Como ya se ha visto, a fines de 1822, alentados por la independencia
del Brasil y las divergencias existentes entre las tropas de ocupación de la Provincia
Cisplatina, los vecinos de Montevideo y de su campaña y, casi simultáneamente, el
Cabildo de aquella ciudad se dirigieron a los gobiernos de Buenos Aires y Santa Fe a
través de sus enviados el teniente coronel Tomás de Iriarte y Domingo Cullen, pidiendo a
ambos gobiernos cooperación material en pro del levantamiento oriental contra las fuerzas
de ocupación portuguesas y brasileñas.
Cabe destacar el hecho de que los vecinos y el Cabildo de Montevideo no
se dirigieron en demanda de auxilio a los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes, ambos
ligados a los de Buenos Aires y Santa Fe por el tratado del Cuadrilátero del 25 de enero
de 1822. En el caso de Entre Ríos, la causa de esta abstención intencionada estribaba en
que su gobernador, el general Lucio Mansilla, temeroso de que las fuerzas portuguesas y
brasileñas se proyectaran hacia Entre Ríos, había firmado el 11 de diciembre de 1822
con el capitán general de la Provincia Cisplatina, general Lecor, un tratado de
"neutralidad, amistad y buena armonía". Este tratado, ratificado por el
gobernador entrerriano el 22 del mismo mes, establecía que:
ambos Gobiernos se obligan a no dar auxilio alguno, directa ni
indirectamente, a los caudillos y demás personas que se hallan refugiados, o que en
adelante se refugiaren en cualquiera de los dos territorios, por haber conspirado contra
el orden y la tranquilidad pública, impidiendo toda agresión que intenten hacer con
fuerza armada.
Ambos Gobiernos respetarán la línea de límites de los dos territorios, y se obligan a
no traspasarla con fuerza armada, por ningún motivo, durante la amistad y buena armonía
que prometen guardar, conservar y mantener por todos los medios posibles; ni mezclarse,
directa ni indirectamente, en las disensiones políticas interiores que puedan suscitarse
en cualquiera de dichos territorios (1).
La vigencia de este tratado impulsó a los disidentes uruguayos a creer
(erróneamente) que no podrían contar con el auxilio entrerriano. En cuanto a la
provincia de Corrientes, los disidentes orientales prescindieron de enviar un delegado
allí ya que supusieron que ella seguiría el ejemplo de las otras provincias firmantes
del tratado del Cuadrilátero, debido a que, por su pequeña importancia y su situación
geográfica más alejada respecto de la Provincia Cisplatina, ajustaría su proceder a la
conducta que le indicasen las provincias de Buenos Aires y Santa Fe.
Como se vio en un capítulo anterior, la diputación oriental,
integrada por Luis Eduardo Pérez, Román de Acha y Domingo Cullen suscribía el 13 de
marzo de 1823 con el ministro santafesino Juan Francisco Seguí una alianza
ofensiva-defensiva. Los dos artículos fundamentales expresaban:
Art. 1. La Provincia de Santa Fe mediantesu gobierno solemniza con la
Honorable diputación del Exmo Cabildo Representante de Montevideo, una liga ofensiva y
defensiva contra el usurpador extranjero Lecor y demás satélites americanos que ocupan
el territorio oriental, reconociendo el dominio y prestando obediencia al insurgente e
intruso emperador Pedro I.
Art. 2. En su virtud llevará la voz en esta guerra bajo recíprocos acuerdos con la
representación montevideana; pondrá cuantos medios estén a sus alcances, incitará las
provincias hermanas a la cooperación y auxilio y organizará el ejército santafesino del
norte, nombrando jefes y demás oficiales subalternos practicando todos los demás actos
conducentes al logro de la libertad absoluta de la provincia oriental, con la brevedad que
reclama su peligroso estado, conciliándolo con el obligatorio compromiso con Buenos Aires
para expedicionar en combinación contra los bárbaros del sud (2).
Estos artículos fueron ratificados por López al día siguiente. Pero el tratado contó además con ciertos artículos reservados:
1. Serán gratificadas las provincias concurrentes contra los invasores
portugueses, en proporción a sus auxilios, con términos para el pago que estipulará en
el silencio de la paz, gozando la de Santa Fe un duplo proporcional por el mérito
contraído, en ser la primera en decidirse y consiguientes mayores trabajos como que
encabeza la empresa sufriendo la incomodidad de sus multiplicados pormenores;
2. Con el fin de obviar dificultades odiosas, conseguido el fin de que se proponen los
contratantes quedan arregladas las gratificaciones a 300 pesos por cada 100 hombres
soldados de los auxiliares con sus oficiales y a 6000 la de Santa Fe rebajando solamente
los desertores;
3. Los jefes de cada división provincial con la suma de 1.500 pesos y 3.000 el de Santa
Fe que manda en Jefe el ejército no siendo el gobernador de la provincia. Firman Juan Fco
Seguí, Luis E. Pérez, Domingo Cullen, Román Acha. (Santa Fe, Marzo 14 de 1823).
