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Con el fin del gobierno del general Martín Rodríguez en Buenos Aires y su reemplazo por el general Juan Gregorio de Las Heras en mayo de 1824, el Partido del Orden bajo cuya dirección Buenos Aires protagonizó la llamada "feliz experiencia" de 1820-1824 se dividió debido a las tensiones entre dos facciones: la liderada por el jurisconsulto Manuel José García, partidaria de agotar todos los medios pacíficos posibles para llegar a un arreglo con el Imperio del Brasil respecto de la Banda Oriental, y la encabezada por el sacerdote y diputado Julián Segundo de Agüero, partidaria de la guerra contra el Imperio como medio para lograr la reincorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas.
    Con el nombramiento de Las Heras, a Manuel José García le tocó ser ministro de hacienda, gobierno y relaciones exteriores. Cabe recordar que García había sido protagonista de las gestiones para acercar el gobierno de Buenos Aires a la corte de Portugal en 1816 y había aprobado los planes portugueses de invasión de la Banda Oriental, como un precio aceptable para eliminar la amenaza artiguista. Durante el gobierno de Martín Rodríguez, Manuel José García junto con Bernardino Rivadavia condujeron la economía y las relaciones exteriores del gobierno de Buenos Aires, debido a que Rodríguez pasó la mayor parte del tiempo peleando en la frontera contra los indios y delegó las funciones de gobierno en sus ministros. Representante directo de los intereses mercantiles ingleses y hombre pragmático, García se oponía a una guerra con el Imperio del Brasil que resultaría ruinosa para el comercio rioplatense.
    Por su parte, la facción liderada por el diputado y sacerdote Julián Segundo de Agüero estaba distanciada de García por razones políticas y personales. Agüero, quien había tenido gravitación importante en la elección de Las Heras, anhelaba acceder al cargo de ministro de gobierno que había ocupado Rivadavia durante el gobierno anterior, pero no pudo lograr su deseo debido a la mayor influencia personal de García sobre Las Heras. En consecuencia, García acumuló cargos en el gobierno de Las Heras. Despechado, Agüero encontraba en la conflictiva situación oriental la posibilidad de aliarse con el partido popular de Dorrego y con la opinión pública, que estaban a favor de la guerra con Brasil. Adoptando una postura belicista y desarrollando tales alianzas, el legislador porteño procuraba hostigar a un gobierno que no había respondido a sus expectativas personales y que además no podía defenderse ante la evidente contradicción entre su retórica hostil al Imperio y su política de hecho pasiva respecto de la presencia lusitano-brasileña en la Banda Oriental.
    Los dos oponentes se enfrentaban no sólo en el Congreso sino también en las columnas del periódico El Nacional de Buenos Aires (1).
    A la batalla personal desatada entre García y Agüero, con sus ecos en el Congreso y la prensa, se sumaba el hecho de que el partido opositor popular, liderado por Dorrego, había sugerido antes de las elecciones legislativas de 1824 la posibilidad de llevar al gobierno provincial al general José de San Martín, con un programa de guerra que tenía como fin la liberación de la Banda Oriental.
    Respecto de la actitud adoptada por el propio gobernador Las Heras frente a la cuestión oriental, existen importantes divergencias de opinión entre los autores que han investigado el tema. Tulio Halperín Donghi y Adolfo Saldías ubican a Las Heras en sintonía con el antibelicismo de García, conductor de las gestiones exteriores de Buenos Aires. De acuerdo con Halperín Donghi y Saldías, García y Las Heras intentaron resistir la opción bélica apoyada por la facción del doctor Agüero desde el Congreso, los emigrados orientales residentes en Buenos Aires, la opinión pública y la prensa porteñas. Ante la presión de estos sectores probelicistas que denunciaban la pasividad de García frente al peligro brasileño, Las Heras intentó renunciar vanamente a su cargo, pues el Congreso rechazó esta renuncia. Finalmente, factores tales como las victorias orientales sobre las tropas imperiales en Rincón de las Gallinas y Sarandí -en septiembre y octubre de 1825- y la declaración efectuada por el Congreso de la Florida anunciando la incorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas en agosto de dicho año, aceptada luego por el Congreso General de éstas el 24 de octubre de 1825, colocaron a Las Heras y a su ministro entre la espada y la pared. Ante el peso de los acontecimientos ambos debieron aceptar la ya inevitable guerra con el Brasil.
    Por su parte, Miguel Angel Scenna coloca a Las Heras como partidario de la opción bélica contra el Imperio brasileño para resolver la cuestión oriental. Según Scenna, Las Heras -participante de las campañas libertadoras de San Martín en Chile- consideraba inevitable la guerra con el Imperio y se preparaba para este choque. En consecuencia, la posición del gobernador Las Heras habría sido opuesta a la de su ministro, que veía la guerra con el Brasil como una alternativa catastrófica para el comercio rioplatense. De acuerdo con Scenna, García pensaba que la Banda Oriental no interesaba a los sectores mercantiles cuyos intereses el ministro defendía (2).
    Sea cual fuere la interpretación correcta, lo cierto es que el gobierno de Las Heras continuó la política de bajo perfil de Martín Rodríguez respecto de la Banda Oriental y las relaciones con el Imperio del Brasil. Esta postura era juzgada como excesivamente prudente por los sectores belicistas en el Congreso, la opinión pública y la prensa. Vale como testimonio de la posición gubernamental -o de la postura del ministro García- el mensaje del 16 de diciembre de 1824 suscrito por Las Heras y García a la Legislatura:

El Imperio vecino del Brasil hace un contraste con esta noble república, y es una excepción deplorable a la política general de las naciones americanas. La Provincia de Montevideo, separada de las demás por artificios innobles, y retenida bajo el peso de las armas, es un escándalo que se hace más odioso por las apariencias de legalidad, en que se pretende esconder la usurpación. El gobierno de la provincia de Buenos Aires ha tentado los medios de la razón con la corte del Janeiro; y aunque sus esfuerzos han sido ineficaces, no desespera todavía. Quizá el consejo de amigos poderosos no tardará en hacerse escuchar, y alejará de las costas de América la funesta consecuencia de la guerra (3).

Este mensaje hace expresa alusión a las razones de la actitud prudente del gobierno -o de García- en lo referente a la ocupación brasileña de la Banda Oriental. Esta prudencia estaba basada en dos supuestos. El primero era que las pretensiones de las Provincias Unidas estaban respaldadas por la legalidad. En la visión porteña, la ocupación lusitano-brasileña del territorio oriental era ilegal y constituía una usurpación. De acuerdo con este criterio, Montevideo estaba separada de las Provincias Unidas por "artificios innobles". Lo "legal", "legítimo" o "razonable" era para Buenos Aires la reincorporación de la Banda Oriental, debido a su pasado como provincia del virreinato del Río de la Plata. El segundo supuesto de la diplomacia porteña era que sus aspiraciones respecto de la Banda Oriental serían respaldadas por "amigos poderosos" -en referencia a Londres- y que dichos "consejos" de Londres alejarían la guerra con el Imperio.

  1. Un testimonio claro de esta rivalidad entre García y Agüero fue la carta que el oficial mayor Ignacio Nuñez (secretario de Rivadavia mientras éste fue ministro plenipotenciario en Inglaterra durante 1825, uno de los iniciadores de El Nacional a fines de 1824 y alma mater de El Argos) le escribió a Rivadavia en enero de 1825, donde Nuñez comentó que en El Nacional, "trabajan el señor Agüero y el señor García como auxiliadores, mientras uno al otro se tirotean duro". Carta de Ignacio Nuñez a Bernardino Rivadavia del 21 de enero de 1825, en Biblioteca de Mayo, tomo X, Buenos Aires, 1960, p. 9.057, citada en F. A. García, op. cit., p. 62.

  2. Consultar respecto de este tema Tulio Halperín Donghi, Historia argentina, volumen 3: De la revolución de independencia a la Confederación rosista, Buenos Aires, Paidós, 1972; A. Saldías, op. cit., y Miguel Angel Scenna, Argentina-Brasil: cuatro siglos de rivalidad, Buenos Aires, La Bastilla, 1975.

  3. Mensaje del Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata a la Legislatura, suscrito por Las Heras y García el 16 de diciembre de 1824, publicado en el número inicial del periódico El Nacional el 23 de dicho mes y año, citado en F. García, op.cit., p. 64.

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