El gobernador de Salta, Manuel Solá, decidió resolver la situación
por su propia cuenta apelando a una negociación autónoma con el gobierno boliviano,
dejando de lado al encargado de las relaciones exteriores. Según expresa Remedi, Solá
participó de un doble juego político donde al mismo tiempo que aseguraba a Rosas que no
se apartaría de su autoridad, enviaba en diciembre de 1838 al doctor Tedín a Tucumán y
a Santiago del Estero para que acordara con sus respectivos gobernadores las bases de un
armisticio con Bolivia (1).
En Tucumán la misión fue bien recibida por la población, en especial por
el círculo que rodeaba al gobernador Piedrabuena, pero éste supeditó su decisión
definitiva a la opinión de Felipe Ibarra, convencido de que la postura de Santiago
marcharía de acuerdo con la de Salta (2). Por su parte, Ibarra recibió al enviado Tedín
y, aunque se hizo eco de sus preocupaciones ante una posible invasión desde territorio
boliviano, optó por no adoptar medida alguna sin consultar previamente al encargado de
las relaciones exteriores. Consecuentemente decidió el envío de un chasqui a Buenos
Aires para conocer la posición de Rosas sobre el tema y las medidas a adoptar. En una
comunicación al gobernador de Buenos Aires del 19 de enero de 1839, Ibarra informaba
acerca de la misión Tedín y reclamaba con urgencia una respuesta. El tono audaz de la
misma revelaba tanto su estado de preocupación por la guerra, como las presiones a las
que se veía sometido a manos de los demás gobernadores del noroeste:
(...) espero que Ud. haciendose cargo de nuestra posicion y estado de ansiedad y peligros que muy de cerca nos amenaza, en el termino de un mes contado desde la fha á mas tardar, se sirva decirme cuanto debemos hacer para salvar la Patria; pues en el caso de seguir en su silencio me vere en la forsosa precisión de decir á los Gobiernos que están a la vanguardia que adopten las medidas que estimen convenientes y que sean mas conformes á salvar el honor y la dignidad de la Nación (...) (3).
La posición de Ibarra oscilaba entre su fidelidad a Rosas y las
pretensiones de sus pares de las provincias norteñas. Así, el santiagueño, mientras
aguardaba la respuesta de Buenos Aires, acordó con Tedín -y por su intermedio con los
gobiernos de Tucumán y Salta- una serie de artículos que constituirían, de ser viable,
la base de un armisticio con Bolivia. Estos artículos llegaron luego a manos del
gobernador de Jujuy Iturbe, vía Ibarra. El primero se expidió positivamente sobre ellos
salvando algunos defectos que podrían corregirse (4).
Manuel Solá, mientras tanto, deseaba finalizar el conflicto con
Bolivia cuanto antes, presionado por el fuerte sector de comerciantes salteños que
ansiaban reanudar las relaciones comerciales con aquel país. A la vez, la situación
interna de Bolivia brindaba a Solá la oportunidad de lograr el acuerdo tan esperado. La
contracara de la guerra revelaba a Santa Cruz en una posición progresivamente
desfavorable debido a dificultades político-militares y a los crecientes deseos del
general boliviano José Miguel de Velasco por finalizar la guerra con la Confederación
Argentina. De hecho, éste fue más allá de los buenos deseos e intentó negociar por
separado la paz con el gobierno de Salta.
Velasco se dirigió a Solá, el 16 de enero de 1839, "con el
objeto de indagar en la fuente misma la opinión que se dice general en esos pueblos sobre
el restablecimiento de las relaciones de amistad y buena inteligencia que reinaban entre
ambas Republicas". Pretendía sondear así el estado de ánimo de las provincias del
norte para el restablecimiento de "las relaciones de amistad y comercio" que
habían sido interrumpidas (5). Poco después Solá comunicaba a Ibarra que estaban
llegando a Salta los oficiales retenidos poco antes como prisioneros en Bolivia y que
traían mensajes de Velasco donde manifestaba estar autorizado para tratar con los
argentinos (6).
Clemente Usandivaras fue el encargado de llevar la propuesta boliviana
a los gobernadores de Salta, Jujuy y Tucumán. La propuesta expresaba:
(...) 1a Que se restituiría á la Republica sin indemnización alguna todo el territorio qe habia perdido en la presente guerra.
2a Que si el Gobno de Bs Ays ó algun otro pretendia invadir á las Provas contratantes, el Gobierno de Bolivia les suministraria una suma mensual de dinero y todas las armas, municiones y demas auxilios que jusgase necesario para defender y resistir.
3a Que el Gobno de Bolivia no se referiria jamas en los negocios politicos de estas provas ni directa ni indirectamente aun que deseaba vivamente verlas constituidas bajo alga forma.
