante el problema planteado San Martín optó por presentar
la renuncia como jefe del ejército unido, lo que provocó considerable alarma
tanto en Buenos Aires como en Santiago. Al poco tiempo Pueyrredón le solicitó
el retiro de la renuncia, autorizándolo a librar contra el gobierno de Buenos
Aires las sumas que fueran necesarias. A fines de octubre, San Martín llegaba
nuevamente a Santiago.
No
obstante, en febrero de 1819, San Martín volvió a Mendoza con el objetivo de
intentar una mediación que pacificara las Provincias Unidas ante la anarquía
que asolaba el territorio y la guerra civil que se había iniciado en el
Litoral. Al llegar a San Luis recibió la noticia de que el director Pueyrredón
había dispuesto que el ejército de los Andes repasara la cordillera. La
amenaza de la expedición española que se disponía a partir de Cádiz hacia el
Río de la Plata motivó que San Martín ordenara a la primera división de su
ejército iniciar la maniobra, y que se entregara a considerar los planteos
defensivos y ofensivos necesarios, incluso la posibilidad de que Cochrane pasara
al Atlántico para atacar a la escuadra española antes de que entrara en el río
de la Plata, estrategia que mereció la oposición del almirante británico. La
situación se complicó cuando los caudillos del Litoral declararon la guerra al
Directorio en octubre de 1819. Sin embargo, enterado de que la expedición española
no había partido (debido en parte a una epidemia y en parte a un amotinamiento
de las tropas), lo que permitía inferir su fracaso, y decidido a no participar
en las luchas internas, San Martín desoyó la nueva orden del director Rondeau
de trasladarse a Buenos Aires con sus tropas, y en enero de 1820 se dirigió a
Chile. Había recibido seguridades de que el gobierno de Chile estaba decidido a
hacer los sacrificios necesarios para realizar la expedición a Perú.
A
comienzos de marzo de 1820 llegó la noticia a Chile de la caída del director
Rondeau y la disolución del Congreso. Desaparecidas dichas autoridades y como
de ellas emanaba su nombramiento, San Martín decidió renunciar a la jefatura
del ejército. Lo hizo ante una asamblea de la oficialidad reunida en el
campamento de Rancagua y presidida por el general Las Heras -jefe del Estado
Mayor-, dejando a aquélla en libertad de acción. Por resolución unánime la
asamblea decidió que la autoridad de San Martín no había caducado, lo que fue
confirmado por el Senado chileno. Al aceptar nuevamente el mando, San Martín
declaró que era con la condición expresa de realizar inmediatamente la
expedición al Perú. La decisión de Rancagua impidió que la liberación del
Perú se llevara a cabo bajo la bandera argentina.
Para
llevar adelante la empresa era indispensable el dominio de las aguas. Luego de
vencer numerosas dificultades los chilenos habían logrado equipar cuatro
embarcaciones que fueron puestas al mando del coronel de artillería, Manuel
Blanco Encalada. En octubre de 1818 la escuadra zarpó en dirección a
Talcahuano y allí logró sorprender y capturar una poderosa fragata española y
cinco transportes enemigos, acción que hizo fracasar el envío de auxilio a los
españoles en el sur de Chile. Por otra parte, en el mes de noviembre arribaba a
Valparaíso el almirante británico Thomas Cochrane, quien había sido
contratado en Londres para dirigir la escuadra. Blanco Encalada renunció al
mando y quedó a las órdenes del británico. Meses antes de iniciarse la
expedición a Perú, Cochrane realizó numerosas correrías, bloqueando los
puertos peruanos, incautándose de naves y culminando su acción en enero de
1820 con la toma del puerto de Valdivia.
Finalmente
completados la preparación y el entrenamiento de sus tropas, San Martín se
embarcaba en Valparaíso, en agosto de 1820, rumbo al Perú con sólo 4.000
hombres, que conformaban una fuerza mucho menor a los 20.000 hombres del ejército
realista. El virrey del Perú, Joaquín
de la Pezuela, se enteró el 10 de septiembre que San Martín había
desembarcado en Pisco y, si bien tomó algunos recaudos militares, procedió según
la Real Orden de abril de 1820, emanada del nuevo gobierno liberal de España,
que mandaba proponer el cese de hostilidades a los jefes de las provincias
disidentes, haciéndoles saber el restablecimiento de la Constitución de 1812.
Pezuela también envió a San Martín una copia del manifiesto del Rey a los
habitantes de ultramar.
