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Un temprano ejemplo de las políticas de poder intra-sudamericanas fue la guerra entre Buenos Aires y Brasil entre 1826 y 1828, que se desató por el reclamo de estos dos Estados por los derechos sobre lo que para las Provincias Unidas era la Banda Oriental y para el Brasil era la provincia Cisplatina. Por otra parte, para los orientales (como los uruguayos se autodenominan aún en el presente) la guerra Cisplatina fue hasta cierto punto una guerra de liberación, y durante varias décadas después de la independencia formal del Uruguay, tanto en éste como en las Provincias Unidas y en Brasil fue difícil discernir entre la política extranjera y la política interna, cuando lo que estaba en juego eran las relaciones entre sí, y no con verdaderos Estados "extranjeros".
    Como se verá en detalle en el próximo capítulo, la guerra Cisplatina de hecho comenzó cuando el general uruguayo Lavalleja cruzó el río de la Plata desde San Isidro (al norte de la provincia de Buenos Aires) a territorio uruguayo para liberar a su provincia. Sus victorias generaron entusiasmo popular en Buenos Aires así como también aprensión en el gobierno. A pesar de la amedrentadora presencia de la flota brasilera en el Río de la Plata, el Congreso decidió reincorporar la Banda Oriental a la Confederación Argentina. La guerra significaba estancamiento económico y decepción para los inversores británicos, lo opuesto completamente de lo que quería el gobierno, pero los eventos parecían tener una fuerza propia. Los gauchos fueron nuevamente movilizados, así como en las guerras de independencia, en detrimento de la deseada estabilidad y crecimiento de la fuerza de trabajo.
    Por otro lado el conflicto territorial entre las provincias argentinas y Brasil se agravó por dos factores: la disputa ideológica entre monarquía y república, y los siglos de rivalidad y competencia territorial entre España y Portugal en América del Sur, cuyo último capítulo sería el de la guerra por el Uruguay. El hecho de que Brasil fuera en efecto una monarquía de habla portuguesa, y por tanto diferente de las repúblicas hispanoamericanas, generó un temor al aislamiento entre las elites brasileñas, que se contraponía a las protestas de dom Pedro, quien intentaba neutralizar ese peligro definiéndose enfáticamente como un americano a partir de la declaración de independencia del Brasil. El hecho mismo de que Brasil hubiera ocupado la Banda Oriental lo hizo objeto de sospechas con respecto a planes de engrandecimiento territorial, y en Hispanoamérica circulaban rumores de que el Imperio conspiraba con la Santa Alianza en Europa, contra las nuevas repúblicas independientes (1).
    Estos miedos eran compartidos por Simón Bolívar y por algunos argentinos influyentes. Los mismos, por otra parte, fueron agravados por la anexión de las provincias bolivianas de Chiquitos y Moxos por las autoridades provinciales del Mato Grosso en abril de 1825. Este alarmante acontecimiento ocurrió cuando las provincias altoperuanas se preparaban para declarar formalmente su independencia por medio de un Congreso Constituyente convocado por decreto del lugarteniente de Bolívar, Antonio José de Sucre, al llegar éste a La Paz en febrero de 1825. El gobierno de Buenos Aires rápidamente reconoció el derecho de las provincias altoperuanas a decidir libremente su gobierno, transmitido por nota del 12 de abril del gobernador Las Heras a Sucre y ratificado el 9 de mayo por el Congreso General Constituyente. Finalmente, el 6 de agosto de 1825 el Congreso altoperuano, que reunía representantes de Potosí, Cochabamba, Charcas, La Paz y Santa Cruz, declaró la independencia de la nueva República Bolívar, en circunstancias en las que una parte de lo que consideraba su territorio estaba ocupada por fuerzas provinciales brasileñas.

  1. La idea de una posible conspiración del Imperio brasileño con la Santa Alianza europea en contra de las repúblicas sudamericanas está presente, entre otros testimonios documentales, en una carta de Bolívar al general Francisco de Paula Santander, fechada en Puno el 6 de agosto de 1825, que decía lo siguiente: "Hoy he recibido comunicaciones de Buenos Aires, dirigidas al general Sucre, por las cuales sabemos finalmente que la misión de Buenos Aires del general Alvear y el doctor Díaz Vélez trae, entre otros objetos, la invitación formal y expresa de hacerle la guerra al Brasil, de acuerdo con Buenos Aires, que está haciendo esfuerzos por recobrar la Banda Oriental y Montevideo. Como este negocio es gravísimo, no me dejaré arrastrar de pronto ni por la gloria ni por las lisonjas. Desde luego, yo no puedo disponer de las tropas de Colombia sin consentimiento de su gobierno. Por lo mismo deseo que V. consulte al Congreso y a los agentes ingleses sobre el modo con que Inglaterra vería una guerra de nuestra parte con el Brasil. A primera vista no parece útil más que a Buenos Aires, pero como la Santa Alianza puede, con el tiempo, aprovecharse del Brasil para atacarnos, será muy útil consultar a la Inglaterra de antemano sobre esta materia (...)". Carta de Bolívar al general Santander, Puno, 6 de agosto de 1825, cit. en Vicente Lecuna, Documentos referentes a la creación de Bolivia, tomo primero, Caracas, Litografía del Comercio, 1924, pp. 297-298.

 

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