Cuando la Convención Preliminar de Paz, firmada en mayo de 1827 por el
enviado de Rivadavia a Brasil, Manuel José García, fue conocida en Buenos Aires se
produjo una conmoción pública. La 8desautorización presidencial no terminó con la
agitación popular y finalmente Rivadavia, cuya situación se complicó por otros motivos,
presentó el 27 de junio su renuncia al Congreso. Este dictó entonces la ley del 3 de
julio por la cual se resolvía designar un presidente provisorio, convocar a las
provincias a una convención nacional, y restablecer la autonomía de la provincia de
Buenos Aires. Para cumplimentar lo último, fue elegida la Junta de Representantes
bonaerense y ésta a su vez designó el 12 de agosto de 1827 gobernador a Manuel Dorrego.
El Congreso entonces les encomendó la conducción de la guerra y de las relaciones
exteriores y se declaró disuelto.
Aunque el gobierno de Dorrego logró firmar una nueva paz con Brasil en
mejores términos que la anterior, la pérdida de la Banda Oriental provocó severas
críticas al gobierno. El bando directorial consiguió entonces el apoyo de los jefes del
ejército que regresaban del Brasil y llevó a cabo una revolución que terminó con el
fusilamiento del gobernador Dorrego. Su reemplazante, Juan Lavalle, concertó
inmediatamente con el general José María Paz un plan de acción para la lucha en el
interior del país. Este marchó desde la Banda Oriental hacia el interior con el objetivo
de "derrocar a los caciques, destruir el poder de Bustos y tomar las riendas de la
política (1)".
El general Paz avanzó hasta Córdoba, llegando finalmente a la
hacienda de San Roque -al norte de la capital- donde Bustos inició negociaciones al solo
objeto de ganar tiempo para permitir la llegada de los refuerzos prometidos por los
caudillos vecinos. Pero Paz decidió el ataque y venció a Bustos el 22 de abril de 1829.
El triunfo de San Roque colocó a Paz en el gobierno de la provincia de Córdoba. Los
objetivos del general, al asumir el mando de la provincia, tenían alcance nacional:
reorganizar el país contemplando los intereses del interior. Tal pretensión contrariaba
evidentemente la política mantenida hasta entonces por Buenos Aires y el Litoral. Paz no
ignoraba esto; tenía plena conciencia que para enfrentar a aquel bloque debía ganarse
previamente el apoyo del interior. El panorama era complicado pues las provincias cuyanas
respondían al caudillo riojano Juan Facundo Quiroga y en el Litoral pesaba mucho la
figura de Estanislao López.
Si bien Paz buscó primero la vía diplomática intentando un
acercamiento con López, poco a poco fue advirtiendo que sólo el enfrentamiento armado
podría situarlo en capacidad de negociar frente a sus adversarios. De hecho fueron los
triunfos de La Tablada (22 de junio de 1829) y Oncativo (25 de febrero de 1830) frente a
Facundo Quiroga los que alarmaron a Buenos Aires y sus aliados. Los mencionados triunfos
condujeron a la formación de la Liga del Interior, el 5 de julio de 1830, integrada por 9
provincias: Córdoba, Catamarca, Santiago del Estero, Salta, Tucumán, La Rioja, Mendoza,
San Juan y San Luis, bajo la autoridad del general Paz.
Según las historiadoras Ferreyra y Moreyra (2), esta liga no puede
considerarse como unitaria en virtud de que en el articulado del tratado que le dio origen
no existía un solo indicador que acreditara tal cosa. A diferencia de lo que
tradicionalmente había considerado la historiografía, las autoras mencionadas afirman
que la Liga del Interior constituyó una alianza defensiva-ofensiva entre las provincias
signatarias que aseguraba a Paz un fuerte apoyo ante el eventual enfrentamiento con el
Litoral. La alianza se efectuaba en perfecta igualdad jurídica, sin advertirse una clara
inclinación por ningún sistema de gobierno en particular. Obligaba a las partes a
recibir la Constitución Nacional, siguiendo en todo la voluntad general y el sistema que
prevaleciera en el congreso de las provincias.
