Visite nuestra página principal

La inestable situación política peruana se complicaba aún más con la existencia del conflicto entre Perú y Bolivia y las aspiraciones de algunos caudillos de fusionar a los dos países en un mismo Estado peruano-boliviano. Cuando Bolivia fue fundada, Bolívar decidió que tendría su puerto de mar en Cobija, que no sólo se encontraba alejado del Altiplano, sino también de las rutas comerciales tradicionales, que se extendían hasta el puerto peruano de Arica. Para solucionar su problema portuario los bolivianos pensaban ya en la anexión forzada de Arica, ya en la unión política con Perú. Por su parte, los peruanos eran partidarios de la idea de la confederación por razones económicas y de reivindicación histórica: Bolivia, es decir el viejo Alto Perú, había sido parte del virreinato del Perú antes de la creación del virreinato del Río de la Plata. Las motivaciones bolivianas para la unión eran en cambio sólo económicas y por lo tanto (al menos según la apreciación de Burr) más débiles que las peruanas.
    En 1830, cuando Joaquín Prieto se apoderó de la presidencia chilena, tanto Perú como Bolivia tenían gobiernos pro-confederación, pero los generales-caudillos dominantes en cada uno de ellos eran enemigos entre sí y cada cual estaba decidido a convertirse en el jefe único del Estado de la confederación peruano-boliviana, a expensas de su rival. El general Agustín Gamarra, presidente del Perú, y el general Andrés Santa Cruz, presidente de Bolivia, habían sido aliados en la guerra contra España y habían conspirado juntos para expulsar a Bolívar del Perú, pero una vez que lo lograron Gamarra expulsó a Santa Cruz por la fuerza, y desde entonces cada uno había conspirado contra el otro.
    Este es un ejemplo típico de políticas calculadas desde los intereses de los hombres de Estado (tan frecuentes en la América latina, especialmente en esa época). En este sentido, las políticas chilenas durante la época portaliana no podían ser más diferentes, ya que estaban calculadas desde los intereses del Estado: más que al servicio de un determinado caudillo, intentaban servir los intereses de largo plazo del Estado.
    Naturalmente que un requisito indispensable para que pueda ponerse en práctica una política calculada desde los intereses del Estado es que exista un Estado, y es en realidad dudoso que existiese uno en Perú bajo las condiciones de anarquía prevalecientes en esa época. Mientras el peruano Gamarra competía con el boliviano Santa Cruz por el poder en una futura confederación peruano-boliviana, algunos otros caudillos peruanos conspiraban contra Gamarra. En estas circunstancias Chile no podía negociar adecuadamente, y el comercio se perjudicaba.
    No obstante, Chile intentó negociar un tratado comercial que eliminara las tarifas aduaneras para ambas partes. Esto era sin embargo imposible ya que las rentas del gobierno peruano dependían de esas tarifas. Como contrapartida, los peruanos ofrecieron pactar un comercio monopólico del azúcar y el tabaco peruanos, y del trigo y la harina chilenos. Sin embargo, los chilenos temían que esto enojara a los norteamericanos y que eventualmente ese enojo y sus consecuencias volviera a los peruanos contra Chile. Los peruanos querían también un tratado de defensa mutua, pero los chilenos lo entendieron como un intento muy interesado de involucrarlos en una probable guerra contra Bolivia. Por su parte, el gobierno boliviano estaba haciendo ofertas simultáneas al chileno, para ponerlo de su lado en el caso de un conflicto.
    En noviembre de 1831 los peruanos y los bolivianos firmaron un tratado preliminar de paz que desactivó momentáneamente la posibilidad de guerra. Los chilenos insistieron en no verse involucrados, y se negaron a ser garantes del tratado. Su política era en efecto aislacionista, no intervencionista. Según la hipótesis de Burr los estadistas chilenos consideraban a la comunidad de Estados latinoamericanos como un sistema separado del europeo, con intereses defensivos comunes frente a Europa, pero demasiado alejados del centro del mundo como para sufrir una verdadera amenaza extracontinental. El desarrollo económico y la estabilidad política interna eran percibidos como las armas más efectivas contra las eventuales amenazas desde fuera del sistema latinoamericano. Pero entre ellos, los Estados hispanoamericanos eran competidores naturales que no podían unirse, aunque el sueño de unidad fuera utilizado instrumentalmente para negociar tratados comerciales favorables.