Ratificada Estanislao López, marzo 15 (3).
Es innecesario reiterar que tanto el tratado entre Entre Ríos y los
brasileños como esta liga de Santa Fe y Montevideo ilustran, una vez más, que las
Provincias Unidas en este período no constituían un Estado sino una configuración de
mini-Estados desunidos y que representaban una realidad jurídico-política diferente de
aquella que posteriormente habría de dar nacimiento al Estado argentino que hoy
conocemos.
Cumpliendo con la parte pública del tratado, López dirigió a los
gobiernos de provincia una circular el 21 de marzo de 1823 incitándolos a colaborar en la
campaña. Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador de Buenos Aires Martín
Rodríguez, comenzó a alarmarse con las actitudes del gobernador santafesino. Puso todo
tipo de excusas, advirtiendo incluso a las provincias sobre las posibles consecuencias de
un enfrentamiento con un enemigo tan poderoso como los portugueses. Así escribía
Rivadavia a Mansilla, gobernador de Entre Ríos:
Cualquier paso que se de (...) por una o por otra de las provincias en favor de aquella recuperación, puede comprometerles a todas en compromisos difísiles y esto sin haberse consultado con anterioridad la opinión de cada una lo que causaría una responsabilidad enorme (...) (4).
En cumplimiento de lo acordado el 13 de marzo, el gobernador
santafesino López dirigió el 21 de marzo de 1823 una circular a los gobiernos de Entre
Ríos, Corrientes, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y otras provincias, excitando su
patriotismo para que ayudasen a los orientales a recuperar su libertad, recordando que la
Banda Oriental había pertenecido a las Provincias Unidas y alcanzado con ellas su
emancipación del dominio español. Sobre todo señaló a Buenos Aires que los términos
del tratado del Cuadrilátero le habían impuesto la obligación de contener, junto con
los demás suscriptores, cualquier invasión extranjera que amenazara la integridad del
territorio nacional. ¿No era acaso la Banda Oriental todavía parte del territorio
nacional? Buenos Aires parecía desconocerlo (5).
No obstante los esfuerzos de López, casi ninguna de las otras
provincias se manifestó dispuesta a secundar la acción de Santa Fe en favor de los
orientales. Mendoza y Entre Ríos fueron la excepción. La primera, aunque financieramente
exhausta por los grandes sacrificios realizados en las campañas emancipadoras de Chile y
Perú, ofreció los productos de su suelo, "en obsequio de la libertad de nuestros
hermanos orientales, que gimen en cadenas bajo el yugo portugués". Por su parte, el
gobierno de Entre Ríos, haciendo caso omiso del reciente tratado de Neutralidad, amistad
y buena armonía firmado con el barón de la Laguna, aceptó seguir la actitud de apoyo a
los orientales del gobierno de Santa Fe. Esta conducta del gobernador entrerriano Mansilla
provocó en abril de 1823 una nota de agradecimiento del Cabildo de Montevideo.
A su vez, el gobernador Mansilla, creyendo que podía convencer a Lecor
de la legitimidad de los reclamos de los disidentes orientales, le dirigió una nota el 30
de mayo de 1823. En ella, Mansilla, a nombre también de los demás gobernadores,
manifestaba la ilegalidad del acto de incorporación de la Provincia Cisplatina al Imperio
del Brasil y la conveniencia de que las tropas de ocupación evacuasen aquel territorio,
para evitar que se produjese un conflicto armado.
La respuesta de Lecor no se hizo esperar. El 16 de junio mostró a
través de una carta su indignación por la conducta de Mansilla, quien con su actitud
violaba el pacto firmado entre ambos. Asimismo Lecor señalaba claramente a Mansilla que
no estaba dispuesto a ceder a los deseos de los orientales, advirtiendo que haría
respetar los límites e integridad del Imperio.
