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La derrota de Santa Cruz en la guerra produjo una serie de revueltas internas que determinaron su caída. Fue reemplazado por el general José Miguel Velasco y éste a su vez fue derrocado por el general José Ballivián en junio de 1841. Una convención reunida en Sucre en 1843 nombró a Ballivián presidente y aprobó una constitución, de características autocráticas. Sin embargo, a pesar del cambio de gobierno en Bolivia las relaciones entre el país del Altiplano y la Confederación Argentina siguieron siendo poco cordiales, ya que los emigrados argentinos influían el ánimo del nuevo presidente en contra de Rosas. Entre estos emigrados se puede mencionar a Félix Frías (secretario de Lavalle, empleado en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia y maestro del hijo de Ballivián), a Domingo de Oro y a Bartolomé Mitre (ambos de gran influencia en el periodismo boliviano). Más aún, Mitre fue el jefe de artillería del nuevo presidente de Bolivia y el organizador del Colegio Militar de ese país, demostrando otra vez en qué medida no existía en la época un verdadero concepto de nacionalidades diferenciadas entre los nativos de estos Estados limítrofes. La influencia local de estos emigrados era tan grande que La Epoca, el primer diario boliviano, nació el 1º de mayo de 1845 bajo la redacción de Domingo de Oro, Bartolomé Mitre, Benjamín Villafañe y Félix Frías. El periódico se destacó por su continua campaña en contra de Rosas.
    Por cierto, el involucramiento del gobierno boliviano en las luchas internas de las provincias norteñas quedó probado en numerosas oportunidades. Una nueva correría realizada el 21 de septiembre de 1845 llegó a ocupar el pueblo de Yavi y tuvo entre los atacantes la figura de Gabino Robles, uno de los asesinos de Alejandro Heredia. Otra tentativa unitaria con apoyo boliviano fue la de octubre del mismo año a las órdenes de los emigrados coroneles Anselmo Rojo y Juan Crisóstomo Alvarez, y del ex gobernador de Jujuy Roque Alvarado, expedición que contaba con la participación del teniente boliviano Juan Manuel Araya. Esta expedición tenía por objetivo derrocar al gobernador de Jujuy Iturbe y a sus ministros de gobierno, además de fusilarlos. Contaba con 60 bolivianos (30 de infantería y 30 de caballería) y 24 coraceros de la Confederación Argentina (1).
    Las mencionadas incursiones promovidas desde el altiplano llevaron al ministro de relaciones exteriores Felipe Arana a dirigirse a su colega boliviano el 11 de diciembre de 1845 reclamando por la participación del gobierno de éste en las mismas, en los siguientes términos:

El infrascripto por orden del Escmo Sr Gobor adjunta a V.E. pa un conocimto copia de la reclamacion dirigida al Escmo Gobno de la Repca de Bolivia por las repetidas incursiones que desde allí practican sobre el territo de la Confedon los Salvages Unitarios emigrados abusando del Dro de asilo que les ha dispensado y egecutandolas con el ausilio y cooperacion de gefes, oficiales y soldados Bolivianos, y de las autoridades subalternas de esa Repubca y por varios otros incidentes ofensivos y desagradables y que en la citada declaración se detallan (2).

Un año más tarde, el 11 de diciembre de 1846 Arana reiteró estas denuncias. Enumerando cargos concretos, se remontaba a 1842, fecha de la invasión del emigrado Florentino Santos. Arana se quejaba del respaldo del gobierno boliviano en 1844 a la publicación por parte de los emigrados argentinos del libelo "Rosas y el Gral. Ballivian"; de la campaña de desprestigio emprendida por estos emigrados y canalizada desde el periódico La Epoca, y por haber reconocido el presidente boliviano al emigrado argentino Wenceslao Paunero como agente confidencial del gobierno de Montevideo. Respecto de este último, Arana exigía:

el juicio y ejemplar castigo del Salvaje Unitario emigrado Argno Paunero, espeliendolo del territorio Boliviano sin que sea acepcion la calidad de ser Agente Diplomático de un Gobierno sin nacionalidad, y notoriamente traidor a la causa de la Indep.a americana (3).

Arana mencionaba también el asunto Guilarte y el poco respeto a la neutralidad proclamada por el gobierno boliviano en el bloqueo anglofrancés que sufría Buenos Aires. La actuación del general Eusebio Guilarte, acreditado por Ballivián ante el gobierno de la defensa de Montevideo, figuraba entre las numerosas acusaciones de complicidad del presidente boliviano con elementos enemigos de Rosas. Guilarte hostilizaba a Rosas a través de la prensa de Montevideo, por lo que Rosas decidió no reconocer a Guilarte en caso de presentarse éste en Buenos Aires. Incluso, el 21 de octubre de 1846 el representante boliviano envió desde Montevideo una carta a Urquiza expresándole sus deseos de entablar relaciones entre el gobierno de La Paz y la provincia de Entre Ríos. La mera existencia de esta carta es un dato significativo, en tanto fue enviada desde Montevideo, uno de los focos más importantes de resistencia a Rosas, y a un destinatario como Urquiza, que en agosto de 1846 había firmado con Madariaga los irritantes Tratados de Alcaraz (4). Por todos estos motivos, Arana expresaba en la mencionada carta de diciembre de 1846:

Fácil será á V.E. apreciar este aserto, al recordar la acquiescencia de su Gobierno sobre la anti-Americana conducta de su agente el Sr. General Dn. Eusebio Guilarte durante su residencia en Montevideo, apoyando y agitando publicamte esa escandalosa intervon (...). Apenas le ha reprochado V.E. lo prematuro de su conducta al tomar en las cuestiones que provoca la interveon Europea en el Rio de la Plata, una participacion mayor y mas directa de lo que le permitia y marcaba su caracter de agente diplomático, destinado al Imperio del Brasil (...) el Escmo Gobno. de Bolivia, en vez de una absoluta explícita reprobacion; en vez de ser consecuente con esa politica de neutralidad que proclama (...) sólo se reservó tomar en la debida consideracion esos fundamentos y graves intereses que su agente presentaba á su consideracion como poderosos para la cooperacion de esa misma cruel intervon Europea (...) Ni es esto sólo. Cuando ese mismo agente participaba al Escmo Gbno. de V.E. la publicacion que habia mandado hacer en Montevo de la ley publicaba en Bolivia destinando ciertas gratificaciones a los primeros buques, que con violacion del Territorio de esta Repca, se internasen por sus rios hasta la de Bolivia, las ofertas del Salvage Unitario Lafone para cooperar a este fin (...) apareciendo animado de iguales sentimtos respecto de las Provas Argentinas Paraguay, Corrientes y Entre-Ríos; se vio con no menos penosa sorpresa, que el Escmo Gbno. de Bolivia alentaba del modo mas injusto una hostil empresa por la que este estrangero se proponia violar el territorio Argentino, despachando un buque al efecto, y le manifestaba su gratitud por el interes que manifestaba por servir a esa Republica con un proyecto, que sin embargo de atacar los dros. territoriales y soberania de la Confederacion, no se trepidaba en llamarlo "tan grandioso como importante á su comercio y progresos de todo genero"(...).

La carta de Arana continuaba con sus denuncias hacia el gobierno boliviano, señalando la persistente actitud de los emigrados unitarios:

Los Salvages Unitarios conspirando desde Bolivia, contra la autoridad legal de su patria; conflagrando la Repca con producciones incendiarias y subversivas de la paz, y del orden de ella; organizando fuerzas, a la vista de las mismas autoridades Bolivianas; haciendo frecuentes incursiones, asonadas y depredaciones en este territorio, no pueden ser considerados ni adscriptos en el número de los refugiados, ni ser amparados del favor de las leyes de asilo, porque han faltado a los deveres primordiales que la misma ley pública les prescribe. Son criminales (...) En este caso el deber imperioso del Gobno. de V.E., no ha podido ser otro que imposibilitarlos para que no hiciesen mal; alejarlos de las inmediaciones del Territorio Argentino; expulsarlos tambien, si así lo ecsigian los intereses de la paz de ambas Repcas (...).

Finalmente, el ministro Arana concluía su carta al gobierno boliviano diciendo, en referencia a la ya citada del 11 de diciembre de 1845:

Así, pues, cuando en su nota del 11 de diciembre último, en cumplimto de la ley de las Naciones, reclamó este Gobno del de Bolivia el muy justo castigo del Salvage Unitario emigrado Argno Paunero, espulsandolo de su Territorio, el de los demas Salvages Unitarios, refugiados alli, que abusando de las leyes del asilo, han formado por sus repetidas incursiones armadas contra la Confon, ultimte el de los Gefes, Oficiales y autoridades Bolivianas, que á ellos se asociaron para tan reprobado atentado, apenas he hecho otra cosa que pedir a V.E. el fiel cumplimiento de un deber internacional (...) (5).

Otro ejemplo de la participación boliviana en las luchas internas de las provincias norteñas se encuentra en otra carta que Arana envió al ministro de relaciones exteriores de Bolivia, el 24 de diciembre de 1847, donde documentó prolijamente la intervención del presidente Ballivián en las incursiones contra la Confederación Argentina. Dice la carta que en la invasión de los emigrados hermanos Rojo:

al partir de La Paz lo hicieron con pasaporte firmado por el Excmo. Sr Presidte Ballivian, sin embargo, que esto según V.E., es contrario á la Constitución de Bolivia. Dichos documentos fueron tomados entre la correspondencia del salvaje unitario Crisóstomo Alvarez, Gefe de las tropas Bolivianas, que S.E. el Sr Presidente puso á sus ordenes para invadir las Provas de la Repca limítrofes á Bolivia, cuando fué hecho prisionero en las aguas del Paraná. Entre dicha correspondencia figura la órden autografa del Exmo. Sor, Presidente de Bolivia Gral Dn Jose Ballivian dirigida á este a Tarija, datada en Sucre a 29 de julio de 1845, en que decia lo siguiente: "El Sr. Rojo debe dirigir a V. esta, y con su acuerdo obrará V. en todo muy reservadamente y con toda prudencia, poniendose a sus órdenes, para obrar desde que estalle un movimto en las Provas limítrofes a esta Repca. El Prefecto debe darle a V. una partida de 50 hombres nacionales de caballería armados para cuidar la frontera que V. Manda de los indios barbaros: al recorrerla V. se dirigirá secretamente acia La Quiaca ó Mojo, pa estar próximo en el caso arriba indicado; sino tubiese lugar regresará V. a su destino. Espero de V. prudencia y sigilo" (6).