    Sin embargo, como hemos visto, las relaciones comerciales no eran fáciles. En febrero de 1832 un decreto peruano declaró que todo el trigo y harina depositado en el Callao sería pesado y trasladado inmediatamente, aun si todavía no había sido vendido. Los chilenos devolvieron el golpe exigiendo que la deuda de la independencia fuera inmediatamente pagada por el Perú. Y como las negociaciones por el tratado comercial no prosperaban, aumentaron a nivel prohibitivo la tarifa del azúcar peruano. Como respuesta, Lima no sólo no pagó sino que duplicó la tarifa sobre el trigo chileno y le agregó una tarifa adicional a todos los bienes que llegaran al Callao vía Valparaíso. El gobierno chileno respondió enviando agentes al exterior para comprar barcos de guerra, y gestionó un préstamo boliviano que el gobierno del Altiplano se negó a conceder argumentando que no podía involucrarse en el conflicto peruano-chileno al no haber aceptado Chile el tratado defensivo propuesto previamente por Bolivia.
    Sin embargo, esta escalada entre Chile y Perú cesó cuando la presidencia de Gamarra llegó a su término y el caudillo peruano fue forzado a abandonar su cargo por su rival local, el general Luis Orbegoso. Inmediatamente, Gamarra se dedicó a la organización de una rebelión que mantuvo al nuevo gobierno de Orbegoso ocupado durante varios meses. Orbegoso estaba ansioso por neutralizar las otras causas de inestabilidad en el Perú, y estaba sometido a las presiones de los productores de azúcar peruanos, que querían nuevamente vender su producción a Chile. Por ello, en 1835 envió una delegación peruana a Chile para firmar un acuerdo.
    Este acuerdo era justamente lo que la dirigencia chilena necesitaba, ya que reducía las tarifas en un 50 por ciento frente a la nación más favorecida siempre que las mercancías fueran transportadas por barcos chilenos o peruanos. Eliminaba también la tarifa adicional pagada por los productos extranjeros provenientes de los puertos de ambos países, asegurando así la supremacía comercial de Valparaíso debido a que los barcos llegaban primero a éste.
    El gobierno chileno ratificó el tratado inmediatamente, pero antes de que el barco que llevaba el acuerdo y la ratificación llegara al Callao una revolución sacudió al Perú. Santa Cruz había renovado sus intrigas, y buscaba la secesión del sur del Perú para anexarlo a Bolivia. El presidente Orbegoso partió con un ejército hacia Arequipa para intentar controlar la situación, pero mientras estaba fuera de Lima otro caudillo rival, el general Felipe Salaverry, se proclamó presidente del Perú. Para colmo, simultáneamente, el general Agustín Gamarra, que había estado exiliado en Bolivia, regresó al Perú con un ejército para intentar recuperar la presidencia. Cada uno de estos caudillos pensaba en sí mismo y en sus intereses personales, que determinaban la política de las diversas fuerzas peruanas en pugna. En estas condiciones, el Perú como tal no existía; era una mera ficción. No solamente no existía una nación; no solamente no tenía sentido hablar de una verdadera "ciudadanía" en ese contexto: tampoco existía un Estado peruano. Para la consternación de los habitantes comunes, ejércitos rivales que vagaban por el territorio los obligaban frecuentemente a obedecer a uno u otro caudillo, a entregarles su hacienda y con frecuencia incluso sus vidas, disfrazando para colmo esa esclavitud con un discurso que apelaba a la vigencia de un deber patriótico presuntamente indiscutible.
