Capítulo 13: Las gestiones del gobierno de Buenos Aires frente a Gran Bretaña durante el conflicto con el Brasil
Frente a los múltiples acontecimientos producidos en el Río de la
Plata entre 1810 y 1816 -entre otros, la Revolución de Mayo, la disidencia artiguista,
los planes de anexión de la Banda Oriental y del Río de la Plata por parte de la corte
portuguesa instalada en Brasil-, el gobierno británico desarrolló una política cuyo
objeto era establecer un equilibrio de fuerzas en la complicada región rioplatense. Desde
antes de que comenzara la guerra entre el gobierno de las Provincias Unidas y el Imperio
del Brasil en diciembre de 1825, el primero había contado con que el conflicto no se
desarrollaría ante la indiferencia británica. Esta percepción, lejos de inclinar al
gobierno de Buenos Aires, encargado de la conducción de las relaciones exteriores por
resolución del Congreso General, hacia el mantenimiento de la paz -objetivo de la
política británica en el Río de la Plata-, lo alentó a aceptar una guerra en el fondo
temida, con la esperanza de que antes de alcanzarse la etapa crítica la presión
británica impondría una solución más aceptable que la que el gobierno imperial estaba
dispuesto a ofrecer a las Provincias Unidas.
El gobierno de Buenos Aires esperaba que Inglaterra favoreciera el
retorno de la Banda Oriental a las Provincias Unidas, contra indemnización al Imperio por
los gastos de ocupación, y que impidiera el empleo del bloqueo como arma de guerra por
parte de los imperiales. En la óptica porteña, el bloqueo, ruinoso para la economía
exportadora rioplatense, afectaba de modo igualmente serio los intereses mercantiles
británicos en la región.
Por otra parte, las esperanzas porteñas respecto de la posibilidad de
reincorporación de la Banda Oriental al territorio de las Provincias Unidas habían sido
alimentadas por el cónsul Parish. Tenían además como fundamento jurídico la previa
intervención británica en las negociaciones de 1811 y 1812, que habían llevado al
retiro de las fuerzas portuguesas del territorio de la Banda Oriental. Asimismo, la
expectativa porteña en cuanto a la posibilidad de que Gran Bretaña impidiese un bloqueo
del Río de la Plata por parte del Imperio se respaldaba en un sentimiento muy compartido
con los círculos mercantiles ingleses de Buenos Aires.
Pero esas esperanzas de Buenos Aires no tomaban suficientemente en
cuenta un elemento clave de la política latinoamericana de Londres: el hecho de que
Brasil fuera el principal mercado de la región para las exportaciones inglesas y a la vez
el país políticamente más estable. Por estas dos poderosas razones, la diplomacia
británica no podía tolerar que la autoridad imperial sufriese humillaciones en su
prestigio que resultasen lesivas para su estabilidad institucional. Por lo tanto, Buenos
Aires no podía esperar de Londres ni una operación naval que levantase un posible
bloqueo brasileño en el Río de la Plata, ni la participación británica en la
concertación de una paz que al integrar la Banda Oriental al territorio de las Provincias
Unidas sacrificara las aspiraciones imperiales. El bloqueo estaba destinado pues a durar
bastante más de lo esperado por el gobierno de Buenos Aires, incluso aunque afectara los
intereses mercantiles ingleses.
Según los datos aportados por H. S. Ferns, el bloqueo decretado por la
escuadra brasileña en el Río de la Plata fue catastrófico en lo tocante a los
embarques. En 1825 habían entrado en puertos de las Provincias Unidas 95 barcos
británicos y habían salido de ellos 85. En 1826 el número de barcos que entraron en
puertos argentinos fue de 7 y en 1827, de 1. En 1826 salieron 23 barcos británicos, todos
ellos durante el período acordado por el almirante brasileño a los neutrales, y en 1827
sólo un barco británico salió de Buenos Aires (1).
No obstante las categóricas afirmaciones de Ferns, luego matizadas por
el propio autor, los efectos del bloqueo y de la guerra misma con el Brasil sobre la
comunidad británica residente en el Río de la Plata fueron variados, desde aquellos
inversores ingleses que perdieron dinero al invertir en títulos rápidamente
desvalorizados del gobierno porteño, hasta los hombres de negocios que como consecuencia
de la guerra diversificaron sus actividades e imitaron la actitud adoptada por sus colegas
mercantiles porteños invirtiendo en ganado, cueros y tierras.
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