En
el momento del arribo del cónsul Parish al Río de la Plata, Rivadavia,
entonces ministro de gobierno de Martín Rodríguez, era el hombre más
influyente. No obstante, el poder de Rivadavia se veía amenazado por factores
internos e internacionales. Entre los primeros estaban la oposición tanto de
los caudillos provinciales del Litoral e Interior como la creciente hostilidad,
en la propia Buenos Aires, de ciertas facciones y/o factores de poder
-especialmente la Iglesia y los militares- debido a las medidas de corte liberal
y anticlerical adoptadas por el ministro. Entre los factores externos, el más
relevante era la presencia portuguesa en la Banda Oriental, que representaba una
amenaza a los intereses de Buenos Aires. A pesar de la precaria posición del
ministro Rivadavia, Parish le demostró rápidamente simpatía. El respaldo que
el cónsul brindó al gobierno de Martín Rodríguez y su particular simpatía
hacia Rivadavia quedó evidenciado en los despachos e informes que Parish envió
a Canning:
Tal es el resumen de la formación y progreso del actual gobierno libre
de Buenos Aires. Los primeros años de la Revolución estuvieron marcados por
esas escenas de matanzas y desórdenes sobre los que sería piadoso tender el
velo del olvido; ¿pero dónde hay un pueblo que haya establecido su libertad
sin circunstancias semejantes? ¿Qué horror se evitó en las primeras luchas
por la libertad no sólo en este hemisferio sino en el nuestro, en Inglaterra,
en Francia, Italia, y últimamente en la desdichada España?
La experiencia obtenida a
alto precio es del mayor valor. En este país, en realidad, las lecciones
aprendidas del curso de los hechos son inapreciables. Los errores del pasado
quedarán proscriptos en el futuro; y los beneficios de un buen gobierno, que ha
sido establecido al fin, son lo bastante reconocidos y comprendidos como para
asegurar el apoyo de todas las clases de la población. (1)
Estos despachos asimismo reflejan la complejidad de la situación política
interna en el Río de la Plata. El despacho de Parish a Canning del 27 de abril
de 1824, luego de las elecciones que alejaron a la administración de Martín
Rodríguez del gobierno de la provincia de Buenos Aires, constituye un claro
ejemplo al respecto:
El (Rivadavia) ha hecho más por la mejora general en este Estado en
los últimos tres años que todos sus predecesores en el poder, pero al poner en
práctica sus planes el Sr. Rivadavia se ha creado muchos enemigos personales,
especialmente entre la milicia y el clero. A la primera la ha reducido
considerablemente en número; y de los numerosos conventos y monasterios que
antes disponían de una gran influencia sobre Buenos Aires, quedan muy pocos.
Las personas que han sufrido por estas medidas han trabajado activamente,
desde la elección del nuevo gobernador, en crear un sentimiento contra
Rivadavia, y lamento agregar que al parecer no sin cierto éxito. (2)
Esta
última afirmación claramente señala que Parish consideraba a Rivadavia como
una figura indispensable en el desarrollo de un Estado pacífico y progresista.
En el poco tiempo que tuvieron contacto, Parish se había impresionado
favorablemente de Rivadavia, y la perspectiva desalentadora de un nuevo
gobierno, muchos de cuyos integrantes eran acérrimos enemigos de Rivadavia,
producía temor tanto en Parish como en la comunidad británica residente en
Buenos Aires. El liberalismo de Rivadavia, reflejado en muchas de las reformas
lanzadas durante su gestión como ministro, ayudaron a generar una administración
aceptable para la mayoría de los comerciantes y políticos británicos, quienes
creían que, si perduraban, esas intenciones progresistas contribuirían a
acelerar el reconocimiento de Gran Bretaña. (3)
Sin embargo, existía en los informes de Parish un exagerado optimismo
respecto del grado de estabilidad alcanzado en el Río de la Plata durante la
gestión ministerial de Rivadavia. En este sentido, los informes enviados en ese
período por miembros de la comunidad mercantil británica en Buenos Aires
contrastaban notoriamente con los del cónsul británico. Los primeros revelaban
que más allá de las buenas intenciones de Rivadavia, la estabilidad en el Río
de la Plata era todavía una asignatura pendiente y que recién cuando se
alcanzara dicha estabilidad política interna Gran Bretaña podría considerar
al ex virreinato como su socio comercial. (4)
Por otra parte, analizando el problema
desde la perspectiva argentina cabe señalar que la cuestión del reconocimiento
británico estuvo presente en la mente de Rivadavia desde el momento mismo de
su llegada al ministerio de gobierno en 1821. Tan pronto como se enteró de que
Canning había elegido un cónsul en el Río de la Plata, decidió retribuir el
gesto británico y enviar un cónsul a Londres. Eligió como tal al británico John
Hullett, de la empresa Hullett Brothers & Company, una de las firmas británicas
más importantes en Buenos Aires, que pronto sería socia del mismo Rivadavia
en un emprendimiento minero. Esta elección no agradó del todo a Canning, que
creía que la elección de un nativo sería lo más conveniente para los dos países.
Parish trató de convencer a Rivadavia de que designase como cónsul del Río de
la Plata a José de San Martín. Rivadavia, que nunca estuvo en buenos términos
con San Martín, astutamente explicó a Parish que este nombramiento no era conveniente
debido al deseo del Libertador de América de instalar un monarca europeo en
el Río de la Plata. (5)
NOTAS
Parish a Canning, Public Record Office F.O. 6/4. citado en ibid., p. 211.
Parish a Canning, 27 de abril de 1825, Archivo General de la Nación, Sala 7, 17-6-2, citado en ibid., p. 212.
Ibid.
Ibid., p. 213.
Carta Nº 3 de Parish a Canning, 12 de abril de 1824, F.O. 6/3, citada en ibid., pp. 213-214 y en C. K. Webster, op. cit., tomo I, pp. 151-154.
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