    Para Chile, que si bien no era una nación propiamente dicha había alcanzado al menos la organización de su Estado, el problema era con quién negociar. Hacia mediados de junio de 1835 Salaverry parecía controlar la mayor parte del Perú, y por ello el gobierno chileno intercambió ratificaciones con este caudillo, que había desplazado a Orbegoso, el presidente oficial. Pero esta decisión fue desafortunada. El general Santa Cruz, que había establecido un cierto orden en Bolivia formando un ejército disciplinado, y que había conseguido mejorar la economía boliviana, consideró a Salaverry como un enemigo mortal y decidió aliarse a su antiguo enemigo, el ex presidente peruano general Gamarra, para tomar el poder en Lima y unir los dos Estados.
    Con el apoyo de Santa Cruz, Gamarra se proclamó presidente del Perú, pero olvidó que iba a tener que lidiar no sólo contra Salaverry sino también contra Orbegoso, que estaba desesperado en Arequipa y que a su vez intentaba conseguir la ayuda de Santa Cruz contra el mismo Salaverry. Por su parte Santa Cruz percibió el acercamiento de Orbegoso como una gran oportunidad, ya que éste aún conservaba derechos sobre la presidencia legítima del Perú, habiendo sido desplazado por la fuerza por Salaverry. De modo que Santa Cruz traicionó a Gamarra, pactó con Orbegoso, y consiguió que éste lo "invitara" a penetrar en territorio peruano. Con esta maniobra, Santa Cruz pudo invadir Perú sin que nadie pudiera acusarlo formalmente de una invasión.
    Fue así como, apenas diez días después del intercambio de las ratificaciones entre Salaverry y el enviado chileno, Santa Cruz y Orbegoso pactaron la entrada del primero en Perú para derrotar al subversivo Salaverry, y además acordaron que los pueblos del "Norte del Perú" y del "Sur del Perú" elegirían democráticamente su gobierno. Por este artificio se dividió el territorio peruano en dos Estados, con el objetivo de facilitar más tarde la unión de los dos Estados peruanos y el Estado boliviano en una Confederación Peruano-Boliviana.
    Por su parte, al quedar Gamarra abandonado por Santa Cruz se dedicó a la práctica de una política caudillo-céntrica de equilibrio de poder, reagrupándose con su anterior enemigo Salaverry. No obstante, el 13 de agosto ya estaba huyendo de Lima, dejando solo a Salaverry para enfrentar a Santa Cruz. A su vez, Salaverry y sus fuerzas partieron de Lima para entrar en combate con su enemigo. En el trámite, sin embargo, dejaron a Lima indefensa y ésta fue tomada por las fuerzas de Santa Cruz. Como resultado de estos movimientos de ejércitos, Orbegoso pudo proclamarse "Jefe Supremo del Perú" y canceló todas las medidas tomadas por Salaverry, incluyendo el tratado con Chile, que los trasandinos se habían apresurado a ratificar con el caudillo equivocado.
    Al anular el tratado, Orbegoso acusó a Chile de haber reconocido el régimen ilegítimo de Salaverry cuando intercambió las ratificaciones con él. Entre tanto llegaron a Chile los representantes tanto de Salaverry como los de Orbegoso, ambos invocando la representación peruana e ilustrando hasta qué grado el mismo Perú era una ficción. Los chilenos, a su vez, siguieron equivocándose, recibiendo en forma oficial a ambos agentes. ¿Pero qué otra cosa podían hacer?
    La situación peruana permaneció dinámica y anárquica. En febrero de 1836 Santa Cruz aplastó al ejército de Salaverry y ejecutó a su líder, eliminándose así uno de los cuatro caudillos disputantes. Santa Cruz entonces se proclamó "Jefe del Sur del Perú", mientras su aliado Orbegoso continuaba siendo "Jefe Supremo del Norte del Perú" y estaba dispuesto a cooperar en el establecimiento de una confederación, que implicaba que Santa Cruz iba de hecho a gobernar sobre ambos Bolivia y Perú. A su vez, los chilenos se preocuparon por el creciente poder de Santa Cruz, y los ciudadanos más ricos de ese país suscribieron un préstamo secreto para la adquisición de barcos de guerra.

Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.