Todo estudio sobre la disputa de las Islas Malvinas comienza
indefectiblemente con el tema del descubrimiento. En vista de la importancia que el tema
ha cobrado en ocasiones como sustento para sus reclamos, los países reclamantes presentan
como evidencia absoluta el descubrimiento del archipiélago por tal o cual navegante de su
país. Paradójicamente, los estudios y teorías sobre los posibles descubridores
concuerdan en que es casi imposible determinar con exactitud quien fue su verdadero
descubridor.
Lo que si se sabe es que fueron avistadas por primera vez en el siglo
XVI. No obstante, el misterio es parte del descubrimiento de las islas, donde navegantes
de cuatro países han sido acreditados como los primeros que avistaron las islas.
Semejante controversia no sorperende en razón de lo primitivos que eran los instrumentos
de navegación y la incompleta cartografía empleada por los navegantes del siglo XVI (1).
A partir de la literatura existente es posible elaborar una lista de
las diversas expediciones que unos y otros consideran como descubridoras: 1. Américo
Vespucio (1501/1502); 2. La expedición de Magallanes de 1520; 3. La nave Incógnita
y Alonso de Camargo, 1540; 4. John Davis, 1592; 5. Richard Hawkins, 1594; 6. Sebald de
Weert, 1600 (2). A continuación se explicará cada uno de ellos:
1. En su carácter de primer navegante en visitar el Atlántico Sur,
Américo Vespucci ha sido señalado como el primer descubridor de las islas en el viaje
iniciado en Lisboa en mayo de 1501. En una carta a Piero Soderini, el navegante relató
que habiéndose alejado de la costa de lo que hoy es Patagonia debido a un temporal y
cercano a la latitud donde las islas se encuentran (entre latitud 51°-53° Sur), en medio de la tormenta avistó "una tierra nueva de la
cual recorrimos unas 20 leguas encontrando la costa yerma, sin puerto ni habitantes
(3)". Groussac señala que la costa avistada era en realidad los acantilados de la
Patagonia (4). Pero sus determinaciones geográficas son tan imprecisas y sus noticias tan
vagas que hace imposible una estimación exacta de su itinerario.
Por tal motivo la idea que este navegante fue el primer descubridor carece de sustento
(5).
2. La existencia de cierta cartografía posterior a su viaje ha llevado a algunos a
señalar a Magallanes como descubridor.
Si bien es cierto que su expedición de 1519-1520, "permitió el relevamiento
cartográfico de toda la costa patagónica", este navegante, "no estableció la
geografía ni de Tierra del Fuego, ni las Malvinas (6)". A ello se agrega la ausencia
total de un testimonio del descubrimiento, que no se halla consignado en ninguno de los
diarios de navegación ni en los relatos del viaje. Ello hace poco probable que el
navegante las haya siquiera avistado (7).
3. Tanto Goebel como Destefani señalan como el más probable descubridor de las islas
Malvinas a una nave que el primero bautizó con el nombre de Incógnita, a falta
de su verdadero nombre, que era parte de la armada del Obispo de Pasencia y que estaba
comandada por Francisco Camargo (8). La expedición que tenía por objeto la colonización
de la zona del Estrecho de Magallanes, había zarpado de Sevilla en agosto de 1539. En
enero de 1540 las cuatro naves que componían la armada entraron en el estrecho. Pero
allí sufrieron un temporal, la nave capitana se hundió y la Incógnita se
separó del grupo. En los últimos días de enero, la nave llega a lo que se cree son las
Malvinas. Allí permanecen hasta diciembre, fecha en que reanuda el viaje hacia España.
Posteriormente la cartografía del estrecho que figura en el texto Islario de
Alonso de Santa Cruz, publicado poco después del retorno de la Incógnita (1541)
incorpora dos pequeñas islas situadas aproximadamente a unas sesenta leguas al este y en
línea paralela al Estrecho de Magallanes (9). Esto apoyaría la adjudicación del
descubrimiento a esta nave.
4. Los británicos señalan rotundamente como el verdadero descubridor de las islas a John
Davis. Este marino al mando de la nave Desire, partió de Plymouth el 26 de
agosto de 1591 como parte de una expedición al mando del marino Thomas Cavendish con
destino al estrecho. Por razones poco claras la Desire se separó de la
expedición y empujada por una tormenta, el 14 de agosto de 1592 descubrió las islas
Malvinas (10). Los críticos de este descubrimiento sostienen que el relato se parece
notablemente al Islario antes mencionado, que no se acompaña ninguna
descripción de las tierras avistadas, que los detalles son muy imprecisos y, que el
relato apareció después del regreso a Holanda del navegante Sebald de Weert, quien
fehacientemente avistó las islas (11).
5. Pocos años después que Davis, en junio de 1593, zarpó el corsario inglés Richard
Hawkins en la nave Dainty. Su misión era atacar poblaciones y establecimientos
en el Pacífico. Según su relato posterior, el 2 de febrero de 1594, cuando la nave
alcanzó aproximadamente los 48° S. de latitud, avistaron una
tierra que no figuraba en ninguna carta. En general se le aplican las mismas críticas que
a su predecesor, además del hecho que las Malvinas se hallan más al sur de la latitud
señalada por él (12).