El Sor Gral Velasco agregó que desearia subscribiesen á este tratado no solo las provincias mencionadas, sino tambien las demas de la Republica y muy especialmente las de Snto, Rioja y Catamarca; y que rogase á los Gobernadores de las Provincias instasen con este fin á las segundas asegurandoles que se hallaba dispuesto á hacer concesiones mayores todavia á fin de terminar una guerra tan funesta pa ambos paises (...) (7).
Como queda claro, la propuesta tenía por objero ganar el favor de las
provincias del norte incluyendo a aquéllas a las cuales no se les había remitido ésta
en forma directa, como Santiago del Estero, La Rioja y Catamarca. Quedaba explícita
además la intención de garantizar a dichas provincias su defensa en caso de que Buenos
Aires adoptara una actitud hostil frente al acuerdo. Poco después Velasco invitó a
Manuel Solá a una entrevista para negociar la finalización de la guerra, que como
veremos no llegaría a concretarse.
En tanto todas las provincias coincidían en el deseo de lograr la paz,
no había unanimidad en cuanto a los métodos para lograrla. La cuestión se debatía en
el punto de si había que hacerlo a través del encargado de las relaciones exteriores o
prescindiendo de él. En el caso de Tucumán, Salustiano Zavalía, entre otros miembros
del círculo directo del gobernador, era de la idea de concretar la paz pasando por alto a
Rosas (8). Se fundaba en que el poder conferido al Restaurador era accidental y no basado
en principio constitucional (9). Sin embargo, tanto Zavalía como el gobernador
Piedrabuena entendían que era esencial ganar primero a Ibarra para consolidar la
posición del norte en caso de desencadenarse un conflicto con Rosas: "lo que nos
resta solamente es reducir á nuestras ideas á nuestro comun y apreciable amigo el señor
Ibarra. Es muy importante que éste señor tome parte en estos negocios (...)" (10).
Así, Zavalía escribía a Ibarra el 27 de enero argumentando a favor del pacto con
Velasco, acompañándole una copia de la exposición de Usandivara (11).
Por su parte, Ibarra adoptó una posición en principio vacilante y
luego abiertamente inclinada a Rosas. Desde diciembre de 1838, cuando recibiera la misión
Tedín, el gobernador santiagueño se había hecho eco de los reclamos y preocupaciones de
las provincias del norte ante Rosas. Mantenía de esta manera una abultada correspondencia
con el Restaurador, la que entre otras cosas pretendía ganar su apoyo decidido o al menos
una respuesta clara para resolver el conflicto con Bolivia (12). En la mencionada nota del
19 de enero, Ibarra, asumiendo una actitud bastante riesgosa, había emplazado al
Restaurador para que brindara las pautas a seguir respecto de la cuestión de Bolivia.
Después de un largo silencio, el 18 de marzo de 1839 Rosas remitía un
oficio a Ibarra donde evadía expresar su postura respecto de la paz con Bolivia, y sólo
hacía referencia a la cuestión Cullen para pasar luego a llamar la atención del
gobernador santiagueño por su actitud atrevida y conminatoria del 19 de enero:
"(...) Entre tanto, permitame decirle lo que me ha dolido el apuro que V. me ha
señalado. Es preciso que sepa V. que si mas no hago es porque mas no puedo (...)"
(13). Pero para cuando esta carta llegara a Santiago, Ibarra ya se había decidido por la
adhesión al Restaurador, al menos en lo que a las relaciones exteriores con Bolivia se
refería.
La decisión de Ibarra frente a la propuesta de Velasco fue puesta de
manifiesto en su oficio al gobernador Solá del 30 de enero de 1839. En éste Ibarra
descalificaba el poder que pudiera tener Velasco para negociar con la Confederación
Argentina, poniendo luego en duda sus sanas intenciones de paz y amistad:
(...) De que modo se presenta el Gral Velasco? Dirigiendo á Ud. una comunicación Oficial, en que asegura que se halla autorizado en bastante forma, para ajustar tratados con los Gobernadores de las Provas Argentinas; sin advertir que estos Gobernadores jamas han entrado por si mismos ni pueden entrar en transacciones diplomáticas de ninguna clase, sino por medio del Gobno aquien unanimemte han encargado la dirección de sus Relaciones Exteriores y de la guerra contra el Tirano Santa Cruz. Si el Sor Velasco aora no se dirige a él, tendremos razon para creer que el verdadero objeto de sus instrucciones, no es proporcionarnos la paz sino fomentar la discordia entre los Gobnos Argentinos (...) (14).
Asimismo Ibarra dejaba en claro que la opinión de Salta no era representativa de la voluntad nacional:
(...) Y de cuando acá la fuente de opinion Argentina está unicamte en Salta? Por que no se ha dirigido a otras fuentes que las hay en cada Prova? Por que no ha consultado también a la de Jujuy que la tiene mas cerca? Y cómo un Gobno nuevo y naciente como el actual de Salta que apenas empieza a relacionarse con los demas Confederados, puede presentar al Gral Velasco el verdadero esta- do de la opinion pública en todos los pueblos Argentinos? (...) (15).