Hacia 1830, el general Paz inspiraba cierto respeto. Así parecían
advertirlo tanto Chile como Bolivia que esperaban cautelosos el desenlace final. En el
caso de Chile, las relaciones con Córdoba se acentuaron a partir de 1830. Instalados los
conservadores en el gobierno chileno luego de la batalla de Lircay, en abril de 1830, el
ministro de relaciones exteriores, Diego Portales, decidió enviar al comisionado Ramón
Ocampo ante el gobierno de Córdoba. Este, de tendencia claramente unitaria, veía al
general Paz "muy acreditado" políticamente, por lo cual creía en su victoria y
reclamaba ante su propio país la necesidad de vincularse a través de una convención. No
obstante, Portales demostró ser más prudente.
Por su parte a Paz le era conveniente mantener relaciones cordiales con
un gobierno extranjero, pues esto le otorgaba prestigio frente a las otras provincias y
equiparaba a Córdoba con el gobierno de Buenos Aires (3). Además, debido al decreto del
18 de noviembre de 1829, que prohibía la extracción de armas hacia las provincias
vecinas, a la provincia de Córdoba se le hacía necesario buscar otras fuentes de
aprovisionamiento y Chile podía ser un posible vendedor. Todo esto condujo a la grata
acogida dispensada por parte del gobierno de Córdoba al comisionado chileno Ocampo, al
presentar éste sus credenciales el 18 de julio de 1830.
Poco antes (13 de julio), el comisionado escribía al ministro chileno
Portales. Su carta nos permite observar las prevenciones con que actuaba aquel gobierno, y
constatar la fuerte impresión que el general Paz había producido en Ocampo:
Mis instrucciones son expresas sobre que no aventure manifestarla hasta
que cerciorado de las circunstancias, no vea que la comisión pueda ser útil o al menos
que no sea perjudicial y de compromiso a Chile. Me he ocupado en instruirme del estado de
las cosas. Esto es indispensable para proceder con tino y acierto. La narración que se
hace de los negocios políticos no es capaz de poner a un extranjero al cabo de la
realidad de ellos (...)
Según los conocimientos que he podido adquirir hasta ahora, el estado de estas provincias
deja entrever el horizonte de la tranquilidad y la restauracion del orden (...) Por
fortuna tiene a la cabeza de su marcha política al General Paz (...) Sus talentos, sus
virtudes y su influxo lo trazan todo. Y cuánto mas segura es esta esperanza, si a mas de
estos elementos, cuenta el Sr Paz con un ejercito que lo hace mas respetable. Este
ejercito es muy bien acreditado, tiene mas de dos mil veteranos. Las milicias son muchas y
buenas (...) (4)
En la misma carta Ocampo expresaba su preocupación por la desconfianza
que había despertado en Córdoba el cambio de administración en Chile. Quizás la
similitud de circunstancias de éste con las que habían acompañado la asunción de Rosas
en el gobierno de Buenos Aires motivaba cierto recelo en el pueblo de Córdoba. El
comisionado intentó desvanecer cualquier tipo de suspicacia que pudiera resultar un
obstáculo para las buenas relaciones.
Para el gobierno de Córdoba también era importante disipar cualquier
prevención por parte de Chile. De allí que Antonio Sarachaga, ministro de relaciones
exteriores de la provincia, escribiera a Portales el 28 de junio de 1830 con el objeto de
presentar la imagen de una Córdoba que no sólo luchaba generosamente por intereses
nacionales, sino que tenía unidad de objetivos respecto de la república chilena:
A la Provincia de Cordoba le ha cabido en esta lucha ser el foro en que
las armas de un partido anarquizador ha disputado con tezon y encarnizamiento un año
entero la tiranía Universal de la Republica; pero ella se ha cubierto de gloria
aniquilando y disolviendo sus últimas esperanzas (...)
