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Las provincias cuyanas recibieron, por cierto, la influencia de importantes antirrosistas, como el sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento -miembro de la Comisión Argentina en Santiago de Chile- que fueron activos propagandistas en contra del régimen de Rosas a través de los periódicos chilenos que llegaban a las provincias de Mendoza y San Juan. Por ejemplo, el 11 de febrero de 1841, Sarmiento escribía desde Santiago: "Teníamos la cordillera delante y detrás estaba Chile, la patria querida", y casi dos años más tarde, el 11 de enero de 1843, agregaba: "Para Chile debemos vivir solamente y en esta nueva afección deben ahogarse todas estas nuevas afecciones" (1).
    Resulta especialmente interesante destacar una carta de Sarmiento al general José María Paz, fechada el 22 de diciembre de 1845 y escrita desde Montevideo, que resumía el estado de las provincias de Cuyo y es un elocuente testimonio de las actividades de los elementos antirrosistas en las distintas provincias del territorio de la Confederación Argentina, por cierto facilitadas por la dudosa vocación de algunos elementos federales en las provincias, si por "vocación federal" entendemos acatamiento a la autoridad centralizada de Rosas. Decía en esa carta Sarmiento:

El señor don Florencio Varela ha creído oportuno que suministre a V.E. los datos que mi posición y larga residencia en Chile, como asimismo mis conexiones con las provincias de Cuyo, han podido suministrarme. (...)
He mantenido relaciones directas con las provincias de Cuyo, que dejo en el siguiente estado: Mendoza: gobernada hoy por un simple propietario, sin espíritu de dominación ni de guerra, ha perdido toda influencia militar, carece de armas, desde la invasión de Pacheco, y no podría proveérselas sin dificultad desde Chile. La administración obedece pasivamente a Rosas. (...) Hay en San Juan algunos federales desafectos a él, entre ellos don Salvador Quiroga, el provisor del Obispado doctor don Vicente Atencio, hombre vano, atrevido, ambicioso y emprendedor. Aspira a ser obispo en la próxima vacante, ha sido ministro de Gobierno, grande instigador de persecuciones antes, y se ha elevado por medio de los partidos. Si algo fuese alguna vez necesario intentar en San Juan, sería por este hombre (...).
Benavides obedece ciegamente a Rosas, a quien liga la gratitud por algunos miles que le manda de vez en cuando (...). Todos los federales lo detestan, pero, le tiemblan al mismo tiempo. (...) La provincia en lo militar está a las órdenes del general Benavides y es una sucursal de San Juan.
San Luis: (...) Allí no hay hombres ni intereses adversos a Rosas; es un pueblo empobrecido y barbarizado al extremo. (...)
San Juan: Unico poder militar en el interior de la república, despotizado blandamente por Benavides, quien goza de un inmenso prestigio en todas las provincias de la costa de los Andes, y domina a Mendoza y La Rioja. (...) Este caudillo es querido de las masas y temido de los vecinos, sobre los cuales unitario ninguno conserva influencia, de manera que nada podría intentarse allí, si no es entendiéndose con el mismo Benavides, para cuyo objeto está ventajosamente dispuesto.

Vale destacar que en esta carta Sarmiento señala su intento de inclinar al general Benavides a la causa antirrosista, aprovechando el sentimiento de admiración que éste sentía por José María Paz. Respecto de este tema sostenía en su carta Sarmiento:

Tiene (Benavides) formado de S.E. (Paz) un concepto elevadísimo, a quien cree el único hombre de la república que piensa en constituirla. Esta es una preocupación de espíritu hondamente arraigada en él, por lo que juzgo que S.E., a todo trance debiera procurar entenderse con él directamente, pues este paso puede producir acaso resultados de primera importancia hasta abrazar nuestra causa y arrastrar todas las provincias del interior. Este hecho se lo he comunicado a Paunero para que lo transmitiera a S.E.

