La tendencia belicista en la opinión pública porteña quedó
demostrada por varios hechos. Apenas se instaló en Buenos Aires el agente especial
Falçao da Frota proveniente del Imperio con el objetivo de reclamar la participación del
gobierno porteño en la expedición de los Treinta y Tres, una pueblada heterogénea se
lanzó a las calles de Buenos Aires, asaltó la casa del agente imperial, pisoteó el
escudo que estaba sobre la puerta de la calle, y en medio de ¡mueras! y vociferaciones de
toda especie fue a la misma plaza de la Victoria, donde según diarios de la época no
faltaron personajes que alentaban al populacho con proclamas incendiarias a un paso de la
residencia del gobierno. Los miembros del gobierno de Buenos Aires observaban con estupor
estos extravíos populares. Asimismo, en una interpelación del Congreso al gobierno de
Buenos Aires, encargado de la guerra y las relaciones exteriores, el belicista diputado
Agüero denunció al gabinete dominado por García bajo el cargo de pasividad frente al
peligro brasileño, pasividad sobre la que Agüero dejó caer la sospecha de traición.
Agüero y su partido belicista comenzaron a tener cada vez mayor eco en
el Congreso, la opinión pública y la prensa. Respecto de la última, cabe destacar su
unánime elogio a la expedición de los Treinta y Tres así como el deseo expresado por
estos periódicos de que la Banda Oriental se reintegrara a las Provincias Unidas del Río
de la Plata. Entre estos periódicos se destacó El Argos de Buenos Aires, que
circuló entre 1821 y 1825 y que fue el más conectado con Juan Antonio Lavalleja, el jefe
de los Treinta y Tres Orientales. Su campaña a favor de la reincorporación de la Banda
Oriental se formalizó a partir del 11 de mayo de 1825, fecha en que el Congreso aprobó
la iniciativa de crear el ejército de Observación sobre el río Uruguay, como medida
para prevenir los hechos a desarrollarse en el territorio oriental.
El 15 de junio de 1825, El Argos proclamaba sin pruritos que se
trataba de "una guerra nacional" e indicaba la conducta que, a juicio de sus
editores, el gobierno de las Provincias Unidas debía seguir respecto de la cuestión
oriental:
Al fin hemos arribado al punto que nos propusimos, cuando fieles a
nuestros compromisos y sentimientos, entramos en el noble empeño de manifestar la
usurpación injusta que un ejército extranjero hizo de una parte del territorio de las
Provincias Unidas, la alevosía y manejos escandalosos con que se consumó este acto
memorable, y los efectos que ha producido, y debe aun producir en lo sucesivo, en el
patriotismo de todo americano.(...)
Las circunstancias todas están señalando la línea de conducta que el Estado de la
Unión debe adoptar al presente en la Banda Oriental. La guerra se ha encendido en ella; y
ésta es una guerra en la que se debe sacrificar todo. Vidas, fortunas y honor. Este es
también el único recurso que queda después que en los consejos del emperador no se deja
oír la razón, ni la voz de los pueblos oprimidos e indefensos. Sería el colmo de la
insensatez renunciar también al clamor imperioso de nuestra propia conveniencia, al de la
opinión pública, tan pronunciada a este respecto, y a lo que la justicia reclama con
tanto interés.(...)
La guerra que debe hacerse en la Banda Oriental para arrojar de ella a los extranjeros que
la oprimen, es una guerra nacional: guerra a la que está comprometido el Estado de las
Provincias Unidas con el sagrado objeto de sostener la integridad de su territorio, que
desmembró un usurpador atrevido (...) (1)
Unos meses después, El Argos del 29 de octubre del mismo año justificó la guerra con el Brasil evidenciando un tono antimonárquico y republicano:
El Brasil, constituido en República, gobernado por los principios americanos, y sin adhesión particular a Europa, es, sí, el complemento de América. De otro modo es un enemigo al que debemos combatir, y cuya empresa algún día será agradecida por los verdaderos brasileños (2).
Otro ejemplo de las opiniones de la prensa de la época nos viene de El
Argentino de Buenos Aires, del 11 de marzo de 1825, que retóricamente se preguntaba:
"¿los brasileros han usurpado la Banda Oriental?" Y se contestaba: "Son
poco más de dos mil hombres los que nos tienen robada una provincia pingüe e
interesante". Exhortando a la guerra y criticando la actitud del gobierno, exclamaba
"Miserable pueblo argentino si no es también capaz de hacer temblar un trono débil,
un Emperador tirano! El pueblo quiere, lo puede. ¡Que lo quieran también sus gobernantes
(3)!"
A su vez, El Piloto de Buenos Aires del 22 de junio de 1825
también afirmaba categóricamente:
Es preciso que el Nacional que sabe que tratamos de una provincia perteneciente a nuestro estado, y no de la Galicia, convenga en que la guerra es necesaria para salvarla del yugo extranjero (...) todo lo que sea dar esperas a la ejecución de una materia tan grave como es la ocupación de un punto que nos pertenece, por un usurpador extranjero, es contrario a los elevados sentimientos que hacen la gloria y el honor de las provincias del Río de la Plata (4).
El Argos de Buenos Aires, 15 de junio de 1825, en Flavio A. García, Los acontecimientos de 1825 en la provincia oriental a través de la prensa rioplatense. Presentación. Selección periodística, tomo I, Montevideo, Publicación de la Comisión Nacional de Homenaje del Sesquicentenario de los Hechos Históricos de 1825, 1976, pp. 211-212.
El Argos de Buenos Aires, 29 de octubre de 1825, en ibid., p. 39.
El Argentino, 11 de marzo de 1825, en ibid., pp. 145-146.
El Piloto, 22 de junio de 1825, en ibid., p. 226.
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