Si hay una identidad de causa con la que sostiene el Exmo Señor de Chile, no podía negar
al Gobierno de Cordoba la uniformidad de sus sentimientos y la reciprocidad sincera en sus
ulteriores relaciones (...) (5)
Estas relaciones de cordialidad llegaron finalmente a su punto más
alto con la firma de una Convención Provisional entre el gobierno de Córdoba y el de
Chile, el 31 de julio de 1830. Las partes se comprometían a mantener entre sí la paz,
amistad y buena inteligencia (art. 1). Se establecía un compromiso de mutua neutralidad:
"es decir que ni el Gobierno de Chile podra mesclarse directa o indirectamente en las
divisiones interiores de las Provincias Argentinas, ni el Señor General Paz podrá
hacerlo respecto a las del Estado Chileno" (art. 4). Se estipulaba un recíproco
intercambio de desertores (art. 6) y se unían para marchar contra el famoso caudillo
español Picheira (art. 7). Finalmente se fijaba la duración del convenio hasta que la
República Argentina constituyera sus autoridades nacionales y Chile convocara el Congreso
Constitucional, "pudiendose entonces renovar estos convenios de un modo mas solemne
entre ambos Estados" (art. 8). La convención debía ser ratificada en el término de
dos meses y medio por el gobierno de Chile (6).
Ocampo fue un fuerte defensor del pacto y bregaría por su
ratificación hasta el final, apelando a las ventajas que significaba para su país. Así
en su informe del 31 de julio de 1830 expresaba:
No conviene a Chile que la causa de los populares adquiera opinión en los países circunvecinos? No habría sido muy factible, que vencidos los antipopulares hubiesen venido a soprender y mezclar a este Gral en las dicensiones de Chile? Y no es importante que en vez de esto, si nuestros amigos hubieran sido desgraciados en Chile, podrían contar aquí con prevenciones favorables y con una acogida? Prescindiendo de esto, la sola amistad y buenos oficios del Gral Paz son de bastante interés (...) (7)
Pero a pesar de estas gestiones, la ratificación nunca llegó. El
ministro Portales no estaba decidido todavía a embarcarse en la empresa aventurada de
celebrar tratados con enemigos tan enérgicos del "encargado de las relaciones
exteriores", es decir de Juan Manuel de Rosas (8).
Aunque la mencionada ratificación nunca llegó, el gobierno de Chile
interpuso su mediación entre las provincias argentinas. Su proposición del 3 de agosto
de 1830 argumentaba que temiendo nuevos planes de reconquista por parte de España, se
hacía indispensable poner término a las diferencias internas de las Provincias Unidas.
La mediación proponía que los jefes de todos los estados existentes de hecho en el
territorio de las Provincias Unidas nombraran plenipotenciarios facultados para concluir
una convención que decidiera por pluralidad de sufragios los siguientes puntos:
a) El ajuste de un tratado de paz general para cuya negociación el
gobierno de Chile ofrecía sus buenos oficios, en carácter de mediador.
b) La fijación de las bases de la organización interior del país y del gobierno,
conforme a la opinión de la mayoría de los representantes de las provincias.
c) El establecimiento de una garantía efectiva para la observancia de lo pactado, sobre
lo cual Chile daría instrucciones a sus representantes.
d) La obligación de no emprender operaciones de guerra ni hacer preparativos hostiles.
Se proponía además como sede de reunión del futuro congreso la
ciudad de Santiago del Estero.
Finalmente, si bien Sarachaga respondió gratamente al ofrecimiento
chileno (17 de septiembre), no ocurrió lo mismo con Buenos Aires y sus aliados quienes
alegaron que tal convención no era aplicable en las circunstancias imperantes. Es muy
probable que Buenos Aires no estuviera dispuesta a aceptar ninguna mediación que la
pusiera en términos de igualdad respecto al Interior. Más aún la mentalidad de la
época indicaba que "el uso de la fuerza debía preceder al obrar político
(9)", de allí que no fuera posible avenirse a un tratado de paz sin mediar primero
un enfrentamiento armado.
Simultáneamente con estos intentos de mediación, Córdoba intentaba
sacar ventaja de sus buenas relaciones con Chile. Fue entonces que decidió el envío de
la misión Marquez (22 de octubre de 1830), con el objetivo de negociar un préstamo $
100.000 en metálico y otro de $ 25.000 en especies (armamentos). Como ya se explicó, el
decreto del 18 de noviembre de 1829 había perjudicado el aprovisionamiento de armas de la
provincia, y Chile representaba una posibilidad para su obtención. Esta sin embargo no
pudo concretarse por la negativa del gobierno chileno (10).