Por su parte, el 22 de abril de 1823 el gobernador de la provincia de
Corrientes, Juan José Blanco, expresó sus reticencias a la circular del gobernador de
Santa Fe del mes anterior. Si bien Blanco reconocía el derecho de los orientales a
aspirar a su libertad, llamaba a su colega López a la prudencia, preguntándose:
¿Y cuáles son las fuerzas con que las Provincias de Santa Fe, de Entre Ríos y de Corrientes pudieran dar principio a la campaña? (...) Apurados los recursos de las tres Provincias, no pueden pasar a la Banda Oriental mil quinientos hombres equipados y en disposición de hacer un servicio activo con la celeridad y energía que deben requerir los planes, ya de ataques parciales o totales. (...) El período de la presente guerra no debe suponerse corto. El carácter de ella y los intereses del nuevo Imperio son causas demasiado poderosas que deben prolongarla más allá de nuestros cálculos, porque el enemigo tiene en su interior administración muchos elementos de poder, (...). (...) ¿Puede V. S. persuadirse de que una fuerza vencedora no procura toda la ulterioridad que debe dar la victoria, con el doble título que el nuevo emperador hará valer para ocupar el territorio que le había declarado la guerra? No parece, pues, prudente dar principio a una empresa que pone en peligro la suerte de unos pueblos que, aunque gozan de los derechos de la libertad nacional, padecen aún la desolación que causaron la anarquía y la guerra civil (6).
Vale remarcar que en su alocución, el gobernador de Corrientes
enarbolaba ante su colega santafesino dos argumentos que serían estrictamente verdaderos:
primero, el carácter prolongado de una guerra entre las Provincias Unidas y el Imperio
del Brasil, y segundo, las dificultades políticas internas de las primeras, factor que
llevaba al gobernador correntino a pensar que la guerra contra el Imperio era una opción
contraproducente por partida doble: la victoria imperial no sólo descartaría la
posibilidad de reincorporar la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la
Plata, sino que también le otorgaría al Brasil el pretexto necesario para anexar el
territorio de las mismas Provincias Unidas a su dominio.
Pero las esperanzas vertidas por los orientales en estos tratados no
pudieron concretarse inmediatamente. Es llamativo el oficio que remite el Cabildo de
Montevideo el 14 de agosto de 1823, angustiado por la falta de noticias respecto de la
expedición santafesina:
el Cabildo Representante faltaría á su deber si dejase de manifestar al Señor Gobernador de Santa Fe que ha llegado el término de nuestras esperanzas, y que si no le es posible hacer pasar algunas fuerzas el [al] Uruguay en todo este mes ó hasta mediados del proximo venidero, el cabildo se verá forzado á principiar una guerra incierta y tal vez desordenada para contener algun tanto los males que vé sobre sí y corresponder dignamente a su confianza en el depositada (...) (7).
López respondía el 28 de agosto a la nota del Cabildo montevideano alegando que no había sido posible arbitrar los medios prometidos:
Las tropas de mi mando ya se hallarían en la Banda Oriental si los
recursos convenidos se hubiesen colocado en la aptitud disponible que reclama la celeridad
de la empresa (...)
(...) En esta virtud el tratado celebrado producirá los efectos que nos propusimos si los
medios que entonces se facilitaron no retardan los momentos al logro de los dignos objetos
detallados en sus honrosos comisionados y despues tendran lugar las reclamaciones de V.E.
(...) (8).
En síntesis, y no obstante el entusiasmo inicial de los gobiernos de Santa Fe y Entre Ríos a la causa de los orientales, estos gobiernos no se apresuraron a cumplir lo pactado con el Cabildo de Montevideo, argumentando entre las causas de su dilación las frecuentes invasiones de indios en el sur de Santa Fe, los compromisos del tratado del 25 de enero de 1822 contraídos entre los gobiernos de Santa Fe y Buenos Aires para erradicar los malones, y la escasez de recursos materiales y humanos de Santa Fe y Entre Ríos para auxiliar a las tropas revolucionarias orientales con la celeridad requerida por la situación. Esta reticencia evidenciada por las cuatro provincias signatarias del tratado del Cuadrilátero -Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes- debilitaba el plan de los disidentes orientales y facilitaba el control de la Provincia Cisplatina por parte de las fuerzas del general Lecor.
José Luis Busaniche, Estanislao López y el federalismo del Litoral, Buenos Aires, Eudeba, 1969, p. 13.
Manuel Cervera, Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe. Contribución a la Historia de la República Argentina (1573-1853), tomo II, Santa Fe de la Veracruz, 1980, p. 628.
J.L. Busaniche, op. cit., pp. 14-15.
Ibid., p. 15.
Archivo Histórico de la Provincia de Santa Fe, Archivo de Gobierno, tomo 2 ½: 1821-1823, fo. 943 r. y vto.
Papeles de Estanislao López (1823-1831), primera serie, vol. III, Santa Fe, publicación del Archivo Histórico de la Provincia de Santa Fe, 1992, pp. 43-44.
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