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Capítulo 7: La influencia de Gran Bretaña en la gestación y consolidación de la independencia de las provincias argentinas (1810-1825)

Este capítulo intenta analizar el papel jugado por Gran Bretaña en el Río de la Plata durante el período 1810-1825. El período que aquí estudiamos comprende el proceso de emancipación del ex virreinato del Río de la Plata respecto de España y su posterior fragmentación en una serie de provincias gobernadas por caudillos locales a pesar de los esfuerzos centralizadores por parte de Buenos Aires. Antes de entrar en el análisis de este tema, es importante señalar una serie de cuestiones previas, respecto del carácter de la lucha por la independencia en el Río de la Plata y el papel jugado por Gran Bretaña y otros países extranjeros en la misma:
   
1. En primer lugar, ningún país le declaró la guerra a España para ayudar al Río de la Plata a emanciparse. Esta realidad contrastó con la de la independencia norteamericana respecto de su metrópoli, Gran Bretaña. En el caso de la emancipación de Estados Unidos, la ayuda militar francesa y española resultó de una vital importancia. Los gobiernos extranjeros tampoco ofrecieron ayuda militar oficial al Río de la Plata. Aunque a esta última región llegaron militares europeos como voluntarios en la guerra de la independencia -por ejemplo, el caso del almirante irlandés Guillermo Brown, que más tarde tendría también destacada participación en la guerra naval entre Buenos Aires y Brasil- y se enviaron desde Europa dinero y armas, después de la restauración de Fernando VII ninguna flota europea impidió que España trasladara a América los soldados que habían desafiado a Napoleón. (1)
   
2. El Río de la Plata recibió una decisiva ayuda indirecta en el hecho de que su metrópoli fuera invadida y dominada por Napoleón, como ocurrió con España en tiempos de la Revolución de Mayo. Dicha ayuda no la tuvo Estados Unidos en su proceso independentista. Puede afirmarse sin mayores dudas que esta total (aunque temporaria) neutralización de la metrópoli en el caso de las colonias españolas fue una colaboración mayor (si bien no intencionada) que cualquier auxilio que hubiesen podido brindar Francia y España a la causa emancipadora norteamericana.
   
3. Por otra parte, aunque con excepción de Gran Bretaña, el papel positivo de potencias externas tales como Estados Unidos y Francia no fue relevante en términos de apoyo material o de participación en las luchas por la independencia; sí fue importante el impacto ideológico de la Revolución Francesa de 1789 y, en menor grado, el de la independencia norteamericana de 1776. Las ideas que alimentaron estos procesos revolucionarios, difundidas entre los criollos del Río de la Plata, y germinadas sobre la base de las tesis escolásticas españolas sobre soberanía popular que habían sido enseñadas en las universidades americanas durante el período colonial, fueron un estímulo decisivo en la conformación de la idea de independencia respecto del vínculo español, cuando éste comenzó a ser percibido como opresivo. (2)
   
4. En cuarto lugar, y a diferencia del resto de América Latina, el Río de La Plata no debió enfrentar en su proceso de independencia la resistencia de los ejércitos españoles. Sin embargo, la Junta surgida de la Revolución de Mayo, con foco en Buenos Aires, tuvo fuertes opositores en las distintas provincias que componían el ex virreinato, tales como Paraguay, la Banda Oriental, Córdoba, las situadas en el Alto Perú y en el Litoral. A tal punto llegó esta oposición que en fecha tan temprana como el 12 de octubre de 1811, Manuel Belgrano firmaba un tratado con Paraguay, ratificado luego por el gobierno de Buenos Aires, que reconocía la independencia de ese país, incluyendo el departamento de Candelaria (hoy parte de la provincia de Misiones) como parte del mismo. (3)
    Esta falta de apoyo de las provincias a la Junta de Buenos Aires reflejaba los dos ejes de conflicto estructural más importantes de la historia argentina. Uno era la pugna de intereses entre Buenos Aires y las provincias del Interior, que se concretaba a través del debate entre una política económica librecambista, sostenida por Buenos Aires y el Litoral, versus las medidas proteccionistas, sostenidas por el Interior. El otro eje de conflicto era el choque entre Buenos Aires y las provincias del Litoral por el manejo de la Aduana y la libre navegación de los ríos interiores.
   
Entre 1810 y 1820, Buenos Aires intentó vanamente imponer distintos proyectos de organización al resto del ex virreinato del Río de la Plata. (4) Esta ausencia de apoyo a las autoridades porteñas las llevó a buscar en distintos gobiernos europeos el respaldo que les faltaba. Esta tendencia se materializó en la búsqueda por parte de la diplomacia porteña de diversas candidaturas de monarcas extranjeros para cubrir el vacío de poder existente en el Río de la Plata luego de la Revolución de Mayo -como ya hemos visto, los candidatos propuestos eran de diverso origen: la esposa del príncipe regente de Portugal, la figura de un Inca o un miembro de alguna casa reinante europea.
   