En un último intento por obtener apoyo logístico, Córdoba apeló a
que Chile permitiera la introducción de aguardientes, vinos y demás frutos mendocinos y
sanjuaninos. Con esta medida se pretendía, según el ministro Sarachaga:
proveer las necesidades del Exercito de linea, á quien esta librada su seguridad y de cuyo sostenimiento se ha encargado una compañia legalmente establecida en las nueve provincias. Las de Mendoza y San Juan ofrecen aquellos frutos como unico recurso (...) -31 de diciembre de 1830 (11)-.
Pero aun cuando se hizo todo lo posible por lograrlo, la petición no
prosperó. A los intereses chilenos convenía mantener relaciones cordiales con todos, sin
tomar decisión alguna que pudiera excluir a alguna de las partes. El objetivo era
mantener la neutralidad hasta no saber quién era el más fuerte: Paz o Rosas.
Por último, las relaciones de la provincia de Córdoba con otros
países en este período no parecen haber sido tan activas como las que se mantuvieron con
Chile. Las relaciones con la República Oriental del Uruguay se limitaron al intercambio
de notas oficiales, en las que el gobierno de Córdoba comunicaba sus triunfos de La
Tablada y Oncativo. Por su parte, Bolivia participó interponiendo su mediación para que
en la Argentina se estableciera un gobierno central por medio de un congreso. Según
manifestaba ante Sarachaga, Mario Enrique Calvo, ministro de relaciones exteriores de
Bolivia, era necesario aunar esfuerzos ante la posibilidad de nuevos planes de reconquista
por parte de España (12).
Los intentos de mediación de Chile y de Bolivia para lograr la paz y
la organización general de las Provincias Unidas expresados ante el gobierno cordobés
podrían interpretarse -aparte de los motivos alegados oficialmente- como un intento por
parte de aquellos gobiernos de terminar con una peligrosa desestabilización del otro lado
de sus fronteras, que podía traer consecuencias para los propios países.
Retrospectivamente, por la oposición a Rosas que se generó después tanto en Chile como
en Bolivia, también puede pensarse que los intentos estaban apuntados a lograr en las
Provincias Unidas una organización general que neutralizara el incipiente poder del
gobernador porteño.
Pero la caída de la Liga del Interior y la desaparición de la escena
político-militar del general Paz determinó una nueva disgregación de fuerzas en el seno
de las "Provincias Unidas". Esta dispersión de fuerzas llevó a Córdoba a
integrarse momentáneamente en la órbita de Estanislao López. Posteriormente, con la
muerte de Facundo Quiroga (1835) y la consecuente caída de los Reynafé, la provincia se
convirtió en uno de los principales bastiones del poder de Juan Manuel de Rosas. Desde
entonces y hasta después de Caseros (1852), Córdoba estuvo gobernada por Manuel López,
perdiendo toda autonomía respecto de sus "relaciones exteriores", que fueron
manejadas por Rosas.
Aurora Rosa Caminos de Artola, La acción del general Paz en el interior, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 1962, p. 2.
Inés Ferreyra y Beatriz Moreyra, "El gobierno del Gral. Paz en Córdoba y su acción nacional, 1829-1831", en Estudios de Historia Argentina II, Córdoba, 1974, pp. 96-97.
Juan Draghi Lucero, "Relaciones diplomáticas entre Córdoba y Chile en 1830", en Congreso de Historia Argentina del Norte y Centro, Córdoba, 1944, pp. 46-47.
Ibid., pp. 67-68.
Ibid., pp. 46-47.
Ibid., pp. 72-73.
Ibid., p. 71.
Ibid., p. 48.
I. Ferreyra y B. Moreyra, op. cit., p. 97.
Ibid., pp. 101-102.
J. Draghi Lucero, op. cit., p. 89.
I. Ferreyra y B. Moreyra, op. cit., pp. 102-103.
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