Asimismo, en esta carta Sarmiento mostraba a las claras su rol de difusor de la propaganda antirrosista en Cuyo:

El año pasado (1844) le escribí (al general Benavides) una larguísima carta intentando por tercera vez inclinarlo a nuestra causa. Esta carta iba encubierta bajo otra sobre asuntos indiferentes. No me ha contestado como era de esperarlo y yo mismo se lo indicaba, pero cuando pasó don Baldomero (García, encargado de negocios de la Confederación Argentina en Santiago de Chile) le mostró mi carta pública, como una confidencia que le hacía, sin revelarle una palabra de la existencia y contenido de las otras, que era la única importante. Esta conducta me pareció significativa, por lo menos de prudencia y expectación de su parte. La vida de Aldao, que mandé por centenares a las provincias, circuló sin obstáculo y públicamente. Poco después se me transmitieron algunos conceptos favorables que él vertía entre sus amigos. Con el fin de agitar todas las preocupaciones del interior escribí el Facundo, del que hice pasar a cordillera cerrada un cajón. Desgraciadamente he salido de Chile sin saber más nada, sinó que había llegado y la persona que lo recibió se prometía gran cosa, en este cajón iba además correspondencia para Benavides. El contenido de ésta conviene que S.E. lo conozca, a fin de estar apercibido. Exponíale en ella del estado actual de la república, la complicación de guerras en que Rosas la había sumido; la influencia e intereses de la Francia y la Inglaterra y la caída inevitable de Rosas; la necesidad de que él con prestigio en el interior, respetado de los unitarios, ahorrase el derramamiento de sangre inútil; la conveniencia de aprovechar de esta crisis para organizar la república bajo bases que fuesen favorables a las provincias; de manera que haciendo de las rentas de la Aduana de Buenos Aires, pagar los ejércitos y gobernadores y demás empleados públicos de las provincias, desapareciese el poder colosal de los gobernadores de Buenos Aires que tenían a su disposición millones, mientras, las provincias carecían de recursos; (...) que era preciso crear un gobierno general para que caído Rosas no hubiera lugar a nuevos desórdenes; que al efecto convenía en caso de que el se decidiese proclamar desde el momento de hacerlo, al general Paz, como presidente de la república, de manera que hubiese un centro de acción común; que S.E. estaba apoyado por la Francia, la Inglaterra, el Paraguay, el Brasil, etc.; que era el único hombre capaz de conciliarlo todo, etc.; que este paso de su parte lo justificaría a los ojos de los pueblos, cuando viesen que ninguna mira personal lo inducía a abandonar la causa de Rosas, que en quince años no había dado un día de reposo a la república, y había sido el azote de las provincias (2).

Por otra parte, y como se ve, en esta carta aparece otra demostración de la falta de univocidad que encierran las categorías de unitario y federal. En ella el "unitario" Sarmiento postulaba la manera de evitar el crecimiento del poder del gobernador de Buenos Aires y la centralización político-económica del país, defendiendo lo que parecería constituir una idea "federal", es decir la redistribución de los recursos provistos por la Aduana porteña.
    Por último, cabe extraer de esta extensa carta la postura del sanjuanino, favorable al levantamiento de las restricciones que pesaban sobre el libre intercambio entre Chile y las provincias del Interior como salida al problema que el bloqueo anglofrancés generaba en el territorio de la Confederación Argentina:

Hay una circunstancia más que debo poner en conocimiento de S.E. a fin de completar la situación del interior. Chile se halla hoy en una posición singularísima. Sin atreverse a hacer la guerra a Rosas, ha cerrado el comercio con las provincias de Cuyo, como una medida de hostilidad en contra él, y sufre de estas medidas más que las provincias argentinas. Ahora que Buenos Aires está bloqueado, habría sin la tal prohibición, abastecido el interior de la república con mercaderías europeas, como ha sucedido otras veces, con lo que se reanimaría su comercio que decae de modo alarmante en las costas del Pacífico. A mi salida de Chile a principios de noviembre, el comercio francés e inglés de Valparaíso, se preparaba a hacer una presentación al gobierno, pidiendo que se abriesen las comunicaciones con la República Argentina para salvar la crisis que amenaza. El norte de la República de Chile que es la parte productiva y minera, se quejaba altamente de la escases de ganados, mulas y demás efectos argentinos, necesarios en grandes cantidades para la explotación de las minas. Por otra parte, este año han llovido lluvias tan copiosas, que en el sud había una mortandad inmensa de ganados, y se temía no recoger trigos por las mismas causas. En circunstancias tan graves don Baldomero García no abre conferencias con el gobierno de Chile y no parece dispuesto a abrir las comunicaciones. La posición del gobierno era dificíl. Por otra parte las provincias de Cuyo por que la vía de cordillera quede expedita, y ahora que Buenos Aires está bloqueado estarían dispuestas a separarse del sistema de incomunicación de Rosas, y a tratar ellas solas con Chile como lo han hecho otra vez, a fin de reportar las inmensas ventajas que les traería el comercio chileno, ya para proveerse de mercaderías, ya para vender en Chile sus ganados, cueros, jabones, etc. El gobierno de Chile por su parte aprovecharía la coyuntura para salvarse de las dificultades en que se ve metido y remediar las necesidades del país. Benavides puede tener este incentivo más, para desprenderse de la política de Rosas, ruinosa para las provincias. Entonces la inmigración de Chile penetraría en la república, recabándose permiso del gobierno chileno para introducir implementos de guerra prohibido hasta hoy. S.E. nada puede intentar por aquella vía sin el concurso de Benavides, razón por la que creo aún más importante aventurar todo género de inducciones para que entre en nuestros intereses.
El gobierno de Chile es absolutamente indiferente en nuestras cuestiones; pero Rosas es el menos adecuado para inducirlo a tomar parte en ellas. La intervención europea alarma a las otras secciones americanas, lo que no producirá sin embargo en Chile ningún resultado próximo (3).

  1. Estas afirmaciones prochilenas de Sarmiento han provocado más de una vez las respuestas condenatorias de los revisionistas que ven en el sanjuanino una especie de "traidor" a la "soberanía nacional", un concepto tan inapropiado para estas provincias en 1840 como en 1810, ya que el Estado nacional argentino era menos que una ficción (presente casi únicamente en los discursos de Rosas). Además, como Rivadavia en su momento, Sarmiento y Juan Bautista Alberdi pertenecían a una clase de intelectuales liberales muy poco comprometidos con la idea de fronteras "nacionales" que Rosas intentaba enarbolar. Al contrario de los sectores populares y de sus caudillos, estaban más comprometidos con la modernización económica de la Argentina siguiendo el ejemplo de la Europa industrial, y veían en la presencia de Rosas en el gobierno un obstáculo para ello. Si la alianza con Bolivia, Chile, Brasil, el gobierno montevideano o los franceses era el precio que había que pagar para derrocar al tirano, los antirrosistas estaban dispuestos a pagarlo para integrar a la Argentina a la civilización europea. Como dice Vicente D. Sierra:

    No es el caso de rasgarse las vestiduras, ni de lanzar expresiones enojosas, sino de comprender la verdad, y ella es que en las clases más o menos ilustradas el sentimiento nacionalista alrededor de la argentinidad era inferior al de las masas rurales, apegadas a la tierra, y al de las masas suburbanas, libres de afanes imitadores de lo extranjero. (V. D. Sierra, op. cit., tomo VIII, 1969, p. 396.)

  2. Carta de Sarmiento al general José María Paz del 22 de diciembre de 1845 sobre las provincias de Cuyo bajo la influencia del general Benavides, en Horacio Videla, Historia de San Juan, tomo IV: (Epoca patria), 1836-1862, Academia del Plata, Universidad Católica de Cuyo, San Juan, 1976, Apéndice de documentos, nº XXXVIII, pp. 785-788.

  3. Ibid., p. 789.

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