De esta manera, la política de Ibarra en principio vacilante fue
definiéndose a favor de Rosas. El fracaso de los movimientos contra Manuel López en
Córdoba, el malogro de la misión Doubué y la prisión de Cullen terminaron por diluir
cualquier pretensión de rivalizar con Rosas o su política.
Las negociaciones que impulsara Solá quedaron de este modo truncas.
Cuando Solá recibió la contundente respuesta de Ibarra optó por no acudir a la
entrevista. Evidentemente Felipe Ibarra constituyó un obstáculo a la iniciativa de los
gobernadores de Salta y Tucumán para negociar la paz con Bolivia evitando la
participación del encargado de las relaciones exteriores (16), pero seguramente la
noticia de la derrota boliviana en Yungay, que habría llegado en esos días, también
quitó urgencia a la negociación. Poco después, el pronunciamiento de Velasco y su
ejército en contra de Santa Cruz y la independencia efectiva de Bolivia de la
Confederación Peruano-Boliviana (febrero de 1839) permitieron establecer una nueva
negociación entre Salta y Bolivia. En esta oportunidad, Solá cansado de tanta
indiferencia por parte de Rosas, no aguardó su beneplácito para reanudar las
comunicaciones con el país vecino (17).
Fernando Javier Remedi, Salta en la coalición del Norte, inédito, 1996, p. 1.
Ibid., p. 9. Ver carta de Bernabé Piedrabuena a Manuel Solá, 30 de diciembre de 1838:
(...) su apreciable enbiado el Dr. Tedín pasa hoy á Santiago, después de haber encontrado a su Primo, y la opinión general de este pueblo en perfecta armonia con el deseo y proposito de V sobre el armisticio. Sin embargo hé advertido al Señor Tedin que someto mi dictámen en todo al de nuestro amigo el Gefe de Santiago; por que no dudo que esto será conforme con su modo de pensár. Le he dicho tambien que si el Sñor Ibarra no tuviere á bien encabezar este negociado con el Gefe boliviano; el indicado por la situación geografica de esa provincia es Ud (...).
En Manuel Solá (hijo), La Liga del Norte contra Rosas, 1839-1840, Salta, 1898, p. 70.
C. Basile, op. cit., tomo II, p. 243.
Fernando Javier Remedi, Jujuy en la Coalición del Norte, inédito, Córdoba, 1996, p. 20. Ver nota original de José Mariano Iturbe a Manuel Solá, 24 de enero de 1839, en M. Solá (h.), op. cit., p. 74.
C. Basile, op. cit., tomo II, p. 219.
F.J. Remedi, Salta en la..., op. cit., p. 10. Ver texto completodel Oficio de Solá a Ibarra, 19 de enero de 1839, en C. Basile, op. cit., tomo II, p. 215.
C. Basile, op. cit., tomo II, p. 232.
F.J. Remedi, Salta en la..., op. cit., p. 11.
(...) La medida de concertar la paz
es legal, sin la intervencion del Restaurador. Las atribuciones que tiene para hacer la
guerra y la paz no se oponen á que las provincias del norte hagan para si solas esta
convencion. Este poder del Gobierno de Buenos Ayres no es un poder constitucional, que
esencialmente le corresponda; es una facultad accidentalmente conferida por las provincias
en dispersion (...). Los poderes de dirigir los negocios de paz y guerra, pertenecen
esencialmente á las provincias, mientras permanecen independientes de una autoridad
nacional comun: el Gobierno de Buenos Ayres los tiene prestados (...). (Tucumán, 26 de
enero de 1839).
Extraído de M. Solá (h.), op. cit., p. 79.
Ibid., p. 78.
C. Basile, op. cit., tomo II, pp. 227-233, apéndices 82 y 83.
Según un oficio que enviara Ibarra a Rosas, el 9 de abril de 1839, Ibarra había enviado sucesivas notas sin obtener respuesta. Las notas que se citan tienen fecha de: 14 y 17 de noviembre, 3 y 28 de diciembre de 1838, 19 de enero, 3 y 25 de febrero de 1839. Ibarra reclama expresamente el silencio de Rosas llegando a decir que
no puede menos que preguntar si existe a la cabesa del gobierno de esa provincia el Excelentísimo Señor Dn Juan Manuel de Rosas á cuya persona y no á otra le encomendó la de Santiago por su parte la dirección de las Relaciones Exteriores; o si por algun accidente los enemigos de la Confederacion Argentina han interceptado todas las comunicaciones para tener á los pueblos en discordancia y arrastrarlos a una completa dislocacion (...).
Extraído de A.H.P.S.E., Correspondencia, legajo 1838-1839, carpeta 121, sin foliación.
Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, Revista de la Biblioteca Nacional, tomo V, Nº 17, 1941, p. 105.
C. Basile, op. cit., tomo II, p. 235, apéndice 84.
Ibid., p. 236, apéndice 84.
F.J. Remedi, Salta en la..., op. cit., p. 13.
Ibid., pp. 13-16.
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