6. Finalmente, le cupo a un navegante holandés el primer avistaje comprobado y no
objetado. Justo en el inicio del siglo XVII, el 24 de enero de 1600, Sebald de Weert al
mando de la nave Geloof descubrió tres islas que bautizó como Sebaldinas en la
latitud 50° 40' S.. Estas islas forman parte del archipiélago
malvinense. El navegante no intentó el desembarco por carecer de botes. El Geloof había
sido parte de una armada de cinco buques al mando del almirante Jacobo Mahu que había
partido de Rotterdam en junio de 1598. Sólo esta nave retornó a Holanda en julio del
1600. De este modo, las islas fueron definitivamente fijadas en las cartas (13).
No terminaron allí los viajes y expediciones a la región. Durante
todo el período hasta 1764, las islas fueron visitadas por marinos holandeses, franceses
e ingleses. Pero nadie ocupó o utilizó las islas de ningún modo hasta que los franceses
lo hicieron en 1764, 172 años después del alegado descubrimiento británico por John
Davis (14). En enero de 1684, otro corsario inglés, William Ambrose Cowley, al mando del Batchelor's
Delight señaló la presencia de unas islas a las que bautizó como Pepys. Fijó su
posición a la altura de los 47° de latitud S., y según su
diario de viaje, ofrecían grandes puertos naturales (15). Sin embargo, William Dampier,
compañero de viaje de Cowley, aseguró que en realidad se trataba de las islas Sebaldinas
(16).
En octubre de 1689, la nave Welfare, bajo el mando de John
Strong partió de Inglaterra con destino al Pacífico vía los Mares del Sud para
incursionar contra los franceses. El 27 de enero de 1690, empujado por los vientos
alcanzó las Malvinas. Al día siguiente, desembarcó para aprovisionarse de focas y
pingüinos. Esta operación produjo el primer desembarco de ingleses en las islas. Strong
descubrió el estrecho que separa a las dos islas principales y le dio el nombre de
Falkland Sound (Estrecho de San Carlos), que luego fue aplicado a todo el grupo de islas
(17). Para Goebel este desembarco no tuvo ninguna consecuencia legal dado que no hubo toma
de posesión formal de las islas u ocupación (18). Más impuertoante aún, Gustafson
señala que no habrá ocupación permanente en los próximos setenta y seis años pero que
quizás el desembarco hubiera dado títulos a Inglaterra si no hubiera habido otras
ocupaciones más impuertoantes (19).
Cabe señalar que a principios del siglo, los franceses enviaron
sucesivas exploraciones a las Islas Malvinas. Reconocieron sus costas y demostraron su
impuertoancia como base para largas navegaciones. Como gran parte de las expediciones
partían de Saint-Maló, las islas fueron bautizadas por los marinos de éstas como
Malouines (20). Recién en 1764, con el establecimiento de los franceses en Port Louis,
comienza la colonización de las islas (21).
Arce, 13-45; Caillet-Bois, 17-23; Destefani, 37-50; Goebel, 1-46; Groussac, 67-99 e; Hidalgo Nieto, 89-149. Esta lista indica los más importantes. La nómina no incluye otros considerados como muy improbables como, por ejemplo, Esteban Gómez, desertor de la expedición de Magallanes (1520); Capitán Pedro de Vera (1526); y la nave San Pedro de la expedición Alcazaba (1535) (Destefani,37).
Goebel transcribe parte de la carta, 3.
Groussac, 72-73.
Hidalgo Nieto, 93-95; Destefani, 38-40.
Goebel, 11
Destefani, 40-41; Goebel, 11-12; Hidalgo Nieto, 95-98.
Destefani, 42-45; Goebel, 17-28. De la nave se conservan fragmentos de su diario de viaje.
Goebel, 29-31.
El relator del viaje, John Jane, escribió ocho años después "...fuimos echados entre ciertas islas nunca antes descubiertas, y de las que ningún relato conocido hace mención..." (citado por Hidalgo Nieto, 102).
Caillet-Bois, 18; Destefani, 46-49; Goebel, 41-42; Hidalgo Nieto, 103-104.
Destefani, 49; Goebel, 35-41; Hidalgo Nieto, 104-107.
Goebel, 44-45; Groussac, 91.
Gustafson, 4 e Hidalgo Nieto, 112.
Cowley asentó en su libro de viaje que había avistado "un isla desconocida, deshabitada, sobre la cual crecen árboles y posee ríos de agua dulce, como también tiene una gran puerto con capacidad para miles de naves". La leyenda de esta hipotética isla Pepys, que en realidad era una de las Sebaldes, persistió hasta fines del siglo XVIII y fue aceptada por navegantes ingleses como Anson y Byron (Arce, 33; Groussac, 94-95).
Caillet-Bois, 20-21; Goebel, 134. Se verá luego que los ingleses persistieron en la creencia de la existencia de la isla Pepys hasta 1764.
Caillet-Bois, 22; Goebel, 135-36; Hidalgo Nieto, 112.
p. 137.
Gustafson, 5.
Cabe señalar que Malvinas, traducción de Malouines, fue el último nombre con el que las islas fueron bautizadas, siendo Sebaldes y Falkland, sucesivamente los primeros (Escudé, 242).
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