San
Martín contestó aceptando la negociación; se convino que la misma tuviera
lugar en Miraflores y se acordó un armisticio al efecto. Las proposiciones de
los representantes de Pezuela consistieron en que San Martín y sus fuerzas
evacuasen Pisco, reconocieran y jurasen la constitución de la Monarquía española
y los territorios de las Provincias Unidas y Chile quedaran en manos de las
autoridades de ese momento, pero dependientes del virrey de Lima o directamente
del Rey; además podían enviar diputados a las Cortes. En un capítulo
reservado se le ofrecía a San Martín y a todo su ejército conservarles su
empleo y propiedades si accedían al convenio. La respuesta de San Martín
descartaba el juramento de la Constitución española e insistía en la
independencia que, de hecho y de derecho poseía América, pero, demostrando
buena voluntad proponía retirar el ejército a la margen derecha del
Desaguadero, quedando los realistas sobre la izquierda, con lo que se obtendría
la liberación del Alto Perú. Las tropas realistas acampadas en el sur de Chile
quedarían concentradas en Chiloé. En tanto, serían enviados diputados a España
y se mantendría el armisticio mientras éstos negociaran. Pezuela no aceptó
estas condiciones y la guerra se reanudó.
A
fines de octubre las tropas de San Martín se reembarcaron hasta llegar a Huaura
donde desembarcaron y establecieron el campamento general. Se cortaron así las
comunicaciones entre la capital y el norte del país. Mientras tanto, la acción
de Cochrane, que logró capturar a los españoles su más poderosa nave de
guerra, y la campaña de las sierras realizada por Arenales debilitaron la moral
de las tropas realistas. Esto fue complementado por las rebeliones en Guayaquil,
Trujillo y la mayor parte del norte peruano.
Estos
reveses perturbaron al comando realista establecido en Aznapuquio. Los
funcionarios y jefes españoles, en su mayor parte liberales, presionaron al
virrey Pezuela a presentar su renuncia, y el 29 de enero de 1821, el general José
de La Serna asumió el mando. En esos días llegó al Perú Manuel Abreu,
delegado del gobierno español, con expresas directivas de llegar a un
entendimiento con los patriotas.
San
Martín aceptó nuevas negociaciones y sus delegados se reunieron con Abreu en
la hacienda de Punchauca, a principios de mayo de 1821. Los patriotas mantenían
la posición de Miraflores, exigiendo como punto básico el reconocimiento de la
independencia del Perú. Los españoles, en cambio, ofrecían un gobierno
liberal y cierto grado de autonomía pero dependiente de España. Las tratativas
culminaron con entrevistas entre San Martín, La Serna y Abreu, en las cuales
San Martín llegó a proponer que los tres se trasladaran a España para
gestionar del monarca el reconocimiento de la independencia y luego la coronación
de un infante español. Los jefes del ejército realista rechazaron la
propuesta.
Pero
las operaciones militares eran desfavorables a los realistas. El 6 de julio de
1821 La Serna decidió abandonar Lima pues sitiada como estaba por San Martín
no podía ser defendida. Las tropas patriotas entraron en ella y el 28 de julio
se proclamó la independencia de Perú; días después San Martín asumió el
gobierno como "Protector". La ocupación de Lima se completó con la
toma del Callao por la acción bloqueadora de Cochrane. De esta manera, los
realistas abandonaron la capital y el litoral a los patriotas, pero acrecentaron
su poderío en la región de las sierras y en los valles interiores del Perú,
lo que les permitió conservar sus efectivos y proseguir la guerra por espacio
de tres años más. Por otra parte, la situación peruana era complicada, ya que
la revolución había llegado muy tarde al Perú conservador, como consecuencia
de la invasión chileno-argentina, y las elites del país se encontraban
profundamente divididas con respecto a la cuestión de la independencia.
Luego
de una grave derrota sufrida por el ejército patriota en Ica, San Martín
comprendió que para completar su plan hacía falta llevar a cabo un ataque
simultáneo desde Lima y desde Salta y Jujuy por el Alto Perú. Envió entonces
al comandante Antonio Gutiérrez de la Fuente a las Provincias Unidas para
gestionar la organización de una columna que cumpliera el segundo objetivo y
cuya acción debía combinarse con el ejército que por puertos intermedios
invadiría el Bajo Perú. San Martín dispuso que se propusiera a Juan B.