En respuesta a las reclamaciones efectuadas por el ministro Arana, el gobierno boliviano negó toda vinculación con los emigrados unitarios en notas del 4 de marzo de 1846 y del 28 de agosto de 1847, y responsabilizó al gobierno de Rosas del fracaso de la misión negociadora del coronel Manuel Rodríguez en Buenos Aires. Este había sido designado por el presidente Ballivián en 1843 como encargado de negocios del gobierno de Bolivia ante la Confederación Argentina. En su carácter de encargado de negocios del gobierno boliviano, presentó al ministro de relaciones exteriores de la Confederación Argentina Felipe Arana las bases para un tratado de amistad, comercio y navegación fluvial entre ambos países. Ante la gravedad de la situación política en las provincias norteñas y la complicidad boliviana en la misma, Rosas no evidenció voluntad para llegar a un acuerdo con el gobierno del altiplano, implicado en cada una de las correrías de los emigrados unitarios en el ámbito norteño. El contenido de la carta del 28 de agosto de 1847 enviada por el gobierno boliviano decía:

Cualquiera que haya sido la acción de los emigrados Argentinos refugiados en Bolivia para restaurar su partido en el poder en 1842, í por mas que se desconozcan las medidas con que mi Gobierno se esforzó siempre en reprimirla, í se les niegue el mérito de un buen éxito, hai un hecho, que pone en toda evidencia su política fraternal para con el Gobierno de V.E., la cual si hubiera sido correspondida, habría robustecido también los medios i la accion del Gobierno boliviano, contra aquellas tentativas: este hecho es la mision del Coronel Don Manuel Rodríguez cerca del Gobierno de V.E. Destinada a promover el adelantamiento de las relaciones políticas í comerciales de las dos Repúblicas, era al mismo tiempo la prenda mas segura, la demostracion mas convincente de los sentimientos amistosos de la administracion boliviana, para con la administracion de la Confederacion, no obstante la tendencia contraria que naturalmente procurará hacer prevalecer el partido unitario. En tal coyuntura, si la política de la Confederacion hubiera estado acorde con su propio interés (...), no hubiera pretestado para eludirla, como lo hizo, las ocupaciones y graves asuntos de la guerra del Rio de la Plata, que embargaban toda su atencion. Por el contrario, era muy natural que estas mismas atenciones í cuidados le hubieran estimulado a realizar pronto todos los buenos efectos que se proponia la expresada mision (...) (7).

En consecuencia, a pesar de la caída del gobierno de Santa Cruz y del colapso del proyecto de Confederación Peruano-Boliviana, las relaciones entre Rosas y el país del altiplano continuaron complicadas, pues Bolivia siguió siendo uno de los ámbitos de actuación de los emigrados antirrosistas. Los medios de prensa bolivianos mostraban a las claras esta conflictiva realidad. Así por ejemplo, el Boletín Americano del Diario La Epoca registró durante muchos años las incursiones unitarias a la frontera del Norte argentino desde Bolivia. El conflicto se parecía más a una guerra civil que a una conflagración externa.

  1. Ver detalles de esta expedición en Antonio Zinny, Historia de los gobernadores de las provincias argentinas, tomo IV, parte II, Hyspamérica, Buenos Aires, 1987, pp. 236-237.

  2. Circular de Felipe Arana al Gobernador y Capitán General de la Provincia de Bolivia, 11 de diciembre de 1845, Archivo General de la Nación, 10.1.9.6.

  3. E. M. Barba, "Las relaciones exteriores...", op. cit., p. 230.

  4. Carta Nº 14 del representante de Bolivia E. Guilarte a Urquiza, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas, Número C, Beatriz Bosch, Los tratados de Alcaraz, Buenos Aires, Imprenta de la Universidad, 1955, apéndice, pp. XXI-XXII.

  5. Nota del ministro de relaciones exteriores de la Confederación Argentina Felipe Arana al gobierno boliviano, 11 de diciembre de 1846, Archivo General de la Nación, Bolivia, Correspondencia años 1825-1850, 10. 1. 9. 6, pp. 3, 4 y 7.

  6. E. M. Barba, "Las relaciones exteriores...", op. cit., p. 231.

  7. Carta del gobierno boliviano firmada por Tomás Frías y dirigida al Escmo Señor Don Felipe Arana, Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, Paz de Ayacucho, 28 de agosto de 1847, Archivo General de la Nación, Bolivia, Correspondencia años 1825-1850, 10.1.9.6.

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