No obstante, durante mucho tiempo Jujuy y Salta continuaron siendo un
obstáculo para las ambiciones de Alejandro Heredia. Esta situación pudo haber
contribuido a acrecentar las aspiraciones territoriales del gobierno boliviano. Así, tras
las breves (nuevas) gestiones de los gobernadores unitarios Quintana en Jujuy y Fernández
Cornejo en Salta, las fuerzas del destituido Medina, sumadas a las de los federales
salteños y tucumanos, marcharon sobre Salta y Jujuy, derrocando a ambos Cornejo y
Quintana en marzo de 1836. Con esta victoria, Heredia fue proclamado "Protector"
de Jujuy, Salta y Catamarca. El año 1836 resultó así clave en la cristalización del
poder hegemónico tucumano. Los nombramientos de Felipe Heredia y Pablo Alemán en Salta y
Jujuy aseguraban la preponderancia de Alejandro Heredia.
Es más: Heredia logró revertir la opinión del propio gobernador
santafesino Estanislao López, hasta ese momento en su contra, y consiguió el respaldo a
sus planes respecto de Bolivia por parte de un Rosas cada vez más ocupado en la cuestión
oriental y sensibilizado por ciertos informes de Juan Correa Morales, su agente en la
Banda Oriental y representante ante Oribe. Hacia marzo de 1836 Morales opinaba que los
"unitarios" estaban interesados en la caída de Oribe, porque confiaban en que
su sucesor adoptaría una postura hostil hacia Rosas. Morales señalaba también que no
debían desdeñarse los rumores que corrían sobre las conexiones entre los
"unitarios" de la Banda Oriental y el presidente boliviano Andrés Santa Cruz
(1).
Convencido de la existencia de la conexión entre los residentes
antirrosistas en distintos países limítrofes, Rosas comenzó a otorgar mayor
consideración a los reclamos de Alejandro Heredia. En marzo de 1836, el gobernador
delegado de Tucumán solicitó a Buenos Aires un empréstito de $3.000 plata para
solventar el erario provincial, agotado tras la campaña contra Javier López y las
expediciones en Salta y Jujuy. Rosas no sólo envió el capital solicitado, sino que
asignó a Alejandro Heredia otros $ 100.000 sin cargo de devolución y le ofreció los
artículos de guerra que pudiera "para estar prevenido por si llega el caso"
(2).
No obstante, la hegemonía federal en el noroeste, que parecía
momentáneamente asegurada, tenía sus fisuras. Prueba de ello era la carta que el 27 de
abril de 1836 dirigiera el general jujeño Pablo Alemán al gobernador de Buenos Aires,
mencionando las serias dificultades con que tropezaba para establecer la vigilancia de la
Puna y de la frontera con Bolivia, donde el gobierno boliviano apoyaba a los elementos
unitarios que trabajaban activamente para generar discordias en la provincia de Jujuy.
Inevitablemente, se acercaba la guerra del gobierno de Rosas contra el
del mariscal Santa Cruz, aunque el peso de este conflicto lo cargarían en primer lugar
Chile, y en segundo lugar los caudillos norteños. El noroeste continuaba siendo escenario
de incursiones del gobierno boliviano, que se sucedieron en el resto del año 1836. En la
Puna, el caudillo y funcionario boliviano Mariano Vázquez se armaba para atacar
territorio jujeño, plan que finalmente concretó el 26 de agosto de 1836 con fuerzas de
Mojo, Talina y Tupiza. En septiembre las fuerzas bolivianas otra vez violaron la frontera
de la Confederación Argentina en persecución del coronel boliviano Arraya, quien había
huido a sus propiedades ubicadas en territorio norteño. En diciembre llegó a la frontera
el general Carlos Medina Celi con el título de jefe de vanguardia, enviado por el
gobierno boliviano para organizar las fuerzas que combatirían contra las de la
Confederación Argentina. Ante las provocaciones del régimen de Santa Cruz, el gobernador
Pablo Alemán viajó en diciembre de 1836 a la Puna jujeña, y junto al teniente de
gobernador de aquella región, coronel Mariano Boedo, colocó avanzadas en los puntos
accesibles a Bolivia. Por su parte, el gobernador de Salta, Felipe Heredia, decidió
guarnecer Iruya, Santa Victoria y Orán. Las hostilidades iban in crescendo, por lo
que la guerra era sólo cuestión de tiempo.
Ver Juan Correa Morales a Felipe Arana, Montevideo, 14 de marzo de 1836, Enrique Arana (h.), "De nuestra Historia Diplomática. Contribución a su estudio. El Doctor Felipe Arana, ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación (1835-1852)", Estudios, Año XXII, tomo XLVIII, Nº I, Academia Literaria del Plata, Buenos Aires, 1933, pp. 59-61, en N. L. Pavoni, op.cit., p. 172.
Oficio de Alejandro Heredia a Juan Manuel de Rosas, 13 de julio de 1836, en ibid., p. 172.
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