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El interesante análisis de Seckinger respecto de la conjunción de las dos guerras sudamericanas prácticamente contemporáneas de la década de 1820 (Buenos Aires versus Brasil y Perú versus Colombia) nos muestra que en estos conflictos estaban involucrados los siguientes factores:

1. Disputas sobre fronteras,
2. Ventajas comerciales (por la posesión de Montevideo en el caso de la guerra cisplatina, y por la de Guayaquil en el caso del conflicto peruano-colombiano),
3. Diferencias ideológicas (monarquía versus republicanismo en el caso de la guerra entre Buenos Aires y Brasil, y republicanismo autoritario versus un republicanismo más liberal, en el caso de la guerra entre Colombia y Perú), y finalmente
4. Un juego de política de poder, donde las consideraciones de poder relativo (es decir, quien es más fuerte que quien) pesaban más que las consideraciones de poder absoluto (es decir, aquéllas en las que importa menos quien gana más, con tal de que todos ganen algo). En ambos conflictos, el miedo de los gobernantes de un Estado a terminar dominados por un Estado rival terminó prevaleciendo sobre las consideraciones comerciales y económicas (las que, contrariamente a los emergentes de la política de poder, tienden a priorizar la paz y la prosperidad sobre la guerra y la conquista).
5. Finalmente, ambos conflictos se limitaron a los disputantes originales, sin generalizarse a aliados y adversarios potenciales, ya que los decisores políticos de los Estados que no participaban directamente en una u otra guerra percibieron correctamente que ninguno de estos conflictos amenazaba realmente el equilibrio de la región, motivo por el cual optaron por no responder activamente a los intentos de seducción de los beligerantes. Esta dinámica también es típica de la política de poder, y demuestra que también los Estados que no participaban directamente en cada una de estas contiendas diseñaban sus políticas respecto de los contendientes en función de consideraciones de poder relativo.

    Por otra parte el análisis de Seckinger también revela que durante la década posterior a la independencia sudamericana se daban los siguientes factores:

1. Existía una conciencia de intereses en común entre las dirigencias hispanoamericanas, a pesar de las enormes dificultades de comunicación entre capitales;
2. Los alineamientos entre estos Estados eran flexibles, con frecuentes cambios de alianzas y proposiciones de nuevas alianzas como respuesta a las cambiantes situaciones, y
3. Las relaciones intra-sudamericanas ocupaban un puesto prioritario para los gobiernos republicanos. Los problemas internos y sudamericanos determinaban las políticas internas y externas de estos Estados en medida mucho mayor que las influencias extracontinentales, incluyendo la del Reino Unido. Esto tenía sus causas en: a) la necesidad de coordinar la guerra contra España; b) la competencia intra-sudamericana por el control territorial; c) la importancia de las diferencias ideológicas entre los mismos Estados de la América meridional; d) la preocupación compartida por la conformación de posguerra del continente; y e) el relativo aislamiento geográfico de América del Sur, que permitía el desarrollo de un sistema interestatal regional relativamente autónomo.

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