Visite nuestra página principal

Declarada la guerra, el gobierno chileno designó a José Joaquín Pérez Mascayano como encargado de negocios ante el gobierno de Buenos Aires con el objetivo de proponer una acción conjunta entre Chile y la Confederación. Pérez propuso a Rosas el 3 de febrero de 1837 los siguientes puntos: 1) Que el gobierno de Buenos Aires diera a conocer su terminante oposición al sistema creado por Santa Cruz; 2) que constituyera con Chile una coalición para obtener con las armas garantías de independencia y de seguridad; 3) que celebrara un tratado de alianza ofensiva y defensiva con Chile contra Santa Cruz; 4) que enviase a Chile un ministro o encargado de negocios (1).
    El día 21, el ministro Felipe Arana presentó las bases que a su vez Rosas proponía al gobierno chileno. Estas eran: 1) la guerra debía llevarse contra Santa Cruz y no contra los pueblos dominados por el mariscal; 2) Argentina y Chile evitarían que los parques y arsenales de los estados Norte y Sur peruanos fueran usurpados por Santa Cruz; 3) Tarija debía ser restituida a la Argentina; 4) Santa Cruz debía licenciar su ejército en el Perú y reducir el de Bolivia; 5) Chile debía ser satisfecho por el ultraje inferido a su ministro plenipotenciario Ventura Lavalle y por la agresión de Freire, y debía recibir el pago por los recursos invertidos en la guerra de la independencia; 6) Argentina debía ser compensada por los perjuicios causados por las invasiones promovidas desde Bolivia; 7) debía pagarse a la Argentina por los gastos realizados en favor de la independencia de Bolivia; 8) Bolivia y Perú debían permitir el comercio libre con la Argentina y Chile sobre la base de la cláusula de la nación más favorecida; 9) los límites entre Bolivia y la Argentina serían fijados de manera tal que se evitara en el futuro la expansión de uno sobre el territorio del otro; y 10) ni Chile ni la Argentina firmarían tratados por separado. Pérez respondió inmediatamente objetando los puntos 3, 5, 6 y 7. Rosas por nota presentada el 4 de abril insistió en todos los puntos (2).
    De todos ellos, principalmente la incorporación de la disputada región de Tarija a la provincia de Salta después de la guerra era contraria a los intereses chilenos, ya que su búsqueda de un equilibrio regional requería el retorno al statu quo anterior a la guerra. Dentro de la concepción chilena, Bolivia debía salir de la guerra con fuerza suficiente como para actuar de contrapeso a Perú, no podía permitirse que perdiera territorios. Así, las exigencias de Rosas produjeron un impasse en las negociaciones, finalizando el año de 1837 sin que se hubiera firmado el tratado de alianza. Las tratativas se reiniciaron cuando el gobierno chileno decidió enviar la segunda expedición militar al Perú e intentó que Rosas preparara una fuerza que hostilizara a Santa Cruz en la frontera argentino-boliviana. Nuevamente las condiciones de Rosas para comprometerse a dicha acción, que incluían un pago mensual por parte del gobierno chileno hasta dos meses después de la paz, y armas y municiones para tres mil soldados fueron inaceptables para el representante chileno en Buenos Aires. Además, los fracasos del ejército de Heredia poco después llevaron a Pérez a convencerse de que una alianza con la Argentina no sería conveniente para Chile. Finalmente el 31 de octubre de 1838 Pérez recibía de su gobierno la carta de retiro.
    No obstante, y a pesar de la negativa chilena a aceptar los términos propuestos, Rosas especuló que una amenaza externa consolidaría la unidad argentina. En febrero de 1837 suspendió todas las comunicaciones con Bolivia y en mayo declaró la guerra al "gobierno del general Santa Cruz", acusándolo de interferir en los asuntos internos de la Confederación Argentina y argumentando como los chilenos que Santa Cruz había quebrado el equilibrio de poder de la región.

  1. Enrique M. Barba, "Las relaciones exteriores con los países americanos", en Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862), Buenos Aires, El Ateneo, 1951, vol. VII, 2ª sección, cap. IV, p. 234.

  2. Ibid., p. 235.
Ir a página anterior Home Ir a página siguiente

© 2000. Todos los derechos reservados.
Este sitio está resguardado por las leyes internacionales de copyright y propiedad intelectual. El presente material podrá ser utilizado con fines estrictamente académicos citando en forma explícita la obra y sus autores. Cualquier otro uso deberá contar con la autorización por escrito de los autores.