Bustos, gobernador de Córdoba, el mando general de las fuerzas y que se
solicitara a Buenos Aires dinero y armamentos con el compromiso de que el
gobierno del Perú se hacía responsable de los mismos. Luego de obtener la
aprobación de Bustos, Gutiérrez de la Fuente llegó a Buenos Aires en julio de
1822. A pesar de entrevistarse con el gobernador Martín Rodríguez, su ministro
Rivadavia y la Junta de Representantes no logró una respuesta positiva. Los
hombres en el poder en ese momento en Buenos Aires eran enemigos de San Martín
y no olvidaban que su negativa a acudir en auxilio de Rondeau había provocado
la caída del régimen directorial.
Entre
tanto, la guerra revolucionaria de Simón Bolívar progresaba en el norte. Bolívar
había logrado la liberación de Colombia y Venezuela tras sus brillantes
victorias de Boyacá y Carabobo. Sus tropas se acercaban al Perú y su
lugarteniente Antonio J. Sucre había emprendido la liberación de Ecuador. San
Martín había enviado una columna auxiliar a las órdenes de Santa Cruz, que
participó en las victorias de Riobamba, Pichincha y en la ocupación de Quito.
Ante la debilidad de su posición, San Martín intentó
obtener el apoyo de Bolívar, al que creía tener derecho por los auxilios que
le había enviado. Al efecto, San Martín se dirigió a Guayaquil donde se
entrevistó con Bolívar los días 26 y 27 de julio de 1822. Bolívar dijo a San
Martín que sólo podría facilitarle poco más de mil hombres; para San Martín
esos auxilios eran insuficientes; es más, éste consideraba necesario el
concurso de todas las fuerzas de Colombia. San Martín ofreció entonces luchar
bajo las órdenes de Bolívar, lo que éste rechazó. Consecuentemente, San Martín
comunicó a Bolívar su decisión de retirarse del Perú para dejarle el campo
libre y libertad de acción. En realidad, la solución era coherente con la
situación de cada uno de los libertadores. Bolívar venía triunfante, contaba
con el respaldo político de su gobierno y con tropas de alta moral y veteranía.
San Martín en cambio tenía un ejército desunido por los últimos reveses y se
hallaba en conflicto con el gobierno de Buenos Aires.
En
Lima, la renuncia de San Martín fue rápidamente aceptada y se produjeron
levantamientos en otras partes del territorio peruano, que Bolívar pudo sofocar
recién a mediados de 1823. Sin embargo, hacia diciembre de 1822 Bolívar había
logrado establecer una república en Lima y había repudiado los rumores de que
se entronaría un rey en Perú, iniciados por enviados de San Martín. Durante
el difícil año de 1823, Bolívar tuvo que tratar con presidentes peruanos
(primero Riva Agüero y luego Torre Tagle) que teóricamente respondían a él
pero que también negociaban por cuenta propia con el ejército realista. A
principios de 1824, luego de un levantamiento en el Callao que fuera iniciado
por una guarnición argentina, por el que se perdió el puerto ante los
realistas, el presidente peruano y varios líderes políticos se pasaron al
campo enemigo. No obstante, en agosto, Bolívar derrotó a los realistas en Junín,
y en diciembre lo hacía su lugarteniente Sucre en Ayacucho, tomando prisionero
al virrey La Serna. Esto prácticamente puso fin a la resistencia realista en
Perú, excepto en el Callao, donde continuó hasta 1826.
En
el Alto Perú, Sucre sofocó la resistencia realista en 1825. Las victorias de
Sucre se consiguieron por medio de
una combinación de ejércitos colombianos, chilenos, argentinos y peruanos,
ilustrando nuevamente como en aquellos tiempos más que nacionalidades
sudamericanas diferenciadas lo que existía era una comunidad
pan-hispanoamericana. Gracias a la acción combinada de estos ejércitos
comunitarios, una nueva República se estableció en el Alto Perú, que adoptó
por nombre el de Bolívar. De esta manera, el Alto Perú comenzó su vida
independiente sin formar parte de Perú (bajo cuya jurisdicción había estado
antes de 1776 y después de 1811) ni de la Argentina (que eventualmente
pretendería ser el Estado sucesor del Virreinato del Río de la Plata, bajo
cuya jurisdicción el Alto Perú había estado desde 1776 hasta la crisis de
independencia).
NOTA
Vicente D. Sierra, op. cit., t. VI, 1965, p. 606.
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