5. A pesar de no intervenir en forma directa en el proceso de emancipación del Río de la Plata, la potencia que tuvo un papel de la mayor relevancia en el desenlace de esta historia fue Gran Bretaña, y a ese papel se dedicará la mayor parte de este capítulo. Durante un buen tiempo Inglaterra fue renuente a reconocer la independencia del Río de la Plata. Fiel a su rol de garante del equilibrio de poder europeo, Gran Bretaña estaba aliada con España durante la ocupación de ésta por las tropas napoleónicas. Esta alianza anglohispana fue reforzada en julio de 1814, ya caído el poder napoleónico y retornado Fernando VII al trono español, por la firma de un tratado entre ambos países mediante el cual España se comprometía, en el caso de abrir sus colonias al comercio extranjero, a admitir a Inglaterra como nación más favorecida. En consonancia con este compromiso, el 28 de agosto de 1814 Inglaterra prohibió (infructuosamente) a sus súbditos la entrega de armas y auxilios a los insurgentes hispanoamericanos.

  1. Ver respecto de este tema C. K. Webster (comp.), Gran Bretaña y la independencia de la América Latina 1812-1830. Documentos escogidos de los archivos del Foreign Office, tomo I, Introducción. Correspondencia con la América Latina, Buenos Aires, Guillermo Kraft, 1944, pp. 5-6.

