Pero no sólo los pueblos del Norte deseaban terminar con
la guerra. Hacia 1838 el presidente boliviano, mariscal Andrés Santa Cruz, intentó un
nuevo acercamiento con el gobierno de la Confederación Argentina. Temeroso de los
preparativos del ejército chileno en su contra, consciente de las dificultades
financieras que atravesaban las provincias norteñas para costear la guerra y conocedor
del temperamento relativamente accesible de Heredia, el presidente boliviano buscó el
acercamiento con el gobernador tucumano. La negociación fue iniciada a través de una
carta del propio Santa Cruz a Alejandro Heredia, del 5 de junio de 1838. Santa Cruz apeló
en esta ocasión a la inclinación de Heredia en favor de la rápida resolución de una
guerra demasiado costosa para esas provincias, señalando además la ventaja de retornar a
la paz y proporcionarse ventajas recíprocas. Dispuso además el presidente boliviano el
envío del general en jefe Otto Braun para tratar de concertar la paz con Heredia.
El gobernador tucumano recibió las propuestas bolivianas de paz con
una actitud que oscilaba entre la desconfianza y la esperanza de arribar a un acuerdo.
Así se lo hizo saber Heredia al general Juan Bautista Paz:
Cada día apuro más a los enemigos y si quieren la paz ha de ser ésta conforme a los intereses de la República. Santa Cruz, para que haga tratados con él, me enamora, me hace ofertas pomposas, mas yo soy picarillo que no creo en ofertas, mas ellos están apurados y puede ser que me cumplan lo que me prometen, mas de ello sea lo que fuere yo me atengo a las tropas y al espíritu de ellas (1).
Pero las negociaciones entre Heredia, Braun y Santa Cruz no llegaron a
feliz término. La designación de Napoleón Bonetti como representante del gobierno
boliviano para cerrar las negociaciones de paz destruyó la posibilidad de acercamiento.
Bonetti era un parlamentario boliviano procesado en la Confederación Argentina por
traidor y criminal, fugado a Bolivia para eludir la acción de la justicia, y lo que era
más grave, traía bajo su brazo un plan para alterar el orden político en las provincias
norteñas. Heredia no reconoció la inmunidad parlamentaria de Bonetti, que fue
encarcelado como espía y puesto a disposición del gobierno de Buenos Aires el 21 de
agosto de 1838 (2).
Pronto el general en jefe Braun reclamó la libertad de Bonetti,
añadiendo que su encarcelamiento le daba autorización al gobierno boliviano para
reanudar las hostilidades. El 19 de octubre de 1838 Braun recibió la contestación de
Heredia señalando que Bonetti no era un parlamentario, sino un criminal que se había
presentado en el territorio de la Confederación para ser juzgado por los delitos
cometidos.
Las pretensiones de Santa Cruz estaban sin duda sustentadas por sus
éxitos militares frente a las provincias del Norte. Por cierto, en el interior de esas
provincias las derrotas militares de los ejércitos de la Confederación Argentina
comandados por Heredia abonaron el terreno para una progresiva campaña de descrédito
político contra el Protector del Norte, campaña que logró adherentes no sólo entre los
elementos unitarios sino también entre muchos de los antiguos partidarios de Heredia.
Finalmente, el 12 de noviembre de 1838, acompañado por un grupo de jefes militares, el
coronel Gavino Robles asesinó a Heredia en Lules. La Sala de Representantes de la
provincia de Tucumán hizo conocer a Rosas lo ocurrido, presentándolo como un crimen
producto de un plan terrorista gestado por Santa Cruz.
Con el asesinato de Alejandro Heredia se derrumbó toda la estructura
de poder que éste había montado en las provincias norteñas. En Salta, Felipe Heredia ya
se enfrentaba a graves problemas. El 26 de octubre de 1838, ante la negativa marcha de la
guerra contra Santa Cruz y la creciente presión de los elementos unitarios, su delegado
debió ordenar la clausura de la Legislatura provincial. Poco después, el asesinato de su
hermano y principal sostén político quitó a Felipe el escaso margen de maniobra que le
restaba. El 10 de diciembre de 1838 la Legislatura de Salta eligió como nuevo gobernador
de la provincia a Manuel Solá Tineo.
A la vez, el 20 de noviembre de 1838 la guarnición militar de la
ciudad de Jujuy se rebeló contra el gobernador Pablo Alemán, reunió al pueblo en la
Sala Capitular y dispuso la renuncia y prisión de Alemán. Sin el auxilio de los hermanos
Alejandro y Felipe Heredia, Alemán nada pudo hacer. Acto seguido, se designó como su
sucesor al coronel José Mariano Iturbe. Por su parte, en Tucumán luego de mediar un
breve lapso de gobernadores provisorios asumió la magistratura provincial Bernabé
Piedrabuena. Ninguno de estos gobernadores gozó de la consideración y apoyo de Rosas;
fueron considerados proclives al unitarismo o por lo menos no dignos de confianza.
Archivo General de la Nación, Secretaría de Rosas 5. 29. 1. 4, en C. Basile, op. cit., tomo I, p. 249.
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