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La guerra fue declarada al Imperio el 1º de enero de 1826. El Congreso -dominado por Agüero y su facción belicista- tomó una serie de disposiciones, entre ellas la autorización al gobierno para gastar hasta dos millones de pesos (ley del 31 de diciembre de 1825) y retener todo el metálico existente en el Banco de Descuentos (9 de enero de 1826); el pedido de presentación de los oficiales retirados, la puesta a disposición del gobierno de Buenos Aires de todas las tropas de las provincias, la orden de internar a los súbditos brasileños a veinte leguas de la costa, y la autorización de las actividades de corso (ley del 2 de enero de 1826).
    Asimismo, el general y ex gobernador de Buenos Aires Martín Rodríguez fue nombrado comandante en jefe con instrucciones de cruzar el río Uruguay y esperar refuerzos en la localidad oriental de San José. El Congreso, a petición del gobierno, nombró brigadieres del ejército de las Provincias Unidas a los orientales Juan Antonio Lavalleja y Fructuoso Rivera. Se colocó en estado de defensa la costa sur de la provincia de Buenos Aires y se encargó a Juan Manuel de Rosas la vigilancia de esta región para evitar un desembarco brasileño.
    Ante la fuerza de los acontecimientos, a comienzos de enero de 1826 el gobernador Las Heras emitió una enérgica proclama donde afirmaba:

El Emperador de Brasil ha dado al mundo la última prueba de su injusticia y de su política inmoral é inconsistente con la paz y seguridad de sus vecinos. Después de haber usurpado de una manera la mas vil e infame que la historia conoce, una parte principal de nuestro territorio; después de haber cargado sobre nuestros inocentes compatriotas el peso de una tiranía tanto mas cruel, cuanto eran indignos y despreciables los instrumentos de ella; después que los bravos Orientales han desmentido las imposturas en que pretendió fundar su usurpación, no solo resiste á todos los medios de la razón, sino que á la moderación de las reclamaciones contesta con el grito de guerra; insulta e invade nuevamente, y con la furia de un tirano sin ley y sin medida reúne cuantos elementos puede arrancar de sus infelices vasallos para traer la venganza, la desolación y la muerte sobre nuestro territorio. (...) Que los pueblos brasileros tengan en nosotros un ejemplo; y que las Repúblicas aliadas vean siempre las banderas de las Provincias Unidas del Río de la Plata flamear á la vanguardia en la guerra de la libertad. (...)
¡Bravos, que habéis dado la independencia á nuestra Patria! Descolgad vuestras espadas. Un rey, nacido del otro lado de los mares insulta nuestro reposo y amenaza la gloria y el honor de nuestros hijos. ¡A las armas, compatriotas! ¡A las armas (1)!"

Esta proclama de Las Heras constituye un documento sumamente interesante pues -como la declaración anteriormente citada del Cabildo montevideano del 29 de octubre de 1823- refleja fielmente la existencia de una idea de comunidad hispanoamericana y de un pasado común virreinal rioplatense, donde el Imperio del Brasil era percibido como el enemigo externo común. Esta idea de pertenencia común a un pasado virreinal e hispanoamericano fue invocada cada vez que Buenos Aires se enfrentó a conflictos donde necesitó conseguir el respaldo del resto de las Provincias Unidas. Rosas, por ejemplo, la utilizó para conseguir la adhesión de los caudillos provinciales en los casos del bloqueo francés y anglofrancés. De este modo, la percepción de un enemigo común permitió a las Provincias Unidas autopercibirse como tales.
    Por otra parte, debe subrayarse que con el inicio de la guerra contra el Imperio de Brasil culminó dramáticamente la "feliz experiencia" de 1820-1824, cuando la provincia y el gobierno de Buenos Aires conocieron la expansión económica y la paz. Esta guerra amenazaba anular los logros económicos, políticos y administrativos de la "feliz experiencia" y, particularmente, destruía el esfuerzo del gobierno del general Martín Rodríguez y su ministro Rivadavia por eliminar el predominio militar tanto en la lista de gastos como en la vida política del Estado porteño. Como señala Halperín Donghi:

Los veteranos del anterior ciclo guerrero salen de sus retiros para revestir sus uniformes; el general Alvear, paria político desde 1815, (...) ve culminar su retorno a la respetabilidad con el cargo de general en jefe del ejército que luchará contra Brasil; tras de él son numerosos los oficiales del período independentista que retornan a la actividad y al goce de sus haberes (2).

El gobierno de Buenos Aires reforzó su ejército en la costa del Uruguay, hizo construir algunas baterías sobre el Paraná bajo la dirección del mayor Martiniano Chilavert, y confió a Guillermo Brown el mando de una pequeña flota, la que se aumentó algunos meses después por una suscripción de los ciudadanos pudientes, entre ellos Juan Manuel de Rosas. Esta última medida resultaba urgente ya que el Imperio dominaba los ríos de la Plata, Uruguay y Paraná, había fortificado la Colonia y la isla de Martín García, y hacía efectivo el bloqueo a través de una escuadra poderosa.
    A su vez y tras la declaración de guerra, el Imperio de Brasil se apresuró a reforzar sus tropas en la Provincia Oriental y declaró bloqueados todos los puertos de las Provincias Unidas. Asimismo, el Imperio preparaba una invasión por la costa sur de Buenos Aires y tenía contactos con algunos caciques de indios hostiles a Buenos Aires desde la última expedición del general Rodríguez. En los hechos, la provincia de Buenos Aires llegaba hasta el río Salado; el resto era territorio indio, los que con sus saqueos eran una constante amenaza. Los contactos entre las fuerzas imperiales y los caciques indios formaban parte del plan brasileño de apoderarse de Bahía Blanca y Patagones y convencer a los indios de que penetrasen en Buenos Aires. De este modo, el gobierno porteño debería distraer hombres y recursos. Al enterarse de la intención del Imperio, el gobierno de Buenos Aires envió a fines de 1825 al coronel Juan Manuel de Rosas para que se trasladase a la costa sur de la provincia de Buenos Aires y se valiese de su influencia sobre los caciques para impedir que éstos se aliasen con los imperiales. La misión de Rosas era urgente, pues las autoridades de Patagones habían apresado a cuatro oficiales que habían bajado de una corbeta imperial ubicada en ese puerto del sur bonaerense. Rosas reforzó las defensas de Patagones, que no pudieron ser vencidas por las fuerzas del Imperio en este frente de la costa sur bonaerense. Rosas finalmente consiguió la promesa de los caciques de que no se aliarían con el Imperio sino que reconocerían la autoridad de las Provincias Unidas, a través de un tratado firmado en diciembre de 1825.
    Salvada momentáneamente la amenaza de invasión imperial en el frente de la costa sur de la provincia de Buenos Aires, a partir de ese momento el teatro de las operaciones terrestres y marítimas quedó circunscripto al ámbito rioplatense, territorio oriental y sur de Brasil.

  1. Proclama del encargado del gobierno de la República de las Provincias Unidas del Río de la Plata, General Juan Gregorio de las Heras, con motivo de la declaración de guerra por el Imperio del Brasil, 3 de enero de 1826, en la Gazeta Mercantil, Buenos Aires, martes 3 de enero de 1826, y citada en Academia Nacional de la Historia, Documentos del Almirante Brown, documento Nº 1, tomo II, Buenos Aires, 1959, pp. 5-6.

  2. Tulio Halperín Donghi, Guerra y finanzas en los orígenes del Estado argentino (1791-1850), Buenos Aires, Ed. de Belgrano, 1982, pp. 165-166.

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