  2. Existe un debate en la historiografía argentina sobre cuál fue la ideología que sustentó a la Revolución de Mayo. Mitre da gran importancia a la revolución norteamericana al señalar que "la revolución francesa de 1789 fue consecuencia inmediata de la revolución  norteamericana, cuyos principios inmortalizó y los hizo penetrar en la América del Sur por el vehículo de los grandes publicistas franceses del siglo XVIII, que eran conocidos y estudiados por los criollos ilustrados de las colonias o que viajaban a Europa, y cuyas máximas revolucionarias circulaban secretamente..." Por ello España, temerosa de esta expansión ideológica, persiguió incluso la introducción de los símbolos de la libertad norteamericana en sus colonias. Bartolomé Mitre, Ensayos históricos, Buenos Aires, Tall. Gráf. L. J. Rosso, 1937, p. 142. Según Vicente F. López, la Revolución de Mayo nació inspirada por "brillantes teorías" y bajo la influencia de "los teoremas y generalizaciones generosas de la filosofía del siglo XVIII". También menciona "la emancipación de los Estados Unidos, la libertad de los debates del Parlamento inglés, las sublimes declamaciones de la Revolución Francesa, los derechos del ciudadano a influir directamente en el gobierno de su país, la prensa libre, el derecho electoral, las garantías individuales, la literatura, y los infinitos influjos del movimiento moral que agitaba entonces a los pueblos europeos..." Vicente F. López, Historia de la República Argentina, 7 ed., tomo II, Buenos Aires, Sopena, 1964, p. 48. Por su parte, el contradictorio Enrique de Gandía afirma que la filosofía francesa "no tuvo, en América, la más insignificante influencia". "Si sus libros llegaban y eran leídos por contadísimas personas todas de una indiscutible fidelidad al imperio hispanoamericano, era por curiosidad o pasatiempo..." (p. 10) También sostiene que Locke fue ignorado de un modo general en América española.(ibid.) Sin embargo, unas páginas más adelante el autor sostiene que "a cada instante se descubría una casa donde alguien leía tranquilamente a Voltaire, a Rousseau u otro de aquellos hombres", lo que en su opinión no debe extrañar porque "América no era una China rodeada de una muralla".(p. 17) Según su óptica la revolución de 1810 no fue tal, sino una guerra civil que dividió a los partidarios de las Juntas y a los del Consejo. No cree posible tampoco encontrar en ella la más mínima influencia norteamericana.(p. 13) No obstante afirma luego que fueron las ideas liberales las que originaron la independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa y la guerra civil hispanoamericana. Se trataría de acontecimientos que habrían respondido a causas completamente distintas pero que tuvieron una base ideológica común: el liberalismo político, entendido éste como los principios que reconocen al pueblo como fuente de poder, con facultad de otorgar y retirar el poder al gobernante, con derecho a la rebelión, si el gobierno traiciona los mandatos del pueblo.(p. 16) De Gandía señala que "los filósofos franceses fueron leídos con suma naturalidad; pero no fueron ellos quienes crearon los principios liberales que dieron una conciencia nueva a la mayoría de los habitantes del continente hispano: fueron Santo Tomás y los teólogos de la escuela de Salamanca".(p. 17) Este autor por último aclara que lo que se buscaba en 1810 no era la formación de una nueva nación sino una autonomía local de gobierno, es decir una no dependencia respecto del gobierno de España.(p.307) Enrique de Gandía, Conspiraciones y revoluciones de la independencia americana, Buenos Aires, OCESA, 1960. Por su parte, Vicente Sierra también ha señalado como fuentes de la revolución las tesis escolásticas españolas sobre la soberanía popular enseñadas durante años en las universidades americanas. Vicente D. Sierra, "Filiación ideológica de la Revolución de Mayo", Buenos Aires, Univ. del Salvador, 1960, pp. 11-12. A su vez, Halperín Donghi dedica un pequeño libro a la influencia de la tradición política española en la ideología revolucionaria de Mayo. Menciona en ella como primordiales las interpretaciones de dos historiadores. La de Ricardo Levene, en su Ensayo sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno, que descubre una tradición jurídica, cuyos criterios humanísticos eran conocidos en época de la colonia; tradición que incluye a Solórzano y Pinelo y llega, a través de Villava, hasta Moreno.(p. 13) La otra obra, la de Manuel Giménez Fernández, sostiene que la revolución hispanoamericana es una resurrección de concepciones políticas de la Castilla medieval, que persisten en América cuando ya han sido derrotadas en España. Se trata de concepciones que ponen límites al poder político considerando a la vez su origen y su fin.(pp. 13-14) Halperín Donghi sostiene que es necesario buscar una imagen de esa quebrada continuidad entre tradición española y revolución hispanoamericana que respete mejor la complejidad y ambigüedad de los hechos, y eso se propone en su libro.(p. 15) Tulio Halperín Donghi, Tradición política española e ideología revolucionaria de Mayo, Buenos Aires, Centro Editor de América latina, 1985.  Por otro lado, C. K. Webster hablando genéricamente de la revolución en América latina señala que ésta fue producto de las otras dos revoluciones (la norteamericana y la francesa) y que por lo tanto no aportó ideas nuevas, aunque reconoce que tuvo repercusión considerable en el comercio y la estrategia mundiales. C. K. Webster, op. cit., t. I, p. 3. Para José Luis Romero, "el caudal de pensamiento político en que abrevaron los hombres de la Emancipación se constituyó a lo largo de toda la Edad Moderna pero adquirió consistencia y sistematización en la segunda mitad del siglo XVIII".(p. XI) Incluye en él a Hobbes y a Locke, a Montesquieu, Voltaire y Rousseau, a la Encyclopédie, como inspiradores de dos modelos: el inglés de la democracia parlamentaria y el igualitario y republicano de los pensadores franceses.(p. XII-XIII) Estos modelos influyeron a los insurrectos colonos de América en 1776 y a su vez el modelo igualitario-republicano inspiró la acción política en las primeras etapas de la Revolución francesa de 1789.(pp. XIII-XIV) Según Romero los hispanoamericanos accedieron a las ideas de los pensadores franceses a través de sus divulgadores españoles,(p. XIV), en algunos casos, y leyendo directamente las obras, con lo que corrían el riesgo de ser perseguidos o encarcelados, en otros.(p. XV) También señala un influjo, pero menor, de los jesuitas Mariana y Suárez.(p. XVII)  José Luis Romero, Pensamiento político de la emancipación, Buenos Aires, Bibl. Ayacucho, 1985. Para John Lynch, la mayoría de los americanos tenían muchos motivos para estar en contra del régimen colonial, pero éstos eran más pragmáticos que ideológicos; en última instancia, afirma este autor, "la gran amenaza contra el imperio español procedía de los intereses americanos más que de las ideas europeas". Considerar que el pensamiento de la Ilustración hizo revolucionarios a los hispanoamericanos es, en su opinión, confundir causa y efecto. Algunos eran ya disidentes y buscaban en la nueva filosofía más inspiración para sus ideales y justificación intelectual para la futura revolución. El papel de la Ilustración en Hispanoamérica, si bien importante, no fue para Lynch una "causa" originaria de la independencia.(p. 39) En cambio, para este autor, fue más benéfica y duradera la influencia de Estados Unidos.(p. 40). John Lynch, Las revoluciones hispanoamericanas, 1808-1826, Barcelona, Ariel, 1976.

  3. Ver Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano, tomo II, Buenos Aires, EUDEBA, 1968, pp. 20-23. La única parte del tratado no ratificada por el gobierno de Buenos Aires fue la referente a la inclusión de Candelaria en el territorio paraguayo. Sin embargo, Candelaria estaba de hecho bajo esa jurisdicción y figura como paraguaya en todos los mapas extranjeros publicados antes de la guerra de la Triple Alianza. Pasó al poder del gobierno argentino después de dicha guerra, que dio derechos.

  4. Los proyectos de organización nacional que Buenos Aires intentó imponer fueron sistemáticamente rechazados por los caudillos provinciales, y como resultado, a partir de la caída del Directorio en 1820, las provincias que componían el ex virreinato del Río de la Plata -incluida la propia Buenos Aires- pasaron a funcionar como cuasi-Estados, con sus caudillos, Ejército, administración y moneda propios. Ver respecto de este tema Francisco Corigliano, "Consideraciones acerca de la formación del Estado argentino", en C. Lucchini, (comp.), Aspectos de la conformación de la sociedad argentina moderna, Cuadernillo de la Fundación Simón Rodríguez Nº 23, Buenos Aires, Biblos, 1993, p. 9.

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