En la década de 1830 se conformaron dos bloques políticos antagónicos. Por un lado, la Liga del Interior, montada por el general cordobés José María Paz en agosto de 1830 y centrada en las provincias norteñas, y por otro, la Liga del Litoral, generada a través del Pacto Federal del 4 de enero de 1831. El carácter antagónico y excluyente de ambos bloques queda claramente revelado en las siguientes palabras de Facundo Quiroga, caudillo de La Rioja, al cordobés Paz:
Estamos convencidos de pelear una sola vez, para no pelear toda la vida. Es indispensable yá que triunfen unos ú otros, de manera que el partido feliz obligue al desgraciado á enterrar sus armas para siempre (1).
La prisión del general Paz y la derrota de las fuerzas de la Liga del
Interior por parte de Quiroga en la batalla de Ciudadela el 4 de noviembre de 1831
parecían confirmar los deseos del caudillo riojano.
El 2 de diciembre del mismo año, los comisionados por Salta y el
delegado de Quiroga firmaron en Tucumán un convenio por el cual se exigía a Salta un
gobierno de tinte federal. Asimismo, ésta debió pagar los costos de la victoria de
Quiroga en Ciudadela, ya que debía abonar al gobierno de La Rioja "treinta mil pesos
en metálico, catorce mil i quinientas cabezas de ganado de dos años arriba, dos mil
caballos i ochocientos bueyes". Aunque tanto Salta como Tucumán habían sido
responsables de la política de Paz y su Liga del Interior, Tucumán no pagó los platos
rotos debido a la influencia creciente del tucumano Alejandro Heredia, quien contaba con
el visto bueno de Quiroga por su prestigio y vinculaciones con los círculos políticos
del noroeste. Además, Heredia y Quiroga estaban decididos a derribar al nuevo gobierno
salteño de Pablo de la Torre, quien era detestado por sus propios compañeros de causa,
lo que los llevó a coaligarse no sólo para forzar a Salta a pagar una fuerte
indemnización de guerra, sino también para trabar el tránsito de sus productos con
destino a Buenos Aires, a su paso por Tucumán.
La principal beneficiaria de la victoria de Quiroga en Ciudadela fue La
Rioja. Por lo demás, el convenio del 2 de diciembre otorgaba una serie de concesiones a
las provincias cuyanas -entre ellas, la introducción de sus frutos sin pago de derecho
alguno-. Catamarca y Santiago del Estero, sobre las cuales Quiroga ejercía su influencia,
también eran beneficiadas -el gobierno riojano se obligó a entregar 5.000 cabezas de
ganado a cada una de ellas-. Estas concesiones obedecían al deseo de Quiroga de generar
una posición hegemónica en el noroeste.
Pero no sólo Quiroga tenía aspiraciones hegemónicas en el
conflictivo noroeste. También las tenía Heredia. En enero de 1832 éste era electo en
Tucumán. Inmediatamente después de asumir el mando, el nuevo gobernador se preocupó por
sellar relaciones con los gobiernos de Catamarca y Santiago del Estero. En la última
provincia había recuperado el poder el caudillo federal Felipe Ibarra, quien lucharía
por mantener la autonomía de su gobierno hasta su muerte producida en 1851. El 28 de
febrero de 1832, Adeodato de Gondra y Juan Bautista Paz, ministros secretarios de gobierno
de Santiago del Estero y Tucumán respectivamente, firmaron un tratado de alianza y
amistad por el que las partes quedaban obligadas a auxiliarse mutuamente para sofocar las
reacciones contra la autoridad constituida y a no admitir "que en una ni otra
provincia, se asilen los principales gefes que por tantos años han fomentado el germen de
la discordia en la República, y particularmente entre ellos", ni persona alguna que
como agente público o secreto trajera el objeto de convulsionar el país. Estas medidas
se dirigían a los vencidos en Ciudadela, quienes desde Bolivia amenazaban la estabilidad
de los nuevos gobiernos erigidos en el noroeste. En especial, el tratado entre Santiago
del Estero y Tucumán procuraba anular al ex gobernador tucumano residente en Bolivia,
general Javier López, cuyo retorno preocupaba precisamente al ahora gobernador Heredia
(2).
La premura de Heredia por firmar un tratado con Santiago del Estero y
Catamarca, vital para las apetencias hegemónicas del tucumano en el noroeste, contrastó
notoriamente con la lentitud del gobernador tucumano en ingresar al Pacto Federal de enero
de 1831. Este contraste demostraba que la adhesión de Heredia a la Liga del Litoral no
era espontánea, y que su sujeción a la autoridad de Rosas no estaría exenta de
asperezas (3).
Gabriel Antonio Puentes, Juan Felipe Ibarra, 1828-1832, Universidad Nacional de Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Históricas, Buenos Aires, 1944, p. 54, en ibid., p. 28.
Ibid., pp. 36-37.
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